UNO

Te lo quitaré a la fuerza
—Quiero que me traigas el maletín del contador —La mujer ampliando su mano con una imagen digital que mostraba el perfil de un chico de unos 20 – 25 años.
No sabía que responder.
—¿Disculpe?
—Si lo haces, podrías considerar un aumento en tu salario. Si no lo haces. —Miró ella misma el teléfono y luego lo guardó cruzándose de brazos —te despediré.
Mierda. Ahora sí que estaba en problemas.
Recorría el pasillo cuestionándome las acciones tan fuera de lugar. Para empezar, ni siquiera era tan cercano con Ava, ¿cómo se supone que iba a llevarle su maletín a la jefa? Es más, dejándolo de lado ¿eso no era algo como... COMO ROBO? Sabía que la gente caprichosa podía llegar a ser excéntrica, pero ya a estos niveles era demasiado. Miré mi reloj saliendo del enorme edificio en donde trabajaba:
“23:00 horas”
No era común que estuviera en el trabajo hasta tan noche, pero hoy, fue un día de mucho papeleo. Mis actividades laborales como el asistente de contador eran muy volátiles; Todo dependía de Ava, el contador oficial. La hermosa luna llena iluminaba parte de los tejados con su suave luz azul. Mientras en contraste por el lado de la cera eran acogidos por el color cálido de las lámparas. El silencio y la ausencia de cualquier señal de vida me hizo querer llegar al departamento cuanto antes. Con esa idea me encaminé hasta el estacionamiento de la empresa.
—Ayer te lo dije, tienes hasta mañana antes de las 3:00 pm
«¡¿Por qué mierda hasta las 3:00 pm específicamente?!»
Me límite a asentir con la cabeza. Nunca he puesto resistencia ante ella, en un chasquido de dedos estaría despedido.
—Continúa con tu trabajo —me indicó.
Como lo ordenó, salí de su oficina y caminé por los pasillos rumbo a mi área. Todas las mañanas antes de comenzar con mi jornada pasaba con la jefa a reportar sobre las finanzas de la empresa ¡Se supone que esto lo tiene que hacer Ava! Pero como es un inútil...
Abrí la puerta de mi cubículo y me desplomé en mi sillita de ruedas, muy cómoda debería decir.
—¡Emil! —Mi compañero de al lado entró azotando la puerta —Emil... Vine hace rato y no estabas ¿a dónde fuiste?
—Acabo de llegar. —dije —qué pasó?
El me miró, seguramente molesto. Ellos entraron un poco más temprano que yo.
—Como me gustaría estar en tu puesto... —Soltó una ráfaga de aire de sus pulmones —Así podría despertarme más tarde.
Temblé al escucharlo decir eso.
—Créeme que no quieres amigo.
—¿Por qué no? ¡Te ves tan genial cuando vas caminando junto con el contador! ¡Se ven súper serios!
Una imagen mental atravesó mi cabeza. Uf no, que desagradable. Ava y yo juntos en la misma oración me provocaban ganas de vomitar.
—Venías a decirme algo, ¿no? —le preguntó irritado intentando cambiar con desespero de tema.
—¡Ah sí! Aldrich me dijo que te llamaría. —Su traje gris claro característicamente formal como todos lucíamos aquí se arrugó a la par de su mano con un ademán.
—Ava? Pero si ya le mandé lo que me pidió anoche.
Parecía que incluso hablando de otros temas Ava se metía. Ava esto, Ava aquello. Me tenía hasta los pantalones de encontrármelo incluso en la sopa.
—¡Increíble! ¡incluso lo llamas por su nombre!
—Eso no significa nada —contesté molesto.
—Como digas. —Se recargó de brazos cruzados en el borde de la puerta —, será mejor que lo vayas a ver —dijo —. Ya sabes que de repente le dan ataques de locura y quiere despedir a todos.
Acababa de regresar de con la jefa y ya me buscaban en otro lado ¡dios mío! Si esto seguía así hoy no podría trabajar nada. Recordatorio mental: La próxima vez que me piden hacer algún crimen presente mi renuncia en este momento. ¡No estoy dispuesto a volver a hacer esto jamás!
