𝓜𝓮𝓻𝓬𝓲 𝓂ℴ𝓃 𝓬𝓱𝓮𝓻𝓲
Cuando sus padres deciden mudarse lejos del lugar donde se crió toda su vida, fue como si le hubiesen colocado un separador en el capítulo de su origen y lo moviesen en una página en blanco, dándole un lápiz a la espera de que escribiese nuevos versos de su vida ahora en adelante.
Fue amargo y triste recordar las expresiones de sus amigos cuando se despidieron. Prometieron verse en un futuro próximo, pero ahora en el otro lado del país Jungkook está seguro de que falta mucho para que eso suceda.
Observó la ventana del automóvil en movimiento, el paisaje parecía estar acordé a sus emociones: oscuro y gris, con ventiscas que movían las gotas adheridas al vidrio. Es triste alejarse de lo que conoces y empezar nuevamente, pero no puede ser incomprensible al respecto; sus padres consiguieron un mejor trabajo aquí.
El movimiento del automóvil en un camino pedroso le sacó de las penumbras internas y con curiosidad miró por dónde estaban ingresando. Era un vecindario con enormes casas que deberían ser alentadoras, pero para Jeon no lo eran. No sabía si se trataba del paisaje ostentosamente gris combinado con su propio desánimo, pero había algo triste en todas esas viviendas. Supuso que serán sus colores opacos, la mayoría marrón o gris con vallas metálicas y jardines descuidados, le hacían ser aún más comparativo con su anterior vecindario.
Pero de forma extraña o alentadora, la casa vecina al lado derecho de su nuevo hogar era la excepción a la regla. Jungkook la observó cuando arribaron con el camión de la mudanza detrás de ellos. Saliendo del automóvil con curiosidad, miró la mencionada. Era una inmensa propiedad con jardines de rosas rojas, y se podía distinguir en la distancia lo grande de la casa. O bueno, casi mansión.
Interesante.
—Jungkook, cielo. ¿Podrías bajar tus maletas?
El muchacho despegó sus ojos del lugar y giró a su madre, mirando su sonrisa amable.
Tomando el equipaje más importante que los acompañó encima del auto, Jungkook sostuvo sus maletas y echó a correr dentro de la casa, mirando lo vacía que se encontraba a pesar de estar equipada con los muebles más importantes. Subió la escalera y la primera habitación a la izquierda, era la suya.
Y la habitación era algo... gris.
Un poco cansado por el viaje dejó las maletas en la cama con un suspiro. Notó que su vista por la ventana da directamente con el jardín vecino. En el segundo piso la vista es mejor, así que puede pasear sus ojos de aquí a allá como todo un cotilla. Se sorprende por la estructura enorme, pero también de que esté extrañamente silencioso.
¿Quién viviría allí?
•
Ha pasado una semana desde la mudanza y Jungkook ha tomado su tiempo para explorar la casa, y puede decir que no es nada interesante. En estos momentos estaba demasiado aburrido, sus padres retomaron tan rápido el trabajo que siquiera han desempacado todas las maletas.
Su madre, una escritora reconocida, se encuentra en estos momentos realizando una nota acerca de la desaparición de un niño en las afueras de Daegu. Junto a su padre, un reportero que ha investigado el caso, formaban un dúo bastante reciproco en cuanto a sus trabajos.
Pero por supuesto, a sus dieciséis años Jungkook no sabe mucho del tema en el que están trabajando, sus progenitores lo mantienen lo más alejado. ¿Será porque el niño desaparecido se parece un poco a él? No lo sabe, pero un día husmeando en las carpetas había visto las características de la foto y... se parecían un poco.
“Kim Seokjin de dieciséis años, con contextura delgada, piel pálida, ojos marrones y cabellos negruzcos, había desaparecido desde hace tres meses mientras realizaba una excursión con sus compañeros.”
Incluso a su corta edad Jungkook sabía que no debía dejar que su curiosidad lo guíe a una información posiblemente perturbadora, pero ése siempre había sido un defecto suyo: era demasiado curioso para detenerse aunque sus padres lo ocultasen.
El mencionado miraba la ventana mientras su mentón reposa en la madera del marco, las gotas de lluvia no han cesado desde hace una semana, o más específico, desde que se mudaron aquí. Le gustaba la lluvia, pero cree que si el clima será así el resto del año puede llegar a sofocarse.
