Musa brasileña.

Summary

Una simple vista a la vida de un mítico piloto brasileño con un leve revés: una artista muda retrata cada pasó que da como la musa brasileña que es ha sus ojos. Una relación en donde el entendimiento es la clave y un amor que pudo haber sido mucho más. Una relación que se fragmento por causa divina. Y una voz que aún sin palabras, fue escuchada por la persona que menos esperó.

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n/a
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18+

Contigo tengo una voz.

1988.


Un pincel pasa por un lienzo, el camino de tinta negra pronto se vuelve el resto engomado de una rueda de fórmula 1.


El sol brilla en cada parte del autódromo de Jacarepaguá y juntó al astro los pilotos del momento están corriendo rampantes hasta la meta.


Pronto el relator alza la voz otra vez y la tinta del pincel cae en gotas al suelo, los dedos de la joven artista están sucios de diversos colores pero poco le importa al mover la perilla de su televisor portátil para escuchar mejor.


El lienzo era grande, más alto que ancho y el boceto estaba basado en la carrera en Río de Janeiro.


Después de todo, no había podido conseguir entradas para el gran premio y tampoco le apasiona querer ir como tal.


Sus ojos se posaron por un instante en la televisión al escuchar el nombre del piloto nacional y como había marcado una vuelta rápida, tomando en cuenta el tiempo, sería muy difícil superarlo.


Sin embargo, ella estaba más pendiente de su favorito: Alain Prost.


Estaba dispuesta a seguir dibujando hasta que su mamá le tocó el hombro, miro sus labios para entenderla y luego asintió.


En la cocina, ambos padres estaban hablando de la carrera.


—¿lo viste? Él es increíble.—


—Claro que lo es, es una pena que Vivi no allá visto lo que hizo en su debut.—


La mencionada miro a su papá desde la cocina, pues estaba conectado al comedor por un gran arco.


El padre noto las señas de su hija en sus manos y procedió a responderle —No lo entiendes cariño, correr en lluvia no es fácil... Y menos en Mónaco.—


—Hablando de correr, ¿como va ese dibujo? Porque creo que a tu francés favorito no le gustaría.— la madre se rió un poco al ver como su hija se ponía roja de la vergüenza y se escusa con sus manos. —lo sé, lo sé, es un desnudo artístico... Claro...—


La joven de 22 se rió y le dio un leve golpe a su mamá en el hombro, la mujer siguió su risa y fueron a comer con la carrera de fondo.


Luego de hacer sobremesa y limpiar los platos y cubiertos que quedaron,ella salió de su casa, comenzando a caminar, viendo a varios niños jugando a ser pilotos y sonriendo.


Río de Janeiro era un mundo de gente aún sin una carrera de Fórmula 1 y ahora, era aún más.

No era una molestia para ella, después de todo hoy era un día de reponer materiales... la pintura que usa no se compra sola.


Al entrar a la tienda de un centro comercial, la artista vio que el dueño estaba viendo la carrera.


<Wow, todos están pendientes> pensó para si misma y fue al mostrador, golpeando el timbre del mostrador.


—Viviana, que alergia verte, ¿Óleo verdad?.— el dueño vio contento como la chica asiente y le señaló la fila. —ayer vino un color nuevo, los empleados le dicen amarillo Senna.— el dueño se rió al ver la risa insonora de la chica.


Ella como tal no entendía mucho todo esto de la fórmula 1, solo sabía lo básico, que habían dos hombres en dos autos y esos hombres corren hasta la meta... Eso era todo.


¿Y Prost? Solo era un modelo para ella, siempre que lo veía en alguna revista o en la televisión, era el motor de muchos bocetos y dibujos en su libreta de viaje.


Más que nada porque el francés tenía facciones que eran difíciles de dibujar y eso era lo interesante para ella, el reto que implicaba dibujarlo para que quede bien.


Aunque... No le mostraría en mil años el dibujo que está haciendo de él en su habitación... Más que nada por dignidad.


Al salir de la tienda con su bolsa de pinturas, siguió caminando por el centro comercial, yendo por una escalera mecánica para ir al segundo piso viendo a un hombre, al principio no le dio importancia hasta que recordó quien era y lo volvió a ver ya a lo lejos.

Lo único que ver logró antes de que salga fue la ropa y el pelo ruliento castaño junto con la gorra azul marino del banco nacional.


Su mente pensó por un segundo en su papá y corrió por la escalera mecánica hasta llegar abajo y llegar con su compatriota.


El mismo sintió un tirón en su brazo derecho, descolocado y confundido miro hacia la persona que al darse de que era una chica, el leve enojó formando por la falta de respeto termino por irse.


—Ten más cuidado— dijo el piloto, viendo cómo la chica sacaba su libreta, arrancaba una hoja y se ponía a escribir en él.


La frase era corta y concisa:

No puedo hablar, necesito un autógrafo para mí papá y perdón por casi tírarte.


Al instante el paulista vio aún más confundido a la mujer, se venía como una brasileña más, incluso la ropa era normal, vibrante pero normal.

No sabía si podía creer en la nota o no.


—Demuestralo, por favor y disculpas aceptadas.— vio como la mujer pensaba en algo y luego simplemente "dijo" hola... Pero ni un sonido salió de su boca, solo la mímica de los labios.


Era la primera vez que se encontraba con una persona muda y si es sincero consigo mismo, es linda físicamente.

Su dedo índice apunto a la lapicera en la mano de la chica, al segundo se lo entrego y escribo su firma, a él se le hacía raro dar un autógrafo al no ser tan conocido.


Aún así, también escribo algo más, una pregunta.


—¿Como te llamas?


—Viviana, Ayrton ¿no? Un gusto.


Si bien empezó un poco extraño todo, al final, se llevaron bien, Vivi ya conocía entre frase y frase dos cosas: que Ayrton era de São Paulo y que tenía una letra muy prolija en cursiva, hasta le daba un poquito de envidia.


Mientras por el lado del piloto, se sentía extraño pero era ese extraño de querer saber que pasaría si seguía por este camino.

Intrigado era la palabra más cercana a ese sentimiento.


Así que, sabiendo que no podría quedarse muchos días en Brasil, le pasó su número, al menos así podría hablar por fax.


La relación a lo largo de la temporada fue la siguiente: muchos papeles por ambos lados.


Viviana siempre que recibía los faxs de Ayrton los guardaba en una caja al estar en Brasil, entre más hablaban más se conocían, al principio eran muy corteses y respetuosos entre si pero después del gran premio de Mónaco pasaron a decirse por sus nombres para luego en el gran premio de EEUU ser el piloto el que tiró la primera piedra al llamarla Vivi luego de la carrera final, entrando así a una amistad más cercana.


Así y durante el gran premio de Gran Bretaña, la brasileña fue al país inglés.

Había recibido mucha información, esa chica que no sabía que era un monoplazas siquiera ahora parecía hasta una mecánica más del paddock.


Pero llegar a Silverstone sería complicado ya que su lenguaje de señas no es el mismo para los ingleses por lo que se las tenía que arreglar con señales universales.


Era en estás situaciones, como pedir indicaciones de como llegar o querer tomar un taxi que su falta de voz se hacía notar.

Durante todo su viaje desde Londres hasta Northamptonshire sintió eso, que era una carga para los demás, incluso el propio taxista se burló de su condición.


Pero todo valía la pena si podía verlo correr, además, no pago un pasaje de avión para nada.


Aún así, como pudo también compró cosas en Northamptonshire, apuntando cosas en alguna tienda o escribiendo en su libreta, algunos empleados eran buenos, puede que hasta por demás ya que la trataron con sumo cuidado, como si fuera una enferma en sus últimos días.


<Bueno...> Su voz interna salió a hablar mientras miraba su bolsa de recuerdos <al menos...> Metió su mano y saco lo primero que agarró <tengo chocolate, ¿Le gustará?>


Ella siguió caminando por Northamptonshire, algunas veces incluso se paró en alguna tienda o construcción turística solamente para dibujarlo rápido en su libreta de viaje hasta que llego al circuito.

Era enorme, imponente a la vista y ya podía escuchar algunos motores de autos.

<¿Cómo era?¿Prácticas?> "Habló" para si misma mientras iba a la entrada del circuito para poder pedir su entrada.


—Hola, bienvenida al circuito de Silverstone, ¿La puedo ayudar en algo?— hablo la recepcionista, era una mujer normal aunque envidiaba un poco los rubios rulos en su cabello.


¿Sabes el lenguaje de señas brasileño?—

escribió la carioca en su libreta antes de verla.


La recepcionista abrió sus ojos, sorprendida para al segundo sonreír y empezó a mover su manos, preguntando lo mismo que antes y que tenía un hermano que era como Vivi pero que se recuperó con el tiempo.

Lo último que "escuchó" abrió una herida leve, haciendo que por un momento baje los ojos: para la artista no había recuperación.


Aún así, el sentimiento duro poco al pedir su entrada y al fin tenía pasé libre al circuito.


El ruido de los autos ahora era más potente, habían pocos en la pista pero debido a los potentes motores parecía que había toda una tropa de fórmulas 1.

Aún así, ella estaba bien en donde estaba: zona media de la tribuna, su libreta en mano y cada tanto bajaba su cabeza para dibujar lo que veía.

Autos, mecánicos, boxes, pilotos, nada escapaba a su visión artística.


Sus dibujos eran bellos, aún con lápiz en mano, los bocetos eran refinados con su Art Nouveau, si bien era un estilo que ha estado practicando todos estos meses seguía sin encontrar ese "yo" en su arte.


Sus ojos miraron otra vez hacia la pista, buscando más referencias hasta que vió al piloto de McLaren: Alain Prost.

Miro a ambos lados, luego detrás suyo y se paró de su lugar, bajando por las escaleras para llegar a la zona del paddock.


Había periodistas, muchos de hecho, en ese momento se dio cuenta que tal vez... No fue una buena idea venir.

Se sentía como sapo de otro posó, ¿Estaba bien en primer lugar tener una amistad con un piloto de fórmula 1 que le lleva 6 años?.


Sus dudas se disipan al ver qué el dúo Brasil Francia está hablando entre si, no sabe si es por el auto u otro motivo pero no desaprovecha la oportunidad ante sus ojos y rápidamente los dibuja.


Sin embargo, Prost es el primero en notar una mirada en su persona, girando su rostro y el mismo cortando la conversación del brasileño que también mira hacia allá, sin embargo, a diferencia de su compañero, él va más que feliz al ver a su amiga.


—Viniste, pensé que tendría que esperar hasta mis vacaciones.— una sonrisa escapa de su boca cuando ve que la artista se ríe un poco.


Las señales de sus manos no se hacen esperar (muy basicas, todo sea dicho) y pronto se forma una pequeña burbuja entre ellos dos, olvidando por un momento las cámaras junto a los periodistas hasta que... Alain llego.


—No sabía que tenías una amiga, ¿Quien es?— el francés podía ver cómo la artista estaba casi temblando de nervios de solo saber que estaba ahí, en frente de ella.


Pero Ayrton, fiel a si mismo, respondió "es lo que dijiste, una amiga".


Por su parte, Viviana con todos los nervios aún encima abrió su libreta y escribió algo para el europeo, que posteriormente le mostró, esperando la reacción del mencionado.


Señor Prost, lo admiro mucho y espero que pueda seguir corriendo. Le deseo suerte en su carrera de piloto y en su vida.


Al final, había un pequeño dibujo del francés sosteniendo su casco en un podio pequeño en el cual, el segundo puesto estaba ocupado por el brasileño.


La artista vio como una leve risa entre dientes salió de su máximo ídolo y como Ayrton se quejo con un "oye" al ver que él en el dibujo estaba en segundo lugar.


—Merci mademoiselle, dessines très bien, d'ailleurs (Gracias señorita, dibujas muy bien, por cierto)— el piloto dio una leve sonrisa altanera y luego se fue a los boxes.


La artista solo había comprendido con su nulo francés lo primero pero al menos podía estar bien consigo misma.

Por su parte, Ayrton vio como su compañero se iba y giró su cabeza hacia la carioca, sonriéndole de forma picara.


—Asi que... ¿Segura que es admiración?— él se rió al ver cómo la chica se había sonrojado —Solo bromeó tranquila, espérame en la tribuna, ¿si? Yo iré luego.—


Y con eso dicho, el tiempo siguió su curso, ya en la tarde los equipos se estaban yendo a sus hoteles con sus pilotos.


