• The Path to the Stars • | Taekook

Summary

Desde su niñez Jungkook ha vivido con su nariz enterrada en los libros, absorbiendo distintos tipos de géneros literarios que hacían volar su imaginación. Su género favorito era la fantasía, dónde relataban historias más allá de la raza humana; dragones, sirenas, hadas y brujas. Podría pasar horas sumergido en las páginas coloridas. Pero entre todos ellos tenía su cuento favorito, titulado "El camino hacia las estrellas." No era un libro muy popular, la mayoría de sus amigos nunca habían visto una copia en alguna librería. Siempre lo guardó recelosamente, al parecer era un libro único encontrado en la estantería de su ático. Una noche tratando de recrear la simbología de las estrellas descritas en el cuento con su pincel sobre un lienzo, éstas brillaron mágicamente y parecieron conectarse como constelaciones, haciendo que su aliento quedase atrapado en su garganta. Nunca se esperó que aquello fuese una puerta para invocar al protagonista del cuento, quien flotó sobre su rostro con evidente sorpresa también. "Las estrellas han elegido erróneamente" soltó el extraño de repente. "¿Q-Qué quieres decir?" dijo Jungkook en tono agudo, sin creer lo que estaba pasando. "Les pedí a las entrellas que me guiasen hacía mi compañero de misión, pero tú no pareces muy valiente." Jungkook soltó un bufido de incredulidad y vergüenza, ¿qué podía saber un personaje ficticio de la vida real?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Prologo

La lluvia no hacía cesado en toda la noche. El constante repiqueo de las gotas sobre su ventana hacia que el niño agarrase con más fuerza la frazada a su alrededor. Estaba hecho un ovillo sobre su cama llena de almohadas y peluches, su escritorio adornado con una suave lámpara había parpadeado varias veces, como si compartiese el cansancio al igual que él, cerrando sus ojos de a poco.

El pequeño hundió su nariz en las sábanas que lo apretaban y soltó una gran exhalación, llevaba un buen tiempo sentado y mirando hacia los vidrios que estaban ocultos por cortinas azules con dibujos de estrellas. Los relámpagos hacían que estas se iluminasen con una luz celeste, la naturaleza había decidido ser despiadada en el invierno y creaba tormentas nocturnas que le quitaban las ganas de dormir. Había escuchado a los adultos en sus conversaciones comentar que la lluvia volvía más pesados sus sueños, sin embargo Jungkook no compartía esa opinión. No podía dormir con tanto ruido afuera.

Esperó algunos minutos más hasta que finalmente se movió de su ovillo y salió de la cama. Era de madrugada, las dos y cuarenta de la mañana, sus padres seguramente estarían dormidos aún. Jungkook apretó los puños contra sus ojos cansados y se puso las pantuflas, tomando la frazada para dirigirse hasta la puerta de su habitación. Al salir, los pasillos de la casa estaban iluminados por suaves lámparas y él se guió con ellas, dando pasos suaves por si algún ruido alertaba a sus padres de su presencia, aunque era poco probable por el ruido de la tormenta y lo grande que era la casa.

Al llegar a una de las habitaciones que usaban de bodega para los materiales de pintura de su padre, Jungkook cerró silenciosamente detrás de él y tomo una aspiración, su nariz picando por el aroma a pintura fresca en algunos cuadros sin terminar, habían toques de madera en el aroma, también algunas flores como lilas y peonias que su padre usaba de inspiración. Jungkook había tenido la oportunidad de compartir el arte de la pintura con su padre muchas veces, sumergiendo sus dedos en ella y pasándola por lienzos, otras veces, simplemente sentándose en el regazo de su padre y mirándolo trazar con pinceles en un lienzo. Era un arte fascinante que creaba cosquillas en su estómago ante la emoción y hacia que sus ojos se abrieran de par en par. Pensaba que era como magia, como cada trazo y línea creaba algo distinto a la imaginación, poniendo empeño y esfuerzo en recrearlo.

Pero su objetivo de esta noche no era jugar con pintura, era algo un poco más calmo y sencillo pero no menos emocionante. Jungkook miró hacia el fondo de la habitación y pudo visualizar la escotilla que resguardaba uno de sus lugares favoritos en toda la casa además de su habitación. Yendo hasta allí, sus propias manos no podían tomar la escotilla ya que estaba muy alto, pero ya había aprendido a lidiar con el problema.

