Ragnarok
Sus nudillos sangraban, el frío aire y la humedad habían hecho que la piel se agrietase tanto hasta el punto de causar heridas, las pulseras de oro apretaban sus muñecas, pero nada de eso importaba. Estaba agradecido de que la tormenta de la noche anterior hubiese agitado el océano y provocase que algunos peces vivos quedasen atrapados entre los riscos de la orilla pedregosa y ahora pudiese servirle como alimento durante una buena temporada.
El solitario personaje fue vertiendo la agradecida pesca en un barril pequeño con suficiente agua suficiente para mantener viva la pesca y cargó con él atándolo a su espalda para ir a buscar a otra zona a ver si aún quedaba alguno que pudiese atrapar, se puso sus guantes y comenzó a caminar por la orilla. El gélido viento palidecía más su cara y pintaba de rojo sus mejillas y punta de la nariz, la fina capa de lluvia terminaba convirtiéndose en nieve en su cabello dorado que parecía decorarlo como si de pequeños diamantes se tratasen. A pesar del frío, tarareaba contento por tan buen botín, con suerte podría atrapar algunos cangrejos y servir una buena comida, ya estaba pensando en cómo elaborarlos cuando algo le llamó la atención, había alguien tirado en la orilla y Sanji no dudó en ir a socorrerlo.
─ Tiene pulso... – suspiró aliviado, aunque tampoco podía estar muy tranquilo. La ropa del desconocido estaba empapada, era obvio que era un náufrago, ya que era la única manera de llegar a esa maldita isla. Su tez era blanca, con ojeras marcadas y labios azules, seguramente tendría una hipotermia.
Se liberó del barril y se quitó la capa para cubrir a ese chico con ella y cargó con él y de nuevo el barril a la espalda, caminó con rapidez directo a su cabaña donde pudo ver a su amigo en el jardín.
─ ¡Usopp! – lo alertó y pronto este reaccionó – Necesito tu ayuda.
─ ¿Qué has traído para cen-AH! – aulló de puro terror – ¡No pienso comerme a una persona, Sanji!
─ ¡Está vivo, idiota! – gruñó – Ve y prepara mi cama, añade más leña al fuego, tiene que entrar en calor o morirá.
─ ¡V-Vale! – conocía de sobra al rubio y aprovechaba cualquier cosa que pudiese conseguir, por eso pensó que ya iban a pasar al canibalismo.
El moreno se adelantó y dejó la puerta abierta para que este pudiese entrar, mientras añadía los trozos de madera para calentar más el lugar, Sanji se puso frente al fuego para desvestir por completo al chico, era probablemente más joven que él, su cabello era negro como la noche, una cicatriz marcaba bajo su ojo izquierdo, pero no era nada atemorizante, más con ese rostro infantil y medio muerto. Se aseguró de secarlo bien antes de vestirlo y meterlo en la cama echando todas las mantas posibles sobre él.
─ ¿Sobrevivirá? – preguntó Usopp.
─ No lo sé, espero que Hela sea compasiva y no se lo lleve todavía, es muy joven.
─ A mí lo que me preocupa es cuando Nami se entere de que hay alguien ocupando la cama y como se muera, ella nos matará a nosotros.
─ Ugh... – gimoteó Sanji, rezaría mucho para que eso no ocurriese.
Efectivamente, cuando la pelirroja apareció tras recolectar hierbas y madera, puso el grito en el cielo al ver a ese tipo ocupando la cama, solo estaba esa, la compartían los tres y ahora había un cuarto, también maldijo que podría haber sido una chica bonita en vez de otro estúpido hombre.
Nami se quedó vigilando y asegurarse de que el chico entrase en calor, no es que se preocupase demasiado realmente, era más bien que así se ahorraba salir fuera otra vez y Usopp se encargaba de su tarea mientras Sanji preparaba la cena, la cabaña estaba cálida, incluso hacía un poco de calor, pero era necesario para que el náufrago se recuperase. La olla estaba llena de ingredientes y cada vez que el cocinero abría la tapa, el delicioso aroma llenaba el pequeño lugar.
Como si hubiese sido un remedio para hacerle despertar, el moreno abrió los ojos de golpe tras aletear sus fosas nasales captando el olor que interesó al instante. Como un resorte, alzó los brazos quedando sentado en la cama y las mantas salieron despedidas en todas direcciones.
─ ¡COMIDA! – gritó asustando a Nami que estaba a su lado, pegando un chillido por la sorpresa.
─ Q-Que susto... – parpadeó Sanji con la mano en el pecho, la pulsera caía laxa – ¿Cómo es posible que ya estés despierto? Estabas más muerto que vivo.
─ Huele demasiado bien como para seguir dormido. – declaró tranquilamente, luego miró a su alrededor y vio a la pelirroja – ¿Quién eres tú?
─ ¡Eso deberíamos preguntarte a ti, imbécil! – respondió bruscamente ella y el chaval perdió fuerzas quedando tumbado otra vez – O-Oye, ¿estás bien?
─ Tengo mucha hambre... – se quejó entre pucheros – No tengo fuerzas.
─ He preparado sopa de pescado y marisco, te hará entrar en calor. – dijo Sanji con un cuenco lleno y se sentó a su lado, al verlo en tan deplorable estado, decidió coger la cuchara, soplar y ayudarle a comer – Abre la boca.
─ Aaah~ – obedeció y a Sanji le hizo gracia el tono infantil que había en todo aquello, en cuanto el moreno tragó, abrió los ojos de golpe – ¡Esto está delicioso!
─ Me alegra que te guste. – sonrió con calidez y le dio otra cucharada.
─ ¡Necesito un cocinero para mi tripulación! Está decidido, ¡serás mi cocinero! ¡Shishishishi!
─ ¿Eh? – no se esperó tal invitación – Siento decirte que solo te encontré a ti en la playa, Usopp ha ido a buscar más supervivientes, no creo que tarde en volver.
─ Nah, estarán bien. – abrió la boca con seguridad y Sanji la llenó de sopa – Son fuertes.
─ ¿Cómo has acabado aquí? Ehm... – dudó Nami, aun no sabía su nombre.
─ ¡Soy Monkey D. Luffy, el futuro rey de los piratas! – se presentó con una gran sonrisa de oreja a oreja.
─ Pirata... – alzó la ceja incrédula y miró a Sanji con burla – y nada menos que el pirata más temido de todos los tiempos por causar estragos allá donde va.
─ El pobre debe estar desorientado y delira. – dedujo el rubio todavía alimentando al chico que parecía no importarle que le tachasen de loco.
Usopp entró en ese momento, gimoteando de frío y agradeció la calidez de la cabaña, iba directo hacia la chimenea pero se dio cuenta de lo que ocurría en la cama.
─ ¡Está despierto!
─ Y con hambre. – rio Sanji – Se llama Luffy.
─ ¿Luffy? ¿Luffy como...? – preguntó con dudas, hasta que Nami hizo un gesto señalando la cabeza dando vueltas con el dedo diciéndole que estaba loco – Ohh, claro... ¡Yo soy el gran capitán Usopp!
─ ¡Wola! – respondió con la boca llena – ¿Tú tanfién efes cafitán?
─ Por supuesto, tengo bajo mi mando a ocho mil hombres sedientos de sangre.
─ ¡Uoooh, increíble!
─ No le hagas caso, miente más que habla.
─ Bueno, ahora no porque me estoy tomando un tiempo de descanso, pero pronto volveré al mar y saquearemos todas las islas que nos encontremos, ¡jajaja!
─ Anda, deja de decir tonterías, él tiene la excusa de que se habrá golpeado la cabeza durante el naufragio, tú no tienes. – riñó Nami – Tráeme un cuenco con la sopa. No tengo ganas de levantarme.
─ No eres una reina, ¿sabes?
─ ¿Quieres que patee tu trasero fuera de la cabaña? – frunció el ceño el cocinero.
─ E-Enseguida lo traigo. – respondió raudo Usopp hacia la olla.
─ ¡Yo también quiero más! – se relamió Luffy los labios.
─ ¿Seguro? No es buena idea que comas demasiado, acabas de despertar. – se preocupó el rubio.
─ ¡Pero tu comida es deliciosa, quiero más! – puso ojitos.
─ Vale, vale. No puedo negarme a nadie quien tenga apetito. – rio derrotado antes de levantarse hacia el fuego – Por cierto, me llamo Sanji.
─ ¡Shishishi, eres muy amable, Sanji!
Este se quedó callado y quieto por un segundo, Usopp, que estaba a su lado, le dio un amistoso golpecito en el hombro y le sonrió, Sanji hizo lo mismo y rellenó dos cuencos antes de regresar a la cama.
─ ¿Puedes comer tu solo? – preguntó ofreciéndole el cuenco.
─ ¡Claro! – lo tomó con ganas y empezó a devorarlo – Vuestra ropa es genial, parecéis guerreros.
─ Somos vikingos, aquí todo el mundo sabe pelear para poder sobrevivir, aunque nosotros más bien somos cazadores, si llevamos pieles y demás es porque aquí siempre hace frío, estamos muy al norte.
─ ¡Uooh! – se asombró fascinado – ¡Nunca había conocido a ningún vikingo!
─ En esta isla estamos solo nosotros tres, si quieres conocer más tendrás que ir hacia el sureste, aunque sin barco no sé cómo vas a poder ir...