Mi compañero salió de ahí dejándome solo. Ahora que lo pensaba, esto sería menos complicado. Ser asistente administrativo de contador me dio una pequeña ventaja. Seguramente podría entrar a la oficina de Ava en una de esas veces que me llamara... Justo como ahora. Atravesé unos cuantos pasillos hasta poder llegar a un cuarto con un letrero grabado en una placa dorada. “Contador”. Siempre se me saltaba una vena con leerlo. ¡Maldición! ¡Se supone que yo debería estar ahí! ¡Ava, te destruiré en cuanto tome tu maletín!
Alcé mi mano para golpear suavemente tres veces contra la puerta.
—Adelante. —Se escuchó del otro lado un tanto distorsionado por la distancia.
Giré el pomo con mi mano derecha sosteniendo con algo de temor la tableta que sujetaba con mi otra mano. En cuanto puse un pie adentro el levantó perezosamente la mirada. Sus ojos azul profundo golpearon directamente contra los míos y un escalofrío me recorrió desde la columna vertebral hasta cada una de mis hebras. Ava me ponía muy nerviosa.
—Ah eres tú. —Me miró de arriba abajo —¿Qué quieres?
«¿Cómo que qué quiero? ¡tú me llamas!»
—Daniel me dijo que me buscabas —Reprimí mis deseos internos de gritarle.
—Lo hice? —Su rostro se volvió pensativo —¡Ah! Ya recuerdo, que tonto, lo siento. —Soltó una de sus típicas risas aparentemente carismáticas, a mis oídos eso sonaba como algo sacado directamente del infierno. Se puso de pie y rodeó su mesa caminando en dirección a la puerta.
—Espera un momento. —dijo antes de salir.
En cuanto sonó aquel “clic” de la puerta cerrándose quedó todo en silencio.
«¡Este es el momento! ¡¡¡ESTE ES EL MOMENTO!!! ¡NO, NO, ¡NO! ¡LA ESTRATEGIA! ¡PRIMERO LA ESTRATEGIAA!»
Me levanté girando mi cabeza en todas direcciones posibles en busca de mi boleto hacia el ascenso.
«¡NEGRO Y DE CUERO! ¡NEGRO Y DE CUERO! ¡¡NEGRO Y DE AAAHG!!»
Buscaba con urgencia revisando entre la estantería de libros, debajo de su estúpido sillón, en cada uno de los muebles de madera y seguía sin encontrar absolutamente nada. ¿Por qué lo escondía tanto? ¡Solo era un simple maletín!
Cansado me recargué en el mueble que casi mordía del enojo; cuando lo vi. Un pedazo de cuero muy oscuro, cortado de forma cuadrada y de tamaño no muy grande, aunque tampoco muy pequeño se recargaba tranquilamente justo debajo de la mesa de Ava.
Reí para mí mismo mientras iba en camino a tomarlo.
—Me costó encontrarte, ¿lo sabías? —le dije al maletín como si pudiera entenderme.
«Ahora solo lo tomaré, lo llevaré con la jefa, me ascenderán de puesto y...» —El sonido de la puerta abriendo interrumpió mi monólogo mental.
—Ah sí, como mar. —Él no me miró cuando dijo eso. Su cabeza girada hacia atrás me hacía pensar que venía de hablar con alguien —Emil...?
«No puede ser.»
—Qué haces... —Sus ojos me sometían a una inspección visual —agachado...?
—¡AH! —Di un brinco atrás —¡es que...! —Juraría haber sentido una gota se sudor caer por mi cara —¡Es que......... ESTABA BUSCANDO HUMM! —Me giré tratando de localizar algo con que completar mi frase—ESTABA BUSCANDO ESTA MONEDA! —Reí tratando de sonar natural.
Le enseñé la moneda que por gracia divina encontré en ese momento. Su cabello cenizo se mueve suavemente al caminar hacia mí.
—¿En serio cree que me voy a tragar esa mentira?
Sus zapatos vagamente lustrados hacían un sonido particular que empezaba a taladrarme la mente. Cuando estuvo cerca se agachó hasta la altura de mi cara.
— ¿Qué intentabas hacer? —Su mirada seria me removía los intestinos.
