Diópsido (Toll)

Summary

Tom definitivamente no pensó que seguir a Georg en sus locas aventuras terminaría con él perdiéndose en la selva... Donde estaba solo, ¿verdad? O quizá no...

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1
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n/a
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18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Tom soltó un suspiro, mientras seguía caminando por aquel mar de maleza verde y húmeda.

Sus pies dolían después de haber caminado quién sabe por cuánto tiempo y kilómetros.

—Maldito Georg... No le vuelvo a hacer caso cuando me pida que lo acompañe a uno de estos viajes exóticos —se dijo a sí mismo, ya cansado.

Lo que ocurría era qué, su mejor amigo, Georg, solía hacer viajes a Sudamérica cuando tenía vacaciones en el trabajo, ya que era todo un aventurero apasionado, y esa vez decidió ir al Amazonas, Tom no era mucho de salir de su país de origen, por lo que el castaño invitó al de rastas diciendo que sería bueno que saliera un poco de su ambiente y conociera otras culturas.

Tom lo dudó en un principio, ya que nunca había salido de su zona de confort, pero decidió atreverse, sin imaginar que uno de los primeros lugares que Georg tenía en su lista de destinos para explorar era la propia selva del Amazonas, al principio Tom lo vio como algo emocionante, debía admitir, pero claro que en sus planes no estaba que iba a quedarse atrás en el camino por ir distraído y terminar finalmente perdiéndose.

Ahora, no sabía dónde estaba todo el equipo con el que habían ido, había gritado hasta casi romperse la garganta, sabía que entrar en pánico sólo sería peor, así que decidió caminar por donde él creía que era el camino por dónde habían venido, pero conforme fue caminando se dio cuenta que sólo encontraba lo mismo: vegetación extensa.

Su agua se había finalmente acabado, estaba hambriento pues llevaba horas sin comer, desde que había comido un refrigerio con los demás miembros del equipo de exploración.

A este punto sentía que iba a llorar, pues aunque quería mantener la calma, el sentirse solo y perdido en un lugar como el Amazonas, siendo consciente de sus múltiples peligros lo hacía sentir temeroso.

Caminó un poco más hasta que logró escuchar el agua fluir.

—¡Un río! —exclamó Tom emocionado, corriendo hasta la fuente de aquel sonido de agua, encontrando efectivamente un río, se acercó y se arrodilló frente a éste, no estaba muy seguro de si beber agua directamente de un río sería lo mejor, pero, maldita sea, se encontraba demasiado sediento, así que con ambas manos tomó un poco de aquella cristalina agua y la bebió con desesperación, saciando su sed.

No se percató que mientras bebía agua, un par de ojos brillantes color verde se fijaron en él.

Aquellos ojos escondidos entre la maleza lo vieron de arriba a abajo, examinando si significaba algún tipo de peligro, y luego de estudiarlo por unos minutos se dio cuenta que era un ser humano inofensivo.

Después de saciar su sed y tomar un poco de agua en su botella para llevar durante el camino, se dio cuenta que el cielo comenzaba a oscurecerse, seguido de unos truenos.

Iba a comenzar a llover, las lluvias eran muy comunes en el Amazonas, y lo sabía, en ese momento Tom entró en pánico pues, con lluvia sería más difícil que lograran encontrarlo o él encontrarlo a ellos.

Tom, con su sentido de auto preservación activado, es que pensó en buscar un refugio hasta que parase la lluvia, porque no creía que lo más idóneo era quedarse ahí de pie, o mantenerse preso del pánico debido a que luego no podría encontrar a alguien. Aparte estaba el hecho de que habían relámpagos allí, y... Morir atravesado por un rayo no era la manera en que se le antojaba morir.

Así que apretando la mandíbula, es que se levantó y caminó ahora en búsqueda de alguna cueva o donde protegerse.

Hasta que después de caminar entre el barro por los gotones de agua que mojaban la tierra, es que dio con una cueva...

La cual él entró sin fijarse que ya estaba ocupada por los mismos orbes verdes que estuvieron escaneándolo antes.

Tom se estremeció cuando el cielo brilló por el rayo, metiéndose más dentro de la cueva, aquel sitio era frío y lúgubre, sin embargo, era mejor opción que estar fuera de ella.

Se empezaba a cuestionar a qué Dios pagano le había hecho un daño para que tuviera aquella mala suerte.

Tom se encogió sobre sí mismo, se sentía tan vulnerable en ese punto. Pensando en lo solitario y desolado que sería quedar atrapado en la selva profunda.

ㅡMaldito Georg... ㅡrepitió Tom en voz alta, recordando todos los familiares habidos y por haber de su mejor amigo.

Cuando escuchó un sonido peculiar que lo puso en alerta.

ㅡ¿Quién anda allí? ㅡpreguntó Tom temeroso, girando su rostro para lograr ver algo.

No se había puesto a analizar que quizá aquella cueva no estaba vacía.

Evidentemente si había dentro un animal salvaje no podría responderle.

Escuchó el sonido de cómo algo se acercaba a él, en ese momento su respiración comenzó a entrecortarse, pues Tom no sabía qué hacer.

Debió haberlo pensado antes, revisar si la cueva estaba habitada por algún animal, y ahora no podía dejar de pensar en la cantidad de animales letales que podrían estar en esa cueva y justo ahora, acercándose uno hasta a él.

Su cuerpo se paralizó debido al miedo, pues debido a la oscuridad de la cueva y a que ya no quedaba ni un mínimo de claridad fuera.

Conforme aquello se acercaba, Tom estaba aterrado, sus lágrimas comenzaron a salir sin control alguno, sollozando en silencio, pensando que hasta ahí había llegado su corta existencia de veintiún años.

—¿Por qué lloras? —cuestionó una voz, al mismo tiempo que la persona dueña de esa voz se detenía a unos escasos metros de él.

Tom no respiró por unos segundos. ¿Había una persona ahí con él?

No supo qué responder, pensando en que, no se había percatado que había alguien más. ¿Era del grupo? ¿No era el único que también se había extraviado?

Sin dejar de sollozar, sorbió de su nariz, mirando fijamente a la oscuridad, tratando de divisar al dueño de la voz, porque sí, por el tono de voz, sabía que se trataba de un chico.

—Lo siento, no te había visto —respondió—. Es sólo... Estoy asustado, pensé que eras un animal.

La persona entre la oscuridad se quedó callada por unos momentos.

—¿Tú también estás perdido? —preguntó Tom ante el silencio del contrario.

Sólo hubo silencio, el de rastas frunció el ceño, y su miedo que en un momento se tranquilizó, volvió a activarse ante el silencio tan abrupto de la otra persona.

De pronto, una figura alta fue acercándose y haciéndose ver frente a él.

Tom abrió los ojos en grande.

Era un muchacho alto, más que él, quizás media unos dos metros, con el cabello largo hasta los hombros, color negro tan oscuro como podría serlo la noche, piel pálida y lo más llamativo, unos ojos verdes tan brillantes que parecían irreales.

Tom siguió comiéndoselo... Negó mentalmente ante su propio pensamiento, pero siguió recorriéndolo con la mirada, notando que tenía un taparrabos...

Ese joven no venía con su grupo, y evidentemente no estaba perdido. Ese muchacho de belleza tan arrobadora vivía allí.

¿Serían parte de algún tipo de tribu? ¿Cómo es que se comunicaba con tanta facilidad con él?

ㅡNo estoy perdido. ¿Buscas a los tuyos, cierto? ㅡcuestionó el muchacho.

Tom asintió.

ㅡYo... ¿Cómo te llamas? Mi nombre es Tom ㅡhabló el de rastas.

ㅡBitis ㅡrespondió el muchacho, acortando más la distancia para sentarse al costado del rubio, olisqueándolo al estar a su lado, haciendo que Tom se sonrojase y sintiera su respiración acelerada debido a que sentía el aliento del hombre cerca de su cuelloㅡ. Puedo ayudarte a buscarlos después de la lluvia ㅡofreció el azabache y Tom se giró, arrepintiéndose al hacerlo porque lo tenía a escasos centímetros del rostro.

ㅡEh, sí, te lo agradecería mucho ㅡfarfulló Tom, ofreciendo una sonrisa nerviosa.

Bitis era mucho más intimidante al tenerlo cerca, no quizá luciendo amenazador, o al menos Tom esperaba que el joven no fuera de una tribu caníbal, sin embargo, de todas formas le hacía ponerse muy agitado el tenerlo así de cerca.

ㅡHueles a hembra ㅡmusitó Bitis contra su cuello.

Tom sintió cómo se erizaron sus vellos de ahí y lo miró con reproche, frunciendo el ceño.

ㅡNo soy mujer ㅡcorrigió Tom, ya que si bien le gustaba Bitis, no consideraba amable el que se refiriera así a su persona, porque no por usar ropas anchas o tener el cabello largo en rastas quería decir que era mujer.

Bitis mismo tenía el cabello largo, así que no entendía esa doble moral.

Bitis sabía que no era hembra, pero su olor era innegable, aquel humano no era uno común.

ㅡTermina la lluvia y te llevaré con los tuyos. Pero deberás pagar el precio ㅡdictaminó Bitis con determinación.

Tom lo miró arqueando una ceja.

ㅡ¿Precio? ㅡinquirió el de rastas confundido.

Bitis lo miró con fijeza.

ㅡUn intercambio justo ㅡhabló Bitis.

ㅡ¿De qué clase? No tengo comida. Apenas bebí agua del río que espero no me enferme... Y el poco dinero que tenga no te sirve aquí en medio de la nada ㅡacotó Tom, sintiéndose confuso, ¿qué podría querer aquel muchacho tan peculiar?

Bitis al tener tan cerca al joven de rastas frente a él podía notar todos los rasgos finos, sus pestañas largas, tus labios abultados, sus mejillas rosadas y redondeadas. No era nada similar a lo que había visto en la tribu en la que fue criado como un Dios, de hecho, él mismo no era un indígena como los demás, era un ser que ni él mismo terminaba de comprender mucho sobre su propia existencia, aunque los indígenas que lo criaron trataron de explicarle quién era y su propósito, sus padres eran iguales a él, aunque no los recordaba, según la vieja anciana de la tribu, sus padres habían sido asesinados, junto al resto de sus huevos por otro tipo de especie, siendo él el único superviviente, por lo que sabía, era descendiente de algún tipo de Dios antiguo, que se encargaba de proteger a la tribu y toda la zona en general, sin embargo, habían otro tipo de cosas similares a él o a sus padres, cosas de las que tenía que estar atento en todo momento.

Pero había un detalle, al morir sus padres y con ellos, el resto de sus huevos, no quedaron más descendientes, o sea, similares a él con los cuáles reproducirse, aunque en la tribu habían intentado darle a las jóvenes más hermosas, nunca pudo sentir una atracción por ellas que lo hiciera desear aparearse y sentirse seguro de que serían una buena madre para sus crías.

Pero, el chico frente a él, olía de una manera que le resultaba atrayente, despertando en Bitis sentimientos que en sus desconocidos años de vida había logrado experimentar.

Bitis se acercó de nuevo a Tom, mirándolo con esos diamantes verdes que hacían que el contrario se sintiera atraído por él, por su tipo de rareza que nunca antes había visto.

—Quiero que te aparees conmigo —expresó Bitis.

Tom se quedó inmóvil, ante esa petición, sonrojándose hasta las orejas. Bitis en respuesta, acercó su mano y tocó su mejilla, sintiendo la calidez que emanaba de Tom, y el de rastas cerró su ojo de ese lado de la mejilla al sentir lo frío que estaba el azabache.

—Apa... ¿Aparearme contigo? —pronunció Tom anonadado.

Bitis asintió con naturalidad.

