Kegare No Yuusha

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Summary

amazuki Reiji, un joven que perdió a sus padres a una edad muy temprana, halló en su hermana la única razón para seguir adelante a pesar de una vida llena de sufrimiento. Sin embargo, su vida terminó abruptamente en un trágico accidente de tráfico. Reiji renació como Hyuran Levasdier, un joven elfo en el mágico mundo de Dragonia. Ahora, enfrentado a una nueva existencia, Hyuran busca entender el propósito de su reencarnación en este extraño y deslumbrante mundo. A medida que explora Dragonia y se enfrenta a sus desafíos, debe descubrir el significado de su nueva vida y el propósito que le llevó a renacer en este lugar tan diferente.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1





Mi padre, un alcohólico que siempre se desquitaba con mi madre, trabajaba en un taller de autos y ganaba tan poco que le importaba un carajo si comíamos o no.

—¡Maldito mocoso...! ¿Qué miras? —gruñó.

Sus pasos, cada vez más cerca, sonaban como una sentencia inminente. Sin pensarlo, me interpuse entre él y mi madre. Estaba dispuesto a todo con tal de protegerla... incluso si eso significaba enfrentar a mi propio padre.

Hey, Rei-chan... ¿quieres subir a esa montaña rusa? ¡Se ve superdivertida!

Esa voz... La misma que alguna vez me habló con cariño. Esos ojos que me hicieron sentir seguro, amado, protegido...

Ahora me miraban como si fuera un estorbo. Un enemigo. Una molestia.

—¡¡Quítate!!

Su brazo me empujó con una fuerza brutal, como si no fuera más que un estorbo. Mi cuerpo voló hasta chocar contra la vieja pared de madera. Sentí cómo el mundo giraba por un instante, pero me obligué a ponerme de pie. Él seguía acercándose a mi madre... No, no puedo permitirlo. ¡Debo protegerla... aunque me cueste la vida!

—Tsk... ¡Eres una molestia!

Volví a interponerme entre él y mi madre. El corazón me latía con fuerza, la respiración se me cortaba, y todo mi cuerpo temblaba. Tenía miedo... un miedo paralizante. Pero aun así, sabía que el miedo de mi madre era aún mayor que el mío.

—¡Agh!

Otro golpe. Esta vez el impacto me arrojó de nuevo contra la pared. Sentí el sabor metálico de la sangre llenarme la boca, el ardor en el labio partido... Maldición. ¡Se está acercando...! ¡Tengo que detenerlo! ¡Tengo que... protegerla!

Viendo que aquel hombre volvía a acercarse a mi madre, aproveché el momento para luchar por levantarme y rogarle que no le hiciera nada a ella.

—¡Cariño, por favor... por favor, detente!

Mi madre, tambaleante, se puso de pie. Tenía un ojo morado, la piel llena de raspaduras y la voz quebrada por el miedo. Aun así, se interpuso entre él y yo.

Mi cabeza seguía dándome vueltas, el mundo se tornaba borroso, como si todo se estuviera desvaneciendo. Lo último que escuché fue un bufido violento... y luego, la oscuridad me envolvió.

Cuando volví en mí, sentí unas gotas cálidas caer sobre mi frente. Lágrimas. Las lágrimas de mi madre.

Su llanto era suave, pero cada sollozo pesaba como una piedra en mi pecho. Quería hablar, decirle que no era su culpa... pero mi cuerpo no respondía.

—Rei-chan... lo siento... lo siento tanto... si tan solo... si tan solo le hubiera hecho caso a tu hermana... Perdóname...

Viéndola desconsolada, no tuve más remedio que limpiar sus lágrimas y abrazarla, tratando de aliviar un poco su sufrimiento.

-Mamá, tú no tienes la culpa. Así que no llores... por favor.

Como el hermano menor y el único que vivía con ella, protegerla era algo obvio para mí.

Aun así, el tormento no terminó para nuestra familia.

Lamenté tanto no haber protegido a mi madre... lamenté no haber podido ser su escudo...

Me entere que mi padre era un gran vendedor de autos, pero la compañia donde trabajaba cayo en banca rota, y el que ahora era desempleado se la pasaba bebiendo dia y noche, golpeandonos tanto a mi y mi madre, todo bajo sus propias manos...

