⇢From the sky⇠
Los ángeles suelen ser criaturas tranquilas, llenas de paz y desbordando bondad en todo su ser, ayudando a quien lo necesite y encontrando el lado positivo a cada mala situación. Pero hay algunos pocos que tienen un toque de locura en sus almas, se divierten más que otros y son capaces de amar a otro ser divino. El paraíso es un lugar hermoso, colores puros, blancos y brillosos, las aves cantan contentos, porque aunque no están vivos como los humanos o los animales de la tierra, se sienten afortunados de vivir en un lugar tan hermoso.
La risa de un ángel es música para los corazones puros, llena el alma de felicidad deshaciéndose de los malos sentimientos. Una de las sonrisas más hermosa, una de las risas más celestial del cielo le pertenece a Yoon Jeonghan, un bondadoso ángel con aquel toque de locura que le permite amar a un ser tan hermoso como él.
—¡Joshua!— llamó con una gran sonrisa dibujada en sus labios —¡por aquí!— levantó la mano y la agitó para ser visto.
Inmediatamente Joshua sonrió al reconocer a su ángel favorito, caminó hasta la fuente donde Jeonghan se encontraba sentado —hola Hannie, hoy despertaste muy temprano— dijo al sentarse junto a su mayor.
—Si, hoy tuve un sueño en el que pasaba todo un día junto a ti. Eso es señal de algo y que debo aprovechar cada minuto del día para luego no extrañarte.
Ambos se miraron con enormes sonrisas. No era de extrañarse verlos juntos, casi todo el día la pasaban haciendo sus deberes juntos, apoyándose mutuamente y haciendo que el tiempo pasara con alegría. Aunque no eran capaces de darse amor abiertamente, de brindarse besos más allá de uno en la mejilla, o de tomarse de las manos y caminar unidos, todos en el paraíso sabían que ellos dos se amaban y que estaban dispuestos a hacer lo que fuera por proteger al otro.
Seokmin llegó volando hasta ellos, su intención jamás era interrumpirlos, admiraba mucho la amistad que ambos ángeles tenían, y él quería abrir su corazón de esa manera con otro ángel que le había robado sus pensamientos y se había instalado en ellos. Pero en esta ocasión, portaba noticias que probablemente serían malas para los dos.
—Joshua-hyung— suavemente dejó caer sus pies descalzos en el suelo —escuché que los mayores han decidido enviarte con los humanos.
La pareja abrió los ojos sorprendidos —¿estás seguro?— preguntó Joshua.
Seokmin asintió —Minghao y yo estábamos trabajando en la biblioteca anoche, y no pudimos evitar escuchar la conversación— rascó su nuca avergonzado, debieron ser respetuosos e irse en cuanto escucharon a los mayores hablar.
—Eso es bueno— trató de animar Jeonghan —al fin te darán tu misión y podrás convertirte en uno de ellos.
—Pero... si me voy, no sé cuánto tiempo haré con los humanos— su voz fue triste, no quería alejarse de Jeonghan.
El mayor tomó de sus manos y lo miró directamente a los ojos —tal vez sea un tiempo largo, pero estaré esperándote, y podremos estar nuevamente juntos en tu regreso. Así que no quiero que rechaces la misión o yo mismo te sacaré a patadas de aquí— regaño con su ceño levemente fruncido.
Joshua rió por aquellas palabras, se conocían tan bien entre los dos, que sabían lo que haría o diría el otro —está bien, aceptaré mi misión.
—Por eso, hoy pasaremos todo el día juntos— sonrió —sabes que mis sueños siempre tienen una razón al presentarse.
Aquel día, ambos ángeles estuvieron juntos, aún más de lo que solían estarlo, jugando y riendo a donde fuera que vayan. Para el día siguiente, desde muy temprano Joshua fue mandado a la tierra de los humanos para hacerse cargo de un pequeño niño que necesitaba de su ayuda; cuidaría de él hasta que ya no lo necesitara más, eso podía tomarle días, meses o quizás años, Joshua no sabía cuánto tiempo duraría su misión, pero trabajaría duro cada día para regresar con su amado.
—Así que este es el mundo de los humanos— murmuró al llegar a una gran casa, habían muchas personas, todas vestidas de negro, lo que le hizo pensar que los humanos eran personas raras.
Caminó entre las personas siendo el único ser de blanco entre todos los presentes; ninguno notó su presencia, después de todo, sólo el niño de quien se haría cargo sería capaz de verlo. Todos parecían estar tristes por algo, algunos lloraban y otros parecían hablar de la misma persona con nostalgia. Llegó al final del pasillo principal, donde las escaleras al segundo piso estaban, ahí había un niño, con un traje negro, una mirada perdida y con dolor en el corazón.
—Hola— saludó.
El niño levantó la vista y una lágrima se deslizó por su mejilla —hola— contestó suavemente.
—¿Cómo te llamas?
—Seungcheol— inhaló fuertemente haciendo que sus fluidos nasales regresaran al interior de su nariz.
—Un gusto Seungcheol, soy Joshua. Dime, ¿por qué todos están tan tristes?
—Mi mamá murió y muchos la querían.
