Moderno Y Anticuado by FujoshiRobin at Inkitt
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Moderno y anticuado

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Sanji forma parte de una trieja en la cual no es muy feliz, hasta que aparece alguien muy anticuado para decirle que merece mucho más que lo que tiene ahora

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MODERNO Y ANTICUADO

Hacía un frío del demonio aquella mañana, algo normal estando a finales de febrero, lo único que quería hacer el rubio era estar al lado del horno, vigilando que las cookies quedasen perfectas para sacarlas para desayunar mientras se tomaba relajadamente un café. Cosa imposible, ya que iba recogiendo trastos esparcidos por todo el pequeño apartamento, el enojo y los paseos de un lado a otro lo mantenían caliente.

─ Wow, nene. ¿Ya tan acelerado de buena mañana?

Escuchó detrás de él y Sanji automáticamente lo fulminó con la mirada y el pelirrojo, entre risas, alzó las manos en son de paz para no iniciar una pelea matutina antes de darle un beso e ir a la cocina.

─ En serio, Kid. No te costaría nada recoger todas tus malditas cosas cuando terminas de usarlas. — gruñó todavía sin dejar que aquello pasase de largo.

─ ¿Para qué? Si luego tampoco te gusta donde las dejo. — respondió el pelirrojo dándole un pequeño azote en el trasero.

─ Es que dejarlo todo apilado encima de la mesa tampoco es que sea su sitio.

─ Eres demasiado estricto con el orden, nene.

─ Deja de llamarme “nene”, haces que me enfade más.

─ Uff, vaya humor con el que nos hemos levantado esta mañana... — murmuró lo suficientemente alto que Sanji pudo escuchar.

─ ¡Kid! — gritó más cabreado.

─ ¿Ya os estáis peleando? — preguntó otra voz saliendo del dormitorio, un rubio de pelo largo sin camiseta que iba bostezando.

─ Killer, tú tampoco te libras. — le señaló acusadoramente — ¿Cuántas veces tengo que decirte que no dejes la ropa del trabajo en el cesto de la ropa sucia? Está llena de grasa y manchas mis camisas.

─ Ups, se me pasó, perdona. — le dio un beso rápido en los labios tras apartarle el cigarro — ¿Has hecho café?

─ ...Sí. — respondió tras un largo suspiro de pura resignación — He hecho cookies de avellana y de chocolate amargo.

─ Mmm, mis favoritas. — dijo Killer tras darle un buen beso a Kid que lo rodeó con su brazo para atraerlo — Buenos días, a ti también.

─ Te has levantado palote. — respondió Kid al notar la dureza del otro en su muslo con una sonrisa juguetona en la cara.

─ Pues sí, ¿da tiempo para echar uno rapidito?

─ No. — respondió Sanji entrando en la cocina y sacar las cookies del horno — En cuanto saque esto me tengo que ir.

─ Jo, que aguafiestas, nene. — bufó molesto el pelirrojo.

─ Bueno, tengo que adelantar mi turno del Baratie ya que no trabajo el sábado.

─ ¿Y eso? — preguntó Killer, de pie y recostado sobre el torso de Kid quien todavía lo mantenía por la cintura — Es raro que el viejo rancio te deje libre los fines de semana.

Aquello fue como una puñalada en el corazón de Sanji, ¿de verdad no se acordaba? Miró a ambos con cara de desconcierto y fue suficiente para saber que sus novios se habían olvidado. Molesto, sirvió las galletas en el plato.

─ Zeff me ha dado el día libre porque se lo pedí.

─ Oh, vale. Podríamos ir a echar unas partidas de billar y después tomarnos unas birras en el antro de Heat.

─ Buena idea. — apoyó Killer.

─ Me voy.

─ ¿Sin desayunar? — preguntó Killer tras un beso rápido en los labios de Sanji.

─ Me llevo un par de galletas, nos vemos a la noche.

─ No trabajes demasiado, que luego estás de mala leche. — se despidió Kid tras otro beso fugaz.

Sanji recogió sus cosas mientras escuchaba las risitas tontas de los otros dos antes de salir de casa, con la certeza de que echarían el “rapidito” antes de que se marchasen al taller. Bajó las escaleras enfurecido tras encenderse un cigarrillo y colocarse los auriculares con la música bien alta, como si así pudiera aislarse de sus pensamientos, cosa que no logró.

Conocía a Kidd y Killer desde su infancia, tras el divorcio de sus padres, Sanji se fue a vivir con su madre sin el resto de sus hermanos, quienes prefirieron quedarse con Judge, aun así tenían la custodia de tal manera que a él le tocaba pasar un fin de semana al mes con su padre y sus hermanos pasaban una semana si y una no con ella, aunque eso terminó en cuanto entraron a un instituto privado en otra isla al cumplir los catorce años, eso redujo las visitas a vacaciones y a su pobre madre le tocaba estar peleando con Judge para lograr ver a sus otros hijos. Por suerte, Sanji tuvo el apoyo de sus amigos que les libró de más de una paliza a manos de sus hermanos intercediendo por él mientras estaban en el colegio, de hecho, por su culpa se armó una buena pelea entre sus hermanos y sus amigos, quienes se ganaron la expulsión durante una semana por como dejaron a Ichiji y los otros dos, desde entonces, jamás volvieron a ponerle la mano encima y Sanji quedó eternamente agradecido con ellos.