Pero el brasileño cumplió su promesa, viendo a lo lejos a la única persona presente.

Así, el piloto subió por las escaleras y llego a la mitad, sentándose en la silla derecha de Vivi y viendo el dibujo que estaba haciendo.


Él como tal no comprende porque hay tantas rayas y líneas desordenas o directamente sin conexión, después de todo, su vida gira entorno a su propio arte: las pistas de carreras.


Pero si sabía una cosa y era que había muchos dibujos de él en las cuatro esquinas de la hoja, algunas estaban borradas, otras a medio hacer o sobrepuestas, parecían intentos fallidos.


Y en medio de la hoja, estaba él, rodeado de un circulo, estando a la mitad y parado encima de su monoplaza rojo y blanco, su traje rojo era una tela que cubría su cuerpo y estaba agarrando por la mano izquierda apoyada en el hombro mientras que la derecha hacia lo mismo pero con la bandera de Brasil cayendo en el "suelo" del dibujo.

¿La cereza del pastel? Todo estaba alrededor del lapacho amarillo, haciendo que las ramas formen el borde del dibujo: un gran arco hecho de las ramas de dicho árbol.


De repente, el lápiz dejo de dibujar y el paulista sintió la vista de la artista en su cara, devolviendo la mirada lentamente, como si sintiera que hizo algo que debía.

-Vivi, perdón... No sé si te gusta que te vean dibujar pero- el piloto paro de hablar en seco al minuto que ella volvió a dibujar, borrando la cara que había hecho y redibujando las expresiones y rasgos faciales.

Vio que cambio el lado de hoja y luego escribió.


Tranquilo, está bien, durante la práctica me di cuenta que me gusta más dibujarte a ti, tus expresiones son difíciles y eso me gusta: el desafío

— Viviana vio a Ayrton de nuevo, tenía una expresión de incredulidad por lo que leyó.


<¿Vivi también tiene su propia carrera cada vez que hace arte?> Penso dentro suyo el brasileño para luego sonreírle y ver que la sonrisa regreso.


Ahora él sabía que su amiga tenía la misma pasión que él por la determinación y dedicación sólo que enfocado en otra profesión.

De nuevo se quedó viendo lo que dibuja y en segunda instancia, su ropa... Ella tenía tapado amarillo que cubría casi todo lo demás pero le gusta como le queda.


El ambiente era tranquilo, no habían cámaras ni periodistas, solo ellos dos y el silencio de Silverstone de fondo y de paso, cada tanto se podía escuchar el crackear de una barra de chocolate, algo que Ayrton agradeció a la artista aunque no era su sabor favorito.


La temporada siguió su camino y pronto ambos ya estaban de nuevo en el otro lado de Europa pero al menos, en un país donde el idioma era parecido.


Portugal y con eso, el Gran premio de dicho país, sin embargo, el gran premio había terminado hace poco.

Oficialmente había un ganador y no había sitió en el paddock que no se allá enterado de lo que pasó con el dúo en la pista.


Uno se escudo en decir que tenía la razón, el otro salió a decir que no era su problema si su compañero veía como alternativa ser un piloto tan bruto.


Al final, ambos estaban furiosos del otro, no habían palabras entre ellos, solo miradas de hartazgo e ira a partes iguales.


Aún así, respondidas las preguntas pertinentes de la prensa, el "causante de todo" según el francés fue a su hotel.


El portazo se escuchó por toda la habitación, cosa que hizo que Viviana se levantara de la cama, dejando su libreta y un dibujo a medio hacer al lado del lápiz.

Viendo para su sorpresa, un muy enfadado Senna que lo único que se podía leer de su expresión corporal era: "déjame con mí enfado".


Cosa que la carioca no iba a aceptar.


A paso lento se acercó al piloto, da miedo verlo tan serio y parecía que le hervía la sangre por dentro de solo mirarlo.

Ella iba a empezar a "hablar" pero recordó que Ayrton aún era principiante con el lenguaje de señas así que bajo sus manos y lo vió.


—¿O que você quer? ¿Que quieres?— del enojó, la voz del brasileño que salio no era calmada y tranquila como siempre no, era una voz grave y áspera pero conservando ese tipo cántico del idioma brasileño, eso lo hacía aún más aterrador si cabía la posibilidad.


La artista dio más pasos, se acercó a él y le tomo la mano para llevarlo a la cama, sentandolo.

Giró su cuerpo, estirando su brazo para tomar su libreta con su lápiz y empezar a escribir un simple "¿Cómo te fue?".


El piloto rodó sus ojos, sabía que había visto la carrera por lo que sabía perfectamente qué solo era una pregunta para quedar bien...

Y si es sincero consigo mismo, eso también demostraba que pesé a no hablar, Viviana hacia lo posible por ponerse en sus zapatos.


—¿Tú cómo crees? Mí compañero prácticamente es apoyado por el jefe de la FIA y yo me tengo que conformar con...— hizo una pequeña pausa y sonrisa sarcástica se formó —Ah sí, un miserable sexto lugar—


Él sintió que la mano derecha de su amiga se posó en su hombro y lo acaricio a modo de apoyó.


No había por qué enojarse por una acción tan simple y empática pero así fue, el paulista movió su hombro con brusquedad, alejando la mano amiga y viendo como ella daba vuelta la hoja en donde estaba la pregunta, viendo un dibujo, varios de hecho, de distintos momentos juntos durante todo este tiempo.


Aún era extraño para él verse en el arte de la chica pero le gustaba más ésto que las fotos que les sacaban sin permiso alguno.


Luego la hoja volvió a su lugar, el lápiz comenzó a hacer el típico sonido del grafito contra el papel y debajo de la pregunta anterior estaba un pequeño Ayrton alegré junto a su actual yo.


—¿Te agradó mas estando feliz, verdad? Bueno, soy humano, no puedo serlo todo el tiempo— dijo hacia Vivi pero ella negó con su cabeza y de nuevo el lápiz empezó a hacer líneas en la hoja.


Debajo del dibujo apareció otro Senna pequeño pero estando en segundo lugar, enojado y viendo a un Prost también pequeño sonriendo en el podio y al lado un signo de pregunta.


—¿Por qué me enoja tanto?¿Y tú cómo te sentirías si tú mismo compañero no te dejara terminar bien lo que empezaste? Yo no nací para estar ahí, en segundo lugar— dijo señalando al dibujo el segundo lugar en el dibujo —yo nací para estar aquí, en primer lugar, siempre fue así y siempre lo será— Su mano derecha jalo hacia arriba un poco el cubrecama blanco por el enojó aún en su sistema y vio a la artista —Asi soy yo, Vivi—


La artista cerro su libreta, se levantó de la cama y dejo el objeto en la mesa de noche.


Un suspiro sonoro salió de la boca del piloto y viendo que su amiga ya se iba a dormir, se levantó de la cama también, aviso que ya volvía y se fue al baño de la habitación pensando en que tal vez una buena ducha baje un poco el enojo.

Cosa que funcionó, en parte, aún tenía la sensación de querer tirar todo lo que esté a su alcance pero al menos, estaba limpió.


Se acostó en su propia cama, acomodó todo y apagó las luces de su lámpara, deseándole buenas noches a la mujer que la apoya en este viaje.


Sin embargo, no se durmió al segundo, sus ojos se fueron adaptando a la luz lunar, viendo así a la chica, que por obviedad de sentir que la ven, abrió los ojos.


Él estaba dormido, un suspiro salió de su boca y también cerró los ojos.


Ambos sintiendo lentamente como el estómago se movía cual aleteo de mariposa.


1989.


Un año después, la temporada había empezado bien, Mclaren iba ganando y si bien el dúo aún estaba tensó entre si, era algo que se podía tolerar y de pasó, unos dos días antes del Gran Premio de Imola, Viviana había ido para el circuito junto con otras personas, ciclistas incluso estaban allí andando por la pista, ella por su lado, estaba caminando junto a un grupo.


El circuito por hoy, era de entrada libre para el público ¿y para ella? era el mejor momento para cada tanto dibujar alguna cueva o pancarta.


La libreta del año pasado había pasado al baúl de los recuerdos, lo llevaba usando desde el 86 y si bien le había durado por años, Ayrton le había comprado uno nuevo para que ya lo jubilé, cosa que pasó.


Las hojas eran más robustas y tenian una textura leve que le gustaba mucho por lo que era ideal para sus dibujos.


Aún así, podía escuchar a las personas diciendo cosas, al no poder hablar había hecho que con el paso de los años, su sentido del tacto y audición se perfeccione por si mismo por lo que, el susurro indiscreto de muchas personas podía ser captado.


Y la verdad, lo que podía escuchar no le gustaba mucho: "¿En serio? ¿Esa es la novia de Senna? No se ve como la gran cosa" "mírala, seguro tiene algún problema para dibujar tanto" "sus dibujos no son lo mejor del mundo, me gusta más Van Gogh" "seguro solo está con él por otra cosa" entre más dichos.


Las personas fueron pasando al lado de ella, dejando de hablar cuando la veían aunque otros hicieron comentarios aún más ofensivos si cabía la posibilidad solo para verla reaccionar, algunos incluso Ibán dirigidos hacía su capacidad como mujer de compañía para el piloto brasileño, no había que decir mucho más.


Viviana solo podía quedarse cayada, por más que quisiera no podía responder, no podía gritarle a los que prácticamente le decían de todo que se callaran de una vez.


Ella quedó al final, en un último grupo con una mujer mayor y sus dos nietos, un adolescente y un niño.


—Abu, Abu, mira, es la chica sin voz—


Vivi ya veía venir otro comentario hiriente hacia su persona pero:


—Me gustan mucho sus dibujos, señorita Senna—


La carioca vio al niño y sonrió, viendo a la señora y al adolescente.


—No le hagas casó a los dichos de esas personas, cariño, no saben lo que dicen, de artista a artista, siempre nos han tratando mal— dijo la abuela del pequeño y vio como la sorpresa se instaló en la cara de la chica —Si, en el pasado también fui como tú, aunque mí arte nunca pudo despegar del todo, si quieres puedo dibujar algo en tu libreta—


El adolescente rodó sus ojos, él a diferencia del niño y su abuela no era muy entusiasta, lo veía como algo para niños chiquitos.


—Abuela dejala, seguro tiene dibujos ahí dentro que no se deben ver de ese tal Senna o como se llamé—


—Todo arte es dignó de ser apreciado, Bambino y ya le hablare a tu padre sobre lo último— la mujer mayor vio que Viviana le ofreció su libreta y lápiz, su mano temblorosa empezó a dibujar lentamente un rostro, el de su nieto más pequeño y al cabo de unos minutos, ya lo tenía listo —Ya está, en cuanto a ti jovencito, le dire eso a tu padre.—


El adolescente había odiado desde el minuto uno venir al circuito así que se entendía porque miro mal a su abuela cuando escucho lo último que le dijo acerca de su papá, no podría soportar otra charla de él hablando de lo buen piloto que es brasileño.


Pasando al arte de la señora, a diferencia de la brasileña era más cuadrado, rozando con ser el arte de Picasso unido al de Joan Miró.


La chica sonrió al ver la cara de los dos nietos, nada contentos con el resultado.


—Gracias Abu pero me gusta más el dibujo de la señorita Senna—


El comentario del niño hizo que todos se rían y así, la artista siguió su rumbo por el circuito con el ánimo renovado.


Al pasar por el gran curvon de tamburello solo podía imaginar a los vehículos yendo a toda marcha, aún así, se paró en el gran muro del circuito y lo dibujó del otro lado de calle, para tener un ángulo más amplió.


Ya al llegar al final y luego de mucho tiempo, miro su libreta al "pasar" la línea de meta quedando parada irónicamente en lo que sería una pole position.


En su libreta no solo estaba Tamburello, también estaba Acque Minerale, la variante Alta, la horquilla de Tosa, se había vuelto su circuito favorito y eso era lo bueno de tener una libreta de viaje para ella, las fotografías de una cámara convencional que para todos los demás era normal, ella los hacía con lápiz, Viviana ponía vida en cada página de su libreta.


Acque Minerale por ejemplo: al estar cubierto de árboles alrededor, parecía un pequeño bosque con una calle, del cielo caen líneas para dar a entender la claridad del ambiente.


