Por cada estación (Jicheol)

Summary

Jihoon y SeungCheol se conocieron a tardes tiempos, con una vida ya recorrida. Tendrán cuatro estaciones para seguir descubriéndose Viviendo momentos en que pareciera que su vida vuelve a iniciarse 📎Romance/Fluff 📎Capítulos largos

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
13+

Invierno

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Jihoon llevaba vividos muchos años de experiencias, juegos, risas, acontecimientos, hechos, locuras y amores. Años que le sirvieron para aprender de lo bueno y lo malo, actuar sin dudar, pensar con antelación, ya no esperar nada de nadie y sentarte a mirar como la vida va pasando en un parpadeo.

Jihoon tenía familia, una grande, que se preocupaba de él, quienes con frecuencia le han de ir a visitar. Una familia hecha, con hijos y nietos, porque Jihoon, era un hombre adulto mayor.

Se había vuelto testarudo, obstinado, sin interés en las actividades que solía hacer, solitario, malhumorado. Su familia llevaba intentando sacarlo de su estilo de vida ermitaño desde hace tiempo pero nada lograba buenos resultados. Jihoon dejó de cuidar sus plantas y de socializar con personas de su edad.

Sin embargo, había un último recurso, el cual estaba relacionado con el viaje familiar por una temporada completa, donde le mintieron diciéndole que requería que todos fueran, sin excepciones, sin excusas. Se trataba de las vacaciones de la familia pero a Jihoon le esperaba algo distinto.

—No iré —Gruñó cruzándose de brazos.

—Tienes que ir, ya te inscribimos —Le decía un muchacho muy parecido a él pero mas alto, su hijo.

—Debieron pedir mi consentimiento, esto es abuso.

—Papá —Suspiró —Es un taller para que aprendas, socialices y te desarrolles con personas como tú, Empieza hoy.

—Es un taller para que se deshagan de mi, no iré.

Si fue, a regañadientes pero fue.

Jihoon leyó el nombre del curso que estaba por tomar, arrugó el papel y también su nariz. Comenzó a caminar en dirección a un círculo de sillas, acomodó su bufanda gris con tal de cubrir su boca y no tener que saludar a nadie, se sentó, todavía malhumorado.

Jihoon era del tipo de personas escépticas que no le tenía fe a los talles ni mucho menos a los nuevos compañeros que miraba de reojo. Su mirada era intensa, profunda, observó a cada uno de ellos, se dio cuenta que era un grupo de diez y odió tanto que fuera un número par, porque lo obligarían a formar equipo.

Sintió una desesperación iiritante con sólo haber oído el "Bienvenidos" y fue peor cuando sus sospechas se estaban haciendo realidad. Los maldijo a todos en sus pensamientos.

—Busquen un compañero y siéntense juntos.

Cerró sus ojos evadiendo todo contacto con el resto, despejó su mente e inició una melodía en su subconsciente. Nada sirvió, porque cuando los quiso abrir ya tenía un compañero de anteojos frente a él. Gruñó.

—Observen a su compañero —Hablaba el encargado del taller —Tendrán que describir en voz alta cinco cualidades que vean de él. Deben turnarse, primero uno y después el otro.

De verdad, odiaba este tipo de actividades. ¿Qué podía decir? Ni siquiera llevaba una hora conociéndolo. Usó el tiempo en que los demás compañeros equipos jugaban para observarlo duramente.

—¿Cuál es tu nombre? —Le preguntó su compañero.

—¿No deberías presentarte primero?.

—Es cierto —Él sonrió mostrando sus hoyuelos —Mi nombre es SeungCheol, Choi SeungCheol ¿Tú quién eres?.

Lo dudó, pero él se había presentado y lo lógico es que también lo hiciera —Me llamo Jihoon.

—¿Jihoonnie?.

—Jihoon —Recalcó —Ji-hoon.

Nadie lo llamaba así desde hace años. SeungCheol se quedó congelado, incluso agachó su mirada.

Hasta que llegó el turno de Jihoon para jugar.

Cinco cualidades de SeungCheol:

—Es tonto.

—Entrometido.

—Deforme.

