Veneno

Summary

Jimin Park era veneno. Me llevó años darme cuenta de que no había nacido así. Había sido cultivado y nutrido por una mano cuidadosa y un corazón amargado. Cuando lo conocí, era un brote. Uno que estaba listo para florecer hermosa y mortalmente. Uno que debería haber arrancado de raíz. Lo odiaba. Lo amaba. Y hasta que lo conocí, no había sabido hasta qué punto podían coexistir esas dos cosas a la vez.

Genre
Romance
Author
jimena
Status
Complete
Chapters
60
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

1. PRÓLOGO



La casa se elevaba sobre los árboles como una gran bestia mítica. Una pesadilla neogótica que vivía entre recuerdos y sueños. El tiempo había marchitado y envejecido todo, pero este lugar viviría para siempre.

Nunca pensé que volvería a poner un pie dentro de este lugar. Pero él moriría.


Sé que me odias. Sé que no merezco tu perdón, Jungkook . Pero, por favor, si alguna vez lo amaste, ven. Déjame decirte lo que debo decirte, antes de que sea demasiado tarde.


Han pasado casi ocho años y todavía sigo bailando a su son. Pero ya no soy el niño que era entonces, débil e inocente como un cordero recién nacido. Los dos juntos, me convirtieron en alguien cruel y desconfiado. Si eso significa que estoy preparado para lo que me espera dentro, no lo sé.

Pero nunca he podido mantenerme alejado, ni antes ni ahora. Tanto esta casa, como sus habitantes, me llama, siempre.

Algo que él sabía a la perfección.

La lluvia caía a cántaros, pesada e implacable, golpeando las ventanillas y el techo del coche. El vuelo de Gatwick se había retrasado a causa de la tormenta y parecía haberme seguido hasta las Islas del Canal. Creando ríos oscuros y profundos en los barrancos al costado de la carretera y ahogando el sonido de la emisora de radio que emitía música disco en el coche que alquilé. No me había molestado en pensar cómo los cruzaría.

Casi conduzco desde la parte trasera de la mansión hasta el aparcamiento privado para residentes, pero en lugar de eso, pasé con el coche frente a la entrada principal, lo conduzco hasta la zona pavimentada reservada para visitantes, y apago el motor.

Hay algunas luces encendidas dentro y alrededor de la entrada principal, lo que debería hacer parecer la casa menos imponente y amenazante, pero no es así.

No estoy seguro de cuánto tiempo permanezco sentado allí antes de que alguien golpee la ventanilla del lado del pasajero. No lo escucho de inmediato debido a la lluvia, pero me sobresalto al ver una figura encapuchada que me hace un gesto para que baje la ventanilla. Tengo que encender el motor para hacer eso y la bajo, creo que está tratando de decidir si estoy loco o no por la forma en que me mira.

—¿Eres Jungkook ? —pregunta.

—Eh, ¿sí?

Él me sonríe mostrando su blanca dentadura de una forma que llega hasta sus ojos. Parece tener más o menos mi edad, tal vez un par de años más, tal vez unos treinta y tantos.

—Te ha estado esperando durante un mes. Y como nadie más vendría, lo deduje.

—Bien.

Todavía está lloviendo bastante fuerte, pero el chico no parece darse cuenta ni importarle.

—Soy Jasper. El enfermero.

—Bien —digo de nuevo. Por supuesto, tiene un bonito enfermero hombre.

Jasper se ríe un poco y mira hacia el cielo.

—¿Vas a entrar? Me gusta la lluvia, pero no tanto.

—Sí. Sí, voy a entrar.

Él no espera mientras me tomo mi tiempo para salir del coche, sino que regresa corriendo con sus largas piernas a refugiarse en la casa.

Respiro hondo, agarro mi bolso de viaje y mi chaqueta y salgo al aguacero.

Jasper está esperando justo dentro del vestíbulo, cierra y traba la enorme puerta detrás de mí mientras entro a la Casa Park por primera vez en casi una década. Había venido un par de veces desde Oxford, pero ahora me parecía que había sido hace toda una vida y nada parecía haber cambiado en los años transcurridos desde entonces. Sabía que habían comenzado algunas renovaciones en los pisos superiores, pero no habían continuado aquí abajo. No hay nada diferente a cómo era antes. Eso me reconforta. Una especie de nostalgia morbosa que supuse había muerto en mí hacía mucho tiempo. Me inquieta. Me hace sentir como un extraño en un lugar que conozco casi íntimamente, un lugar que siento tan parte de mí como el corazón en mi pecho.