Joshua asintió entendiendo porque el ambiente era tan deprimente —seguramente está en el paraíso, tengo un amigo que se encarga de las personas buenas que llegan allá, puedo preguntarle si quieres.
Seungcheol asintió y Joshua se acercó a él para sentarse a su lado. De su brazalete plateado, pudo ponerse en contacto con sus amigos, no era algo que podría hacer a diario, pero lo podía hacer en ciertas situaciones.
—¿Soonyoung? Hola es Joshua.
—¡Hola Josh! ¿No se supone que debías ir a tu misión?
—Sí, aquí estoy, pero quiero hacerle un favor a mi niño. ¿Puedes averiguar si...— miró a Seungcheol junto a él esperando que le diera un nombre.
—Choi Soomin.
—Choi Soomin está en el paraíso?
—Dejame averiguar— hubo un corto silencio, hasta que nuevamente escuchó la voz de Soonyoung —no está aquí, según la lista, dice que tiene un pendiente, pero que será recibida en cuanto termine.
—Entiendo, gracias Soon.
—No hay de que Shua.
Joshua suspiró antes de darle una respuesta —tu mamá aún no llega al paraíso.
—¿Por qué?— se asustó un poco.
—Porque ella necesita asegurarse de que tú estés bien, y yo me encargaré de cuidarte en su lugar, así que sonríe y dile que estarás bien, que la amas mucho, pero que puede partir tranquilamente porque no estás solo.
Seungcheol asintió y cerró sus ojos —mami... te amo mucho y estaré bien, mi amigo Joshua me cuidará. Prometo que haré las cosas bien y estarás orgulloso de mí en el futuro.
Joshua sonrió y al levantar la vista pudo ver a la madre de Seungcheol tratando de contener las lágrimas. Ella murmuró un gracias y el ángel asintió, prometiéndole que no dejaría a Seungcheol solo hasta que ya no lo necesitara más.
—Bien Seungcheol, tu mamá está más tranquila, yo seré tú guía y quiero que me hagas caso, sino, las cosas serán difíciles para los dos.
Seungcheol asintió estando un poco más contento y le brindó una gran sonrisa a su ángel.
Once años después
—Vamos Seungcheol, sólo será una vez.
—Eso dijiste la vez que probamos la cerveza y ahora eres un alcohólico.
Wonwoo rió —no es cierto, sólo tomo de vez en cuando.
—Lo haces cada fin de semana y además, no sólo tomas una cerveza, tomas toda la noche.
—Bueno sí, pero no me pasará lo mismo con esto, vamos, sólo lo probaremos una vez, tú, Chan, Vernon y yo, sólo los cuatro en tu casa.
Seungcheol suspiró —Wonwoo... si mi padre se entera que llevé drogas a la casa va a matarme.
—Tu padre ni te hace caso, por eso va a ser en tu casa, y no sabrá que son drogas, sólo serán brownies, no lo notará.
—No le hagas caso, dile que no— murmuró Joshua aconchado en la pared viendo como el amigo de Seungcheol trataba de convencerlo.
El pelinegro miró de reojo a su ángel, quería hacerle caso, pero quería cuidar de sus amigos y que las cosas no se salieran de control —está bien, pueden llevarlos, pero yo no comeré, alguien tiene que cuidarlos.
—¡Genial! Les avisaré a los demás— dijo animado y dio la vuelta por el pasillo.
Seungcheol suspiró y se dirigió a la salida de la universidad, ya era hora de regresar a casa.
—Te he dicho mil veces que no le hagas caso, Wonwoo es un caso perdido, le urge que un ángel venga a cuidarlo.
—Yo soy su ángel, por eso no le ha pasado nada grave.
Joshua suspiró —me alegra que quieras convertirte en un ángel.
—¿Puedo hacer eso?
—Claro, cuando mueras, si vas al paraíso podrás escoger lo que quieres ser. Aunque puedes experimentar todos los deberes, yo pasé por muchos antes de decidirme a ser un ángel.
—¿Y qué te hizo convertirte en un ángel?— desencadenó su bicicleta para subirse en ella y comenzar su recorrido a casa.
—Conocer a Jeonghan— sonrió con nostalgia —él el querer convertirme en uno de los mayores.
Seungcheol sonrió mientras comenzaba a pedalear —me gustaría conocer a ese tal JeongHan, lo describes como lo más hermoso que has visto.
—Es porque lo es— afirmó mientras volaba al lado desu niño-como seguía llamándolo- —cuando sea uno de los ángeles mayores, le pediré que sea mi pareja.
—Bien por ti, me invitas a la boda— dijo con una gran sonrisa.
—Claro, esperaremos a que mueras sólo para que puedas asistir— dijo con sarcasmos y los dos rieron mientras continuaban su camino.
Joshua y Seungcheol se hicieron muy buenos amigos, a veces discutían por ciertas diferencias de opiniones, pero al final, uno de los dos se disculpaba y todo volvía a ser como antes. Seungcheol aún no superaba la muerte de su madre, y aunque ya no le dolía tanto como antes, su padre empeoraba la situación, haciéndolo caer en una fuerte depresión, siendo salvado en mil ocasiones por Joshua.
