Capítulo 1.1
La noche en la ciudad se percibía más oscura que lo habitual para la madrugada de un día cualquiera, como si la luna hubiese tomado un descanso, tras haber disfrutado un largo paseo diurno junto al sol. La iluminación nocturna estaba a cargo de los luceros en el firmamento, ayudados por las luminarias del sistema público y las lámparas de las edificaciones vecinas. Los vehículos levitantes que circulaban por las autopistas verticales, también hacían su parte, aportando el brillo distante de sus focos. No obstante, siendo esta la azotea del más alto rascacielos residencial en la localidad, situada por encima del último nivel vial autorizado para tránsito civil, la sombra aprovechaba para extender su manto sobre cada palmo de la terraza.
Habían transcurrido un par de horas después de la medianoche. Ronny intentaba sin éxito conciliar el sueño, pero su improvisado dormitorio a la intemperie, le enfrentaba a las condiciones climáticas propias de la altura a la que pernoctaba: más de quinientos metros sobre el suelo. Por lo tanto, la temperatura ambiente ahí arriba era muy baja y el soplo de la briza, incesante. Gracias entre otras cosas a la capucha de su suéter impermeable y a la montura protectora de sus gafas de hiper-realidad, podía soportar la estancia allí afuera, sin mayores dificultades.
Una nube de melancolía velaba su trasnochada vigilia. Su mente era un álbum de instantes perdidos, imágenes de momentos compartidos con sus padres, que ahora brillaban con la refulgencia amarga de la ausencia. Cubierto por la noche citadina, sentía la añoranza azotar su corazón como un huracán de memorias taciturnas. Cada destello del extenso panorama urbano, un fragmento de felicidad que de su vida escapaba, cada soplido de aire helado, el fantasma de un ahogado sentimiento.
La reciente pérdida de su familia a causa de los “Necros” y el posterior desalojo de la vivienda que habitaba, agotaron sus opciones. Lo había perdido todo, no solo los bienes materiales y recursos económicos con los que antes contaba, sino también las maternales caricias que cada día le llenaban de esperanza y los abrazos paternos que siempre recargaban su energía. Aquella tragedia lo obligó a buscar un lugar en el cual refugiarse, por lo que decidió emplear sus excepcionales habilidades tecnológicas, para irrumpir en su propio sitio de trabajo.
Pasar la noche al aire libre y carecer de las comodidades de una habitación adecuada, significaba condiciones desfavorables pero aceptables, entendiendo que la alternativa sería la calle, donde los infectados que atravesaban la fase de mayor agresividad, aparecían de la nada y atacaban sin piedad a todo el que se atravesara en su camino. Eran tiempos difíciles para los que no tenían un hogar, de tal modo, que podía sentirse privilegiado al estar en un espacio seguro y gozar de tan extraordinaria perspectiva del paisaje urbano.
Una esbelta silueta se interpuso de improviso, entre la escasa claridad que flotaba en la bruma noctámbula y la densa penumbra que copaba la atmósfera, eclipsando su vista del cielo estrellado. A la vez, un exquisito perfume dulce y elegante derramó su fragancia en el ambiente, como si una explosión de flores exóticas y frutas tropicales hubiera detonado en la oscuridad, impregnando el aire con su aroma. La fría niebla pareció disiparse, ahuyentada por esta cálida presencia y el frenético sollozar que emitía, desde el interior de su alma.
Aquella visitante inesperada, subió, descalza, sobre el muro que bordeaba el terrado y giró dándole la espalda al abismo. La brisa que soplaba sin pausa, sacudía a ritmo acelerado tanto su frondosa cabellera como su fino atuendo rojo satinado, haciendo que parecieran los pabellones rasgados de un naufragado velero, flameando a merced del viento. Con su mano siniestra, sostenía un exclusivo par de zapatos negros de tacón alto, que en tal tiniebla se volvía casi invisible; con la diestra empuñada, acercaba a sus labios maquillados la pulsera inteligente que portaba en la muñeca, instruyéndole redactar un trágico mensaje de despedida.
Entonces Ronny decidió salir de su clandestino aposento e intervenir. Superó la impresión inicial que le paralizó por un segundo y con deliberada cautela, intentando no asustar a la chica, encendió su linterna, para a continuación, apuntar la luz muy despacio sobre ella. Aun así, la infraganti doncella se sobresaltó de inmediato y un escalofrío recorrió su delicada piel durante una fracción de segundo, desestabilizando su equilibrio. Por suerte, tras un corto vaivén fue capaz de retomar el balance de su cuerpo, evitando caer a lo profundo.