Al pasar al instituto todo el mundo los conocía por lo ocurrido, así que no hicieron amigos nuevos por su fama de violentos y así estuvieron así hasta los dieciocho años, Kidd y Killer no quisieron seguir estudiando y empezaron a trabajar en un taller de coches y Sanji se mudó con ellos para ir a clases de cocina. Los tres eran inseparables y en algún momento la simple amistad se convirtió en algo más y ahora eran trieja, se vio como algo normal, aunque no se lo contó a su madre, no quería escandalizarla.

Aun así, las cosas no eran como antes, notaba como Kidd y Killer estaban mucho más unidos desde que empezaron a trabajar en el taller, eran mucho más afines entre ellos, les gustaba las mismas cosas, la misma música y a veces, eso a Sanji le hacía sentirse desplazado, ellos decían que no era así, pero era así como se sentía, pero el miedo a que se deshicieran de él era demasiado grande como para expresarlo con absoluta sinceridad.

Iba tan absorto en sus pensamientos que no se dio cuenta de que por el paso de peatones por donde iba a pasar no miró si cruzaban coches y continuó andando hasta que un tirón de brazo le hizo retroceder dándose un buen susto cuando vio pasar a un coche a toda velocidad pitando y el conductor maldiciéndolo desde el interior cuando uno de sus auriculares cayó al suelo por el brusco movimiento junto al cigarro encendido.

─ Ey, ¿estás bien?

Todavía estaba con el pulso acelerado cuando se giró para ver quien le hablaba, un chico terriblemente guapo todavía le sujetaba del antebrazo, preocupado. Llevaba unas gafas rectangulares, su ojo era castaño mientras que el otro estaba cerrado por culpa de una cicatriz en vertical que cruzaba desde la mitad de la frente hasta el pómulo, su oreja izquierda estaba perforada por tres pendientes largos y dorados. A pesar del frío que hacía, él iba con una sudadera remangada hasta los codos dejando ver sus fuertes brazos. Lo más llamativo de todo, era su peculiar pelo verde de punta.

─ Eh, ah, sí. G-Gracias, no lo había visto. — se libró del suave agarre agachando la cabeza de pura vergüenza.

─ Han estado a punto de atropellarte, ¿seguro que estás bien? — insistió — Estás llorando.

─ ¿Eh? — se limpió la mejilla y efectivamente así era, pero no por el susto, estaba llorando de pura frustración y ni se había dado cuenta — No es nada, de verdad.

─ ... ¿Quieres sentarte un rato en esa cafetería? Te vendrá bien calmarte un poco.

─ D-De acuerdo.

Terminó cediendo (como siempre) y con su ayuda se sentó en una de las sillas que había en la terraza de la cafetería, al lado de la estufa, cosa que agradeció para recuperar algo de calor corporal y se sorprendió cuando vio que el chico se sentaba frente a él y pedía un poleo menta y un café solo, por lo visto planeaba quedarse.

─ No hace falta que te quedes, estoy bien, de verdad.

─ Tenía pensado tomarme un café. — le restó importancia encogiéndose de hombros y Sanji no estuvo seguro de creerle — ¿Me he precipitado en pedirte algo caliente? Creo que lo necesitas más que un café y te altere más.

─ No, está bien. Gracias. — suspiró antes de encenderse un nuevo cigarrillo, era todo un detalle que un desconocido cuidase más de él que sus novios.

─ Ten, esto es tuyo. — dijo dejando el auricular que se le había caído al suelo totalmente destrozado — Por lo visto el coche le ha pasado por encima...

─ ... — ya era mala suerte, eran bastante nuevos — No pasa nada, ya tenían su tiempo, iba a comprarme otros. — mintió para que no se preocupase más.

─ Cuéntame.

─ ¿Eh? — parpadeó el rubio confundido.

─ ¿Por qué llorabas? Ya lo estabas haciendo antes del susto del coche. Te vi venir de frente. — se explicó ante el gesto de asombro de este.

─ No voy a contártelo, no te conozco.

─ Sé que no me conoces y creo que por eso es buena idea que me lo cuentes. — volvió a encogerse de hombros.

─ ¿Por qué?

─ Tienes pinta de ser de esos de los que no quieren molestar a sus seres queridos.

Sanji abrió los ojos todavía más sorprendido, ese desconocido había acertado de lleno. Con lo mal que se sentía y la necesidad de expresarse decidió aceptar su bizarra idea de hablar de sus problemas con un desconocido cuando pusieron la taza con la infusión delante de él.

─ Llevo un tiempo que siento que no pinto nada en mi relación, soy una de esas personas que le gusta tener a sus seres queridos bien cuidados, no es que busque reconocimiento, ni recibir lo mismo, pero... no sé... Al menos esperaba que se acordasen de mi cumpleaños. Llevo queriendo ir a un restaurante wanodiense del centro desde hace mucho tiempo, les pedí que se reservasen este sábado para poder ir y lo han olvidado. Antes estaban hablando de ir al mismo tugurio de siempre de un colega que tienen.

─ Perdona, pero... ¿estás hablando en plural?

─ Ah, sí. Tengo dos novios.

─ ¿Dos? Joder. — exclamó sorprendido — ¿Y teniendo dos ninguno se acuerda?

─ No, y la verdad es que esto ya parece más una pareja y yo el acoplado. Sé que me quieren, pero...

─ ¿No cómo se quieren entre ellos? — terminó la frase por él quien asintió — ¿Lleváis mucho tiempo saliendo?

─ Somos amigos de toda la vida, pero como novios desde hace poco más de un año.

─ O sea, sois tres amigos que folláis.

─ ¿P-Perdona? — se sorprendió el rubio que casi escupe el poleo, pues estaba dándole un trago.

─ No creo en las triejas y con lo que me acabas de contar me das la razón. Es imposible tener los mismos sentimientos por igual con dos personas, siempre se quiere una más que a otra.