Si no fuera por ese ángel, la vida del pelinegro se habría venido abajo desde hace mucho tiempo. Ahora que tiene veintiún años y ha madurado considerablemente, su vida está mejorando y aunque está encariñado con Joshua y no quiere dejarlo ir, muy pronto deberán despedirse.
Para la noche, Seungcheol bajó contento las escaleras al escuchar el timbre de la entrada sonar. Abrió la puerta y se sorprendió un poco al ver a más personas detrás de su mejor amigo Wonwoo, frunció el ceño al ver esa sonrisa que a leguas se notaba que pedía disculpas.
—Adelante— dijo apretando los dientes —Vernon, Chan, ¿por qué no llevan a los demás al sótano? Wonwoo y yo nos encargaremos de lo demás.
Sus amigos asintieron y llevaron al resto de los chicos al lugar donde siempre se reunían, mientras que Wonwoo seguía a Seungcheol con la cabeza abajo, esperando por el regaño de su mayor.
—¿Por qué hay más personas? Dijiste que sólo seríamos los cuatro— dijo mientras sacaba los platos y vasos desechables para las botanas y bebidas que los invitados habían llevado.
—Te dije que no aceptaras— le dijo Joshua con esa cara acusatoria, al ver la expresión no muy contenta de Seungcheol se despidió —te dejaré a cargo para que seas el ángel de tu amigo, me llamas si me necesitas— se desvaneció dejando a los dos amigos solos.
—Iba a decírtelo, pero sé que te ibas a negar cuando te dijera que Vernon invitó a su novio, y pues ya conoces a Seungkwan, no le agradamos mucho así que no quiso venir solo, por lo que le pidió a Mingyu que lo acompañara.
—¿Y porqué Jun está aquí? ¿Y quién es ese otro chico?— dijo un poco enfurecido.
—Bueno, busqué a Chan para decirle que habías aceptado, y estaba junto a Jun, quien pidió inmediatamente en ser parte— bajó la cabeza jugando con sus dedos —yo no quería que viniera, sabes el triángulo amoroso que hay entre los tres, y me da mucha pena que Chan sea rechazado por Jun.
—Pero bien que te besas con Jun a las espaldas de Chan— se cruzó de brazos levantando una ceja.
—Voy a decírselo, te lo prometo.
Seungcheol suspiró —¿y el otro chico?
—Es Jihoon, al parecer es nuevo y está en el círculo de amigos de Seungkwan, todos iban a venir, así que no quisieron dejarlo solo.
—Si esto se descontrola y mi padre se entera de lo que estamos haciendo, voy a reprenderte como nunca en la vida lo he hecho.
—Yo te cubriré, no te preocupes.
Ambos bajaron con el resto de los chicos, quienes ya habían encendido el estéreo con música, no muy alta, pues sabían que si llegaba el padre de Seungcheol y los escuchaba haciendo un gran escándalo, todos serían regañados para después ser echados de la casa.
Los browniesespacialeslos había llevado Vernon, quien conocía al chico que los preparaba. A Wonwoo y a él les dio curiosidad por probar alguno, jamás lo habían hecho y querían experimentarlo, pero no querían hacerlo con aquellos chicos que lo hacían constantemente, aquellas fiestas suelen ponerse muy intensas y ellos, por ser los novatos, terminaban siendo el show, cosa que quería ahorrarse, por eso lo hacían en casa de Seungcheol.
Seungcheol era como el padre de los cuatro, cuidándolos siempre y dejando que experimentaran las cosas en su casa, para asegurarse de que estarían bien y que si había alguna complicación él podía hacerse cargo. Aunque ahora tendría que hacerse cargo de otros cuatro más.
Usualmente no se juntan con aquel otro grupo, mientras ellos son oscuridad, alcohol -y ahora drogas-, los otros chicos son color rosa pastel; sus personalidades no congenian, pero gracias a que Vernon y Seungkwan se gustaban tanto, comenzaron a convivir más, hasta que finalmente se hicieron novios y ahora asisten a la mayoría de las reuniones de los chicos oscuros.
—Si saben a qué vinieron, ¿verdad?— preguntó Seungcheol antes de sentarse en su sillón favorito.
—Lo sabemos, sólo saquen los malditos brownies y comencemos— dijo Seungkwan molesto por alguna razón.
—Tranquilo— murmuró Vernon y le dio un beso en la mejilla.
Wonwoo destapó el tupper donde estaban los brownies y lo dejó asentado sobre la mesa de en medio —comiencen despacio y no coman más de uno.
Todos asintieron y tomaron un trozo cada uno, el sabor era delicioso, y fuese la droga que tuviera, no supieron distinguirla entre el sabor a cocoa y chocolate. Todo estaba tranquilo, ninguno se sentía mareado, no estaba alucinando nada, creyeron que sería instantáneo el efecto pero no fue así, así que comenzaron a platicar entre ellos, dejando que el efecto comenzara.
—¿Tu no vas a comer uno?— preguntó tímidamente el nuevo.
Seungcheol negó —tengo que cuidarlos, ¿y tú? ¿No comerás?
Jihoon negó —soy alérgico al chocolate— sonrió al ver la expresión del mayor —es una maldición que he sufrido toda mi vida— se encogió de hombros.
—Es una pena, el chocolate es lo más rico del mundo.