—¿Por qué no vas y echas un vistazo al vecindario? —Saliendo de la cocina con una taza humeante de café en sus manos, unas gafas en el puente de su nariz y un par de ojos cansados, pero dulces, está la señora Jeon, mirando a su hijo—. Te servirá para distraerte.
Un rastro de desconfianza cruzó por el rostro del menor.
—¿Y si me pierdo?
—No vayas tan lejos, y lleva tu teléfono debajo del impermeable —solucionó la mujer en un tono bajo, mirando el reloj colgado en la pared de la cocina—. Vuelve antes de las cinco.
Bueno. Sin nada con lo que distraerse, salir afuera y explorar un poco no sonaba tan mal, incluso la lluvia había disminuido en despecho a su propio aburrimiento. Una capa impermeable sería suficiente para salir sin enfermar, así que... ¿qué podía perder?
Decidido, colocó una capucha amarilla encima de su cabello con hebras azules y dejó el porche de la casa, dando una vuelta por el patio trasero antes de aventurarse realmente a la calle. Y si te preguntas sobre el color de su cabello... fue una de las últimas travesuras que hizo junto a sus antiguos amigos antes de mudarse aquí. Lo describe como una nueva etapa.
Vagando entre los alrededores del jardín, un extraño picaporte en la valla metálica que rodea toda su casa llama su atención. Está en el lado derecho de la propiedad y su estado no es del todo bueno, oxidado por las constantes lluvias y el poco mantenimiento que le dan a este barrio tan viejo. Con curiosidad, deja un momento la sombrilla apoyada en una pared blanco hueso y se acerca para mirarlo más a detalle.
Puede notar que esta puerta conecta directamente con la propiedad vecina.
La curiosidad de Jungkook se dispara.
¿Por qué hay una conexión entre los dos jardines?
No hay candado que retenga la intromisión en la propiedad ajena y viceversa, así que simplemente mueve el picaporte hacia un lado y el portón se abre hacia adelante, chocando un poco con la vegetación húmeda y verde del otro jardín. Hay dudas escritas en su rostro sobre si verdaderamente entrar allí o no.
En los pocos días que lleva aquí, Jungkook había estado mirando la casa del vecino en su mismo cuarto. Con una estructura de mansión, luces apagadas todo el tiempo, sin nadie vagando por los jardines y un silencio sepulcral, su primer pensamiento fue que esto estaba abandonado.
Tomó una inhalación fresca, pisando indeciso el césped allí dentro. El lugar es grande, seguro habrían serpientes o arañas haciendo sus nidos sin presencia humana que las regulase. El solo pensamiento de toparse con uno de esos invertebrados hace que sus vellos se levanten como púas.
«Oh vamos, no seas cobarde». Se regañó mentalmente, desinflando la tensión en sus músculos. «Ya sabes dónde está la salida».
Aún indeciso y esperando que no descubra algo de lo que se pueda arrepentir, ingresó a paso cauteloso, sintiendo sus botas hundirse en el barro fangoso. A simple vista es hermoso y grande, las rosas y sus arbustos muestran restos acuosos en sus pétalos, brillantes y erguidas orgullosamente. El rojo es el único contraste en un paisaje tan verdoso y gris, el cielo nublado sobre su cabeza deja caer un tono azulado a la pérdida del sol detrás de las nubes. Está oscureciendo, posiblemente falte poco para las cinco, lo cual debería ser una señal para regresar pero... aún queda mucho por recorrer.
Solo se da cuenta que ha avanzado demasiado cuando una voz ronca murmura a lo lejos:
—¿Cómo entraste aquí?
Jungkook da un sobresalto, volteando su cabeza de una telaraña arácnida con gotas de cristal para mirar al desconocido que lo observa. Es un hombre de traje gris, con expresión seria de ceño lineal y ojos tan oscuros que podrían estar examinando lo más profundo de su alma. No sabe si es la distancia o si verdaderamente es así de negro su iris, pero no puede distinguir ni un ápice de brillo en ellos.
Nervioso de ser atrapado husmeando lo ajeno, se atreve a disculparse.
—Lo siento, yo... encontré que mi jardín conecta con este sector. Simplemente quise mirar, no ser maleducado.
Sin cambiar su expresión en lo más mínimo, el desconocido dijo:
—¿Cómo te llamas?
¿Su nombre? ¿Acaso lo iba a acusar con sus padres?
—Jeon Jungkook, señor.
