En el lucero del alba©

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Summary

Venus es un planeta cuyas expectativas de vida son nulas. Esta es la historia de un hombre que de la nada despertó en Venus, el lucero del alba. En esta travesía se encontrará con una serie de seres vivientes ajenos a nuestra especie, peligros y una sangrienta batalla contra su peor enemigo: el propio ser humano. Luego de la batalla de Arthur y sus aliados contra los humanos, quienes lo secuestraron, llegan más de aquellas naves enemigas con más rehenes, esta vez no solo humanos, krox o zinthix, sino también a habitantes de los límites de nuestra nebulosa: Orión. ¿Encontrará las respuestas que necesita o morirá en el intento?

Genre
Scifi/Adventure
Author
Alan
Status
Ongoing
Chapters
16
Rating
n/a
Age Rating
16+

En el lucero del alba

No sé cómo llegué ahí ni por qué, solo sé que desperté en ese lugar rocoso en el que sentía un intenso calor, más que en los desiertos. El cielo estaba poco iluminado y al comienzo se me hizo difícil respirar, podía ver nubes más densas de lo habitual. No había siquiera una hormiga, no entendía qué pasaba. La confusión era constante hasta que me di cuenta que el lugar en donde estaba no era un desierto, incluso sentí la extraña sensación de no estar en mi planeta, la Tierra. Esto último me pareció absurdo, hasta que pude levantarme; me sorprendió que aquel lugar donde estaba tenía gran similitud a una montaña que veía en los libros de geografía astronómica: Ishtar Terra; sí, esa misma, la gran montaña del planeta Venus, el lucero del alba. Todo se tornó más absurdo, pues no debería estar ahí y si fuese así, estaría muerto ya que nadie puede sobrevivir con la atmósfera de Venus. Me sentí abrumado y aún no entendía por qué me encontraba en Venus ni por qué estaba aún vivo ante tal situación, pero también sentía un absurdo y confuso alivio por no haberme topado con alguna gran erupción volcánica de las que se mencionaba en aquellos libros científicos.

No era productivo ni beneficioso quedarme parado sin hacer algo para regresar a mi planeta, el lugar donde debería estar, así que decidí bajar a pesar de que Ishtar era más grande que el mismo Everest. Mientras bajaba, cogiéndome de las rocas sobresalientes de la montaña — ya que, al parecer, estaban bien fijadas como si fuese una sola roca quizá por su mayor peso dadas las condiciones físicas de Venus — podía ver cráteres de aproximadamente tres kilómetros de diámetro y sentir aún ese horrible e intenso calor por el gran efecto invernadero que pasaba aquel planeta. No puedo afirmar cuánto tiempo realmente demoré en despertar y explorar este lugar, quizá muchos días u horas. Podríamos basarnos en una equivalencia de tiempo: si realmente era Venus, un año allá dura doscientos veinticinco días terrestres y un día equivale a doscientos cuarenta y tres días en la Tierra. Sin embargo, esto es completamente ilógico para alguien que estaba muy aturdido en ese momento.

Estaba sediento y hasta donde sabía, existía la remota posibilidad de que encuentre agua, aunque se sabe que desapareció hace más de setecientos millones de años. Al llegar a "tierra firme", cerca de ahí vi uno de los cráteres con agua. No sabía si tomarla o no, pero más pudo mi sed y sin pensarlo tanto decidí beber un poco. Buena suerte, era agua dulce lo cual también me parecía muy extraño, pero no era momento para pensar en qué era absurdo y qué no, seguí bebiendo hasta calmar mi sed.

No podía dejar de preguntarme ¿qué pasó?, ¿cómo seguía vivo a pesar de las altas concentraciones, según estudios, de dióxido de carbono en este planeta?, ¿era un sueño o Nindaranna (llamado así por los babilonios) era habitable? Tenía muchas preguntas y tenía el mal presentimiento de que era necesario quedarme para saber las respuestas.

