Capítulo 1
Querida A:
En nuestra casa ocurrió demasiado, la mayoría de mi vida se centra aquí, cada esquina me hace recordar un suceso que logró provocarme muchos sentimientos, sin embargo, no todos fueron buenos.
Desde el momento en que nací, me encontré siendo la única mujer en una familia de dos hermanos varones, uno desapareció en el tiempo que los 3 éramos muy pequeños y el otro me acompañó por casi toda mi vida, a veces, solo éramos él y yo, Charlie y yo, él y mi madre tuvieron más relevancia en mi vida. En la casa estábamos nosotros y tu familia, donde estaba “P”, ese hombre cruel, que al hablar su voz retumbaba por todos los rincones de la casa. Mi madre tuvo varios hijos aparte y a “P” le molestaba mucho eso, así que un día todos esos hijos desaparecieron, por otra parte, nosotros solo estuvimos en esa casa porque tu hermano quería mucho a Charlie, pero “M”, quien siempre llevaba el ceño fruncido, se arto de mi mamá y la botaron, “P” quiso botarme, al no encontrarme decidió ir por lo más fácil.
Los años pasaban, empecé a tener hijos “P” los odiaba, se los llevaba ni bien nacían a un cuarto alejado, pero los escuchaba, te escuchaba a ti llorando por ellos y escuchaba como ellos lloraban, era muy doloroso no poder hacer nada para ayudarlos. En algún momento mi hermano empezó a enfermarse, él gracias al cariño que le tenían en la casa recibió tratamiento, lamentablemente no sirvió de nada, recuerdo que se lo llevaron, pero cuando regresaron Charlie no estaba.
De tanta tristeza decidí irme de la casa, no quiero contarte todo lo que viví, solo puedo decirte que fue horroroso, cuando regrese a la casa trataste de cuidarme lo mejor posible, ya que estaba embarazada, un recuerdo muy bonito para mí es cuando te quedaste conmigo toda la tarde hasta que diera a luz, aunque ustedes no permitieron que mis hijos se queden en la casa, al final me quede con uno, hasta el accidente. Ese día fue muy impactante para mí, cuando nos encontraron agonizando en el frío techo de la casa no hubo mucha esperanza de salvarnos, “P” quería dejarnos tirados como si nuestra vida no valiera tanto como la suya. En ese momento, “E”, sin miedo a lo que podría ocurrirle, le llamó la atención a ese hombre y le dijo que nos llevara al hospital. Mi hijo no pudo resistir al trayecto, al llegar les anunciaron que ya no podía hacerse nada, en cambio, yo si logré salvarme, me internaron algunos días, al regresar, me trataste con aún más cuidado que antes.
Por supuesto que el accidente me causo desconfianza, pero, los tengo a ustedes, que ya los perdoné, después de todo fue hace tantos años lo que pasó y ahora tengo una vida cómoda. “P” no sé si me agarro cariño o solo le doy pena, pero ya no es tan malo como antes, supongo que el tiempo cambia a algunas personas. En nuestra casa ha pasado demasiado, pero la mayoría de las veces lo hemos afrontado, puede que no siempre de la mejor manera, sin embargo, a lo largo de la vida vamos a poder estar juntos en esa casa y sabes que eternamente podrás contar conmigo.
Atentamente,
Lola.