De repente me percato que nunca había entrado por esta puerta. Siempre entraba por la entrada trasera, la entrada de servicio, todo el tiempo.

Jasper, todavía sonriendo, toma mi chaqueta y la cuelga dentro del guardarropa junto al vestíbulo de entrada.

—¿Puedo traerte un poco de té o café…? —pregunta cuando regresa—. ¿Algo para calentarte?

Lo miro. Alto, bonito, de pelo oscuro. Justo su tipo.

—¿Eres su enfermero o su mayordomo? —pregunto con un tono más grosero de lo que pretendía.

Jasper solo se ríe, completamente imperturbable.

—Hago un poco de todo. —Él se encoge de hombros—. Él ya no puede hacer nada por sí solo.

El pensamiento se cuela en mi cerebro antes de que pueda detenerlo: Bien.

—Café. Gracias.

—Claro ¿Descafeinado o...?

—O...

Él vuelve a sonreír.

—Entiendo. Está en la sala de música. —El hecho de que no me lo indique, que él sepa que yo sé exactamente dónde está, me hace preguntarme cuánto sabe de lo que pasó aquí.

—Oye —exclamo cuando Jasper está en la mitad del pasillo. Tengo que forzar las palabras a salir de mi garganta—. ¿Qué tan mal está? Quiero decir, ¿está consciente?

—Oh, su mente todavía está afilada como un cuchillo. Aunque probablemente se vea un poco diferente a la última vez que lo viste. —La boca de Jasper se vuelve triste, la sonrisa que ha tenido desde que bajé la ventanilla se desvanece ahora.

Afilado como un cuchillo. Sí, eso suena bastante acertado.

Pero no, Gideon no había sido el cuchillo; sino Jimin. Gideon, fue la mano que lo empuñó. Y yo, la carne suave y sensible.

No voy inmediatamente hacia la sala de música. Me quedo allí en el gran pasillo, mirando las puertas cerradas. Las habitaciones detrás de ellas están llenas de recuerdos: la biblioteca, el arboreto, la escalera que conduce a su dormitorio. Estoy seguro que, si fuerzo mis oídos lo suficiente, escucharé su voz en alguna parte. Estoy seguro que, si inhalo profundamente, todavía podré olerlo. Él todavía vive y respira entre estas paredes, y no puedo soportarlo.

Por eso no debería haber venido.

Estoy a punto de dar media vuelta y correr, conducir de regreso al aeropuerto y esperar mi vuelo de regreso a Londres el lunes por la mañana cuando lo escucho:

—¿Estás ahí afuera, Jungkook ? —la voz de Gideon ha cambiado, pero sigue siendo reconocible. Distinta y elegante, como si hablara desde un estrado por encima de mí—. Oh, entra. No me queda mucho tiempo y hay mucho de qué hablar.

Presiono mi mano contra la pared para estabilizarme, respirando profundamente por unos momentos. Cuando me siento listo, me separo de la pared y entro.

El piano está donde siempre estuvo, donde escuché a Minie tocarlo por primera vez, donde lo abracé y lo consolé. Y más tarde, donde lo besé y le di placer, donde sentí sus afilados pedazos romperse bajo mi toque. Una parte de mi mente se abre, solo una pequeña abertura y los recuerdos brotan con toda la fuerza que había sido necesaria para encerrarlos allí.

Me ha tomado años escuchar tocar un piano y no sentir mi corazón siendo arrancado de mi pecho. Ahora veo sus videos en línea para sentir exactamente eso, porque algo es mejor que nada.

Una tos violenta recorre la habitación y casi salto del susto. Me doy la vuelta hacia el ruido.

Un extremo del enorme espacio ha sido transformado en una especie de grandiosa habitación de hospital. Una cama de hospital con máquinas a su alrededor como una audiencia para la figura que hay dentro. Un par de sillas antiguas de respaldo alto a cada lado. Dos cómodas altas y ornamentadas que sujetan la cabecera de la cama. Una está llena de libros y una lámpara de mesa, la otra sostiene un brillante ramo de flores. Me pregunto si vendrían del arboreto. A los pies de la cama hay un televisor enorme que oculta a la persona que está acostada.

Es como si alguien hubiera venido a morir a un museo.

Cuando me acerco y lo miro por primera vez, toda la ira y la rabia que esperaba sentir... desaparece, evaporándose como lluvia sobre un pavimento caliente. Un sentimiento completamente desagradable se apodera de mí y en lugar de eso hace que lágrimas me broten por el rabillo del ojo. Estoy seguro de que estoy a punto de derrumbarme y no le permitiré ver eso de nuevo. Giro la cabeza y trato de calmar mi respiración mientras limpio las lágrimas que amenazan con invadirme.