Dándose la vuelta miró el taburete donde su padre se sentaba frente al caballete y lo agarró con sus manos, posicionándolo debajo de la escotilla. Se liberó de la frazada que tenía sobre sus hombros y la dejó caer, para subirse al taburete con sus pies y doblar su tamaño, llegando a la escotilla. Una vez que logró tirar de ella las escaleras se desplegaron hacia abajo, dándole acceso al ático.

Soltando una risita de emoción, tomó nuevamente su frazada y comenzó a caminar por las escaleras hacia arriba, llegando al lugar donde su imaginación volaba cada noche, y las palabras lo envolvían con ternura en sus aventuras sinigual. El niño inmediatamente prendió el interruptor y la magia llenó el lugar; las luces en formas de mariposas amarillas colocadas sobre las paredes en cascadas cobraron vida, dándole una cálida bienvenida. Jungkook llegó hasta una mesita y le dió cuerda a un carrusel con brillantes corseles, llenando la habitación con su melodía de cuna mientras los caballos daban vueltas en el carrusel iluminado. Dando un salto hacia un puf, Jungkook se hundió en el y soltó una exhalación, mirando las grandes bibliotecas con un sinnúmero de libros por devorar. El niño miró a su derecha y prendió otra lámpara en forma de hongo, la cual le ayudaba a ver más correctamente los libros que leía acostado en el puf. Una vez que se dió el descanso suficiente se levantó nuevamente y comenzó a recorrer las literas en busca de su nueva aventura.

El día de ayer había terminado una historia llamada: "La tripulación de Capir", dónde retrataban a un pirata llamado Capir bastante respetado que se dedicaba a robar tesoros inigualables, como espejos mágicos que concedían deseos, un jarrón mágico que convertía cualquier objeto tirado en él en oro, un catalejo que podía ver espíritus a través de él que le ayudaban a navegar en los océanos. Lo había tenido concentrado en la lectura por al menos una semana antes de llegar al final, donde se enamora de una sirena que le da un tesoro mayor que cualquier objeto; el poder de manejar los mares según su voluntad. Capir se retira de la piratería para proteger al océano junto a su amada en las profundidades. Jungkook había deseado tanto convertirse en pirata luego de esa historia, tanto así que leía la historia con un parche en su ojo derecho.

Pero está noche quería iniciar algo diferente. Así fue como se desplazó en búsqueda de la nueva historia. Su padre era el encargado de mantener surtida su galería, llevándole libros que compraba en sus viajes, aunque algunos de ellos habían quedado aquí con la mudanza anterior. Esto ocurrió mucho antes de que Jungkook naciera, pues sus padres habían comprado está casa hace unos veinte años.

Su dedo índice se desplazó por los títulos, viendo algunos que le hacían detenerse y leer el lomo. Algunos ya eran reconocidos, otros le invitaban a darle un vistazo. Fue cuando iba por la tercera estantería al fondo de la habitación que se detuvo frente a uno en especial, las palabras escritas en el lomo parecían parpadear en luz. El niño lo miró fijamente y sus dedos pasaron por las palabras talladas.

—El camino hacia las estrellas —susurró en la soledad de la habitación, un secreto de su travesura a escondidas, una afirmación al reconocer su existencia.

Nunca lo había visto.

Con curiosidad, puso su dedo índice encima del lomo y lo deslizo hacia afuera, tomándolo en sus manos. La portada del libro tenía siete estrellas en total que parecían darle forma a una constelación. A su edad Jungkook sabía muy poco de las constelaciones y su significado, tampoco le enseñaban de ellas en la escuela, así que no podía ponerle nombre a lo que veía. Pasó sus dedos sobre la textura de los puntos y aquellas parecían sobresalir, conectadas por hendiduras las unas a las otras. La portada parecía un sendero que se extendía hacia el horizonte, dónde encima estaban las constelaciones, debajo aparecía el título nuevamente. El libro tenía un azul oscuro que contrastaba contra el amarillo de sus estrellas y palabras talladas. Al moverlas de un lado hacia otro estas reflebajan la luz de la habitación. Jungkook estaba fascinado por el diseño tan bonito y se lo llevó consigo hasta el puf, empezando a examinar más de cerca.