El hambre llegó y tenía que buscar alimento a como dé lugar. Suponiendo que yo estaba realmente vivo, era muy probable que haya una especie de la cual podría yo alimentarme hasta saber que sucedía. No me quedaba otra opción más que recorrer aquel lugar desconocido para mi especie. No sé por qué tenía una cantimplora, no entendía cómo y no era importante saberlo, la llené de agua para el camino.

Tuve miedo durante todo el recorrido, no sabía qué podía encontrar en el camino o, mejor dicho, qué podría toparse en el mío. A lo lejos vi un ser con aspecto de animal cuadrúpedo, no podía creerlo, era raro para mí: no encontraba sus ojos, al acercarme un poco noté que en realidad tenía seis patas con garras largas, no más grande que una oveja, con un lomo ancho, tres colas, era un monstruo. Era lo único que había, así que tenía que cazarlo. No podía usar piedras porque eran muy pesadas debido a la supuesta sequedad según aquellos libros de geografía astronómica en mi planeta — estoy empezando a creer que todo lo que decían esos libros es falso, solo puedo afirmar que esas rocas eran más densas que las de la Tierra — sin embargo, encontré una piedra lo suficientemente ligera para cargarla y lo suficientemente pesada para dar un buen golpe. Hice una especie de honda para cazar ese "animal". Me acerqué con sigilo lo más que pude y usé la honda, pero le cayó en el lomo y aquel extraño ser emitió un fuerte ruido y me trató de embestir. Era muy rápido y solo podía esquivarlo lanzándome a un lado. Pero en uno de sus intentos de ataque, cogí la chaqueta y le cubrí la cabeza, jalé los brazos de mi chaqueta con todas mis fuerzas y el monstruo cayó. Lo golpeé con la roca en el cráneo una y otra vez, hasta que se detuvo. Supongo que en ese momento retrocedí al estado primitivo de la especie humana, tenía que sobrevivir de alguna manera.

Me las arreglé para afilar una piedra más ligera y así pude cortar la carne, pero el problema era hacer una fogata, no sabía si moriría incinerado en el intento o si el fuego consumiría todo el oxígeno disponible en mi área, las dos posibilidades tenían el mismo final, morir. Corté un trozo de la piel del monstruo — parecía cuero de res — y algo que parecía su grasa corporal, luego puse muchas piedras junto a ella. Me alejé lo necesario, según yo, para lanzar piedras contra las que junté y crear chispas que permitan que la piel y grasa se prendan. Funcionó luego de lanzar siete piedras con la chaqueta como honda, me acerqué poco a poco y observé que no corría peligro. Cociné la carne con esa fogata y pude comer. En ese momento aquella carne parecía un manjar. No había comido en mucho tiempo, pero por fin pude alimentarme y recuperar algo de fuerzas.

Sin embargo, tras un problema siempre hay otro. Desperté nuevamente y a diez metros de mí había un ser intimidante tan grande como un oso pardo, con una mandíbula poderosa, dos ojos en cada lado del rostro, patas robustas, hermoso pelaje y emitía gruñidos que podían atemorizar hasta a un león. Mi cuerpo comenzó a temblar, no sabía si huir, quedarme quieto o enfrentarlo. Me levanté lentamente y como tenía aún algo de carne, la lancé para ver si se distraía comiendo y así poder huir. Efectivamente, se puso a comer, pero cuando vio que moví un pie, éste me miró y gruñó otra vez. No tenía escapatoria, definitivamente yo era su siguiente comida. Cuando el monstruo acabó de comer, sentí que era había llegado la hora de ser su segundo platillo. Se acercó y me olfateó, cerré mis ojos temblando, pero no me hizo daño alguno. No sé por qué, pero intenté tocarlo y me permitió hacerlo. Él se quedó dormido junto a mí, quedé atónito, pero ya no estaba solo, ahora tenía a alguien conmigo que al parecer le agradaba. Mi alma volvió a mi cuerpo.