Probablemente se vea un poco diferente a la última vez que lo viste.

La muerte está posada sobre el pecho de Gideon como el cuadro de la Pesadilla de Fuseli. Se adhiere a cada centímetro de su piel, luchando contra él por cada respiración. Y son respiraciones terribles, desesperadas y dolorosas. Su piel, que alguna vez fue vibrante y saludable, ahora es una paleta de grises y azules. Los ojos oscuros que alguna vez brillaron con vida están tan apagados como el agua fangosa.

Él había sido guapo, con ese estilo elegante y refinado que la gente describiría con palabras como “apuesto” y “agraciado”, y ahora era una cosa podrida y moribunda. Me humilla en la forma en que temía que lo hiciera. Quiero gritar y exigirle que se levante y me muestre que es el mismo hombre que siempre ha sido: caprichoso y cruel, el artífice de toda mi miseria.

—Hola, Jungkook —dice.

—Gideon.

—No pensé que vendrías.

—Sabías que vendría.

Tose de nuevo y me hace un gesto con la mano para que me siente. Lo hago.

—Tienes un aspecto espantoso —le digo.

—Veo que sigues sin suavizar tus palabras. —Gideon sonríe y sus ojos vuelven a brillar con astucia. Minie me mostró una foto de él una vez cuando era niño, de unos siete años e incluso entonces, tenía esa misma mirada en sus ojos.

Me miro las manos y dejo que el silencio se incremente entre nosotros.

—Puedo decir que creciste para ser extraordinariamente guapo, ¿no? —dice.

Levanto la cabeza y lo encuentro mirándome valorativamente.

—A Minie siempre le gustaron tus pecas, ¿lo sabías? Y esos hoyuelos en el lado derecho de tu boca. Ambos se han adaptado maravillosamente ahora que has crecido.

—¿Es por eso que me invitaste aquí, Gideon? ¿Para coquetear?

Él se ríe, pero se transforma en un ataque de tos.

—¿Te duele? —le pregunto cuando se le pasa. Con voz áspera, dice:

—He sufrido dolores desde que estoy vivo, este es simplemente de un tipo diferente. Más inmediato, más espantoso a la vista.

—Lo siento —murmuro inútilmente.

—Yo también, muchacho. Yo también lo siento. —Se nota que lo dice en serio, sus ojos son terriblemente sinceros y me golpea con toda la fuerza de un puñetazo en el estómago. Nunca imaginé que lo escucharía decirlo, no realmente, no apropiadamente, y se siente horrible ahora que lo ha dicho. Está ahí entre nosotros, feo y ruidoso.

Vuelvo a mirarme las manos para no tener que mirar su rostro en descomposición.

—Dicen que no me queda mucho tiempo. Quizás unas cuantas semanas.

Es su páncreas, eso lo sabía. Ya era demasiado tarde cuando lo descubrieron.

Jasper entra con una bandeja que trae una taza de café humeante y un plato de lo que parece ser sopa. Primero me entrega el café antes de colocar la bandeja con la sopa en una mesa alta con ruedas que gira para colocarla frente a Gideon. Levantando un cable, presiona un botón y Gideon se eleva a una posición más erguida para que pueda comer. Finalmente, enciende una luz encima de la cama, inundando a Gideon con una intensa luz artificial.

—¿Necesito obligarte o te vas a comer eso? —Jasper le pregunta a Gideon de manera mandona.

—Me lo comeré —dice, tomando su cuchara.

Jasper me mira.

—Asegúrate de que se lo tome, ¿quieres? Es una pesadilla.

—Una pesadilla que te paga muy bien, así que silencio.

—El dinero no lo es todo, Gideon, ya te lo dije.

Observo mientras Jasper revisa el gotero que cuelga junto a la cama, el que está debajo de la manta que cubre a Gideon, y le sirve una mezcla de pastillas en un pequeño vaso de plástico.

La familiaridad entre ellos se siente casi íntima. Jasper me da una pequeña sonrisa cómplice y luego desaparece de la habitación, dejándonos solos nuevamente.

—Él es una bendición... —reflexiona Gideon mientras revuelve su sopa. Soplo mi café.—Está encerrado aquí conmigo mientras sus amigos viajan por el mundo, se casan y tienen hijos. Estoy seguro de que piensa que le voy a dejar todo.