—Lo sé, ¿cómo crees que me di cuenta de que soy alérgico— dejó escapar una risita y fue suficiente para que el corazón de Seungcheol se agitara.
La noche fue bastante divertida, llegó un punto en el que varios comenzaron a delirar y a decir cosas sin sentido, o a reír demasiado, pero ninguno ingirió más de una porción, así que Seungcheol pudo cuidarlos tranquilamente mientras conversaba con Jihoon. Se agradaron al instante, las conversaciones fluían fácilmente y encontraron que tenían varias cosas en común.
Seungcheol terminó contento con el resultado, a pesar de que estaba un poco furioso al principio, luego le agradecería a Wonwoo por haber llevado a más gente de lo planeado. Sin embargo, Joshua negaba mientras lo veía recostado en su cama, sabía que estaba pensando en alguien, se notaba fácilmente en su expresión que estaba enamorado.
—¿Cómo se llama?
—¿Quién?
—El chico que te gusta.
—¿Por qué intuyes que es un chico?
—Seungcheol, soy tu ángel, te observo siempre y te conozco mejor de lo que tú te conoces. Ya, dime su nombre.
—Se llama Jihoon.
—Oh, ¿ese nuevo chico?— vio a Seungcheol asentir en respuesta —no creo que sea bueno para ti.
—¿Por qué lo dices?— el pelinegro frunció el ceño al no estar muy contento con aquello.
Joshua se encogió de hombros —vino a drogarse, un chico que asiste a reuniones para drogarse no es bueno para ti.
Seungcheol levantó una ceja —no vino a drogarse, él no lo hizo. Y se ve que es un buen chico, no lo conoces.
—Bien, iré a conocerlo.
—¿Ahora?
—Tienes razón, debe estar durmiendo— murmuró pensándolo mejor —el lunes búscalo, quiero conocerlo.
Aunque Joshua no se lo pidiera, de todas formas buscaría a Jihoon el lunes, le había agradado demasiado, por no decir que terminó enamorado de esa sonrisa y de esos pequeños ojos que lo miraron con timidez toda la noche.
[...]
Seungcheol caminaba contento por los pasillos, era la hora del almuerzo y se reuniría con sus amigos, además de los amigos de Seungkwan, quienes parecían ser más agradables después de haber probado juntos los browniesespaciales.En la mesa se encontraba Wonwoo junto a Mingyu, riendo mientras se contaban mutuamente lo que habían sentido la noche del viernes.
Los saludó y se sentó junto a su mejor amigo, los dos lo saludaron, pero continuaron hablando de sus experiencias. Poco a poco los demás fueron llegando, Vernon llegó con Seungkwan tomados de la mano y Jihoon iba junto a ellos como si se tratara de su hijo; la pareja tomó asiento frente a Seungcheol, dejando que el bajito se sentara junto a él. Por último llegaron Chan y Jun, era un poco extraño que los dos se llevaran tan bien, teniendo en cuenta que Chan se le había confesado en más de una ocasión y que Jun le había dicho que le gustaba Wonwoo.
El menor del grupo le había pedido a Wonwoo que no correspondiera los sentimientos de Jun, porque él quería hacer todo lo posible para enamorar al chino; Wonwoo aceptó, no estaba interesado en Jun más que para diversión, es por eso que Wonwoo no le decía nada a Chan y que la relación con Jun no avanzaba de besos y algunos toques indebidos.
Durante todo el almuerzo, Joshua no había dejado de mirar a Jihoon, no sólo por la conversación que tuvo con el pelinegro, sino porque había un aura en el humano que se le hacía familiar, como si ya lo hubiera conocido antes, pero estaba seguro de que no era así.
—¡Joshua!
Seungcheol miró hacia atrás al escuchar que alguien había llamado a su ángel, pero frunció el ceño confundido al ver que Jihoon había hecho lo mismo que él. Cuando se dio cuenta, su ángel estaba siendo abrazado por otro ángel, más bien, estaba sobre su espalda, con una enorme sonrisa y parecía no querer dejarlo ir.
—¿Jeonghan? ¿Qué haces aquí?— Joshua sonrió tratando de mirar al ángel. Sabía que conocía el aura que el humano desprendía, estaba siendo cuidado por su amado.
—Me mandaron de misión y lo estoy cuidando— apuntó hacia Jihoon y Seungcheol no pudo evitar mirar a su nuevo amigo —¿y el tuyo?
—Es él— señaló a Seungcheol y Jihoon lo miró de igual manera.
—¿Qué les pasa a ustedes dos?— preguntó Mingyu curioso. Sin ninguna razón ambos habían volteado a ver hacia atrás y ahora se miraban con curiosidad.
—N-nada— dijo Jihoon regresando la mirada a su comida
Seungcheol hizo lo mismo sin decir nada.
—Que bonitos se ven juntos— expresó Jeonghan —a Jihoon le gusta Seungcheol.
Los ojos de Jihoon se abrieron a tope, sus mejillas se pintaron de un color carmín y las podía sentir arder. Se levantó de golpe de su lugar y salió huyendo de la cafetería bajo la atenta mirada de los presentes, pero más la de Seungcheol.