─ ¿Por qué solo estáis vosotros tres? – preguntó al terminar su cuenco, y Sanji, que iba por la mitad, le dio el suyo por si quería más y así fue.
─ ¿La versión oficial o...? ¡Ay! – se quejó Usopp ante el zape en la cabeza del rubio.
─ La preciosa Nami y Usopp también quedaron atrapados en esta isla, su barco prácticamente se desintegró aquí, llegaron de milagro hace casi un año, Usopp se está encargando de repararlo desde entonces.
─ Sin mucho éxito que digamos. – bufó la pelirroja.
─ Aquí no hay aserraderos para que pueda cortar tablas como yo quiera, no puedes pedirme milagros. – se quejó Usopp.
─ Entonces... ¿estabas tú solo aquí antes de que llegasen? – preguntó Luffy mirando directamente a ese ojo azul que evitó.
─ Mi labor es vigilar la frontera y avisar de posibles ataques.
─ Hmm... – murmuró el morenito mientras Nami y Usopp se echaban una mirada entre ellos – Suena aburrido.
─ Lo es, ya que NADIE se atreve a ir por estas aguas. – respondió la pelirroja.
─ Ahora mismo tengo a dos idiotas y una hermosa mujer en mi cabaña que dice justo lo contrario. – rio el cocinero.
─ Eres muy interesante, Sanji. – se acomodó de nuevo en la cama – Tengo ganas de que los demás nos encuentren, nos iremos todos de aquí y recorreremos el mundo, eso sí es divertido.
─ Claro que sí. – respondió el rubio con un deje de tristeza en su voz mientras despeinaba el cabello negro al verle que cerraba los ojos dándole la razón para no discutirle – Buenas noches, Luffy.
~*~
Tras un abundante desayuno y con exceso de energía, terminó convenciendo a Sanji de que podía salir de la cama y que quería explorar la isla, al rubio le tocó ceder ante tal insistencia (y por orden de Nami) de sacarlo de la cabaña. Como su ropa no era adecuada para el frío, el cocinero le prestó algo de su ropa, le iba algo grande por sacarle bastante altura, por lo que le tocó hacer varios arreglos y dobleces, se aseguró de cubrirle bien con una capa y Luffy salió escopetado ante un mundo nuevo por explorar.
Sanji lo llevó al bosque, mientras Luffy curioseaba todo y gritaba lo impresionante que era cada cosa que encontraba, el rubio iba recolectando cualquier cosa que pudiera serles útil mientras observaba al recién llegado. Era bastante infantil, se emocionaba con todo lo que se ponía ante sus ojos, no importaba que fuese, risa, asombro, lo hacía todo exageradamente y eso le resultó al rubio bastante adorable, antes de caer la noche regresaron a la cabaña para que pudiese ponerse a hacer la cena mientras Nami y Usopp les contaba su historia.
─ A ambos nos busca la justicia. – comenzó la pelirroja – Mi vida no era tan mala, robaba y timaba a los estúpidos que eran incapaces de ver que les hacía trampa, uno se enfadó y me delató, aunque ya robaba en otros lugares porque tenía una deuda que saldar, en cuanto la pagué me echaron y fue cuando entonces conocí a Usopp.
─ Yo era un rico comercial que...
─ Sin mentiras. – cortaron Sanji y Nami.
─ No es mentira que fui rico, mis dientes eran de oro y rubíes y...
─ ¡Usopp!
─ Vale, vale... total, el caso es que siempre me han gustado las plantas y los inventos, la gente cree que es una mala idea combinarlos...y sin querer creé una especie de bomba de gas que se me cayó en el mercado mientras vendía mis remedios de saliva de rana para reducir las arrugas en la piel. – explicaba Usopp mientras Nami negaba con la cabeza revelando que era mentira que lo hiciese – Querían arrestarme por desatar el caos, desorden público, estafa y algo más que no me quedé a escuchar y cuando fui a mi escondite secreto estaba esta usurera curioseando entre mis cosas.
─ No tenías nada decente que robar.
─ ¡Tenía el taller a rebosar de tesoros! – exclamó el narizón y Nami negó con la cabeza una vez más – Lo malo es que nos encontraron, a ella la conocían por ladrona y pensaron que trabajábamos juntos, y me tocó darme a la fuga con ella.
─ En mi vida he escuchado a alguien gritar tanto mientras huye... – añadió irritada, como si estuviera reviviendo aquel momento.
─ Cogimos la primera barca que encontramos y la corriente nos arrastró a mar abierto hasta llegar aquí donde la barca reventó contra los riscos.
─ Los encontré en el bosque buscando algo de comer, en cuanto vi a la preciosa Nami, pensé que era una hermosa valkiria que me honraba con su belleza acompañada por un troll narizón.
─ Eso sobraba. – murmuró Usopp mientras que Nami ponía los ojos en blanco, probablemente muy acostumbrada a los halagos persistentes del cocinero – Nos invitó a su cabaña y desde entonces que le ayudamos en lo que podemos como agradecimiento por dejarnos quedar aquí.
─ Soy yo el que está agradecido de teneros. – respondió Sanji desde la “cocina”, que básicamente era la zona donde estaba la chimenea y los utensilios donde el rubio preparaba sobre una mesa – Es más divertido cocinar para más gente que para mí solo.
─ Cuando vengas al Sunny podrás cocinar para muchos más. – dijo risueño el moreno al cual Nami trataba de hacerle una mini trenza sin éxito de lo mucho que se movía – Todos dicen que soy un dolor en el trasero cuando se trata de hacerme la comida.
─ No me extraña, con lo delgado que estás comes por cinco adultos. – bromeó – Pero no eres una molestia para mí, me gusta ver lo que disfrutas comiendo mi comida.
─ Shishishi. – rio con las mejillas rojas y se ganó un capón por parte de Nami reclamándole que se estuviera quieto – Entonces te recibirán con los brazos abiertos si te conviertes en el cocinero oficial de la tripulación.
─ Ya te lo he dicho, no puedo irme de aquí.
─ No puedes hacer eso, si Nami y Usopp no se vienen con nosotros, pronto arreglarán su barca y podrán volver a la isla, te quedarías solo de nuevo. Será todavía más aburrido.
─ Entonces disfrutaré más todavía de teneros. – sonrió con las cejas arqueadas, forzando la sonrisa.
Los otros tres se quedaron en silencio, mirando al rubio que retomaba la labor de cocinar hasta que Luffy decidió dar su opinión.
─ No sonrías si estás triste. – declaró con una seriedad que sorprendió a todos – Puedes ser sincero con nosotros.
─ Luffy... – susurró Sanji, el corazón le dio un brinco.
─ No agobies a Sanji. – tiró con fuerza del cabello negro que Nami estaba trenzándole – Tiene sus motivos para no aceptar irse contigo.
─ Ay, ay, ay... – se quejó librándose de las manos de ella – Solo digo que no será feliz aquí solo, no me gusta verlo triste y que trate de ocultarlo. Sanji está más hermoso cuando sonríe de verdad.
─ ¿Eh? – parpadearon los otros tres a la vez y el rubio añadió – ¿Q-Qué dices? Yo no...
─ Sanji es la persona más bonita que he visto nunca. – repitió de nuevo con seguridad y sonrió – Tienes el corazón muy amable.
─ ... – el rubio hizo una extraña mueca que Luffy no comprendió y más cuando se ganó otro coscorrón por parte de Nami.
─ ¡Te he dicho que no lo agobies! – le regañó mientras el otro se sobaba el chichón que le acababa de salir y tiró de él – Déjale cocinar tranquilo.
Usopp tomó el relevo y comenzó a contar historias inventadas para entretener a Luffy el resto de la velada, cenaron entre risas quedando atrás ese pequeño momento incómodo y al igual que la noche anterior, se acurrucaron los cuatro juntos en la cama aunque el recién llegado prácticamente se tiró encima del cocinero quedando así para él solo bajo todas esas mantas, sorprendió a Sanji y aun así no lo apartó de su lado, sino que lo mantuvo entre sus brazos para darle su calor.
El día siguiente transcurrió con tranquilidad y tras la cena, Sanji decidió aprovechar que el cielo estaba despejado para llevarse a Luffy a su lugar favorito de la isla. Subieron una pequeña montaña sin dificultad para llegar a la cima y una vez allí, clavó la antorcha en la nieve y se alejaron de ella hasta llegar al borde.
─ Mira al cielo, Luffy. – pidió el cocinero alzando la mirada.
El moreno se quedó sin habla, en el cielo nocturno había unas extrañas luces en línea de tonos verdes, azules y violetas que ondeaban creando bonitos unos efectos que jamás había visto.
─ Mira ahora al lago.
Obedeció, el reflejo invertido era también algo digno de ver, a Luffy siempre le encantaba ver toda clase de misterios en el mundo y este encabezaba la lista, apartó la vista para decírselo a Sanji y pudo ver al rubio mirando embelesado las vistas, el suave viento mecía su largo cabello que caía con gracia por sus hombros, dejando sus dos ojos a la vista donde pudo ver la magia de esas extrañas luces reflejadas en sus orbes azules dándole un aspecto totalmente mágico.
─ ¿A qué es lo más bonito que has visto en tu vida? – susurró Sanji absorto todavía con los ojos puestos en el lago.
