💢Jungkook🔥4||Kookmin||

Summary

Si alguien espera leer una historia de amor épica con canciones románticas y poemas cursis, por favor, que busque otro libro. Esta es mi historia, sí, mía, y no del imbécil de Jungkook. Admitámoslo, nadie quiere saber nada sobre un hombre bueno y sincero que busca hacer lo correcto, de los que renuncian a tener a la pareja de sus sueños por miedo a ser rechazado. A vosotros os gustan los tipos como yo: atrevidos, malotes, sinvergüenzas, verdaderos monstruos de pesadilla que quemarían el mundo entero para quedarse con la persona, incluso en contra de su voluntad. ¿Sabéis qué es lo que ocurre cuando el tipo bueno deja que su Monstruo interior lo domine? Yo os lo explico... No solo consigues a la persona, todas las jodidas personas se postran a sus pies. El mundo se convierte en su puto patio de juegos. ¿No me creéis? Puedo demostrarlo. Firmado: Monstruo. Adaptación Saga Clan Z: Oscar 4 Autora Jess GR Todos los créditos a la autora original No copias ni adaptaciones Que la disfruten 😌💜

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRÓLOGO

Pov Jungkook.


Acabo de meter la última prenda de ropa en la maleta cuando la puerta de mi habitación se abre de golpe.


Giro la cabeza, apenas un segundo, antes de regresar a mi tarea.


—¿Cómo estás? —pregunto sin mirarlo, aunque lo escucho acercarse.


—Sobreviviré. Empiezo a acostumbrarme a que me rompan la nariz cada poco tiempo —su voz suena nasal, y al echar un nuevo vistazo en su dirección me doy cuenta del gran apósito que cubre parte de su rostro.


—Tal vez deberías pensar dos veces antes de amenazar a un niño frente a su madre —farfullo, y termino de cerrar la maleta.


—Entonces es cierto… —escucho a Jimin suspirar, y tras bajar la maleta al suelo, tomo una respiración profunda y me atrevo a mirarlo—. Te vas. —Asiento con la cabeza, aunque sé que no era una pregunta.


Su cabello oscuro y corto le cae sobre un ojo y se lo aparta con un golpe de cabeza.


Hace una mueca con los labios, seguramente por el movimiento brusco, y resopla con fuerza.


—Tengo que ayudar a Angy. Ella y Alex se quedaron en la finca para salvarnos el culo. Se lo debemos.


—Yo no le debo una mierda —sisea entre dientes, y sus ojos azules se clavan en los míos—. Tú tampoco. Ella misma se ha buscado esto. No se jode con los Jeon.


—¿Te escuchas cuando hablas? —inquiero, frunciendo el ceño—. Es Angy. Hemos crecido con ella, siempre estuvo ahí cuando la necesitamos, como una hermana mayor. Esos hijos de puta la drogaron y violaron.


—¿Y qué? ¡Yo no tengo la culpa, joder!


Pongo los ojos en blanco y sacudo la cabeza de un lado a otro, dándolo por imposible.


Intentar que Jimin se ponga en los zapatos de otra persona es una pérdida de tiempo.


La empatía no es lo suyo.


Sé que no lo hace a propósito.


Solo es un mecanismo de defensa.


La vida ha sido tan perra con él que lo que menos le importa es entender los problemas de los demás.


Tiene bastante con los suyos.


—Bueno, pues yo sí me siento responsable. Tengo una deuda con ella y pienso saldarla.


—¿Cuándo volverás? —Me encojo de hombros y aparto la mirada—. ¡Mierda! No vas a regresar, ¿verdad?


—No en un espacio corto de tiempo. Angy necesitará que alguien la apoye mientras se hace cargo de todo en la finca, y cuando Alex se recupere irá a por ella. —Suspiro—. Eso puede acabar muy mal.


—¡¿Y a ti qué te importa?! Es problema de ellos. Ya sabes cómo son. Se pasan la vida peleando, pero siempre vuelven a estar juntos. No creo que quieras estar en medio de esos dos cuando empiece la nueva batalla.


—Aquí tampoco —suelto sin pensar.


—¿Ocurre algo más, Jungkook? —Antes de que pueda negar, noto las manos de Jimin sobre mi rostro. Reúno todo mi autocontrol y me aferro al asa de la maleta con fuerza—. Mírame —susurra, y no me queda más remedio que hacerlo. ¿Por qué? Pues porque cuando este chico me toca me convierto en su jodido esclavo, en un perro amaestrado que vive y respira solo por un roce de su piel contra la mía—. ¿Qué está pasando? ¿Han vuelto las voces?


Trago saliva con fuerza y sacudo la cabeza de un lado a otro.


Las voces nunca andan lejos, intento silenciarlas, pero siempre están ahí, queriendo hacerse oír, aunque eso no tiene por qué saberlo nadie.


