MOON

All Rights Reserved ©

Summary

En un momento de desesperación absoluta, Moon decide poner fin a su vida saltando desde la azotea de un hospital. Sin embargo, en lugar de encontrarse con la muerte, despierta en un cuerpo ajeno, en una dimensión completamente desconocida. Ahora habita el cuerpo de Kleris Soris, un brillante científico que experimentaba con viajes entre dimensiones antes de sufrir un desastroso accidente. Moon, incapaz de hablar, debe adaptarse a este mundo de tecnología avanzada, donde las reglas de la física tal como las conocía ya no aplican. Mientras intenta reconstruir su identidad, Moon descubre que no está solo en ese cuerpo. La consciencia de Kleris comienza a manifestarse, primero en sueños, luego como una voz en su mente. Lo que parecía una segunda oportunidad para escapar de su traumático pasado se convierte en una peligrosa fusión de consciencias. ¿Podrá Moon encontrar su lugar en este nuevo mundo? ¿O la ambición científica de Kleris terminará consumiéndolo? Quizás la respuesta no esté en elegir entre una consciencia u otra, sino en forjar algo completamente nuevo entre los fragmentos de sus almas rotas.

Genre
Fantasy
Author
DM. Riv
Status
Excerpt
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Despertar en lo desconocido

La luz entraba de manera tenue a través de las cortinas blancas. Moon abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso de sus párpados como si estuvieran hechos de plomo. Su primer pensamiento fue de decepción: “No funcionó... sigo aquí”. El dolor punzante que invadía su cabeza contradecía la sensación de vacío que debería haber experimentado después de la caída. Recordaba perfectamente haberse impulsado hacia atrás en la azotea del hospital, el viento frío golpeando su rostro, y luego... nada, su plan había fallado nuevamente.

Intentó incorporarse, pero un dolor agudo recorrió todo su cuerpo impidiendo que pudiera levantarse. Sus ojos recorrieron la habitación, una confusión creciente se apoderó de él. Las paredes no eran blancas como las del hospital donde había estado internado antes; estas tenían un tono azul pálido con símbolos extraños grabados en los bordes superiores. La ventana a su derecha dejaba ver un cielo de color rojizo, ¿habrá sido el atardecer?, no sabía cuánto tiempo había estado inconsciente así que perdió cualquier noción del tiempo.

Tres figuras vestidas con túnicas color blanco se acercaron a su camilla, ¿Era un nuevo tipo de bata médica? Sus rostros estaban parcialmente cubiertos por máscaras traslúcidas, mostraban expresiones de curiosidad. Uno de ellos, el más alto, con mechones plateados asomando bajo su gorro, le habló en un idioma que Moon nunca había escuchado antes. Los sonidos eran melódicos, pero completamente incomprensibles.

—¿Dónde estoy? —intentó decir Moon, pero ningún sonido salió de su garganta. El pánico comenzó a crecer dentro de él, quería decir algo, preguntar qué pasaba, pero su voz simplemente no salió. Llevó las manos a su cuello y sintió una fina cicatriz que lo rodeaba completamente, - ¿Un corte? - este recordaba su intento de suicidio, pero en ningún momento se hizo un corte en el cuello, esto lo mantuvo distraído de las tres personas en la habitación por un segundo.

El segundo médico, una mujer pálida, colocó suavemente una mano sobre su frente. Moon se estremeció ante el contacto, los recuerdos de su trauma aparecieron instantáneamente, pero algo era diferente. No sintió el habitual pánico de ser descubierto, sino una extraña calma, quizás la voz de la médico lo tranquilizaba de la extraña situación.

Luminari —dijo ella con voz suave, mientras señalaba hacia una pantalla que flotaba junto a la camilla.

En la pantalla apareció una imagen tridimensional que Moon reconoció como un cerebro humano, pero con áreas iluminadas que resaltaban en tonos fluorescentes. La mujer señaló varias regiones mientras explicaba algo a sus colegas, Moon nuevamente no entendió nada.

La puerta de la habitación se abrió y entró una joven que no parecía formar parte del personal médico. Tenía el cabello recogido en una elaborada trenza, y sus ojos, de un verde imposiblemente brillante, se fijaron en Moon con una mezcla de curiosidad y compasión, ella habló primero con los médicos de algo a lo que Moon era ajeno, cuando terminó de hablar con los médicos, éstos se retiraron y dejaron a la joven a solas con Moon, esta se acercó a la camilla lentamente.

—No eres Kleris…Te llamas Moon, ¿verdad? —dijo en un español perfecto, aunque con un acento peculiar que Moon no pudo identificar.

El asombro de Moon fue tan grande que intentó responder nuevamente, olvidando por un momento su incapacidad para hablar. La frustración se reflejó en su rostro.

—Mi nombre es Lira —continuó ella, acercándose a la camilla—. Soy una Traductora. Puedo entender lo que piensas, aunque no puedas hablar.