—¿Lo harás? —me llevo el café a la boca.

Gideon sonríe.

—Si se casa conmigo, tal vez.

—¿Se lo has pedido?

—Una docena de veces. Amenaza con demandarme por acoso laboral. Pero él nunca se va.

Me río y él se lleva una cucharada a la boca.

Bebo mi café mientras Gideon bebe su sopa a pequeños sorbos con su cuchara. Es un silencio cómodo, casi fácil, a pesar de los años desde la última vez que lo tuvimos.

Cuando termina, coloca la cuchara en el tazón, la aleja de él y se acomoda nuevamente en sus almohadas.

—¿No vas a preguntar cómo está él? —Gideon dice por fin.

Mi respiración se entrecorta y mis dedos se aprietan alrededor de la taza.

—Si hubiera algo mal, me lo habrías dicho en cuanto llegué aquí. —Bebo un gran sorbo de café—. Así que supongo que es el mismo de siempre.

Gideon suspira como si estuviera intentando tener paciencia. Como si fuera un chico que se porta mal.

—Esto... no está bien, Jungkook —anuncia—. Excluirlo así ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con él? —me pregunta.

—No lo sé —miento.

—¿Has conocido a alguien más? ¿Es por eso que no vas a verlo?

Le lanzo una mirada que dice que nunca ha habido ni habrá nadie más. Una mirada que le dice que no quiero tener esta conversación.


Lo digo en serio, Minie, no haremos esto otra vez.

Pero esto es lo que hacemos, Jungkook . Es lo que siempre hemos hecho.

Ya no. Se terminó. No vengas más a verme. No me llames más.


Y no lo ha hecho. Es como si algo en mi voz o en mis ojos esa noche le dijera que esta vez lo decía en serio.

—Fue una mentira, Gideon. Él fue una mentira, al igual que tú. —Le doy una mirada penetrante.

—No. Eras lo más verdadero, lo más real y lo más inmaculado que él jamás haya tenido.

—¡Él tomó su puta decisión, Gideon! —respondo bruscamente—. Una y otra vez, él tomó su decisión y nunca fui yo.

Gideon me mira como si fuera yo el que estuviera muriendo.

—Siempre fuiste tú. Él te eligió de la única manera que sabía.

—¿Dejándome? ¿Mudándose a otro puto continente y casándose con él? ¿Fue así como Jimin me eligió? Dios, Gideon, todavía mientes tan fácilmente, es aterrador.

—Él solo te ha amado a ti, Jungkook . Estoy seguro que sabes eso.

Lo miro incrédulo.

—Él no sabe qué es el amor ¡Tú te aseguraste de eso! No éramos… eso no fue amor. — Sonaba muy seguro mientras lo decía, pero la verdad es que no tengo ni puta idea de cómo funcionaba el amor o lo que era.

Luke me amaba, mis padres me habían amado, pero el amor romántico era tan incomprensible para mí como el universo. El amor en ese sentido, el amor en esa forma arrolladora, que te reafirma la vida, apasionado y glorioso, había llegado a mí y se había ido con una sola persona, y él se lo había llevado consigo cuando se fue.

El sexo y el tipo fugaz de intimidad que surgía de ello era algo completamente distinto.

En la universidad había sido fácil con Finn. Estar con él se sentía, a veces, como estar con Minie, y por eso lo terminé. Luego vino Nathan. Nathan, en quien apenas podía pensar sin sentirme abrumado por una emoción tan agridulce que me dolía. Después de la universidad, había estado mayormente en celibato, algún encuentro ocasional en Grindr y mucho porno. Nunca hubo nada que se aproximara al tipo de amor que había cultivado por Jimin.

Gideon asiente, con una expresión sombría en su rostro.

—He preparado una habitación para ti, eres bienvenido a quedarte todo el tiempo que desees.

—Solo puedo quedarme una semana —murmuro, con el calor de la ira aun presente—. Tengo que volver el viernes. —Era mentira, en su mayor parte. Tenía una fiesta de compromiso el sábado a la que había confirmado mi asistencia y a nadie le importaría si me la perdiera. No tenía nada a lo que volver excepto un frío y caro piso en el sótano de Bethnal Green, pero no quería que Gideon lo supiera.

—¿Escribirás algo mientras estás aquí? —destellos de emoción brillan ahora en sus ojos cansados.

