Capítulo 1
Suena mi alarma y me levanto de inmediato para prepararme para ir al colegio. Lo hago en silencio, como cada mañana, para no despertar a mi hermana. Siempre soy la primera en levantarme, así que la casa está muy silenciosa.
Estamos a principios de mayo, así que hoy me pongo un pantalón ancho beige y una blusa blanca. Comparado con España, aquí en Bélgica todavía hace un poco de frío en esta época del año. Siempre voy justa de tiempo, así que nunca me preparo un desayuno elaborado por la mañana; solo tomo un pastelito y un vaso de leche antes de salir corriendo a tomar el bus.
Como el curso ya casi termina, la semana que viene el colegio nos ha preparado algunas excursiones con la clase. Los del último año, como regalo de graduación, se van de excursión a otro país (la mayoría de las veces un país vecino). Nosotros, los de quinto, iremos a un sitio no muy lejos de Amberes.
Como la semana que viene habrá varios días de excursiones, lógicamente esta semana está llena de tareas y pruebas. Hoy tengo una prueba de matemáticas, y este año esa materia se me está dando fatal. En mi defensa diré que es culpa de la profesora y no mía, porque hace un año yo era la mejor de mi clase en matemáticas. Y por si aún no lo había mencionado: estoy en una carrera de matemáticas y economía, así que no me ayuda mucho que este año me esté yendo mal en matemáticas.
Pero bueno, sigo sacando lo justo... siempre un cinco, y eso es suficiente para aprobar, ¿o no?
De camino, el bus no para de llenarse más y más, y no puedo evitar sentir algo de enojo cuando veo a una mujer subir con un cochecito de bebé. No me malinterpreten: no es que no quiera que se suba, pero el bus ya está demasiado lleno y no hay espacio para un cochecito. ¿Sentir eso no me hace mala persona... o si?
Cuando llega el momento de bajarme, hago todo lo posible por abrirme paso. Al poner los pies en la calle, dejo escapar un suspiro larguísimo, primero porquepor finme bajé de ese bus tan lleno, y segundo porque en diez minutos me espera un día entero sentada en una silla, recibiendo clases.
No soy alguien a quien no le gusta ir al colegio; al contrario, me encanta aprender cosas nuevas. También me gusta leer libros de romance y hablar con mis amigos. Pero no voy a negar que, después de cinco años en la secundaria, llega un punto en que te cansas un poco de la misma rutina de siempre.
“Y mira que esto solo es el comienzo”, dice siempre mi hermana mayor. Ya hace un año que se graduó de la universidad.
—¡Saraaa! —escucho a alguien llamarme desde lejos.
No hace falta que me gire para ver quién es, porque reconozco esa voz de inmediato. Es mi amiga Emma, que está conmigo en la misma clase.
Ya llevamos casi tres años juntas en la misma aula, así que se podría decir que ella es mi amiga más cercana. No soy alguien que hace amigos fácilmente, pero sí soy una persona con la que es fácil hablar. Con Emma, desde el primer día, fue muy natural hacernos amigas. Sentí que teníamos una forma de pensar muy parecida y que compartíamos los mismos objetivos.
Emma es un año mayor que yo. Tiene el pelo crespo y marrón, la piel morena clara y los ojos marrones. Como pueden suponer, no es completamente belga: es mitad belga y mitad angoleña.
Mientras entramos al colegio, Emma me pregunta —como siempre— si estudié para la prueba de matemáticas que tenemos más tarde. Me dice que tiene un poco de miedo, ya que a ella tampoco le va mucho mejor que a mí en esa asignatura.
Pasan unas tres horas y luego nos toca la clase de francés. La profesora que tenemos también es nuestra tutora, junto con el profesor de inglés. Nos cuenta lo que haremos la semana que viene durante las excursiones, y nos recuerda que no faltemos.
En quinto hay clases que incluso se van a quedar a dormir una o dos noches en el sitio de excursión... pero claro, nuestra clase no. ¿Por qué dejarían dormir fuera a una clase de “raritos”, donde casi nadie se habla si no es del mismo grupito? ¿Y quién dejaría ir a dormir a una clase que lleva todo el año molestando en las lecciones y sin responder a las preguntas de los profesores?
Déjame decirte que yo no encajo en esa descripción. Soy más bien la típica “nerd”, la chica buena y tranquila de la clase. Pero llevo años en lo que los profesores consideran “la peor clase de todo el curso”.
Cada año nos hacen sentarnos en círculo con toda la clase para decirnos que tenemos que comportarnos y que nuestra actitud es inaceptable. Pero, siendo sincera, aunque seamos muy ruidosos, también somos muy inteligentes. No solo seguimos una de las carreras más difíciles del preparatorio, sino que muchos sacan muy buenas notas.
Bueno... con “muchos” me refiero a la clase en general. Yo soy la excepción.
Después de que la profesora terminara de explicarnos lo que hay que hacer y lo que no durante la excursión —a lo que, por cierto, nadie en clase estaba prestando atención— sonó el timbre del recreo.
Junto a Emma y a nuestra otra amiga de clase, Luna, fuimos al comedor a comer nuestro sándwich y luego repasar un poco de matemáticas, como lo hacemos en cada recreo, para después sacar justo un cinco... o un cuatro.
En nuestro grupito de tres, Luna es la más lista y también la mayor de nosotras. Estudia apenas un día antes del examen y aún así saca al menos un cinco. Emma también puede ser muy buena, sobre todo en otras asignaturas donde siempre le va genial. Yo, en cambio, no me destaco en nada. En todas las materias voy... normalita, excepto en inglés. ¿Os he dicho que se me da fatal? Siempre repruebo.