—Estás confundido, lo sé —dijo ella, tomando un dispositivo similar a una tableta de su bolsillo—. Lo que voy a decirte es difícil de asimilar, pero necesito que me escuches con atención. El salto que hiciste desde la azotea... funcionó. Tu cuerpo físico murió en tu mundo.

Moon sintió que el aire abandonaba sus pulmones. ¿Estaba muerto? ¿Era esto algún tipo de alucinación previa a la muerte? ¿O tal vez el infierno mismo?

—No, no es el infierno —respondió Lira a sus pensamientos no expresados—. Ni tampoco el cielo, al menos no como lo describen en tu mundo. Estás en una dimensión diferente a la tuya. Y has llegado aquí a través de lo que nosotros llamamos un “Traspasar”.

Las imágenes en la pantalla cambiaron, mostrando ahora lo que parecía ser un mapa de constelaciones interconectadas.

—Algunos seres, en momentos de extremo sufrimiento emocional y cuando su voluntad de abandonar su realidad es absoluta, pueden atravesar la barrera que separa las dimensiones y ocupar el cuerpo de otros seres con almas inexistentes —explicó Lira—. Tu alma, o esencia como prefieras llamarle, encontró un camino hacia aquí. Y por alguna razón que aún no comprendemos, se manifestó en este cuerpo, tienes la apariencia de Kleris Soris en este momento.

Moon cerró los ojos, intentando procesar toda esta información. Parte de él quería creer que esto era solo una elaborada fantasía producto de su mente dañada. Pero la solidez de las sensaciones, los olores, la luz... todo se sentía demasiado real y no tuvo más dudas cuando pudo percibir sus movimientos, y ver su apariencia por primera vez desde que abrió los ojos en este lugar ¿Quién es Kleris? ¿Por qué estoy en su cuerpo? La nueva realidad le cayó como un balde de agua fría, pero también lo hizo reflexionar de si esta era una nueva oportunidad para vivir sin miedo.


En los días siguientes, Moon fue trasladado a una habitación más amplia con ventanas que daban a un paisaje que desafiaba toda lógica: árboles de cristal que reflejaban la luz en miles de colores, personas con apariencias extrañas, y estructuras arquitectónicas que parecían desafiar la gravedad.

Aquella noche, mientras las luces se atenuaban automáticamente para simular el ciclo nocturno, Moon experimentó un horrible recuerdo. El roce de las sábanas contra su piel desencadenó el recuerdo: estaba nuevamente en el dormitorio de Adrián, aquel universitario de veintitrés años que lo había llevado a la cama cuando él apenas tenía dieciséis.

“Nadie tiene por qué enterarse, pequeño Moon”, resonó la voz seductora en su mente. “Este será nuestro secreto... pero primero necesito algo para recordarte cuando no estemos juntos.” El flash de la cámara resonó en la habitación. La vergüenza ardiente se instaló en sus mejillas rosadas. El miedo mezclado con una confusa excitación adolescente no le permitió ver la gravedad del asunto. “¿Ves? No fue tan difícil. Ahora quítate también el pantalón.” Moon obedeció, y lentamente se despojó de su prenda inferior, haciendo que Adrián sonriera con picardía. Las grandes manos del universitario recorrieron el cuerpo más pequeño sin vergüenza alguna y bajaban lentamente haciendo que Moon se estremeciera cuando vio la burla y el sadismo en el rostro de Adrián.

Moon se incorporó bruscamente en la cama, jadeando, con el sudor frío recorriendo su espalda. En la habitación vacía, las luces respondieron a su angustia, aumentando ligeramente su intensidad. Se abrazó a sí mismo, temblando, mientras las sombras en las esquinas de la habitación parecían cobrar forma humana. Por un instante, creyó ver el rostro burlón de Adrián observándolo desde el rincón.

Lira lo visitaba diariamente, ayudándolo a comprender su nueva realidad y sirviendo de intérprete entre él y los médicos, a quienes ahora conocía como “Sanadores”. Le explicaron que su incapacidad para hablar era temporal, consecuencia del Traspasar, y que con terapia recuperaría la voz. Lo que no le dijeron era que los episodios de paranoia que comenzaba a experimentar eran parte del proceso de aclimatación: sus recuerdos buscaban manifestarse en esta nueva realidad.

Durante una de esas visitas, Lira le presentó a Aldair, un hombre de mediana edad con un aura muy misteriosa.

—Aldair es un Memonista —explicó Lira—. Trabaja con las memorias y traumas. Ha ayudado a otros Traspasados como tú.

—No eres el primero en llegar a nosotros de esta manera —dijo Aldair con una voz profunda y calmada—. Y aunque cada historia es única, hay patrones que se repiten.

