Chapter 1: Una visita a mí Abuela
Era una espléndida mañana primaveral en un pequeño pueblo rodeado de frondosos bosques y majestuosos árboles que parecían alcanzar el cielo. El sol brillaba intensamente en la residencia de Junior, donde sus padres organizaban sus pertenencias tras recogerlo en el aeropuerto muy temprano, dado que había regresado para pasar una temporada con ellos. Junior, que había madurado y se había convertido en un hombre atractivo, había estado ausente durante casi 15 años por motivos académicos y laborales, pero siempre aprovechaba las vacaciones para visitar a sus padres, y especialmente a su abuela, a quien valoraba profundamente.
—No hay nada más hermoso que regresar a casa—exclamó con admiración, permitiendo que su mirada se perdiera en las majestuosas colinas que embellecían el pueblo, creando un paisaje de indescriptible belleza.
—¡Ven, hijo! Mi querido hijo entremos Voy a prepararte algo de desayunar.
—He decidido que mejor iré a visitar a mi abuela; tengo muchas ganas de verla y deseo entregarle un obsequio que le he traído.
—Pero antes, debes comer algo y te cambiarte de ropa.
—Eso es precisamente lo que haré en este momento.
La mañana continuaba esplendorosa y la temperatura comenzaba a elevarse ligeramente cuando Junior salió de casa en dirección al bosque para visitar a su abuela, a quien extrañaba profundamente. Caminaba distraído al pasar frente a una gran vivienda donde residía un anciano y sus cuatro hijos, quienes se dedicaban a la industria de la madera y la construcción. Sinan, el mayor; Haiel, el segundo; Yoel, el tercero; y Samuel, el menor, se encontraban trabajando con troncos de madera cuando Junior pasó inmerso en sus pensamientos. Fue entonces cuando Samuel, su amigo de la infancia, exclamó su nombre.
—¡Junior!
—Oh, Dios mío, ¿cómo es posible? Iba tan distraído que no me di cuenta de dónde estaba. Querido Samuel, ¿cómo has estado?
—Creí que ya te habías olvidado de nosotros. Como puedes ver, aquí estamos, en lo mismo de siempre. Ambos se abrazaron fuertemente, y luego Junior extendió su saludo a los demás, incluyendo a Sinan, a quien esté lo abrazó, y desordeno su cabello con sus ásperas manos
—El pequeño Junior, ¡mira! Ya eres todo un hombre.
El anciano se encontraba sentado en un viejo sillón, dormido y sosteniendo un bastón. Junior se acercó a él, pero optó por no despertarlo, prometiendo volver otro día. Se despidió de los cuatro hermanos y les dijo:
—Regresaré otro día; debo visitar a mi abuela, hace tiempo que no la veo. Y continuó su camino hacia el bosque.
Uno de los hermanos lo observó mientras su figura se desvanecía entre los árboles. Samuel le dio un ligero golpe juguetón en el abdomen.
—¡Relájate, hermano, necesitas urgentemente la compañía de una mujer!
—Cierra la boca, imprudente—respondió sinan, volviéndose para seguir trabajando con los troncos.
Al llegar a la casa de su abuela, Junior la encontró preparando arepas de maíz, acompañadas de arroz y frijoles, sus platos favoritos.
—Cuánto extrañaba ese aroma.
Al verlo, su abuela casi se desmaya de la sorpresa y dejó todo lo que hacía para abrazarlo con fuerza.
—¡Mi querido nieto! Cuánto te he echado de menos, mi tierno y dulce niño. Creo que llegaste justo a tiempo, estoy preparando tu comida favorita.
—Abuela, ¿sabías que venía?
—¿Cómo iba a saberlo si tus padres casi no me visitan y mi hija apenas tiene tiempo para mí?
Cuando la abuela finalizó la cocción, sirvió la comida meticulosamente, ya que para ella Junior era la persona más importante de su vida, su único nieto. Tras almorzar, la abuela lo llevó a la sala para mostrarle algunas cosas, y aprovechando el momento, Junior le mostró el regalo que había traído de la ciudad. Su abuela se sonrojó al verlo: era un hermoso collar de plata con un colgante en forma de corazón que se podía abrir, revelando una fotografía de ambos.
—Esta es la última foto que nos tomamos antes de que partieras a la ciudad.
—Oh, ¿cómo olvidar ese día? Fue uno de los más tristes para mí, pero ya ha pasado y ahora estás aquí. También tengo un regalo para ti.
—¿Qué es, abuela?
Al abrir el paquete que la abuela le entregó, Junior encontró una gran capucha roja, bordada a mano.
—Póntela para ver cómo te queda—le sugirió la abuela.
La capucha lucía tan hermosa y brillante que Junior deseó dejarla puesta, admirándose en el espejo y tomándose fotografías. Posteriormente, su abuela le pidió que la acompañara a mirar viejas fotos en su álbum. Así transcurrieron el resto de la tarde, y al mirar su teléfono, Junior se dio cuenta de que se había hecho tarde y la noche comenzaba a caer.
—Abuela, debo irme; ya es muy tarde.
—Deberías quedarte a dormir, así evitarías cruzar ese oscuro bosque. Tus padres están al tanto de tu presencia aquí, así que seguramente no se preocuparán.
—Te prometo que mañana vendré más temprano y me quedaré a dormir. Te lo aseguro.
—Está bien, mi adorado niño. Antes de que te vayas, necesito que te lleves estas galletas para el camino, por si te da hambre.
La abuela tomó una pequeña canasta y se la entregó, le dio un beso en la frente y le instó:
—No hables con nadie y tampoco te detengas en el camino.
—Gracias, abuela—sonrió Junior—. Debo quitarme la capucha, no quiero que se me estropee.
Así, Junior salió de la casa de su abuela, atravesando el denso y misterioso bosque, donde se escuchaban diversos ruidos, entre los cuales se destacaban los grillos y búhos. Al pasar frente a la casa de los hermanos, solo escuchó risas y discusiones, y continuó su camino hasta finalmente llegar a su hogar.