Parte 1
Sinopsis 🥀
Dulces dieciocho. Una edad en la que te ven como adulto pero apenas comienzas a dejar el cascarón de niño. Sarada Uchiha ha florecido bajo el cuidado de su madre y su padre. Aquella niñez con dificultades ha quedado atrás, su padre y sus sacrificios dieron a Konoha calma y paz. Él es un héroe y lo admira pero esta lejos de ser su ejemplo a seguir.
Desde niña observó al hokage, en aquella ocasión que sintió descontrol y decepción por saber su origen las palabras de aquel hombre la hicieron sentir mejor, le refrescaron el ánimo y el espíritu.
Esa admiración, cariño y apego por aquel hombre se transformo con el paso del tiempo, creció junto a Sarada y se transformó en un inocente enamoramiento. Su madre siempre intuitiva fácilmente descubrió aquella ilusión y por el amor que tenía a su hija le mostró la realidad y la dificultad de aquellos sentimientos-pero como buena partidaria del «amor» le hizo ver que el amor no hace daño mientras sea puro -difíciles palabras pues su significado implica todo y al mismo tiempo nada.
Sarada tenía claro que jamás sería correspondida. Que Naruto Uzumaki el séptimo hokage jamás pondría sus ojos en ella y que él amaba a Hinata Hyuuga, pero ¿A quién le hace daño soñar?
Eso la hizo pensar en que ahora que Shikamaru Nara se marcharía por varios días junto a su familia ella podía ayudar al hokage, rápidamente su madre le dijo que quizás no era una buena idea pero el ingenio Uchiha de su hija le hizo ver otro motivo gigantesco para acceder, Sarada deseaba ser hokage algún día ¿Y qué mejor maestro que el mismo hokage?
Parte 1 🥀
—Creo que debería desertar.
Chōchō alzó una ceja e hizo bolita la envoltura de unas frituras. Tomó a su amiga de los hombros y la miró y finalmente — ¿Eres una cobarde?
—No, es sólo que no creo que sea buena idea.
— ¿Así quieres ser hokage? —soltó a su amiga y movió los brazos al aire — ¡Sarada Uchiha, provocas estrés en mí y sabes que comó mucho cuando me estreso! ¿Eso quieres?
Sarada negó pero seguía pensando que era mala idea. Hace semanas la idea parecía estupenda, insistió a su madre mucho para que la apoyará, le insistió a Shikamaru Nara, incluso su esposa Temari se vio involucrada y su padre se mostró orgulloso de ella.
Sí desertaba de su decisión decepcionaría a muchos, incluso a ella misma pero ahora que estaba ahí parada frente a la torre del hokage sintió un malestar estomacal. Sus manos comenzaron a sudar y su corazón parecía estallar. Tenía miedo de verlo pero al mismo tiempo mucha emoción.
Al final siguió los consejos de su amiga y prometió dar lo mejor de si misma. Pero de camino a la oficina del hokage se quedó parada frente a la puerta. Las piernas no le respondían y sentía que se desmayaría.
Entonces la puerta se abrió dejando ver al sonriente padre de Inojin, Sai. —Sarada, que agradable verte ¿Cómo esta tu madre?
—Excelente, pronto volverá a trabajar.
—Quizás deba tomarse más días de vacaciones, Ino puede hacerse cargo.
Sarada sonrió —Lo sé pero mamá es una adicta al trabajo.
Ambos rieron y después de un par de palabras mas la puerta entreabierta la hizo volver a la realidad.
¡Era ahora o nunca!
Entró y cerró tras de ella. Detrás de un montículo de papeles sobresalían unos cabellos rubios, rebeldes.
No pudo evitar sonreír y sentir un revoloteo en su estómago. Quiso abrir la boca y decir algo pero las palabras no lograban salir.
Temía tartamudear o que la lengua se le trabará, eso era tan patético pues ella era una chica segura de si misma y quizás a veces, sólo a veces parlanchina como su mamá.
