Prólogo
Dicen que el poder lo es todo. Que quien lo tiene, lo teme, y quien lo desea, está condenado a corromperse por él.
Jungkook sabía eso mejor que nadie.
A sus cuarenta años, era el rey sin corona de un imperio forjado con sangre, silencios comprados y promesas rotas. No necesitaba amor. Lo consideraba un lujo estúpido que solo debilitaba. Hasta que lo vio a él.
Jimin no pertenecía a su mundo. Era joven, descarado, provocador. Un bailarín de fuego en medio de las sombras. Un cuerpo que se movía como un susurro de pecado y una mirada que lo desarmaba sin permiso. Jungkook no lo quiso. Lo necesitó.
Lo que empezó como un capricho se convirtió en obsesión. Y lo que debería haber sido un juego, los arrastró a ambos a una guerra donde el deseo duele, el amor mata y escapar no es una opción.
Porque hay heridas que no sanan.
Hay pecados que no se olvidan.
Y hay pasados que, cuando regresan, lo destruyen todo.
Incluyéndote.