Un dia mientras regresaba de la escuela, la policia habia rodeado la entrada de mi casa, las personas curiosas mirando lo que parecia ser algo grave, apresure mis pasos y apenas di un paso dentro, la escena era devastadora, el cuerpo sin vida de mis padres yacian el suelo...

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Me entere poco despues que mi padre se suicido luego de estrangular a mi madre, sufria de ataques de ira y aprovecho el dia en que yo y mi hermana no estabamos.

Mi vida, como tal, se acabó aquel día.

Jamás volví a ser ese niño risueño que aún vive en algunos de mis recuerdos.

No lo recuerdo con claridad, pero tras la tragedia, mi familia —incapaz de decidir quién se haría cargo de mí— me hizo pasar de casa en casa durante casi dos años. Fue una época confusa, de rostros cambiantes, de camas ajenas y silencios incómodos.

Hasta que mi hermana mayor, Sana, regresó del extranjero. Estaba destrozada, aunque intentaba ocultarlo... tal vez para no preocuparme.

Habían pasado tres años desde aquel día.

Fui adoptado oficialmente por Sana, que por entonces había vuelto al país. Vivíamos en un pequeño apartamento, solo los dos.

Ella me quería... lo sé. Pero su trabajo la mantenía lejos la mayoría de las noches. Aun así, siempre me esforzaba por dejarle la cena lista.

Mi hermana se sentía culpable por no poder estar más tiempo conmigo, y aunque no decía nada, sus ojos lo confesaban todo.

Al final, solo nos teníamos el uno al otro.

Al principio, la convivencia fue algo incómoda.

No nos habíamos visto desde que yo era un niño, y aunque intentábamos tratarnos con cariño, algo invisible nos separaba.

Luego entendí por qué le costaba tanto acercarse a mí.

Una noche, me desperté por sed. Al pasar junto a su habitación, que estaba justo frente a la mía, escuché algo que me hizo detenerme.

Eran sollozos, apagados, como si alguien intentara ahogar el llanto en la oscuridad.

Me acerqué. La puerta estaba entreabierta.

Ahí la vi.

Sana tenía la almohada contra el rostro, apretándola con fuerza. Sus hombros temblaban. La tela ya estaba empapada por sus lágrimas.

—Todo es mi culpa... todo... —sollozaba, en un susurro quebrado—. Si tan solo no me hubiera ido... Ahhh... ¡mamá! ¡Reiji...!

No supe qué hacer.

Me quedé allí, en silencio, con un nudo en la garganta.

Desde entonces... entendí que, aunque intentara mostrarse fuerte, mi hermana también estaba rota.

Y asi el tiempo transcurrio con normalidad, con el tiempo mi hermana y yo nos acercamos mas y mas, estaba feliz por ello... pero aun tenia un enorme vacio en mi pecho imposible de llenar, o eso pense...

5 Años pasaron, logre terminar los examenes de ingreso a la preparatoria sin pena ni gloria y en primeravera fui a mi primer dia de clases.

Ahora soy un estudiante de preparatoria, tengo 17 años. Al principio, todo fue bien; mis compañeros me recibieron amablemente. Pero luego, después del segundo mes, empecé a sufrir abusos de mis compañeros. Si me negaba a hacer lo que me pedían, me golpeaban cada vez que podían.

—Oye, ¿has oído eso? Los rumores sobre Kamazuki.

—¿Te refieres a Kamazuki Reiji? Ese tipo es lamentable, no puedo creer que tenga tanto miedo que se encierra en los baños a la hora del almuerzo... qué asco.

—Igual él también es una mierdita. ¿Quién querría comer junto a ese fracasado?

Las risas y burlas de algunos estudiantes eran el tema de discusión diariamente.

Este era mi día a día en la escuela: hablado por muchos, querido por nadie. Los profesores hacían la vista gorda cada vez que me veían. Decían cosas como “aguántate, ya eres un hombre”. Así que eso hice, me aguanté.

Mi apariencia y forma de vestir influían mucho. Siempre me sentaba en el último asiento y mi cabello tapaba mis ojos. Quizás por eso se ensañaron conmigo.

Cansado de ser continuamente ridiculizado, trataba de ser lo más discreto posible, alejándome de los lugares concurridos y escondiéndome para evitar el abuso continuo. Aun así, era obligatorio asistir a clases, lo cual solo hinchaba más mi frustración y depresión.

Las clases habían terminado, por lo que rápidamente me fui del salón hacia mi hogar.