Mi boca se limitó a mirarlo estático. Jamás antes lo habría admitido pero el maldito era muy atractivo. Se creía mucho con esa cara tan bien moldeada; con sus pestañas hermosamente largas y con esos ojos que parecían ver hasta lo más profundo de mí.
—Así que. —Acercó su cara excesivamente a la mía —, ¿no vas a responder?
—E-es verdad —enderecé mi cuerpo apoyándome contra el frío suelo—no intentaba hacer nada extraño.
Enchinó sus ojos.
—Está bien. —Se alejó—. Solamente porque hoy amanecí de buenas haré como que te creo. —Colocó una de sus manos en su rodilla para usarla de apoyo y levantarse.
Sentí abruptamente cómo era alzado del suelo por debajo de mis brazos.
—Una cosa más. —Me extendiendo el portapapeles que traía encima —Te llamé para que terminaras este informe. Es muy importante —sentencia.
Agarré la serie de papeles despacio.
—¡¡¡ESE ESTÚPIDO AVA!!! —me quejaba con mi hermana —¡¡se cree mucho por ser el contador...!! Y... ¡Por ganar mucho dinero...! y... ¡¡¡Por ser guapo!!!
Ella respondió.
—Ya cállate. —Deslizó el dedo en su celular y se recostó aún más en el sillón —. Llevas horas hablando de eso.
—¡¿TÚ TAMBIÉN?!
—Supéralo. No significa nada para él, aunque te duela.
—¡¿Qué estás diciendo?! —ladré como perro rabioso.
—Son las 12 de la noche. —Se enderezó mirándome a los ojos—, gritas cómo psicótico y ya me quiero dormir.
—¡PERO ES QUE ESTO ES UNA INJUSTICIA!
—Sí, sí, seguramente. —Bostezó—. Métete a su oficina y róbale todo, o lo que sea. Yo voy. —Se levantó del sillón.
—¡¡¡NO PUEDES DEJARME ASÍ!!!
Para cuando dije eso ya cerraba la puerta de su habitación detrás de ella. Cooper, el samoyedo de mi hermana me miró compadeciéndose de los estragos que Ava causó, porque si, ¡todo esto era culpa del!
“Metete a su oficina y róbale todo” aquellas palabras rondaron en mi cabeza una vez más.
Escribía monótonamente en mi computadora. Presionaba teclas por atención aquí y por allá sin prestarles realmente a ninguna. Mi mente se encontraba muy lejos de la oficina. Los nervios me carcomían pensando en que ya era viernes y hoy era el día límite.
—Escuchaste eso? —unas voces se escuchaban en la lejanía.
Mis oídos se refinaron al escuchar la información potencial importante.
—Dicen que el Aldrich ni llegó hoy al trabajo —dijo lo que diría era una voz masculina.
—Pff ¿qué? Todavía que la jefa lo consciente. ¿Quién se cree? —una chica con un tono de voz burlón le respondió.
-¡Perder!
Pronto las voces se alejaron tanto que fue imposible discernir las palabras que decían. Me tomó un tiempo razonar lo que acababa de escuchar, hasta que la frase “Ava no llegó y su oficina está vacía” entró en mi cerebro.
«¿Dios? ¿Estás muerto?»
Si encontraba lo que la jefa me encomendó y se lo llevaba yo...
“—¡Tienes el maletín! ¡Eres tan asombroso Emil! ¡Te ascenderé de inmediato!
—Pero jefa, ¡yo soy el contador!
—Eras, ¡Emil! por favor toma la empresa! ¡No hay nadie más capacitado que tú!
—Hijo no tenías que molestarte —decía la abuela de Emil en su ensoñación —¡Esta es una motocicleta hermosa!
Al menos eso era lo que él se imaginaba que pasaría.
No tenía que precipitarme. Antes que nada, era importante comprobar que la puerta de su oficina pudiera abrirse. Tomé lo más que pude en un sorbo de mi café y me levanté a abrir la puerta. Metí las manos en mis bolsillos tratando de lucir de lo más casual y comencé a caminar rumbo a la oficina de Ava. Giré en cautela hacia la esquina donde un garrafón de agua, una cafetera y una planta de la cuál desconocía absolutamente todo se posaban sobre una mesa.
