I like it - Minchan | Banginho

Summary

❝ Donde Minho necesita dinero para la Universidad así que acepta trabajar como el asistente del fotógrafo Christopher Bang. ¿Sólo serán fotografías, correcto? ❞ ᡴꪫ𝚂𝚑𝚒𝚙𝚙: Minchan | Banginho ᡴꪫ𝚃𝚊𝚐𝚜: AU, smut, bdsm, chn top, mnho bottom, happy ending ꒰ ᴀᴅᴀᴘᴛᴀᴛɪᴏɴ꒱

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Minho subió de dos en dos las escaleras de la estación del metro, esperando no llegar otra vez tarde al trabajo, pero el tren se había retrasado y ahora tenía que correr para llegar a tiempo.


Pasó a toda velocidad por la calle, deteniéndose frente al almacén que albergaba el estudio de Christopher e intentó recuperar el aliento. Sería malo para su imagen si su jefe se enteraba de que había corrido para no llegar tarde.


Abrió la puerta externa y tomó el ascensor en vez de las escaleras, esperando así poder recuperar el aliento antes de entrar.


—¿Otra vez tarde? —preguntó Christopher irónicamente cuando escuchó que alguien abría la puerta. No se molestó en volverse para notar la mirada de culpabilidad que apareció en el rostro de Minho.


La voz era tan hosca como siempre y no había arrepentimiento en esos ojos oscuros.


—No por mucho.


—Bueno, eso apenas importa, el modelo tampoco ha llegado todavía —dijo Christopher en un gruñido.


—¿Qué deseas que haga? —preguntó Minho, dejando caer su mochila en la entrada, con la que cualquiera se tropezaría si pasaba por allí.


—Ve a ver si Hyunjin necesita ayuda después de que muevas esa maldita bolsa… —masculló Christopher—. Estaré en el estudio.


Minho pateó la mochila para quitarla del camino y se dirigió al camerino, que estaba muy bien equipado para que el estilista hiciera su trabajo.


El hombre era alto y muy atractivo, estaba vestido con una camisa rosa con volantes, pantalones brillantes y ajustados. Estaba sentado en la silla de maquillaje, leyendo una revista y miró a Minho con picardía cuando este entró.


Minho sacudió la cabeza.


—Disculpa, ¿necesitas algo?


—¿Qué te parece una lección de flauta?


Minho lo miró confundido un segundo y luego se sonrojó cuando por fin comprendió el significado del comentario.


—Ugh, vete al diablo Hyunjin —dijo Minho mientras se marchaba rápidamente oyendo las risas del otro a la distancia.


Después de un par de llamadas a la agencia y treinta minutos más de espera, Christopher

finalmente salió de su oficina para despedirse del estilista.


—Lo lamento, Hyunjin-ah. Será mejor que te vayas a casa. El modelo parece haberse perdido o algo así, no vendrá.


—Sabes que aún así tendrás que pagarme, ¿verdad? —dijo Hyunjin, guardando las brochas dentro de su bolsa—. Cancelé otra sesión fotográfica por esta.


—Sí, lo sé. Se lo diré al cliente. Solicitaremos tu ayuda de nuevo, la próxima vez. —Le prometió Christopher.


Hyunjin asintió y recogió sus cosas. Christopher firmó su comprobante y antes de marcharse, dijo —: Gracias por comprenderlo, algunas personas en este negocio son algo…


—Lo sé — interrumpió Christopher—. No tienes que decir nada más, no es culpa tuya.


—Nos vemos, cariño —se despidió Hyunjin, regresando a su comportamiento habitual.


Christopher miró la puerta del estudio cerrarse suavemente después de que el estilista se marchara. Dio un salto cuando escuchó a Minho abrir la puerta del baño y dejar que chocara contra de la pared.


—¡Mierda! No tienes qué romper la maldita puerta, ¿o sí?


—Lo siento —dijo Minho y se sonrojó hasta la punta del cabello. Dejó caer la mirada y muy a su pesar Christopher notó lo lindo que se veía cuando aquel se sentía avergonzado.


—Ven al estudio. —Ordenó, caminando sin mirar atrás para asegurarse de que Minho había cumplido sus instrucciones.