Al llegar a la salida de la escuela, me encontré con los mismos tipos que solían arruinarme la vida cada vez que podían.

El primero era un ikemen con el cabello teñido de rubio y una sonrisa burlona. Se acercaba seguido de dos chicos más que parecían ser sus lacayos.

—Oye, oye Kamazuki... No te vi en el almuerzo. ¿No me digas que te estabas escondiendo de mí? -dijo, parándose frente a mí, intentando intimidarme.

—¿Acaso no te dije que debías comprarme un pan yakisoba? ¿Qué mierda te pasa, eh?

Sin darme cuenta, fui rodeado por sus lacayos, que esbozaban una asquerosa sonrisa que hacía que mis tripas se contrajeran.

—¿Y-Yo... por qué tendría que hacerlo...? -respondí, temblando.

La expresión del ikemen se contrajo, no esperaba una respuesta tan desafiante.

v¿Ahh?! ¡¿Qué quieres decir, pedazo de mierda?! -gritó, dándoles la señal a sus lacayos para comenzar a golpearme.

Sabía muy bien lo que sucedería, así que me rendí sin mucho esfuerzo. No podía hacer absolutamente nada ante ellos.

Naturalmente, en una situación de desventaja de 3 contra 1, el resultado era claro.

Fui golpeado durante unos minutos hasta que mi cuerpo no pudo más, con mi ropa hecha un desastre. Finalmente, me arrastraron a un callejón.

No tuve tiempo siquiera de desmayarme, el dolor en mis articulaciones me mantenía despierto, aumentando mi sufrimiento y frustración.

—...Haha... ¿acaso esto... es mi castigo por ser débil? ... patético.

Solo podía reírme de mí mismo mientras respiraba con dificultad, mirando el cielo que se oscurecía lentamente.

Después de unos momentos, reuní fuerzas para revisar la hora en mi reloj.

—... No quiero ir a casa... Nee-san se preocupará... no me queda de otra...

Me levanté después del tercer intento con dificultad. Sacudí el polvo y la suciedad de mi ropa y comencé a caminar hacia casa.

Las calles estaban iluminadas por los autos que pasaban y los semáforos en cada esquina.

Caminaba adolorido por las heladas calles de Tokio lentamente.

—Mmm...?

Parecía que los golpes de antes me habían dejado secuelas, ya que mi visión se volvió borrosa y un dolor de cabeza me dificultaba caminar.

Al cruzar la autopista, el dolor de cabeza se intensificó y pasé la calle sin fijarme en los autos que venían.

De repente...

—Eh?

El claxon de un auto fue lo último que escuché antes de perder la conciencia.

Por un segundo, un vacío que no había experimentado invadió todo mi cuerpo. Luego noté que ya estaba en el suelo.

—¡Kyaaaaaaaaa!

—¿Qué demonios pasó?

—No lo sé. Parece que un chico fue atropellado.

—¡Alguien llame una ambulancia!

Gritos venían de todas direcciones mientras la gente se acercaba al lugar.

—¿Eh? ¿Qué... ahg! Haha ¿qué es esto? ¡Me duele! ¡Me duele! ¡¿Qué diablos?!

Quedé aturdido, sin saber lo que había pasado. Luego sentí un dolor desgarrador en todo mi cuerpo. Mis extremidades estaban dobladas en direcciones extrañas... La sangre poco a poco dejaba mi cuerpo. Empecé a sentir frío y... morí.

—Pobre humano, sufrir de tal manera...

Sentí que me encontraba en un lugar oscuro donde se me dificultaba ver. Aunque era extraño, aparte de la oscuridad, si me concentraba bien, podía vislumbrar nubes a mi alrededor.

—¿Eh? ¿Dónde estoy? ¿Qué es esto...?

Estaba confundido. El dolor desgarrador y agobiante había desaparecido, y sentía que mi cuerpo era muy ligero.

Además, hace unos momentos escuché una voz, pero por la densa oscuridad y niebla no podía encontrar ninguna figura.

—Oh, despertaste, chico. Me estaba preguntando cuándo lo harías. Ya me estaba aburriendo.

De repente, de la niebla, apareció una luz que poco a poco tomó la forma de una persona. Sorprendido por la repentina luz, cerré los ojos.

Cuando los volví a abrir, quedé cautivado por la persona que se encontraba frente a mí.