─ No. – respondió con tanta firmeza que el rubio se giró para mirarlo al sentir la mano del otro sobre la suya aferrándola con suavidad – Todavía mantengo que tú eres lo más hermoso que he visto nunca.
─ L–Luffy... – sus mejillas se tiñeron de rojo, esta vez no era causado por el frío.
─ He conocido a muchas personas a lo largo de mi viaje, tengo a mi tripulación, pero es la primera vez que realmente puedo decir que tengo a mi persona favorita.
─ No me conoces... – murmuró apenado bajando la mirada, que volvió a fijar en la oscura cuando la mano de Luffy enguantada acarició su mejilla.
─ No me lo has dicho en palabras, pero tus ojos hablan mucho por ti.
Sanji abrió los ojos con sorpresa y Luffy rio de esa manera tan peculiar antes de ponerse de puntillas y dar un casto beso en los labios del rubio que quedó tan impresionado que no supo ni cómo responder a ello.
─ Shishishi – rio una vez más, con las mejillas sonrosadas, tomó las manos de Sanji y las puso sobre su pecho, tenía el corazón acelerado – ¿Lo notas? Late muy rápido, como tambores.
─ Lo noto... – respondió con timidez y fue su turno de imitarlo cogiendo una mano de Luffy para ponerla sobre su pecho – Yo también siento esos tambores.
─ ¡Shishishi! Parece una canción.
─ Eres... eres muy raro, Luffy. – soltó una buena carcajada el rubio.
─ No es la primera vez que me lo dicen. – rio el también.
Ambos seguían riendo tontamente al borde de la montaña, las extrañas luces ondulantes seguían iluminando el cielo, pero Sanji vio algo moverse en la linde del bosque y se puso serio.
─ Quédate aquí, podría ser peligroso. – ordenó el rubio acercándose a la antorcha para atraparla y seguir esa sombra que había visto.
No tuvo que irse muy lejos, nada más adentrarse entre los árboles cubiertos de nieve fue fácil dar con las huellas de unas pesadas botas y se escondió detrás de un tronco para observar al desconocido, era corpulento, portaba tres espadas ceñidas a la cintura en su lado izquierdo, su cabello verde era corto cubierto parcialmente de nieve y emitía un aura peligrosa.
─ Muéstrate. – demandó cortante quedándose completamente quieto, llevando su diestra al pomo de la espada de funda blanca, un tintineo metálico proveniente de sus pendientes sonó cuando giró en dirección a él.
Sanji frunció el ceño ¿Cómo lo había visto? Era imposible, además de que estaba tuerto, una cicatriz vertical cruzaba su ojo izquierdo y lo mantenía cerrado. Ese tipo era una amenaza, sus huesos lo gritaban y no podía poner en peligro a Luffy, era imposible que alguien así fuese a ser amigo del moreno, por lo que decidió defenderlo y salir de su escondite para que no se encontrase con él.
─ No sé quién eres. – dijo Sanji con hostilidad – Pero aquí no encontrarás nada de valor, así que más te vale largarte de esta isla.
─ Solo estoy buscando a alguien, – respondió hosco frunciendo el ceño – en cuanto lo encuentre nos iremos de aquí.
─ ... – el rubio se disgustó de inmediato, si buscaba a Luffy se iría ya y él... él no quería perderlo todavía – Estoy solo en esta isla, vete.
─ Mientes. – apretó por instinto el pomo de su espada y Sanji se puso en pose defensiva – ¿Qué has hecho con él? – ante el silencio del desconocido, este decidió desenvainar – Responderás quieras o no.
El espadachín no dudó en atacar, Sanji no se sorprendió y esquivó el ataque con una facilidad que pasmó al peliverde, ganándose una patada en el costado que lo hizo rodar en el suelo y se puso de nuevo en pie, sonrió aceptando el desafío y contraatacó con más fiereza. Puede que el enemigo fuese más fuerte y sus ataques poderosos, pero el rubio tenía rapidez y agilidad, también conocía el terreno y se aprovechaba de ello, se llevó unos cuantos cortes superficiales y el otro unas cuantas patadas.
─ ¡OH, ZOROOOO! – exclamó Luffy con una gran sonrisa corriendo hacia él para lanzarse directo a sus brazos sin importarle las espadas.
─ ¡Luffy! ¿Estás bien? – preguntó asegurándose de que quedase fuera del radio del peligroso rubio.
─ ¡Shishishi, claro! Tragué un poco de agua y Sanji me llevó a su cabaña para cuidar de mi.
─ ... ¿Lo conoces? – preguntó el rubio.
─ Es parte de mi tripulación – dijo orgulloso.
─ ¿Qué? – murmuró nervioso – ¿De verdad eres pirata? ¿De verdad eres Monkey D. Luffy?
─ ¡El futuro rey de los piratas! – repitió sin dudarlo y su sonrisa se desvaneció al ver que Sanji volvía a la posición de combate – ¿Sanji?
─ No puedo dejar que os marchéis de aquí.
─ Tú... – gruñó Zoro con intención de continuar el combate, pero Luffy alzó el brazo para detenerlo.
─ ¿Por qué no? – preguntó el moreno.
─ Sois enemigos de Germa 66, recibí un mensaje de que habéis atacado uno de los territorios del Jarl Vinsmoke Niji. Se os busca para ajusticiaros.
─ ¿Cuándo hemos hecho eso? – preguntó Luffy a su compañero.
─ No lo sé, supongo que será en la última parada que hicimos en la que no querían vendernos nada.
─ No me obligues a usar la violencia, Luffy. No quiero hacerte daño.
─ ¿Daño? – se rio Zoro.
─ Entendido. – sonrió el capitán alzando las manos – Nos rendimos.
─ ¿EH? – se sorprendió el peliverde.
─ Guarda las espadas, Zoro. Ya le has oído, ahora somos sus prisioneros.
─ Pero...
─ Órdenes del capitán.
Zoro chasqueó la lengua y obedeció, tuvo que entregar sus armas a regañadientes y Sanji les llevó en silencio hacia la cabaña, el espadachín no entendía nada, podía vencerle de sobra a ese idiota de cejas de remolino, y aun así Luffy dejó clara su postura. En cuanto se acercaron a la cabaña vieron un grupo de gente frente a ella.
─ ¡S-S-Sanji! – gritó nervioso Usopp con el tirachinas estirado apuntando a los intrusos junto a Nami con su lanza – ¡Son piratas!
─ ¡Luffy es realmente el pirata que están buscando! – añadió Nami preocupada al ver a otro enemigo más que traía el rubio.
─ Lo sé. – dijo con pesar y sin pizca de ilusión al ver a tres hombres más y una mujer, iba a ser imposible retenerlos.
─ ¡Chicos! – saludó Luffy feliz de verlos sin acercarse todavía – Oíd, hemos sido arrestados, no peleéis.
─ ¿Eh? – se sorprendieron todos.
─ ¿Estás seguro, capitán? – preguntó la hermosa morena y tras el asentimiento de este alzó las manos en señal de rendición – Ya le habéis oído.
Todos la imitaron y se quedaron mirando a los dos vikingos que todavía se mantenían alerta por si era una trampa, hasta que el más pequeño del grupo que llevaba una gorra con astas de reno estornudó. Sanji ordenó a todos adentrarse en la cabaña quienes agradecieron el calor de su interior. Nami y Usopp corrieron a juntarse con Sanji mientras los otros tenían su reencuentro.
─ Esto no me gusta. – murmuró Usopp asustado – Son piratas, nos superan en número y es evidente que son más fuertes que nosotros. ¡Van a matarnos en cuanto cerremos los ojos!
─ Deberías haberlos dejado marcharse, si estaban buscando a Luffy ya tienen lo que querían.
─ No puedo dejar que se vayan y sigan causando estragos por Germa 66.
─ ¡No debería importarte! – murmuró enfadada la pelirroja – Ellos...
─ No me importa los jarls, me importa la gente que está bajo su protección. – interrumpió Sanji.
─ ¿Y qué pretendes hacer? No tenemos celdas donde encerrarlos y no pareces dispuesto a dejarlos fuera tampoco.
─ ¡Van con un niño! – se justificó con las mejillas acaloradas – No voy a dejar que enferme.
─ ¿Y vas a alimentarlos hasta cuándo? – insistió Nami – Solo con tener a Luffy se ha comido casi toda la reserva de pescado que conseguimos y pensábamos que tendríamos al menos para una semana, ahora son cinco más...
─ ...Lo siento. – se disculpó aferrándose a su cabello dorado con angustia, estaba causando problemas como siempre por culpa de su amabilidad.
Nami y Usopp se miraron entre ellos, culpables por agobiar más al rubio, como si no tuviera suficientes problemas ya con alimentar a ambos, así que ella decidió tomar las riendas. Se acercó a ellos y se encaró con las manos en las caderas, ganándose la atención de todos.
─ Ahora sois nuestros prisioneros, si no queréis dormir fuera tendréis que obedecernos, no sois nuestros invitados, pescareis, cazareis y recolectareis la comida si es que queréis comer también, ¿queda claro?
─ ¡Entendido! – respondió Luffy por todos – Shishishi, Nami es muy mandona.
─ ¿Nami? – preguntó el pequeño entre los brazos de la morena.