Al ser una artista, eran muy pocas las veces que podía visitar de primera mano un autódromo, si no era por la intervención de Ayrton por una entrada vip que le daba, era por su propio dinero.


Aún así, la señora y sus nietos volvieron a la mujer a la realidad al despedirse a lo lejos.

Viviana asimismo hizo lo propio y comenzó a caminar de nuevo a su hotel en Imola... Pensando en que, tal vez, en un futuro, esté bien vivir en Italia.


Al llegar a su habitación de hotel, escucho el sonido de la ducha abierta, al igual que el año pasado, Vivi había terminado por tener una habitación con el brasileño.


Dio un aplauso al aire y escucho otro desde la ducha.

Dejo su libreta en la mesa ratona de la habitación y fue a prender la televisión, sentándose una vez que puso bien el volumen.


En la televisión podía escuchar noticias del día, más que nada políticas aunque los presentadores rápidamente pasaron a un tema más ameno sobre el gran premio de San Marino.


-¿Si sabes que puedes usar el control, verdad? -el piloto vio como ella dio un sobresalto en su lugar y se llevó una mano a su pecho para al segundo verlo enojado.

Aunque dicho enojo en ese mismo segundo se fue debido a que él estaba simplemente con una toalla en la cintura y moviendo su pelo de acá para allá con otra toalla para secarlo.


—¿Cómo te fue en el circuito?¿Dibujaste algo?— Ayrton vio que la artista no decía nada con sus manos —¿Que pasa?¿Te comieron la mano los ratones?— dijo divertido y con una sonrisa.


El piloto fue a su lado del armario, saco ropa, se puso una camisa, viendo sobre su hombro cada tanto, sabía bien lo que hacia y la reacción de Vivi era precisamente la que buscaba.


—Ya vuelvo— con un pantalón en mano junto a un cinturón, calcetines y un par de zapatos en la otra, salió de la habitación, estaba bien hacer un broma simple pero tampoco se iba a pasar de listó, sabía sus límites y comprendía los que podía llegar a tener una mujer.


La puerta de la habitación se cerró y al fin, la carioca podía respirar tranquila, se desplomó en la cama y miro al techo, su corazón le latía a mil por hora.

Lentamente, la impresión del suceso paso a frustración, lanzando una patada al aire y se levantó de la cama, miró hacia la puerta y tenía la intención de ir hasta qué se abrió de nuevo.


Era él, siempre le agrado eso del brasileño, que a pesar de que tal vez no salga de la habitación en todo el día o vaya a algún lugar como una tienda cercana, siempre se ponía ropa elegante.


Ella por su lado, parecía una chica de oficina, vestido negro y corto, unos calcetines negros traslúcidos y camisa blanca para completar sumado a los zapatos en punta que se los había sacado al sentarse en la cama.


Este estilo de ropa no era de ella al principio pero al estar entre Gran premio y Gran premio con los diferentes pilotos o simplemente por estar con Senna, el mismo sin darse cuenta le había cambiado el guardarropa a la artista.

Muy lejos habían quedado los colores vibrantes que uso en Gran Bretaña cuando lo conoció.


—Te lo repito, ¿Dibujaste algo?—


Lentamente, ambos empezaron a hablar sobre como le fue y Viviana le mostró los dibujos que hizo en el circuito, le agradaba mucho ver cómo los ojos del piloto se hacían grandes al ver el arte, diciendo cada tanto lo lindo que era... Aunque claro, con señas de manos muy simples.

Aún así, Ayrton no pudo evitar enojarse al escuchar lo que dijeron otros de su amiga en Imola.


Pero el tiempo paso, al fin el Gran premio de San Marino dio inicio en el domingo luego de calificaciones magistrales por parte del dúo.


Y Viviana estaba en el público, habían muchos fans de Ferrari al lado suyo junto a unos fans argentinos que vinieron por el mismo piloto y que el público italiano claramente tenía cómo su favorito: Ayrton Senna.


Desde la largada, el rey tenía la ventaja junto a un liderazgo que no dejaría pasar en ningún momento, ya que había un acuerdo entre el dúo de no pasarse, cosa que el francés respeto.


Pero en la cuarta vuelta, un piloto, Gerald Berger resultó en un accidente con su auto, de tal manera que resultó en un reinicio.


Todos volvieron a sus lugares pero esta vez, Prost empezó mejor, logrando sacarle ventaja a su compañero que no contentó, comenzó a buscar algún lugar para colarse hasta que lo logró, pasando al profesor y obtenido el liderazgo una vez más para esta vez, no dejarlo.


Vuelta a vuelta, la carrera fue llegando a su fin y así, el primer lugar quedó con un feliz Senna.


Luego de la carrera y la alegría de todo el público, los que tienen pases a boxes fueron hacia dicho lugar, entre tantos periodistas y fotógrafos estaba Viviana, sin embargo, no estaba ahí por el ganador, ella ya podría charlar con él en otro momento.


La artista había notado en todos los grandes premios que pudo estar en dos años, siempre habían pilotos con vendas en sus manos, con los guantes rotos en las puntas o que necesitaban algún tipo de ayuda en el traje de competición.


Y ella no sería menos, más que nada porque lo vió de primera mano y hasta lo dibujo, poniendo notas como en ese Gran premio de su casa de como ayudar.


Así que, ahora, necesita consejos del doctor a cargó.


—¿Si sabes que tenemos enfermeros por aquí, verdad? No era necesario que vengas conmigo— el señor Sid vio como la chica empezó a escribir en su libreta.


—Es que quiero ayudar, ser algo más que la simple artista que camina por paddock para retratar todo.—


El médico suspiró, era entrañable la necesidad que tenía Viviana de no ser solo una espectadora.

Así que con eso en mente y comprendido porque requería su enseñanza, le dio algunos consejos de cómo colocar vendas en las manos, de que forma para que queden bien firmes y que cosas comprar y tener en su casa o llevar de viaje con ella.


Vendas, cintas, gasas, curitas y demás cosas eran anotadas en la libreta.


Al final, Sid le recomendó aprender primeros auxilios, algo que podía servirle si le terminaba gustando todo esto de la medicina.


Ambos se despidieron y un fotógrafo saco la foto del momento.


El encuadre dejaba ver a Viviana con una expresión sincera, su libreta en mano estaba cerrandose y Sid estaba tranquilo viendo a la artista contento.


Con el paso de los grandes premios, Viviana empezó a cambiar, si bien, su voz no estaba, su actitud hablaba por ella, poco a poco, dejo de ser tan risueña, pasando a ser más sería pero sin perder su esencia, o eso creía ella.


En cada gran premio, siempre tenía alguna entrevista que dar en alguna galería de arte y si no, era una charla en algún sitió.


Aunque lentamente lo segundo, empezó a estar más presente, su arte también fue creciendo y siendo visto.


Algunos bocetos en su libreta y en la de hace un año habían pasado a ser cuadros, unos más grandes, otros más pequeños pero siempre estaba presente el brasileño en ellos.


Él se había vuelto su musa para cada cuadró: cada trazó, cada color, todo estaba calculado al mínimo detalle en un estilo que ahora abraza como suyo: el Art Nouveau.


Todo esto, culminó en el país español de dicho Gran Premio, España.


Viviana se había convertido en un exponente importante para las personas como ella y eso tenía su responsabilidad.


Por lo qué allí estaba ella, en un salón en Jerez de la Frontera, el cual estaba a unos kilómetros del circuito, la artista calculaba unos 8 minutos en auto o unos 10 en autobús.


Su cabeza, sinceramente, estaba más en la carrera que en el momento presenté: la charla por un futuro para los no hablantes.


Las preguntas iban hacia la artista pero movia las manos con desgana, incluso su postura corporal gritaba a los presentes un gran "no quiero estar aquí".

Todo estaba siendo grabado para la posteridad y esto era algo que Vivi sabía pero...


Ella solo podía pensar en que estaría pasando ahora en la pista, en si estaban tratando bien a los pilotos y si Ayrton estaba bien de sus manos.


Luego de una hora de preguntas varias que iban desde su vida con el brasileño como su amigo hasta como encontró su amor por el Art Nouveau, salió por detrás del escenario en donde estuvo sentada.


Las personas estando allí la veían con la sonrisa en la cara, orgullosos de tener a una mujer como ella pero el reconocimiento si bien la hacia sentirse bien, Vivi esperaba verlo.


Una hora más pasó, las personas poco a poco empezaron a irse del lugar.


Para Viviana ya era un alivio, así que sin esperar a nadie, agarró sus cosas y se fue.

Estaba apurada, sus tacones suenan contra el piso de mármol del salón, pasa personas tras persona, escuchando como algunos se quejan al ser empujados y al salir del lugar.


Lo vé, está parado, apoyado en un auto que supone es suyo y le está sonriendo.


El cansancio de correr con su abrigo en mano y su cartera se nota, haciendo que el piloto se acerque y le ayuda.


—Disculpa que no puede venir a verte, ¿Cómo fue?¿Hablaron de algo?— Senna vio las manos de la artista moviéndose y si bien, a esta altura del camino ya sabía algo más de señas, se le hacía muy difícil seguirle la charla por lo que solo a tino a decir con sus propias manos que vaya más lento.


El camino al hotel fue normal, viendo cada tanto a la mujer a su lado la cual le seguía contando como le fue aunque se rió un poco al enterrarse que como tal, ella se la pasó pensando más en él que en la charla en si.


—Bueno, cambiando el tema un poco, el año que viene seguramente vuelva a correr y... Me preguntaba, ¿que gran premio no viste aún?— el brasileño dio un cambio de marcha en el auto para seguir por la autopista española y de re ojo vio las señales de Viviana —¿Mónaco? Cierto, no has tenido la oportunidad de ir, bueno, te propongo ésto: si gano en Suzuka, el año que viene vamos para allá ¿Que dices?— escuchó como ella dió leves golpes al tapizado del auto, él ya se había acostumbrado a que ella hiciera algún tipo de ruido al estar feliz.


Ambos llegaron al hotel, obviando las cámaras y las insistentes preguntas de los periodistas (las cuales ninguno respondió) se fueron a su habitación.


La artista se saco su tacones, apoyándose en el pequeño sillón de la habitación para fijarse en su calcáneo, un suspiro salió de su boca al ver una ampolla de agua.

Agarró de nuevo el tacón y revisó con sus dedos, notando una rebaba por dentro en el borde, lo que era raro porque era una marca de prestigio.


—¿Todo bien?—


Un sobresaltó pequeño se presentó en ella hasta que recordó que no había nadie más aquí aparte de Ayrton, se dio vuelta para verlo y pronto le explicó el problema.


—Te lo compré hace una semana— dijo el brasileño agarrando el otro par y revisando —Es solo el derecho, esté no tiene nada— su expresión paso de leve confusión a frustración —Voy a llamarlos para reclamar a la tienda después—


Al segundo vio que su amiga negó con su cabeza rápido, empezando a mover sus manos de nuevo diciendo que no hacía falta hacer un drama por algo sin importancia.


—Claro que si, yo quiero que estés bien porque te lo mereces y no es un drama, es reclamar por lo que es correcto— Dicho eso, el brasileño se fue al baño, aplaudiendo en camino para que su compañera sepa en donde está, antes de entrar.

Un suspiro de su boca, ha estado pensando mucho en ella, esa risa que le dio en el auto no era solo por qué si, estos dos últimos años, había notado que su relación poco a poco había pasado a ser casi de confidentes el uno con el otro.


Y si es sincero consigo mismo, era una mujer bonita: piel morena, ojos cafés, pelo ruliento del mismo color (y que estaba más largo a medida que pasaba el tiempo) y con un cuerpo privilegiado que seguramente era la envidia de muchas mujeres.


Se había sacado el pozo mayor en la lotería de la vida y no lo estaba aprovechando... O bueno, eso último lo diría un hombre que solo ve por afuera del tarro, como los periodistas del espectáculo por ejemplo.


Aún así, sigo con lo suyo hasta que un sentimiento de dolor se hizo presente, viendo sus manos.


En las palmas del piloto solo habían cachos de piel, uno debajo del otro, eso era normal para él, mover la machar y volver al volante para en la siguiente curva tener que agarrar con una mano y una fuerza inmensa el volante para cambiar la marcha otra vez traía estás consecuencias.


Cerró la canilla de la ducha y salió del mismo, yendo a su armario para cambiarse y volver a la pequeña sala principal de la habitación de hotel en donde su amiga estaba sentada seleccionado dibujos en su libreta que luego haria cuadros en Brasil.