—Raro.

—Y todos sus sinónimos.

El encargado se quedó asombrado y aterrado, claramente esas no eran cualidades pero lo más raro es que Jihoon parecía sentirse más animado luego de terminar de hablar. Por otro lado, SeungCheol palmaba su rostro, buscando lo raro y deforme en él.

Seguía el turno de SeungCheol.

Cinco cualidades de Jihoon:

—Es autónomo.

—Perceptivo.

—Lindo —Con eso iba bien.

—Astuto —Entonces...

—Un vil y gruñon enano anciano sacado de lo profundo del infierno —SeungCheol lo encaró frunciendo el ceño y señalándolo con el dedo.

—¿A quién le dices enano? —Jihoon se defendió colocándose de pie, acción que no le favoreció.

—A ti —SeungCheol con su mano en su cabeza pretendió medirse con él, evidenciando y comprobando su diferencia de alturas.

Finalmente, fueron separados, con varios asientos entre ellos que evitara otro posible enfrentamiento. La primera actividad fue un fracaso para conocerse y Jihoon ni se atrevía a pensar cómo serían las demás.

Se encontraba tan aburrido escuchando la charla de tolerancia y compañerismo que Jihoon buscó algo distinto para mantenerse distraído. Miró el suelo, la pared, la puerta su única vía de escape pero terminó de todos modos clavando su mirada en SeungCheol.

Luego de su discusión, no halló nada mejor que atacarlo como un hombre de edad avanzada haría, mostrándole la lengua. Lo cual enfureció aún más a Jihoon ya que no supo contrarrestar, así que lo ignoró.

Aunque no tuvo que pasar mucho tiempo para que la curiosidad lo venciera y volteara una vez más y saber qué hacía, sólo para recibir la misma respuesta. Resopló molesto, era de esperarse que en su primer día hiciera un enemigo pero no entendía por qué le importaba tanto pelearse con él.

SeungCheol seguía sacándole su lengua cada vez que Jihoon lo miraba, no importa si era a propósito o de causalidad. Le parecía un juego divertido y de alguna forma, adorable por sus torpes reacciones.

Entonces, ya después de un cansado juego y más bien ya rendido, Jihoon lo imitó mostrándole su lengua también. Sin embargo, no esperó que SeungCheol riera por esto, ni que sintiera algo extraño en su interior dando vueltas, tuvo que cubrir su boca una vez más para ocultar su involuntaria sonrisa.

Así daba por finalizado su primer día en el taller.

Para el segundo, a pesar de que aún no le agradaba seguir asistiendo, ahora tenía la motivación de molestar a SeungCheol, tal como lo hizo el día anterior y como tenía planeado hacerlo hasta el final del taller.

Para su mala suerte, no tuvo tiempo ya que a cada uno lo mantuvieron ocupado por separado, armando un estúpido rompecabezas. El que Jihoon no quiso terminar pero que en cambio se robó toda la atención de SeungCheol.

En el tercer dia hubo baile entretenido, todos participaron menos uno, Jihoon se quedó solo y amargado en un rincón. Veía con recelo a un entretenido SeungCheol que disfrutaba y reía con los demás, estaba confuso ya que extrañamente quería hablarle y saber más de él.

—Hagan pareja con el compañero de la primera clase —Para el cuarto día, su deseo resultó —Hablen, conózcanse y piensen en un regalo para él, porque vamos a aprender a tejer.

Y allí estaban sentados, mirándose, contemplándose, detestándose.

—Ni pienses que te haré un regalo —Se burló Jihoon con una expresión determinante.

—¿Cómo esperarlo? Tú no participas en las clases, sé que no harás nada —Buen punto —Yo si te haré uno.

—Entonces yo también —A eso se le llamaba, estrategia.

—Él mío será mejor.

—¿Te tienes mucha fe? Él mío sera el mejor —Jihoon lo dijo sonando casi como una amenaza.

Si, ahora tenía una razón más grande y competitiva para continuar asistiendo al odioso taller.