─ Sí, ella es Nami y el de nariz larga es Usopp. – señaló al otro que trataba de ocultarse detrás de Sanji, luego fue señalando a su tripulación – Él es Zoro, mi segundo al mando y espadachín; él es Chopper, nuestro médico; Brook es músico, su música es genial para animar fiestas shishishi, él es Franky el carpintero, también inventa cosas divertidas y ella es Robin y es...
─ Te has olvidado de presentarnos a él, capitán. – cortó Robin con su bonita sonrisa.
─ Oh, cierto. Es Sanji; mi esposo.
─ ¿¡EH!? – corearon todos a la vez, incluido el rubio.
─ ¿Qué estás diciendo, Luffy? – frunció el ceño el peliverde.
─ Nos hemos besado, igual que hacen Robin y Franky, así que estamos casados.
─ Un beso no hace que te cases con alguien automáticamente, capitán. – respondió Franky
─ ¿Os habéis besado? – preguntó Nami mirando al sonrojado rubio que no sabía dónde meterse y luego al moreno – ¿Cuándo? ¿No será que tú le has besado a él?
─ Sí, pero a él también le sonaban los tambores. – explicó sin que nadie entendiera nada – Si no estamos casados ahora no importa, podemos hacerlo y luego irnos de la isla.
─ No. – zanjó Sanji callándolo – No voy a casarme contigo.
─ ¿Por qué? Los tambores...
─ ¡No importa los tambores! – alzó molesto la voz – ¡Te lo dije, no puedo irme! ¡Y menos voy a casarme contigo, eres mi enemigo!
─ Tú no quieres estar aquí. – respondió Luffy con seriedad intentando acercarse a él, pero Sanji le dio un manotazo para apartar el toque que se aproximaba.
─ No voy a irme contigo, déjame en paz. – ordenó marchándose de la cabaña de un portazo.
─ ¡Ey, Sanji! – Luffy quiso ir detrás de él, pero Nami lo atrapó con una bofetada en la cara que lo dejó pasmado.
─ ¡Oye! – se levantó Zoro del suelo dispuesto a desenfundar mientras Usopp gritaba de pánico y el capitán alzó la mano para detenerlo.
─ ¡Te dije que no lo agobiases! – inquirió la pelirroja furiosa – Deja de imponerte ante Sanji, es demasiado amable como para negar nada a nadie y esto ha sido pasarse.
─ No me he aprovechado de él. – respondió con seriedad.
─ ¡Eso no importa! ¡Sanji no puede irse de aquí!
─ ¡Él no quiere estar aquí! – repitió Luffy.
─ No puede irse porque está maldito.
Respondió Robin dejando a todos asombrados, se hizo un pesado silencio en la cabaña, todos con los ojos bien abiertos, sobre todo el capitán que no se esperó tal noticia.
─ ... ¿Cómo lo sabes? – preguntó nervioso y asustado Usopp.
─ Pude sentirlo en cuando pisamos esta isla. – explicó – Conforme nos acercábamos a la cabaña pude sentirlo más potente. El tótem que hay ahí fuera con runas es el punto de referencia y extensión en el que el maldito tiene su rango de poder moverse y por lo que dice ella, el límite está en la isla.
─ ¿Qué pasaría si saliese?
─ Cada maldición es diferente, la mayoría de veces es para matar a la persona en cuestión.
─ ... Las pulseras le cortarían las manos. – explicó la pelirroja.
─ ¡Nami! – gritó Usopp.
─ No tiene caso ocultarlo. Es como ha dicho ella, conforme se aleja de la cabaña, las pulseras se encogen y aprieta sus muñecas. Nos contó que en una ocasión intentó salir de esta isla y el dolor le hizo regresar de inmediato. – suspiró – Nosotros no le debemos nada a Germa 66, deberíais aprovechar para iros ahora que Sanji ha salido de la cabaña. No os detendremos.
─ Por mucho que me gustaría decirte que sí, no podemos. – reveló Franky – Nos pilló una buena tormenta y tengo que reparar el Thoussand Sunny.
─ Tsk. – chasqueó la lengua la pelirroja – Entonces arréglalo cuanto antes y largaos de aquí.
─ ¿Entonces eso de que su trabajo es vigilar la zona es mentira? – preguntó Luffy.
─ Bueno... – fue su turno de responder Usopp – eso es un poco más largo de contar y no creo que Sanji quiera que lo sepas y... ¿a dónde vas?
─ A hablar con Sanji. – dijo el capitán dirección a la puerta.
─ ¡Te he dicho que le dejes en paz! – ordenó Nami.
─ Sanji no quiere estar en esta isla, eso es todo lo que necesito para querer ayudarle. – respondió antes de salir.
Luffy no tuvo que irse demasiado lejos, en la orilla estaba el rubio sentado en una gran roca mirando hacia el océano, su melena rubia con trenzas danzaba por el frío aire, estaba jugueteando con una de las pulseras que apenas le dejaba girar. En cuanto se acercó, Sanji dirigió su mirada hacia el moreno y suspiró.
─ Ya te has enterado, ¿verdad? – hizo una sonrisa torcida, sin gracia – Ya sabes porque no puedo irme.
─ ¿Por qué aun estando encerrado aquí somos enemigos? – preguntó sentándose a su lado – ¿Quién te puso esta maldición?
─ Mi padre. – respondió con voz vacía de emoción – Se deshizo de mi mandándome a esta isla... se suponía que era para vigilar la frontera, pero Nami me contó que desde que me fui, todos dan por hecho que estoy muerto.
─ No lo entiendo.
─ En Germa 66 existe la tradición desde hace generaciones que los herederos del reino deben cazar a su primer enemigo al cumplir los diez años. El konungr, el rey, hizo pasar a mi hermana la prueba cuando alcanzó la edad, la superó. Luego nos tocó a nosotros, a mis hermanos y a mí. Ellos también la superaron con violencia, regresaron con la cabeza de sus “cazas”, yo en cambio, lo traje ileso. Eso no fue suficiente para Judge.
─ ¿Por qué no?
─ Esta prueba es para dejar atrás la infancia y convertirte en alguien digno de llevar la carga del reino. Que yo usase la estrategia y compasión fue considerado debilidad y cobardía, fui su fracaso. Judge es un hombre que usa el miedo y la fuerza para gobernar.
─ ¿Por eso te mandó aquí?
─ Mandó a mis otros hermanos a conquistar reinos vecinos y a mí la tarea de vigilar un montón de hielo, fue su manera de apartarme de su vista y dejar de humillarlo públicamente, prefiere que todos piensen que estoy muerto a que sepan que su hijo es débil.
─ ¿Cómo has sobrevivido aquí tanto tiempo tú solo?
─ Desde pequeño que nos enseñaron a cazar y me dieron el material suficiente para no morir para la cabaña, también tuve suerte, cuando llevaba unos meses aquí naufragó un pirata que era cocinero, me enseñó a pelear y a cocinar.
─ ¿Qué pasó con él?
─ Murió, – sonrió con tristeza – fue un invierno muy duro, era imposible pescar y cazar, pasamos mucha hambre y el muy idiota me dio todo lo que conseguimos, al final estaba tan débil que enfermó y acabó con su vida. Fui un idiota por no verlo y débil por no poder cuidar de él cuando hizo tanto por mi.
─ No lo eres, te he visto pelear contra Zoro y ha sido impresionante, poca gente ha conseguido acorralarle como has hecho tú.
─ Es el factor sorpresa. – se encogió de hombros – Todo el mundo piensa que no sé defenderme.
─ Eres fuerte, no solo por saber pelear, sino porque perdonar la vida a alguien es mucho más difícil que matarlo. – sonrió convencido de sus palabras – Demostraste ser inteligente y de buen corazón por superar la prueba sin necesidad de derramar sangre.
─ Eres un pirata... de los peores que existen, al menos esas son las historias que se oyen sobre ti.
─ Oh, ¿por eso siempre nos metemos en problemas cuando vamos a las islas?
─ ... ¿No te habías parado a pensarlo?
─ La verdad es que no. – se llevó la mano a la barbilla, ladeando la cabeza.
Ante eso, el rostro serio de Sanji pasó a que sus labios fruncidos se estirasen y soltasen una gran carcajada al cielo tan exagerada que incluso sorprendió al moreno, era el sonido más bonito que había escuchado en su vida. Saltó de la roca y se puso frente al cocinero y tomó sus manos para tocar las pulseras, cosa que hizo que el rubio dejase de reír.
─ Vente conmigo, Sanji. – sonrió lleno de determinación – Romperé tu maldición de algún modo y vendrás de aventuras con nosotros. Te necesito a mi lado para ser el Rey de los piratas.
─ ¿No me has oído? Aunque pudiera irme, solo soy un fracasado que no puede hacer nada.
─ Eso no es cierto. Tu comida es increíble y sin embargo, eso no es lo mejor de ti. – le dedicó una gran sonrisa, enseñando todos sus dientes – Tienes un gran corazón, Sanji. No dudaste en cuidar de mi cuando llegué y lo hiciste también con mi tripulación aunque pienses que somos tus enemigos. No quiero irme sin ti. Quiero que seas mi esposo y quiero que ese amor que tienes, sea todo mío.
─ Luffy... yo... – se calló a mitad de frase, sus mejillas estaban sonrojadas, movió los labios como si fuese a decir algo y los apretó de nuevo creando una línea recta antes de decir – ya estoy prometido.
─ ¿Eh?