—No lo creo. He estado un poco bloqueado recientemente. —Había sido un puto infierno. Sentado en la fría habitación de invitados durante el último mes, sacando palabras con una miseria entrecortada y constipada. Sí, había venido a ver a Gideon después de posponerlo durante tanto tiempo, pero también esperaba que pudiera encontrar algo de inspiración en algún rincón de cualquier parte de este lugar. Seguramente había algo más que fantasmas y ecos de dolor dentro de estos viejos muros, ¿no?

—Realmente hay mucho de qué hablar, pero me pregunto si no te importaría si empezamos mañana —dice Gideon, ya luciendo somnoliento—. Estas pastillas son maravillosas para el dolor, pero realmente destruyen mi concentración.

—Está bien —digo—. De todos modos, ya es tarde.

Gideon asiente, con una pequeña sonrisa privada en su rostro mientras me mira.

—Me alegro mucho de que hayas venido, Jungkook , de verdad. Temía no volver a verte nunca más, no tener nunca la oportunidad de decírtelo... —tiene los ojos cerrados y los párpados pesados—. Jasper te mostrará tu habitación.

—Sé cómo llegar, Gideon.

—Sí, sí, por supuesto. Por supuesto que sí.

Un momento después, estaba dormido, o algo así. Lo observo durante un par de minutos antes de levantarme y salir de la habitación. Encuentro a Jasper en una silla justo afuera de la sala de música, leyendo un libro. Tiene la tapa doblada hacia atrás, así que no puedo ver qué es.

—Está dormido —le digo.

Se levanta y me lanza una especie de mirada inquisitiva.

—¿Tienes hambre?

—No, realmente no.

Jasper se encoge de hombros.

—Entonces, ¿dónde voy a dormir?

—Oh, sí, te llevaré.

Tengo ganas de decirle que conozco esta casa tan bien como él, tal vez mejor, pero estoy cansado y no tengo ganas de tener la conversación que seguramente provocaría eso, así que dejo que me guíe escaleras arriba.

—No eres lo que imaginaba —dice mientras avanzamos—. Cuando habla de ti, que es mucho, me imaginaba a alguien diferente.

No estoy seguro de qué decir a eso, así que me quedo en silencio y me concentro en hacia dónde nos lleva. Aunque estaba destinado a ser solo uno de dos lugares. Jasper abre la puerta de la habitación de la madre de Minie y entra. Ya había puesto mis maletas sobre la cama y cerrado las cortinas. Un pequeño calentador eléctrico se encuentra en el centro de la habitación, luchando contra el frío. Por un momento, nos veo a los dos en el suelo, con los miembros entrelazados y las bocas explorando. Podría haber sido peor, Gideon podría haberme dado la habitación de Minie. Hubo un tiempo en el que lo habría hecho, y quizás el que no haya tomado esa decisión, significa que al menos ha cambiado un poco, aunque hará falta mucho más para convencerme.

—Lo encendí después de que llegaste, se calentará eventualmente —dice Jasper—. Te he colocado algunas mantas extra.

—Gracias.

—El baño está al final del pasillo.

—Lo sé.

—¿Algún requisito alimenticio especial? —ahora sonríe un poco y tengo la peculiar sensación de que podría estar coqueteando—. ¿Para el desayuno? Normalmente le hago avena, hago un plato excelente con crema y miel.

El sentimiento se desvanece.

—Mmm no. La avena está bien, gracias.

—De acuerdo —dice antes de salir de la habitación y dejarme solo.

Conecto mi teléfono para cargarlo, aunque tengo que sacar una mesa auxiliar y desconectar la lámpara para hacerlo. Luego, me recuesto en la cama y miro al techo.

Él realmente se está muriendo.

Una parte de mí que desconfiaba profundamente, había pensado que tal vez era una artimaña para traerme aquí, para enviarme de vuelta a la telaraña de la que escapé hace ocho años. Pero seguramente él sabía, tan bien como yo, que yo realmente nunca había escapado. Este lugar, él, Minie, todo eso, vive dentro de mí. Soy tan parte de la red como ellos sus creadores. La forma en que una planta o un árbol pueden crecer a través de una piedra sólida si se les da tiempo. Todavía existe la posibilidad de que me haya traído aquí para atormentarme por última vez, pero esta vez estoy preparado, de una manera que no lo había estado en ese entonces.

Estas paredes y los dos hombres dentro, me habían tragado entero una vez antes, así que cuando emergí del vientre de la bestia, entré al mundo tambaleándome y en carne viva. Esta vez, sin embargo, he venido armado. He llegado con bordes afilados, cuchillas y un corazón endurecido de guerrero, y me liberaré de sus garras sin dudarlo ni un momento.