─ ¡Eso no es verdad!

─ Vamos, Rizado. Tú mismo lo has dicho, te sientes más acoplado que otra cosa. ¿Tú de verdad los quieres por igual? Repito, ¿exactamente igual?

─ S-Sí... — respondió con dudas — ¿y qué mierda es eso de Rizado?

─ ¿De verdad todos los días los quieres igual? No me lo creo, habrá cosas que te guste uno más del otro, estoy seguro de que, si te diesen a elegir, al final, terminarías cediendo más por uno que por otro.

─ Y-Yo... — tartamudeó, es verdad que cada uno tenía sus cosas, no quería verse en la tesitura de tener que elegir entre ellos, pero en el fondo de su corazón, sabía que tenía razón.

─ ¿Lo ves? Es imposible tener a dos “número uno” en el corazón, puedes tener mejor amigo, mejor hermano, mejor compañero, mejor amante, pero al final de todo, siempre tienes a tu “persona favorita” por encima de todo. — respondió tan tranquilo tras darle un trago a su café.

─ ¡Eso no es verdad, yo les quiero a los dos!

─ Si tú lo dices... no entiendo de estas mierdas modernas, tú serás muy moderno y yo seré demasiado anticuado.

"O romántico" pensó Sanji, él siempre lo había sido, aunque jamás lo había admitido en voz alta, las pocas veces que había sugerido planes un poco cursis estos se habían reído y él siempre respondía que era una broma, aunque en realidad se muriese de ganas por dentro.

─ Tengo que irme. — dijo su acompañante sacándole de sus pensamientos, debió ser por demasiado tiempo, porque vio como pagaba la cuenta de ambos con su tarjeta — Si vuelvo a llegar tarde a clase me quitarán los créditos de la asignatura.

─ Ah, claro... — se puso en pie — Deberías haberme dejado pagar a mí, he sido yo el que te ha entretenido.

─ No hay problema, mañana invitas tú. — respondió con una amplia sonrisa traviesa.

─ ¿Eh?

─ Tengo mucha curiosidad por ti y quiero conocerte más. ¿Mañana aquí mismo un rato antes?

─ ¿Me estás pidiendo una cita? — balbuceó como un idiota.

─ No pienso hacer un cuartejo o como mierda se diga, más bien tengo intención de sacarte de la trieja. — dijo con descaro — Nos vemos mañana, Cejillas.

─ ¡Eres... Eres un idiota engreído! — gritó viendo cómo se marchaba y se despedía con la mano, de espaldas a él — ¡No pienses que voy a venir...ehm... Musgo!

Lo único que escuchó fue una risotada por parte del de pelo verde y lo dejó allí, totalmente plantado y con la absoluta certeza de que no lo volvería a ver.

—o—

Se sentía realmente estúpido por estar allí, de nuevo delante de ese desconocido descarado con una taza de cappuccino entre las manos y las mejillas sonrojadas, porque el muy idiota le había descubierto en la esquina, vigilando si iba a aparecer o no, casi le da un infarto cuando escuchó por detrás “¿también eres un Stalker, Rizos?” Y se partía de risa antes de echar a andar de nuevo a la cafetería, esta vez, dentro para no pasar frío, al menos Sanji, porque el otro se quitó la sudadera y se quedó en manga corta, el rubio tuvo que contener un jadeo cuando vio semejante cuerpazo, ¿esos pectorales eran reales? Sintió un cosquilleo en la nariz, tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no desangrarse allí mismo.

Le llamó la atención que Musgo le preguntase por su vida en general, y él fue respondiendo a todas sus preguntas, sorprendiéndose de lo fácil que era hablar con él, o más bien enfrascarse en disputas absurdas de las que se acababan riendo como idiotas. Marimo (ya que el muy idiota seguía poniéndole motes ridículos, decidió que él tampoco preguntaría por su auténtico nombre) le contó que él estudiaba arquitectura y que estaba en su segundo año de carrera para algún día, acabar en el estudio de su padre que se dedicaba a lo mismo, también tenía una hermana mayor que era estilista.

─ Después de contarte mi vida, ¿Qué tal si me dices si tus novios se han acordado de que mañana es tu cumpleaños? Me da curiosidad.

─ No, todavía no. — respondió resignado — Me parece que al final vamos a ir al garito mugriento.

─ ¿En serio no les vas a decir nada? Es tu día, Rizos. Te mereces celebrarlo como tú quieras.

─ No importa, ya iré a ese restaurante en otra ocasión.

─ Si tantas ganas tienes de ir ¿Por qué no vamos tu y yo? — preguntó el peliverde — Me gustaría celebrar tu cumpleaños contigo.

Aquello sorprendió al cocinero, no esperaba tal invitación, desde luego ese chico era bastante directo y aquello le incomodó. Vale que tuviera problemas con sus parejas, pero eso no significaba que fuese a serles infiel. Apuró su café y se levantó de su asiento.

─ No sé quién te crees que soy, pero no voy a dejarlos tirados solo porque no crea que me prestan la atención suficiente.

─ Deberías. — respondió con seriedad — Vales mucho más de lo que crees, Cejillas.

─ ¿Tú qué sabes? No me conoces.

─ No, pero me gustaría. — sonrió ligeramente — Si cambias de opinión te espero en el restaurante.

Sanji frunció más el ceño y se marchó de allí enfurecido tras pagar la cuenta. Era un idiota creído y arrogante si se pensaba que iba a dejarlos se equivocaba, ellos siempre habían cuidado de él, su infancia habría sido mucho peor sin ellos, estaba en deuda y por ello siempre permanecería a su lado. Era lo correcto... pero... ¿por qué ahora no lo parecía tanto?