Había hablado en público muchas veces y había sido líder en misiones pero nada se comparaba a los nervios que le causaba estar cerca de Naruto Uzumaki.
Hoy simplemente las palabras no salían con fluidez. Entonces aún ahí parada en silencio y observando lo poco que podía ver de él en un instante la silla rechino y él se puso de pie.
Bostezo y alzó los brazos. Seguramente de nuevo había llegado entrada la madrugada. Era tan comprometido que a veces no entendía porqué Boruto se quejaba tanto.
Lo observó rascar su nuca para después tomar un sorbo de su tasa de café.
¿La había notado?
Claro que sí. Era un ninja, era el hokage, un héroe. Era perfecto.
—Sarada-chan, creí que me dejarías plantado.
Su tono de voz era levemente acusador, ella soltó una risita sin poder evitarlo y él sonrió abiertamente como en aquella foto que su madre tenía en la sala de estar—Lamento llegar tarde pero...
—Tranquila—la tomó del hombro y la observó con esos grandes y resplandecientes ojos azules—La vamos a pasar muy bien.
...
Encendió su celular con discreción pese que no había nadie más ahí. Era medio día y tenía hambre pero era su primer día de trabajo. Naruto, el hokage había ido a solucionar un problema en la academia por ende ella no podía simplemente irse de ahí.
Como su padre ella a veces también rehuía de las nuevas tecnologías así que llamó aquel viejo halcón de su padre e hizo que le trajera un bocadillo de casa. Era viejo pero eficiente y ella lo quería mucho.
Sasuke decía que debía dejar de mimarlo pues era algo así como un subordinado, una herramienta pero para Sarada era como una linda mascota poco peculiar, al igual que las babosas de su madre.
...
Después de comerse las galletas que trajo su halcón observó detenidamente cada rincón de aquella oficina tan impregnada de «él».
Algunos tazones de ramen instantáneo. Papeles y más papeles, botellas y algunas tazas de café.
Esos libros que curiosamente Kakashi leía en ocasiones y que Boruto alguna vez intento esconder de su vista. Al pensar en el hecho de que el hokage leyera ese tipo de literatura la hizo ruborizar.
Y sentir curiosidad, eso la hizo sentir aún más nerviosa.
Entonces la puerta se abrió y no tuvo tiempo de huir de aquel librero lleno de fotos y libros de contenido inapropiado según palabras de su padre—irónico porque ella era una ninja—pero tal parecía que el «amor» duerme algunos sentidos.
Naruto observó y sonrió apenado —Eso no es mío, debe ser de Shikamaru, es un pervertido...
—Lo imaginé séptimo—mintió porque sabía que obviamente eran de él.
— ¡Se ha hecho tarde! —rascó su nuca y miró su celular —Vamos a comer algo, Sasuke me mataría si se entera que he dejado a su pequeña sin comer.
«pequeña» la palabra retumbo en dentro de su cabeza y la hizo enfadar. Cuando se enfadada adoptaba ese rostro tan «a la Haruno» dijera Kakashi y Tsunade.
Naruto con la edad y dos hijos se había vuelto tan suspicaz e intuitivo que notó la molestia en Sarada.
Pero como Sakura decía apesar de los años y un matrimonio él jamás entendería a las mujeres, sabía que algo andaba mal pero no lograba entender qué pudo hacerla enojar.
...
Para los clientes del local no era raro ver al hokage comiendo, tampoco era raro verlo comiendo con la «pequeña» Sarada Uchiha pues debes en cuando ella y sus padres salían con el séptimo hokage.
Pero esa tarde para Sarada era todo distinto. No estaba su madre ni su padre, no estaba Himawari contándole cosas sobre lo interesante que era Gaara-sama o Boruto intentando hacer rabiar a su padre, y no menos importante, no estaba Hinata Uzumaki.
Se sintió culpable por sentir alegría al estar sola con él. No odiaba a Hinata, no le caía mal, pero a veces, sólo a veces sentía una minúscula pizca de envidia.
Y estar ahí sentada junto a Naruto la hacía sentir feliz y sonreír.