—Vivi, ¿me podrías ayudar en algo?—



No había ruido, solo el respiro de ambos en una solitaria habitación, ni siquiera estaba prendida la televisión.

Al lado de la carioca estaba un pequeño botiquín abierto con agua oxigenada, vendas, gasas, cinta, curitas y una tijera.


Del lado del paulista, estaba la libreta de viaje de ella junto a una revista de motos que antes de esto, la artista lo estaba usando para hacer dibujos en la libreta.


—Gracias...— él vio como ella sonríe y baja la mirada, una forma de decirle que no se preocupe —No me refiero a mis manos, me refiero a todo ésto, a nosotros—


El sonido del metal cortando la tela se hizo presente seguido de ambos viéndose a los ojos, una pidiendo una explicación al otro.


—Por estar aquí, apoyándome en cada carrera, haciendo esos bellos cuadros de mí o simplemente estar en el paddock, significa mucho para mí— el brasileño vio como su amiga levantó sus manos, queriendo decir algo pero cuando menos se quiso dar cuenta ya la tenía en sus brazos.


Un abrazo, ni muy fuerte ni muy débil, lo suficientemente unido para que lo único que se escuché sea un leve golpecito en la espalda baja del paulista mientras que el mencionado repitió la acción en la espalda alta de la carioca.


Las manos de ambos se relajaron en el abrazo, bajando hasta la cama y lentamente, se unieron.


<Si tuviera una voz... Te diria exactamente lo mismo y más> pensó la artista, siempre se le hizo obvio que su falta de voz era una diferencia crucial en su vida pero cada vez que estaba con Ayrton, eso parecía no importarle, al contrario, ahora tenía un nivel de lenguaje de señas que la hacía sentirse orgullosa, no por las señas en si, si no porque demostraba que estar aquí, con ella, era su prioridad luego de las carreras.


Y eso, género una duda que hizo que separé de él, lo vió y hablo con sus manos, preguntándole si acaso ella era una carga.


La sola pregunta dejo sorprendió al piloto, no esperó que eso salga de las manos de la artista —No— sentenció apurado, negando con su cabeza y llevando una mano con vendas y cinta de papel a la ajena. —Nunca digas eso, jamás... No eres una carga ni para mí ni para nadie y si los demás no entienden eso... Bueno, son unos idiotas—


Ambos se rieron al final, solo para separarse del todo y volver al pequeño "tratamiento" para las manos del piloto.


—Por cierto, ¿Cómo perdiste tu voz?— Ayrton vio como las manos que agarraban su mano izquierda lo apretaron un poco —No hace falta que me lo digas si no puedes Vivi, lo voy a entender—


Vio que la mujer negó con su cabeza y señaló su libreta, un "ten" salió de la boca del brasileño al pasarle el objetivo y luego vio que la mujer empezó a dibujar algo y junto a los dibujos iba contando lo que pasó.


Yo fui de esos casos excepcionales que un bebé nace con algún tipo de cáncer, tuve la mala suerte de nacer con un cáncer de tiroides y prematura, los médicos le dijeron a mí mamá que la única opción era la cirugía pero que era de alto riego... Aún así, mí mamá aceptó y mí tía Adelaida la apoyó con visitas ya que papá no podía venir por el trabajó... Me llevaron a la sala, hicieron los procedimientos pero cuando me estaba recuperando un virus hospilario me infectó y bueno... Luego de varios meses de luchar con esa cosa, termine así


Ayrton no sabía que decir, aunque su expresión hablaba por él, sus ojos estaban cristalinos y sus cejas bajas, era claro que se le calo hasta el alma la historia.

La vista del brasileño fue de la libreta hasta Viviana, por un momento, pensó en lo que sufrió ella y no puedo evitar llevar su mano derecha al cuello de la chica, sintiendo con los dedos una leve cicatriz.


La misma mano subió hasta que se posó en la mejilla ajena —Eres la mujer más fuerte que he conocido... y repito lo dije antes, yo quiero que estés bien porque te lo mereces— al decir eso, vió que sonrió dulcemente y con su mano derecha le dijo [gracias].


Su cuerpo se giro para ver la revista de motos, lo tomo con su mano izquierda y la abrió al azar, viendo una moto Honda... <Que ironía> pensó el brasileño mientras se ríe entre dientes.


Sin embargo, la mano izquierda de Viviana señaló una de la revista, un Honda VFR750F y básicamente a los ojos del experto era... Una moto muy potente por lo que él vio a su amiga, apretando la mejilla de la chica.


—¿Sabes manejar una moto?— dijo y llevo su otra mano a la otra mejilla, también apretándolo al ver qué ella negó —Por que yo creo que está muchachita solo quiere impresionar a otros— vió a la sonrisa de la chica.


El ambiente había cambiado a uno más alegré, cosa que hacía falta aunque por obvias razones, solo se escuchaba la risa de Senna.



Pronto otra semana pasó y ambos estaban cambiando por Japón, aunque como podían, Vivi agarraba fuerte la mano del moreno para no alejarse mientras que Ayrton hacia lo posible para calmar a las personas pero claro, era medio imposible calmar...

A una turba de fans nipones enloquecidos por el mejor piloto que piso la tierra.


Al llegar a la puerta del edificio, vio a muchos periodistas y siendo fiel a su humor, agarró una de los grandes micrófonos de palo negro y lo acercó a él —Hola, hola...— lo soltó y vio de re ojo a Vivi al lado suyo, "riendo" con su boca tapada por su mano, esto mismo hizo que se desoriente y vio a ambos lado —¿A dónde voy ahora?— su amiga se rió aún más y sintió el leve golpe con su mano en su espalda, viendo cómo el brazo izquierdo le indica por dónde, él sin embargo, solo podía imaginar lo bello que sería escucharla reír de verdad.


Luego de grabar un programa en donde paso prácticamente de todo (incluso con una grata sorpresa para una chica del programa: una firma del mismísimo Ayrton Senna junto a un suave beso en la mejilla), el Rey estaba manejando por las calles japonesas.


Durante el viaje de avión desde España hasta Japón, los dos habían acordado que el brasileño le daría la moto de la revista a la artista y de paso, le enseñaría a manejarlo.

No iba a mentir, tenía miedo de que algo le pasé, confiaba al 100% en Viviana y sus capacidades, después de todo, ha estado con él dos años, dos años en los cuales se había dado cuenta que la había cambiado.


Ella se vestía más sobria y elegante, tenía a veces sus ademanes cuando tenía que pensar en algún dibujo e incluso, había adquirido el mismo amor por las motos y autos que él.

Y a diferencia de su ex mujer, la artista apoyaba el hecho de que él sea lo que es: un piloto de fórmula 1 y lo que eso implica.

Y aún con todo eso, seguían unidos como chicle al otro.


—Ya casi llegamos— aviso el brasileño, viendo de reojo los movimientos de las manos de Vivi —¿Estás completamente segura de esto? Porque una vez que lo compré no habrá devoluciones— advirtió en broma el paulista, girando su rostro un poco para verla y volver a ver la ruta en frente.


Pararon en una sucursal de Honda, al entrar, ambos se vieron y se dieron cuenta de un pequeño error: ninguno sabía japonés.


Pero por fortuna, no hizo mucha falta, un hombre apareció y los saludó, reconociendo al piloto brasileño y empezando a hablarle con un inglés básico.

Ese hombre estaba entre el desmayó y la emoción, se estaba cumpliendo su sueño no solo de conocer a Senna si no de que asimismo compré algo en su local.


Todo fue viento en popa, la compra de la moto arribó en buen puerto y Viviana por su parte, no cabía de la emoción.


Y allí estaba, una moto Honda VFR750F a nombre del brasileño.


—¿Sabés que? Está podría ser la mejor idea que has tenido, Meu Anjo—


La emoción de Viviana se cortó por un segundo, viendo a Ayrton confundida al escuchar las palabras que uso para ella, repetiendola con sus manos.


—¿Te molesta que te diga así?¿No, verdad?—


Ella lo vio, juntando sus finas cejas en un entrecejo, derrotada por el jefe y aceptando que el apodo le gustaba mientras el mencionado solo podía reírse.


Caminaron fuera de la concesionaria y fueron al garaje del mismo, viendo cómo la persiana subía para revelar una moto roja brillante junto a un acabado negro en los tubos de los neumáticos y con un asiento que... Solo era para una persona pero que importaba.


Viviana vio a Ayrton y pregunto por su casco, viendo cómo el mismo veía al suelo y se rascaba la nuca con su mano derecha.


Un suspiro resignado salió del paulista que a paso lento fue al auto, siendo visto por una carioca que negaba con su cabeza por lo olvidadizo que fue.


El casco era prácticamente igual a los demás que uso a lo largo de su carrera como piloto, amarillo con franjas blancas pequeñas que sirven de borde para las dos franjas más prominentes en color verde y azul marino respectivamente con una tela verde por dentro, según Viviana, ese casco en concreto era su favorito por contraste de colores y lo quería para manejar la moto Honda, cosa que Ayrton aceptó, después de todo, tiene miles de cascos, uno menos no haría gran diferencia.


—¿Cómo lo sientes?— el piloto sonrió al ver el pulgar alzado de la chica y luego le golpeó el casco con la mano abierta en la parte de arriba, riendo en el proceso (bromista como ningún otro) dejando de hacerlo al ver cómo la artista luchaba por parar su brazo con sus manos y cerró la visera.


Se quedó quieto mirándola fijamente, bajo sus ojos por el cuerpo de la mujer, sin vergüenza alguna y luego lo subió de nuevo para verla otra vez —Nunca te lo dije pero... te queda bien el amarillo, meu anjo—


Caminaron hasta la moto y con ayuda de él, Viviana subió a la moto, acomodándose.


—Muy bien, el acelerador está en tu mano derecha, no la muevas aún, no está prendido el motor y tu freno está en tu mano izquierda, en el pie izquierdo tienes el embrague y el cambio de marcha, creo que llega al sexto si no explico bien el japonés y... Eso sería todo— le pasó la llave a la dueña y el momento llegó —yo te voy a seguir con el auto, cuídate ¿si?— dio un beso al casco en donde estaría la mejilla de la chica y se alejo.


O eso pensaba hacer hasta que sintió la mano de Vivi en la manga de cuero marrón de su chaqueta. —¿Que pasa? ¿Te da miedo?— vio que ella negó y luego le dijo gracias con su mano —te lo dije en España, te mereces todo lo bueno—


La puerta del auto se cerró y luego se escuchó el ruido de la moto.


La verdad, Viviana desde que había ido a ese gran premio de Silverstone del 88, había amado el sonido de los fórmula 1 y aún más estar con Ayrton y poder dibujarlo, claramente no se esperó que la amistad duré tanto tiempo, era por esto que quería una moto de deporte, para sentir por un momento lo que él sentía en cada carrera en la que estuvo presenté, sentir la adrenalina en cada parte de su cuerpo, el viento chocando su cara (o casco en este caso) y por eso, en el último tiempo había adquirido el gusto por las motos en parte por ese recuerdo y asimismo por el propio paulista.


Así que, suspiro dentro del casco y apretó el embrague para luego soltarlo.

Poco a poco la moto empezó a salir del garaje al estar en primera marcha y una vez afuera, puso la segunda y comenzó su viaje por las calles japonesas.


El Audi de Senna la seguía de cerca por precaución y aún seguía resonando eso que le dijo "te mereces todo lo bueno", si bien sentía la adrenalina y euforia de, al fin, tener su propia motocicleta, solo podía pensar en él y en lo bueno que es, no solo físicamente obvio, si no como persona, él era el único que no la veía como una pobre chica muda si no como una persona, una mujer con todas la letras y sobre todo, alguien que valora la conexión entre ambos.


Pronto en la autopista, el paulista toco su bocina y Viviana lo vió, moviendo el acelerador del manubrio para indicar su alegría.


Al llegar al hotel y luego de pasar por muchos autos (a tal punto que en una esquina casi pierde el Audi de Ayrton al tener la moto en quinta marcha) la artista freno en la entrada y puso el estabilizador de la moto para bajar.


Ella se puso una mano en su corazón, sintiendo como bombea rápidamente la sangre a todo su cuerpo y levantó la visera del casco del piloto, solo podían ver sus ojos cafés estaban abultados en la parte de abajo, indicando una sonrisa más que feliz.