Pasó el resto del día distraído pensando sobre ello, cuando regresó a casa se encontró a sus novios en el sofá riéndose de algo que estaban viendo en el móvil de Killer, les saludó con un escueto “hola” sin molestarse en levantarse ni mirarle y el rubio se metió en la cocina para preparar la cena con el corazón encogido.

La mañana siguiente no fue muy diferente, en cuanto les dijo que se iría a casa de sus padres a comer con ellos les volvió a sorprender que siendo sábado no trabajase, repitió que tenía el día libre e hicieron el plan de ir a tomar unas copas donde siempre.

Su madre se lo comió a besos en cuanto llegó junto a Zeff quien le dio una buena palmada en la espalda y le dieron su regalo tras el postre que había preparado el chef, su famosa tarta de galletas, natillas y chocolate, la primera receta que le enseñó. También recibió un mensaje de felicitación por parte de Reiju y unos emoticonos de dedo corazón por parte del resto de sus hermanos, él los devolvió, era su extraña relación, al menos se habían acordado de él.

Sus padres se dieron cuenta de que estaba bastante distraído, incluso algo triste para ser su vigesimoprimer cumpleaños, no dijo nada al respecto sobre Kid y Killer y se despidió de ellos con un gran abrazo antes de dirigirse al apartamento.

─ Ey, nene. — saludó Kidd mientras se ponía la chaqueta — Un poco más y ya nos pillas en la calle, íbamos a adelantarnos y a mandarte un mensaje.

─ ¿Tanto os costaba esperarme? — preguntó enfurruñado.

─ Íbamos a jugar mientras a los dardos, tampoco es para tanto. — se acercó Killer para besar a Sanji y este se apartó — ¿Qué pasa? Venga, no te enfades.

─ ¿Cómo no voy a enfadarme? Odio ese sitio, la comida es pésima, el suelo tan pegajoso que no sé cómo no se quedan pegados los zapatos cada vez que ando por allí y no me hagas hablar de la barra.

─ No seas delicado, nene.

─ ¡Deja de llamarme nene! Sabes que no lo aguanto. Me... me hace sentir de menos.

─ Es solo una manera de llamarte, no es nada.

─ No será nada para ti y que le quites importancia todavía refuerza que no os importo.

─ No digas eso. — intervino Killer.

─ Sí, sí lo digo... — suspiró, sacando un valor que no esperaba sacar — Esto no funciona, os quiero, de verdad que sí, pero creo que es un error seguir con esto.

─ ¿Qué quieres decir?

─ Siento que no os importo tanto como debería, me apreciáis, me habéis cuidado durante mucho tiempo, pero desde hace unos meses que me da la sensación de que vosotros estáis más unidos entre vosotros que conmigo y debemos aceptarlo.

Killer y Kid se miraron entre ellos y de nuevo a Sanji en silencio y eso le dio la razón, era doloroso, pero no tanto como había imaginado.

─ Hoy es mi cumpleaños. — les recordó y estos abrieron la boca como dos peces idiotas fuera del agua — Os pedí reservaros este sábado para celebrarlo con vosotros y no os habéis acordado.

─ Mierda... lo sentimos, nen-ehh, Sanji. — Kid puso sus manos sobre los hombros del rubio — No volverá a pasar, ¿vale? Venga, vamos donde tú quieras.

─ Dime donde quiero ir. — respondió molesto ante la cara de ignorancia del pelirrojo — Llevo semanas hablando del sitio ¿Cuál es? Al menos dime qué tipo de comida es.

─ Hmm... ¿picante? — se atrevió a decir Killer ante el silencio de Kid.

─ No, no lo es. — apartó con suavidad las manos de Kid para coger de nuevo las llaves, ni le había dado tiempo a quitarse la chaqueta — Vendré mañana a por mis cosas.

Dio media vuelta y salió a la calle, dejando pasmados a los otros dos, sentía su corazón desbocado, pero no por dolor, sino por adrenalina, de haber sido capaz de expresarse y darse cuenta de que lo que pensaba que era amor quizás no lo era y que Marimo tenía razón en que solo eran tres amigos con una relación física, no solo Kid y Killer, sino también él mismo. Se encendió un cigarrillo y se puso a pasear por la zona, pensando en lo que había ocurrido hasta llegar al cruce donde conoció al arquitecto... ¿Estaría esperándole en el restaurante? Lo dudaba, después de como se había largado era seguro que no volvería a verlo y eso sí le dolió. Ese idiota que ni se había molestado en decir su nombre y a burlarse de sus cejar sí que le escuchaba y se preocupaba por él, había perdido la oportunidad de poder decirle que tenía razón. Aun así, decidió acercarse al restaurante y si no estaba, tampoco pasaba nada, cenaría él solo y luego se iría a casa de sus padres.

Se llevó una buena sorpresa en cuanto giró la esquina y vio a alguien plantado frente a la puerta del restaurante con un ramo de rosas rojas, podría haber pensado que era cualquier otro, pero ese pelo verde le delataba totalmente y en cuanto su mirada se puso en él, se le dibujó una tonta y bonita sonrisa en la cara que a Sanji le hizo temblar de pura ilusión, ¿Cuándo fue la última vez que le dedicaron una sonrisa así?

─ Has venido.

─ Dije que te esperaría.

─ No acordamos ninguna hora... además, después de todo lo que te dije, yo...

─ Acabo de llegar. — le interrumpió para que no se disculpase, todo un detalle — Esto es para ti.

