SIN CONEXIÓN

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Summary

¿Es obligatorio un resumen? ¡Carajo, no!

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

COINCIDENCIAS

¿Existe una forma correcta de empezar una historia de amor? ¿Y cómo se reconoce, en primer lugar, que lo es?

Podría decir que todo comenzó el día más feliz de mi vida. O podría empezar con una tragedia, con una herida que todavía no cicatriza. Incluso podría afirmar que lo amé desde el primer instante, desde la primera mirada. Pero mentiría. La verdad es que el amor rara vez se presenta con anuncios claros o señales luminosas. A veces llega torpe, disfrazado de coincidencia, de rutina o de simple cansancio.

Supongo que no hay una manera correcta de empezar. Así que comenzaré desde donde, para mí, todo empezó a encajar.

—Vamos, es solo una salida amigable. ¿Por qué no quieres ir?

—Es lunes —respondí sin pensarlo demasiado—. ¿Por qué querría ir a un bar un lunes?

—Para empezar bien la semana.

—¡Ja! —solté una risa incrédula—. Para tu información, ya empecé el día bastante bien. Diría que incluso voy camino a tener una gran semana.

—Vamos, Scotty.

—Scott —la corregí.

—No seas amargado. Tienes que salir más, conocer gente, divertirte... o vas a terminar solo, Scotty.

—Scott —repetí, ahora con un suspiro—. ¿Amargado? Estuvimos todo el fin de semana saliendo. Estoy cansado, agotado, y lo único que quiero es llegar a casa y dormir.

Jessica me observó unos segundos, como si evaluara si insistir valía la pena. Finalmente, hizo un puchero exagerado.

—Estaremos a las nueve en el bar de siempre —dijo—. Por si cambias de opinión.

Claro que no iré.

Eso era lo que debía haber dicho. Sin embargo, una hora más tarde me encontraba caminando hacia el maldito bar BeerShit, con las manos hundidas en los bolsillos y una resignación silenciosa pesándome en los hombros. Solté un suspiro y me detuve frente a un local contiguo al bar. El ventanal reflejaba mi imagen como un espejo improvisado. Me acomodé el cabello, ajusté la chaqueta y corregí detalles mínimos, más por costumbre que por vanidad.

Entonces escuché una risa aguda, demasiado viva para esa hora. Provenía del callejón junto al local y se hacía cada vez más cercana. En segundos, una chica rubia apareció tomada de la mano de un chico casi de su misma estatura. Tal vez medían lo mismo, pero los tacones de ella le daban una ventaja evidente.

Seguí fingiendo que me arreglaba, aunque no pude evitar observarlos a través del reflejo. Se despidieron con una naturalidad íntima, se dieron un beso largo y luego tomaron caminos opuestos. Antes de apartar la mirada, vi a la chica entrar al bar.

Me encogí de hombros.

Dentro del bar, la música y las risas me envolvieron de inmediato. No tardé en encontrar a Jessica junto a Martha y Kyle, ocupando el rincón de siempre, riendo como si el lunes no existiera.

—¡Sí viniste! —se animó Jessica apenas me vio.

—¿Y ser un amargado? Jamás —reí mientras me sentaba—. ¿Ya pidieron?

—Llegamos recién —respondió Kyle—. Todavía no.

—Estamos esperando a la mesera —añadió Martha.

Como si la hubieran invocado, una chica con delantal y gorra se acercó a la mesa.

—Buenas noches. ¿Ya saben qué van a pedir?

El tiempo pasó rápido. Demasiado. Una hora y media después, Jessica estaba claramente mareada, repitiendo cuánto nos quería con una intensidad casi conmovedora. Kyle se reía de absolutamente todo, y Martha parecía desconectarse por momentos, mirando a la nada.

Con una sonrisa incómoda y una breve disculpa, me levanté para ir al baño. Siempre me sorprendía lo poco que podían tolerar el alcohol. No es que yo fuera un experto, pero con cuatro tragos apenas sentía algún efecto.

El baño estaba vacío. Entré a un cubículo y, cuando salí, un chico ocupó el que había dejado libre. Podría decir que no tenía nada de especial, que era alguien común, pero no sería cierto. Era alto —no exageradamente, pero sí más que yo— y llevaba una barba marcada, prolija, evidentemente cuidada.

Quise observarlo un poco más, pero se encerró rápido en el cubículo. Entonces hice algo bastante patético: fingí acomodarme frente al espejo, esperando. Esperé más de lo necesario. Cuando salió, seguí observándolo con disimulo.

Joder. Sí que era alto. La barba, el porte, el estilo. Llevaba un pantalón liso y una camisa metida dentro, lo que le daba un aire elegante sin esfuerzo. Me miró de reojo y nuestras miradas se cruzaron durante unos segundos. No fue incómodo. Sonrió. Una sonrisa tranquila, casi cómplice.

Antes de que cualquiera pudiera decir algo, la puerta del baño se abrió y una chica entró sin el menor cuidado.

La vida tiene coincidencias extrañas. Porque era, sin lugar a dudas, la misma chica del callejón.

—Amor, este es el baño de hombres —dijo en un susurro divertido—. ¿Qué haces?

—Te estabas tardando —murmuró ella, pegándose a él para besarlo con la misma intensidad que había visto minutos antes.

Y no, no era el mismo chico del callejón. La diferencia era evidente.

Este hombre era imponente. De esos que llaman la atención sin proponérselo. De los que, en una fiesta, ves una vez y luego buscas con la mirada una y otra vez, casi de manera inconsciente. Era adictivo observarlo.

Ahí entendí la señal. No tenía nada que hacer allí.

Me lavé las manos con movimientos rápidos, los rodeé sin decir una palabra y salí del baño.

Y esa fue la primera vez que lo vi.