—¿Y? ¿Que siente tener tu primera moto?— dijo el brasileño bajando del auto, bajo la vista a las manos de Viviana, moviéndose en señas tan rápidas para sus ojos que ya ni sabía lo que decía hasta que paro en secó y simplemente recibió un abrazo fuerte —Supongo qué si te gustó—


Viviana se sacó el casco y se acomodo su pelo con su mano.


—Vivi, ¿como sabías manejarlo? Porque dudo mucho que Alain te haya enseñado— una leve risa salió del brasileño al decir lo último, por lo que él sabía, el francés no era muy afín de los vehículos de dos ruedas.


La mencionada saco su libreta de viaje, la cual ya tenía casi todo lleno de bocetos, encontró una hoja blanca y escribió algo —

tuve que grabar a muchos pilotos de carreras de motos para poder entender cómo funciona e hice lo mismo que haces tú a veces en el paddock o en la habitación, visualizarme en una moto y tratar de conducirlo... No pensé que daría sus frutos en la vida real

— dio vuelta la hoja y en una esquina inferior se podía ver un dibujo de Senna sentado en la cama con la pose que usa en su McLaren y encima decía: "un piloto de fórmula 1 en su hábitat natural" mientras que a los lados habían muchas onomatopeyas de sonidos de motor.


El mencionado no sabía dónde esconderse, le dio tal vergüenza que miro al suelo, luego a un lado y por último a la carioca —Meu Anjo... Créeme cuando te digo que a veces olvidó que estás conmigo— luego se rió porque era verdad, vivía con ella en cada Gran Premio que podía y de no ser porque ella hacía algún ruido o a la larga notaba que lo veía, él se olvidaba de que ella estaba ahí y no era algo malo, muchas risas entre ellos pasaron por lo mismo. —la verdadera chica invisible, damas y caballeros—


Esta vez ambos rieron y pronto fueron al vestíbulo del hotel.

Al llegar a la habitación, dejo su cartera en un sillón junto al casco, estando feliz, muy feliz sentía que podía empezar a saltar o girar de la alegría.


Ayrton por su lado miro el lugar, notando un grabador de música con diferentes marcas de casettes, entre ellos rock and roll, el ritmo favorito de Viviana.

Sin pensarlo mucho, puso uno del género al azar, escuchando los primeros acordes de Travelin' Band de Creedence Clearwater Revival.


El piloto vio a la mujer lo miro, fue con él contenta a más no poder, tomo su mano y empezaron a bailar.

Entre paso y paso, los recuerdos empezaron a asomarse en la mente de cada uno.

Ayrton recordando la alegría y euforia de lo vivido en la calle con la moto hace un par de horas o simplemente cuando la vio en Silverstone en el 88 y le dio ese chocolate.

Viviana por su lado recuerda la voz más que nada, calmada, tranquila del hombre a su lado que sabía que decir en todo momento, ya sea con ella o ante los periodistas.

Los dos están sonriendo, sumando a algunos tropiezos o pisadas de pies pero ellos eran felices así.


En un momento, a mitad de la canción, el piloto le hizo dar un giro a la artista, haciendo que por un leve momento, su mente empiece a correr como en sus carreras, imaginando un futuro al ver a la dama tan contenta.

Sabe que ella tiene 23 y si fuera por él, daría lo que fuera por estar con su artista toda la vida.


1990.


Una nueva década empezó, un nuevo año y eso implicaba, una nueva temporada de Fórmula 1.


Sin embargo, el año pasado había sido el colmó para el francés, decidió irse de McLaren, dejando vía libre a algún otro piloto y de pasó, dejando en claro en el proceso que él y el brasileño eran simplemente dos egos que al menos en pista eran insufribles.


Y así empieza la temporada, el objetivo de la escudería era otro equipo: Williams pero para Ayrton su objetivo seguía siendo Prost.


Pero al salir el francés entro un austriaco, Gerhard Berger, ese hombre que había resultado en un accidente y una leve dispuesta en el gran premio de Portugal del 88 con el profesor ahora era su compañero...


Y de momento, estando en el box de McLaren en USA, solo podía pensar en una cosa: ¿podra seguirle el pasó?.


Estaba sentado en una banca ahora mismo, su traje de piloto estaba hasta su cintura y tenía gotas de sudor, la práctica del día había terminado y dentro de dos horas será la clasificación.


Miro su reloj, el segundero seguía su camino, haciendo que solo por el hecho de verlo pareciera que el tiempo va aún más lento, negó con su cabeza y alzó su vista, sonriendo un poquito al ver a Vivi parada un poquito atrás, lápiz en mano y obviamente, dibujandolo.


Los ojos de ambos se conectan por un instante, haciendo que la mujer baje la vista hacia la libreta.


—Te vi, Meu Anjo, sigue, no me molesta— el piloto miró a un punto perdido del box, quedando como estatua para la artista.


El ex piloto de Ferrari por su lado, podía ver a los dos, acercándose a Ron. —¿No deberías sacarla de aquí?—


El jefe del equipo lo vio confundido, alzando una ceja —Ya es parte de la familia, además, suele dibujar mucho el auto, irónicamente, sabe más del auto que los mecánicos—


—¿En serio?— dijo el austriaco, incrédulo ¿Cómo es que una persona muda podía saber más cosas que un mecánico o un ingeniero?.


Era algo que en su mente no entraba y no era por mala persona porque por lo que vio, la chica no era mala, al contrario, era una persona que solo es una artista que le gusta dibujar lo que ve.

Simplemente nunca vio la dinámica del brasileño con la mujer tan de cerca y era eso mismo lo que producía el choque en él.


Aún así, también podía ver qué todo lo que dijo la prensa por dos años, no era mentira, al menos, a medias.

Desde su perspectiva, se vía a leguas que ellos se querían mucho más que simples amigos, Ayrton le había dicho ese apodo en portugués brasileño a ella todo el día y hasta lo encontraba un poquito empalagoso.


Pero fuera de todo eso, la prioridad no era la vida del campeón paulista, la prioridad era la carrera, su debut en McLaren y más que nada, dar una buena impresión al equipo y dejar como inútiles al que lo saco por el profesor.


Irónicamente, Berger y Senna tenían a alguien en común.


Lentamente, el tiempo fue pasando y la clasificación estaba a la vuelta de la esquina, los autos estaban en su lugar, los pilotos dentro.


La libreta se cerró, guardandose en la cartera de cuero de la chica y acomodando su vestido floreado.

Ayrton la vio por un momento, viendo el movimiento de sus manos, un [cuídate] en lenguaje de señal junto a una tranquila sonrisa.


Cerró la visera de su mítico casco y miro al frente, el motor empezó a sonar, el olor de la nafta era inmensa junto al humo propio del auto y junto a una despedida por su parte con su mano, el campión empezó su camino por el camino de boxes para llegar a su lugar en la pole position.


El mundo, ya sea en circuito o desde sus casas, estaban listos para ver al mejor piloto rodar una vez más.


La carrera se podía calificar de una única forma: reñida.

Prost no llego ni al podio por una fuga de aceite, teniendo que retirar su Ferrari, <quien diría que Lauda tenía razón> pensaba el francés dentro del box de Ferrari mientras veía como su acérrimo rival seguía en pista, aún así, giró su cabeza, logrando ver cómo la brasileña hablaba con su ex jefe y se lamentaba un poco no haberla conocido mejor en su tiempo en McLaren.


Por parte de Berger, el embrague en una vuelta no sirvió, siendo esto un peligro, Mclaren ordenó el retiró, dejando al campión toda la carrera en sus hombros.


Y como la historia siempre se repite, Ayrton Senna Da Silva se coronaba como el ganador del Gran Premio De Estados Unidos, sonriendo y disfrutando de la dulce victoria junto a un baño de champagne y sus compañeros de podio.


Brasil por su lado, de nuevo se escapó de entre sus ruedas, tercer lugar para el Rey.

Luego de la carrera, se quedó un rato en el box de McLaren, Viviana no estaba cerca ya que le dijo que iría a la casa de sus padres en Río de Janeiro (dicha mujer sigue reacia a la idea de conocer a los Senna).


Lo único que lo podía frustrar, el único gran premio que desde siempre se le escapa, el gran premio de casa: su país, su adoración, su hermoso Brasil siempre lo deja con ganas de pisar la gloria pero o algo sale mal con el auto como en años anteriores o como hoy, simplemente no fue suficiente su esfuerzo.


Y eso es contra lo que luchaba en si cada fin de semana, siempre tuvo en claro una regla muy simple: el esfuerzo y dedicación genera grandezas y por dios, él mismo era la prueba viviente de dicha regla.


Él dio su tiempo por este deporte, hizo sacrificios enormes e incluso, tuvo que dejar un viejo amor para centrarse en su único objetivo: llegar a la fórmula 1.


Luego siguió ganar un gran premio, luego ser campeón del mundo... Y ahora, lo único que desea está debajo de sus pies.


Ganar en casa, en el país que lo vio crecer y que sabe, él inspira y da alegría a todos sus compatriotas cada fin de semana.


Dos dedos están apoyados en sus labios, sus ojos marrones parecen aún más oscuros por la sombra del techo del box, su pie derecho hace un ruido repetido con su bota roja y su brazo derecho hace de apoyo al izquierdo con su mano en el codo.


Sin embargo, una luz llega a sus ojos, los mismos pestañean rápido debido a la interrupción lumínica.

Mirando hacia el sol, logra ver la bandera de su país, ondeando firmé ante el viento.


Su rostro se gira otra vez, viendo su casco amarillo con verde y azul sobre la mesa del box junto a otras cosas como tuercas, herramientas, botellas y trapos.


Suelta un suspiro, casi resignado ante el hecho de que no aún no dio ese último empujón por este fin de semana.

<Ya tendré oportunidad el año que viene> piensa entre su frustración, agarrando un trapo y una botella al lado para empezar a lavar su preciado casco de carreras.

Con suerte, el año siguiente será como él que le espera este: mágico.



Y así (seguido de un gran premio en Imola), llegamos a Monaco, un lugar paradisíaco, casas que parecen del mundo pasado en conjunción al mar mediterráneo.


Si bien, Ayrton sabe perfectamente que el año pasado en Japón ganar... Que se diga ganar no pasó (más bien... Lo descalificaron por reglamento), él, fiel a si mismo, iba a cumplir su promesa con su amiga de que viera y viva en el Principado al menos por un fin de semana.


Además, era cierto lo que dijo la mujer en el país del sol naciente, nunca estuvo en Mónaco, era de esos grandes premios que simplemente no se podía pagar aún con todos los cuadros del mundo hechos con su mano.


Y seamos juntos, cuando sabes que un país no paga impuestos porque la propia población no lo requiere... Es porque ahí se mueve tanto pero tanto dinero que no alcanza todo el territorio de Brasil para tenerlo en un solo lugar... O eso es lo que cree Vivi.


Y es por eso mismo también que Ayrton paga todo los gastos, porque si se va a quedar sin dinero mínimo será por darle los gustos a su confidente.


Con eso dicho, aterrizaron en Mónaco y de noche, estaba algo nublado pero según el señor del clima en la radio comunico que para el fin de semana sería soleado.

Pero eso no importaba, ya que la carioca no podía estar más extasiada por lo que sus ojos veían.

Luces, por todos lados, casas con un estilo arquitectónico casi barroco o algo cercano a eso, el mar parecía calmado aún con sus pequeñas olas chocando sin parar con el laureado puerto del principado monegasco junto a varios yates de quién sabe que famoso.


La chica se fijó en su cartera por un momento, sacando la nota dentro: una entrega de premios que, por lo que el paulista le contó, es algo anual que se hace siempre en Mónaco de parte de la fórmula 1.


Y que, como no, era la invitada.


Pronto los dos empezaron a caminar por el estado, disfrutando del lugar y más que nada la compañía del otro, preguntando cada tanto dónde quedaba cierto lugar, que Ayrton allá estando aquí ya varias veces gracias a la fórmula no significa que se lo sepa de pies a cabeza... Por lo que no era un buen guía de turismo.


Al final, llegaron al hotel que sería su hogar: el hotel de París.

Un lugar hermoso con piso de mármol, paredes blancas y techos aún más blancos si cabía la posibilidad.