El aspecto serio del hombre se mantuvo, y Jungkook se siente extrañamente cohibido. No es un niño, tiene dieciséis años, pero difícilmente podría no sentirse inquieto ante aquella mirada. Eran unos ojos tan negros como la profundidad de un abismo sin fin; sin respuesta, sin pistas a sus pensamientos.
Finalmente, la expresión del hombre se disipa un poco, parpadeando por primera vez en su encuentro. Era extraño e inquietante para Jungkook estar tan tenso ante un adulto. Solo era un hombre, no es como si pudiera hacerle algo.
—¿Qué pudiste notar en este jardín, Jeon? —preguntó con interés, sin dejar de verle.
Jungkook parpadeó confundido.
—A usted... le gustan las rosas.
—Ciertamente las rosas son hermosas. Rojas, echas para mirarlas desde lo lejos y verlas florecer. —Su mirada penetrante finalmente pasó hacia una de ellas, y con sus dedos romos acarició sus pétalos—. Son suaves, pero no por eso inofensivas, sus espinas pueden crear heridas que tiñan sus propios pétalos. —Dejó de tocarlas, volviendo sus fanales oscuros hacia el chico—. Por lo que veo, puedo intuir que eres nuevo por aquí.
Jungkook miró las flores y luego a él.
—Si señor, me mudé hace una semana.
—Hmm. —Sus rasgos serios al fin se movieron, creando una tenue sonrisa—. Ya que estás aquí, ¿te gustaría observar la propiedad?
Después de un momento de duda, Jungkook accedió simplemente porque estaba curioso de observar más de este gran lugar, aunque no era la única razón. Había algo en el lenguaje corporal de este hombre que le hacía imposible negarse, como si una respuesta negativa no estuviera en su diccionario. Irradiaba una sutil aura de amabilidad y respeto, y mantuvo su distancia mientras lo escoltaba por toda la propiedad. Sus leves sospechas acerca de ser un posible peligro quedaron en el olvido a medida que iban pasando los minutos.
—Disculpe señor, um... —llamó su atención mientras caminaban por un camino adoquinado—. ¿Cuál es su nombre?
La figura masculina bien arreglada con un leve perfume boscoso, corbata debajo del chaleco y cabellos negros bien arreglados se detuvo en su sitio, metiendo ambas manos en los bolsillos de su pantalón. Era obvio para Jungkook que este hombre tenía dinero, más allá de ser dueño de una propiedad tan grande y lujosa, podía notar por su forma de hablar, moverse y comportarse que muy seguramente fue criado en la alta sociedad, exudando poder con simplemente un leve gesto.
Era en cierto modo intimidante para él.
Jungkook siempre fue un chico sencillo, nunca trataba con este tipo de personas que parecían estar en otro escalón más alto, mucho menos pensó tener contacto con una persona así en este vecindario tan poco interesante y anticuado. Las otras casas no parecían ni un ápice de lo que este hombre era dueño, incluso el amplio espacio de la propiedad ya era algo que tener en consideración.
¿Quién era él?
Finalmente, luego de un largo periodo de miradas silenciosas, los labios del extraño se separaron para pronunciar su respuesta.
—Kim Taehyung.
Jungkook pudo decir que estaba más aliviado al escucharlo, era extraño estar con alguien sin saber su nombre. Continuaron luego de que asintiera, descubriendo muchas más flores, muchas más plantas y objetos de jardinería con los que se mantenía en orden el jardín.
Jungkook se preguntaba si el mismo señor Kim mantenía tan vivo este lugar, a juzgar por su traje de color gris y zapatillas relucientes, no parecía del tipo que se ensuciaba por mantener su jardín. Seguro debía tener criados.
—¿Te gustaría observar la casa también? —sugirió el adulto, con sus zapatos pisando la alfombra marrón al inicio de unos escalones de piedra.
Bueno, ya que hizo un recorrido externo del lugar, podía hacer uno interno también. Jungkook asintió, sonriendo al extraño no tan extraño ahora, despojándose de su capa amarilla y colocándola en una percha del recibidor de la casa.
El menor paseó por toda la casa con alucinación, mirando asombrado lo lujoso que era. Puede que su aspecto desde fuera no fuese el más refinado, pero por dentro era totalmente otra cosa.
Tenía muebles caoba, suelos impecables, iluminación codiciosa en cada esquina de la casa con lámparas ancladas en la pared, doble puertas enormes en la sala, cuadros con pinturas en las paredes, jarrones, pequeñas mesas con adornos de plata y madera, un reloj gigante de casi dos metros con números romanos y demás. Jungkook siempre se preguntó por qué no podía notarse la luz desde afuera, incluso ahora habiendo comprobado que por dentro estaba tan vivo y deslumbrante. Y la razón de esto es porque las ventanas son de cristal negro.