—Sé que para ustedes es algo normal, he leído sobre que no lo hacen necesariamente para procrear, sino también por simple placer, pero yo quiero hacerlo para procrear contigo —al contrario de lo que podrían creer de él, Bitis era alguien culto, sabía leer y hablar a la perfección varios idiomas, pues aunque su existencia y el del resto de las especies fuera desconocida o un mito, habían personas fuera de la tribu que sabían de su existencia y la mantenían oculta, pues sabían que si la existencia de seres híbridos saliera a la luz como algo real y no un mito, habrían miles de personas dispuestas a invadir sus tierras, más de lo que lo habían hecho, sólo para cazar y tener un poco de ellos, aunque en realidad sería más riesgoso para los humanos que para las especies, pues los humanos eran mucho más débiles por mucho a ellos.

Tom agachó su cabeza, sintiendo el toque frío de Bitis en su mejilla, su mano se sentía suave aunque de textura extraña, no era un tipo de piel común.

Tom no entendía por qué Bitis decía procrear si él era hombre. Se notaba que el joven sabía mucho... Pero, a su vez, por más que le había dicho que no era hembra, quería “procrear” con él, lo cual hizo que su interior se retorciera en interés.

No es que Tom fuera virgen, de hecho él ya había estado con chicos antes, y ciertamente Bitis era muy atractivo, y un prospecto de polvo definitivamente sexy, sin embargo, aún sentía el deje de incomodidad de que insistiera que era mujer para procrear con él.

ㅡYo no... ㅡiba a corregir al muchacho, explicándole que los hombres no pueden embarazarse, sin embargo, sintió cómo Bitis abrió la boca, mostrando una lengua bífida larga, lo cual explicaba el ceceo que tenía al hablar, y aquello, en vez de asustar a Tom, hizo que se quedara boquiabierto, cuando el azabache le pasó la lengua por los labios.

Notando también los colmillos que tenía dentro...

Bitis no era humano.

Pero el híbrido, tomó el que Tom abriera la boca, como una invitación, una forma tácita de aceptar, por lo que lo sujetó por la nuca, y metió la lengua en su cavidad.

Tom en su corta vida nunca había sido besado de esa forma, era... Extraño sentir esa lengua bífida jugando con la suya, sin embargo, disfrutó de cómo se movía en su boca, siendo que Bitis tomaba el dominio, y el de rastas enredó sus dedos en el cabello oscuro, gimiendo al sentir cómo esa lengua le hacía estremecer, y más cuando sus cuerpos se pegaron por inercia, como un imán magnético.

Las manos de Bitis bajaron de su nuca hacia su talle para finalmente afianzarse en su cintura, consiguiendo que Tom, incluso en medio la lluvia fría sintiera excitación y calor...

No sabía si estaba alucinando pero el bulto del taparrabos lo sentía un poco más grande de lo que debería...

Hasta su mente empezaba a alucinar porque percibía un olor que desprendía de Bill, uno que hiciera que su interior se calentara más y más, hasta sentir cómo si... ¿Estuviera lubricando? ¿Acaso el agua del río lo estaba haciendo delirar?

Tom no podía lubricarse, siempre que tenía relaciones usaba lubricante, porque no tenía una vagina...

No obstante, sintió cómo su interior latiera y líquido escurriéndose por sus nalgas.

Tom jadeó contra su boca cuando se separaron por aire. Viendo cómo los ojos verdes de Bitis brillaban más que hace un momento, y ahora mostrando sus colmillos, que lejos de espantarlo, se quedó a la expectativa...

Cuando Bitis le mordió el labio inferior, Tom gimió, ni siquiera le hizo daño, pero el de rastas encontró aquello sumamente excitante.

Bitis quitó la prenda superior de Tom, pasando sus manos por encima de su pecho, disfrutando de la piel suave del joven, y delineando con sus dedos sus costillas, haciendo que Tom sintiera cómo su piel se ponía de gallina frente al toque frío y diferente, pero no por ello menos candente.

Ahora que miraba con más detalle la piel de Bill, debió darse cuenta desde un principio de que no era humano, pues su piel, aparte de poseer una palidez inhumana, casi rozando en el blanco puro, como si de una hoja de papel de tratara, también podía notarse minúsculas escamas alrededor de toda su piel, con curiosidad acarició el abdomen definido pero delgado del azabache, era suavecito, como el resto de su piel pero muy frío.

Bitis no quería hacerlo ahí, pues consideraba que hacerlo ahí en el suelo, sin nada suave debajo de ellos podía lastimar a Tom, por lo que se puso de rodillas y sin aviso alguno, cargó al de rastas de manera nupcial, que no se negó, y se aferró a su cuello, viéndolo directamente a los ojos, mientras Bitis se ponía de pie y comenzaba a caminar hacia el interior de la cueva, llevándolo hacia lo más oscuro, Tom no lograba ver nada y se aferró con más fuerza a su cuerpo, dejando que el azabache lo llevará adónde sea que lo estuviera llevando.

El más alto no necesitaba iluminación para ver en la oscuridad, pues era algo que su vista ya se lo permitía por naturaleza.

Tom se mordió el labio, curioso y excitado, por saber qué era exactamente Bitis, aunque se hacía una idea...

—Tú... ¿Tú eres una serpiente? —preguntó Tom en un tono bajo, sin soltar su cuello mientras seguía siendo cargado.

—Creo que decirlo de esa manera es la mejor forma para que puedas entenderlo —contestó Bitis, acariciando su espalda, y luego recostó sobre lo que Tom sintió como una textura muy suave, tal vez no parecido a una cama, pero se sentía suave y cómodo al tacto.

Tom lo pensó, tenía sentido, pero se dio cuenta de que había algo que le faltaba a Bitis, su cola, o mejor dicho, toda la apariencia física de una serpiente, claro, además de sus ojos, piel, colmillos, lengua, su alargada y delgada figura, aunque muy fuerte.

—Pero... —y como si Bitis pudiera leer sus pensamientos, le dejó un casto beso sobre sus labios confundidos.

—Sé que es un poco extraño, ya que no me veo como la serpiente convencional que tú conoces... Aunque no quisiera asustarte si te dejará verme de otra manera —con eso Bitis respondía su duda, él tenía la capacidad de verse como un humano normal en lo que cabía, pero también tenía la capacidad de verse como una serpiente común, sólo que más larga y ancha, color blanca.

Tom lo entendió, y decidió no hacer más preguntas, se sentía extraño, confundido y sobre todo muy excitado, sentía aquel líquido caliente deslizarse por su trasero, cosa que nunca antes le había pasado, y ciertamente en ese momento no quería saber a qué se debía que estaba lubricando como si fuera una chica por el trasero.

De pronto sintió que Bitis se alejaba de su cuerpo, y lo soltaba, Tom quiso quejarse, no quería tenerlo lejos, se sintió intranquilo al no verlo ni sentirlo, hasta que escuchó como el contrario encendía una pequeña llama a unos dos metros de él, haciendo que por fin pudiera ver a su alrededor.

Estaba recostado sobre un montón de hojas y lo que parecían ser trozos de tela bordada con símbolos que Tom no entendía, pero intuyó que eran de alguna tribu.

Bitis volvió a acercarse a él.

—No será necesario el fuego para calentarte, pero quiero que me veas —susurró Bitis de una manera que a Tom le pareció tan candente que sintió como su parte inferior se humedecía más sólo por escucharlo hablar.

Tom sintiéndose en confianza volvió a rodear el cuello del contrario, pero esta vez para besarlo, cosa a la que Bitis correspondió más que gustoso.

Ambos se fueron recostando sobre el nido, hasta que Bitis quedó sobre él totalmente, las manos del azabache no se quedaban quietas, y apretaban su cintura, hasta bajar a sus caderas, para acariciarlas y apretarlas sin lastimarlo.

—No eres unas hembra, pero tienes caderas fértiles —masculló Bitis, frunciendo el ceño al querer explorar más su cuerpo pero lo que quedaba de su ropa lo impedía.

—Uhm... ¿Gracias? —Tom se sonrojó de nuevo, sabía que tenía caderas un tanto prominentes para ser un chico, pero nunca le habían dicho tal cosa.

Bitis terminó por retirar el short, ropa interior, calcetines y zapatos de Tom, para dejarlo completamente desnudo antes sus ojos.

Sus ojos verdes brillaron en deseo al ver con detalle el cuerpo del de rastas.

Tom apretaba las piernas, al sentirse excitado y como la lubricación que soltaba su cuerpo lo estaba mojando totalmente. Bitis se acercó de nuevo, olfateando su piel desnuda, bajando por su cuello y luego hasta llegar a su pecho, no eran voluptuosos como los de las mujeres de su tribu, pero eso no significaba una molestia ya que en sí, su especie no necesitaba ser amamantada, y sabía que sus crías no pasarían hambre si Tom no tuviera alimento en sus pechos, pero aún así, decidió pasar su larga y áspera lengua por sobre uno de sus botones rosáceos, que debido a la excitación estaban erectos.

Tom se arqueó cuando Bitis le pasó la lengua por su pezón erecto, sintiendo cómo sus piernas temblaban por el deseo.

Bitis pasó con cadencia sus colmillos por el resto de su talle... Disfrutando de cómo Tom se deshacía en gemidos frente al descubrimiento de sus manos, lengua y dientes sobre su piel, después pasó su lengua por su ombligo, hundiéndola para delinear el vientre del de rastas, siendo consciente de que sus crías tendrían un buen espacio.

Tom pensó que Bitis iba a hacerle una mamada o algo, sin embargo, se equivocó, porque el híbrido pasó a un extremo de su cadera, lamiéndolo, chupándolo y, aunque no fuera su pene, hizo que Tom gritara por la excitación, ya que no le habían tocado de esa forma en sus caderas antes, casi sin notarlo, el rubio estaba abriendo espacio entre sus piernas y vio cómo Bitis se apoyó en sus rodillas, observándolo desde arriba.

Tom estaba con el rostro sonrojado, las rastas sueltas, mirando perplejo al azabache.

ㅡ¿Por qué paraste? ㅡcuestionó Tom, que estaba muy ansioso por seguir disfrutando de sus lamidas, y roces.

Bitis sujetó un extremo de su taparrabos, desamarrándolo, por lo que se cayó, haciendo que Tom sintiera que sus ojos iban a salírsele de las cuencas.

Bitis tenía dos... Tenía dos penes grandes, uno debajo del otro.

Tom quiso cerrar sus piernas del temor, porque jamás había estado con más de un chico a la vez, y no quería morir desgarrado analmente en la selva por ceder ante su lujuria con un chico sexy.

ㅡYo... No puedo con dos ㅡse sinceró Tom.

ㅡTu interior se acoplará a mis dos miembros. Está preparándose para recibirlos. La cópula es más efectiva al tener dos penes. Vas a poder con ellos ㅡbuscó tranquilizar Bitis, mientras acariciaba las rodillas de Tom, el cual estaba excitado pero aterrado, mientras que su interior traicionero se lubricaba más y más.

Bitis bajó una mano hacia el trasero del de rastas, abriendo los dedos, por lo que Tom se asustó, ya que no le dolió el movimiento intempestivo, era como si realmente estuviera dilatándose solo...

Bill alzó los dedos que lucían con un líquido viscoso frente a la vista de Tom, para después lamerlos con su lengua bífida, haciendo que el de rastas sintiera su pene dar un tirón, por más que ni siquiera se había tocado allí.

Aunque el objetivo de Bitis era únicamente reproducirse, no quería lastimar a Tom, no sólo porque sería quien cargaría a sus crías hasta que se formen, sino porque también había leído que para una relación sexual funcionara debía haber consentimiento y confianza, y el de rastas estaba visiblemente aterrado, podía sentirlo.

Tom no dejaba de ver ambos miembros que aunque en más de una ocasión había tenido la fantasía de estar con dos a la vez, nunca pensó que sería capaz de hacerlo alguna vez, aunque ahora su cuerpo se estaba adaptando a la situación, Tom no lo entendía.

Bitis acarició sus muslos, lo que menos quería era que la madre de sus crías sintiera miedo de él o de su presencia, pero de igual forma nunca antes había tenido la necesidad de demostrar afecto o cariño, pues en la tribu aunque lo adoraban y podría decirse que hasta querían porque los protegía, pues no se comparaba con un amor de este tipo...

