Capitulo 0
Esta historia comienza en un país latinoamericano, al sur del continente. En las sombras, varias guerras secretas han estallado por una sola razón: encontrar al nuevo rey de Bretaña...
Cafetería Nueva Providencia
La luz del atardecer se filtraba por los ventanales de la cafetería. En una mesa junto a la ventana, un grupo de amigas reía y conversaba despreocupadamente
—¡Jajajaja! ¿Pero qué te pasó? —se burló Angelica, cubriéndose la boca con una mano—. Eres pésima siendo maestra. ¿Por qué lo intentaste siquiera?
Su amiga resopló, cruzando los brazos con fastidio.
—Porque tú me dijiste que si no lo intentaba, nunca sabría si era buena o mala...
—Y ahora ya sabes que eres pésima. Lo supimos desde antes, en realidad —respondió Angelica con una sonrisa traviesa.
—¡Ya cállate y toma tu café! Ya es tarde, deberíamos irnos a casa.
Angelica suspiró y miró hacia afuera. El sol se ocultaba lentamente, tiñendo el cielo de un tono anaranjado profundo.
—Sí, sí, ya sé... Se está haciendo de noche y es peligroso.
Su amiga la miró con seriedad.
—No es broma, Angelica. Ha habido varios secuestros y asesinatos últimamente a esta hora. Además, también se han reportado derrumbes repentinos en varios puntos de la ciudad. Ten cuidado.
Angelica frunció el ceño.
—Eso es... extraño. Nunca había pasado algo así por aquí... —murmuró antes de pensar para sí misma—. Esto es lo mismo que ocurrió al inicio en Inglaterra...
—¿Oye? ¿Me estás escuchando?
Angelica pestañeó y sonrió.
—Sí, sí, te escucho. Vámonos.
Su amiga suspiró y se relajó un poco.
—Siempre tan tranquila. ¿Vas a tomar el metro o la micro?
Ambas se levantaron y salieron del café, caminando por la acera mientras conversaban.
A unos metros de distancia, una figura encapuchada hablaba en voz baja por teléfono.
—El objetivo está en camino a casa. ¿La elimino?
Desde la azotea de un edificio cercano, un joven de mirada afilada observaba la escena con interés.
—No todavía. Esperaremos a que aparezca "la asesina de los Pendragon". Así matamos dos pájaros de un tiro... y los Pendragon desaparecerán de la faz de la Tierra.
Colgó la llamada y sonrió con sadismo.
—Vamos, gatita... Sal de tu escondite. El pájaro ya bajó del árbol.
Santiago de Chile - Autopista Central
03:00 AM
Un convoy avanzaba a toda velocidad por la autopista. Un camión, escoltado por dos autos —uno al frente y otro atrás—, se desplazaba bajo la tenue luz de los faroles.
En la cabina del camión, el conductor miró de reojo a su compañero y sonrió.
—Vamos bien. No creo que pase nada.
El acompañante, con un cigarro entre los labios, asintió.
—Nos dijeron que nos pagarían 20 millones a cada uno si llegábamos al aeropuerto lo antes posible.
El conductor soltó una carcajada.
—Igual se veían medio sospechosos. ¿Por qué carajo usaban armaduras? Y los de los autos... solo uniforme militar.
Antes de que pudieran seguir hablando, el radio del camión se activó.
—Convoy 2, tenemos una furgoneta negra sin placas acercándose por el carril izquierdo. Vidrios polarizados, no veo el interior. Manténganse atentos.
Desde el segundo auto, llegó la respuesta.
—Recibido. La tenemos a la vista. Avisen si pasa algo.
Apenas dos segundos después, la puerta lateral de la furgoneta se abrió de golpe.
Desde su interior, emergió una figura envuelta en una reluciente armadura metálica. En sus manos sostenía una ametralladora calibre 30 mm, su cañón reluciendo con un brillo letal bajo las luces de la autopista.
Sin mediar palabra, la caballero apretó el gatillo.
Un estruendoso rugido metálico rasgó la noche cuando una lluvia de proyectiles perforó el chasis del primer auto.