Cuando el señor Kim lo invitó a cenar luego de ver su título de graduado en gastronomía en una pared, Jeon no pudo negarse. Miró desde la mesa como Kim manejaba los alimentos desde el sartén y agregaba las especies de a poco. El olor bailando por el aire era agradable y su estómago estaba de acuerdo, sonando sus tripas por debajo de la música Clair de Lune por Debussy en un tocadiscos antiguo. Sentía que había sido transportado a la edad victoriana.
Para cuando la cena estuvo lista y el primer bocado bajó por su garganta, los ojos de Taehyung le miraron con su usual profundidad en ellos, preguntando atentamente:
—¿Bueno?
—Delicioso —comentó el menor con asombro, sus papilas gustativas salivando a la exquisitez del platillo—. ¿Qué es, cerdo?
El hombre tragó un poco de vino de su copa, volviendo a su platillo con una ligera sonrisa en las comisuras.
—Algo así.
En la estantería de la cocina, un libro de recetas marcaba la cena de esta noche con una ligera modificación.
"Mollejas humanas en salsa roja, pimentón y verduras salteadas.”
•
—¿Así que la propiedad no está abandonada?
La madre de Jungkook se encontraba haciendo el desayuno, escuchando atentamente las palabras de su hijo acerca de lo que descubrió ayer. La mujer volteó un huevo en el sartén y después lo colocó en el plato.
—¡Si mamá! El nombre del dueño es Kim Taehyung y es un chef, aunque también le encanta la jardinería.
—¿Y vive solo? —Su padre alzó una ceja, mientras leía la nota del artículo de su madre en el periódico.
—Se independizó de sus padres a sus diecinueve, ahora tiene treinta y dos. —Asintió Jungkook, untando mantequilla en un pan.
La señora Jeon tomó asiento en la mesa donde estaban los otros dos, atrayendo el azúcar sobre el mantel para su taza de café.
—De todos modos, aún no logro entender cómo terminaste en su casa. ¿Te invito a entrar? —ingirió la mujer.
—En realidad... —Movió su pie circularmente debajo de la mesa, carraspeando—. Como que me metí en su propiedad sin permiso.
Su madre le disparó con su mirada desde el otro lado de la mesa.
—¡Jungkook!
El adolescente se encogió en su silla.
—¡Él no se enojó! Sé que fue descortés, pero me trató amable y hasta me dió un recorrido por todo el lugar.
La señora Jeon soltó un suspiro, negando con la cabeza después de un sorbo a su bebida.
—No vuelvas a hacer eso Kook, no es solo porque te meterías en problemas, sino también porque nunca sabes qué tipo de personas vas a encontrar. Es peligroso, ¿y si te hubiera hecho daño?
El chico de dieciséis bajó su mirada, su arrepentimiento mucho más visible en su rostro. Sabía que con los reportajes de desapariciones de menores en el país, sus padres estaban más cautelosos con él. No quería preocuparlos en vano.
—El señor Kim no lo haría. No lo conozco mucho pero no parece una mala persona. —Sus hombros se movieron en un encogimiento, mirando a su madre con ojos de cachorro—. Lo siento, no lo volveré a hacer.
Su padre pasó la hoja del periódico.
—¿Por qué nunca lo hemos visto?
Los dedos del menor fueron hasta su tostada en el plato, guiándola a su boca.
—Es muy reservado, la mayor parte del tiempo no está en casa —respondió, dándole un bocado a la comida.
O tal vez sí.
No lo sabe pero es algo que también va averiguar. Una vez envuelto en la curiosidad es muy difícil para él salir sin respuesta. Tal vez ese comportamiento lo heredó de su propio padre, quién siendo un reportero se aventuraba hasta el fondo de una investigación para salir con todo el caso completo y ni una sola pregunta escondiéndose debajo de su lengua.
Sonrió al pensamiento. Bueno, ya tenía algo con lo que entretenerse en las vacaciones, su vecino aún guardaba muchos enigmas y él va descubrirlos.
Después de todo... ¿qué podía salir mal?
•
—¿Señor Kim?
