El miedo de las mariposas

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Summary

Amor, dolor y redención. La historia de Neiser y Leiya, dos almas lastimadas que se encuentran en un momento de vulnerabilidad y descubren que el amor puede ser la clave para sanar sus heridas emocionales.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

𝓤𝓷 𝓭𝓸𝓵𝓸𝓻 𝓬𝓸𝓶𝓹𝓪𝓻𝓽𝓲𝓭𝓸


―Te ves hermosa con ese vestido, resalta mucho esas caderas. ―Su mejor amigo estaba sentado en la esquina de la cama, mientras veía a la muchacha.

―¡No! ―exclamó frustrada.

―¿No?

―No puedo ponerme esto.

―¿Cómo por?

―A Jostin no le gusta que me ponga este tipo de ropa.

―Claro... ―Respondió de manera sarcástica―. ―¿Estás segura de que él no mira a otras mujeres que se ponen lo mismo? ¡Hasta más corto!

―Él no mira a otras mujeres. ―Contraatacó. ―Además, ¿puedes darle una oportunidad más? Esta vez no me hará daño. Él ya cambió.

―Pero de amante.

―¡Basta!

Leiya ya se sentía cansada de pelear. Kael, su mejor amigo, era como su hermano mayor a pesar de que ella le llevaba por un mes. Obviamente, a él no le agradaba el tipo de novio que su hermana tenía.

Siempre se refería a Jostin como un marica poco hombre; por todas las veces que hizo llorar a Leiya, simplemente lo odiaba a muerte. Pero no podía interferir: ella estaba segada por ese amor masoquista que existía en esa relación.

―¿Irás vestida así?

―No quiero pelear con Jostin.

Kael soltó un suspiro resignado y dijo: ¿siguen sin hablar?

―¿Y tú qué crees?

―Que es un idiota. ―Solo se limitó a decir eso antes de preguntar: ―¿Nos vamos?

―Sí.

Estaba vestida de deportivo. Eso no combinaba con el ambiente de la fiesta. A Jostin no le gustaba cuando ella se vestía con prendas que le quedaban al cuerpo, y cuando lo hacía la trataba de una ofrecida que buscaba atención masculina.


Todo el transcurso al lugar de la fiesta fue incómodo; solo los acompañaba la música de la radio. Kael manejaba con mucha atención, mientras que Leiya se dedicaba a ver las calles de Quito; ambos son demasiado orgullosos para romper el ambiente tenso. Y así siguió todo el viaje hasta que llegaron al lugar.

―¡Lei! ¡Kael! Llegaron. —Los llamó con entusiasmo —¿Qué traes puesto? ―Esta vez se dirigió a Leiya al verla con ese tipo de ropa.

―Jul ―trato de buscar una excusa lo más rápido. Sin embargo, la chica ya se percató de la situación.

―Después hablamos, entre los demás, ya están ahí.

Cuando los tres jóvenes entraron, inmediatamente la música aturdió los oídos de los recién llegados.

Las bebidas iban y venían; Leiya estaba ansiosa. La razón era que esperaba el mensaje de su novio. Le había dicho que estaba en la fiesta; esto solo hizo que Jostin se enojara aún más, amenazando con acabar con la relación si ella andaba de ofrecida, añadiendo que iría a la fiesta para sacarla de ahí.

Esta discusión por mensaje hizo que Leiya se apagara por completo sin permitirse disfrutar de la música ni de sus amigos. Cambio que Kael notó al instante y él perfectamente el porqué; definitivamente Jostin no era una persona agradable para ninguno de los amigos cercanos de Leiya.

Pasaban las horas y ya eran las dos de la mañana y él jamás llegó, cosa que solo perturbaba la paz de Leiya. Todos sus amigos ya se estaban retirando a sus hogares. Los únicos que quedaban eran Kael y Julady. Ambos no necesitaban saber qué había pasado, pero entendían la preocupación de ella.

Una llamada llegó al celular de Julady. Decidió ignorar la llamada, ya que su prioridad era Leiya. Nuevamente, marcaron y esta vez sí aceptó la llamada.