«Por aquí hay que estar»
Los enormes ventanales a mi izquierda daban al exterior mostrándome las vistas que la ciudad tenía para ofrecerme. Prefería pasar por ese lado de la noche. Al fondo, justo en la última habitación se encontraba su oficina.
Me paré frente a la puerta observando de nuevo el letrero de “Contador”. ¡Maldito Ava! Ahora que lo pensaba, creo que los que hablaban por el pasillo hace rato razón tenían al decir que lo consentía mucho la jefa, si no, ¿por qué tendría un despacho tan grande solo para él?
Comprobé que los pasillos estuvieran vacíos para tratar de desbloquear el pomo. Con gran sorpresa, la perilla giró por completo. Tragué saliva antes de empujar hacia adentro. Mi pecho comenzó a temblar con el estruendo de mi corazón latiendo a una velocidad muy apresurada. A través de la poca luz que la puerta entreabierta permitía pasar, podía reconocer la oficina de Ava, como siempre. Su estante lleno de libros se veía en perfectas condiciones, las colecciones de fotos en la pared se acomodaban en donde normalmente solían estarlo y aquel escritorio lucía tan pulcro y limpio que me costaba trabajo entender como alguien como Ava lograba mantener así; muy seguramente los de limpieza entraron a menudo. La poca luz dentro de la habitación me dificultaba la visión. Tardé algunos segundos en que se acostumbraran mis retinas a la oscuridad. Honestamente no sabía que era lo que buscaba ahí; Claro, el maletín, pero si ese rubio no estaba trabajando entonces no había razón para que se encontraran aquí nada de sus cosas.
Un —Oh... —se escapó de mis labios al encontrarme con el bolso justamente en el sillón de nueva a cuentas.
Caminé con desconfianza hasta él. Sentía la presión de mi corazón pidiéndome que acabaría con esto rápido para dejarlo descansar, así que, estiré mi mano. Lo agarre con firmeza para quedarme completamente quieto después de eso. Esperé a que algo pasara; mi cuerpo no se mueve ni un milímetro.
Nada.
Al ver que todo se mantenía estático solté con un suspiro mi alma. Me sequé el sudor de mi frente y decidí salir de aquel infierno. La delgada línea de luz que se colaba entre toda la oscuridad me indicaba por donde caminar hasta la puerta.
«Uno, dos, tres...»
Un sonido retumbante se hizo por toda la anterior habitación silenciosa. Mi cuerpo se giró para encontrarme con mi pesadilla encarnada.
—¡¡¡ASI DE QUERIA AGARRAR!!! —Una figura me gritaba señalándome con su índice. Una montaña de libros salía detrás de él y alcancé a ver la puerta del mueble abierta. ¡¿Se había escondido en el librero ese idiota?!
No lo pensé ni dos veces antes de darme la vuelta y arrancar a salir corriendo. La jefa no había dicho nada sobre que Ava no se enterara ¿verdad? Ella solamente pidió el maletín y yo se lo llevaría a toda costa.
Alcancé a abrir la puerta y salir al pasillo antes de estar completamente atrapado.
—¡Tú! ¡¿Qué mierda haces?! ¡¡Eso se llama robo!! —Tenía mi torso rodeado con sus brazos. Ese mono era increíblemente fuerte. No lograba moverlo nada.
—¡¡¡Suéltame Ava!!! ¡¡¡Suéltame!!!
Mordí con todas mis fuerzas su brazo cerca de mi cuello. El me soltó por inercia y en cuanto salí libre pateé su entrepierna lo más fuerte que pude hacer.
Se retorció del dolor en su lugar quejándose.
Ni corto ni perezoso huí corriendo a toda velocidad por los pasillos. Para mi sorpresa, ese bastardo continuaba siguiendome el ritmo. ¡Ava maldito! ¡¿Por qué tenía que correr tan rápido?! Gracias a esas piernas tan largas suyas me igualaba en velocidad con la mitad de esfuerzo.
«¡No me queda de otra! Tengo que perderlo»
Pronto surgió la oportunidad perfecta; un pobre empleado caminaba tranquilamente sin más con un vaso sobre sus manos. Cuando pasé justo al lado, agarré firmemente el vaso y me giré a Ava. Sin ningún titubeo aventé el contenido en su cara. Afortunadamente para mí, el empleado venía de llenar su vaso de café hasta el tope, no sé qué habría hecho de no ser así. Ava se quejó y cerró los ojos agarrándose la cabeza; lo cual aproveche para volar en dirección a la bodega de la esquina.