Jungkook asomaba su cabeza desde la valla metálica en su jardín, mirando al mencionado regar las plantas al otro lado. Hoy inusualmente el sol se había atrevido a hacer aparición detrás de las nubes, y su calor era tan bochornoso que estaba vistiendo ropa holgada y corta.
Taehyung lo miró un breve momento, cambiando su rostro serio por uno más amistoso. Colocándose la máscara.
—Jungkook, hace días no te veía por aquí.
—Tareas de verano —murmuró con pesar el chico, para después cambiar su expresión a una más animada—. ¿Puedo entrar?
La ceja derecha del hombre adulto se alzó.
—¿Por qué preguntas? La última vez no necesitaste mi permiso —dijo en tono tranquilo, mostrándose desentendido a la cuestión.
El adolescente se encogió con vergüenza, sabiendo que estaba actuando.
—Perdón, le prometo que solo quise explorar el lugar y luego regresar a mi casa.
—Eres un chico muy curioso —soltó con voz baja el rostro pensativo. Su rastro amable regresó en un parpadeo—. Adelante, entra.
Sonriendo, Jungkook fue hasta la puerta de metal que conecta ambas propiedades y lo empujó hacia adelante, reuniéndose después con el hombre de –esta vez– camiseta formal de color blanco con las mangas subidas hasta su antebrazo y pantalón negro. Era sumamente elegante, el adulto tenía un gusto por andar bien vestido aún en la comodidad de su casa.
—¿Hiciste todas tus tareas? —Le pregunto el adulto mientras le extendía una regadera, indirectamente diciéndole que le ayudase con las plantas.
Jungkook tomó el objeto, buscando la manguera para rellenar el cubículo vacío con agua.
—Algunas, pero hay otras que no puedo hacerlas hasta que mis padres desocupen sus computadoras —dijo con pesar, recordando a sus padres estar trabajando desde que se levantó en la mañana. Apretó el mango de la manguera y el agua fue directamente a la regadera de color naranja, lo sostuvo hasta llenarlo—. Necesito buscar información.
El adulto tarareó en respuesta, yendo por el próximo arbusto para regarlo, su mano desocupada descansando tranquilamente en su bolsillo.
—Si se trata de información, deberías usar libros.
—No tengo libros, y tampoco sé dónde hay una biblioteca por aquí, no conozco mucho —soltó con pesar, dejando la manguera en el césped cuando estuvo llena e irguiéndose. Fue hasta otro arbusto de rosas e inclinó el objeto para empezar a regarlo.
—¿De qué materia se trata? —preguntó Kim con su característico tono bajo, tomando con sus dedos un escarabajo verde que paseaba en las rosas para dejarlo en otro arbusto.
—Botánica.
La mirada del señor Kim se agudizó en un segundo al escucharlo, devuelta a la normalidad en un parpadeo. Pasó hacia otra rosa, regando el agua con cuidado.
—Te aseguro que tendré algunos en mi biblioteca, puedes usarlos.
Eso hizo que el joven de cabellos azules voltease su cabeza.
—¿En serio?, ¡gracias! Vendré mañana. —Le dirigió una sonrisa reluciente y continuaron su trabajo.
Por ese día, estuvieron regando las plantas y cortando algunos arbustos. Fue casi terapéutico para Jungkook hacer esto, ahora creía entender cuál era la gracia de la jardinería y por qué el señor Kim estaba tan inmerso en esto.
Fue cuando dieron las cinco de la tarde cuando el mismo ciclo de hace una semana se repitió:
Taehyung lo invitó a cenar.
Jungkook cree que la comida es deliciosa.
Y luego el menor vuelve a su hogar, pasando la valla de metal y cerrándola con cuidado.
Se desplomó en su cama con un suspiro gustoso, mirando el techo de su habitación grisácea. No puede creer lo rápido que tomó confianza con ese hombre a pesar de conocerlo apenas una semana, pero a veces el tipo de relación era mucho más importante que el tiempo, ¿no? Ah, casi sentía pena porque se acaben las vacaciones, no tendrá más tiempo para esto, solo esperaba que ambos no se distanciasen tanto cuando entre al colegio.
Contento por un día animado, apagó luz de la lámpara en su mesita de noche y cerró sus ojos, ignorando completamente su alrededor. Tanto, que no se da cuenta de que está siendo observado mediante el lente de una cámara a la distancia por su ventana abierta.
Del otro lado, la figura masculina bajó el objeto que sostenía y visualizó las fotos que tomó, mirando al pequeño ángel que deseaba ahora. Ah, que mejillas tan llenas, seguramente sabrían exquisitas una vez las arranque de su rostro y las lleve a un sartén.
