Ahí donde soliamos gritar - L Green

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Summary

No sabía si estaba nerviosa o el tembleque suave de mi pie contra los adoquines de aquella acera se debía al viento gélido que luchaba por despeinar mis cabellos

Genre
Romance
Author
WNLesb
Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
13+

I

No sabía si estaba nerviosa o el tembleque suave de mi pie contra los adoquines de aquella acera se debía al viento gélido que luchaba por despeinar mis cabellos, golpeando mi rostro y obligándome a colocar, una vez más, el cuello de mi abrigo, mientras el vaho escapaba de mis labios y miraba, casi por décima vez las manijas de mi reloj, aunque sabía que ella no iba a llegar tarde.

Cuando aquel accesorio que nos tenía esclavos del tiempo marcó la hora pactada, el sonido tan característico que producía aquel motor llegó a mis oídos, mientras alzaba mi mirada, clavándola en aquella esquina por donde sabía que iba a aparecer en cuestión de segundos aquel deportivo rojo, el mismo que destacaba en medio de la ciudad por su rugido, ya que nunca fue un coche normal, sino que estaba preparado para carreras clandestinas y adrenalina recorriendo tus venas.

Tenía puesta la capota pues el frío de la noche así lo requería y, mentalmente, lo agradecí ya que no estaba lista para la velocidad con el gélido viento golpeándome el rostro, casi cortante.

El vehículo se detuvo frente a mí y tardé la friolera suma de dos segundos en correr para entrar en él, sintiendo en el acto como la cálida temperatura del coche recorría mis miembros entumecidos, suspirando de satisfacción y clavando mi mirada en aquella mujer que iba al volante.

Tenía dibujada una sonrisa socarrona, de medio lado en el rostro, sus ojos marrones brillaban con luz propia, tenía los cabellos castaños sueltos y rebeldes, luchando sobre sus hombros en un mar de pequeños bucles enmarcando su cara, completamente simétrica, como cincelada por uno de los grandes artistas de la época clásica. Un rostro de ángel que desentonaba por completo con aquella chupa de cuero oscura que siempre llevaba y cubría una camiseta de alguna película desconocida para el resto del mundo, pantalones oscuros, ceñidos y, como calzado, unas zapatillas gastadas que podían contar mil historias de todos los mundos que ella se encargaba de recorrer.

—¿A dónde vamos? —le pregunté, sin poder apartar mi mirada de ella, encontrando hasta elegante la forma que tenía de subir la calefacción, casi distraída, solo porque sabía que en el exterior hacía demasiado frío y que debía estar congelada—. ¿Tienes algún plan?

—Vamos donde nos lleve la carretera — respondió ella, una respuesta que no me decepcionó pues era exactamente lo que esperaba en cuanto decidí preguntar, porque formaba parte de su encanto no seguir normas, no seguir planes ni reglas, dejarse llevar y descubrir juntas en qué podíamos matar el tiempo, libres a nuestra manera—. Ya sabes que me gusta correr sin tener por qué llegar a la meta.