CAPITULO 1. Encuentro
La luna era la única fuente de luz que me permitía ver entre los árboles del bosque dándome una falsa sensación de seguridad. El calor de mis mejillas indicaba que la fiebre había vuelto, pero tenía un sabor amargo en los labios que no logre distinguir. El viento frío de la noche soplaba provocándome un escalofrío, era aterrador y los sonidos extraños en la oscuridad reforzaban el miedo por lo que me acechaba en las sombras. Abrí mis parpados pesados por el cansancio y aturdida por el sueño, aplasté con la mano el montón de hojas secas debajo de mí que cubrían el suelo.
Me levanté tambaleando y un quejido se escapó de mis labios por el dolor en mi muñeca. Baje la mirada confundida hasta la venda en mi brazo y la capa que había estado cubriéndome del viento. Era extraño que alguien me hubiera ayudado en un lugar tan alejado. La herida en mi muñeca aún me dolía, pero ya no estaba inflamada. Fije la mirada en las piedras cercanas buscando alguna señal de la persona que me ayudo, pero no había nada. Estaba sola y la fragilidad de mi cuerpo solo empeoraba. Apreté mis manos heladas y temblorosas contra mis labios, sople mi aliento caliente esperando que de alguna manera eso ayudara, pero no logre calmar la sensación. El frío de mi cuerpo no tenía nada que ver con el clima o la falta de calor, eran los síntomas de la maldición que se presentaban de nuevo, recordándome que no podía evitarla. Odiaba tanto sentirme impotente, condenada a ser siempre vulnerable por culpa de algo que no lograba entender y que nadie podía curar.
Tosí suavemente contra las mangas de mi abrigo apretando la capa en mi regazo deseando volver a mi hogar. Nunca debí haber salido de casa huyendo. Mordí mis labios y empujé las ramas secas bajo mis pies pensando en cómo salir del bosque. Algunas lágrimas llenaron mis ojos y el arrepentimiento me pesaba en el corazón. Molestarme con mis padres para evitar ir a la celebración del décimo cumpleaños del primer príncipe era tonto en primer lugar. La idea de escaparse de la mansión fue una pésima idea dada la terrible condición de mi cuerpo. Siempre había odiado salir de casa y no conocía el bosque ni el camino de regreso.
—¿Necesitas ayuda? —pregunta la voz suave y confusa de una niña.
La voz repentina de la niña hizo que levantará la cabeza insegura y asustada mientras trataba de esconderme, deseando ocultar mi rostro con la manga del abrigo, pero mi reacción fue tardía. La niña se había acercado para ayudarme a ponerme de pie mientras su mirada de curiosidad recorría mi rostro. Me quede inmóvil sin saber que hacer, ningún niño de mi edad se acercaba a mí por voluntad propia y me preguntaba si tal vez la oscuridad ayudo a mantener oculta las manchas en mi piel. Mire fijamente un momento, pero la niña no parecía tener miedo al verme o tener algún otro tipo de reacción similar al disgusto, ella parecía bastante tranquila lo que hizo a la situación más desconcertante. Era incómodo, pero al mismo tiempo reconfortante. Logré reprimir el impulso de toser mientras la fiebre alta nublaba mi vista llorosa.
—¿Conoces el camino a la Residencia Drahorts? —pregunté con esperanza de poder volver a casa.
—¿Necesitas ir a la mansión? —cuestiona la niña de cabello rojo apenas conteniendo la curiosidad.
—Sí, necesito ir allí —dije sintiéndome aún más culpable por preocupar a mis padres.
—¿Por qué necesitas ir allá?
Pensé en la posibilidad de que la niña no pudiera creerme si le decía la verdad. Pero al final decidí que era mejor ser sincera y pedir ayuda.
—Mi nombre es Larissa Drahorts —dije mostrando el collar de oro con el símbolo de mi familia mientras la niña pelirroja me miraba con sorpresa— Debo volver a la mansión porque mis padres probablemente deben estar preocupados.
La angustia pesaba en mi corazón pensando en mis errores mientras apretaba mi abrigo con fuerza soportando las lágrimas mientras miraba al suelo. No escuche una respuesta de la niña durante unos segundos hasta que interrumpió mis pensamientos y la miré temiendo que rechazara mi petición.
—Estoy enferma y no puedo volver por mi cuenta —dije con voz tensa por la espera de una respuesta.
La niña pelirroja me sonrió brillante mientras hablaba y tomaba mis manos entre las suyas haciéndome sobresaltar.
—Te ayudaré, conozco el camino a la mansión —dice la niña con amabilidad mientras me llevaba a través de la espesura del bosque— Puedes llamarme Bera, ese es mi nombre.
Aunque la niña era más alta que yo, pensé que debería tener la misma edad por la forma en que se dirigió a mí. La miré confundida pues era casi imposible que la niña hubiera venido sola al bosque después de caer la noche.
—¿Por qué estás aquí sola? —pregunté a la niña que me guiaba entre los árboles y me ayudaba a apoyarme cada vez que pisábamos las piedras del camino debido a la debilidad de mi cuerpo.
—Soy huérfana y a veces vengo para buscar algunas hierbas medicinales —dice la niña con tono tranquilo, pero no triste.
Sentí como si hubiera dicho algo que no debía y no sabía cómo remediar mis malos modales. Era claro por su aspecto desnutrido y algo sucio que parecía ser muy pobre. Lo que me hizo dudar antes de hablar nuevamente avergonzada.
—Lo siento mucho.
—No tienes que disculparte por preguntar —dice la niña con una sonrisa suave y amable disculpándome.
Le sonreí devuelta mientras caminábamos y tratábamos de salir del bosque. La fiebre no me permitió escuchar lo que Bera decía sobre la historia del bosque mientras me aferraba a su manga demasiado mareada sin poder continuar de pie, algo que Bera noto de inmediato y me llevo a descansar cerca de un lago cercano que apenas podía ver con claridad. La miré sentada contra el árbol frente a mí. Esta fue la cuarta vez que nos detenemos para descansar por mi culpa. Después de disculparme con ella mi cuerpo y mi mente se rindieron ante el cansancio y me quede inconsciente. La pesadez y el ardor se aligeraron cada vez que sentía la mano fresca de alguien tocando mi frente durante pocos segundos antes de hundirme en los recuerdos de mi huida de casa nuevamente.
Cuando volví a abrir los ojos me encontré con Bera intentando llevarme en su espalda sin mucho éxito mientras jadeaba con la cara roja por el esfuerzo. Ella vio que estaba despierta y sonrió con alivio mientras me impulsaba a levantarme por cuenta propia.
—Debes levantarte para continuar, estamos cerca —menciona Bera bastante optimista a pesar de que se le ve cansada.
Me obligué a continuar caminando motivada por la seguridad de que pronto estaría de vuelta con mis padres. Cruzamos varias calles y callejones antes de que pudiera ver a lo lejos la mansión mientras los guardias custodiaban la puerta. La vista de mi hogar nunca me había parecido tan hermosa y acogedora.
Escuché los pasos de alguien acercándose y pude ver la cara familiar de nuestro mayordomo con una capa que llevaba el emblema de la familia. Tan pronto como el alivio y los brazos del hombre de mediana edad cubrieron mi vista deje que el sueño tomara el control de nuevo.