─ ¿P-Para mí? — se sorprendió de que pusiese el ramo entre sus manos sin un ápice de vergüenza.

─ Feliz cumpleaños, Cejillas.

─ ¿Ni si quiera me vas a llamar por mi nombre felicitándome? — se sonrojó esperando que el loco de su corazón no le delatara ante el embriagador olor de las flores.

─ Aun no. — curvó más sus labios en una sonrisa traviesa — Vamos, la mesa nos espera.

─ ¿Mesa? ¿Has hecho reserva sin saber si me presentaría? — preguntó siguiéndole de cerca hasta llegar a la mesa de recepción.

─ Si no venías cenaría yo solo. Me hablaste tan bien de este lugar que quise probarlo.

─ Un momentito, por favor. Vamos a prepararles la mesa. — dijo la recepcionista.

Ambos asintieron y eso le dio tiempo a Sanji a observar con detenimiento el lugar, era super bonito, la decoración de madera en las paredes, las luces, incluso había un cerezo en flor en el centro de la sala, aunque seguramente fuese falso, todo estaba ambientado en estilo wanodiense, era como estar en la propia isla, aunque una conversación de una mesa cercana le distrajo.

─ Al final no le ha dado plantón. — dijo una chica a su acompañante — El pobre llevaba una hora ahí de pie, empezaba a darme pena.

─ Calla, que te van a oír... — respondió la otra al ver que Sanji miraba hacia ellas.

─ ...No ha sido tanto. — dijo Musgo al verse descubierto ante la mirada preocupada del rubio.

No le dio tiempo a decir nada, la camarera fue a por ellos y les guio hasta su mesa, justo bajo una de las ramas del cerezo. Pidieron sake para beber y una botella de agua para que Sanji pudiese rebajarlo al no tolerar tanto el alcohol.

Marimo le hizo un par de preguntas respecto a algunos de los platos que Sanji encantado respondió, en cuanto volvió el camarero con las bebidas hicieron sus peticiones.

─ Lo siento, en el servicio de cena no preparamos las gyozas de langostino con wakame. — se disculpó el camarero.

─ Oh, está bien, no importa. — miró la carta de nuevo el rubio.

─ ¿No era precisamente las gyozas lo que más querías comer de aquí?

─ Sí, pero ya le has oído, no hay.

─ ¿No se podría hacer nada? — insistió Marimo — Hoy es su cumpleaños, no sabes lo mucho que me habló de ellas y la ilusión que le haría comerlas.

─ Musgo, no...

─ Veré que puedo hacer. — sonrió el camarero recogiendo las cartas marchándose a la cocina.

─ ¿Por qué lo has hecho? No quiero molestar a los cocineros.

─ No te gusta molestar a nadie, ¿eh, Rizos? — rio dando un trago a su vaso de sake — No te preocupes por eso, si te las preparan daré una buena propina.

─ ¿E-Es que planeas invitarme?

─ Es tu cumpleaños, claro que invito yo.

De nuevo su corazón se agitó, Musgo era bastante atento y detallista con él, algo a lo que estaba totalmente desacostumbrado. Los entrantes aparecieron y junto a ellos las gyozas que efectivamente estaban deliciosas. La cena transcurría bastante divertida en la que Marimo tuvo la consideración de no mencionar en ningún momento que había aparecido él solo por el restaurante, así que, conmovido por su amabilidad, decidió ser valiente una vez más.

─ ¿Qué hay sobre ti, Marimo? ¿Alguna vez has estado en alguna relación? — preguntó Sanji cuando trajeron el postre, unos mochis caseros.

─ Uy, no. A mí me gustan las orgías, cuanta más gente mejor, sexo salvaje con desconocidos. — respondió con evidente sarcasmo mientras reía.

─ Ja, ja, muy gracioso.

─ Pensé que te gustaría el plan ¡ouch! — se quejó sorprendido cuando se ganó una patada en la espinilla — Caray, Cejillas. Tienes carácter, ¿eh?

─ Eres tú el que me lo saca. — y en eso era totalmente sincero, no solía mostrarse así con nadie nunca.

─ Bueno, vale. — dijo entre risas tras frotarse la zona herida — Sí, estuve con alguien durante dos años.

─ Eso es bastante tiempo.

─ Sí, pero él se marchó.

─ ¿Puedo preguntar por qué? — preguntó con suavidad.

─ No hay problema. — dijo tras engullir su mochi y dar un trago de sake para poder contárselo sin interrupciones — Fue durante el instituto, yo era amigo de su hermano pequeño, y él tenía un año más que yo, empezamos a salir y todo iba bien entre nosotros, lo malo era su abuelo... un tipo de la vieja escuela que se piensa que la buena disciplina es con “puño de hierro” para educar, eso cabreaba a Ace y siempre discutían porque odiaba que le pusiera la mano encima a su hermano Luffy. En cuanto terminó el instituto se puso a trabajar para que, en cuanto Luffy fuese mayor de edad, pudiese sacarlo de casa de su abuelo e irse con él bien lejos.

─ ¿Por qué no te fuiste con ellos?

─ Me lo ofrecieron, pero me negué. Yo quería estudiar aquí, y Ace no estaba dispuesto a que su abuelo los encontrase. Quiero mucho a Luffy como mi mejor amigo, a Ace como mi novio, pero yo no era su “persona favorita”, así que solo era cuestión de tiempo de que esto se acabase y así fue. Ambos se fueron de la isla. Les va bien, hablo con ellos de vez en cuando.