Minho obedeció y siguió al fotógrafo en silencio, esperando con anticipación lo que fuera que Christopher le iba a decir ahora.


Una mano fuerte tocó su espalda y empujó a Minho hacia un telón de lino y lo que parecía ser una barra para practicar ballet. Entonces Christopher habló:


—Arrodíllate un minuto, ¿sí? Necesito revisar las luces.


Suspirando, Minho se colocó sobre sus rodillas y se cruzó de brazos, mirando con desdén hacia la cámara.


Ignorando la expresión desafiante, Christopher le instruyó.


—Date la vuelta. No, por completo. Alejándote de mí, tonto.


Minho se movió sobre sus rodillas hasta que su espalda quedó enfocada a la cámara.


—Ahora gírate hacia mí, a la izquierda. A la izquierda. ¡No, tu otra izquierda! —Christopher suspiró por la frustración acumulada. Así que se puso de pie y caminó rápidamente hacia donde Minho. Lo tomó por los hombros, sacudiéndolo hasta que lo dejó en la posición que quería. —¡Ahí! Es justo donde te quiero. Quédate donde estás y no te muevas.


Corrió de regreso a la cámara y maldijo en voz baja.


Por un momento, la molestia que sentía se esfumó apenas puso su mirada en el lente. Se preguntó por qué jamás había notado los pómulos que parecían finamente esculpidos y la elegante mandíbula de su joven asistente.


Obviamente Christopher había notado sus ojos, era difícil no hacerlo con esas largas pestañas, sin embargo su atención había caído en su nariz; recta y afilada, robaba su atención cuando lo miraba.


Pero la forma en que las luces acariciaban su rostro, en ese momento, hacía resaltar su belleza como si fuera la primera vez que lo observaba de verdad.


Minho… —dijo Christopher suavemente en un momento de iluminación—. ¿Cómo he podido estar tan ciego?


—¿Ah? —respondió Minho, sin atreverse a cambiar de posición.


—Ya que el modelo no vino tengo una idea, un concepto que me está rondando en la cabeza. Quiero hacer la fotografía, necesito hacerla. ―Expresó Christopher.


Minho se giró para mirarlo y asintió.


Christopher se sorprendió, parecía como si Minho comprendiera lo que estaba diciendo; su necesidad por crear esa imagen de su cabeza, ¡y estaba de acuerdo con él!


¿En qué Universidad estudió Minho? Como sea, Christopher no podía recordar si alguna vez le preguntó.


—Necesito a un modelo para poder hacerlo, entonces, ¿puedo usarte?


—¿Qué tengo que hacer? —preguntó Minho, por primera vez desde que Christopher podía recordarlo, la voz del joven parecía estar interesada.


—Necesito que trabajemos en una pose, será más barato usarte a ti como modelo. Es sólo para algunos de los artículos del catálogo de Félix —explicó Christopher, moviendo una mano en dirección a la mesa, donde se encontraban varios látigos y cosas que parecían tener cuerdas.


—De acuerdo —musitó Minho en voz baja, mirando a la mesa llena de objetos con una extraña fascinación.


—Bien, levántate y desnúdate —le ordenó—. Necesito trabajar con tu cuerpo.


Christopher sonrió traviesamente, esperando tener que convencer al joven cuando se rehusara, pero se sorprendió cuando sin titubeos, Minho comenzó a desnudarse en el set, quitándose la camisa y lanzándola a un lado.


Se puso de pie para quitarse las zapatillas deportivas y abrirse la cremallera, sólo para notar que Christopher lo miraba con atención. Sus manos titubearon.


—¿Estoy haciendo algo mal?


Christopher rio.


—No, no hay nada malo con la forma en la que te desnudas. Especialmente si…


“...Especialmente con un trasero tan ajustado como el tuyo.”


Christopher se mordió la lengua y no terminó la idea. Pensó que no sería inteligente intercambiar comentarios sexuales con su asistente. Por lo que continuó hablando con lo primero que vino a su mente al mirar los pies de Minho:


―¿Calcetines verdes?