Viviana sentía que estaba cumpliendo un sueño y por el otro lado, sentía que estaba abusando de la hospitalidad y amabilidad de su amigo.

Podía escuchar como él pedía una habitación, la más cara... En el último piso... Solo para que ella pueda ver la carrera... Su cara de asombro había pasado a preocupación en tiempo record incluso para si misma.

Esto hizo que vaya rápido con él y niegue con su cabeza, empezando a mover su manos para hacer señales y diciéndole que no hacía falta gastar un dineral por su persona ante la mirada incrédula de la recepcionista que no sabía si era porque estaba Ayrton o por el mismo sabía señas.


—Tranquila, se que parece mucho pero no se sentirá luego— responde él con una expresión tranquila junto a esa voz igual de calmada.


Ella apretó sus labios entre si, no estaba muy convencida pero... Tampoco podía decirle que no lo haga además, él le acaba de demostrar que, diga lo que diga lo hará igualmente.

Cosa que no sabe si es: o muy tierno o muy impulsivo.


Al final, ambos se fueron a su habitación y al abrir la puerta: no había palabras que describan el lugar más allá de: lujoso.


El sonido de los tacones de Viviana se hizo presente mientras lentamente caminaba por la habitación.

Muebles de más caro mármol con adornos en oro y una cama king size que perfectamente valía más que toda su casa en Río de Janeiro.


Aún así, su vista se fue hacia un gran ventanal con cortinas del mismo color y de un valor altísimo atados en la mitad con sogas de color dorado.


Sentía que tanto gasto era demasiado por ella, sentía que no se merecía todo esto y que hasta estaba abusando del dinero de Ayrton por estar en este lugar.

No era por estar en Mónaco perce, era solo por estar en una habitación tan cara que de verdad temía por la billetera del paulista.


Aún así, las vistas eran una gran recompensa ya que podría ver la carrera de frente.


—¿Vivi?—


La mujer se giro a verlo, él tenía un esmoquin negro pero una corbata en una mano y moño en la otro, no hacía falta preguntar siquiera para que ella se acerque y lo ayudé.

Puso la corbata primero enfrente del cuello, luego el moño, lo cambio dos veces sin colocarlo.


Lo miro por un segundo, sintiendo como los ojos marrones del contrario también la veían, analizando cada movimiento.


—¿Que te vas a poner para ir al evento?... No me digas que lo olvidaste por el dinero que gaste— no le tomo un segundo para descubrir por parte del piloto que así fue, más que nada por el leve temblor en las manos de la artista —Oye, ya te lo dije en la recepción, no me molesta gastar mí dinero por ti— mientras hablo, sintió las manos calmandose en su cuello un poquito y el suspiro mentolado de ella chocando con su pecho al estar centrada en hacer el moño. —Viviana— los ojos cafés de él chocaron con los suyos nuevamente, ella no tenía idea que eso, junto a su bella sonrisa eran su mejor arma aunque lo segundo no estaba ahora mismo, más bien esperaba a que hablé —¿Te veo en el evento entonces?—


Ella se alejo para verlo, con la corbata en su mano derecha asintió, tanto para dar su aprobación del esmoquin (ahora completo) como de la invitación.

Se acercó otra vez, dejando la corbata en la mesita de noche cerca y movió sus manos por los brazos del esmoquin, sacando cualquier polvito o pelo que allá en la tela negra.


Ya tenía en mente que ponerse para ir al lugar, es más, el par de zapatos ya lo tenía puesto desde que piso Mónaco.

Solo era buscar un vestido para la ocasión y maquillarse.


Al llegar al Hotel Hermitage, el vestíbulo estaba colmado de personas, desde toda la parrilla de pilotos hasta algunos invitados y otros pocos eran simplemente políticos.

Si bien se encontraba solo, basto unos minutos para que el francés se diera cuenta de la presencia del brasileño, el piloto (ahora de Ferrari) movió su vista a los lados, confundido de no ver a la Mademoiselle artista con él, yendo por detrás del campión paulista. —Que raro, el mágico Senna sin su fiel acompañante, ¿Acaso la dejaste en el hotel?—


El mencionado se dio vuelta y sonriendo le dio un abrazo, si, en pista podrían romper los autos del otro y sacar chispas en cada circuito pero fuera del mismo, eran muy amigos. —¿Dejarla? Para nada, ya vendrá luego, va estar muy feliz de verte, Alain—


—Mas te vale—


—Ella te aprecia mucho— afirmó sonriéndole y agarró un vaso de champagne que pasó cerca suyo gracias a un mozo para seguir hablando con su ex compañero de equipo.


Mientras en el hotel de París, Viviana estaba pensando que ponerse, por un lado tenía un vestido brillante de color plateado con mucho hilos brillosos del mismo tono y por el otro lado, un vestido dorado más señido al cuerpo tirados en la cama.


Ninguno le convencía, un suspiro salió de su boca, giró su cuerpo para ir de nuevo al armario, pronto vio un vestido que podría ser aún mejor.


Se lo puso, acomodo alguna tela arrugada en el vestuario, se maquilló, agarró un monedero pequeño.

Ella se fijó en su reloj, sorprendida por el horario metio cosas esenciales y se marchó, dejando detrás de su libreta de viaje.


El brasileño miro todo el discurso presidente de la FIA, para él, era solo palabrería, hace mucho se había dado cuenta que la fórmula 1 era desgraciadamente más política que pasión por los motores y le gusta creer que está haciendo algún cambio pero de momento, no lo vé.

Sintió un leve golpe en su hombro, Prost se estaba yendo a quien sabe dónde con un grupo de conocidos, otra vez estaba solo.


Miro por un momento su vaso, viendo cómo el poco champagne giraba y chocaba en las paredes de la copa, haciendo su propia carrera.


Suspiro y levanto su vista, la vió con un vestido negro que por encima tenía pequeñas telas traslúcidos al igual que en sus brazos con una tela que caiga por los mismo y de paso, era la primera vez que la veía así, él sabía que su estilo había cambiado con el tiempo pero ¿ésto? Ésto si que era algo nuevo, incluso parecía que de la cintura para arriba había un corset.


Estaba rezando como 20 Padres Nuestros y quién sabe cuántas Aves Marías para no volver a ser un adolescente de 15 años otra vez mientras su mano derecha al estar sudando constantemente lo está moviendo contra su pantalón para limpiarlo.


Las manos de Viviana se mueven preguntándole [¿Está bien?], ella también noto el cambio rotundo en Ayrton, lo que pasó en el 88, en esa habitación, está era su venganza y bueno, de paso usaba ropa nueva ya que era el único vestido que no había usado en años desde que conoció a Senna.


—¿Yo? Estoy muy bien, muy muy bien— él era un manojo de nervios, pensaba que no era claro pero por dios, es muy obvio.


Ella por su lado, miro hacia arriba, viendo un segundo pisó, señaló hacia allá un poco, subiendo su dedo índice haciendo que el brasileño también mire para allá, el por su lado miro hacia atrás, una escalera doble, movió su cabeza un poco para indicar el camino y pronto empezaron a caminar.


Subieron y se quedaron cerca de un balcón, detrás de las personas de la realeza había una puerta abierta que dejaba ver un paisaje de todo Mónaco.


Ayrton notaba que ella estaba perdida, viendo algo detrás de todos los demás, así que le tocó el hombro a Vivi y le dijo con señas que veía.

Pronto el piloto entendió todo, ella quería ir a tomar aire y no estar tanto rato entre personas que claramente solo veían por sus propios intereses.


Ambos se abrieron caminó hacia el balcón, siendo vistos en el camino por algún que otro político o duque y una que otra duquesa.

Él cerró la puerta detrás de si y caminó hacia el balcón.


—Es raro verte sin tu libreta— al decir eso pudo ver cómo Vivi empezó a buscar en su monedero y si, se lo olvidó en el hotel de París —Tranquila, si necesitas algo yo lo pido— miro por un segundo el monedero, viendo que había algo más aparte de labial, sombras y un perfume había un sobrecito de plástico, no quería suponer cosas y sabía que no era esa típica chica fácil, si no ya lo había descubierto en Silverstone.


<Tal vez es por seguridad> se dijo internamente y pronto, noto que ella se apoyó en el borde del balcón.


A sus ojos, Viviana era la mujer más bonita del mundo, el vestido ya se había hecho una costumbre para él, su vista fue rápidamente al rostro, ella quería decir algo con una voz que no tenía, gritarlo más bien pero se había hecho para atrás al recordar que no puede.

Ni siquiera sabe en qué punto de estos 3 años ella se metió tanto en su corazón, tampoco sabía si era mutuo, solo sabía que la amaba con todo su ser.


Él abrió su boca para hablar pero decidió no decir nada, cerrandolo y tomando la mano de ella.


Ambos se vieron de nuevo, él sintió ese mismo sentimiento que sintió en España el año pasado.

Si hubiera sido por él al momento de tomar su mejilla en esa habitación, Dios se apiade de la carioca pero por alguna razón, mantuvo la compostura ese dia.

Tal vez por que ella era tal luz en su vida que no se lo pudo permitir o simplemente no se dio cuenta de sus sentimientos hasta hoy al verla con ese vestido negro tan hermoso.


—Meu Anjo, ¿me verás correr hoy?— dijo calmado, tranquilo como siempre lo fue mientras su mano subió de la mano de la chica hasta su mejilla y veían como le decía si con sus señas —¿La semana que viene?— vio un también a medias al ahora ella sostenerse de su pecho —¿Toda la vida?—


El aliento empezó a mezclarse en el aire, la respiración se fue haciendo mas rápida y el ruido de la cuidad se fue paulatinamente.

Quedando ellos y ése cruce de labios que tanto tiempo habían esperado.


Era lento, delicado cómo una oda a todo el amor que sentian y sentirán por el otro.

Mónaco, el lugar que lo vió empezar su gran carrera, que lo vio correr bajo la lluvia como ningún otro, el que lo hizo Rey del Principado al ganar 5 carreras seguidas en el mismo circuito era también parte de su mejor título de campeonato en esta carrera llamada vida: estar con la mujer que no lo dejará solo, llueva o hayan injusticia en su contra, no lo dejará solo.


Al separarse, vio con sus ojos el porque sigue de frente a todo: una sonrisa dulce, las mejillas abultadas, los ojos de cafés de la artista y se rindio.

Por un momento le puso frenó a su vida tan rápida, se sintió igual de ligero que esa vez que puso un pie en la Fórmula 1 del equipo Toleman pero esto... No se acerca a la emoción que sentía ahora.


Ambos se separaron del todo, se vieron a los ojos del otro y no habían voces o señales que sean suficientes para describir lo que sienten por el otro.

Los dos salieron del balcón con un par de manos fuertemente agarrados mientras que por parte del piloto, se le escapaba una que otra sonrisa nerviosa que la artista paraba al jalar un poco su mano.


Caminaron por el lugar hasta llegar a una zona con habitaciones, un pasillo mejor dicho y sin pensar mucho entraron a una al azar.


No era que nunca sintieran eso que muchos llaman deseo por el otro y si lo había, al menos el brasileño había hecho su mejor papel para ocultarlo todos estos años pero hoy al fin podría desinhibirse.


La puerta se cerró, la habitación estaba a oscuras prácticamente y los ojos de ambos que estaban pendientes más en donde pisar mientras que cada tanto recibían un beso o dos en los labios, solo podían acostumbrarse a la leve luz lunar.


Pronto la artista sintió el colchón de la cama en donde estaban, era igual de cómoda que en el hotel de París aunque no sabía si era por los materiales en si o por estar con Ayrton.


Lentamente, ambos comenzaron a buscar la forma de sacar la ropa del otro, ya estaba siendo más un estorbo que otra cosa y pronto empezó ese baile más íntimo entre los dos.


A veces, se paraba todo por el permiso del piloto para hacer ciertas cosas que con un movimiento de cabeza de la artista ya tenía vía libre.

Aunque también eran esos mismos ojos los que no paraban de mírala, de buscar la mirada de su linda mujer y registrando en su mente las muecas o gestos que indicaban que estaban haciendo un buen trabajo.


Lentamente el juego previo fue dejado de lado ya que se dio cuenta en el proceso que Viviana era de esas mujeres que tenían mucho por dar.


Y si bien ya sabía a dónde iría todo, una vez se puso cómodo, ni siquiera dio el pasó al contrario, se quedó por un momento viéndola, guardando en su cabeza lo que estaba pasando.