Cuando estuvo sentado y cómodo en su posición, comenzó a pasar páginas para leer su índice, constaba de siete capitulos al igual que el número de estrellas. No había prólogo, lo cual era raro pero no menos prometedor, empezó a leerlo directamente.

"Existió hace mucho tiempo, un niño llamado Taehyung del planeta Vanx ubicado en la tercera Galaxia, que visitaba distintos planetas con sus padres para regalarles una estrella a cada uno. El planeta Vanx era una esfera que había nacido de la estrella mas poderosa de todas; la estrella V. Ella, tan llena de poder y riqueza quiso que sus habitantes, más concretamente los reyes del planeta, obtuvieran su poder y lograran repartir estrellas en toda la galaxia, hacia aquellos desafortunados que vivían sumidos en la oscuridad. Así, la misión de la familia fue llenar la tercera Galaxia de su brillo poderoso, pues estas estrellas tenían el milagro de hacer prospera la tierra árida para cultivos y fauna.

El poder de estás estrellas debía ser repartido para todos aquellos desafortunados en planetas o asteroides, llenando así de vida su Galaxia. Sin embargo, un poder tan grande como una estrella tan milagrosa que hiciera próspero todo a su paso podía ser muy codiciado, es por esto que a medida que los planetas empezaron a conocer más de ello, el planeta Vanx fue objetivo de más de una cacería para atrapar a alguno de la familia real, quienes tenían el poder de crear estrellas.

¿Pero quienes podían ser tan crueles como para querer el poder solo para sí mismos? La respuesta era sencilla, los piratas de la Galaxia."

Ante este punto de la lectura, Jungkook apretaba el libro con saña, abriendo su boca con asombro y disfrutando de la lectura con emoción. Se acomodó de forma recta en el puf y siguió leyendo, pues la historia empezaba a ponerse oscura.

"Existían diferentes grupos de piratas, pero entre todos ellos había una tripulación con una fama conocida por su hostilidad, crueldad y peligro, eran los piratas de Bonxher. Sus especies comprendían extraterrestres con dos cabezas y seis extremidades, cuatro brazos y dos piernas. Algunos de ellos no tenían cabeza directamente, solo una masa corporal que se arrastraba con bocas sonrientes y olor putrefacto. Otros tenían colmillos sobre sus hocicos que se cerraban de forma horizontal al hablar, dejando escapar chirridos en su habla nativa, sus cuerpos adornados por picos irregulares de espinas y coraza. El capitán de todos ellos se llamaba Nulsck, siendo de una especie con una sola cabeza con dos rendijas verticales de ojos azules y córnea oscura, piel llena de escamas en una palidez grisácea, su coxis daba forma a una cola de punta filosa. Su lengua bípeda dejaba soltar palabras susurrantes, pero era el que más conocía idiomas extranjeros y por eso había reunido un grupo tan diversos de compañeros a su navío. La criatura tenía una estatura de tres metros y podía mostrarse muy dócil, cuando la realidad era muy distinta.

Está criatura que lideraba a los Bonxher había llevado a cabo el secuestro de los padres de Taehyug, privando a los siete planetas restantes de la Galaxia obtener su estrella.

El príncipe había estado en el planeta Vanx cuando la noticia del secuestro había llegado por los sirvientes del castillo, e inmediatamente sucumbió al terror y la tristeza. Tenía trece años cuando sucedió aquella tragedia.

A partir de ese momento, el príncipe le fue encomendada una misión llegada directamente de la estrella V: iluminar el resto de los planetas faltantes y así impedir que estos sucumbieran al poder de los piratas. Fue así como Taehyung tomó la misión con valor y su aventura por el resto de los siete planetas dio inicio."

Jungkook estaba tan sumergido en la lectura que casi tira el libro de sus manos cuando escuchó como la escotilla fue abierta y su padre subió las escaleras, viéndole con sospecha.

—¿Otra vez te quedaste leyendo toda la noche? —Y aunque la pregunta ya tenía respuesta, no pudo evitar el tono acusatorio hacia su único hijo. Vio como este se encogió en su sitio y colocó un marcapasos en el libro que tenía en sus manos, para después cerrarlo—. Son las siete de la mañana Kook, ve a alistarte. Te llevaré a la escuela.