—¡¡¡EMIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIL!!!!! —la voz de Ava salió de su garganta en un grito desgarrador que alcanzó a escuchar antes de doblar la esquina.
Mi respiración era entrecortada, apenas manteniéndose sin ahogarme; no me detuve hasta abrir desesperadamente la puerta del almacén de escobas abandonado y encerrarme. Pronto una presión se posó por encima de mi pecho, como si me estuviera aplastando y dificultándome respirar. Cada bocanada de aire costaba aún más que la anterior. El pánico se apoderó de mí. Hacía tiempo que no pasaba esto.
Un ligero silbido seseante comenzó a salir de mis pulmones que no estaban llenos ni con mi intento de respiración más profunda. A tientas busqué entre mis pantalones con desespero hasta encontrar mi inhalador. Ubiqué la boquilla entre mi ansiedad y lo llevé hasta mis labios. Al instante el ardor en mi garganta fue calmado, y mi respiración poco a poco fue cediendo. Respire profundamente para tratar de calmar mi cuerpo y también mis pensamientos, a este punto sentí que la cabeza me explotaría en cualquier momento. Me recargué en la puerta disfrutando por segundos del hermoso silencio acompañado de los trapeadores y jaladores a mi lado.
Ahora, tenía que pensar en mis próximas acciones.
Debido a la tensión corrí en dirección opuesta a la oficina de la jefa, ¡¿cómo pude cometer un error tan imbécil?! Pero bien, no podía cambiar el hecho de que ahora tendría que ir de regreso por ese pasillo en el que muy probablemente estaría Ava vigilando. ¿Si me armaba con una escoba sería más fácil? Caminé dentro del reducido espacio para tomar mi arma mortal cuando algo bajo mis pies me hizo tropezar soltando por accidente el maletín de mis manos. El dolor en la punta de mi pie comenzó a punzar así que lo tomé entre mis manos por encima del calzado de cuero oscuro para tratar de alivianarlo. Cuando alcé la mirada me encontré con un montón de hojas y portafolios regados por el bolso abierto.
“Ni se te ocurre ver lo que hay en el interior” Fueron las palabras exactas que la jefa usábamos, aunque, no haría daño si solo miraba por encima, quiero creer. Como si estuviera haciendo algo ilegal mi respiración se agitó al estirar mi mano en donde se encontraban todos esos papeles. Levante una de las carpetas; la más llamativa de todas. Sentí con las yemas de mis dedos la textura de aquel portafolios de cartón. Su color rojo vibrante era lo que la hacía destacar entre las otras de colores apagados. Un escrito con plumón negro y una letra muy poco legible abarcaba todo el centro.
“Alena Iva Novák” Se podía ver el nombre de mi jefa completo.
«Que caligrafía tan fea —pensé al leerlo.»
Con curiosidad di la vuelta a la portada expectante a lo que sea que se escondiera dentro.
La primera impresión que tuve fue ver un montón de fotos impresas de algunas personas; de mi jefa y algunos desconocidos. Se mantenían pegadas por todos lados, eso sumado a bastantes hojas con mucho texto.
“En este documento se pretende abordar con la mayor cantidad de evidencias posibles los crímenes que intentaremos exponer de la susodicha Alena Iva Novák. No interferimos con ningún código de la ley Americana Asociante a Compañías Corporales como lo indica la Ley federal de la República Chequia no. 189.... [...]”
Mi mente se confundía cada vez más conforme seguía avanzando ¿“posibles crímenes”? ¡¿Qué quiere decir con eso?!
Cerré de golpe la carpeta. Definitivamente no pensaba continuar leyendo lo que sea significara eso, no me involucraría con algo tan serio. Acomodé el armazón de mis lentes; con tanto movimiento se me estaban cayendo, y, guardé los papeles de regreso al maletín. Era tiempo de salir de mi escondite. Si quería llegar sano y salvo a la oficina de la jefa tendría que hacer lo máximo posible por no encontrarme con Ava. Esquivarlo era la prioridad.