Así que recordando lo que había visto en libros y algunas escasas veces en películas antiguas, en blanco y negro, acarició sus muslos con suavidad, sin ser brusco, al igual que se inclinó sobre Tom, después de posicionarse entre sus piernas, pero sin tocarlo con sus miembros hasta que Tom se lo permitiera, luego se inclinó sobre él y dejó que el de rastas escuchará como latía su corazón tanto como el suyo.

Era un poco irónico para Tom, que probablemente teniendo más experiencia sexual que Bitis, se encontrara tan aterrado como si fuera un jovencito virgen, en cambio Bitis sabía que hacer, probablemente porque su naturaleza ya le indicaba dónde tocar y qué hacer.

Sintió los brazos de Bitis rodearlo, nunca antes había estado con un hombre tan fuerte, y ciertamente le gustaba, ese sentimiento de protección que tenía entre sus brazos, incluso si Bitis no le brindaba ningún calor humano.

Después de un rato de esa manera, Tom pudo asimilarlo mejor, e instintivamente se removió, buscando sentir a los miembros de Bitis, de rozarse con ellos.

Ante eso, Bitis no supo si es que Tom estaba dejando de consentir y quería soltarse de su agarre o qué, y se alejó, pero en ese momento Tom lo envolvió con sus piernas, aprentándolo contra él y haciendo contacto con sus miembros que ya estaban bañados en preseminal denso.

—Sólo... Sé suave, por favor —pidió Tom con timidez, dejando que Bitis pudiera continuar con lo que quería.

Bitis sonrió, mostrando sus brillantes y filosos colmillos, y tomó uno de sus miembros, siendo consciente, sólo introdujo uno con lentitud.

Tom soltó un gemido que hizo eco en toda la cueva al sentir como su interior abrazaba su longitud y grosor, que rápidamente consideró como el más grande con el que había estado, y eso que todavía faltaba uno más del mismo tamaño, forma y longitud, pero su interior había recibido bien al primer miembro, sintiéndose más que lleno, pero su interior pedía más, él también quería sentir más de Bitis.

Bitis cerró los ojos un momento, sintiendo cómo aquella cavidad lo envolvía de forma deliciosa. Él nunca sintió esta atracción ni interés por nadie, sin embargo, aquel calor abrasador nunca antes sentido estaba aturdiéndolo, por ello es que tuvo que tener un momento para procesarlo.

Sin embargo, Tom empujó su trasero contra la pelvis de Bitis, haciendo que el otro pene de la serpiente se frotara contra las nalgas de Tom, el cual quería que Bitis se moviera dentro suyo. Y ansiaba más...

Bitis abrió los ojos, abriendo sus fosas nasales ante ese deseo que podía olisquear en la futura madre de sus crías... Todo su cuerpo iba reaccionando a ello.

Bitis apretó el muslo de Tom y lo miró con fijeza.

ㅡ¿Puedes resistir más? ㅡinquirió Bitis, con la mente clara para detenerse en caso le provocase un daño a Tom, pero el humano estaba asintiendo con efusividad y moviendo sus caderas fértiles en búsqueda de que Bitis no sólo se quedara así.

Bitis se pasó la lengua por encima de sus propios labios, y guió su otro miembro dentro del interior de su receptor.

Tom se arqueó al sentir cómo Bitis introducía su otro pene... No le dolía, sorprendentemente, pero hacía que su interior se sintiera más apretado, y Bitis estaba procesando cómo era hundirse dentro de Tom, y friccionar sus erecciones al mismo tiempo.

ㅡ¿Duele? ㅡinterrogó Bitis.

ㅡNo... Por favor... Muévete ㅡrogó Tom, apretando más sus piernas alrededor de Bitis.

Bitis siseó y comenzó a empujarse más profundo, para luego sacar sus penes casi por completo, y volverlos a meter...

Tom boqueaba por aquella sensación tan grande... No sabía que su interior podría albergar dos penes grandes y gruesos al mismo tiempo, ni mucho menos que disfrutara tanto al hacerlo, pero se iba arqueando, aferrando sus manos en los hombros fríos de su amante, que contrastaba de forma abismal entre lo frío de su piel con lo caliente que se sentía por dentro.

Era una sensación tan extraña como electrizante y excitante, podía sentir como Bitis se deslizaba con tanta facilidad en su interior debido a su lubricante natural y el propio preseminal del azabache. Tom nunca hubiera imaginado que su cuerpo sería capaz de soportar eso, sobre todo considerando de que los miembros de Bitis superaban un pene normal, al menos los tamaños que él había experimentado., y eso que consideraba que había estado con prospectos muy bien dotados, porque sí, debía admitirlo, le gustan de tamaños grandes pero nunca había imaginado algo como eso, claro, nunca había imaginado que terminaría teniendo sexo con una serpiente que pareciera un muchacho tan guapo que lucía como un sueño húmedo en persona.

Bitis era directo y preciso, dándole justo donde tenía que dar, moviéndose con cadencia, provocando que un sonido húmedo saliera de la unión de sus dos cuerpos cada vez que él entraba y salía.

Tom estaba habituado al sonido de humedad al tener lubricante para cuando se la metieran, porque el rol activo no era algo que él prefiriese, sin embargo, aquí el sonido era más marcado, no tan... Seco, porque si bien lo preparaban muy bien, en esta oportunidad su interior era el que botaba este líquido similar a la lubricación vaginal.

“La cantidad industrial de lubricante que me habría ahorrado”, pensó Tom, pero luego siguió enfocado en su presente dónde los penes de Bitis seguían presionando su punto dulce...

No podía comparar este encuentro con ninguno, debido a que normalmente Tom era un chico que disfrutaba el juego previo, en este caso mayormente para ver cómo el activo de turno lo preparase abriéndolo con los dedos, sin embargo, aquel muchacho serpiente lo había preparado como si fuera con su mente, porque con sus besos, olor y cercanía había aturdido sus sentidos y despertado este instinto oculto, haciendo que su interior se preparase solo, estando listo para recibir esos dos miembros grandes...

Sabía que se sentía un goloso en ese instante, porque realmente Tom empujaba más con sus pies para que Bitis se metiera más profundo. Sólo esperaba que no le quedara doliendo después...

Aunque ciertamente el dolor habría valido la pena.

Se daba cuenta de que Bitis se mantenía callado, quizás porque en sí, las serpientes comunes sólo emitían un siseo, no eran como otros animales, pero de igual forma, podía notar como sus ojos brillaban con más intensidad que antes y lo miraban de una manera que... Nunca antes lo habían visto, y eso hacía sentir su corazón agitarse más que el acto en sí que estaban haciendo.

No hablaba, no sabía si estaba examinándolo o simplemente estaba ahogado en su placer sólo que no podía expresarlo, como él, que Tom gimoteaba a veces con suavidad y otras en alto.

Normalmente Tom se frustraría por tener un amante que no hacía ruido, más que nada porque los hombres son así con su masculinidad frágil, incluso siendo gays, solían acallar sus gemidos o sonidos por considerarlos sólo propios del pasivo. Sin embargo, en este caso en particular, Tom no podía sentir que Bitis era así por ello, porque se notaba que estaba disfrutándolo, incluso sin hacer ruido, le hacía sentir muy deseado.

Bitis lo tomó de su cintura, haciendo que él también se moviera cada vez que Bitis también se movía. Las piernas de Tom temblaron alrededor de su cuerpo.

Bitis sentía que esta experiencia mundana era algo de lo cual no podría prescindir a partir de ahora, incluso sin tener el fin de procrear, empezaba a comprender con exactitud por qué los humanos sólo lo tenían por el sentido del placer... Nada de lo que hubiera experimentado antes podía compararse a estar dentro de Tom, era como si él hubiera nacido para ser no sólo receptor de sus crías, sino también para él mismo.

Sabía que no podía detenerse todavía, incluso si era complejo por la intensidad del momento, pero para asegurar que se cumpliera la cópula debía tener una sesión larga y por ello trataba de aguantar todo lo posible para fecundar muy bien a Tom.

Bitis movía sus caderas profundizando, teniendo movimientos coordinados, incluso si no lo había hecho antes, porque su propio instinto buscaba complacer a su pareja, y se sentía tan natural estar dentro suyo, su estrechez apretándole, haciendo que sus dos penes chocaran entre sí, sintiéndose tan sensibles, mientras latía el canal anal de Tom...

Y las expresiones de su compañero...

Alimentaban el deseo que refulgía en el interior de la serpiente, porque los sonidos que emitía, la manera en que distorsionaba el rostro por el placer, estaban haciendo que Bitis perdiera el control.

Bitis siguió con las estocadas, a sabiendas de que en este punto no habría vuelta atrás, no lastimaba al receptor de sus crías, y sólo quería asegurarse de dejarlo muy lleno de él mismo.

—¡Aah! —gimió Tom, cerrando sus ojos con fuerza, aferrándose a Bitis con sus escasas uñas, que no provocaron ningún daño a la piel pálida del azabache.

Abrió sus ojos encontrándose nuevamente con esos diamantes verdes que lo miraban tanto que lo hacían desear besar a Bitis, pero parecía tan distraído en moverse que no quiso hacerlo, Bitis se percató de la mirada de Tom y como si pudiera leer sus deseos se acercó a los labios de la madre de sus crías, y lo besó con suavidad, ya no siendo brusco y deseoso como antes, y es que era así, podía leer a Tom en ese instante, como si se conectaran sus mentes en esa unión de pieles, y... Si bien no era humano, entendía que las necesidades de Tom eran diferentes, y que el afecto era algo primordial muchas veces en actos de aquella clase para los humanos, no podía negar que disfrutaba de complacer al de rastas con besarlo, porque sus labios eran exquisitos, y de algún modo le sumaban más puntos el compartir aquel gesto en plena faena.

Tom correspondió pasando sus manos de sus hombros hasta su cuello, pasándola por sus cabellos, jalándolo mientras besaba a Bitis, y traviesamente introdujo su lengua entre los labios de la serpiente, sintiendo cómo ésta hacía lo mismo y envolvía su lengua con facilidad debido a que la de Bitis era más larga y habilidosa, por lo que la mente de Tom un momento divagó imaginando aquella lengua en otra cavidad.

Se sentían demasiado conectados y unidos en ese momento, Bitis y Tom se acoplaban demasiado bien al otro, por lo que no dolía incluso si Tom apretaba más su interior y Bitis comenzara a hincharse dentro suyo.

Bitis disfrutaba mucho el contraste entre su piel fría y la caliente de Tom, y cómo esa tibieza bajo sus dedos y contra su propia piel era tan... Adecuada, lo mismo con la suavidad de Tom, era como si su cuerpo gritara que era un receptor, aunque no fuera de su misma especie, al menos no del todo.

Bitis bajó sus manos de su cintura hasta su cadera, elevando un poco esta parte mientras comenzaba a llenar a Tom con sus crías.

El de rastas sentía cómo Bitis iba deteniéndose poco a poco, al mismo tiempo que sentía como los miembros del azabache se hinchaban un poco y lo llenaban, siendo una mezcla de semen y sus huevos, que hicieron que el vientre bajo de Tom dejara de ser plano para abultarse conforme Bitis iba depositando su semilla adentro.

Bitis se separó de sus labios, viendo con una expresión de orgullo como el vientre del de rastas había crecido, Tom igualmente bajó su mirada observando que su vientre había crecido y ahora parecía como si tuviera tres meses de gestación.

Tom parpadeó un par de veces, sin comprender muy bien qué acababa de pasar, sólo sabía que se sentía extraño y placentero ser llenado, no dolía.

Una vez Bitis terminó de depositar todas sus crías en el vientre de su madre, volvió a retomar sus movimientos, para asegurarse de que sus crías quedarán muy en el interior de su madre.

Sabía que era fundamental el dejar bien lleno a su receptor, incluso con sólo semen, para asegurar tener un nido caliente y húmedo dónde sus crías pudieran desarrollarse, y que esto no le dolía a Tom, porque tanto su canal, como el útero que poseía, estaban listos para él, podía olerlo, estaba en su madurez sexual, y así hubiera mantenido cópula con otros machos, ningún humano habría podido hacer que él gestase, porque sólo Bitis podía despertar el llamado en el cuerpo de Tom.