Ante sus palabras el niño dejó escapar un grito. ¡¿Ya era tan tarde?! ¿En qué momento se pasaron las horas tan rápido?

—¡Ya voy!

Saltando en su sitio bajó las escaleras rápidamente y se metió en la ducha para alistarse. Quince minutos después ya tenía la mochila sobre su hombro y estaba ingresando al automóvil con su padre, yendo hacia la escuela. Jungkook miró por la ventana del carro las gotas de lluvia que se deslizaban por el vidrio y sopló una exhalación, pasando su dedo para hacer un dibujo de una estrella.

—¿Por qué llueve tanto papá?

Su padre, el artista Jeon Minwa lo miró por el retrovisor en una luz en rojo. Su hijo tenía algunas ojeras que delataban su desvelo. Negó con su cabeza.

—Jungkook, no puedes quedarte leyendo toda la noche de nuevo. —En lugar de responderle, cambió de tema. Minwa pisó el acelerador cuando la luz cambió a verde y puso atención al camino, el parabrisas deslizándose constantemente ante la lluvia—. Sé que el arte es envolvente, yo mismo me he desvelado pintando, pero soy un adulto y este es mi trabajo, tú eres un niño y tu crecimiento podría afectarse sino duermes en la noche. Cuando seas adulto como yo no podrás conciliar el sueño y tendrás consecuencias. Quiero que de ahora en adelante sino puedes dormir por el ruido de la lluvia, entra a nuestra habitación y mamá y yo veremos qué podemos hacer. No quiero que te desveles nuevamente, ¿entendido?

Jungkook miró a su padre y murmuró una afirmación, haciendo un puchero inconsciente e infantil. Tenía once años, cerca de la pubertad, no era tan niño como sus padres creían. Aunque sabía que lógicamente sus párpados pedirían cerrarse a lo largo del día por el sueño.

Le gustaba la soledad de la noche y aún más, estaba demasiado curioso acerca de la nueva historia como para dejarla pasar. ¿Quizá debería llevarse el libro a la escuela y leerlo ahí? Tal vez alguno de sus amigos había leído ya el libro y podría comentar con ellos.

El carro se estacionó frente a la institución infantil y Minwa salió del auto con una sombrilla sobre su cabeza, abriendo la puerta trasera para traer a su hijo. Le dió un corto abrazo antes de dejarlo en la puerta.

—Aprende bastante hoy y cuéntamelo en la cena, ¿bien?

—Bien —susurró Jungkook y tomó la sombrilla extra que le brindó su padre. La guardó en su mochila y abrazó el torso del señor Jeon nuevamente mientras esté le alborotaba el cabello castaño.

Fue así como ingresó a la escuela.

La mayor parte del día se basó en estudiar ciencias naturales, pero debido a la lluvia no pudieron salir a los establos de la escuela para aprender más acerca de los animales. El barro y los charcos hacían muy peligroso el recorrido, además del viento que empeoraba la situación. Jungkook suspiró mientras sostenía su barbilla, sentado en el escritorio y mirando la pizarra mientras sus ojos se pegaban de a ratos. La profesora seguía discutiendo algo acerca de las vacas, su especie mamífera, algo sobre su leche para lácteos, y...

Su cabeza se deslizó por su brazo y finalmente cayó ante el sueño, volviendo su alrededor totalmente negro.

.

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.

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Su alrededor estaba vacío y oscuro.

Los ojos del niño no podían captar su propio cuerpo, como si no existiera y solo sus ojos estuvieran flotando en este espacio ingrávido.

Estaba confundido y precavido, mirando a su alrededor si lograba captar aunque sea algo pero... nada. No había más que vacío sin fin.

Entonces su negrura empezó a verse invadida por diversos puntos de luz que empezaron a moverse y parpadear. Jungkook miró como cada uno de ellos parecía iluminarse de distintas formas; algunos más tímidos, otros más orgullosos, no sabían cómo reaccionar ante él.

Estos puntos de luz parecían...

Estrellas.