─ El konungr Judge ya ha decidido quien será mi esposa, lo siento.
─ ¿La ha decidido él? – preguntó sin entender y tras el asentimiento de Sanji continuó – ¿Te desterró a esta congelada isla y quiere casarte con alguien que ha elegido él en vez de tú? ¿La amas?
─ Ni siquiera la conozco. – puso una cara algo divertida ante la actitud del moreno – Eso no importa, una vez que toma una decisión debo obedecer.
─ ¿Por qué? Es tu vida.
─ No lo es. – alzó sus manos mostrando sus pulseras – Y aunque no las tuviera sigo siendo su hijo, aunque reniegue de mi, estoy obligado por ser de su sangre.
─ Tu vida es tuya y de nadie más. – discutió el moreno frunciendo el ceño – Te sacaré de aquí.
─ No serviré de nada sin manos y él te perseguirá. No quiero que te pongas en peligro por alguien como yo, cualquiera te puede dar de comer y ser tu cocinero.
─ Solo puedes serlo tú.
─ Gracias. – sonrió de todo corazón – Tu también eres muy amable, esta isla siempre me ha traído gente buena, con eso es suficiente para mí.
─ Pero...
─ Luffy. – interrumpió colocando su mano sobre los labios de este – No cambiaré de opinión, me queda muy poco tiempo para que vengan a por mí y me lleven a desposarme, por eso quiero pedirte que te lleves a Nami y a Usopp contigo. Ella desea ver mundo y crear un mapa y Usopp quiere ser un guerrero de mar... sé que su barca podrían haberla arreglado hace tiempo y se están quedando por mi culpa, así que, por favor, llévalos contigo, no saben nada del compromiso y no quiero que cuando vengan a buscarme os encuentren aquí.
─ ¿Vas a liberarnos?
─ Jeje, es imposible pensar en ti como un enemigo. – acarició sus mejillas – Y sé de sobra que podríais vencerme. Quiero que mis últimos días de “libertad” en esta isla al menos os tenga a vosotros como amigos. ¿Puedes darme eso también, Luffy?
─ Quiero darte mucho más que eso.
─ Será suficiente para mí y... si quieres... – apartó su mirada azul, avergonzado antes de volver a mirarle – puedo ser tu esposo hasta que os vayáis.
─ ¿En serio? – sonrió Luffy.
─ Sería un honor.
─ ¡Shishishi, vamos! – tomó sus manos y tiró de él para levantarlo de la roca – ¡Regresemos a la cabaña con los demás y celebremos que estamos casados!
En cuanto entraron, vieron que Franky estaba arreglando la mesa que cojeaba mientras la sujetaba Brook, Usopp y Chopper estaban con los hierbajos del moreno y Nami y Robin hablaban junto al fuego mientras Zoro vigilaba la puerta como un perro guardián.
─ ¡Vamos a hacer una fiesta! – gritó Luffy alzando las manos entrelazadas – ¡Somos libres!
─ Es sin duda el encarcelamiento más corto en el que nos hemos visto envueltos, ¡yohohoho!
─ No tenemos comida suficiente para todos, menos para una fiesta. – suspiró Nami.
─ Nosotros tenemos algo de provisiones en el Sunny, podemos ir a cogerlas.
─ ¿Al barco? – preguntó emocionado Usopp.
─ Claro, ¿quieres acompañarnos?
─ Ah, pues... – miró a Sanji.
─ Vamos, yo también quiero verlo. – resolvió el rubio con una sonrisa.
El barco estaba varado en el lado oeste de la isla, era evidente a simple vista que necesitaba alguna reparación y en cuanto subieron, los tres se asombraron de ver la preciosa cubierta y la enorme cocina que para Sanji aquello era como un sueño. Sacaron gran parte de la comida y allí mismo se pusieron a celebrar la fiesta, la música de Brook alegró el corazón a todos, los platos que elaboró el rubio maravilló a todos, incluso al espadachín que trató de mantenerse reservado al respecto, aunque en cuanto tuvo unas copas de más comenzó a relajarse un poco. Luffy, Usopp, Franky y Chopper bailaban emocionados entre risas mientras que Nami y Sanji se mantuvieron algo más reservados al respecto. Robin se acercó a ellos con una amable sonrisa.
─ Sanji, sé que estamos de fiesta, pero me gustaría hablar contigo sobre tu maldición.
─ Oh, ah, claro... – respondió algo incómodo mientras ella se sentaba a su lado.
─ ¿Puedo ver las pulseras?
─ ... – el rubio apretó los labios – No creo que sea una buena idea.
─ No te haré daño, te lo prometo.
─ No es eso... – trató de resistirse, pero el codazo de Nami en sus costillas le hicieron ceder. Suspiró y se quitó los guantes, sus manos estaban amoratadas, las pulseras estaban apretadas lo suficiente para no dejar pasar la suficiente sangre con fluidez.
─ Mi capitán te regañaría si supiese en el estado en el que están tus manos, Sanji. Lo último que quiere es que su esposo se sacrifique para que otros mientras puedan divertirse.
─ Lo siento. – se ruborizó – Yo también quería ver el barco.
─ Está bien, pero por favor, no vuelvas a hacerlo. Eres importante para Luffy así que nosotros también cuidaremos de ti. – sonrió con calidez – ¿puedo tocarlas?
─ Adelante.
Con cuidado, ella deslizó los pulgares por las piezas de oro y cerró los ojos, como si así pudiese analizarlas mejor, se acercó las manos a sus labios y les susurró algo que hizo que Sanji sintiese como un escalofrío recorrer sus brazos como una descarga eléctrica.
─ Es magia muy poderosa. – dijo ella finalmente bajándolas hasta que quedaron en su regazo – No solo estás sellado a este lugar, también a quien te puso estas pulseras.
─ ¿Qué quieres decir con eso? – preguntó Nami.
─ No solo esta tierra está bajo su dominio, también de tu sangre. Eso significa que quien te maldijo es de tu propio linaje.
─ Sí, fue mi padre quien me maldijo.
─ Comprendo. El vínculo es demasiado cercano, al menos a nivel sanguíneo, podría encargarme de la maldición que te ata a esta tierra, pero no de este, solo él tiene el poder de liberarte. Si rompo la maldición él se enterará.
─ Gracias por haber pensado en la idea de querer romper la maldición. – sonrió con sinceridad el rubio – No tenía esperanza de librarme tan fácilmente de él, he aceptado mi destino.
─ Sanji... – murmuró la pelirroja con el corazón encogido.
─ No te preocupes, estoy bien, de verdad. No quiero pensar en cosas tristes esta noche es... algo así como mi... ¿boda con Luffy? – se rio.
─ No creo que ni sepa lo que es eso.
─ Sí lo sabe. – interrumpió Robin – Mi capitán ofició mi boda con Franky.
─ Oh, ¿en serio?
─ Fue al poco de salvarme en la hoguera en la que pretendían quemarme. – respondió – Franky les pidió ayuda y no dudó en hacerlo a pesar de los rumores de que yo era una bruja.
─ Espera... ¿eres una völva?
─ Juju, ¿así es como llamáis a las brujas aquí? Más que bruja, estoy interesada en el conocimiento.
─ ¿Cómo es que sigues a alguien como Luffy? – se atrevió a preguntar Sanji – No es que dude de que es alguien digno de ello, pero sois todos muy... peculiares.
─ Gracias por no decir “monstruos”, es como suelen llamarnos.
─ Jamás diría algo así y menos de una mujer tan hermosa como tú.
─ Jujuju, gracias. – rio con suavidad la bruja – Cada miembro de la tripulación sigue a Luffy por distintos motivos, en mi caso, estoy interesada en averiguar cosas del mundo, su historia, leyendas, pero sobre todo, estoy interesada en él. No a nivel romántico, – se apresuró a añadir ante la mirada incómoda de Sanji – Franky siempre será el único para mí.
─ ¿Y qué tiene de especial Luffy? – preguntó Nami.
─ Creo que tiene el poder para cambiar el mundo. – declaró con una sonrisa que ninguno de los dos supo cómo interpretar – Allá donde va, logra conseguir lo imposible, impone su voluntad y logra derrocar a los poderosos para que el pueblo sometido sea capaz de prosperar e incluso lograr que su ideología cambie.
─ Oh, es algo así como el Ragnarok.
─ ¿Qué es el Ragnarok, Sanji? – preguntó la morena interesada.
─ Nosotros, los vikingos, tenemos nuestros propios dioses, buenos y malos, pero todos ellos poderosos, hubo uno de ellos, Baldur, que era bueno y compasivo con todos, su madre quien lo adoraba, obligó a todos a prometer que nadie lo intentase matar. Pero uno de ellos, Loki, el dios de la mentira, consiguió engañar a otro Dios para que usase una flecha envuelta en muérdago, la única planta a la que no obligaron a hacer tal juramento, y así Baldur murió. Aquello originó la guerra entre dioses y su declive. Muchos vikingos creen que todos murieron en esa guerra, otros que siguen cuidando de nosotros.
─ Es una historia fascinante. – dijo con evidente fascinación – Me encantaría escuchar más cosas sobre tu folklore, pero no aquí mientras las pulseras te perjudiquen.
─ Te contaré todo lo que quieras, mi bella Robin.
─ Ey, Luffy. – se puso en pie Nami – Nosotros nos vamos ya a la cabaña a dormir, es tarde.