Por ello, si bien no era lo más prudente, consideraba que estuvo bien cortejar a Tom con mentiras para tenerlo aquí... Bajo su cuerpo, dónde Bitis seguía penetrándolo con fuerza, a sabiendas de que no lo dejaría ir jamás, no que ahora su longeva vida había cobrado un sentido más grande al hallarlo, no sólo cómo receptor de sus crías sino también como una compañía.

Tom gimió fuertemente pues ahora se sentía aún mejor ser penetrado con lo que sea que Bitis hubiera hecho segundos antes, haciendo que se viniera sobre ambos, manchando a Bitis y a él mismo.

—Lo siento —se disculpó jadeante Tom, al ver cómo su propia esencia habla manchado al azabache.

Bitis negó, manteniendo su gesto parecido a una sonrisa y lo besó con profundidad, demostrando que estaba muy feliz por haberle encontrado una madre a sus crías. Tom le correspondió de igual forma, por alguna razón la felicidad del contrario lo ponía alegre de igual manera.

El azabache se separó de sus labios para lamer su rostro y deslizarse por su cuello, donde acercó su boca y rozó sus colmillos con la piel caliente de Tom, provocando que este se estremeciera bajo él al sentir las agujas rozar su piel.

Sentía que debía morderlo, ya que aunque su veneno era letal y podía matar a cualquiera, durante el apareamiento podía morder a su pareja para asegurarse de que ésta estaría sana y tendría sus defensas altas para poder incubar a sus crías sin mayor problema, sobre todo, podía hacer que su cuerpo dejara de envejecer, Bitis era un ser que había vivido demasiadas décadas, ya que los que eran como él, eran casi inmortales, pero sabía que Tom no lo era, y ciertamente ahora no estaba dispuesto a perder a la madre de sus crías y pareja.

Así que con lentitud se acercó a su cuello, respirando su sudor y ahora que le resultaba casi afrodisíaco e incrustó sus colmillos en la tersa piel de Tom.

—¡Augh! —gimió Tom, removiendose ante el dolor de sentir su piel ser perforada, Bitis lo había mordido y no sabía si alarmarse o dejarse hacer, pues claro, dolía pero su interior sólo apretó más los dos penes de Bitis, sin sentir que peligraba.

Bitis dejó fluir su veneno por el sistema del de rastas, y luego sacó sus colmillos para lamer aquella zona de la mordida para también depositar besos, cauterizando la herida para evitar que siguiera sangrando. Con el apretón que le dio Tom, terminó por eyacular, llenando al contrario con litros de su simiente caliente y espesa, era tanto que incluso un poco rebalsó de su interior, y su vientre creció un poco más, pero ya no era por los huevos que había depositado Bitis, sino por su semen.

Tom cerró sus ojos, sintiendo todavía su interior totalmente lleno. El contrario no se movió, en cambio se quedó expectante viendo al de rastas, observándolo en busca de una señal, pues ahora era un hecho de que había dejado sus crías en su interior.

Bitis apreciaba la fina capa de sudor que cubría a Tom por todo su cuerpo, sus rastas desordenadas y su pecho subiendo y bajando con rapidez, tratando de recuperar su aliento, aunque ciertamente el azabache no se sentía ni un poco agotado, podía seguir por horas, como era que lo pensaba, seguir hasta asegurarse de que Tom quedará demasiado impregnado de él y sus crías, pero se daba cuenta de que el contrario necesitaba un descanso.

Agachó su cabeza y besó su mandíbula, luego pasando su lengua por su cuello, en un gesto cariñoso mientras siseaba contra su piel. Tom acarició su cabellera oscura con cuidado.

Pensaba en que ahí había terminado el asunto, aunque Bitis no salía de su interior, pero no era como si eso le molestara, tenía muchas dudas y preguntas, sobre todo, qué era lo que el azabache había depositado en su interior, pues sabía que había algo en su interior pero no sabía exactamente qué.

Tom volvió a cuestionarse si todo aquello era algo real y no sólo una alucinación extrañaba y húmeda por su parte, quizás probablemente sólo se había desmayado por el cansancio y estaba imaginando todo eso, pero la textura de la lengua húmeda y áspera de Bitis le hacía caer en cuenta de la realidad, esta era su realidad.

A pesar de todo sentirse extraño, no se sentía como algo malo... O probablemente sólo había perdido la cabeza por la desesperación de estar perdido, no estaba seguro, pero la frialdad de Bitis era reconfortante de algún modo.

Bajó una de sus manos y acarició su propio vientre bajo, sintiendo el bulto en su interior.

“Es como si estuviera embarazado...” pensó Tom, todavía sin abrir sus ojos. Hasta que cayó en cuenta de que, si eso era real, y se había apareado con una serpiente significaba que efectivamente estaba preñado de un animal o un hombre mitad animal, no estaba seguro.

Tom casi al instante de notarlo intentó quitarse al contrario de encima.

—¿¡Acabas de embarazarme!? —preguntó Tom alterado, pues no esperaba que eso genuinamente ocurriera, era un hombre... Un hombre que lubricaba solo y al parecer tenía útero. ¿Qué diablos era él? Y sobre todo, ¿qué era con lo que acaba de acostarse?

Miró fijamente a esos preciosos ojos verdes en busca de una respuesta que calmara su incertidumbre de todo lo que estaba pasando.

Bitis observó de vuelta al humano, si bien no había sido del todo sincero, en realidad esa parte no la había omitido, siendo fundamental que contara con el consentimiento para poder realizar la cópula con Tom, y también para que cargue con sus crías, ya que en sí el tiempo de incubación de sus huevos eran cinco meses, por ello requería un nivel de compromiso y aceptación de ambas partes.

Pero el de rastas lucía espantado en este punto, y se separó de él, por lo que Bitis observaba cómo su semen se escapaba del trasero de Tom.

—Te lo mencioné desde un inicio, quise aparearme contigo con el fin de procrear —aclaró Bitis, y luego acarició el vientre abultado del de rastas—. Ahora tienes mis huevos dentro tuyo.

Tom boqueó y se sentó de golpe encima del nido.

—¡Pensé que era tu forma peculiar de pedirme que me acostara contigo, no que genuinamente ibas a...! ¡¿Dijiste huevos?! —inquirió Tom, sintiendo que se le iba a reventar la vena aneurísmica por aquella declaración de la sexy serpiente. ¿Cómo que tenía huevos dentro suyo?

—Podría tener cópula contigo sin intenciones reproductivas. Ciertamente es muy gratificante y satisfactorio estar dentro tuyo. Me hace entender el lado humano de sólo tener cópula por la búsqueda del placer. Sin embargo, fui claro contigo con mi intención de procrear para poder tener crías —acotó Bitis.

—¡No puedo estar embarazado! ¡Soy hombre, y yo nunca me embaracé antes! Si fuera cierto, cuando tuve sexo sin protección un par de veces, ya habría tenido algún hijo —empezó a decir Tom, esperando que alguien lo despertara de esta pesadilla.

—Un humano no habría podido preñarte. Tu útero, lubricación y capacidad para procrear sólo se activa por el llamado de apareamiento de uno de nuestra especie. Vienes de una línea de receptores, y si bien posees sangre humana. Aún reaccionas a tu naturaleza receptora —explicó Bitis.

Las características de Tom, desde su rostro, su aroma, cintura, caderas y muslos era una gran señal de que era buen ejemplar para llevar sus huevos, su anatomía lo decía. Así que Bitis se consideraba afortunado.

—...¿Qué? —preguntó Tom, procesando lo dicho por el hombre serpiente.

Tom se ensimismó, agachando su mirada y tratando de asimilar todo, Bitis ya no estaba en su interior y podía sentir cómo el semen se deslizaba por su trasero y muslos, empapándolo todo.

Bitis se quedó quieto, todavía erecto pues quería probar más del de rastas, pero no quería hacer nada que lo ahuyentara más de él.

Tom acarició su vientre de nuevo, no pudiendo asimilar que ahí habían huevos... ¿Eso quería decir que también eran sus hijos? ¡Iba a tener hijos!

Había pensado antes en la idea de algún día tenerlos cuando tuviera una pareja estable, y quizás adoptarlos o tener un vientre de alquiler pero nunca imaginó esto. Hizo un ligero mohín con sus labios mientras seguía pensando, estaba asustado por todo lo que eso significaba, estaba embarazado y no era algo para lo que se había preparado con antelación, la serpiente se lo había dicho pero realmente no pensó que fuera a pasar nada pues era un chico, o bueno, ya no lo sabía ahora.

Dejó de tocar su vientre y se tocó la cabeza para voltear a ver hacia donde venía el sonido de la lluvia, la salida, y miró de reojo al azabache que seguía viéndolo directamente.

—¡No me mires! —exclamó Tom, buscando su ropa para cubrirse, pues ahora se sentía diferente con todo eso, necesitaba procesarlo muy bien y por un buen rato, además de que comenzaba a tener frío con ese bajón de excitación que había tenido.

Bitis se mantuvo quieto en lo que Tom se vestía, no entendía por qué le pedía que no lo viera si literalmente había estado dentro suyo con sus dos penes.

Cuando Tom estuvo totalmente vestido, se sentó en la cueva, no pudiendo salir aún porque seguía la lluvia incesante.

Bitis se volvió a poner el taparrabos, incluso cuando era incómodo tenerlo puesto en su estado de excitación, pero entendía que tal vez su desnudez le incomodase también a Tom. Volvió a acercarse a él, poniéndose a su altura.

ㅡNo me toques ㅡordenó Tom, viendo cómo Bitis lo miraba.

Bitis no entendía el por qué la madre de sus crías no quería que lo toque. Si era necesario llenarlo con semen al menos un par de veces a la semana para mantener el calor necesario para sus huevos. No podría hacerlo sin tocarlo.

ㅡTom, no hice nada contra tu voluntad ㅡdeclaró Bitis.

Tom sabía que era verdad. Bitis se lo dijo, sólo que por caliente no le tomó importancia.

ㅡMataron a mi especie, y pensé que era el único que quedaba hasta que te encontré aquí. Es necesario preservar mi especie. Por ello te llené con mis crías. Tienes buenos genes, saldrán serpientes saludables en cinco meses ㅡhalagó Bitis.

Tom se estremeció al pensar en que le saldrían serpientes del culo. ¿Cómo podría sentir amor por unas serpientes? Ni siquiera podría abrazarlas y besarlas como a un bebé. Aunque igualmente suavizó la expresión al darse cuenta que Bitis en realidad no era malo, también había sufrido al perder a los suyos, aquel hombre serpiente que lo hipnotizó era solitario.

ㅡEsta no fue la idea que tuve de tener hijos... Pensé que algún día sería padre, y podría tocar o abrazar a mi bebé, no simplemente tener serpientes ㅡsoltó Tom, sintiéndose vulnerable.

ㅡNuestras crías podrán tomar forma humana conforme vayan creciendo al salir de tu interior. Primero nacerán de los huevos, buscarán su alimento, y después es que adoptarán su forma humana, aunque su comportamiento sea igual que una serpiente y no sean tan dependientes como las crías humanas. Pero si te refieres al afecto, sí lo sienten. Si bien somos seres de sangre fría, no por ello no sentimos apego por los nuestros. Ellos te verán como su madre y a mí como su padre. Podrás tocarlos y abrazarlos cuando gustes. Incluso en su forma de serpiente pueden sentir el mismo afecto, buscándote. Si bien no lactan, de todos modos sí necesitan a sus progenitores ㅡmasculló Bitis, y Tom lo miró, buscando algún atisbo de mentira en la faz del hombre serpiente.

ㅡ¿Y por qué dijiste que me sacarías de aquí si todo indica a qué al menos cinco meses, o quizá más, me quedaré aquí? ㅡcuestionó Tom, increpándole a Bitis su mentira.

ㅡLo lamento, mi búsqueda por preservar mi especie hizo que mintiera. Sin embargo, no fue mi intención lastimarte en ningún momento, Tom. Sería peligroso que tengas a nuestras crías lejos de aquí. Ellos necesitan que te llene dos veces por semana para mantener el calor necesario para su incubación ㅡfarfulló Bitis.