─ ¿Luffy era la persona favorita de Ace? — preguntó con dudas y Marimo asintió con la cabeza — ¿Anteponía antes a su hermano que a su novio?

─ No siempre tiene que coincidir que tu novio sea tu persona favorita, si conocieras a Luffy créeme que es difícil competir contra él. — se le dibujó una sincera sonrisa, llena de aprecio al pensar en su amigo — De todas formas, entendía su posición y yo no iba a obligarles a quedarse.

─ Eso es bastante amable por tu parte...pero, ¿no sufriste por separarte de él?

─ Sí, pero he estado bastante ocupado, así que lo he llevado bien. Mi amiga Kuina siempre se burla de mí de que siempre me quejaba por no pasar página y que no tenía razón... y como siempre acierta.

─ ¿Qué quieres decir?

─ Pensaba que jamás me volvería a gustar nadie y me equivoqué. Justo tengo delante quien me gusta ahora.

Sanji gimió de sorpresa, no esperaba tal confesión repentina y le hizo toser escandalosamente, cosa que provocó que Marimo soltase una buena carcajada.

─ Tranquilo, no quiero matarte el día de tu cumpleaños.

─ ¿P-Por qué me sueltas algo así? — preguntó totalmente rojo tras darle un trago a su vaso de agua.

─ Bueno, creí que era evidente. Sinceramente me da rabia que te menosprecies de esa manera y tengas que compartirte con otros dos y más cuando estos te hacen sentir así. Porque no saben valorar lo que tienen, me gustaría pensar que no son tan idiotas como para no ver lo genial que eres, pero que hayan normalizado el tenerte y lo paguen con indiferencia es algo que no es justo para ti. Quiero que pienses que eres especial y que tengas a alguien que lo vea y te haga sentir así cada día.

─ ... — Sanji se puso todavía más rojo si es que eso era posible, jamás le habían dicho algo así — ¿Y... Y crees que tú eres el indicado?

─ ¿Es demasiado anticuado decir que sí?

─ No, no lo creo.

─ Me alegro. — tamborileó los dedos sobre la mesa, satisfecho con su respuesta — De todas formas, no pienso meterme en un cuarteto. Cuarteja... como diablos se diga, no te compartiría con ellos ni de lejos.

─ ¿Eres posesivo?

─ No, cada uno tiene su vida, que me guste querer compartirla contigo no significa que sea un obseso que quiera estar pegado a ti 24/7.

─ Eres un tipo raro, Marimo. ¿Cómo puedes decirme todo esto? Apenas me conoces.

─ Eres amable, dulce, y es fácil sacarte de tus casillas. — se rio cuando Sanji hizo un puchero — También creo que, si eres inseguro, es porque las circunstancias te han hecho así, pero que en realidad eres más fuerte y seguro de lo que crees. Solo necesitas un pequeño empujón, y podrías tener a quien quisieras, maldita sea, podrías tener hasta un harem.

─ ¿Podría tenerte a ti? — la pregunta salió sola de su garganta, deseando escuchar la respuesta.

─ Podrías. — respondió con confianza — Pero no en un harem.

─ Marimo, yo...

─ ¿Desean algo más? — preguntó el inoportuno camarero que no supo que estaban en mitad de una conversación importante — ¿Una copa? ¿Otro postre?

─ ¿Quieres algo, Rizos? — preguntó este y Sanji negó con la cabeza — La cuenta, gracias.

─ En seguida. — respondió este.

─ ¿Qué ibas a decirme? — quiso saber mientras sacaba la cartera.

─ N-No es nada. — murmuró, no quería que le volviera a interrumpir el camarero.

─ Ten, esto es para ti. — dijo Marimo al dejar una pequeña cajita envuelta en papel dorado de manera bastante burda, seguramente la habría envuelto él.

─ ¿Qué? Ya me has regalado las flores, Musgo.

─ No seas idiota y acéptalo.

Sanji gruñó, más por nervios que otra cosa, al abrirlo, vio que se trataba de unos auriculares similares a los suyos a los que ya estaban inservibles.

─ No sé si te habrás comprado ya otros, si no, puedo darte el ticket para que lo cambies por otra cosa.

─ N-No, no he tenido tiempo todavía, pero estos son mucho mejores que los que tenía, no tenías que haberte molestado.

─ Parece que no te enteras, Cejillas. Quiero “molestarme” contigo cada día. — rio encantado ante el nuevo sonrojo mientras pagaba la cuenta y le daba una generosa propina al camarero y dio las gracias de nuevo por las gyozas.

Salieron de allí, Sanji todavía abrumado por sentirse tan apreciado por Marimo, quien se aseguró de subirle la cremallera para que no pasase frío pues al ser totalmente de noche la temperatura había bajado.

─ Todavía no es media noche, así que sigue siendo tu cumpleaños, ¿Qué te gustaría hacer ahora, Rizos?

Lo tuvo claro, tan claro que fue como una maldita revelación, por lo que acortó distancias con el peliverde y le dio un casto beso en los labios manteniendo el contacto así durante unos segundos.

─ Cocinero, yo...

─ Sanji. — cortó a su acompañante que empezaba a separarse de él y le sujetó por la camisa para que no lo hiciese — Me llamo Sanji y ya no estoy con Kid y Killer. Tenías razón, no era feliz y decidí dar el paso y corté con ellos antes de venir aquí, aunque no esperaba que estuvieses esperándome, la verdad.

─ ¿Has cortado por mí?

─ No, por mí. — respondió sincero — Aunque reconozco que tus palabras me afectaron más de lo que deberían, y joder... serás anticuado, pero me gustas muchísimo.