—Oh. Creí que me dijo que no tirara mi ropa al suelo —murmuró Minho, ignorando el comentario de sus adorados calcetines de color brillante.


—Lánzala donde gustes, excepto dentro del set —dijo Christopher con generosidad, emocionado de tener un modelo obediente con el cual jugar por un par de horas. De esta forma, podría trabajar en su idea antes de que el modelo caro llegara.


Minho continuó desnudándose, se sentía un poco avergonzado, pero Christopher ya no lo estaba mirando, así que no tardó mucho tiempo en terminar. Segundos después se quedó desnudo, esperando las siguientes instrucciones.


Christopher se acercó, lo tomó por el brazo y lo guió hacia el telón de lino.


—Arrodíllate aquí, puse un poco de esponja debajo para que no te duelan las rodillas.


—¿Mirando en dirección contraria a la cámara? —preguntó Minho.


Christopher hizo un gesto de sorpresa.


—Sí, mirando en dirección contraria a la cámara. Justo así.


Minho se dejó caer sobre sus rodillas, agradecido por el suave soporte debajo del telón. Sus rodillas eran un poco frágiles y el suelo de cemento lo había lastimado cuando se arrodilló momentos antes.


Christopher se acercó otra vez y cuando Minho escuchó un ruido metálico, volvió a mirar al fotógrafo con curiosidad. Llevaba algo de cuero que parecía ser usado para restringir los movimientos de alguien y las dos piezas estaban unidas por una cadena de plata.


—Dame tus manos —ordenó Christopher.


Silenciosamente, Minho levantó las muñecas.


Las esposas de cuero eran largas, casi como un guante, llegaban hasta los codos de Minho.


Christopher ajustó las distintas hebillas en su brazo derecho y pasó la cadena sobre una barra frente a él. Era bastante alta, casi le llegaba a los hombros a Christopher y el joven tuvo que levantar los brazos para que el fotógrafo pudiera colocarle la segunda esposa.


Después de que Christopher lo tuvo bien asegurado a la barra, acarició la suave piel color miel del hombro desnudo de Minho.


—¿Te encuentras bien?


—Eh, sí.


Christopher pensó que la voz de Minho parecía un poco agitada, pero estaba tan excitado por su visión artística que no le prestó atención, regresó detrás de la cámara y comenzó a revisar los ángulos y la iluminación.


Reprimió un suspiro, tragó cuando miró el cuerpo delgado de músculos definidos y esbeltos hombros, los glúteos eran redondos y tentadores, los mechones de cabello oscuros brillaban bajo la única fuente de luz.


Realmente estaba ciego, pensó Christopher. Fue una bendición que el insípido modelo rubio que había sido contratado no apareciera.


Minho era perfecto para esto.


Christopher disfrutó al ver cómo los músculos de los muslos de Minho se estremecían ligeramente, como si luchara por permanecer inmóvil. Revisó su lente e hizo un par de fotografías.


—¿Todo bien? —preguntó.


—Sí, todo bien —dijo Minho, volviendo a mirar sobre su hombro mientras Christopher hacía otra fotografía.


—Hey, no vuelvas a hacer eso si no quieres ser reconocido en una fotografía cuando estás desnudo y esposado. Mierda… quédate… quieto. —Lo último lo dijo apenas en un murmullo audible.


Minho se dio la vuelta inmediatamente. Su corazón latía tan rápido y fuerte que se sorprendió de que el otro no pudiera escucharlo.


Pensar que Christopher tuviera una fotografía suya, en donde estaba desnudo y atado a una barra hizo que su pene despertara ¡y ni siquiera era gay! ¿O sí?


¡No!, pensó Minho con firmeza, no lo era y no acabaría siéndolo. Sólo ayudaba a su jefe, nada más.


Su corazón disminuyó de ritmo cuando no volvió a percibir el flash de la cámara. Todo permaneció en silencio por un rato tan largo que deseaba darse la vuelta y mirar qué hacía Christopher, estaba por hacerlo, cuando sintió algo frío en su pantorrilla.


—¿Qué… qué es eso? —preguntó Minho nerviosamente, estremeciéndose cuando sintió el metal frío alrededor de su tobillo.


