La Flor Marchita
Profundamente dormido en un sueño glorioso, un sueño sacado de tus más reales sentimientos... Uno en el que estabas con ella.
La luz de la ventana ciega a tus ojos y quema tu piel, el sueño cambia y lo pierdes todo.
Ahora ese sueño es una pesadilla, mentiras y desprecio de la persona que más querías.
No comprendes lo que pasó, no comprendes como llegaste a ese punto, y te derrumbas.
¿Que quería? ¿Qué querías que hicieras?
Tal vez... ¿Desaparecer de su vida?
Te hablaba sin más, aún llamándote por tu mote de pareja "Conejito", resonaba en tu cabeza como un eco en una cueva, una cueva oscura y profunda.
Esa palabra resuena en todo tú ser y crees que aún tienes posibilidades, pero no están más lejos de la realidad.
Ella solo te utiliza, se quita su sensación de soledad contigo mientras seduce a otros.
Prefiere a bestias desalmadas al amor de un chico invisible, aunque ella te vea, nunca más te volverá a elegir.
Mientras le acompañas te das cuenta de sus bestias, bestias que solo la quieren por su aspecto, bestias que simplemente se quieren a aprovechar de ella.
Y lo peor, es que a ella le gusta.
Es diferente o tal vez ¿Siempre fue así?
No entiendes y sigues ahí, justo a su lado mientras que ella está a kilómetros de ti. Sientes la cercanía y su alejamiento.
Recuerdas los momentos tan felices, esos momentos fugaces con ella donde las risas y el amor se sentían, ahora, ella simplemente se ríe de ti.
Duermes con ella y tocas su piel, su intimidad, compartís ese momento de conexión y para ti, vuelve la esperanza.
Pero te das cuenta que la rosa aún no deja de marchitarse, cada vez quedan menos pétalos y sabes lo que significa.
Mientras aún te mientes a ti mismo, los pétalos caen acompañados de una tormenta, una tormenta que ruge, una tormenta que no sabes porque esta.
La tormenta llora por la perdida de tu amor o tal vez solo ruge de una forma malévola, te inquietas e hincas tus rodillas en el suelo, tus lágrimas caen como las gotas por la ventana y piensas.
¿Ella realmente me seguirá amando? ¿Puede que esté equivocado?
No haces más que torturarte, ella ya no piensa en ti de esa forma, vas a su casa y disfrutáis de la intimidad pero... ¿Cuantas veces has ido ahora y ni siquiera te deja tocarla?
Estás segado por un amor que solo sientes tú, tú un aspirante a príncipe que llora por su princesa, tú un mero aspirante que nunca llegarás a ser el príncipe de nadie.
Los príncipes ya no atraen a las princesas, ahora solo son atraídas por las bestias, bestias que solo las quieren devorar y exhibirlas como trofeos.
Sientes repulsión pero sigues ahí, anhelando que ella te vea como antes, que vea a su príncipe en ti y que juntos acaben con sus bestias.
La tormenta ruge como nunca lo ha hecho, comprendes que otro pétalo ha caído pero no es así, la rosa ya está Marchita del todo.
Tú oportunidad ya se terminó, tú princesa es ahora parte de sus bestias, bestias que recorren su piel con hambre, bestias que se apoderan de su cuerpo puro para corromperla, pero eso no es así, tú frágil princesa ahora perteneces a las bestias y ya no la puedes cambiar.
Sales corriendo como un cobarde, un cobarde por no haber luchado cuando tenías oportunidad, un cobarde por haberla dejado convertirse en lo que es ahora.
Te culpas y sufres por ellos, tú mente y corazón en conflictos, cada uno echando la culpa al otro, cada uno llorando y culpando al ser que los lleva dentro de su cuerpo.
Bajo la tormenta la lluvia cae sobre ti, como una feroz tormenta que cae sobre un navío en mitad del océano.
Eres incapaz de proteger lo que amas, eres incapaz de conservar a tu princesa, eres incapaz de amar a otra princesa que no sea ella.
Caes en un pozo sin fondo, sientes frío y desesperación, sientes el frío invernal del metal que yace en tu mano derecha y sales del trance, empapado por la tormenta, atormentado por la rosa marchitada decides ponerle final a tu sufrimiento.
Estás decidido a irte, estás decidido a dejar todo atrás y dejar de sentir, estás decidido a hundirte en la oscuridad sin sentimiento para toda la eternidad.
Pones el cutter en tu muñeca izquierda y pretendes cortar, un corte rápido e indoloro, un corte con el que terminaría todo.
Tú mente está decidida, tú corazón llora por no querer dejar de latir por su princesa y tú, tú solo lloras siendo incapaz de hacerlo y por tu mente resuena.
Cobarde.
Débil.
Basura.
Todo es tu culpa.
Tú mente te maldice y empieza a hacerte sufrir con tus recuerdos, ahora estás en una cárcel de la que no puedes escapar, un cárcel que te acompañará libre para el resto de lo que dure tú miserable existencia.
¿Cuantas veces te has rendido ya? ¿Sigues llorando hasta el cansancio o es que ya no te salen lágrimas?
Sigues regando la maceta, día tras día, mes tras mes... Año tras año, pero es en vano, la rosa marchita se extinguió, la rosa marchita ahora no es más que polvo que se mezcla con la tierra.
Y tras llegar a tu último aliento, la prisión que te encarcelaba te castiga por última vez, dándote todo los recuerdos de esos años, de los años en los que simplemente esperabas el regreso de tu amada y de cómo la vida se te escapaba de las manos mientras que tú princesa... Era feliz con sus bestias.