─ Parece que lo anticuado se ha puesto de moda. — bromeó acariciando su sonrojada mejilla, apartando suavemente el flequillo para poder mirarle a los ojos — Repetiré mi pregunta: Sanji, ¿qué es lo que quieres hacer ahora?

─ ¿Sería demasiado moderno para ti pedirte que quiero pasar la noche contigo en tu apartamento? — no entendía de donde sacaba ese valor, pero le estaba gustando mucho ser valiente.

─ Si es lo que quieres, estoy más que dispuesto a ser un poco moderno por ti. — respondió socarrón antes de besarlo — Por cierto, me llamo Zoro.

─ ... Me gusta más Marimo.

─ Eres un idiota. — soltó una buena risotada.

—o—

Caminaron entre risas y flirteos durante todo el trayecto a casa de Roronoa Zoro, el muy tonto incluso le dijo su apellido por fin, y Sanji también se burló de él al ver que repetían un par de calles antes de llegar hasta su apartamento, el peliverde se excusó con que sus cejas le mareaban tanto que se había despistado. No entendía como esas burlas las encontraba entrañables, supuso que era porque no iban con mala intención.

Cuando por fin llegaron, Sanji observó impresionado el lugar, un amplio salón nada más entrar bastante minimalista, supuso que entre sus hobbies no entraba el de diseñador de interiores pues solo había una mesa, dos enormes sofás y el mueble donde estaba la televisión. De todas formas, tampoco es que estuviese muy interesado en el mobiliario y los nervios repentinamente aparecieron.

─ ¿Quieres beber algo? — preguntó Marimo tras quitarse la chaqueta y colgarla de la percha.

─ Gracias. — quizás eso le ayudaría a calmarse — ¿Tienes un jarrón para poner las flores? No quiero que se estropeen.

─ No creo... y si lo tengo no sé donde lo ha puesto Rona.

─ Oh, pues... ¿una botella de plástico? La podemos cortar por la mitad y servirá.

─ Claro, ven.

Le guio hasta la cocina y le dieron ganas de chillar de lo espaciosa que era, mientras el gritaba de pura envidia en su interior, Zoro se encargó de vaciar una botella que tenía casi vacía y con unas tijeras cortó para poner las flores en ella.

─ Es la primera vez que hay flores en mi apartamento. — comentó divertido al verlas sobre la bancada — Bueno, en realidad es la primera vez que compro un ramo.

─ ¿De verdad? ¿Tampoco a Ace?

─ Él era de gimnasio y videojuegos. — se rio.

─ ¿Y por qué te ha parecido buena idea comprarme a mi uno?

─ Gritas “romanticismo” por cada uno de tus poros, Rizos.

─ V-Vaya... — volvió a sonrojarse, no sabía que era tan evidente y aun así... — Nunca me habían regalado flores.

─ ¿Te ha gustado?

─ Mucho. — reconoció acariciando uno de los pétalos. Estaba siendo un cumpleaños inolvidable.

─ Oye, Sanji. — le llamó la atención tomándole de la barbilla para que lo mirase — Podemos simplemente estar aquí y ver una peli o algo, no hace falta que vayamos más lejos si tú no quieres.

De nuevo, Zoro conseguía poner su mundo patas arriba, era respetuoso y tolerante, entendía que acababa de romper con sus parejas y que si necesitaba tiempo se lo concedería, y eso solo hacía que quisiera ir más allá. Sus nervios desaparecieron o más bien cambiaron para convertirse en anhelo, besando una vez más a su acompañante que no dudó en corresponderle. Le rodeó por la cintura y le atrajo a su cuerpo, cálido y protector, ¿solo un abrazo podía transmitir tanto afecto? Al igual que la caricia en su cabello, peinándolo entre sus dedos antes de profundizar el beso, antes de que Zoro lamiese despacio su labio inferior para pedir permiso y entrar en su boca. Joder, podría derretirse con tantas atenciones.

─ Llévame a tu habitación. — pidió el rubio con la respiración agitada.

Zoro le dedicó una mirada, asegurándose de que eso era lo que quería de verdad y al no ver rastro de dudas, tomó su mano y le acompañó, fue su turno para avergonzarse al ver que parecía que su dormitorio había explotado, con toda la ropa tirada por la cama y suelo.

─ Perdona... no sabía que ponerme para esta noche y Rona me obligó a rebuscar entre todas mis cosas para ver si tenía algo decente en el armario. — se rascó la nuca provocando que los pendientes tintineasen a su paso.

Sanji jadeó emocionado al verlo así, estaba claro que querer lucir guapo no era algo que a Zoro le preocupase, pero que lo hiciese por él fue ya devastador para el rubio quien le besó una vez más, esta vez con mayor vigor. Zoro también jadeó en respuesta y le devolvió el beso mientras apartaba torpemente la ropa que cayó al suelo antes de acomodar al cocinero en su enorme cama, las manos buscaban tocar la piel del otro, las piernas entrelazadas y cuerpos bien pegados queriendo mucho más contacto.

─ ¿Cómo lo quieres, Sanji? ¿Ser el de arriba o abajo?

─ ¿Eh?

─ ¿Tienes alguna preferencia?

─ ¿Puedo elegir?

─ Pues claro, — se detuvo un momento para mirarle extrañado — ¿por qué no ibas a poder?

─ Ah, yo... siempre soy el de abajo.

─ Lo dices como si nunca te hubiesen dejado ser el activo. ¿Es así? — frunció levemente el ceño.

─ Bueno, Kid nunca se dejaba hacer y Killer era el que estaba en medio, o a veces...