Sin responderle, Christopher le separó las piernas con su pie.


Minho se sentía muy vulnerable y expuesto, su pene comenzó a hincharse pero todavía no estaba erecto, sus testículos colgaban donde Christopher podía verlos con facilidad.


Mierda, estaba seguro de que el hombre incluso podía ver su…


Minho se sobresaltó cuando Christopher separó aún más sus piernas y otro grillete fue colocado sobre su tobillo. Cuando unas manos fuertes lo soltaron, Minho trató de juntar las piernas, pero descubrió que le era imposible.


—No te preocupes, es solo un separador —dijo Christopher con un tono de voz complacido—. Excelente. Naciste para usarlo, luces genial.


Sonidos de clics le hicieron saber a Minho que Christopher había vuelto a la cámara otra vez.


Aquello le hizo sentir ligeramente más seguro, pero no lo suficiente. Atado de la forma en la que estaba, apenas si podía moverse.


Minho nunca había sido capaz de complacer a Christopher y escuchar la aprobación en la voz de su jefe era… emocionante. Por otro lado, jamás había tenido las piernas así de separadas y restringidas y eso hacía de la experiencia algo muy frustrante.


Trataba de calcular si podría lograr mover sus pies con el separador cuando de repente miró el flash de la cámara, prácticamente lo dejó ciego porque no se lo esperaba.


—¡Argh, pudiste habérmelo advertido! —Minho gritó con tanto sentimiento que incluso él mismo se sorprendió.


—Lo siento —respondió el otro distraídamente.


De alguna forma Minho sabía que Christopher no recordaría que tendría que advertirle la próxima vez. Se movió incómodamente, usar esos inmovilizadores hacía que se sintiera más desnudo que sin ropa. Se preguntó por cuánto tiempo Christopher…


Las luces lo cegaron otra vez, pero no dijo nada.


—Levanta un poco tu trasero. No, en mi dirección. Más. No, demasiado, regresa a donde estabas. Muy bien, un poco más atrás. ¡Ahí! ¡No te muevas!


El flash de la cámara apareció en rápidas sucesiones mientras la cadera de Minho comenzó a punzarle. Esperaba ser capaz de mantener la pose tanto tiempo como Christopher quisiera sin que le diera un calambre.


—¿Y esa cicatriz?


—Oh, lo siento —murmuró Minho—. Fue un accidente. Me tuvieron que operar.


—Es hermosa —respondió Christopher sin titubear.


Minho frunció el ceño enseguida, ¿cómo se atrevía a decirle eso? Sabía que mentía porque la cicatriz era horrible y estaba seguro que no había sido nada bonito conseguirla.


Ja, que gracioso… —respondió con sarcasmo.


—Cállate —ordenó Christopher en su trance artístico.


Minho obedeció.


Sabía que Christopher no escucharía lo que tenía que decir. Se le habían dormido los brazos porque la sangre ya no circulaba con normalidad por ellos.


—Muy bien, estírate un poco. Ahora gira tu cabeza hacia la izquierda. Oh, muy bien, esta vez sí recordaste hacia dónde es la izquierda. Quiero que la luz toque un costado de tu pómulo y la línea de tu mandíbula. Justo ahí. Quédate quieto.


Otra vez la sucesión de luces. Pero ahora, Minho ya sabía que tenía que mantener los ojos cerrados, pues Christopher no estaba fotografiando su rostro.


Cuando la secuencia de luces terminó, haló sus brazos para estirar la espalda y tratar de deshacerse un poco de la tensión que se había acumulado sobre sus hombros.


—¿Podrías dejar de moverte tanto? Solo quédate donde te indiqué hasta que te diga que puedes moverte —Christopher lo dijo con irritación, caminó hacia adelante y acomodó a Minho en la misma posición—. Haz lo que se te ordena.


—¡Sí señor! —casi gritó Minho, repentinamente enfurecido.


—Deja de hablar y moverte, o te golpearé —le advirtió Christopher.


Minho se quedó inmóvil, exceptuando por su pene, que comenzó a elevarse por un constante flujo de sangre.