Tom se sonrojó al entender a qué se refería con que lo “llenasen” dos veces por semana.

ㅡYo tengo padres, mi familia está lejos de aquí. Mi mejor amigo está en esta selva, probablemente buscándome ㅡreclamó Tom.

El de rastas se encontraba inseguro, esto significaba un gran cambio radical para toda su vida, ahora estaba embarazado y ni siquiera era un embarazo normal, todo eso era agobiante hasta cierto punto, ya que si él en sí no era alguien que salía de su zona de confort por una vez que lo intentaba terminaba en esta situación.

Comenzaba a dolerle la cabeza de sólo pensar en todo lo que había hecho a sus cortos veintiún años, como toda persona quería vivir muchas cosas, apenas había terminado la universidad y empezado a trabajar en el trabajo que él pensaba que era el de sus sueños, aunque igual se daba cuenta que no era como lo había idealizado.

—Pero no puedes irte, necesitas tenerme a tu lado —dijo Bitis, notando que Tom estaba visiblemente más que aturdido con todo.

—Pero... Yo tengo una vida fuera de aquí, este ni siquiera es mi país de nacimiento, y encima estoy en una selva, no es ni siquiera la ciudad, nunca me hubiera imaginado que iba a terminar aquí, lejos de la ciudad, de las personas que amo, de lo que he conocido toda mi vida... No es que quiera ser malo contigo, es sólo que... —Tom se abrazó a sí mismo, para reconfortase e igualmente por el frío que comenzaba a sentir, ya que no era que una cueva fuera precisamente cálida—. No era para nada lo que tenía en mente para mi vida.

Bitis agachó la mirada, analizando mejor la situación pero desde el punto de vista de la madre de sus crías, sinceramente nunca antes se había visto en la situación de estar en la perspectiva de otro ser, pues sólo había sido él y su propio mundo, pero era claro que Tom no era alguien acostumbrado a lo que a él sí, Tom sí tenía una familia a la cual volver, un hogar ya establecido más que lejos de ahí.

Tom se sentó sobre el suelo, pegando su espalda a una de las paredes.

—Georg ha de estar preocupado... —masculló Tom, llevando sus piernas a su pecho, ni siquiera le había preguntado a Bitis dónde estaban en sí, aunque de nada serviría pues su celular no tenía señal ahí donde estaban, además de que había muerto debido a que se había quedado sin batería pues en todo el recorrido Tom se la había pasado tomando fotos y vídeos para mostrárselos a su familia cuando volviera.

Aunque Tom no lo supiera en ese momento, Georg por su parte estaba en una comisaría de policías diciendo qué era lo que había pasado, y era un poco difícil la comunicación debido a que pues no compartían el mismo idioma y quien servía como traductor de toda la situación era el mismo guía.

Georg estaba preocupado de que algo se hubiera comido a su amigo, un animal o unos caníbales, aunque el guía le hubiera explicado que por la zona no habían muchos peligros, pero de igual forma eso no dejaba tranquilo al castaño, que miraba la hora en el reloj de la comisaría en repetidas veces, ya habían pasado horas desde que el de rastas había desaparecido y lo peor era que por la lluvia no podían iniciar a buscarlo, ya que sería imposible y al parecer las lluvias seguirían por un par de días más, al menos una semana, según la policía.

A ese punto Georg había considerado llamar a la familia de su amigo y decirles la situación, aunque no quería alarmarlos ya que tanto Simone, pero sobre todo Gordon, eran sobreprotectores con su único hijo, y saber que se había perdido en una selva tan grande y extensa como podía ser el Amazonas, eran capaces de tomar un avión en ese momento para ir al país sudamericano en ese instante y comenzar a buscarlo por ellos mismos.

El guía decía que tenía que estar tranquilo, que sólo habían pasado máximo unas nueve horas desde la última vez que lo vieron, y que probablemente se había quedado debajo de un árbol y si tenía más suerte, había llegado a una de las tribus que tenían más conexión con la sociedad, tanto que algunos incluso manejaban las dos lenguas.

...

—¿Georg es tu macho? —preguntó Bitis frente a la mención del humano, sintiendo una sensación apretada dentro suyo... Algo nuevo que no había sentido antes, eran celos pero el azabache no sabía identificarlo.

Tom lo miró y negó.

—No, Georg es mi mejor amigo. Quien me trajo aquí —suspiró Tom, viendo su vientre inflamado. En este punto se daba cuenta que ya no sólo podría pensar en sí mismo, por más tonto que sonara, ni siquiera quería pensar en regresar y hacerse un aborto, o cirugía para que extripasen aquellos huevos de dentro suyo.

Tom no era provida pero... Se acarició el bulto, no podía deshacerse de sus huevos, de sus serpientes que se volverían bebés. Aún le aturdía la idea de qué Bitis hablase el plural, no quería martirizarse pensando en cuántos huevos tendría dentro.

Pero Tom sabía que ya no había vuelta atrás. Incluso si ese hombre serpiente atractivo le hubiera mentido, aunque sí le solicitó el consentimiento, ya no podía pensar sólo en él... Había tomado una decisión, por él y sus... Serpientes. Tendría que pensar en nombres definitivamente.

Tom levantó la vista, volviendo a observar esos ojos verdes tan llamativos que lo hicieron derretirse, y ahora que los observaba con detenimiento, notaba que sí, eran verdes, hermosos, pero... Sus iris no eran redondos, eran alargados, y... Sí, la mirada era cautivadora pero eran ojos de serpiente.

Era tan peculiar que aquello hubiera sido lo que más le llamó la atención, muy aparte del atractivo físico, eran esos ojos... Quizá su inconsciente lo sabía, que eran de serpiente, y ese lado suyo que desconocía, fue seducido por él, por lo mismo no le incomodó ni sus escamas ni lengua bífida, ni siquiera sus dos penes.

Bitis le correspondió, aunque nunca dejó de mirarlo todo el tiempo, ya más calmado con que Georg no fuera una amenaza.

Tom tomó aire y lo miró con seriedad.

—A partir de ahora no quiero que me mientas bajo ninguna circunstancia. Sé que seremos padres y que nuestros bebés necesitan... Que me llenes —habló lo último en voz baja con las mejillas encendidas—. Así que quiero que me lo hagas varias veces para resistir al menos una semana lejos de aquí. Que me lleves dónde Georg, para ir donde mis padres. Yo regresaré contigo. Simplemente que no puedo dejar todo como si nada. Debo despedirme de ellos. No les explicaré la verdad para no espantarlos. Y... Odio dejar la civilización pero es por nuestros bebés —arguyó determinado el de rastas.

Bitis se quedó observando y escuchando a la madre de sus crías. Analizando lo dicho, y comprendiéndolo. No le estaba pidiendo irse para siempre sino para después regresar.

Bitis sentía que podía hacer eso, y en caso se excediera del tiempo irlo a buscar. Ya que al haberlo mordido, tenía una conexión con Tom, e incluso lo olería a kilómetros de distancia.

Era un voto de confianza, lo sabía muy bien. Pero algo dentro de aquel ser le decía que era sincero la madre de sus crías. Sus ojos color miel, su rostro hermoso...

Sí, podría ceder en ello.

—Está bien, Tom —cedió Bitis—. ¿Puedo acercarme ahora? —preguntó recordando lo dicho por el de rastas.

Tom tragó saliva y asintió, por lo que Bitis acortó la distancia, tomándolo por la nuca, y besándolo, introduciéndole su lengua bífida, dispuesto a volver a calentarlo para llenarlo bien antes de que lo dejara con su mejor amigo para que se despidiera de sus padres.

Tom correspondió cerrando sus ojos y dejándose llevar por las caricias del contrario, aunque había algo que le frustraba, y era no poder sentir el calor de Bitis, aunque no era de extrañar pues era una serpiente, las serpientes son frías.

—Sólo hagámoslo una última vez antes de que me duerma, ¿sí? —masculló Tom, separándose sólo unos escasos centímetros de él. —Tengo frío y sueño.

Bitis asintió y volvió a tomar su cuerpo para llevarlo al nido, acostándolo nuevamente ahí, y tomando una de las telas que tenía, eran telas que su tribu le había regalado, normalmente le regalaban cosas, animales o fruta para que sobreviviera y telas para que pudiera calentarse mejor debido a que necesitaba calentarse para sobrevivir como cualquier serpiente, pero ahora tenía a Tom, que con su temperatura corporal podía calentarlo también.

Una vez entre sus piernas, otra vez, Bitis desvistió su cuerpo para volverse a introducir en él, y Tom lo abrazó, estrujándolo a su cuerpo.

[...]

Georg se mordía las uñas ansiosamente mientras tomaba su celular y buscaba el contacto de los padres de Tom, había tenido que volver al hotel solo, pues los policías no podían hacer nada más evidentemente, sentía que no podía más con la presión de no saber dónde estaba su amigo y si estaba bien.

Marcó a uno de los contactos.

—¿Hola? ¿Georg? —contestó Simone al otro lado de la línea. —Qué bueno que llamas, justo había estado intentado hablar con Tom pero al parecer su celular está ocupado, ¿está ahí contigo?

Georg tomó aire y habló.

—Ho... Hola, señora Kaulitz, sí... Es justo sobre él que quería hablar con ustedes.

Por el tono de sus palabras, la mayor se dio cuenta de que algo no andaba bien.

—¿Pasó algo, Georg?

—Tom... Tom se perdió en la selva —dijo sin más el castaño.

En ese momento se escuchó que alguien más tomaba el teléfono.

—¿¡QUÉ NUESTRO HIJO QUÉ!? —se escuchó como Gordon hablaba ahora por el teléfono.

—Sí, nosotros estábamos haciendo un recorrido con un guía y otras personas, y él se quedó atrás, está perdido desde hace horas y la policía dice que no pueden ir a buscarlo debido a las lluvias que habrá durante los próximos días.

—¡No, esto no puede estar pasando, mi pequeño, mi niño está ahí perdido en esa selva con todos esos animales peligrosos! —Gordon se preocupó por su único hijo, y Simone volvió a tomar el teléfono.

—Tomaremos el primer vuelo a Brasil, Georg, por favor ve a recogernos al aeropuerto, no dejaremos que nuestro hijo se quede en esa selva por días, así tengamos que buscarlo nosotros mismos —pronunció decidida la mujer, viendo como su esposo comenzaba a lagrimear.

Georg por supuesto aceptó.

Y de inmediato por su parte, los esposos Kaulitz se pusieron a buscar vuelos directos a Brasil, no importando que el viaje fuera de mínimo unas doce horas y tuvieran que hacer maletas mentalizados de que buscarían a su hijo si la policía no lo hacía por las lluvias.

[...]

Tom se había quedado completamente agotado, a un costado de Bitis, luego de que éste se viniera por segunda vez dentro suyo, dejándolo más que lleno.

Bitis lo arropó y lo observó detenidamente por un buen rato, pensando en la hermosa madre que había conseguido para sus crías, aunque lo más probable fuera que se parecieran a su padre, o sea a él, debido a que su material genético era muchísimo más fuerte que el de Tom.

Algo que no le había dicho a Tom, pensando en que sería todavía más información para él, era que probablemente alguno de sus antepasados hubiera pertenecido a su familia, eso era algo seguro, para que Tom hubiera heredado estos mismos rasgos, es que algún miembro de su familia era un descendiente también de las serpientes.

Antes, hace muchísimo tiempos atrás, cuando todavía los de su especie eran demasiado y vivían en grupos, casi como pequeñas tribus de su propia especie, habían varias familias, por decirlo de alguna manera, algunos eran serpientes negras, amarillas, verdes, blancas como él, y muchísimos más tipos, pero con el paso del tiempo fueron quedando pocos, hasta que solo quedo su familia, los cuales fueron asesinados por otra especie, específicamente por los descendientes del Caimán negro.

Así que sí, probablemente Tom era tataranieto de alguna persona de su especie que había salido del Amazonas y se reprodujo con un humano, lo más probable es que hubiera sido una mujer la que se juntó con un humano y tuvieron descendencia de híbridos y especie.