La poca luz hacia que el momento fuera más hermoso a los ojos del piloto, cada curva, cada zona que sus manos tocaban e indiferentemente si eran sensibles o no, cada acción que hizo a lo largo de la noche que lo llevó a este momento.


Sus ojos llegaron a los labios de Viviana, no controlaba tan bien la lectura de labios como lo hacía ella incluso con tantos años juntos pero si podía ver cómo decía su nombre, lo repetía y por la forma de la ceja, sumado a los ojos marrones prácticamente nublados por el placer, sabía que quería llegar a esa sensación que solo él le podía dar.


Bajo su cuerpo, sus manos fueron a los lados de la artista y una se movió a la barbilla, bajando el rostro ajeno para verlo.


—eres lo mejor que me pasó en la vida, mí angel— dijo para luego besarla, no era apurado o fuerte, no, era un beso igual que le dio en el balcón, suave y delicado, no quería poner en arranque aún ese lado suyo que le pedía ir más rápido porque no hacía falta.


Esto no era una carrera, no, era más bien una danza que ambos estaban dispuestos a realizar.

El Principado monegasco conoció esa noche, que su Rey no era el que portaba el derecho por ley, era ese hombre venido de tierras brasileras que al fin había dicho y hecho lo que su corazón gritaba desde hace 3 años.


¿Y el sobrecito de plástico? Bueno... Ayrton lo uso bastante bien por varias vueltas... O al menos hasta que Alain por error abrió la puerta de la habitación del hotel Hermitage en donde estaba la pareja y el brasileño dio su grito más fuerte de "fora!!!" que dio en su vida.


Al día siguiente del evento, todos en el box de McLaren sabían lo que pasó, tanto así que hasta Berger hablo al respecto con la pareja.


—Oigan, la próxima vez... Sean más silenciosos—


La cara de Vivi era un poema y hasta se hubiera caído su lápiz al suelo de no ser porque lo atrapó con el aire mientras que el paulista lo vió y simplemente le dijo "silêncio com que coisa?"... Después de todo, se entendía poco y nada de portugués en el paddock.


1994.

Nuevo año, nueva temporada de Fórmula 1 y nuevo equipo para el mejor del mundo.

El año pasado el tricampeón le había dicho adiós al equipo que lo vio crecer en el gran circo y ahora, estaba en box de su nuevo equipo, Williams Renault, sin embargo no vio a Viviana en todo el dia, lo que se le hacía cuánto menos raro ya que su mujer era incapaz de dejarlo solo.


Ya de por si, lo que puedo probar en las pruebas en su bello Interlagos no era precisamente bueno, el auto desde que le sacaron las ayudas electrónicas había sido inmanejable e impredecible incluso para alguien como él.


Así que, en su mente solo había una frase para describir la situación "Filho da puta".

Estaba incómodo, no se sentía para nada seguro en el Williams y hasta juraría con Dios al lado suyo que es un ataúd con ruedas.


Aún así, la carrera estaba a la vuelta de la esquina y por lo mismo, se tenía que centrar, ya encontraría otra forma para hacer del auto aún mejor a lo largo del año: tal vez es el balance del auto o es el suelo... Da igual, se puso su mono de competición al completo, su casco, acomodo los arneses del mismo y se subió al monoplaza.


Sus ojos se movieron un poco a la derecha, no había nada, ese cuídate de la artista al menos hoy no estaría.


El motor se prendió, esperó las indicaciones y emprendió su marcha por la calle de boxes para llegar a la línea de meta.

Sin embargo, en la vuelta 56 sufrió un percance típico, un accidente que lo dejo fuera de la carrera.

En su mente al salir del auto solo podía pensar que tal vez... Quedarse en McLaren un año más era una mejor opción.

Así que ahí estaba él, viendo desde boxes una carrera que ganaba el novato alemán Schumacher y sumando a que su viejo rival y amigo Alain ya no estaba rodando con él... ¿Tenía siquiera sentido seguir?.


La puerta del motor home se abrió, dando una aplauso pero no escucho nada, tampoco estaba aquí.


—Meu amor, ¿Donde estás ahora que me haces falta?— pregunto al aire, camino dentro del lugar, viendo los dibujos de niños y cartas en las paredes, para llegar a la heladera, estiró su brazo y saco una cajita de arriba.


Una pequeña caja de terciopelo azul, lo abrió y dentro había un anillo de plata con un ópalo, normalmente en esos anillos lo que más se ve son diamantes pero él quería que fuera especial.

Lo cerró y lo llevo a su pecho, cerrando sus ojos.

Desde que se unió a Williams había sentido un presentimiento, como si su intuición le este gritando que tenga cuidado con cada paso que de.


Pronto escuchó el ruido de la puerta, viendo a Viviana, viendo las señales al instante de sus manos que le decían como estaba.


—Lo notaste ¿no?— ella asintió —Bueno... Creo que ya no lo puedo ocultar más—


Ante la confusión de la artista, ella vio como él se arrodilló, la confusión creció aún más pero paso a alegría, emoción y euforia, todo junto al ver el anillo de compromiso.


En señas Ayrton dijo la mítica frase de "¿te quieres casar conmigo?" Pero ni siquiera lo pudo terminar al ver qué ella fue directamente a abrazarlo como un koala y recibió miles de besos en su rostro, riendo.

Ambos se vieron y él puso su mano derecha en los ojos de la carioca para secar las lágrimas, le puso el anillo y vio la pregunta de Vivi sobre el ópalo.


—Queria que fuera especial, como la mujer que me ama— le sonrió solo para recibir un beso de parte de esos labios que desde hace 4 años no deja de besar.


Luego de un momento, la carioca se separó para agarrar aire y sacar algo del bolsillo de su pantalón, un anillo de oro y lo vio, le explicó con sus manos que ella tenía el plan de hacerlo su prometido primero solo para escuchar la risa de él seguido de un abrazo —Minha vida, eres increíble— dijo el piloto feliz y tranquilo aunque su voz se quebraba por una leve risa que se escapaba de su boca algo colorado por el labial de su pareja.


Pronto el gran premio de Japón llegó, este año estaría en otro sitio, cerca de Kobe en un circuito que... No le gusta, no es su bella Suzuka.


Aún así, está en el box de Williams otra vez, sin embargo, hoy Viviana está a su lado pero este año por alguna razón no lleva su libreta, antes de venir en el aeropuerto incluso le pregunto porque no lo trajo y según ella: quería verlo correr sin tener que poner sus ojos en el papel.


O como Ayrton lo entendió: tengo mi atención en ti y solo en ti.

De todas formas, era lindo saber que por una temporada, podría disfrutar de su compañía sin las hojas y lápices de por medio.


Un golpe en su hombro lo hizo volver a la realidad, viendo a su pareja y como le dice algo —Perdon amor, ¿dijiste algo? No te vi— la vio de nuevo, notando que preguntó sobre el casamiento —eso... Bueno, siempre te gustó venir a Imola, ¿que tal si nos casamos ahí luego del gran premio? No no, que tal no, nos vamos a casar ahí, es más, nos quedaremos una semana más para cómprate el mejor vestido de novia de toda Italia— él hasta se había parado de dónde estaba sentado solo para decirle todo eso con una sonrisa en la cara.


Hasta había olvidado en que equipo estaba.


En otras circunstancias... Y en otro circuito... Esto no hubiera pasado.

Colisión. Triple. Y eso lo dejo fuera de carrera otra vez.


Un suspiro frustrado salió del brasileño mientras que su aliento choca con su mano al estar en su cara, no podía creer que de verdad le estaba pasando ésto.

Y ya ni siquiera era por el hecho de que no ha podido sumar puntos para el campeonato, no, a este punto ya estaba frustrado porque Viviana lo estaba viendo perder... Y un poquito por Prost, pobre hombre, seguro se debe sentir mal de haberlo dejado solo... O eso le gusta creer.


Sintió las manos de su prometida en sus hombros, frotándose rápido para levantar sus ánimos.

Cosa que hizo bajar su mano de su rostro, viéndola —Siempre haces que me sienta mejor— sus manos se fueron a los suyos y los paro, acariciando sus nudillos y viendo que la mujer le sonrió para luego darle un beso en la frente.


Italia, San Marino y por ende, el gran premio de dicho lugar.

Todos estaban haciendo vueltas, practicando con los autos y mientras Jordan tenía al alemán ya desde Brasil haciendo poles y sacando puntos, Senna solo podía... Hacer trompos.


El auto a sus ojos era tan malo que ni para dar una vuelta servía, por dios, dos grandes premios y en ninguno género puntos, ni siquiera uno, esto ya no era por el campeonato esto se había vuelto algo personal ¿Cómo podía ser que él, el tricampeón mundial, no pueda hacer ganar un Williams? Había pensando en todo durante las prácticas a tal punto que se olvidó de si mismo y su salud.


Sus manos tenían heridas en las palmas y en los dedos, le molestaban los guantes de solo sacarlos y su cara era el acto reflejo de dicho dolor al arrugarse.

Por suerte, su linda prometida estaba ahí, apoyándolo y cuidándolo.


En el box, ambos en señas estaban hablando, para los mecánicos de Williams esto era raro más no extraño, siempre se preguntaban entre si de que tanto hablaban cuando el brasileño no decía palabra alguna con su mujer de forma vocal.


[Se que lo puedo mejorar pero no se cómo, intente todo y no funciona, es como si el coche se me escapará]


[Tranquilo, ya verás como arreglarlo, dame tu mano derecha] y así Vivi empezó a ponerle vendas y cintas en la mano [¿sabes? Ahora mismo me arrepiento de no traer mí libreta, podría dibujarlo y ver el problema juntos]


[Si tan solo pudieras ayudarnos, serías el ángel de este equipo, amor] el piloto movió sus manos haciéndolos puños, ya estaban bien, vio el auto y el volante y luego a ella —Gracias mí vida, recuerda, luego de esto [nos vamos a casar].


La artista sonrió y le dio beso, guardando las cosas en un pequeño botiquín que ya le daría a Sid luego.


[Oye, ¿recuerdas ese dibujo de Imola en el 89?]


[Si, el de tamburello ¿Por qué lo preguntas?]


El piloto estaba por mover sus manos otra vez cuando vio a los mecánicos salir del lugar.


La conmoción se formó en el paddock rápidamente y pronto se corrió la voz, Barrichello había chocado

Y ese viejo presentimiento en su país, esa inquietud, volvió al pecho del tricampeón.


Sin embargo, en su reloj el tiempo seguía pasando y eso implicaba, dar pasos con cuidado.

Sin pensarlo mucho, fue a la zona médica del circuito, encontrando a Barrichello en una cama, con la nariz rota y con un brazo fracturado.


-¿Te encuentras bien, Rubens?-


—Mejor que nunca, jefe—


El mencionado se rio un poco —no me digas así, me haces sentir más viejo de lo que soy—


—Lamento no poder correr a su lado mañana—


Él negó con su cabeza y puso una mano en el frío metal que hacía de borde en la camilla —No hace falta que lo digas, a mí me importa la salud de mis compañeros, no si corren o no, ya habrá más carreras y temporadas—


Rubens iba a responder cuando los médicos le dijeron a Ayrton que se fuera, el tiempo de visita había terminado al ser de 10 minutos por las heridas y pronto se fue.

Viernes y había pasado esto, no quería pensar en que vendría.


Al día siguiente, el piloto estaba en su lugar, descansando, cada tanto veía su reloj, habían pasado 20 minutos de iniciada la clasificación y Williams de momento no quería que su mejor piloto corriera aún por el peligro luego de lo que pasó con Barrichello, sin embargo, este gran premio estaba por ser aún más que una simple advertencia para todos en el circuito.


Un simtek chocó en Villeneuve casi frontalmente, un golpe secó y con un auto destruido que terminó un poco más abajo en el pasto.


Nadie podía creer lo que mostraban los monitores de todas las escuderías y si bien algunos tenían una leve esperanza de que el novato austriaco este bien, solo dos personas sabían de ante mano la verdad.

Sid y Viviana, el primero por experiencia y la segunda por estudiar de forma general.


Sin embargo, el piloto brasileño negó con su cabeza, era imposible que algo como esto pasará en un circuito que conoce como la palma de su mano, era como si el mismo demonio haya tomado de rehén al circuito y a todos los que pisen el asfalto con las ruedas de sus monoplazas.