Respire profundamente y sali cerrando la puerta con cuidado. Me mantuve pegado a la pared, intentando ser lo más silencioso posible. Sentí la adrenalina empezar a recorrer cada fibra de mi cuerpo con mi mano apretando el palo de la escoba, listo para defenderme en caso de que Ava apareciera.
Pasé contando las oficinas que me quedaban; solamente dos. El sonido de un objeto cayendo me hizo alarmarme. Giré mi cabeza hacia atrás comprobando que todo estuviera en su lugar; en efecto, solo un ruido corriente.
Al volver al camino que debía seguir mi cara se estampó contra algo ligeramente blando.
Me aterroricé alzar mis ojos.
— ¿Ibas a algún lugar? —me dijo con el ceño fruncido.
¡¡¡¿Acababa de chocar con el pecho de esa basura de rubio?!!!
La oficina de la jefa se encontraba únicamente unos pasos. Si corría lo suficientemente rápido llegaría en cuestión de nada. Mis piernas se movieron en automático tratándome de arrastrar hasta la oficina, sin embargo, algo detuvo mi movimiento. Ava se aferraba al estúpido maletín impidiéndome avanzar.
«¡¡¡MALDICIÓN AVA!!! ¡¡¡PIÉRDETE DE UNA VEZ!!! —le grité en mi mente»
Seguimos forzando hasta que sentí algo rodando por mis pies.
«Ay no, ¡¡¡EL PALO DE ESCOBA!!!»
¿En qué momento se me había caído?
Me tambaleé perdiendo el equilibrio y por instinto intenté sujetarme de algo para no caer al suelo. El impacto de mi espalda en el asfalto me caló hasta los huesos que estoy seguro lancé un grito al aire, aunque, lo siguiente fue aún peor que el dolor.
Abrí los ojos de par en par al encontrarme con Ava encima mío. Su codo a mi costado usándolo como soporte para no aplastarme y mi mano aún tomándolo por la camisa hacía que se mantuviera demasiado cerca. Sus doradas hebras caían pasando por cada una de las fracciones que lo conformaban, y, la peor parte, sus ojos; Me miraban directamente haciéndome sentir profundamente ansioso.
—¿Interrumpo algo?
La voz tan profunda de la jefa me hizo estremecer.
—¡¡jefa!!
—¡¡Alena!!
Gritamos al mismo tiempo.
—¡Basta! —Empujé a Ava agarrando el maletín con un movimiento.
Me levanté rápido y sacudí el polvo de mi traje intentando lucir lo más decente en lo posible.
—¡Aquí está lo que me pidió!
Su mirada tan dura que podría cortarme con solo un parpadeo se dirigió hacia mí bajando después a lo que traía en las manos.
—Que cumplido. —Me alagó —, tomaré en cuenta tus esfuerzos —dijo con un tono más bien severo —. Puedes retirarte.
Eso había sonado a como si me estuviera corriendo, pero no me importó, quería irme cuanto antes. Me di la vuelta inmediatamente a punto de alejarme cuando por reojo alcancé a ver a Ava! —rio nerviosamente —podrías devolverme mí...
—Entra —ordenó autoritariamente.
Escuché la puerta cerrarse bruscamente y a pesar de estar bastante alejado, ambos comenzaron a hablar tan fuerte que escuché sus voces a lo lejos. Movido por la intriga déjé de avanzar para escuchar qué era lo que decían.
—Esto es lo que tenías en tu bolsita. ¿Qué tienes que explicarme eh? —Se escuchaba un tanto distorsionado, aunque lo justo para discernir lo que decían.
—¡No es lo que parece! ¡lo juro! —Esa era la voz de Ava. Se escuchaba muy desesperado.
—¿No es lo que parece? ¿Qué no es lo que parece? Te di toda mi confianza ¿y así es como me pagas?
—¡No, no!
¿Qué diablos? ¿A qué se refería con “toda mi confianza”? A la mierda. No me interesan ninguno de los problemas entre esos dos. Solamente quiero comprar una moto.
—A partir de este momento quedan despe-
—¡¡¡Pero yo te amo!!!
No me moví ni un centímetro de mi lugar.
«¡¡¡¿Ava y la jefa son amantes?!!!»
...