Al reconocer lo que eran, el cuerpo del niño se materializó finalmente, como si la oscuridad hubiera abandonado su cuerpo para permitirle ver la luz de nuevo. Jungkook miró sus propias manos y luego todo su cuerpo que parecía desprender luz propia. Dando una vuelta alrededor, se dió cuenta de que estaba flotando y soltó una risa corta, achispada e infantil. Sus ojos se dirigieron nuevamente a las estrellas, parecían haberse avivado también.

Ellas respondieron con alegría propia, y cualquier rastro de desconfianza se esfumó al ver su sonrisa.

Con esta nueva confianza, los puntos de luz a su alrededor comenzaron a ordenarse de una forma distinta, como luciérnagas volando achispadas para dejar en claro una señal. Dubitativo, Jungkook intentó acercarse y recorrer con ellas las señales que les mandaban, trazando un sendero que en su memoria resultaba muy familiar, pero no podía recordarlo en este momento. Jungkook finalmente las miró colocarse a sus pies y crear un tipo de suelo donde sus pies pudieron aterrizar sin ser quemados, aquí comenzó el sendero y él, sin dudar de la aventura comenzó a caminar para ver hasta donde llevaba.

Mientras recorría su camino, pareció captar una luz brillante al final del sendero. Jungkook corrió un poco más rápido para captar el detalle de lo que estaba viendo. Parecía ser un grupo de siete estrellas más grandes unidas en un círculo. Sus labios se separaron con asombro y su mano iluminada quiso tocar el círculo, cuando una voz susurró dentro de su mente:

"Algún día lograré encontrarte."

Jungkook se estremeció y frunció el ceño ante esto. ¿Había sido su propia voz? Se escuchó como si fuera él, pero no había dicho eso de manera consciente.

Entonces el brillo comenzó a apagarse y en su lugar, otra voz empezó a deslizarse en su mente

—...Kook!

Jungkook juntó más sus cejas en molestia, ¿por qué la luz estaba desvaneciéndose? ¿A quien debía encontrar?

—...ngkook

—¡Jungkook!

Finalmente se despertó en un sobresalto y miró a Mingyu, su mejor amigo, mientras este le golpeaba el brazo.

—¡Al fin despiertas! La clase terminó hace ocho minutos, ¿en serio no me escuchaste? Tienes suerte de que el profesor Tanaka haya sido llamado por su esposa en una emergencia y no te haya visto. Idiota.

Jungkook se lamió la boca seca por el sueño y se estiró perezoso, tenía mal humor después de ser despertado tan abruptamente. Crujió su propio cuello y logró asestar un golpe al estúpido de su amigo.

—No son maneras de despertarme.

Mingyu solo rodó sus ojos y le tiró su mochila.

—Apúrate o nos cerrarán la biblioteca, tenemos el proyecto de genética para pasado mañana en la tarde.

Jungkook soltó una maldición por lo bajo. Se había olvidado por completo de su proyecto por quedarse toda la noche leyendo... otra vez. Además su padre le había pedido su ayuda para algunos cuadros, el pobre estaba un poco saturado de trabajo en estos días. Desde que había abierto su propia galería en el centro de Boston no dejaban de llegarle pedidos de gente bastante bien posicionada en la pirámide para decorar sus casas con cuadros extravagantes. Jeon Minwa estaba en su mejor momento pero tenía un defecto como cualquier otro humano; envejecía. Las noches de desvelo cobran factura a cualquiera. Jungkook a tenido que verlo lidiando con café todas las mañanas y noches a lo largo de los años.

Asi que ahí están, pasando horas de su noche con su nariz metida entre los lienzos ayudando a su padre y las páginas de los libros. Son sus fabulosas noches de sábado a sus diecinueve años de edad.

Su niñez había volado entre páginas de papel desgastadas, gotas de pintura sobre su rostro y cariño risueño entre sus padres.

Volviendo su vista perezosamente a Mingyu, se puso la mochila y fueron juntos a la biblioteca. Había algo importante susurrando en su mente y no se trataba solo de la tarea que había retrasado hoy... pero no podía recordarlo.

Parpadeando, decidió que no podía ser tan importante si se había olvidado de ello tan rápido, así que se encogió de hombros y empezó a buscar entre las estanterías los libros de genética necesarios para empezar.

Debía concentrarse.




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Nos vemos en el capítulo 1 ❤️