Aún así, no era la primera vez que Imola se cobraba accidentes, obviamente no, pero ¿Cobras vidas? Eso ya era otra situación por completo.


Aún así, la clasificación siguió a los 40 minutos, Ayrton termino primero con Schumacher en segundo lugar y su ex compañero Berger en tercero.

Luego de que todos se fueran, solo quedaban Ayrton y Demon Hill, se despidieron con sus manos y una vez que no lo vio, en la soledad del box, sabiendo que nadie lo escuchaba, se quebró, a este punto todos sabían lo que pasó: Roland había muerto.


Ya no podía seguir siendo ese hombre venido del cielo, ya no quería volver aquí, por primera vez en mucho tiempo: tenía miedo.


Y si, siempre decía que los pilotos tenían miedo, era parte del trabajo subir a un bólido a más de 300 km/h pero... Desde la muerte de Elio no se sentía así.


Simplemente no estaba listo para volver y hasta estaba agradecido de que Prost no corra, porque si ya está así por alguien que conoció muy poco, no quiere ni pensar lo mal que estaría si ya no volvería a ver a Alain.


Y como si de magia se tratara, la puerta del box se abrió.


Sus manos temblorosas secaron sus lágrimas y su nariz al escuchar el ruido y lo vio, el francés estaba ahí, parado y preocupado por obvias razones de ver a su amigo así.

—¿Ayrton?¿Estás bien?—



—Claramente no Alain, ¿A qué viniste? Porque si es para hablar no estoy de humor... Para absolutamente nada—


—Viviana me dijo... Oh bueno, me señalo que no salías y me preocupé, vamos— el ruliento fue con él y le puso una mano en el hombro para guiarlo hacia afuera.


La caminata hasta salir del circuito iba a ser larga así que, los dos empezaron a hablar.... Más o menos.


—¿Quieres hablarlo?— vio que negó con la cabeza, esto hizo que él junte sus cejas, enojandose por lo testarudo que podía llegar a ser el brasileño —Si no lo sueltas vas a explotar, vamos di algo aunque sea.—


—Tengo miedo ¡¿está bien?!—


Los pasos dejaron de escucharse, los hombres se vieron, uno claramente siendo más destruido por sus temores que el otro.


—Desde el 82 que no pasa esto, Alain, ¿sabes lo que es eso?... Bueno, no se para que te lo digo... Solo se que... No más bien, me doy cuenta que dejar McLaren fue un error, un estupido error de mí parte—


—Oye, así es esto, tú más que nadie sabe los sacrificios que hacemos todos aquí para llegar a dónde estamos—


—Gracias por decir prácticamente nada— dijo el brasileño mirando al suelo.


—¿Y que quieres que diga, Ayrton? ¿Por dios espero que estés bien y te deseo lo mejor? Lo lamento ¿si?, no es que tengamos la mejor amistad en ese lugar— dijo Prost señalando al lejano circuito italiano con su brazo, viendo que la situación se volvería histérica si no se calmaba, suspiró, miro al suelo por unos segundos y volvió a ver a su ex compañero —Escucha, ¿porque no haces como yo? Ya lograste todo lo que se podría lograr y hasta lo impensado, ¿o ya olvidaste ese récord en Donington? Hasta les diste una alegría a los brasileños al ganar en Interlagos en el 91, vamos— el francés le puso un mano en su hombro y lo apretó un poco a modo de apoyó —Nadie te dirá nada si te retirás—


Ayrton lo pensó por un momento, podría tirar la toalla y pasar página, cumplir ese sueño que tanto quiere, casarse con el amor de su vida pero... Quiere seguir, el mismo lo dijo en su momento "es como una droga" y para él, esto era su vida, su propósito como ser humano, si no era piloto ¿Entonces que era?.


—No puedo... Pero si puedo hacer algo, Alain, tomando en cuenta lo de hoy y Rubens ayer... Si algo me llegara a pasar—


—Ni siquiera pienses en-


—Dejame terminar, si algo me pasa mañana... Cuídala por mí—


El francés abrió sus ojos, no podía creer lo que le estaba pidiendo.


—Ayrton... ¿Estás bien, de verdad?— al ver la expresión pasar de calma a enojó —Esta bien, lo haré... pero tú promete algo también—


—¿Que cosa?—


—Que volverás, Fils de pute—


Al escuchar lo último, el brasileño lo miro sobradamente —Que lindo de tu parte, Filho de sua mãe—


Los dos amigos se rieron y se fueron del paddock, Viviana por su parte estaba afuera, esperando a ambos, yendo a abrazar al piloto apenas lo vio y le agradeció al francés, el cual solo asintió con su cabeza.


-Por ciento, ¿Cuando se van a casar?-


La pareja lo vio con los ojos abiertos, parecía que casi se salían de las cuencas por la sorpresa, la artista pregunto cómo se enteró con las manos.


-Tengo mis contactos, Mademoiselle-


Ayrton por su lado, le tapó los oídos a Viviana -No escuches, ese idioma es malo para los odios-


Y así, esa poca felicidad de ese día, estaba por terminar.


Domingo, 1 de mayo... Y aún no se sabía pero Imola, se estaba por cobrar otra víctima.


Mientras en los boxes los autos estaban teniendo los últimos retoques, el público estaba extasiado de ver correr a sus pilotos favoritos.


Williams sin embargo, estaba mal, todos estaban mal, ninguno aún se podría recuperar de lo ocurrido ayer y Senna estaba entre el enojo y la tristeza absoluta, enojó porque no podía creer que la FIA haya optado por seguir con ésto y triste por Ratzenberger, aún así, saber que tenía la bandera de Austria ahí en su monoplaza gracias a Lauda era bueno.


Mínimamente, mientras suena su himno nacional brasileño en el podio, estará Roland viéndolo desde el cielo como él empuña la bandera austriaca.

Eso es todo lo que ese hombre merece: un homenaje dignó...


Se fijó una última vez en su auto, metiendo su cabeza dentro, todo parecía en orden, se alejo y se fue con Vivi, dándole un abrazo y un beso en la mejilla.


[Te amó, nunca olvides eso] le dijo con señas.


[Yo también, cuídate]


-lo haré y cuando vuelva, ese anillo será de boda, tendrás un vestido bonito, el más hermoso del mundo- él juraba que ya podía escuchar las campanadas de una iglesia italiana, vio como la chica se rió y le dio otro beso para luego alejarlo.


Pocos momentos de felicidad en una situación tan sombría para él eran como leves rayos de luz que indicaban que de alguna manera esta tormenta terminaría.


Ayer en el hotel, estuvo todo la noche pensando, tomando en cuenta lo que dijo el francés y por dios, no le podía decir que no, ya había hecho todo, podía si quería dejarlo todo y luego de esta temporada así sería.


Un buen cierre para una buena carrera en la fórmula 1 y quién sabe, tal vez a futuro formar una familia y ver a sus hijos crecer o hasta llegar a ser abuelo, ver el mundo para ayudar a más niños y demás más cosas.


Todo eso se le cruzó por la cabeza al subir ese monoplaza blanco y azul, arranco el motor y salió de boxes, las cámaras captaron todo de él, para los demás y los televidentes, tenía una expresión extraña, no se sabía si estaba tranquilo, frustrado o simplemente cansado de todo.


Pero él solo podía pensar en el futuro, ver la pista y solo ir, ir e ir... Cómo pasó en Mónaco del 88, solo fluir con el auto, relajarse y dejar todo a su instinto.


Todos los autos pronto llegaron a sus posiciones, las luces rojas se fueron prendiendo una por una.


Y la carrera dio inicio, un ruido más fuerte que una tormenta se escuchaba de esos autos.

Pero detrás, dos vehículos chocaron, causando un despliegue de metales del chasis, uno de los tantos fue a parar al público al salir más alto que la valla de seguridad, causando heridos leves.


Esto hizo que el coche de seguridad saliera, justo lo que Ayrton no quería, nunca lo dijo en voz alta luego de lo que pasó con Balestre pero el auto de seguridad siempre le pareció lento y en un deporte como este, perder temperatura en los neumáticos es lo mismo que tener una cancha mojada en el fútbol: genera desastres.


Al ver pasar el coche de seguridad por su lado, su mano salio de auto, quería que fuera más rápido, deseaba que así fuera pero bueno, se tenía que conformar con un auto tortuga.


Luego de una vuelta al fin, el auto se fue, volviendo a la velocidad habitual.


Él sabía que hacer, cuando doblar, cuando poner más o menos marchas pero algo falló.

Giró pero el volante, el auto no hizo caso y en esos pocos segundos, piso el freno a fondo con una mínima esperanza de poder salvarse.


<Vivi, perdóname>


—Senna chocó fuerte— dijo el relator —un golpe muy fuerte en la curva de Tamburello—


El mundo se quedó con el alma en su mano, el público cercano a la carrera también, en los boxes ingenieros y mecanicos no podían creer lo que veían.


La bandera roja salió y todos los pilotos fueron a sus lugares en sus respectivas escuderías, sin embargo, un piloto de Laurrousse, Erick Comas salió, importando bastante poco si luego de ésto le sacaban hasta la licencia de conducir.


Pero al llegar, todo lo que pudo ver fue sangre y médicos haciendo lo imposible por salvarlo, él lo salvó hace dos años... Y ahora, estaba ahí, queriendo devolver un gesto que no podría.


Sid por su lado había visto lo que él creía, era el alma del brasileño irse a un plano superior, su cuerpo había quedado relajado luego de dar un último suspiro de literalmente vida.


Un helicóptero llego para llevar el cuerpo a un hospital en Bolonia.

A los minutos, Viviana llego al hospital, una doctora le comunico en donde estaba y la dejaron pasar.


Ni siquiera ella podía explicar como se encontró al que sería su esposo y a paso lento se acercó a la cama.


<Despierta... Vamos, Alain te está esperando, todos lo estamos haciendo... Y, y, me debes la boda ¿lo recuerdas?> Las piernas le fallaron, terminando en el suelo por el sufrimiento, por una angustia tan grande de verlo en este estado <Por favor... Te necesito, no puedo seguir sin ti... No puedo correr sin ti> su mano derecha se fue a la mano ajena, agarrándolo con fuerza de la muñeca <Beco... Vuelve> era la primera vez que le decía por ese apodo tan familiar... Y ahora, esa palabra se sentía tan amarga porque él no podía escucharlo.


Ese día Viviana se quedó en sala de espera, por más que la carrera había terminado ella ya sabía de primera mano lo ocurrido, su esposo no volvió... Dios le había soltado la mano y de la peor manera posible.


<34 años> pensaba dentro suyo la artista mientras sus manos limpian constantemente sus propios lágrimas <íbamos a vivir tantas cosas juntos>.


5 días después del siniestro, Brasil lloró a su héroe, la alegría de todo un pueblo.

Desde Brasilia hasta Río de Janeiro, desde Río de Janeiro hasta las amazonas y más allá, no hubo alguien que no llorará la muerte del piloto.


Viviana por su lado, no había ido al funeral, no quería aceptar que se había ido, incluso sus padres fueron pero ella... Ella solo podía ver sus libretas de viaje, los dibujos en donde capturó el rostro y cuerpo de su preciado amor, del esposo que nunca tuvo.


Pero se detuvo un momento, sus ojos cafés con ojeras y rojos por el llanto vieron la escotilla de su habitación abrirse.


Alain estaba ahí, viéndola, se tuvo que pasar sus manos por sus ojos para verificar que lo que veía no era un ilusión por estar tanto tiempo encerrada.


—Hola...— los pasos del francés se hicieron notar en el piso de madera y miro un poco el lugar, en el pasado hubiera entendido por qué la carioca resultó ser tan buena con el arte, aunque un cuadró tapado con una tela llamó poderosamente su atención pero decido dejarlo pasar, el enfoque no era el arte ahora mismo era ella, eso que Ayrton le prometió proteger como si hubiera presagiado su fatal destinó —¿Cómo te encuentras?—


No había mucho que hablar en una situación así, el solo hecho de que ella se haya dando la vuelta para no verlo le respondía su pregunta


Así que, por un momento el francés dejo de ser tan racional, tan lógico.

Se sentó en la cama, como si fuera su amigo de toda la vida y simplemente la abrazo, sintiendo las lágrimas y desgraciadamente moco pagándose en su esmoquin, las manos de la chica se aferraban para que él no se vaya y también se rompió.