Los siguientes días fueron ocupados para aprender técnicas, tejer era un desafío para ambos, ninguno sabia hacerlo ni lo había practicado antes. Jihoon que odiaba toda actividad manual, era pésimo pero estaba más que motivado en lograrlo.

El problema era ¿Qué tejer o qué regarle a SeungCheol?.

—¿Qué me regalarás? —Preguntó SeungCheol mostrándole la lana que había había elegido.

—No lo sé todavía ¿Qué te gustaría?.

—Vaya ¿Estás siendo amable conmigo? —Le sonrió haciendo sus ojos desaparecer.

—¿Quieres un regalo o no? —Jihoon puso presión a su voz al sentirse avergonzado —Si trato de ser amable es sólo para pasar este estúpido taller.

SeungCheol había conocido a personas tercas, con carácter pesado, y luego estaba Jihoon. Que en el fondo le agradaba y no sabía por qué.

—De acuerdo —Suspiró resignado —¿Qué color te gusta más? ¿Rojo, negro, azul o verde?.

Jihoon pensó con cuidado, no le gustaba ninguno pero tampoco podía ser quisquilloso —El verde.

—Bien, ahora dame tu mano —Pidió SeungCheol ya menos tenso. Jihoon en cambio reaccionó confundido —Que me la des —Volvió a exigir perdiendo un poco su paciencia. SeungCheol tomó su muñeca alzándola hasta que la palma de la mano de Jihoon, tocó la suya, uniéndose en tacto y corazón. Se quedaron así unos segundos, Jihoon no hizo nada para apartarla, SeungCheol mucho menos —Perfecto, ya lo tengo.

—¿Para qué fue eso?.

—Para tu regalo —Le contestó como si nada.

Habían pasado dos semanas desde el inicio del taller y Jihoon sentía cada vez más curiosidad por saber que tipo de regalo recibiría de SeungCheol, negaba rotundamente que eso le emocionaba y que incluso lo hacía sonreír. SeungCheol no quería mostrarle ningún avance, era muy precavido, pero lo cierto era que aún no podía tejer nada.

SeungCheol era el único compañero que le hablaba, aunque muy escasoo lo justo. En ese período descubrió varias cuali que lo hacían una persona asombrosa. Si tuviera que volver a describirlo lo haría como una persona dedicada, estusiasta, apasionada, sonriente y odiosa.

Todavía no lo pasaba del todo, aunque ya le estimaba más que antes.

—¿Tienes familia, SeungCheol? —Era extraño que Jihoon tomara la iniciativa para comenzar una conversación.

SeungCheol lo deducía y le parecía tierno —Un hijo y nietos —Él le sonrió elevando su vista, provocando que se miraran por un corto periodo de tiempo —¿Qué hay de ti?.

—Hijos y nietos —Jihoon chisteó frunciendo un raro gesto —Que gritan todo el día, hacen ruido e interrumpen los pocos momentos que tengo de paz.

—¿Vives con ellos? Que afortunado eres. A mi me gusta el ruido —SeungCheol rió.

—En esta etapa de tu vida, sólo quieres tranquilidad y espacio.

—Yo no pienso así —Le corrigió —Creo que debemos estar más activos. ¿Sabes? Mi familia casi nunca me visita, a pesar de que vivimos cerca. Hace poco nació un nuevo integrante y no lo supe hasta que me los encontré en la calle.

A Jihoon se le apretó su corazón, tenía un nudo en su garganta al escuchar aquello. Observó con atención la melancolía expresión de SeungCheol que sin embargo se esforzaba por verse como si nada pasara. Sintió la necesidad de hacer algo, así que le demostró su apoyo dándole sutiles toques en su mano, acción que logró sacarle un suspiró a ambos y una sensación cálida  recorriendo su interior.

—¿Te parece hacer una tregua?.

—¿Estás sintiendo compasión por mí? —Se burló SeungCheol esbozando una hilarante sonrisa tras notar el ligero sonrojo de Jihoon —Acepto, estrechemos nuestras manos.