─ ¿Eeeeh? – se quejó el capitán – No puedes llevarte a mi esposo sin mí.
─ Pues termina ya, nosotros nos vamos.
─ ¡Argh, vale, vale! – se lanzó al regazo de Sanji quien se había puesto ya los guantes – Quiero dormir con mi esposo, shishishi.
Entre todos recogieron el desastre y caminaron de nuevo hacia la cabaña cargando con mantas y otras cosas que necesitasen, había empezado a nevar suavemente e iban a necesitar todo el abrigo posible. Sanji, vio que el espadachín se desviaba de la ruta y pidió a Nami guiar al resto mientras este iba a buscarlo.
─ ¿Te has despistado y por eso has dejado de seguirnos? – preguntó al peliverde una vez que lo alcanzó.
─ Cállate. – chasqueó la lengua y retomaron el camino de vuelta en un silencio algo incómodo – ¿Qué quieres decirme, Cejillas?
─ ¿C-Cejillas? – se sonrojó cubriéndose la visible – ¿Por qué te burlas de mi?
─ Tu ceja es rara.
─ Y tu pelo es puro musgo y no digo nada al respecto.
─ ¡Acabas de hacerlo!
─ Tú empezaste primero. – murmuró molesto – Yo en verdad... no importa.
─ ¿Qué? No dejes frases a medias.
─ Quería disculparme por haberte pateado antes, aunque ahora no me arrepiento tanto.
─ Creías que era un enemigo, te defendiste, no es para tanto.
─ Oh, ¿así de fácil? – preguntó Sanji con evidente alivio.
─ Fue una buena pelea.
─ ¿D-De verdad? – se sonrojó – Uhm, ah... g-gracias.
Zoro lo observó mientras seguían caminando, Sanji era fuerte y hermoso, entendía porque su capitán se había fijado en él, sin duda Luffy era todo un pirata, había llegado el primero a la isla y no había tardado nada en reclamar el mejor tesoro para él mismo.
─ ¿P-Pasa algo? – se llevó la mano a la mejilla al sentirse observado.
─ Es una pena que, por una vez que Luffy se fije en alguien, lo haga bien.
─ No entiendo.
─ No necesitas entenderlo. – respondió Zoro.
─ Hmm... – infló sus mejillas, enojado.
─ ¡ZOROOO, NO SEAS GATA ROMPEHOGARES! – gritó el capitán desde la lejanía.
─ ¡Yo no soy eso, capitán de mierda! – se puso rojo como la grana.
─ ¡Eh, más respeto a Luffy!
─ Tú cállate que tampoco sabes de lo que habla.
─ ¡Pues explícamelo! – le pateó el trasero.
─ ¡Maldito rizado!
─ ¡Deja de ponerme más motes, alga estúpida!
Comenzaron otra pelea, esta vez sin intenciones de sobrepasarse hasta que Luffy tuvo que poner paz haciéndole un placaje a su espadachín que comió bastante nieve mientras este se reía escandalosamente.
Llegaron por fin a la cabaña donde extendieron mantas alrededor del fuego y Luffy no dudó en acaparar a su rubio tumbándose prácticamente encima de él mientras los otros se iban acomodando también dispuestos a dormir.
─ Buenas noches, Sanji. – dijo Luffy dándole un beso en la mejilla y una gran sonrisa.
─ Buenas noches, esposo. – respondió el rubio acariciando su mandíbula.
─ Mmm, hazlo de nuevo. – ronroneó el moreno.
─ ¿Te gusta que te mimen? – sonrió repitiendo el movimiento.
─ Me gustan tus manos, ¿son mágicas? Porque hacen que sienta calor en mi pecho.
─ No, no lo son. – rio con cariño. Luffy atrapó la que le acariciaba y vio la marca rojiza que había en su muñeca, Sanji trató de ocultarla, pero el moreno no le dejó y le miró con severidad al comprender porque estaba así – Yo...
─ Muéstrame la otra. – pidió.
─ ... – Sanji obedeció, las pulseras estaban holgadas y mostraban las magulladuras en ambas muñecas. Se avergonzó de tener que enseñarlas, pensó que Luffy se enfadaría, y sin embargo, besó cada centímetro herido de ambas heridas, provocando que su corazón se desatara.
─ No vuelvas a ocultar tu dolor, Sanji. – dijo sin opción a ser contradicho.
─ N-No me duelen, te lo prometo.
─ Tampoco mientas sobre ello, me pone triste. – besó cada palma de sus manos.
Sanji asintió levemente con la cabeza y se ganó otra enorme sonrisa de Luffy que se acomodó todavía más cerca si es que eso era posible y pidió más mimos, por lo que el rubio no dudó en dárselos, esta vez pasando sus dedos por el cabello revuelto del capitán hasta que ambos se quedaron dormidos.
~*~
Los días pasaron en una agradable rutina que Sanji adoró desde el principio. Luffy solamente se levantaba de la cama cuando el olor del desayuno comenzaba a invadir la cabaña y gritaba pletórico que deseaba comer de inmediato o podría morirse ahí mismo, todos comenzaban a chillarle que se calmase y les tocaba defender la cocina a capa y espada para que el cocinero pudiese terminar y en cuanto daba la señal, el capitán se abalanzaba a engullir como si no hubiese un mañana. Luego aprovechaban las horas de sol para ir a por provisiones, Usopp y Chopper hicieron buenas migas y se iban juntos a buscar hierbas medicinales, Luffy, Zoro y Brook se iban de caza y Franky se dedicaba a reparar el barco, cuando oscurecía, Robin pedía que les contasen historias sobre sus dioses y luego llegaba el momento favorito de Sanji, cuando Luffy de nuevo le reclamaba para él llenándolo de besos la cual Nami cada dos por tres exigía silencio y que los melosos se detuviesen de una buena vez.
La habilidad de Franky le asombró, solo le bastó una semana para reparar por completo el barco, y también le asustó, pensando que en cuanto estuviera listo para zarpar, se irían, pero no fue así. Al tercer día al ver que seguían sin intenciones de marcharse, el rubio decidió que era el momento de hablar de ello.
─ Luffy... el Sunny ya está listo para que podáis seguir vuestras aventuras. – comenzó nervioso, jugueteando con sus pulseras como siempre hacía cuando le costaba hablar de algo.
─ Todavía no podemos irnos.
─ ¿Por qué? Nami dijo que no hay tormentas a la vista y pronto comenzará mejor clima, es un buen momento para irse.
─ Oye, Sanji. – interrumpió Luffy dejando de jugar con el tótem maldito que tanta curiosidad le daba – ¿Por qué nunca me has pedido que me quede?
─ ¿Eh? – eso le pilló por sorpresa – Eres pirata, tu vida está en el mar. No sería justo para ti impedirte seguir con tus aventuras.
─ No puedes irte de aquí, pensé que al menos me pedirías que me quedase.
─ En la siguiente fase lunar dará comienzo la primavera, será cuando Judge vendrá a por mí para llevarme al territorio de Big Mom para casarme con su hija.
─ ¿Eso cuando será?
─ En dos semanas. Por eso deberías empezar a prepararte para irte de aquí.
─ No me iré sin ti. – declaró firme.
─ Luffy... – ya habían tenido esa conversación.
─ Nami y Robin están leyendo muchos libros buscando como romper tu maldición y si no lo logran entonces esperaré a que venga Judge para que te libere y así poder llevarte conmigo.
─ No vas a verle y menos pedirle tal cosa. – frunció el ceño – No te lo permitirá, soy suyo, y aunque me deteste no consentirá que me marche y no serle útil para la alianza con Linlin.
─ ¡No eres suyo! – se encaró sobresaltando al rubio – ¡Eres mío, mi esposo, mi cocinero, mi compañero! Y no me iré de aquí sin ti.
─ Luffy... por favor, escúchame...
El sonido de un cuerno interrumpió la charla y Sanji lo reconoció al instante, se puso pálido mirando hacia la niebla que había en el océano.
─ No puede ser... vienen demasiado pronto... – gimió aterrado.
─ ¿Quién?
─ El konungr Judge. – chasqueó la lengua y tomó a Luffy por la muñeca para alejarlo de la cabaña – ¡Franky, Usopp, Chopper!
─ ¿Qué pasa? – preguntó el moreno.
─ Ha llegado Germa 66, no hay tiempo para explicaciones, tenéis que iros de inmediato.
─ ¿G-Germa? – repitió asustado Usopp.
─ Tenéis que adentraros en el bosque y buscar a Musgo y Brook, Nami y Robin ya están en el barco, daos prisa y...
─ No. – se negó en rotundo el capitán.
─ ¡Luffy, no hay tiempo! – le tomó Sanji por los hombros zarandeándolo – No quiero que te enfrentes a Judge, no quiero que te mate.
─ Eso no va a suceder.
─ Es un tirano, es cruel, no tendrá piedad contigo y menos con tu intención de sacarme de aquí.
─ Confía en mí. – tomó sus manos dedicándole una sonrisa llena de seguridad.
─ Luffy...
─ Te sacaré de esta isla y tendremos mil aventuras juntos, eres mi esposo, Sanji. Haré lo que sea por ti.
─ Por favor... por favor... – suplicó apoyando su frente en la de su marido – no quiero que mueras.
─ Eso no pasará, te lo prometo. – le rodeó con sus brazos.