—Tengo que irme —repito sin aliento.


Sus manos caen de mi rostro y frunce el ceño, contrariado.


—¿Vas a abandonarme por ella? Te gusta, ¿es eso?


Pestañeo un par de veces por su tono acusatorio.


—No sé de qué mierda me hablas, Jimin.


—No te hagas el idiota conmigo. Siempre la defiendes. Durante años, cada vez que cualquiera nombra a Angy, tú sales en su defensa como un maldito guardaespaldas.


Tomo una respiración profunda y lo observo en silencio durante unos segundos.


Está celoso.


Deja de hacer el maldito imbécil y fóllatelo.


Lánzalo sobre la cama, rasga su ropa y…


Me las arreglo para silenciar al monstruo que vive en mí y retrocedo un par de pasos.


—Es lo mejor —atino a decir con la mandíbula tensa.


—¿Para quién? Alex irá a por ti si sabe que deseas a su mujer.


—¿Quién ha dicho que lo hago? Estás haciendo suposiciones estúpidas.


—¡Entonces dime la puta verdad! ¿Por qué huyes? ¿Estás enfadado conmigo? Es por haber amenazado al crío de Angy, ¿verdad? ¡Le pediré perdón, maldita sea!


—¡¿A ti qué mierda te importa a dónde vaya y con quién?! —grito, perdiendo los papeles—. Yo no te pido explicaciones de lo que haces ni siquiera cuando te follas a un traidor.


—Entonces, ¿es por eso? —Esboza su típica sonrisa de malicioso y niega con la cabeza—. No sabía que Rai era un traidor.


—Pero sí que era un imbécil y, aun así, te metiste en su cama. —No sé si es mi tono de voz o la forma en la que mi cuerpo tiembla lo que me delata.


Jimin estrecha su mirada sobre mí con desconfianza, o tal vez es solo curiosidad.


—Nunca antes me has juzgado por que me acueste con quien me dé la gana. Somos amigos, ¿recuerdas?


¿Amigos?


¡Dios santo!


Rájalo de arriba abajo y fóllate su cadáver.


Solo así lo entenderá.


Vuelvo a retroceder, negando con la cabeza.


—No te juzgo, pero estoy harto de que cualquiera pueda tenerte. ¿Qué te dan ellos que yo no? —Los ojos de Jimin se abren hasta el nacimiento del pelo. Aparto la mirada y niego con la cabeza—. Da igual. Olvida lo que he dicho. Debo irme.


Intento pasar por su lado arrastrando mi maleta, pero noto su mano sobre mi brazo, tirando de mí para que me gire en su dirección.


—No lo hagas, Jungkook. —Inspiro hondo por la nariz y espero a que me rodee y se quede frente a mí, muy cerca, demasiado para mi propio bien.


Sus manos van a parar a mi pecho.


Puedo notar la calidez de su piel a través de la tela fina de mi camiseta.


Después se deslizan hacia abajo con lentitud.


Contengo el aliento cuando llegan a la parte baja de mi abdomen y rozan la cinturilla de mi pantalón.


Mi corazón late muy rápido.


Clavo mi mirada en su boca de labios gruesos y apetecibles.


Llevo soñando con este momento desde que era un jodido crío.


—Quiero besarte —susurro con un hilo de voz.


Mi mirada regresa a la suya y contengo un gemido cuando noto como una de sus manos acaricia mi erección.


Jimin asiente.


—Si esto es lo que tengo que hacer para que te quedes… —Sus palabras me dejan paralizado.


Me aparto de forma brusca y moviendo la cabeza de un lado a otro.


¡Mata al perro, joder!


Es un maldito egoísta.


Solo piensa en sí mismo.


Jamás lo tendrás.


Ignoro su voz y también la sombra que puedo ver por el rabillo del ojo.


Ahora mismo no puedo lidiar con él, no mientras la poca esperanza que aún albergaba de algún día tener a Jimin se desvanece frente a mis ojos.


—¡No has entendido una mierda! —siseo furioso.


—No me importa, Jungkook. Si lo que quieres es follarme, me da igual, ¿vale? Lo aceptaré, pero no me dejes. Te necesito a mi lado.


Exhalo una enorme bocanada y contengo las lágrimas que amenazan con ahogarme desde adentro.


Esta vez soy yo el que sujeta su rostro con las manos y busco su mirada.


—Ese es el motivo por el que debo irme. Tú me necesitas y yo… —Respiro hondo y cabeceo de nuevo, dejando que una lágrima solitaria descienda por mi mejilla—. Yo te amo más de lo que nadie nunca entenderá. —Sus ojos se abren mucho con sorpresa, y aprovecho para depositar un beso fugaz en su frente—. Adiós, Jimin.


Antes de que pueda reaccionar, paso por su lado y me marcho de la habitación sin mirar atrás.