―No es un buen momento. ¿Qué quieren? ―respondió la llamada de manera tajante. ―Si ella está conmigo, ¿qué pasó? ―Kael, intentando descifrar lo que decía la otra línea, se acercó un poco, pero sin éxito alguno. ―¿Están seguros de qué es su carro? ―se alejó del celular para abrir el chat y ver la foto que su amigo le mandó. ―¡Maldito imbécil!

―¿Qué pasó? ―El hombre del grupo perdió la paciencia y alzó la voz. Ya estaba molesto por el misterio que cargaba jul, y empeoró cuando ella le mostró un video donde estaba el carro de Jostin parqueado. Al final, su cara de ira se mezcló con asco al ver que el vehículo se movía intensamente.

Todo estaba claro.

―¿Todo en orden? ―Leiya llegó donde sus amigos, en la entrada de aquel bar.

―Sí-

―¡No! ―interrumpió Kael de un solo grito, llamando la atención de los peatones más cercanos. ―Ese estúpido bueno para nada te está siendo infiel y tú no lo quieres ver.

―Lei ―Julady la llamó de manera delicada—, por favor, aléjate de él, te hace daño y no va a cambiar.

―Eso es mentira, él no es así ―las fuertes manos de Kael la agarraron de los hombros, haciéndola voltear hasta quedar frente a frente.

―No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Su mirada llena de tristeza y comprensión hizo que Lei terminara derrumbándose por completo, cayendo sobre sus rodillas mientras se abrazaba a sí misma. Por más que intentara justificar las acciones de Jostin ya era momento de que la venda se cayera de sus ojos. Estaba tan cegada que llamó amor a una relación tóxica, dejaba pasar infidelidades, citas plantadas, días enteros sin que él le escribiera o respondiera sus mensajes.

Simplemente, se dejó llevar por dulces palabras y por vagos recuerdos de cuando su relación era estable; aun así, la pregunta siempre rondaba en su mente.

❝ ¿Qué cambió? ❞

Innumerables flashbacks llegaban de golpe, sentía como si cada recuerdo era una cachetada directamente en la poca autoestima que le quedaba.

―Quiero irme a mi casa. ―soltó en un susurro apenas audible.

―Claro ― dijo Kael antes de buscar sus llaves. ―Vamos Julady, te dejo en la tuya.

Ambas subieron al carro sin decir nada más. Leiya, por un lado, ya ni siquiera podía llorar, estaba en una especie de trance.

Un bloqueo emocional.

❝―Hola Leiya.

Un joven alto saludo entusiasmado al verla pasar.

―Hola Jostin ¿verdad? ―respondió al voltear a ver de quién se trataba.

―Sí, Daniel me contó de ti. ―mencionó con un leve sonrojo en sus mejillas. ― quería pedirte tu número para hablar después de clases.

―Oh, claro, ¿tienes un papel?

―¡Sí! ―respondió casi de inmediato mientras buscaba torpemente en su mochila y bolsillos, en su desesperación dejó caer todos sus cuadernos ―mierda

―Déjame te ayudo con eso ―dijo la chica tratando de disimular su risa por lo ingenuo que era ese chico, se le hizo tierno teniendo en cuenta que ella era mayor con un año.

―Lo siento, soy un descuidado.

―No te preocupes― respondió casi enseguida, pasándole los últimos cuadernos que quedaban. ―¿Te molesta si en este cuaderno anoto mi número?

―No.

―Está bien. ―rápidamente, busco la última hoja y anotar su número y debajo de este puso su nombre con una caligrafía casi perfecta para al final entregarle el cuaderno. ―¡Listo! Mi número y nombre por si lo olvidas.

―No creo olvidar tu nombre linda ―dijo sin pensar muy bien lo último. En el momento que cayó en cuenta aquel. ―No quise decir eso- digo si eres linda, pero no sé en qué estaba pensando cuando dije eso, es más, creo que ni estaba pensado. ―finalmente, tomó aire, su cara ardía de la vergüenza y su mirada estaba en el suelo como si no supiera como manejar esta situación.

Una ligera risita se le escapó a Leiya dejando confundido a Jostin.

―Ya tranquilo y respira, no pasa nada. ―soltó entre risas. ―me tengo que ir, tengo que recuperar unas notas con la licenciada Tatiana, nos escribimos al rato.

Sin nada más que decir, ella salió corriendo en dirección contraria, claramente intentando ocultar sus nervios. ❞