─ ¡Capitán! – escuchó la voz de Brook fuera de la cabaña.
Rompieron el abrazo y todos los del interior salieron para ver que ocurría, un pequeño ejército estaba frente a ellos y lo encabezaban cinco imponentes figuras, cuatro de ellos con cabellos de colores y cejas de espiral en dirección contraria a las de Sanji y un paso más al frente un enorme hombre con armadura y lanza, su larga melena rubia oscura cubría gran parte de su rostro, enseñó los dientes en un gruñido profundo que hizo temblar al rubio.
─ ¿Qué significa esto, fracaso? – rugió aferrándose a la lanza con más fuerza – ¿Has estado escondiendo a estos infames piratas de mi?
─ Padre, yo...
─ ¡Konungr Judge para ti! – corrigió con un grito mientras los jarls reían tras él, la hermana se mostraba impasible.
─ No nos ha escondido. – respondió Luffy en su lugar – Una tormenta nos atrapó y quedamos varados aquí, Sanji ha cuidado de nosotros.
─ Tan débil y estúpido como siempre. – gruñó lleno de decepción – Matadlos a todos excepto al fracasado, si se resiste podéis golpearlo, no en la cara, debe de estar presentable para el encuentro con su futura esposa.
─ No quiero pelear, Judge. – avisó Luffy cerrando los puños – Libera a Sanji de la maldición y deja que venga conmigo.
─ ¿Cómo de ridículo puedes ser si crees que aceptaré algo así? – soltó una sonora carcajada que retumbó en la nieve – Solo sois un puñado de mugrientos piratas y yo tengo a mi ejército, lo único que haréis será manchar con vuestra sangre esta isla.
─ No quiero enfrentarme a ti, Judge. – repitió – Sanji es demasiado amable como para querer verte muerto a pesar de todo lo que le has hecho.
─ ...Débil. – murmuró alzando la mano y sus hijos sacaron sus flechas de sus respectivos carcajs y apuntaron con sus arcos.
─ ¡No! – gritó el rubio colocándose frente a Luffy – No es necesario, me iré contigo, konungr Judge.
─ Sanji, aparta. – pidió Reiju – Vengas o no, ellos morirán.
─ No voy a apartarme, no voy a dejar que les hagáis daño. Iré con vosotros, no me opondré, no ofreceré resistencia si a cambio les dejáis irse, ellos no volverán a pisar tus tierras, konungr Judge.
─ No me iré sin ti, Sanji. – dijo una vez más su esposo – Si Judge no entiende a las buenas será a las malas.
─ Luffy... – se dio la vuelta para poder enfrentarlo y sonreírle – no quiero derramamientos de sangre y menos si es por mi culpa, ellos no cederán y...
Sanji hizo un ruido sordo, un quejido amortiguado que provocó un pequeño sobresalto en su cuerpo tras un zumbido, el zumbido de una flecha antes de impactar contra algo. El rubio se giró para mirar a los Vinsmoke y otras dos flechas más impactaron en su pecho, los tres príncipes habían disparado a su propio hermano.
─ Así será más rápido. – rio el jarl Niji.
─ Necios. – riñó la primogénita – Son flechas envenenadas. Sanji podría no soportar tanto veneno.
─ Pues si quiere vivir que nos lo entreguen. – le restó importancia el jarl Ichiji – Que no nos hagan perder el tiempo en esta isla de mala muerte.
Luffy no los estaba escuchando, los gritos de los nombres de su tripulación llamando a Sanji y el grito ahogado de Nami sofocaron los oídos del capitán que recogió al cocinero al vuelo antes de que cayese al suelo, lo sujetaba entre sus brazos mientras él estaba sentado de rodillas sosteniendo su peso con los ojos bien abiertos incapaz de procesar lo ocurrido.
─ L-Luffy... – gimió el rubio con una sonrisa en los labios – gracias... gracias por haber querido sacarme de aquí, por querer darme la oportunidad de ser libre. Estos días contigo y tu tripulación... han sido los mejores de mi vida.
─ No te despidas... no lo hagas, te prometí que te sacaría de esta maldita isla.
─ Luffy... – su sonrisa se ensanchó más y acarició la mejilla del moreno como tanto le gustaba, sus ojos azules se iban entrecerrando lentamente, sus párpados pesaban – Prefiero una vida corta habiendo sido tu esposo que una larga con una mujer que no amo. Gracias por darme la libertad de poder amar a quien yo elegí libremente.
Su mano cayó con fuerza sobre su regazo, sus ojos se cerraron y la sonrisa se mantuvo en sus labios. Las voces de Zoro y los demás zumbaban en los oídos de Luffy, no entendía ni una palabra, lo único que podía hacer era mirar esa sonrisa inerte, el viento mecía sus mechones rubios, pero Sanji no reaccionaba a nada más y Luffy dejó de sentir.
La sonrisa tierna había desaparecido.
La risa escandalosa había desaparecido.
La sonrisa tímida que se daban entre besos había desaparecido.
Todo había desaparecido.
Los tambores de su pecho despertaron de nuevo.
Pero esta vez, la melodía era diferente.
El mundo entero era diferente.
Porque un mundo en el que no estuviese Sanji...
─ Es un mundo que no merece existir. – susurró.
El cielo se cubrió de nubes, nubes tan negras y espesas que convirtió el día en noche, los truenos rugían llenos de odio y un rayo negro cayó tan cerca de los príncipes que casi acertó al de cabello verde. Luffy solo podía escuchar los tambores de su corazón que dirigían el ritmo de los rayos que comenzaron a caer sobre el ejército de Germa 66 quienes gritaron de terror y dolor. Dejó el cuerpo de Sanji sobre la nieve, sus amigos se acercaron a él, unos para atender al rubio, otros para intentar hablar con él, pero nada importaba, el cielo cada vez era más oscuro y su cabello se puso tan blanco como la nieve y sus corneas tomaron el mismo color negro de sus pupilas. En sus labios se dibujó una extraña sonrisa invertida, las comisuras hacia abajo mostrando sus dientes apretados.
Luffy se lanzó a gran velocidad a por Judge que logró detener el golpe con su lanza que quebró como si de un palillo se tratase y el impacto dio de pleno en la armadura haciéndolo retroceder y llevarse por delante al resto de sus hijos.
Judge estaba hablando, pero Luffy seguía sin oír nada antes de que su cuerpo comenzase a crecer desmesuradamente hasta convertirse en un gigante y comenzó a pisotear a sus enemigos.
─ ¡Luffy, Luffy! – gritaba Zoro tratando de calmar la ira de su capitán que seguía perdido en su oscuridad.
─ ¿¡Puedes curarlo, Chopper? – preguntó Nami, angustiada y hecha un mar de lágrimas sujetando la cabeza del rubio que respiraba apenas como un murmullo.
─ Primero necesito saber con qué lo han envenenado. – sollozó – Si le doy otro antídoto podría ser contraproducente.
─ En eso puedo ser útil. – dijo Usopp – Pero para eso necesito sacarle la flecha a Sanji.
─ De acuerdo, taponaré la herida.
─ Bien... lo siento, Sanji. Esto va a dolerte un poco. – se disculpó el tirador antes de atrapar la flecha y arrancarla del pecho del rubio sin inmutarse. Usopp se acercó la punta metálica a la nariz e inhaló el olor de sangre – ¡Muérdago! ¡Es muérdago!
─ ¿Estás seguro? – preguntó Chopper y este asintió con firmeza – Bien, entonces solo está intoxicado y adormecido, no es mortal y por suerte las hierbas que necesito las tienes en la cabaña.
─ ¡Te acompaño! – corrieron ambos a la cabaña, Nami se quedó con Sanji todavía sujetándolo y Robin como última barrera defensiva.
Los príncipes trataron de acercarse a buscar al rubio, pero Franky, Brook y Zoro eran los escudos que lo impedían mientras Luffy estaba centrado ahora en destruir los barcos como si de barquitos de papel se tratasen sin importarle la cantidad de flechas que se clavaban por su espalda y piernas. Solo reaccionó cuando una lanza se clavó en su tobillo y miró a Judge con un rostro congestionado de ira.
─ No voy a tener miedo a un monstruo como tú. – rugió herido más en su orgullo que las heridas causadas por el golpe que antes le había propinado Luffy – ¡Soy el Konungr Judge! ¡La sangre Vinsmoke está bendecida por los Dioses, una criatura enorme como tú no...!
La frase murió en su garganta al igual que el resto de su cuerpo cuando el gigante de cabello blanco lo aplastó sin piedad, convirtiéndose en un montón de hueso y carne triturado, algunos soldados gritaron de puro terror ganándose la atención de Luffy dispuesto para que ellos acabasen con el mismo destino.
Chopper y Usopp regresaron a toda prisa, Robin taponaba la herida abierta de la flecha que el tirador había arrancado con sus propias manos, los recién llegados arrancaron el resto y le extendieron una mezcla en las heridas antes de vendarlas, para finalmente meterle en la boca el remedio que habían hecho y obligarle a dar pequeños sorbos con el agua para que lo fuese tragando. Sanji tosió con esfuerzo y dolor, abriendo finalmente los ojos.
─ ... ¿Q-Qué...?
─ ¡Sanji! ¿Estás bien? – preguntó Chopper emocionado al verle reaccionar.