El calor se acumuló en su entrepierna y lo hizo sentirse incómodo, pero no sabía si Christopher hablaba en serio con la amenaza, así que se movió apenas un milímetro para acomodarse.


Pero había pensado incorrectamente.


Minho saltó cuando sintió unas cálidas manos posarse sobre sus caderas. Algo azotó contra su trasero y gritó, a pesar de que no le había dolido.


—¡Quédate quieto, maldición!


Mierda, pensó Minho, parece ser que hablaba en serio.


Se concentró en mantener su cuerpo exactamente como Christopher lo había dejado.


Finalmente, la espalda y la cadera comenzaron a enviarle señales de auxilio y Minho tuvo que moverse, dejando escapar un ligero gruñido. Gritó y luego trató de hacerse a un lado cuando una palma golpeó su trasero una vez más, enviando ondas de calor por su glúteo derecho.


Se giró instintivamente justo para escuchar un clic y ver un flash.


—¿Dejarás de moverte ahora o quieres que te golpee otra vez?


La voz de Christopher se pudo escuchar justo detrás de él, tenía el cable de la cámara en la mano. Minho permaneció en silencio y volvió a mirar en dirección contraria a la cámara.


Podía ver la marca de la mano en su mente, una marca roja resaltada en la piel blanca de su trasero.


De repente se sintió bastante avergonzado y humillado al saber que Christopher lo había fotografiado de esa forma, se preguntó una vez más por qué había hecho la estupidez de quitarse la ropa y arrodillarse de forma sumisa mientras Christopher le tomaba fotografías.


No es que tuviera muchas opciones ahora que lo había atado y escuchar aquellas palabras, sólo habían hecho que una onda de excitación recorriera toda su piel.


Perfecto… —susurró Christopher, cuando hizo la última toma. Dio un suspiro al notar el cuerpo de su asistente, estirado y atado con los músculos resaltando al parecer por haber sido forzados a permanecer quietos. Era la imagen de una promesa sensual —. Lo lamento, Minho. Me distraje un poco con mi visión ―se disculpó, mientras se acercaba a soltar al joven.


Christopher se sorprendió genuinamente cuando notó todavía la marca que dejó la palma de su mano en el redondo y tentador glúteo. ¿De verdad había hecho eso?


Se arrodilló detrás de Minho, acercándose más de lo necesario para poder sentir el ligero aroma a vainilla que emanaba del cuerpo del joven, mientras le quitaba los grilletes y el separador con cuidado.


Minho se estremeció y los vellos de su espalda se erizaron cuando sintió el calor corporal que irradiaba Christopher. Por un momento, el hombre se arrodilló detrás de él y Minho se quedó inmóvil, atado y con las piernas abiertas.


Si Christopher intentaba hacerle algo, como aprovecharse para conseguir su propio placer, Minho no podría hacer nada para defenderse. Se sentía intimidado y a la vez su pene lo traicionó al permanecer erecto.


Christopher notó que el chico estaba temblando ligeramente y con gentileza desató un brazo y se aferró al otro, ya que presintió que Minho saldría huyendo con todo y la muñeca atada.


Una vez que se vio liberado, Minho se puso de pie con la gracia de un ciervo recién nacido y permaneció con la espalda en dirección a Christopher. Entonces fue a correr por su ropa, la arrancó del suelo y se dirigió inmediatamente al baño, cerrando la puerta con fuerza.


Christopher permaneció donde se encontraba, con los inmovilizadores de cuero en sus dedos, aún cálidos por el cuerpo de Minho. Podía oler la excitación en el aire.


¿Entonces, Minho se había excitado con todo eso?


Hasta ahora, Christopher se había enfocado en la escena artística que tenía en la cabeza y en hacerla realidad, en ningún momento se había puesto a pensar en las consecuencias de tener a un hermoso hombre desnudo, atado y arrodillado frente a él.


Obedeciendo sólo a él.


Escuchó la puerta exterior del estudio cerrarse con fuerza y sonrió, pero sin un ápice de felicidad consigo. Probablemente esa sería la última vez que vería a Minho.


El sensual y excitante Minho.