Lo hicieron, alzándolas para luego encontrarse en un suave apretón, sellando su acuerdo y dando por iniciado el paso a su amitad. Desde entonces ya no sólo hablaban más, SeungCheol logró convencer a Jihoon de participar en algunas actividades, por lo contrario, Jihoon únicamente aceptaba las que tenía que ver con hacer equipo junto a SeungCheol, ¿Por qué? Simple, lo consideraba como el único que le agradaba dentro del grupo.

—Traje nueces y té con miel como lo prometí —Le decía SeungCheol al tiempo que sacaba todo lo nombrado de un pequeño bolso, se encontraban apartados del resto, en su propio mundo.

—Yo los vasos y tostadas con mermelada —Resulta, que ahora compartían y armaban planes para sus ratos libres dentro del taller.

—Aquí tienes —SeungCheol le entregó su té correspondiente —Bébelo de prisa, antes que se enfríe.

Exista una atrayente confianza creciendo de poco entre ellos, ninguno se daba cuenta, o más bien, ninguno decía que durante las horas que no estaban en el taller, tenían presente al otro en sus pensamientos y en las actividades que podían hacer juntos. Lo divertido llegó cuando producto del calor del té, los anteojos de SeungCheol se empañaran y no le dejara ver ni recibir la tostada que Jihoon le ofrecía.

Los dos rieron como un par de tontos que no se divertían hace años. SeungCheol dejó salir su risa entrecortada mientras que Jihoon hizo un intento por parar, apreciar y darse cuenta que nunca notó que SeungCheol era dueño de una dulce y perfecta sonrisa.

—Déjame ayudarte —Habló acercándose a él con sus manos libres. Tomando sus anteojos para posterior a limpiarlos con su chaleco. Jihoon se aseguró de que quedaban brillantes y limpios, entonces, volvió a colocárselo, con cuidado de no dañarlo —Listo ¿Cómo quedaron?.

—Ahora te veo más lindo.

A Jihoon le fue imposible no sonrojarse, había olvidado la última vez que se sintió así de torpe. Consideraba que a estas alturas de su vida, no era válido ilusionarse o pensar que podría llegar a gustarle alguien más.

Sin embargo, justo antes de que el taller terminara, Jihoon se armó de valor encaminándose a un SeungCheol que guardaba con paciencia sus cosas. No podía terminar el día sin decirle lo que llevaba dando vueltas en su cabeza desde hace horas.

—SeungCheol —Se puso de frente a él —Quiero decirte que, no me había fijado que tus pestañas son muy largas y lindas —Quiso retractarse —Y deformes.

—¿Son deformes? —SeungCheol las tocó por debajo de sus anteojos, escuchó la risa aguda de Jihoon, la que le pareció adorable y honesta —Tomaré eso como un cumplido.

—Haz lo que quieras —Continuó riendo. La verdad, es que la causa de su risa fue porque se sintió relajado y feliz al decirle que sus pestañas eran lindas.

—Hasta mañana —Sin previo aviso, SeungCheol besó su mejilla para después marcharse.

Y Jihoon no pudo reclamarle, golpearlo, insultarlo, ni enfadarse, porque para su sorpresa, le gustó. Asimismo, estuvo sonriendo y distraído todo el resto del día, sintiendo todavía el calor en su mejilla, incluso su familia se sorprendía de que su ánimo estuviera diferente, hablara más de lo normal e incluso se mirara por largos lapsos de tiempo en el espejo.

Jihoon se sentía emocionado por regresar, había peinado su desgastado cabello hacía atrás, llevaba puesta su mejor camisa y sus pantalones con tirantes. No es que quisiera impresionar, sólo quería lucir bien. Del mismo modo, SeungCheol llegó caminando con un elegante bastón, con su frente despejada, usando un abrigo largo y una rosa en el bolsillo de este.

Hace bastante que ambos perdieron sus tácticas para coquetear, parecía que las habían guardado en un viejo baúl bajo siete llaves. Pero que éste, era el momento para volver a usarlas.

SeungCheol se acercó con sus piernas temblando del nerviosismo que sentía, trató de verse serio pero no podía evitar sonreír al observar lo bien que se veía Jihoon a cada paso más cerca.

—Traje flores para ti —Le dijo sacando un pequeño ramo desde el interior su abrigo.