A simple vista, parecía una niña con dos coletas y vestida con un atuendo similar al de una idol. ¿Por qué demonios está vestida así? Aunque no hallaba las respuestas que quería, intenté mantener la calma y pregunté:

—¿Qué lugar es este? ¿Dónde estoy? Hace poco fui atropellado por un auto... ¿Qué sucedió? ¿Fue una especie de sueño?

La niña puso un dedo en su mentón y tomó unos segundos para pensar.

—Aunque eso pasó... -respondió, mirando al vacío.

—¿Eh?

—No te preocupes, ya te lo explicaré -dijo la niña, sonriendo coquetamente. De repente apareció detrás de mí y comenzó a explicar-. Reiji-kun, seré directa contigo: tú ya no perteneces al mundo de los vivos. En resumen, estás muerto.

—¿Estoy muerto? pero... y mi hermana? que... que sera de ella?

Ella parece pensar un poco, sosteniendo su menton y luego me apunta con el dedo indice.

—Ella esta bien, mas importante tu, es una casualidad de que mueras justo cuando necesito un alma...

Intente decir algo mas, preguntar, enserio estoy muerto? donde esta mi madre? de verdad... solo sucedio y ya?...

—Necesito tu ayuda, Reiji Kamazuki. Quiero que reencarnes en el mundo de Dragonia. Dicho mundo será destruido si no se elimina a un ser especial...

Aunque me lo explicó claramente, sentía que evitaba contarme algo más. Sonreí indefenso, ya que no tenía más opción. Era como un cliché.

—¿Dijiste algo? -preguntó, levantando una ceja.

—No, nada.

Después de entender la situación, respiré hondo y apreté mis manos, emocionado.

—Si estoy muerto... significa que puedo reencarnar? quizas... si reencarno encuentre a mi hermana... estoy de acuerdo con eso.

La diosa, que esperaba una reacción más sorprendida, se quedó boquiabierta al ver que ya me había resignado a mi destino.

—Usualmente lloran.

—¿Ah?

—Nada. Eres un humano interesante, ¿sabes? Esperaba otra reacción, pero me conformo con esa. Bueno, me presentaré. Yo soy la diosa Shiasa, es un gusto conocerte, Edo-kun. Como ya mencioné, tú llegaste aquí porque el mundo de Dragonia necesita ayuda. Hay una secta que no me agrada. Por eso, te ofreceré dos opciones para que sea fácil cumplir tu tarea.

Continuaba mirando atentamente a la diosa Shiasa mientras explicaba. Ella se movía de aquí para allá en este extraño espacio.

—Así que debes elegir entre estas dos opciones: mantener los recuerdos de tu vida anterior o... -dijo, haciendo una pausa dramática.

—¿O qué? -pregunté, intrigado.

—Tener la habilidad “Inherente” -terminó, con una mirada coqueta.

Me quedé en silencio por un momento, pensando en las opciones. Mantener mis recuerdos significaría llevar conmigo todo el dolor y el sufrimiento de mi vida anterior. Sin embargo, también significaría no olvidar a mi madre y a mi hermana. Por otro lado, tener una habilidad inherente podría ser útil en el nuevo mundo, pero no sabía en qué consistía.

—¿Qué implica tener una habilidad inherente? -pregunté finalmente.

—La habilidad “Inherente” te otorgará un poder especial adaptado a tus necesidades y potencial en el mundo de Dragonia. Será como un don único que te ayudará en tu misión. Sin embargo, no podré decirte cuál será hasta que reencarnes -respondió Shiasa.

Reflexioné sobre las opciones. Quería dejar atrás mi vida llena de sufrimiento, pero también quería aferrarme a los recuerdos de mi madre y mi hermana. Finalmente, tomé una decisión.

—Elijo mantener mis recuerdos -dije con firmeza.

Shiasa asintió, sonriendo.

—Muy bien, Reiji-kun. Mantendrás tus recuerdos. Ahora, prepárate para tu nueva vida en Dragonia. Recuerda, aunque tu pasado fue doloroso, este nuevo comienzo te brinda la oportunidad de ser fuerte y proteger a aquellos que amas. Confío en que harás lo correcto.

Solo pude tragar y asentir, aunque había aceptado que estaba muerto realmente se me hacía difícil el creer que voy a reencarnar...

—Tomate tu tiempo Reiji-kun... Estaré esperando-