Bitis esperó pacientemente a que Tom despertara, sacando alimento que tenía guardado, para cuando lo hiciera. Él debía alimentarse bien para poder mantenerse sano.

Acarició el vientre de Tom nuevamente. Sus crías estaban más que protegidas ahora.

....

Cuando Georg esperó a los Kaulitz en el aeropuerto, tenía un mal semblante, apenas había podido dormir un par de horas, sin casi probar bocado alguno, sintiéndose tan culpable por su mejor amigo, ya que Tom siempre lo apoyaba en todas las cosas que quisiera, incluso en sus aventuras más locas, pero... Él lo dejó atrás, y el castaño se sentía miserable porque su mejor amigo era su responsabilidad, ya que apenas se llevaban dos años, pero de Georg salió la idea de viajar y Tom accedió.

Él jamás debió separarse del de rastas, y ahora... Estaba allí, a punto de enfrentar a los padres de Tom que seguramente lo estaban odiando por ser un pésimo amigo.

Ya había pasado el momento donde lloró hasta que sintió secas las cuencas, sin embargo, no por ello sentía menos ganas de llorar, incluso aunque sus ojos estuvieran rojos e hinchados.

Apenas vio a los señores, es que alzó la mano, observando cómo se acercaban a él.

—Georg... —saludó Simone con expresión seria.

—¿No hubo alguna novedad en lo que viajamos? —inquirió Gordon con preocupación.

—No, señores. Los de la comisaría dicen que aún no pueden realizar la búsqueda por las lluvias. En verdad... Me siento terrible, no sirve de nada decírselos, sin embargo, si hacen una búsqueda quisiera unirme a ustedes —masculló Georg, que no tenía ni idea de cómo guiarse él solo en la selva, pero la culpa lo carcomía y no podría vivir con ello.

—¿Tienes un mapa de dónde los llevó el guía? —cuestionó Simone.

—Yo... Sí, creo. Vayamos al hotel, allí tengo todo —pidió Georg.

Gordon lo miró con reproche, pero aceptó, siguiendo al castaño.

Simone tenía un presentimiento que no la dejaba tranquila.

...

Tom se despertó sintiéndose cálido, y con una sensación fría en su nuca que lo hizo estremecer. Luego al abrir los ojos, acostumbrándose a la oscuridad, es que se asustó, había olvidado dónde estaba.

Y esa sensación de frío en la nuca era... La lengua de Bitis, el cual lo sentía contra su cuerpo, abrazándolo por detrás. Aquel momento era íntimo, y en realidad no le desagradaba, incluso le gustaba cómo la mano del hombre serpiente lo tenía abrazado contra su cuerpo y podía adivinar que la presión que tenía en su trasero eran los penes de su serpiente.

Tom jadeó. Había dormido bien, pero si bien estaba excitándose, no creía que le rindiera el cuerpo en ese instante.

—Bitis... Espera —pidió Tom, girándose para verlo.

El azabache ojiverde lo observó.

—Debes comer —habló Bitis, sentándose y acercando un cuenco de madera con bayas moradas, lo que Tom sabía se llamaba açaí, se preguntaba de dónde habría sacado la fruta, ya que por lo que sabía la recolección era difícil al estar en lo más alto.

Sin embargo, el de rastas sintió cómo su estómago rugía, así que comenzó a comer las frutas, dejando las pepas al terminarlas, comiendo varias debido a que no sabía que tenía tanta hambre. No obstante, al final de comer tenía sed, y se relamió los labios, sintiéndolos dulces y secos.

Bitis acercó otro cuenco pero uno donde tenía agua, no sabía si era de lluvia o qué pero el hombre serpiente se lo acercó a los labios, haciendo que Tom bebiera, el de rastas aceptó que lo ayudara, mirando al ojiverde, y de algún modo percibiendo esto como un acto de cariño, y erótico a su vez.

Tom ya se empezaba a preocupar que si bien no era un joven sin libido, todo lo relacionado a Bitis lo excitara, incluso en lo más simple y ordinario.

Bitis estaba feliz de haber alimentado y saciado la sed de Tom.

Tom soltó un suspiro satisfecho y se tocó el vientre, así que ahora sería “madre” de serpientes, un poco perturbador si consideraba que saldrían de él como tal, serpientes, pero que luego podría verlos como bebés, eso lo reconfortaba.

Se perdió en sus pensamientos, sin dejar de acariciar su vientre, que a pesar de haber huevos ahí, se sentía suave, se preguntaba si sus bebés podrían sentirlo, se sintió un poco desanimado pues, no viviría una experiencia de maternidad común, decorar la habitación del bebé, comprarle sus ropitas, peluches, calcecitas, decorar su cuna, no, porque incluso Bitis dijo que serían independientes en cuanto nacieran, se preguntaba qué tan independientes serían, y sobre todo, cuántos huevos había puesto Bitis en su interior.

—¿En qué piensas tanto? —cuestionó el más alto, curioso al ver cómo el de rastas se había quedado viendo a un punto fijo ignorando su presencia.

Tom giró su cabeza para verlo, y en lugar de responderle, le hizo otra pregunta.

—¿Cuántos huevos pusiste en mí? —preguntó.

Bitis desvió la mirada, pensándolo con detenimiento, pues no lo sabía a ciencia cierta, ya que cuando él nació, según lo que le contaron en la tribu eran entre ocho o nueve contándolo a él, claramente, por lo que asumió que un aproximado así tendrían ellos. El azabache levantó la mirada para verle, y se mordió la lengua, no quería asustarlo, pues sabía que los humanos no solían tener muchos bebés, sólo en casos raros, pero lo común era tener uno en un sólo parto.

—¿No te vas a asustar? —musitó Bitis.

Tom negó.

—Quizás tengamos entre ocho y nueve crías —informó, esperando que el contrario no se asustara.

Tom abrió en grande sus ojos, y apartó su mirada, bueno, no se sorprendía demasiado, era de esperarse considerando que Bitis era una serpiente, las serpientes tienen muchas crías.

—Esos son muchos bebés —masculló Tom, poniendo su brazos a sus costados—. En mi mundo mantener una cantidad de bebés así es casi imposible, a menos que seas rico.

ㅡLa riqueza es subjetiva. Tendremos ofrendas de los habitantes de las tribus por protegerlos. Aparte de que el alimento no les faltará y nuestras crías sabrán buscarlo por sí mismos desde animales pequeños, hasta frutas y demás. Aquí tendremos mucho espacio para habitar. Aunque finalmente cuando ellos crezcan formarán sus propias familias al elegir a su pareja. Así que poseemos abundancia ㅡrelató Bitis.

Tom escuchó atento al hombre serpiente, percatándose de que sí, era evidente que luego tendrían sus propias vidas.

ㅡEntonces si yo pude estar contigo siendo humano... ¿Nuestros hijos podrán estar con humanos? ㅡinquirió Tom, procesando lo dicho por Bitis.ㅡ¿Por qué tú no estuviste con uno o una?

ㅡEn realidad no. Tom... Ya te mencioné que sólo puedo activar tu lubricación y características de receptor, en este caso porque tienes sangre de serpiente... Por lo mismo es que no quedaste preñado de un humano antes. Sólo las hembras pueden quedar embarazadas de humanos directamente, y así habiendo un mestizaje. Los receptores machos como tú, que no son abundantes de por sí, tienen que venir de una línea de receptores, para poder tener la capacidad de procrear, y no pueden tener hijos con humanos, es decir, si no preferías los machos, y estabas con una hembra, jamás habrías podido tener hijos, y un humano macho tampoco te habría preñado. Sólo puedes procrear cuando un espécimen macho serpiente activa tu celo con el llamado del apareamiento. En mi caso, el cuerpo de las hembras humanas no me serviría para los fines de procrear. Mis huevos hubieran sido rechazados en el útero de alguna humana, que no tiene la capacidad para incubarlos. Por lo mismo no despertaban ningún tipo de atracción ni deseo en mí. Los machos humanos no poseen útero, por ello no me sirven. Tu olor fue el que me llamó, y al observarte supe que eras un buen ejemplar para ser madre de mis crías. Sobre nuestros hijos... Depende de ellos si se meten con humanos o no, porque no siempre pueden tener hijos con ellos, a menos que nos salgan algunas hembras o con capacidad receptora como tú. Nuestra especie siempre busca la reproducción, lo tenemos en nuestra naturaleza, por lo mismo es que suelen buscar a sus semejantes para tener pareja, uno que pueda dar o recibir, según sus características ㅡexplicó Bitis.

Tom entendió que Bitis era virgen, y tan rico que se lo había hecho, le sorprendía que no fuese experimentado.

Aún lo aturdía el hecho de que tuviera sangre de serpiente, nadie nunca se lo dijo. ¿Sería de parte de su mamá o de su papá? ¿Alguien sabría algo? Eran muchas interrogantes en su mente.

Sin embargo, Tom frunció el ceño, analizando algo de la respuesta de Bitis.

ㅡPero dijiste que básicamente tu especie... Nuestra especie, bueno, las serpientes humanas están extintas. ¿Cómo es que existo entonces y de dónde es que habrán más serpientes para que sean parejas de nuestros hijos cuando crezcan? ㅡ inquirió Tom.

Bitis temía que le preguntase su origen.

ㅡSí, como te dije, vienes de una línea de receptores. Es decir, algún ancestro tuyo vivía aquí. Lo más probable es que una hembra con genes fuertes de receptora, y por ende, al irse y reproducirse con un humano... Es que finalmente existes tú. Lo cual me alegra, me da esperanza de que existan más como nosotros en el mundo ㅡnarró Bitis.

Tom se sentía conflictuado por todo lo que estaba escuchando, es decir... Tenía sangre serpiente, y era lógico, para poder lubricarse y resistir dos penes sin preparación previa. Pero volvió a ver al hombre.

ㅡPero no me respondiste a lo otro. Si por lo general se emparejan con quién puedan reproducirse, ¿de dónde saldrán parejas para nuestros hijos cuando crezcan? ㅡinterrogó Tom, porque sentía que sería un poco triste que sus hijos se quedaran solos al crecer.

ㅡNuestras crías elegirán pareja cuando crezcan ㅡrepitió Bitis, mirándolo con fijezaㅡ. Así que podrán decidir entre sus hermanos cuál es más compatible.

Tom abrió los ojos por completo junto con su boca al entender lo que acababa de decir Bitis, tocándose el vientre con protección.

ㅡ¡¿Mis bebés serán incestuosos?! ㅡpreguntó alarmado Tom, pensando lo horrible que sería que sus hijos se metieran entre ellos y... Tuvieran más hijos.

Bitis se llevó una mano a su mentón, como gesto de intentar recordar.

—Recuerdo haber leído sobre que estar entre parientes siendo humanos, tiene consecuencias, salen defectuosos debido a la endogamia... Sin embargo, somos serpientes, animales, la endogamia no tiene las mismas consecuencias para nosotros, no tendrán defectos físicos si es que eso te preocupa —explicó el azabache, pues según lo que sabía, incluso antes de su especie se extinguiera era muy común que las serpientes se hicieran en grupos y solo se reproducían con los mismos miembros de esos grupos, o sea se con su familia.

Tom soltó un suspiro, comenzaba a aceptar y procesar su nueva realidad, el cambio tan drástico de su vida, cuando él pensaba que se quedaría como el profesor joven de un colegio para niños ricos en Alemania, pero evidentemente todavía había cosas que tenía que asimilar. Estaba embarazado, en un país que sinceramente no conocía, su familia probablemente estuviera buscándolo (porque conocía a sus padres demasiado bien) y también ahora estaría el resto de su vida con el hombre de hermosos verdes que tenía a centímetros suyos.

Miro de reojo al azabache, que sólo se había quedado en silencio, expectante a él, a lo que hiciera o dijera, pero Tom sólo se limitó a verlo con la poca claridad que había en la cueva.