—Son parecidas a las tuyas, pequeño Seokjin —murmuró en voz helada y baja a su derecha, donde un álbum de fotos abierto en una mesita muestra las fotografías del mencionado. Desnudo, lleno de tierra, huecos en donde deben ir sus mejillas y sin ningún ojo en sus cuencas, con la piel de su rostro horrorosamente arrancada.
Kim Taehyung se relamió los labios y miró el periódico, leyendo la nota del artículo donde se hablaba de la desaparición de Seokjin hoy en la mañana. Sus ojos leyeron el nombre del autor y luego de un momento, sus labios se estiraron en comprensión.
—Así que tu curiosidad proviene de familia, Jeon Jungkook.
•
—¿El señor Kim también te invitó a comer hoy? —preguntó su madre desde su sitio en el ordenador, levantando sus cejas al ver a su hijo ir a la puerta.
Jungkook asintió con la cabeza, sosteniendo una pila de libros y cuadernos con los que hacer la tarea.
—Me enseñará a plantar algunas flores y cuidarlas, también me ayudará con una tarea de botánica.
La señora Jeon asintió ante la explicación, y después observó a su hijo salir de la casa con su cabello azul saltando al movimiento. Regresó la vista a su computadora, dispuesta a seguir la nota de la investigación policial que le habían pasado esta mañana. No quería ser una paranoica, pero tenía una ligera sospecha en su pecho sobre la estrecha relación de su hijo y el desconocido vecino. Tal vez todo estaba en su imaginación.
O no.
Mientras tanto en la otra casa, Kim y Jeon pasaron toda la tarde ocupados con unos hermosos tulipanes rojos, dejándolos en la tierra y enterrándolos con cuidado. Los guantes del menor estaban sucios al final del día, hay manchas de barro en sus mejillas y su cabello azul estaba algo húmedo por la ligera llovizna.
—¿Aprendiste algo? —Le preguntó Kim al menor en algún momento, viéndole de reojo.
—El bulbo del tulipán tiene líquidos tóxicos como el alcaloide, así que aunque son bonitas no son inofensivas. Es mejor manipularlas con guantes —narró Jungkook con voz filosófica la información que le dió el señor Kim, parpadeando dos veces al finalizar.
El adulto hizo lo más parecido a una sonrisa que su rostro serio podría mostrar.
—Bien, puedes hacer tu tarea. —Se levantó del césped para quitarse los guantes, dirigiendo su mirada a los cuadernos reposados en la mesita de piedra del jardín, donde Jeon había colocado sus útiles.
Jungkook siguió su ejemplo, quitándose los guantes para agarrar el lápiz y tomar nota de lo aprendido, pero de repente un par de gotas cayeron en las hojas de su cuaderno. Desconcertado miró hacia arriba, observando las nubes del cielo empezar a descargar el agua acumulada desde la mañana.
—Oh —murmuró con fastidio, cerrando los cuadernos y llevándolos debajo de su capa amarilla para que no mojarlos.
Kim se acercó.
—Entra al porche, buscaré una sombrilla para que vayas a casa —dijo.
El chico asintió y fue rápidamente a la entrada de la casa, observando como Taehyung continuaba guardando las cosas de jardinería que utilizaron. Después de un momento el dueño fue hasta la entrada para desbloquear la puerta.
—Um, señor Kim.
El hombre murmuró una afirmación desde el interior de una bodega, donde buscaba una sombrilla para el menor. Jungkook se balanceó con los pies en su sitio
—¿Podría... podría terminar la tarea aquí en su casa? Así aprovecharía el tiempo hasta que la lluvia disminuya, además todavía me faltan usar algunos libros.
Taehyung volteó su cabeza y lo miró por un momento, soltando lo que había buscado.
—Bien. —Salió de la bodega, cerrándola con llave—. Está en el segundo piso, ven conmigo.
Contento, Jungkook movió su cabeza en una afirmativa y empezó a seguirlo, pasando por la sala de estar hasta unas escaleras caoba que dirigían al segundo piso.
Le gustaba que Kim cumpliese cada una de sus peticiones, le alimentase delicioso y le enseñase información nueva. Para él, Taehyung era alguien que rápidamente ganó su admiración con la forma tan inteligente en la que hablaba, su forma elegante de hacer las cosas, sus gustos musicales, su reconocimiento de pinturas y estatuas, los datos mitológicos de algunas criaturas.