Este año, probablemente suspenda otra vez inglés. Pero mientras no suspenda también otra materia, me dejarán pasar de curso, porque inglés no es precisamente la asignatura más importante... y eso hasta los profesores lo saben.
Qué irónico, ¿no? Doy por hecho que quiero vivir algún día en una ciudad de Estados Unidos como Nueva York o Chicago, y que me gustaría estudiar en una de esas universidades prestigiosas como Harvard o Stanford. Pero para todo eso, lo mínimo sería saber hablar inglés, ¿no?
Bueno, eso nunca fue una razón para rendirme. Si quiero algo, lo intento. No importa lo imposible que suene, siempre prefiero haberlo intentado antes de quedarme con el sentimiento de “¿y si lo hubiera hecho?“.
Suena el timbre otra vez: hora de la prueba de matemáticas.
Os tengo que decir una cosa: yo no soy de esas personas que dicen que les fue mal solo para luego sacar un nueve o un diez. No. Cuando yo digo que me fue mal, es porque me fue mal de verdad... y me devuelven un bonito cuatro.
A ver, tampoco soy una idiota. No saco muchos suspensos, y si los saco, intento que no sean muy graves. Pero esta vez, con esta prueba de matemáticas... ¡sí que me fue bien! Y estoy feliz por ello.
luego de despedirme de mis amigas, me voy a casa. pasan los días hasta que finalmente llega el lunes: la semana de excursión comienza.
día 1 – lunes, 8:30 de la mañana.
estoy en la estación central, un lugar donde salen todos los trenes. espero junto con algunos compañeros a que llegue toda la clase para irnos juntos a holanda.
sí, holanda. ese país donde, según se dice, los holandeses son muy, muy tacaños con su dinero. aquí en bélgica, en cambio, los belgas son conocidos por ser algo arrogantes, pero también excelentes negociadores. y lo de buenos negociadores no es casualidad, ya que bélgica no es uno de los países con mejor economía por nada.
pasamos el día en holanda visitando museos, arte y exposiciones. por la tarde, nos dejaron un poco de tiempo libre para almorzar. nosotras decidimos probar los gofres y los crêpes, ya que son una de sus especialidades. estaban ricos, pero no fueron los mejores que he probado.
comer crêpes me hizo recordar mis vacaciones del año pasado en portugal, donde también pedí crêpes... pero lo que me trajeron no tenía nada que ver con la foto del menú. me sirvieron crêpes con galletas oreo y gomitas haribo... horrible. aunque me dio risa, porque se disculparon, pero cometieron el mismo error como tres veces más.
después de comer, nos reunimos de nuevo con todo el grupo para seguir con la excursión. por la tarde, exploramos la ciudad todos juntos. visitamos la calle kalverstraat, famosa por sus tiendas de moda y por estar siempre llena de gente. más tarde fuimos a la plaza central de ámsterdam: la plaza dam. allí pudimos ver el palacio real, la iglesia nueva y el museo de madame tussauds.
ya al anochecer, fuimos a cenar todos juntos, y luego tomamos el tren de regreso a casa.
Día 2, martes, 10 de la mañana.
Hoy nos la pasamos hasta las 14:00 viendo solamente animales. A ver, a mí me encantan los animales, incluso practico equitación, pero no soy una niña pequeña. Soy alguien a quien le gusta hacer actividades emocionantes, como lanzarse en paracaídas, subirse a una montaña rusa o bucear en un océano que nunca he visitado antes. No puedo quedarme quieta mirando solo animales. Pero bueno, con mis amigas logré sobrevivir el día... por ahora.
Día 3, miércoles, 9:00 de la mañana.
Hoy me levanté pensando si ir o no a la excursión que estaba planeada. Quería saltármela, ya que la de ayer no me gustó para nada, pero no lo hice porque sé que eso daría una muy mala impresión a mis profesores. Así que me levanté de mala gana y me preparé para un día aprendiendo en un estudio de animación cómo hacer caricaturas y cómo hacer que se muevan. Cada día va de mal en peor.
El jueves y viernes volvemos a tener colegio como siempre. El colegio está más vacío de lo normal, ya que los de sexto aún no han vuelto. Los días siguen pasando y no ocurre nada fuera de lo común. Llega el lunes y los de sexto están de regreso. Se les nota muy felices. Claro, disfrutaron de una semana entera de vacaciones y, además, les queda menos de 30 días para graduarse.
¿Os he dicho que me gusta alguien de ese año? Bueno, no quiero darle demasiada importancia, porque a mí me ves enamorado cada tres meses de alguien nuevo. Me enamoro tan rápido como me desenamoro. A veces me pregunto si eso es normal... ¿y si realmente es amor?
Todo va muy lento, pero a la vez también rápido. Las vacaciones de verano se aproximan, y también los exámenes, para los que aún no he hecho nada. Y claro, para disfrutar de las vacaciones, primero hay que aprobar todos los exámenes de una, porque aquí no saben lo que es un examen de recuperación.
Estas fechas me hacen recordar al año pasado... ¿Cómo puede alguien arrepentirse de lo que hizo hace solo un año? Y a veces me pregunto: ¿de verdad tengo que arrepentirme? ¿Fue algo malo lo que hice?
Holaaa! ¡Gracias si llegaste hasta aquí!
¿Me cuentas qué te pareció este capítulo y qué esperas del próximo? Así sabré qué puedo mejorar y cuáles son tus expectativas.
¿Qué habrá pasado con Sara el año pasado?🧐
¿Crees que debería declararse a su crush?🫣