Moon observó con cautela al anciano. La idea de que alguien pudiera hurgar en sus recuerdos le provocaba ansiedad, pero también sentía una extraña curiosidad.

Aldair pareció percibir su inquietud.

—No estoy aquí para revisar tus memorias sin permiso —aclaró—. Los recuerdos son sagrados, incluso los dolorosos. Estoy aquí para ofrecerte una opción: podemos trabajar juntos para sanar esas heridas, o puedes elegir dejarlas atrás.

Moon inclinó la cabeza, confundido.

—En este lugar —intervino Lira—, existe un procedimiento llamado “Velo del olvido”. Puede crear una barrera entre tu conciencia actual y tus recuerdos traumáticos. No los borra, pero te permite seguir adelante sin que te definan.

La idea de poder liberarse del peso de su pasado hizo que el corazón de Moon latiera más rápido. ¿Sería posible comenzar realmente de nuevo, sin las sombras que lo habían perseguido hasta el punto de quitarse la vida?

—Es una decisión importante —continuó Aldair—. Y no tienes que tomarla ahora. Pero mientras lo piensas, hay alguien que quiere conocerte.

De repente, el pitido de un monitor junto a la cama aumentó su frecuencia. Moon sintió que le faltaba el aire. Las paredes de la habitación parecían contraerse. La puerta que se abría ya no era la de esta extraña habitación en esa dimensión, sino la de la sala de profesores del instituto donde estudiaba.

“Hey, miren quién está aquí. ¡Es Moon, el chico de las fotos!” La voz de Nicolás, el mejor amigo de Adrián, resonaba en su mente. “¿Cuánto cobraste por esas fotos, Moon? Porque ahora todo el instituto las ha visto gratis.” Las risas, los insultos garabateados en su pupitre, las miradas. “Maricón”, habían escrito con rotulador permanente en su casillero. Ese día, Lucas, su único amigo, había fingido no conocerlo al cruzarse en el pasillo.

Moon cerró los ojos con fuerza, intentando ahuyentar el recuerdo. Cuando los abrió, vio a Aldair observándolo con intensidad, como si hubiera presenciado todo el episodio.

—Los recuerdos son poderosos aquí —dijo Aldair suavemente—. En este lugar, las emociones intensas pueden manifestarse de maneras... tangibles.

Moon notó que la habitación estaba ahora impregnada de un tenue color gris, como si sus propios pensamientos hubieran teñido el ambiente.

Aldair respiró profundamente y el color comenzó a disiparse.

—Está bien. Lo estás haciendo bien —le aseguró, y luego se giró hacia la puerta—. Creo que ahora sí estás listo para conocer a alguien.

La puerta se abrió y entró un joven de aproximadamente la edad de Moon. Su piel tenía un sutil tono bronce y sus ojos completamente negros contrastaban con su cabello blanco. A pesar de su apariencia extraña, tenía una sonrisa cálida y genuina.

—Este es Narin —lo presentó Lira—. Llegó aquí hace tres ciclos, desde un mundo distinto al tuyo. Él será tu guía una vez que te den el alta.

—Hola, Moon —saludó Narin, hablando también en español aunque con un acento diferente al de Lira—. Sé lo abrumador que es todo esto al principio. Yo también pasé por lo mismo.

Moon lo miró con una mezcla de curiosidad y recelo. ¿Confianza? Era un concepto que había perdido hacía mucho tiempo. Al observar más detenidamente a Narin, su corazón dio un vuelco. Por un terrible instante, el rostro del joven de otro mundo se transformó ante sus ojos en el de Alex, el primo de Adrián, que había sido el peor de todos.

“Sabes que si le cuentas a alguien sobre esto, publicaremos todas las fotos, ¿verdad?” La voz de Alex apareció nítida en su mente, junto con el recuerdo de aquella noche en el sótano donde lo habían llevado. “Tu familia perfecta, tus queridos padres... ¿Qué pensarían si vieran a su hijo así? Se morirían de vergüenza.” Los otros tres chicos riendo mientras le obligaban a beber algo que le hizo sentirse mareado. “Vamos, Moon, sólo una más para nuestra colección privada...” La cámara. El flash. Y luego, las manos de Alex forzándolo a...

Moon se estremeció violentamente y retrocedió en la cama hasta chocar contra la pared. Sus ojos, dilatados por el pánico, miraban a Narin como si fuera un depredador.

Aldair intervino inmediatamente, colocándose entre ambos.

—Está teniendo un episodio de pánico por sus recuerdos —explicó a Narin, que había retrocedido confundido—. Es parte del proceso. Sus traumas buscan manifestarse en quienes lo rodean.

Lira se acercó a Moon y, sin tocarlo, comenzó a hablar en voz baja:

—Moon, estás a salvo. Estás en otra dimensión. Nadie aquí quiere hacerte daño…ellos no están aquí.