─ Argh, no me digas más. No quiero cabrearme. — bufó irritado — Conmigo puedes estar donde quieras, Rizos.

─ ¿De verdad?

─ Lo único que quiero es estar contigo, me da igual arriba o abajo, eso es lo de menos.

─ Joder, vale... espera... — tuvo que tomarse unos segundos para apretarse el tabique nasal y no desangrarse ante el aluvión de imágenes pervertidas que estaban inundando su cabeza — Es bastante tentadora tu propuesta, pero me gustaría ser el de abajo, no quiero estropearlo esta noche.

─ No estropearías nada, idiota, pero entiendo a que te refieres. — besó su frente — Entonces te propongo ser yo esta noche el de arriba, quiero que disfrutes y te dejes llevar, déjalo en mis manos y céntrate en disfrutar. A la próxima, me tomas tu a mí.

─ Eres... eres demasiado gentil. — respondió abrumado, cubriéndose los ojos con su antebrazo, no quería que viese que estaba al borde del llanto.

─ Esto no es nada, Sanji. — besó su mano, dejándole estar así si era lo que necesitaba — Deja que cuide de ti. Déjame demostrarte como se siente ser querido.

Sanji tragó saliva y apartó el brazo para terminar asintiendo y la sonrisa más bonita que había visto en toda su vida apareció en los labios de Zoro, joder, quería saberlo, quería saber que era estar entre sus brazos y así fue. Zoro se encargó de mimarlo y dedicarle todo el tiempo del mundo en hacerle sentir bien, colmándolo de besos, caricias, preparándolo adecuadamente para cuando entró en él solo pudiese sentir placer, y no solo era eso... las sensaciones, las increíbles sensaciones de ser apreciado, de abrirse en canal y saber que iba a ser aceptado, que no había nada de lo que avergonzarse aun siendo la primera vez entre ellos, todo fluyó tan bien que sinceramente todo lo que había hecho con Kid y Killer era ridículo, solo buscar el placer final, no disfrutar de los preliminares, del acto en sí, de ser el centro de atención de la otra persona, era simplemente sublime. El factor tiempo desapareció aquella noche entre los brazos de Zoro, y en algún momento, el sopor, el cansancio y el bienestar hicieron que se quedase dormido.

La luz era tan intensa que aun con los ojos cerrados pudo sentirla y eso le hizo gruñir, se estaba demasiado bien en aquella cama tan cálida y espaciosa, algo que no era nada habitual en él porque solía ser sofocante y apretujada por compartirla con dos personas más y eso le hizo reaccionar de inmediato abriendo los ojos de par en par para encontrarse en un dormitorio que no era el suyo y completamente solo.

Recordó todo lo sucedido la noche anterior mientras rebuscaba en el caos de ropa esparcida por el suelo la suya y logró encontrar su ropa antes de ir al baño que tenía el propio dormitorio antes de salir. Escuchó ruido en la cocina y allí localizó al dueño del apartamento, con unos vaqueros y una sudadera negra sacando de unos envoltorios unos croissants.

─ Oh, mierda. Te has despertado pronto.

─ ¿Has ido a comprar desayuno? — preguntó divertido al ver los vasos con publicidad de alguna cafetería.

─ Bueno, siempre desayuno fuera, estos armarios lo único que acumulan es polvo.

─ Que lástima de cocina, tan bien equipada y con tanto espacio, podría preparar auténticas delicias aquí. — tarareó frotándose un poco los brazos por tener un poco de frío — No tendrías que haberte molestado en comprar nada.

─ Ah, espera. —se quitó la sudadera y se la ofreció al rubio que se puso tras darle las gracias, le venía grande, pero le quedaba muy bien — Hablo en serio, están vacíos, no podrías haber preparado nada. Siempre como fuera, pero si vas a presumir de tu habilidad en la cocina la próxima vez me aseguraré de que estén llenos.

─ Si hay una próxima vez, entonces seré yo quien haga la compra, a saber que elegirías tú. — no pudo evitar sonreír ante la evidente demostración de interés de volverse a ver.

─ ¿Me estás proponiendo una cita en casa, cocinero? — ladeó una sonrisa juguetona ofreciéndole el café, el mismo que pidió en la cafetería, sí que estaba atento a todo.

─ Si no te importa que sea aquí por el momento... — respondió mientras se sentaba, era agradable tener una conversación durante el desayuno, sin tele o teléfonos por medio — Hoy iré a ver a mis padres y le pediré el favor a mi viejo de que me deje instalarme en su apartamento de encima del restaurante, era el que usaba antes de casarse con mi madre. Ahora es más almacén que otra cosa.

─ ¿No te quedarás con Kid y Killer?

─ No, quiero tener mi propio espacio. Va a ser una agradable experiencia vivir solo, nunca lo he hecho y quiero probar. — el miedo que tenía a la soledad siempre había sido demasiado grande y ahora, sin embargo, le parecía emocionante.

─ Eso suena genial, Cejillas. Si necesitas ayuda con la mudanza estoy dispuesto.

─ ¿Quieres ser mi mula de carga? No diré que no a eso de explotar tus músculos. No hay ascensor.

─ Me lo tomaré como un entrenamiento extra.

Sanji soltó una buena carcajada, era genial tener a alguien como Zoro en su vida, divertido y cariñoso. Era cierto que no habían hablado sobre que eran en esos momentos ¿novios? ¿amigos con derecho a roce? Seguramente en algún momento tendrían esa conversación, pero en esos momentos, aquello no importaba, lo único que quería era estar con él, con nuevos planes en el horizonte y con la certeza de que, de un modo u otro, Zoro estaría a su lado.

Fin.

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