Capitulo 1- Donde nace el amor
Me llamo Ángeles, y nací en un rincón cálido del Perú, donde los amaneceres huelen a pan recién horneado y las noches se arropan con el murmullo de los grillos. Mi historia no comienza con una tragedia ni con una hazaña, sino con algo mucho más simple y profundo: el amor de mis padres.
Mi madre tenía manos que sabían consolar sin palabras. Cuando me acariciaba el cabello, el mundo parecía detenerse. Mi padre era todo risa y fuerza tranquila. Su voz llenaba la casa como una canción conocida, de esas que uno nunca se cansa de escuchar.
En esa infancia hecha de abrazos, cuentos y tardes de sol, aprendí lo que significa pertenecer. No al mundo, sino a los corazones de otros. Jugaba descalza en el jardín, con el corazón liviano y la certeza —aunque entonces no lo supiera— de estar sembrando los primeros cimientos de quien sería algún día.
Recuerdo el olor a tierra mojada después de la lluvia, y cómo mi madre decía que eso era “el perfume de Dios”. Y tal vez lo era. Porque si Dios habitaba en alguna parte, era allí, en esa casa pequeña, donde no faltaba el pan ni las sonrisas, aunque a veces escasearan otras cosas.
Cada día era una promesa. Cada caricia, un idioma que solo nosotros hablábamos. Crecí así, con la certeza de que el amor no era algo que se buscaba afuera, sino algo que se cultivaba dentro, con raíces profundas y flores pequeñas.