Prefacio
Hay un silencio que no viene del exterior. Uno que vive en los huesos y se arrastra con uno a cada lugar.
Hay heridas que no sangran, pero laten. Y hay memorias que no recordamos, pero duelen igual.
Nadie nace con el alma intacta. Algunos la heredan rota. Otros la rompen para sobrevivir. Y hay quienes no se salvan.
Uno cree que vivir es avanzar. Pero a veces, vivir… es recordar.
El silencio no siempre es paz. A veces, es resignación. No sé si merezco el descanso. Pero lo deseo.
No sé si alguna vez fui real. Tal vez el error fue buscar sentido donde solo había repetición
Hay muertes que no cierran los párpados, caminan con vos como una sombra.
Dicen que el alma regresa donde dejó algo sin terminar. Y yo… debo haber dejado demasiado.
No recuerdo cuando empecé a romperme, si alguna vez me amaron o si alguna vez fui libre.
Hubo un momento en el que dejé de preguntar. Y un día, también dejé de correr.
Y, si estás leyendo esto, quizás hay algo en vos que también recuerda.
Este no es un cuento de héroes. No hay gloria aquí. Solo una verdad enterrada en hielo,
Porque hay cosas que te eligen antes de que aprendas a decir “no”.
Y cuando el llamado llega, la puerta se abre igual.
Al final, es casi lo mismo.