—Traje discos de música para ti —Prosiguió Jihoon, mostrándole también. Tuvo una pequeña batalla con su lengua, decidiéndose qué decir —Creí que te gustaría, no quiero obligarte pero debes oír este y también este, tal vez este por la noche, puedo traerte más si quieres.

Discos era lo único que empacó además de su ropa.

SeungCheol rió emocionado, sus flores se quedaban muy atrás por sobre lo que Jihoon le ofrecía. Verlo así de titubeante y ansioso, provocaba que el sentimiento por él creciera mucho más —Es un honor que me recomiendes tú música —Le dijo —Con gusto escucharé todo, muchas gracias, Jihoonnie.

—Gracias por las flores —Jihoon cubrió su boca con la bufanda para no demostrar su boba sonrisa.

—Entonces ¿Puedo decirte así?.

—¿Cómo? —Jihoon ni siquiera había escuchado por los nervios.

—Jihoonnie —Repitió sonriendo.

Jihoon lo odiaba, ya era un hombre grande y mayor para que lo tratasen de ese modo. Aunque, extrañamente en ese instante, le encantó el tono de voz con que SeungCheol lo pronunció.

Asintió.

Habían pasado dos meses desde que el taller comenzó, y acorde más tiempo pasaba, más eran las muestras de afecto que SeungCheol y Jihoon se demostraban. Con sólo decir que, Jihoon empezó a hornear a escondidas dulces y galletas para llevarlos y compartirlos con SeungCheol, los cuales mentía diciendo que los compraba, excusándose si llegaban a quedar mal.

Dos meses en que por estar pendiente de otros asuntos en los que involucraba su corazón y sentimientos, olvidó la misión prioritaria del taller.

Quedaba un par de semanas para que el taller de la temporada acabase y Jihoon todavía no tenía ni la cuarta parte hecha, porque realmente no sabía qué hacer.

—SeungCheol ¿Cómo vas con el regalo para el final de las clases? —Preguntó Jihoon un tanto desesperado.

—¿Regalo para el final de las clases? Es un regalo para ti, Jihoonnie —Se burló punzando su frente —Tuve que comenzar el segundo de nuevo porque me equivoqué, pero ya me falta poco.

—¿Dos? ¿Estás haciendo dos?.

—¡Shhh!... Es un secreto. ¿Cómo vas tú? Ya quiero saber que me darás.

—Es un secreto —Le siguió el juego.

Jihoon veía que el limite de tiempo se venía muy encima. Debía pensar qué regalarle a SeungCheol, algo fácil, que le sirviera y lo más importante, que pudiera hacer.

Le asustaba llegar con las manos vacías.

—¡Aah! Que frío hace —SeungCheol se quejó frotando sus orejas. Las que una vez llamó deformes pero que en el fondo le gustaban, mucho.

Tuvo una idea.

Ahora que lo tenía, quedaba el paso de ponerse manos a la obra. Pasó días trabajando en ello, dividió sus tiempos durante el taller, en su casa con su familia, hasta en las noches, quedándose despierto a altas horas.

—Veo, veo... Un objeto azul y con más objetos dentro.

—Es el estante, SeungCheol —Jihoon rió dándole un golpecito en sus costillas —Di algo más difícil.

—Veo, veo... Es pequeño, suave y —Miró intensamente a un Jihoon que con cada segundo se ponía más sonrojado —Es rojo.

—No, no sé —Se vio obligado a desviar su mirada, ya no aguantaba ponerse así de tímido frente a SeungCheol. No quería que se notara tan obvio que tenía sentimientos por él.

—Es la bolita de lana —Rió.

Jihoon también lo hizo, era tan fácil y predecible que no lo pensó —Me toca a mí. Veo, veo... Mmm... Es deforme.

—¿Soy yo? —Preguntó tocando su rostro y una expresión apenada.

—No eres tú —Jihoon le apartó su mano —Es la figura de plastilina allá en el rincón. No eres deforme, eres normal.

—Me alivia saber que pienses eso de mi, de igual forma lo tomaré como un cumplido.

—Esta bien —Esta vez, no lo negó.