—A Seungcheol también le gusta Jihoon— dijo Joshua al ver cómo se marchaba Jihoon.
Seungcheol frunció el ceño y se levantó de la mesa —son unos tontos— murmuró para que nadie lo oyera y se fue detrás de Jihoon.
—Y a esos dos, ¿qué les pasa?— preguntó Wonwoo.
Ambos ángeles caminaron detrás de Seungcheol, sin importarles el problema que habían causado; tenían tantas cosas que contarse, llevaban tiempo sin poder contactarse y ahora Joshua comprendía por qué no habían podido hacerlo. Estaba contento junto a Jeonghan, al fin podía tomarlo de la mano, oler su exquisito perfume, y decirle todo lo que lo había extrañado. Jeonghan se sentía de la misma manera, los dos se sentían nuevamente en el paraíso.
Seungcheol estuvo buscando a Jihoon por un buen rato, pero no logró encontrarlo, tenía que ir a clases y seguramente el menor también, así que se rindió por ese momento.
Pero los días pasaban y Jihoon había comenzado a evitarlo, apenas sus miradas se cruzaban en medio del pasillo de la universidad, el más bajo tomaba otro camino. Los ángeles no eran de ayuda, Jeonghan no estaba dispuesto a decirle a Seungcheol dónde se contraba Jihoon, y Joshua de repente desaparecía para ir a encontrarse con Jeonghan.
—¿Qué haces?— preguntó Joshua al ver a Seungcheol sobre el escenario del teatro de la universidad, pero no obtuvo respuesta.
Joshua lo observó detenidamente, Seungcheol estaba descalzo, se había quitado el suéter y estaba haciendo algo con su cuerpo, era una especie de baile, no había música y sus movimientos eran ligeros, pero precisos, expresando miles de sentimientos en cada movimiento. Un par de luces más fueron encendidas y Seungcheol detuvo su baile al ver que alguien más lo observaba.
—¿Vas a unirte al club de danza?— preguntó Chan dejando su mochila en el suelo para caminar hasta el centro, donde se encontraba el mayor.
—No— respondió con la respiración agitada.
—Deberías, bailas muy bien, ¿por qué nunca me has enseñado tu baile?
—Porque nunca lo había hecho— suspiró tomando una gran bocanada de aire.
—¿Estabas improvisando?
Seungcheol asintió y bajó del escenario para ponerse nuevamente sus zapatos —no le digas a nadie que me viste aquí.
—¿Por qué hyung?— hizo un puchero, a Chan le emocionaba un poco la idea de que Seungcheol se uniera al club de danza con él.
—Sólo no lo hagas— sonrió y agitó la mano saliendo del teatro por la entrada del público.
—Lo hacías por Jihoon, ¿no?— preguntó Joshua siguiéndolo de cerca, no obtuvo respuesta, pero eso no lo detuvo a seguir hablando —dice Jeonghan que él no deja de pensar en ti, y que se siente muy avergonzado porque no quería que lo supieras, por eso te evita.
—No importa, si él no quiere verme es su problema.
Joshua se sorprendió al escuchar aquello, usualmente Seungcheol tenía un ánimo más alegre, pero hoy parecía estar deprimido, le recordaba mucho a ese pequeño niño de diez años que lloraba todos los días en su habitación por la muerte de su madre y por la falta de cariño de su padre. Él lo animaba y lo hacía sentir mejor, pero ahora no comprendía por qué estaba así.
La escuela estaba quedándose vacía, se sentía solitario recorrer aquellos pasillos, pero ya era tarde y en esos horarios sólo los alumnos que pertenecían a clubes se quedaban para prácticas y ensayos. Seungcheol levantó la vista y vio a Jihoon caminando hacia su dirección, distraído en los papeles que tenía en mano.
Si hubiese sido otro día, o si los sentimientos de Seungcheol hubiesen sido otros, se habría parado en medio del camino del más bajo y lo hubiera detenido para que conversaran, pero en lugar de eso sólo lo miró hasta que caminó a su lado y dejó de verlo. Jihoon sintió la presencia de Seungcheol, sus miradas se conectaron cuando pasaron el uno junto al otro, pero ninguno detuvo su caminar.
—Le rompiste el corazón— murmuró Jeonghan después de agitar su mano para saludar a Joshua.
—Cállate, esto es tu culpa— contestó con un poco de enfado.
—¿Cuántas veces debo disculparme? Además, ya te dije que también le gustas, ¿por qué haces las cosas más difíciles?
Jihoon suspiró, no quería ser nuevamente el centro de atención. Hace un par de meses, la vida de Jihoon era completamente distinta, no tenía amigos, sus padres ya no estaban junto a él y siempre fue el centro de atención de los acosadores. Por una razón les gustaba herirlo, romper sus cosas, humillarlo frente a los demás, e incluso llegaron a golpearlo un par de veces; simple y sencillamente era porque a Jihoon le gustaban los chicos.
Hace 8 meses
—Me gustas Jihoon— sonrió ligeramente.
Jihoon abrió los ojos sorprendido —t-tú también me gustas.
—¿E-es cierto?— al ver a Jihoon asentir, se mordió el labio —lo siento Jihoon, y-yo no lo habría hecho de saber que te gustaba.