Su pene comenzó a presionarse incómodamente contra la cremallera, así que Christopher abrió su pantalón para aliviarlo un poco. Cuando lo sacó, el aire frío tocó su piel y el movimiento de su mano se sintió bien. Cerró los ojos, permaneció arrodillado, justo detrás de donde Minho había estado atado y con las piernas abiertas. Continuó acariciándose, disfrutando de los recuerdos que habían creado juntos.


Cuando se corrió con un gruñido, eyaculó contra el telón en donde Minho se había arrodillado obedientemente frente a él.



✧˖°.𓆩♡𓆪˖°.✧




Jamás en su vida Minho se había sentido tan agradecido de no haber seguido la moda de la actualidad.


Una cosa era ser un pensador independiente e ir contracorriente, pero a veces era mejor usar pantalones holgados que le daban la oportunidad de ocultar una erección.


Podía sentir cómo su endurecido pene se movía al compás de cada paso que daba, su bóxer se frotaba contra la hinchada cabeza de su miembro. Esperaba no correrse en el interior de sus pantalones antes de llegar a su pequeño y sencillo apartamento.


Tomó asiento en el tren, que estaba ligeramente vacío a esa hora. Luego se puso de pie otra vez al notar cómo su erección le abultaba los pantalones. Sería algo que sólo un ciego no notaría.


Comenzó a estudiar los anuncios sobre las ventanas, deseando que su pene se calmara, aunque no tuvo éxito alguno. Por lo general tenía muchas erecciones y se masturbaba como mínimo una vez al día, sin embargo ahora estaba tan duro que podría martillar clavos.


Cuando llegó a la estación correcta se bajó del tren, cada paso era un verdadero martirio.


Por primera vez comenzó a preguntarse si los calzoncillos no eran una mejor opción. Seguramente serían más… restrictivos cuando uno estaba en este estado. Minho gruñó, sólo pensar en la palabra “restricción” hizo que su pene saltara otra vez.


No le quedaba otra opción más que apresurarse.


Llegó a la puerta de su edificio y corrió por las escaleras. Al menos el esfuerzo hizo que su erección disminuyera un poco. Para cuando abrió la puerta, esperaba que todo estuviera bajo control porque no cedería ante… lo que fuera que era esto.


Entró al pequeño cuarto de baño ignorando olímpicamente el maullido del gato, lo compensaría después. Minho se bajó los pantalones y se paró al lado del inodoro, se giró moviéndose hasta que pudo ver el reflejo de su trasero en el espejo con la marca enrojecida de la palma de una mano.


—Estúpido, idiota, Minho —se dijo a sí mismo y luego se carcajeó—. ¿En qué demonios estaba pensando? ¿Estaba pensando?


Pero ahí estaba, la marca roja de un color más pálido. Mientras más la miraba, la marca de la palma comenzó a pulsarle, enviando un ritmo latente directo a su entrepierna. Su pene volvió a levantarse, estaba duro y caliente, apuntando al techo. No podía recordar la última vez que estuvo así de duro y lo estaba matando.


Trató de pensar en los senos de su última novia y cuando eso falló, pensó en la vecina de al lado. Mientras se masturbaba, frotó la cabeza llena de líquido preseminal. Jadeó cuando se frotó con más fuerza y agregó un ligero giro a cada movimiento, pero no pudo alcanzar el orgasmo…


De repente recordó el ruido de la palma de Christopher cuando chocó contra su trasero y se imaginó como debió lucir el otro hombre cuando lo golpeó, en ese momento comenzó a correrse con un grito, fue más duro y largo que cualquiera de sus experiencias pasadas.


Estaba sobre sus rodillas cuando recuperó la cordura, una mano estaba aferrada al lavabo y la otra alrededor de su flácido pene, tratando de descifrar lo que había ocurrido entre él y su jefe.


Maldita sea… —susurró.



✧˖°.𓆩♡𓆪˖°.✧



Después de que Christopher se hubiera limpiado y arreglado, tomó su cámara y la llevó al cuarto oscuro para sacar la película. Usaba su cámara digital en ocasiones, pero prefería su vieja cámara manual de una lente, que le daba mayor control sobre iluminación, fondo y enfoque.


No podía esperar a revelar las imágenes y ver lo que tenía.