Para alguien como él, proveniente de una familia sencilla, no pudo evitar sentirse encandilado por todo el conocimiento, mucho más si por naturaleza era una persona curiosa. Sentía que había encontrado una mina de oro, un manantial que calmase la sed de conocimiento que él tenía con su naturaleza curiosa. Kim Taehyung estaba tomando un gran espacio en las páginas blancas de su nueva etapa.
Saliendo de la imagen de la espalda del hombre mientras subían las escaleras, su vista fue hasta un pequeño detalle que no había notado antes.
—¿A dónde da esa puerta? —preguntó mientras su dedo apuntaba la mencionada. Justo en la vuelta de la mitad de las escaleras, había una puerta con tapiz blanco encima, seguramente sellada hace tiempo.
Cuando el silencio a su pregunta se prolongó, la vista del chico fue al adulto, mirando el rostro del hombre parecer imperturbable desde su perfil, como si estuviese pensado qué responderle, pero Jungkook conocía de memoria la expresión desinteresada de Taehyung.
Había un tinte de dureza y ansía chispeando en la profundidad de sus fanales, un aura tensa en sus músculos, un endurecimiento en su pose que removieron incómodamente sus propias tripas.
¿Preguntó algo malo?
Después de un tenso silencio, Taehyung pasó su mirada hacia él, soltando en voz baja:
—Nada importante.
*
El señor Jeon se despojó de su capa impermeable y entró a la casa, mirando a su esposa sentada detrás de la computadora. El cansancio de su propio cuerpo pareció más ligero cuando observaba el de ella, ambos se esforzaban bastante en sus trabajos. Parecía que la mujer no se ha percatado de su presencia mientras tecleaba.
Se acercó por detrás y preguntó.
—¿Continúas con esa nota?
Tanta era la concentración de la mujer al escucharlo brincó de la silla, llevándose una mano al pecho. Se relajó cuando su esposo puso ambas manos en sus hombros y le dio un breve masaje.
—Si, yo... no lo sé, a veces parece tan difícil explicar cómo este niño llegó a esa situación. —Se inclinó al toque en sus músculos, suspirando—. Hay muchos huecos en este caso, los posibles sospechosos salieron inocentes, no hay pistas claves...
—Bueno, deberías ver las preguntas sin respuesta que tengo anotadas cuando voy a entrevistar a sus padres —dijo el hombre en tono de broma, tomando asiento a la par de ella con la vista en el documento de Word—. Kim Seokjin era un niño de una familia disfuncional, pero no parecía alguien que aprovecharía el campamento para fugarse de casa —expresó sus sospechas, negando con su cabeza—. De todas formas, la policía dice que hallaron nueva información, tendré que ir a tomar notas mañana. Te las daré para que finalices el artículo.
La mujer asintió, relajándose a medida que los músculos se iban destensando. El señor Jeon miró las escaleras hacia el segundo piso.
—¿Jungkook está en su cuarto?
—Está con el señor Kim —murmuró la fémina con un rastro receloso en su voz, mirando a su esposo—. No quiero ser la clase de madre sobreprotectora pero, ¿te parece bien que Jungkook pase tanto tiempo con un hombre mayor? Debería... socializar con más niños.
El hombre contuvo una mueca.
—Hay que entenderlo, pasa demasiado tiempo solo y un chico de su edad rápidamente podría tener problemas de salud mental si no socializa, así sea con un hombre de treinta y dos —dijo en tono tranquilo, pasando un brazo por los hombros de su mujer—. Me mandó un mensaje de texto avisándome que se quedaría a hacer la tarea ahí, Kim está ayudándolo.
La señora Jeon frunció el ceño.
—Yo podría ayudarle.
—Sabes que él te pediría ayuda, pero estamos tan ocupados que prefiere no decir nada y buscar otra alternativa. —Miró el documento de su esposa—. Si el señor Kim está tomando ese papel, dudo que sea una mala influencia.
—Tienes razón... —murmuró al fin, apagando la sensación molesta en su pecho.
El teléfono del señor Jeon empezó a sonar en su bolsillo y él lo sacó, dándole un último apretón al hombro de la mujer antes de alejarse y contestar.
—¿Diga?
—¿Jeon Sungkae? Hablo del departamento de policía de Daegu, el señor Park Bogum.
—¿Oh? Señor Park, que sorpresa escucharlo. —Fue hasta la cocina, sirviéndose un vaso de agua. —Justamente iba a agendar una cita con usted para una entrevista.