—¿H-hacer qué?
El chico negó y se alejó de él rápidamente.
Al día siguiente todo mundo había visto el video de Jihoon confesándose, todos reían al verlo pasar e incluso algunos imitaban su voz y su forma de hablar. Jihoon sólo podía empuñar las manos y tratar de caminar más aprisa por los pasillos, estaba harto de las burlas, de que todo mundo se riera de él cuando un grupo de chicos lo humillaban.
Ese día faltó a clases, regresó a casa con sus tíos, pero sabía que si lo veían ahí en horario de clases lo regañarían y luego lo castigarían, diciéndole una vez más por qué no se parecía más a su primo. Sus padres habían fallecido cuando él tenía quince años, sus tíos se hicieron cargo de él desde entonces, pero lo trataban con un hijo indeseado, como si fuese la vergüenza de la familia.
Subió hasta el último piso del edificio departamental, las lágrimas recorrían sus mejillas con impaciencia, su corazón dolía, y sólo quería dejar de sentir dolor. Se paró en el borde de la azotea, miró hacia abajo, estaba listo para saltar, pero una voz lo detuvo.
—¿Qué crees que haces?
Jihoon miró a su lado sorprendido —¿q-quien eres? ¿c-cómo llegaste?— un hombre vestido de blanco, sin zapatos y unas enormes alas estaba sentado en el borde junto a él.
—Soy Jeonghan, tu ángel guardián, ¿quieres bajar de ahí y decirme qué es lo que te pasa?
Jihoon negó mirando hacia adelante —voy a saltar, voy a terminar con mi vida de una buena vez.
—¿Qué crees que sentirán tus padres si haces eso? Ellos se decepcionará de ti.
—Ellos están muertos, y no habrá alguien más que note si me muero.
—El que estén muertos no significa que no puedan decepcionarse. Ellos me mandaron para cuidarte, y ahora entiendo su desesperación por mandar a un ángel a que te cuide.
—Esto es un sueño, ¿verdad? No he ido a la universidad y nadie está viendo mi video, ¿verdad?
Jeonghan suspiró —me temo que no Jihoon, todo eso pasó. Pero las cosas mejorarán si permites que yo te cuide.
—¿Cómo podrían mejorar las cosas? Cada día me humillan, se burlan de mi, me maltratan, me golpean. No quiero seguir viéndolos, quiero terminar con mi sufrimiento.
—Tu sufrimiento no terminará, las personas que se suicidan no van al cielo, terminan en un lugar feo, donde sufren más que en vida— Jihoon miró al ángel una vez más y Jeonghan le sonrió —las cosas mejoraran conmigo, te lo prometo— extendió su mano para que Jihoon la tomara y bajara de ahí.
Una última lágrima escapó de los ojos de Jihoon y tomó la mano del ángel bajando del lugar. Al fin podía respirar, al fin podía sentir un cálido abrazo de alguien a quien le importaba y tal como lo dijo el ángel, las cosas mejoraron desde aquel día.
—Jihoon— habló su tía al verlo llegar por la tarde —necesitamos hablar.
Jihoon asintió y se sentó frente a ella en el comedor —¿qué sucede?
Su tía se veía un poco nerviosa y no sabía cómo hablar con él —verás, tu tío y yo necesitamos un poco de dinero para pagar unas deudas, y bueno... tú tienes dinero en el banco de lo que te dejaron tus padres.
—¿Mis padres me dejaron dinero?— vio a su tía suspirar y cerrar los ojos con frustración —¿me han engañado todo este tiempo.
—Mira, sólo necesitamos que nos prestestes un poco, nosotros ya no podemos seguir agarrando de él desde que te hiciste mayor de edad.
—Te han estado robado— Jeonghan puso sus manos en sus mejillas, haciendo una exagerada expresión de espanto.
—¿Han estado tomando de ese dinero?
—Sólo ha sido para emergencias, y ahora necesitamos un poco, ¿podrías prestarnos?
—Yo que tú me niego Jihoon, me levanto de la mesa y les digo adiós— le dijo el ángel.
—No— contestó Jihoon —no les voy a dar nada, y voy a querer que me devuelvan lo que tomaron.
—Hemos tomado ese dinero porque tu no has vivido aquí de a gratis, ¿de dónde crees que sacamos para tus colegiaturas, para tus uniformes y cosas de la escuela?— dijo un poco alterada.
Jihoon asintió —bien, no me lo devuelvan, pero no les prestaré nada— se levantó de la silla para irse, pero fue detenido.
—Si no nos prestas el dinero, me temo que tendrás que irte.
—Adiós, entonces— dicho eso se fue a su habitación, recogió sus cosas -que en realidad no eran muchas- y se marchó de aquella casa.
No tenía un lugar a donde ir, pero con Jeonghan a su lado, se sentía seguro y llegaría hasta donde el destino lo llevara, que fue Seúl. Comenzó una vida nueva en una ciudad nueva, hizo todo los trámites para poder cambiarse de universidad y que sus estudios no se vieran afectados, también reclamó el dinero que le pertenecía, que era mucho más de lo que había imaginado.