─ Ugh... ¿qué ha pasado? – se llevó la mano a la cara, todavía mareado.
─ Llevas tantas capas de ropa que por suerte han hecho de escudo y no han dado en órganos vitales, por lo visto solo pretendían dejarte inconsciente y llevarte con ellos. – explicó – Te hemos dado el antídoto, te recuperarás en breve.
─ ...No sé si es efecto del antídoto... pero estoy viendo un gigante. – murmuró.
─ Es real. – intervino Robin – Es Luffy.
─ ¿EH? – eso le hizo abrir los ojos e intentar incorporarse y gimió llevándose la mano al pecho mientras observaba a ese gigante que efectivamente vestía las mismas ropas y cuando se giró levemente pudo ver su cara – ¡Es él! ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué está así?
─ Ha caído en el odio. Cuando te dije que nos llamaban monstruos no era por nada, Luffy está algo así como poseído, o es la reencarnación del dios Nikka, quien decidirá cómo acabará el mundo, si en un nuevo orden o en un caos absoluto, dependiendo de su sonrisa. Ahora está invertida y fuera de control, por lo que se ha decantado en destruirlo.
─ ... ¿Por qué?
─ ¿No es obvio, idiota? – bufó Nami – Por ti, en cuanto te vio herido y pensó que estabas muerto quiso matar a quien acabó contigo.
─ Ugh... mierda... – gimió intentando ponerse en pie, tambaleándose hasta lograrlo.
─ ¿Qué crees que haces? Estás herido. – le regañó Chopper.
─ No voy a dejar que Luffy siga sufriendo. – jadeó – Es mi turno salvarle.
─ Tus heridas...
─ No son nada comparado con el sufrimiento de mi esposo. – dijo seguro de ello y sonrió – Soy fuerte, tres estúpidas flechas no harán que hagan mi labor de cuidar de él.
─ ¡Sanji! – quiso pararle Nami, pero Robin se interpuso para dejar que el rubio avanzase.
─ ¡Ey, Musgo! – gritó Sanji.
─ ¿Ya te has despertado de tu siesta, Rizado? – preguntó mientras detenía un ataque sincronizado de Niji e Ichiji – Ve a dormir un rato más, no nos haces falta.
─ Es adorable tu intento de protegerme, pero no es momento de ello. – rio caminando sin preocuparse de esa pelea – Necesito que sigas entreteniendo a mis hermanos, ¿podrás?
─ ¿Por quien me tomas? Estos dos idiotas no son nada.
─ Bien, lo mismo va para vosotros. – pidió a Franky y a Brook que estaban metidos en sus propios combates.
─ ¡Sin problemas, hermano! – respondió el peliazul, el músico solamente rio dándolo por hecho.
Sanji siguió avanzando, los pocos soldados que se atrevían a acercarse, eran reducidos por algún Sombrero de Paja, no se había dado ni cuenta de que sus pulseras habían caído y estaba libre de la maldición, porque vio a Reiju enfrentándose a Luffy, no era rival para ella, y un potente manotazo le dio de pleno dejándole tan herida que no se pudo ni levantar. El gigante estuvo a punto de aplastarla, pero el rubio se puso delante de ella abriendo sus brazos como escudo humano.
─ ¡NO! – gritó el cocinero, provocando que el gigante se detuviese – ¡LUFFY, POR FAVOR, DETENTE!
─ S-Sanji... – gimió con sorpresa la pelirrosa.
─ Estoy bien, ¿ves? – sonrió para tratar de calmarlo – No tienes que vengarme, estoy vivo.
El gigante bajó el pie y se agachó para quedar más cerca de Sanji, quien no tuvo miedo en ningún momento.
─ No sé si eres Luffy, o el dios Nikka, si es así, por favor, sonríe. – puso sus manos en uno de los enormes dedos del gigante – Adoro cuando mi esposo ríe de esa manera tan graciosa que tiene, porque de verdad creo que es capaz de derretir la nieve y dar esperanza a alguien incluso como yo, que pensaba que mi destino era una vida carente de felicidad, y sin embargo, Luffy me quiere... me quiere tanto como para derramar sangre por mí. – acarició con sus manos la piel del gigante y le dedicó una gran sonrisa – No quiero que se manche las manos por mi culpa, además todavía tengo que decirle que le amo, y sé que eso le hará muy feliz.
La sonrisa invertida tuvo un pequeño espasmo, reaccionando a las palabras del rubio. Por primera vez, los labios se cerraron, creando una línea recta, para de inmediato, las comisuras elevarse y mostrar de nuevo sus dientes, esta vez en una sincera sonrisa de felicidad a la vez que parpadeaba, y sus globos oculares volvieron a ser blanco, aunque sus ojos en vez de negros, se pusieron en un bonito tono rojizo juguetón.
─ ¿Me amas? – preguntó la enorme criatura.
─ Con todo mi corazón. – respondió devolviéndole la gran sonrisa.
─ ¡SHISHISHISHI! – soltó su peculiar risa dando un enorme salto que cuando llegó a su punto máximo explotó en una nube blanca y recuperó su tamaño habitual sin perder su apariencia de Dios Nikka cuando cayó al suelo sin hacerse daño – ¡Me amas con todo tu corazón! – repitió – ¡Pero tu corazón es muy grande, Sanji!
─ No es mío. – tomó sus manos y las llevó a su pecho, donde los latidos similares a los tambores que sonaron por primera vez cuando se besaron – Es tuyo.
─ Es mío... – repitió apoyando también su cabeza de lado, pegando su oreja para poder escucharlos, se relajó tanto que su cabello regresó a ser negro y se abrazó al cocinero – Sanji... tengo hambre.
─ Te prepararé un gran banquete. – peinó con sus dedos los mechones rebeldes de su esposo – Antes déjame hablar con mi hermana.
─ Sanji... – dijo ella sujetándose el brazo herido, sangraba bastante.
─ Detén a nuestros hermanos, Reiju. – pidió el rubio sin soltar a su esposo – Apenas quedáis vosotros en pie, no tiene sentido derramar vuestra sangre, puede que no lo creas, pero no quiero veros muertos.
─ ¿Nos perdonas la vida? – trató de que en su voz no se reflejase el asombro.
─ Fue padre quien me trajo aquí y aunque es cierto que nuestros hermanos no se portaron bien conmigo de pequeño, quiero hacer las paces con vosotros, o más bien, contigo. Te aprecio, hermana, pero no me casaré con Pudding si tu intención como nueva reina es unirme a ella.
La pelirrosa estuvo a punto de responder de inmediato, sin embargo, la mirada de advertencia del moreno que todavía estaba en brazos de Sanji le paralizó, estaba más que dispuesto a acabar con ellos como osase forzar al rubio a algo que no quisiera hacer.
─ No lo haré. – respondió – Puede que no me creas, yo no quería que padre te mandase aquí, traté de ayudarte como buenamente podía avisándote de los peligros cercanos a través de águilas mensajeras.
─ Eso ya no importa.
─ Está bien. Regresaremos a Germa 66 para hacer la ceremonia de luto hacia Judge y proclamarme como nueva líder. Mandaré una misiva a Linlin para decir que se anula tu matrimonio y ofreceré a Ichiji a cambio para que se case con Katakuri.
─ ¿Eh? – se asombró Sanji mirando a su hermano pelirrojo.
─ ¿Eso harás, Reiju? – preguntó este.
─ Conozco tus sentimientos por él, ya discutiré con Linlin los términos para ver si eres tú el que se va a su familia o viene Katakuri. Sois mi familia y no os tendré bajo el yugo asfixiante como padre hizo con nosotros.
─ Serás una buena reina entonces, Reiju. – sonrió feliz el rubio.
─ Eres libre, Sanji. – tomó sus mejillas y besó su frente – Espero que tengas una larga y feliz vida.
─ Así será. – asintió con una gran sonrisa por su bendición.
─ Tomaremos ese bote para regresar a Germa 66 – señaló Niji – No pienso quedarme ni un segundo en esta isla de mierda.
Luffy estuvo a punto de añadir algo y Sanji le tapó la boca, mejor no empezar ninguna bronca nueva ahora que todo estaba más o menos solucionado.
Nami, Usopp y Sanji recogieron sus escasas pertenencias y las llevaron al Thousand Sunny, su nuevo hogar y zarparon tan pronto como fue posible. El cocinero observó sus manos libres, ahora nada le impedía salir a mar abierto, solo una nueva cadena le retenía y justo en ese momento le aprisionó por la cintura: los brazos de Luffy.
─ ¿Estás listo para ser libre, Sanji?
─ Lo estoy. – entrelazó sus manos con las de su esposo y besó su mejilla – Da la orden, capitán.
─ ¡Chicos! – gritó sin soltar todavía al rubio – ¡Zarpamos!
─ ¡Si! – corearon todos a la vez.
Cada uno fue a su lugar, el viento empujó las velas y comenzó el nuevo viaje, el aire salado y frio ahora era totalmente diferente para Sanji, le daba la bienvenida al mar, como si estuviese destinado a surcarlo, su lugar en el mundo junto a Luffy y a los demás. Ahora no era un vikingo, ni un Vinsmoke, ni un preso en una isla de hielo, ahora era un pirata, era libre y era el esposo del futuro rey de los piratas.
Fin.
~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~
¡Feliz cumpleaños a nuestro estúpido y querido capitán de goma!