PRÓLOGO
PRÓLOGO
–¡Te digo que habría ganado si no fuese porque esa estúpida rama se enredó en mi pie!–gritaba Obito, agitando un brazo en el aire mientras caminaba detrás de su equipo.
–Sólo son excusas-respondió Kakashi con su tono inexpresivo habitual, sin apartar los ojos de su libro–. Solo admitelo, soy mejor que tú.
–¡¿Mejor que yo?! –Obito casi saltó hacia él, señalándolo con el dedo–. ¡Voy a hacerte tragar tus palabras, Bakashi! ¡Te demostraré que estás equivocado!
–Chicos, por favor... –intervino Rin, con un suspiro cansado mientras intentaba calmar a Obito, que parecía listo para explotar–. Ya basta, ¿sí?
–¡No, Rin! ¡No voy a dejar que este tipo se salga con la suya! –exclamó Obito, cruzándose de brazos con un ceño fruncido.
Estaban tan absortos en la discusión que no notaron que Minato, su sensei, se había detenido de repente. Obito, que venía siguiendo muy de cerca, chocó de lleno contra la espalda de su maestro.
–¡Puaj! ¡Sensei! ¿Por qué se detuvo de repente? –se quejó Obito, sobándose la frente.
–Oh... –dijo Minato con una voz tranquila, aunque con un toque de sorpresa–. No sabía que el campo de entrenamiento estaba ocupado.
Frente a ellos, un hombre alto, moreno y con un cigarro en la boca, se giró con las manos en los bolsillos.
–No se preocupen, acabamos de terminar. Ya íbamos a irnos.
Obito miró hacia el grupo que estaba frente a ellos: dos que reconoció de la academia y una chica que le resultaba vagamente conocida. ¿La había visto antes?
Obito entrecerró los ojos y ladeo la cabeza, intentando analizarla.
Nope. No tenía ni la menor idea de quién era.
Pero entonces, como si hubiera sentido que la estaban observando, la chica volteó la cabeza hacia su dirección, y de repente, comenzó a caminar directamente hacia ellos, con una expresión muy seria.
–¿Eh? ¿Qué está haciendo? –susurró Obito, inclinándose un poco hacia Rin.
–¿Viene hacia aquí? –murmuro ella, igual de intrigada.
Obito frunció el ceño, con una gota de sudor recorriendo su mejilla, no buscará pelea porque la estaba viendo, ¿No es así? No le gustaba pelear con chicas, pero si ella lo retaba, no se quedaría de brazos cruzados.
Obito no tuvo tiempo de analizar más la situación. La chica llegó hasta ellos y, sin previo aviso, se plantó en frente.
–Oye, me gustas –dijo la chica, con una voz firme, mirándolo directamente a los ojos –. Y definitivamente serás mío algún día.
El silencio que siguió fue sepulcral.
¿Qué estaba pasando? ¿Cómo podía una chica... decirle eso a él, sin más? ¡A él, que no era nada más que un idiota que nunca lograba destacar en nada, siempre eclipsado por Kakashi!
Obito sintió cómo su mandíbula caía de golpe. Rin tenía los ojos abiertos como platos. Incluso Minato miraba la escena con una ceja apenas levantada. Pero lo peor era Kakashi, quien seguía completamente imperturbable. Con calma, levantó la mirada de su libro y respondió, como si esto le ocurriera todos los días (lo cual probablemente era cierto):
–Oh... bueno, me siento halagado, pero no estoy interesado.
¡Claro que era a Kakashi! Obito apretó los dientes. Por supuesto, tenía que ser él. Todas las chicas siempre iban detrás de él. ¿Qué era lo que le veían? ¡Ni siquiera era simpático!
Pero entonces, algo inesperado ocurrió. La chica negó con la cabeza y, con un gesto firme, lo corrigió:
–No te hablaba a ti. Le hablaba a él –dijo señalando directamente a Obito.
–¿Eh? ¿Yo? –articuló Obito, señalándose a sí mismo, completamente desconcertado. ¿A él? No, debe ser un error.
Miró rápidamente por encima de su hombro, seguro de que había alguien más detrás de él, pero no vio a nadie.
La chica asintió con la cabeza, sonriendo con confianza.
–Sí. A ti.
El calor subió rápidamente hasta las orejas de Obito. ¿A él? ¿De verdad?
Su mente se quedó en blanco. Miró de reojo a Rin, que estaba con las mejillas ligeramente sonrojadas, con una de sus manos tapando sus labios. Su sensei, Minato observaba la escena con mucho interés, como si estuviera presenciando un acontecimiento histórico. Kakashi, por otro lado, simplemente parecía incrédulo, con sus ojos más abiertos de lo normal, lo cual era un pequeño consuelo.
–Yo... eh... –Obito intentó hablar, pero solo salían sonidos incoherentes de su boca. Era la primera vez, en toda su vida, que una chica le decía algo así. ¡Pero él ya tenía a alguien que le gustaba, y esa era Rin!
Finalmente, logró conectar algunas palabras:
–L-lo siento, pero... ya tengo a alguien en mi corazón –le gritó, dando una reverencia con nerviosismo.
La chica no pareció perturbada en absoluto. Al contrario, su sonrisa se hizo aún más segura.
–¿Y eso qué? –dijo con un tono despreocupado, encogiéndose de hombros–. Eso sólo significa que tengo que hacer un esfuerzo extra para que te olvides de ella. En tu corazón solo habrá lugar para mí. Me aseguraré de eso.
Obito sintió que el mundo se detuvo por segunda vez.
–Mi nombre es Aburame Naori –continuó la chica, retrocediendo un paso y guiñándole un ojo–. ¡Recuérdalo bien, Uchiha Obito!
Con esa última declaración, se giró con toda la confianza del mundo y se marchó, dejando atrás a un equipo completamente petrificado.
Obito, todavía con el rostro ardiendo, murmuró en voz baja:
–¿Aburame Naori...?
Kakashi volvió a su libro con una expresión inexpresiva.
–Oh, ¿Ya te enamoraste? –preguntó sin apartar la vista de las páginas.
–¡Claro que no, Bakashi! –estalló Obito, girándose bruscamente hacia él, ¿Enamorarse de alguien que acababa de conocer? ¡Era ridículo! –. ¡Los sentimientos no pueden cambiar tan fácilmente! ¿Por quién me tomas?
Minato suspiró con una sonrisa cansada, mientras Rin apenas ocultaba una risa.
–Van a empezar otra vez... –murmuró Minato, sacudiendo la cabeza.
Y efectivamente, empezaron otra vez.
Sin embargo, un pensamiento quedó fijo en la mente de Obito.
Aburame Naori.
Lo que fuera que eso significara, algo le decía que no sería la última vez que la vería.