Conoció a Seungkwan, fue el primero quien le habló y terminó protegiéndolo de algunas personas que intentaron hacerle daño; también Mingyu y Jun fueron muy buenos con él, y lo aceptaron a pesar de lo tímido y poco hablador que era. Jeonghan comenzó a dejarlo solo más tiempo, ya no lo seguía tan cerca, ni lo cuidaba como lo hacía al principio, guiando sus pensamientos y acciones por un buen camino.
Después de la tercera semana de estar asistiendo a clases conoció a Seungcheol, inmediatamente quedó enamorado de él, pero le aterrorizaba que volviera a pasar lo que había pasado en Busan, así que mantuvo su distancia hasta el día de la reunión con los browniesespaciales.
Actualidad
—Habla con él, no te hará daño, créeme, está en manos de un ángel, no será imprudente o malo contigo como lo han sido otros chicos— le dijo JeongHan.
—No lo sé.
—Yo sí lo sé— dio la vuelta dejando que Jihoon continuara caminando —¡Joshua! ¡Seungcheol!— los nombrados detuvieron su caminar y dieron la vuelta para mirar a Jeonghan.
A Jihoon se le heló la sangre, no quería dar la vuelta y ver si Seungcheol había ignorado el llamado del ángel.
—Vamos a comer hoy los cuatro— dijo Jeonghan con una sonrisa.
—Vamos— animó Joshua a SeungCheol —te subirá el ánimo un poco de comida.
Seungcheol suspiró, pero terminó aceptando.
El camino fue silencioso e incómodo para los humanos, pero para los ángeles, fue divertido conversar de lo que fuera. Los cuatro llegaron a un restaurante de comida rápida, tomaron asiento en una mesa en el rincón, lejos de las demás personas y niños que se encontraban en el lugar.
—¿Saben? A cabo de recordar algo— dijo JeongHan cuando JiHoon y SeungCheol se sentaron uno enfrente del otro —los ángeles no comemos, así que disfruten el almuerzo— dicho aquello, tomó la mano de Joshua y ambos se desvanecieron frente a los ojos de sus humanos.
Jihoon apretó los ojos molesto, luego se las pagaría JeongHan.
—Puedes irte si no quieres estar aquí— dijo SeungCheol con un semblante serio.
—No... está bien, podemos comer juntos.
—Iré a pedir la comida, ¿algo en especial?— al ver a Jihoon negar, se levantó para ir al mostrador y pedir un par de hamburguesas para los dos.
En pocos minutos su orden salió y SeungCheol regresó a la mesa con Jihoon, no había querido hacerlo en el tiempo en el que esperaría la orden porque no quería sentir la incomodidad, no sabía qué decirle, hace tiempo le hubiera pedido que aclaran las cosas y hablaran sobre lo que JeongHan había revelado sin cuidado, pero hoy no estaba de ánimos para hablar de ese día, hoy sólo quería estar callado y si era posible, observar a Jihoon. Ambos comenzaron a comer en silencio, evitando sus miradas y sintiéndose incómodos con cada segundo que pasaba.
JiHoon estaba muy nervioso, pero estaba dispuesto a que la incomodidad se fuera —hoy... no te ves bien— dijo sin mirarlo.
—Hoy... hace once años murió mi mamá.
Jihoon levantó la vista sorprendido —lo lamento, sé cómo se siente, hace cinco años perdí a mis padres en un accidente de auto. ¿Cómo murió tu mamá? S-si se puede saber— se puso nervioso al ver la mirada de SeungCheol clavada en él.
—Tenía cáncer, y las quimioterapias la debilitaban demasiado; un día enfermó y a la semana siguiente murió.
Jihoon asintió —¿vas a ir a verla?— vio a SeungCheol asentir —puedo acompañarte si quieres, probablemente no le guste que vayas solo.
Una vez más SeungCheol asintió, pero esta vez sonrió ligeramente.
Después de la comida, ambos se encaminaron al panteón donde la tumba de la madre de SeungCheol se encontraba, esta vez no hubo silencio, ambos pudieron conversar tranquilamente de cualquier tema que se les ocurriese, además, Joshua y JeongHan habían regresado para ver cómo iban las cosas entre los dos. La visita a la mamá de SeungCheol no fue tan larga como solía serlo, pero en esta ocasión, no se sentía triste, estaba contento y había sonreído en más de una ocasión gracias a Jihoon.
SeungCheol acompañó a casa a Jihoon en forma de agradecimiento, las calles ya se estaban oscureciendo y no quería que nada le pasara al menor. Jihoon dio un paso al frente en la puerta del edificio departamental, y giró para mirar al mayor.
—Gracias por la comida, y disculpa por haber estado evitándote todas estas semanas.
SeungCheol asintió y dio un paso hacia el menor y posó sus labios en la mejilla de Jihoon —gracias por acompañarme— sonrió y se alejó antes de que Jihoon dijese algo.
Los dos no pudieron dormir aquella noche, sus corazones se agitaban cada vez que pensaban en el beso, y sus mejillas se enrojecían inevitablemente. JeongHan y Joshua los miraban contentos, sabían que pronto regresarían al paraíso, pues su misión estaba por terminar.