Gradualmente, la imagen de Alex se desvaneció y Moon volvió a ver el rostro genuinamente preocupado de Narin. La vergüenza sustituyó al miedo.

Como si leyera sus pensamientos, Narin añadió:

—No espero que confíes en mí de inmediato. La confianza se gana con el tiempo, y tendremos mucho de eso por delante. Yo también tuve estos episodios cuando llegué. Se vuelven menos frecuentes, te lo prometo.

Por primera vez desde que despertó en aquel extraño lugar, Moon sintió algo parecido a la esperanza. Tal vez, solo tal vez, esta segunda oportunidad en un mundo completamente diferente era lo que necesitaba. Un lugar donde nadie conocía su pasado, donde las cicatrices emocionales podrían sanar y donde, quizás, podría aprender a confiar nuevamente.

Esa noche, mientras observaba las lunas que iluminaban el cielo, Moon se enfrentó al recuerdo más doloroso de todos. El episodio comenzó con un suave zumbido en sus oídos que fue incrementándose hasta convertirse en el sonido inconfundible de notificaciones de redes sociales.

La habitación desapareció. Estaba nuevamente en su dormitorio de la universidad, mirando la pantalla de su computadora con horror. Las fotos habían resurgido, esta vez en el grupo de la facultad. Alguien había creado un perfil falso con su nombre. “Para que sepan quién es realmente su compañero.” Los comentarios. Las risas. La humillación renovada.

Y luego, el momento que había destrozado su última esperanza: su padre, y su madre, sentados frente a él en la cafetería cercana al campus, con expresiones sombrías.

“Moon, hijo”, había dicho su padre con voz quebrada, “nos han llegado... unas imágenes.”

El recuerdo era tan vívido que Moon podía oler el café que se enfriaba en las tazas, podía sentir el nudo en su garganta, la vergüenza abrasadora.

“¿Por qué no nos dijiste nada?” Su madre lloraba en silencio. “Todo este tiempo... los cambios en tu comportamiento... pensamos que era normal, que era la adolescencia. Si hubiéramos sabido lo que te estaban haciendo...”

Su padre había extendido la mano para tomar la suya, pero Moon la había retirado bruscamente. No podía soportar ser tocado, no después de todo. No podía soportar la lástima en sus ojos, la decepción que creía ver.

“Vamos a buscar ayuda, hijo”, había dicho su padre. “Vamos a superar esto juntos.”

Pero Moon ya no escuchaba. En su mente, sus padres lo despreciaban por lo que había hecho, por lo que había permitido que le hicieran. El amor que veía en sus ojos lo interpretaba como lástima. Las palabras de apoyo sonaban a despedida en sus oídos perturbados. Esa noche, después de que se marcharan, había subido a la azotea.

El recuerdo se desvaneció lentamente. Moon estaba nuevamente en la habitación, con lágrimas silenciosas resbalando por sus mejillas. Ahora veía con claridad lo que no había podido ver entonces: sus padres nunca lo habían juzgado. Habían intentado alcanzarlo a través del abismo de su dolor, pero él ya estaba demasiado lejos para escucharlos.

Entre sollozos silenciosos, Moon tomó una decisión. Al día siguiente le diría a Aldair que quería intentar sanar sin el Velo del olvido. Enfrentaría sus demonios, pero esta vez no estaría solo.

En su antiguo mundo, el suicidio había parecido la única salida. Pero aquí, en este extraño y maravilloso lugar, tal vez pudiera encontrar algo que había perdido hace mucho tiempo: una razón para vivir y, quizás, la capacidad de perdonarse a sí mismo.

Lo que Moon no sabía era que su llegada a esa dimensión no era casualidad. Entre los Sanadores, corrían rumores sobre la naturaleza de la mente del nuevo traspasado que es similar a la de un “Luminari”, un ser de otro mundo cuya alma estaba tan marcada por el sufrimiento que podría ver más allá de las barreras que separaban las dimensiones. Y en las cámaras subterráneas del Consejo de dicha dimensión, viejos Memonistas estudiaban con interés los patrones cerebrales únicos de este recién llegado, preguntándose si él sería la clave para resolver el caos que Kleris Soris desató con su peligrosa investigación que amenazaba no solo a esa dimensión, sino a todas las dimensiones interconectadas.

Mientras tanto, en una habitación apartada del complejo médico, una figura solitaria observaba a Moon a través de un dispositivo de vigilancia. Sus ojos, del mismo verde brillante que los de Lira, reflejaban una mezcla de esperanza y temor.

—Así que este es el chico —murmuró para sí misma la consejera Serina, hermana mayor de Lira y miembro del Alto Consejo—. Espero que esté preparado para lo que viene.

Porque lo que Moon aún no sabía era que, en ese lugar, los traumas no simplemente desaparecen... a veces se transforman en poderes que pueden cambiar el destino.

Next Chapter