Prólogo
“Hoy cumplo veintiséis años”.
El pastel de chocolate está intacto sobre la mesa. La vela - una sola, porque nunca más soplaré velas junto a él - se derrite como aquel dia en que Tristán me juró eternidad con los labios manchados de mantequilla de maní.
- Ahora solo tengo su última carta sin abrir y este vacío que se expande bajo mis costillas.
Porque él me enseñó que el amor más cruel no es el que se acaba... sino el que sigue latiendo cuando ya no hay corazón que lo sostenga.