Las semanas y los meses pasaban hasta que se volvió un año, ambos se hicieron más unidos, se veían más seguido, conversaban más, e incluso SeungCheol comenzó a acompañar a Jihoon hasta su casa cada vez que coincidían en los horarios de salida. Los coqueteos comenzaban a hacerse evidentes, sus manos se rozaban al caminar y cada vez terminaban más juntos uno del otro cuando salían con su grupo de amigos; sin embargo, ninguno de los dos se atrevía a dar el siguiente paso y pasar más allá de un beso en la mejilla o de tomarse de las manos para no dejar ir al otro cuando era hora de separarse.
—SeungCheol— habló Joshua —veo que eres muy feliz.
—Lo soy, Jihoon me hace muy feliz.
—No te has vuelto a deprimir como solías hacerlo antes.
—Y no creo que vuelva a pasar. Jihoon dijo que podía llamarlo si volvía a pasar.
Joshua asintió —te quiero mucho.
SeungCheol frunció el ceño y dejó su tarea de lado para verlo —¿y eso?
—Me estoy despidiendo.
—¿Por qué?
—Ya no me necesitas, he cumplido mi misión y sé que de ahora en adelante irás por un buen camino. Quizás nos volvamos a ver algún día, si aún quieres ser un ángel guardián.
SeungCheol asintió —también te quiero Joshua— dijo con una sonrisa y vio al ángel extender sus alas y volar hacia una luz blanca y radiante.
Se sentía contento por el ángel y también agradecido por haberlo cuidado todo ese tiempo, sin él, su vida habría sido distinta y nunca hubiera salido de la depresión.
[...]
—SeungCheol, ¿dónde está Joshua?— preguntó JeongHan al verlo llegar solo.
—Anoche se fue, regresó al paraíso— dijo tomando asiento en el suelo junto a Jihoon, quien se encontraba bajo un árbol.
—¿Ya cumplió su misión?— preguntó con entusiasmo y vio a SeungCheol asentir —me alegro por él, por los dos. Ahora se convertirá en uno de los mayores, algo que siempre anheló.
—¿Y tú cuándo te irás?— preguntó Jihoon.
—¿Ya me estás corriendo?— frunció el ceño juguetonamente.
Jihoon rió —no, pero me siento culpable de que tú no hayas cumplido tu misión aún.
—Las misiones llevan tiempo Jihoonie— contestó el ángel.
—Es cierto, Joshua estuvo conmigo por más de doce años.
—¿Doce años?— preguntó con asombro —¿quiere decir que tú también estarás todo ese tiempo conmigo?
—Puede ser, o tal vez pase menos tiempo, depende de cada persona, no es cosa de nosotros.
—Entonces si es mi culpa que sigas acá.
Jeonghan rió —sí, sí lo es.
—¡Oye!— frunció su ceño y trató de empujar al ángel del hombro, pero este fue más rápido en alejarse.
—Los dejo solos, es hora de que se vayan independizando, y haber si se besan— dijo rápidamente lo último para desvanecerse.
Ambos sonrieron, llevaban un año saliendo, y aún no pasaban a lo siguiente, pero aquel día, Seungcheol estaba decidido a darlo —Jihoon.
—¿Si?
—Tienes algo en los labios— dijo con una sonrisa y acercó su rostro al del más bajo, posando rápidamente sus labios en los contrarios. Regresó a su posición sin mirarlo, dejando que una enorme sonrisa se posara en su rostro.
Jihoon cerró los ojos apretándolos con un poco de vergüenza y sonriendo contento —creo que no se quitó— murmuró y miró al mayor.
Seungcheol lo miró —tienes razón— volvió a acercar sus labios a los de Jihoon, esta vez dejándolos por más tiempo y dejando que ambos se movieran con suavidad y lentamente.
Jeonghan estaba emocionado al ver la escena desde lejos, había ansiado que aquello sucediera desde que Jihoon le había dicho que le gustaba Seungcheol. El ángel sabía que su momento de partir había llegado desde que Seungcheol se volvió su ángel protector, desde que comenzó a cuidar más de él de lo que lo hacía Jeonghan, pero no se había querido ir hasta ver que las cosas entre los dos progresaran.
Para la noche, Jeonghan se despidió de Jihoon como era debido, y le dejó una pizca de suerte para que las cosas siguieran marchando bien por algún tiempo, sabía que no era necesario con Seungcheol al lado de Jihoon, pero quería dejarles a ambos un pequeño escudo protector.
El ángel regresó contento al paraíso, aunque nunca aspiró a pertenecer a uno de los mayores, ahora que había regresado de su misión, sería parte de ellos. Los ángeles a los que llamaban mayores, eran los encargados de cuidar de los humanos en la tierra sin necesidad de bajar, aunque podrían hacerlo si la situación lo ameritaba.
Joshua y él se encontraron en el jardín donde siempre la pasaban juntos, ambos contentos de haber ascendido de puesto, y no sólo por eso, sino porque podían continuar juntos como lo hacían antes. Jeonghan se armó de valor para besar los labios de Joshua, siempre lo había deseado y por temor a algo que no existía jamás pudieron cruzar esa delgada línea, pero gracias a Seungcheol y Jihoon, sería capaz de llevar ese amor por el ángel a otro nivel.
⇢Fin⇠