—¿Tú estás feliz con ser padre? —cuestionó Tom con suavidad, de repente, pues Bitis hablaba de reproducirse con mucha naturalidad, sin embargo sin tanta emoción, aunque bueno, era una serpiente, las serpientes no son muy expresivas en sí... Pero, una parte de él tenía la curiosidad si el azabache sería un padre cariñoso como normalmente sería un padre humano.

En ese momento, por primera vez el rostro del más alto expresó algo con sus facciones, algo similar a una sonrisa, aunque sus ojos brillaron con intensidad y asintió.

—Sí, Tom. No encuentro palabras en mi vasto vocabulario para expresar lo que significa ser padre para mí. Aparte del hecho de preservar mi especie claro está —musitó Bitis con aquel brillo en sus orbes.

Tom sonrió al notar ese entusiasmo, no de la forma más emotiva posible, pero consideraba que estaba bastante bien teniendo en cuenta el comportamiento frío de Bitis.

Tom se acarició el vientre con cariño, pensando que así fueran huevos de dónde saldrían serpientes, de igual modo serían la unión de ambos, incluso si todo esto era sin planificar al menos le brindaba cierta calidez en su interior al percatarse que Bitis genuinamente sería un buen padre y no sólo le importaba procrear y ya.

—Me hubiera gustado tener tantas cosas que mostrarle a un hijo mío. Cosas del mundo civilizado. Pero... —suspiró Tom nostálgico—. Tampoco sé si fuera de esta selva el mundo esté listo para nuestros bebés. Me daría mucho temor que intentasen hacerles algo. Aún no nacen y ya me pongo paranoico. No sé si atribuírselo a las hormonas, ¿siquiera genero hormonas para incubar huevos? Soy un maestro de Inglés, no sé nada de biología —comentó el de rastas, sintiéndose un chico tonto en ese instante.

Muchas veces le habían dicho eso, que era un “rubio tonto” y Tom ariscaba la nariz frente a ello, porque si bien no era el hombre (o híbrido) más culto del mundo, igualmente sí sabía cosas y por ello había podido terminar su licenciatura en pedagogía e idiomas.

—Sí, generas hormonas, normalmente se activan en situaciones de estrés, por búsqueda de alimento o defensa contra los depredadores. En este caso, la incertidumbre es un factor determinante para tu estrés como futura madre —explicó Bitis con tranquilidad—. Pero siéntete seguro de que aquí no te faltará nada, y que si bien te irás un tiempo, pues igualmente te sentiré conmigo, por lo que frente alguna amenaza iré de inmediato por ti, Tom. No sólo por ser el receptor de nuestras crías, sino porque tengo una conexión contigo —acotó el azabache.

Tom lo miró con fijeza. —¿En serio sientes una conexión? Si apenas nos conocemos —expresó el rubio, porque él, si bien muchas veces tenía un pensamiento romántico, creyendo lo lindo que sería tener un amor a primera vista, sabía que incluso lo que tuvo con Bitis no era amor como tal, sino el despertar sexual de su instinto como híbrido, que si bien Bitis era sumamente atractivo, no es que se conocieran más de lo que habían hablado. La vida tristemente no eran como los cuentos de hadas donde con un cruce de miradas, o en este caso sexo placentero para concebir, realmente ya pudieran tener un amor para siempre o una conexión inmediata, que ni Tom mismo había tenido con sus exs, por más que incluso con algunos duró unos meses.

—Sí, Tom. Siento una conexión, te mordí para que mi veneno te proteja, haciendo que tus defensas estén altas y volviéndote inmortal como yo. Puedo sentirte donde sea que estés, incluso estando lejos, y también percibir si estás en riesgo, y si bien lo hice con el fin de que gestaras saludablemente a mis cachorros, también fue con la intención de que pudieras tener una vida longeva como yo que tengo más de cientos de años. Como eres híbrido es que no tenías esa capacidad de vivir para siempre sin que tu pareja la activara. Te elegí como receptor de mis huevos, pero también deseo que seas mi compañía —farfulló Bitis.

Tom sintió su corazón latir acelerado, procesando toda la información… Aquella mordida… Era comparable con haberse convertido en vampiro, recibiendo el veneno de los colmillos de Bitis para ser inmortal… Pero también le estaba hablando de vivir para siempre juntos, básicamente como casarse y el de rastas no sabía cómo responder ante ello. Si realmente alguien le hubiera dicho que esto iba a pasarle, lo habría considerado una burla, sin embargo, ahora era su realidad. Tom se había vuelto el esposo de una serpiente humana que tenía cientos de años…

—Yo tengo veintiún años. Eso es mayoría de edad desde los dieciocho años en mi país, y si bien estuve con algunos chicos mayores que yo, lo máximo que me he llevado son quince años mayor que yo, y no lucía como tú, pensé que teníamos la misma edad —se sinceró Tom.

—Vas a lucir como estás ahora por siempre —dijo Bitis, observándole.

—El secreto de la eterna juventud… —soltó Tom para luego reír sin humor—. Jamás pensé que me casaría tan joven. Ahora estoy casado y embarazado, pero, hey, ¿al menos nacerán dentro de un matrimonio, no? —chanceó el rubio nuevamente.

Bitis lo volvía a ver inexpresivo.

—El matrimonio según lo que aprendí se dio por motivos religiosos, también por intercambios comerciales entre otros. Aunque están los que se realizan por motivos de amor. En este caso no tenemos una ley que nos ampare aquí para realizar aquella unión, pero sí, el que estemos unidos es algo perenne… A menos que realmente te canses de mí y sigas tu propio rumbo —masculló Bitis, considerando que sería algo lamentable que pasara eso, porque en serio se sentía muy unido a Tom, no obstante, sabía que luego de tener a sus crías, Tom era libre de dejarlo.

Tom suspiró. —Tal vez hubiera sido lindo tener la etapa del cortejo, ¿sabes? Salir en citas, conocernos, saber más del otro, antes de tener sexo, pensar en convivir y luego tener hijos. Pero, ¿qué digo? Todo esto no tuvo un orden natural, ni era de esperarse, básicamente pasé todo de una vez… Y sí, suena aterrador, sin embargo, sólo… Dejémoslo fluir, ¿está bien? Entiendo que vamos a ser padres, y me gusta que la idea no te desagrade, que demuestres interés. No puedo irme para siempre por nuestros bebés serpientes. Sólo… Quiero ir donde mis padres, hablar con ellos, y pasar el embarazo a tu lado después. No puedo prometerte un para siempre, Bitis. Porque en serio no te conozco, pero, sí quisiera ver a dónde nos lleva todo esto, más allá de la innegable química sexual que tenemos —acotó el de rastas.

—Entiendo —cedió Bitis, manteniéndose inexpresivo, y realmente lo hacía, así no fuera humano, comprendía que eran muchas cosas para procesar en tan poco tiempo. Bitis sabía que él mismo no tendría problema alguno en estar para siempre con Tom, protegiéndolo, y dándole su lugar como su pareja, que fuera un Dios más como él para los indígenas, no obstante, también sabía que el consentimiento no sólo aplicaba para lo sexual, sino para todo lo demás, y que así le doliera que Tom quisiera dejarlo después de tener a sus huevos, él no podría hacer nada para detenerlo.

Cuando la lluvia menguó, es que Bitis cargó a Tom en estilo nupcial, no queriendo que hiciera un desgaste fuerte a nivel físico en su estado, hasta finalmente llevarlo al pueblo que colindaba con la selva, bajándolo con cuidado y mirándole con fijeza nuevamente.

—Aquí me despido por ahora, Tom —masculló Bitis, y el de rastas sintió cómo sus ojos se aguaban por las hormonas al saber que el padre de sus hijos lo iba a dejar allí, aunque claro, era temporal, y porque precisamente Tom lo había pedido.

—¿Cómo podré pedirte que me busques? —cuestionó Tom, entendiendo que Bitis se iría a la selva profunda de regreso.

—Piénsame, pídemelo en tu mente y yo vendré por ti —soltó solemne Bitis.

Tom asintió, y jaló al más alto de la nuca, para besarlo, y Bitis correspondió al gesto, sintiendo cómo el rubio jugaba con su lengua bífida, mientras Bitis lo tomaba por la cintura, para luego separarse cuando Tom buscó respirar.

—En serio regresaré, Bitis. No me olvides —ordenó Tom, sonrojado al sentir cómo con aquel gesto se había excitado nuevamente.

—No eres un humano fácil de olvidar, Tom —respondió Bitis diciéndolo en un sentido literal, y Tom lo sabía, que no era en sí por un halago, pero no por ello era menos romántico para el de rastas.

Tom le volvió a dejar un beso corto en los labios para luego irse, mientras que Bitis volvía a la sombras de la selva.

Georg, Simone y Gordon estaban en el pueblo, armando todo para la búsqueda, cuando Tom apareció ante ellos, siendo llevado por unos pobladores que a duras penas entendieron lo que en inglés les explicó el de rastas.

Gordon se lanzó a abrazar a su hijo con fuerza, comenzando a sollozar desconsolado, sintiendo que el alma le volvía al cuerpo al ver a su único hijo vivo, sano y salvo. Después Georg hizo lo mismo, disculpándose por perderlo de vista.

Simone también abrazó a su hijo, sintiendo cómo es que éste lucía diferente, y… Había engordado levemente solamente en el vientre.

—Yo estoy bien. En serio, no tengo que ir al doctor, papá —le buscó tranquilizar Tom a su padre.

—Es que, mi amor, si bien luces bien, no sabemos si puedes tener alguna enfermedad o algo, o alguna alergia, los insectos así son peligrosos, tú no te has criado aquí, mi vida —habló Gordon, intentando hacerlo entrar en razón.

—No, yo… Estoy bien, de verdad que sí. Encontré una tribu en la selva, ellos me dieron comida, agua, y hasta la oportunidad de bañarse en el río —explicó Tom, que claro, era mentira, si bien se había bañado en el río con ayuda de Bitis, en realidad no conocía a la tribu.

—Pues tenemos que irnos de regreso a Alemania, amor. Igualmente no puedes quedarte más tiempo aquí —soltó determinada Simone.

—Yo… No puedo hacerlo, papás —comentó Tom, sintiéndose tenso por lo que iba a decir, pero tenía que hacerlo.

Sus padres lo miraron sin entender.

—Me quedaré aquí. Me ofrecieron un puesto de trabajo como profesor, y si bien aún tengo trabajo en Alemania, siento que mi vocación es servir aquí. Nunca antes había pensado que iba a tener tanto amor por una lugar desconocido, pero sí, me siento libre aquí, y así no sea lo mejor, me gusta la idea de enseñarle a niños que no tienen las mismas oportunidades —mintió Tom, estando muy nervioso en ese momento al decírselo.

—Tom, ¿pero qué acaso te mordió una serpiente y estás desvariando por su veneno? —inquirió Georg, sin entender el comportamiento de su mejor amigo, ya que si bien él había sido muy aventurero, no entendía por qué Tom quisiera quedarse a vivir allí, estableciéndose, y trabajando.

—Es que en serio, mi amor, ¿cómo se te ocurre? Tú tienes una casa, tecnología, trabajo bien remunerado, nos tienes a nosotros. ¿Por qué quieres quedarte aquí? Quizá estás con fiebre o algo, no puedes estar normal para decirnos esto —sentenció Gordon.

—No, papá, hablo muy en serio. Ya lo pensé bien, y lo haré. Tengo veintiún años, soy un adulto, y los amo. Pero… Necesito estirar mis alas y volar —masculló Tom, y su mamá lo vio con fijeza, manteniéndose en silencio.

—Pero, ¡Tom Kaulitz…! —iba a reclamar Gordon, cuando Simone le puso la mano en el hombro para callarlo.

—Entiendo tu sentir, Tom. Pero quisiera hablar contigo antes, en privado, hijo —pidió Simone, observando a su unigénito.

El de rastas se sintió ansioso por la forma en que lo miraba su madre, y asintió, yéndose a un lado con ella.

—¿Cuál es el motivo real porque te quedas, Tom? —cuestionó directa Simone.

—Yo quiero trabajar en este pueblo… —empezó a repetir su mentira el rubio.

—No, el motivo real. Viste algo en la selva, ¿verdad? —inquirió Simone.