Las balas destrozaron el parabrisas en mil fragmentos de vidrio. Luego, perforaron la cabina, desgarrando carne y huesos con una brutalidad espantosa.
El conductor apenas tuvo tiempo de soltar una exclamación antes de que una ráfaga lo alcanzara de lleno en el pecho, abriéndole un agujero sangriento. Su cuerpo se sacudió violentamente, con la sangre salpicando el volante antes de quedar inerte.
El copiloto intentó agacharse, pero una bala le voló la mandíbula en una explosión de huesos y dientes. Otro disparo le atravesó el cuello destrozando su columna vertebral en el proceso.
El auto, ya sin control, zigzagueó violentamente por la carretera antes de que el tanque de gasolina recibiera el impacto final.
Un instante después, una explosión cegadora envolvió el vehículo en llamas, iluminando la autopista con un resplandor anaranjado.
Desde la cabina del camión, el conductor y su acompañante miraban la escena con el rostro desencajado por el horror.
—¡Mierda, mierda, mierda! —gritó el conductor, girando el volante con desesperación para evitar los restos en llamas que se deslizaban por el asfalto.
El segundo auto aceleró, posicionándose al lado de la furgoneta. Un soldado sacó medio cuerpo por la ventana y abrió fuego con un rifle.
Pero la furgoneta esquivó los disparos con maniobras precisas.
En ese momento, la caballero se movió.
Tomó impulso y saltó, con una patada destrozó las puertas traseras de la furgoneta, el metal retorciéndose con un chirrido agudo. En su mano izquierda, su espada apareció con un brillo espectral.
—Noble Phantams: Puerta de Tesoros de Arturo —susurró.
Frente a ella, se abrieron varios portales dorados. De su interior, salieron disparadas dos espadas que volaron con precisión quirúrgica hacia el segundo auto.
Los militares apenas tuvieron tiempo de reaccionar cuando las espadas se incrustaron en su vehículo. Un instante después, el auto explotó en una gran bola de fuego.
La caballero observó la explosión con atención.
Pero antes de que pudiera moverse...
—¡ENTONCES, TÚ ERES MI OPONENTE, ¿VERDAD?!
Un caballero con armadura y escudo la interceptó en el aire, lanzándola con un brutal impacto hacia el suelo.
El pavimento se resquebrajó en un cráter mientras el impacto levantaba una nube de polvo y escombros.
El camión y la furgoneta frenaron en seco.
Desde el camión, uno de los soldados gritó:
—¡Nikolaou, no te tardes! ¡Nos necesitan en el frente!
—Sigan sin mí. Mataré a esta gatita aquí mismo.
El camión arrancó a toda velocidad, y la furgoneta lo siguió poco después.
La caballero gruñó y se puso de pie con dificultad.
Nikolaou sonrió mientras la observaba.
—Levántate, gatita... Y pelea honorablemente conmigo, como una verdadera espartana.
La caballero suspiró y arrojó su capa al suelo, dejando al descubierto el brillo metálico de su armadura gris con detalles en rojo.
—¿Una espartana? —se burló con una sonrisa confiada—. Más bien, soy mitad rusa, mitad inglesa, baboso.
Nikolaou soltó una carcajada.
—Me gusta tu carácter. Dime tu nombre, para recordarlo cuando mueras.
—anabella pendragon— declaró con una sonrisa confiada
El casco de la caballero desapareció, dejando al descubierto su rostro.
Su cabello blanco, sedoso y ligeramente ondulado, caía hasta sus hombros, reflejando la luz de la autopista. Sus ojos, de un profundo tono celeste verdoso, brillaban con una intensidad desafiante.
Nikolaou sonrió con sadismo.
—Entonces tú eres la asesina de los Pendragon...Pensé que no ibas a ser tan atractiva, pero diablos... ¡qué hermosura tengo al frente!
Adoptó su postura de combate y gritó:
—¡Dame una pelea digna, Pendragon!
Anabella sonrió, alzando su espada.
—No te arrepientas cuando tu cabeza ruede por el suelo, espartano.
Y con eso la batalla comenzó.