Pacientemente mezcló los químicos y se dirigió al revelador, para mayor velocidad introdujo la película en el carrete y esperó del otro lado para ver el resultado.


Cuando los negativos aparecieron, se acercó y olfateó el horrendo aroma de los químicos. Levantó un lado para mirarlo contra la luz roja y comenzó a sonreír. Una vez la película entera había terminado, la sacó a la caja de luz, aunque aún estaba húmeda.


Incluso sin una lupa, podía saber que esta era la pose perfecta para los separadores, con el beneficio extra de las esposas. Félix estaría emocionado.


Las líneas de sumisión en el cuerpo atado aunado a la innegable elegancia de las curvas naturales de su cuerpo, hacía de Minho el modelo perfecto para este trabajo.


Excepto por el hecho de que Minho no era un modelo. De hecho, lo más seguro era que el joven no volviera nunca.


Christopher suspiró suavemente mientras revisaba el resto de sus fotografías. Hizo una pausa, impresionado, mirando la fotografía que hizo cuando golpeó a Minho.


Se lamió los labios y la miró. Era exquisita.


La cámara había captado el momento en que Minho miró sobre su hombro, sus labios estaban abiertos por la sorpresa al igual que sus ojos, estaba anonadado y a la vez excitado, cosa que Christopher estaba seguro que el joven hubiera preferido ocultar mejor.


La forma en la que su cuerpo posaba, mostraba un pezón duro, tentador y apetecible que rogaba por ser pellizcado. Minho había logrado girar su cuerpo lo suficiente como para que su pene fuera ligeramente iluminado y su sombra se reflejaba sobre el telón, con la verga dura y erecta, hambrienta por atención.


La mano de Christopher acarició el bulto en sus pantalones cuando notó la marca de su mano en el trasero de Minho, era como una marca de dominación, la piel enrojecida contrastaba contra la pálida curvatura de su piel.


—Imprimiré una copia de esta… —murmuró para sí mismo. Sin importar qué, esa imagen sería una parte prominente y permanente de su colección privada, que jamás le mostraba al mundo.


Alcanzó su pene y se acarició hasta tener otro orgasmo, su mirada estaba enfocada en la mejor foto que había hecho, cerró los ojos mientras el éxtasis recorría su cuerpo.



✧˖°.𓆩♡𓆪˖°.✧



Minho se despertó en un sobresalto. La alarma no se había activado pero él sí.


Después de haberse masturbado en el baño, se había sentado a estudiar, sólo para que su mente se distrajera cada dos segundos.


Ahora estaba recostado sobre la mesa y su pene aún estaba medio endurecido.


—Hey, amigo… —dijo Minho en voz alta—. Tendrás que dejar de pensar en eso.


Contrariamente empezó a pensar más en eso, su estómago comenzó a cosquillearle con la emoción que sentía al pensar en todo lo que ocurrió esa tarde, escena por escena. Pensó que sabía lo que hacía cuando se quitó la ropa.


Era un estudiante de la academia de artes y por supuesto que había modelado antes, además, había visto muchas veces a Christopher trabajar y el hombre jamás había puesto una mano encima a sus modelos.


Debió haber sido algo que él hizo, pensó Minho miserablemente.


Algo que no sabía acerca de sí mismo pero que Christopher pudo notar y que lo hizo atarlo.


No, no sólo atarlo, colocó esos inmovilizadores en las muñecas y lo estiró para atraparlo en la barra. Y luego los separadores.


El frío metal había contrastado con la calidez de los dedos de Christopher, a pesar de que apenas había rozado su piel mientras ató a Minho con ellos.


Se colocó sobre sus rodillas. Sin darse cuenta, la mano izquierda de Minho estaba masajeando sus testículos mientras con la derecha acariciaba su pene. Pensó en las manos de Christopher sobre su cuerpo, acariciando su brazo con gentileza y finalmente esa mano fuerte castigándolo con un golpe en el trasero.


Minho gritó cuando se corrió una vez más, arqueó la espalda de manera que su dolorido trasero quedó elevado, ofreciéndoselo imaginariamente al hombre que estaba parado detrás de él.

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Continuará...