SeungCheol aprovechó de que sus manos se mantenían unidas para apretarla sutilmente —Estoy ansioso por ver mi regalo mañana.

El último día de taller llegó, Jihoon no sabía si sentirlo como algo bueno o malo. Por un lado, quería entregar lo que con tanto esfuerzo realizó, su regalo hecho con sus manos y cariño, recibir el suyo y ver la hermosa sonrisa emocionada de SeungCheol. Pero por el otro, no le gustaba la idea de que sería la última vez que lo vería, eso lo tenía triste y cabizbajo.

—Cierra tus ojos hasta que yo te diga, Jihoonnie.

—SeungCheol ¿Podemos hablar antes?.

—Después, todos entregaron sus regalos, sólo faltamos nosotros. Cierra tus ojos —Insistió de forma juguetona. Jihoon obedeció con el obsequio que era para SeungCheol en sus manos, lo apretó —Abrélos, abrélos. Esto es de mí para ti.

Los abrió, los observó y no pudo evitar sonreír al ver que su regalo era un par de guantes color verde. Ahora entendía el por qué SeungCheol hizo que sus manos chocaran, fue para medirlas, muy listo —Tonto, idiota —Susurró tomándolos. Jihoon en verdad apreciaba mucho la dedicación y el esfuerzo puesto en ellos —Muchas gracias.

—Tus manos siempre están frías, en unos días será primavera pero úsalos cuando creas que sea conveniente .

Jihoon sintió una extraña sensación de llorar, culpaba a la edad y sus emociones latentes. Lo cierto es que extrañaría demasiado a SeungCheol.

—Este es mi regalo para ti —Le extendió una pequeña bolsa al tiempo que agudizaba sus sentidos, preparándose para lo que venía.

—Genial, un gorro de lana de muchos colores —Fue muy dulce que a pesar de ya ser un hombre adulto, SeungCheol se viera como un niño pequeño que recibía el mejor regalo de su vida. Sin perder más el tiempo, se lo probó.

Le quedó grande, muy grande en realidad porque Jihoon no consideró dimensiones ni nada pero al menos cumplía su función, abrigar la cabeza y orejas de SeungCheol.

—Lo hice muy grande, lo siento —Jihoon intentó tenerlo de vuelta, se sentía avergonzado.

—Me gusta así —SeungCheol no se lo permitió, protegiéndolo con sus manos —Me encantó, lo usaré.

—Te ves horrible —Aunque la cálida sonrisa de SeungCheol logró que se volviera a sentir cómodo ante su presencia. Le encantaba.

—El taller terminó, lo disfruté estando contigo —Su mirada de pronto se aflojó. No dudó en agarrar las manos de Jihoon, moviéndolas en un suave balanceo —¿Qué harás ahora? Podemos vernos igual, si tu aceptas puedo llevarte a cenar a mi casa.

La presión en el pecho de Jihoon se hizo más fuerte, no quería despedirse. Sin embargo, tenía que decirle —SeungCheol yo no podré, mi familia se va —Confesó con su voz muy baja —Regresaremos a nuestro hogar, no puedo quedarme.

—¿Ya no nos veremos más? —SeungCheol frunció una expresión melancólica, apretó sus labios, también los mordió por la frustración.

—Hiciste que me gustara venir a este estúpido taller —Rió —No fue tan malo, aprendí cosas y fracasé en otras también. Fuiste lo mejor de todo, te consideré un buen amigo y creo que pudiste ser más.

—Tú me gustas, Jihoonnie.

Los latidos del corazón de Jihoon se aceleraron como nunca lo hicieron en muchos años. Quiso reír, gritar, llorar, lamentarse.

—¿No estamos muy viejos para sentir esto? —Fue ahí, que SeungCheol supo que su sentimiento era totalmente correspondido.

—¿Quién lo dice? —Suspiró sin soltar el agarre de sus manos —Estaré aquí, la próxima temporada habrá otro taller, yo estaré aquí —Para luego abrazarlo, envolviendo su cuerpo con todo su calor y afecto —Hasta entonces, que tengas una buena vida.

Definitivamente, Jihoon haría todo lo posible por regresar.

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