Tom se tensó, ¿acaso su madre sabía? Es decir, sí sabía que las madres siempre tenían un sexto sentido para todo, sin embargo, luego recordó las palabras de Bitis…Cómo le había dicho que para que Tom fuera un híbrido había tenido que venir de un familiar hembra serpiente. ¿Acaso su madre sería…?

—Sí —dijo Tom, mordisqueándose el labio inferior, costándole mantener la mirada.

—Hay un mito… Que siempre se tuvo en mi familia, pensé que sólo era un chiste. Pero siempre nacimos mujeres en mi familia. Y decían que la tatarabuela Charlotte, en realidad no era humana, que podía convertirse en serpiente, y que el tatarabuelo Jörg la rescató de una secta de la selva. Nunca lo creí evidentemente, aunque sí era curioso que realmente sólo naciéramos mujeres siempre, tú fuiste el primer varón de la familia. Sin embargo, veo algo en ti, Tom. Lo noto en tus ojos, y cómo es que has engordado sólo en tu vientre, tal vez pueda ser una locura, pero algo en mí me dice que estás embarazado —soltó Simone, observando con fijeza a su hijo.

Tom miró a su madre, tragando saliva con fuerza.

—Eso es imposible, mamá. Soy varón —mintió Tom, porque sí, era varón, pero también estaba embarazado.

—Lo sé, eres hombre y no tendría sentido que lo estés en tan poco tiempo, aunque tu vientre está abultado y… Así no sea coherente, algo dentro de mí me lo dice. Que en la selva encontraste a alguno de esos seres, y que por ello estás bien y tienes la determinación de empezar otra vida lejos de nosotros. Y lo entiendo, sé que eres un adulto, y que también el que no demostraras sorpresa con lo que conté confirma mis sospechas, ¿sabes? Pero está bien, hijo. Yo te amo y siempre querré lo mejor para ti —se sinceró Simone, tomándolo por la mano, apretándosela con cariño.

Ahora que Tom se percataba, el trato frío de su mamá era una característica que compartía con Bitis, ya que su padre era quien solía ser efusivo y cariñoso, no que su madre no diera todo por él, que lo hacía, sin embargo, de todas formas era de esperarse que ella fuera de donde sacó el lado serpiente.

—Yo también te amo, mami, gracias por comprender —farfulló Tomi, dejándole un beso en la mejilla a su progenitora.

En el transcurso de los días, porque Tom se decidió quedar cinco días en la civilización, en lo que compraba algunas ropas y cosas que le serían de utilidad, y también pasaba los últimos días junto a sus padres y Georg, que finalmente los hombres habían comprendido que Tom estaba determinado a seguir su plan, por más descabellado que sonara.

Así que finalmente cuando se despidió de ellos, abrazándolos fuerte, diciéndoles que los amaba, y que buscaría la forma de mandarles cartas ya que no tenía acceso a internet, es que sus padres se fueron junto con Georg.

Tom llamó a Bitis con su pensamiento, y en una hora es que el azabache fue a su encuentro, volviéndolo a cargar en brazos para internarse en la selva, pero Tom notó que no iban en dirección a la cueva, sino a… Otro lado, donde se veían pequeñas chozas y gente.

Bitis bajó con cuidado a Tom, dándole un beso que tomó por sorpresa al de rastas, pero que finalmente le correspondió y sonrió.

—Te pensé mucho, Tom —soltó Bitis.

—Yo también te extrañé, Bitis —coincidió Tom.

—Quería que tuvieras contacto aparte del mío, por ello les hablé a los pobladores de ti, y quería presentártelos —musitó Bitis, tomándolo por la cintura en lo que se acercaba a la gente.

Una anciana de piel morena, con un taparrabos, sin nada arriba, y un penacho se acercó al de rastas, ubicando su mano sobre el vientre del rubio, ofreciéndole una sonrisa, y exclamando unas palabras que Tom no entendía, y sonrió con timidez, mirando de reojo a Bitis, quien le respondió a la mujer en el mismo dialecto.

—¿Qué dijo? —cuestionó Tom a Bitis.

—Me felicitó por tenerte, que eres tan hermoso como la Diosa de la fertilidad, con tus cabellos de oro, rostro de belleza arrobadora y que por lo mismo eres digno de llevar mi progenie —explicó Bitis.

—Oh… ¿Le puedes decir que gracias? —preguntó Tom, sintiéndose entre halagado pero extrañado por lo dicho por la mujer.

—Sí, se lo agradecí —acotó Bitis—. Y también dice que la tribu tiene muchos regalos para ti.

Tanto Bitis como Tom siguieron a la mayor, viendo cómo el resto de indígenas le daban un cálido recibimiento a Tom y Bitis, poniéndoles unos collares, y después brindándoles canastas tejidas a ambos.

Tom se sorprendió al notar que la canasta pesada, que terminó cargando Bitis, tenía oro y… Otros minerales, haciendo que el de rastas se fijara en uno en especial de un brillo color verde fuerte. También les dieron frutas, y… Animales muertos para que fueran cocinados, junto con telas tejidas y demás.

Al finalizar la noche, luego de que Tom, si bien no entendiera el idioma, tenía a Bitis como su traductor, pues… Se sintió bien de compartir con la gente en ese momento, incluso atreviéndose a bromear.

Cuando regresaron a su cueva, es que Tom estaba agotado, pero mirando aún los regalos que había recibido, especialmente esa piedra sin pulir color verde.

—¿Qué es esto? —cuestionó Tom, señalando la roca.

—Diópsido, es una gema preciosa, la tribu la relaciona con el poder de la benevolencia y amor. Tienen la creencia de que cayó del árbol de la vida, y por ende sus poderes curativos están estrechamente relacionados con todo lo que genere vida, te lo dieron porque generas vida en tu interior —explicó Bitis.

Tom se sintió emocionado por el significado de esa piedra tan bella, y sonrió ante ello.

—Pues tiene el color de tus ojos —musitó Tom, sonriéndole con afecto, para luego soltarla y besar a su híbrido, haciendo que se recostara sobre él—. Tocará llenarme de nuevo, ¿no? —ofreció el de rastas, relamiéndose los labios, con un aire coqueto, al tener al de cabello azabache entre sus piernas nuevamente.

—Sí… Debemos mantener calientes a nuestras crías —soltó Bitis contra los labios del rubio.

—Pues entonces, lléname, Bitis… —ordenó Tom con la voz apretada, para volver a besarlo, sintiendo cómo su interior se estaba lubricando nuevamente.

La vida en la selva aún era difícil de lidiar para Tom, quien extrañaba la tecnología, al menos el contacto humano, aparte de Bitis que no era un humano como tal, lo tenía con los miembros de la tribu, con quienes incluso reía, ya que su… Esposo, novio, padre de sus serpientes, no era muy capaz de reír, de vez en cuando sonreía levemente, principalmente cuando acariciaba su vientre que era más prominente conforme pasaba el tiempo.

Pero llegó el día del parto, y Tom se sintió totalmente aterrado, cuando Bitis se mantuvo a su lado en todo momento, su canal anal comenzó a lubricarse tanto como cuando se excitaba, pero no, no tenía excitación, sólo que empezó a sentir el cómo reptaba algo suyo en su interior, por lo que apretó la mano de Bitis, gritando conforme veía las serpientes blancas salir de su trasero, una tras otra… Varias mini serpientes blancas, algunas con manchas amarillas, hasta que… Finalmente salieron diez serpientes, cinco blanca por completo y cinco con manchas amarillas, y de su trasero salió un montón de lubricación junto a trozos de cáscaras de los huevos reventados.

—Dijiste que serían ocho o nueve —soltó Tom, sorprendido por las diez serpientes que se movían en su dirección.

—Pues creo que tantos años de mantenerme virgen me dio más potencia —comentó Bitis, viendo a sus hijos.

Las pequeñas serpientes se enroscaron cerca a sus padres, y… Tom se sentía sumamente extraño por todo, con Bitis asegurándole que no tenía más dentro suyo (tanto crías como cáscaras de los huevos), y limpiándolo con sumo cuidado, para luego atenderlo en lo que dormía con sus crías.

Cuando Tom despertó, vio espantado cómo Bitis les había lanzado cucarachas, ranas y ratones bebés a sus crías… Pero entendió que era lo normal, en lo que sus pequeños comían con gusto todo lo que le había traído su padre.

Luego de que Tom le pidiera que se aseara, es que también le trajo comida a Tom, cocinada por los miembros de la tribu, y ningún insecto por suerte, sintiéndose feliz de que su vientre estuviera plano como hace cinco meses atrás.

Tom acariciaba a sus serpientes, sonriendo cuando se enroscaban entre sus dedos, o le mostraban sus lengüitas bífidas, percatándose que sí, incluso si fueran serpientes pequeñas, sí demostraban sentir afecto por ambos. Incluso Tom les dejaba besos en sus cabezas pequeñas.

A los tres meses es que Tom conoció a sus bebés en su forma humana, los cinco que eran blancos por completo, resultaron ser como Bitis, no lucían como bebés de tres meses, sino más bien como un bebé de dos o tres años, tenía su piel blanca, ojos verdes y cabello negro, mientras que los que eran blancos con manchas amarillas, eran rubios, de piel tostada y ojos ámbar…

También se dio cuenta que los que eran de cabello oscuro tenían dos penes, mientras que los rubios, parecidos a Tom, tres de ellos tenían un pene y dos vagina, por lo que… Sabía que sus bebés rubios serían los pasivos (o hembras) de sus bebés de cabello azabache, ya que podían gestar.

Al tener tantos hijos, que si bien eran independientes, y más bien, Tom y Bitis tenían que explicarles como hablar entre otros, es que Tom decidió que los de cabello negro se llamarían Will, Bill, Beau, Wilhelm y Bailey, mientras que sus rubios se llamarían Thomas, Tomi, Timmy, Thomasin y Tamy. Considerándolo apropiado para lo que sería su futuro, que los activos con B como Bitis, y los pasivos con T como Tom.

Sus hijos crecían rápidamente, por lo que Tom no disfrutaba una paternidad lenta, así que al año de sus bebés, ya que cazaban solos, corrían y demás, ya lucían como niños de seis años, usando taparrabos y con cabellos largos para ese momento.

La relación que tenía Bitis con Tom, en realidad no se había vuelto afectada, disfrutaban mucho compartir tiempo juntos, siendo padres, conociéndose más, siendo un equipo y enamorándose, incluso aunque Bitis no fuera el más expresivo del mundo, se notaba que lo amaba, y el sentirse amado era algo que Tom valoraba muchísimo, por lo que decidió no irse. Incluso hablando con Bitis sobre la posibilidad de sí buscar trabajo como profesor en el pueblo, ya que pedían que uno supiera lo básico para enseñar, incluso si no fuera maestro de inglés, que era para lo que había estudiado, y Bitis estuvo de acuerdo, que él iría a dejarlo al pueblo, pero también lo recogería para que regresara con él y sus bebés.

Tom se sentía muy en paz con ello, ya que incluso con el oro y piedras preciosas, podía comprar cosas en la civilización, y mandarle cartas a sus padres, recibiendo de regreso sus mensajes. A veces se moría por decirle que eran abuelos, que amaba a sus hijos, y que era feliz, pero se limitaba a decirles que era muy feliz, y que los amaba mucho.

Simone leía entre líneas, a sabiendas de que su hijo en verdad era feliz, seguro habiendo encontrado a su pareja serpiente en la selva, incluso con Gordon llorando al leer las cartas, pensando que lo extrañaba mucho a su pequeño.

Tom incluso supo más de Bitis… Cuando vio cómo unos híbridos en forma de caimanes quisieron atacarlos, pero Bitis se transformó en una boa enorme blanca que se los comió a todos, quedando bañado en la sangre de sus enemigos. Y Tom… Sabiéndose tan protegido por su hombre, es que se lanzó ante él, sintiendo cómo Bitis lo enrollaba con su cuerpo, y haciéndolo suyo incluso en aquella presentación…

La vida era rara sí, pero era buena para Tom en aquel lugar donde jamás pensó llegar.