—Sobre eso... tengo cierta información que quería comentarle de antemano, es una posible sospecha del caso.
Desentendido, Jeon tomó un sorbo.
—Adelante.
—Nuestra suposición es que seguramente alguien dió con Seokjin y se lo llevó del lugar.
El hombre apoyó su cadera contra el desayunador, bajando el cristal a la superficie.
—¿Habla de un secuestro?
—Nuestras unidades han revisado el área y no hay rastros de Seokjin desde hace tres meses. Además de esto, las sospechas tomaron firmeza cuando una persona se atrevió a llamar hoy en la mañana.
Una incomodidad fue alojándose en su estómago, moviendo sus dedos intranquilos en el desayunador.
—¿Qué... le dijo?
—Como este crimen se dió en Daegu, es responsabilidad de nuestro equipo hacerse cargo de ello, pero una señora llamada Park Suni vino desde Busan y habló hoy en la mañana. —Hubo un silencio en la línea—. Dice que hace dos años su hijo desapareció sin razón, ha pasado el tiempo y no han logrado encontrarlo. Por supuesto, comenzamos a investigar qué tipo de patrón se ha repetido en todas estas desapariciones, dando con que hay cinco niños en total.
—Señor Park. —Tragó sus ansias, una bola pesada de ansiedad raspando su garganta, la incomodidad de su estómago solo empeoró—. ¿Por qué me está diciendo todo esto?
—Porque todos estos niños tienen las mismas características. Ojos negros, piel pálida, entre sus quince y dieciséis años, y absolutamente todos tenían algún desapego o mala relación con sus padres.
Eso sin duda hizo acelerar su corazón.
—¿Y el punto es? —soltó casi con rabia, impaciente por cortar toda esta trama.
—El punto es, querido Jeon Sungkae... —Una mano le palmeó el hombro y todos sus vellos se levantaron como escarpias, volteando su cabeza hasta mirar a un hombre de negruzcos cabellos, traje rojo y rasgos duros sonreír afablemente mientras sostenía un celular en su oreja, siendo la misma voz de la llamada—. Que su hijo cumple con todos mis requisitos, y será una de mis preciosas muñecas también.
Un grito agónico salió de la boca del hombre cuando sintió un par de dientes adentrarse en la piel de su mejilla, destrozándole el rostro en un mordisco. La sangre salió disparada y cayó al suelo, retorciéndose mientras miraba al hombre sacar una pistola y apuntarle.
El disparo en su cráneo finalizó con su vida.
Kim Taehyung se tomó su tiempo para mirarlo desde arriba. Ciertamente se parecía a Jungkook, sus ojos marrones eran idénticos y su contextura física también, pero no era tan bonito como él.
Conteniendo una mueca, sacó la soga de su chaleco y amarró las extremidades del hombre, cargándolo por el suelo hasta llegar a la mujer muerta, mirando la sangre esparcida en la pantalla del computador por haberle disparado desde atrás. Kim Taehyung leyó vagamente el documento escrito aún con las manchas.
—Nada mal. Ibas al punto, pero no lo lograste querida —murmuró para ella aunque no pudiese escucharle, sonriendo con los labios ensangrentados.
Después de meter ambos cuerpos en una bolsa, se dirigió al patio y cruzó la valla de metal por el simple picaporte que le había facilitado el trabajo. Cuando ingresó los cuerpos por la puerta de la cocina y abrió la bolsa, comenzó a partir sus partes favoritas para comer.
Fue codicioso con la cantidad de carne, pues hoy tendría un banquete. Habría una gran celebración debido a la llegada de su última adquisición.
—Huele bien... —Inhaló el aroma de la cocina, estirando sus labios en una sonrisa—. Es una lástima que Jungkook no pueda probarlo.
•
Aún en la biblioteca, en la lejanía sonando la pieza de ”Allegro molto appassionato” Jungkook continúa con su tarea, ensimismado en su propio mundo mientras la punta del lápiz va tranzando su investigación botánica a lo largo de la tarde. Está tan inmerso que cuando el gran reloj dentro de la biblioteca resuena tres veces en un tintinar, sube su vista desde el libro para mirar las agujas del objeto, dándose cuenta que ya es de noche.
Parpadeando para quitar el desenfoque en sus pupilas al mirar fijamente un sitio tanto tiempo, su cabeza volteó al asiento de Taehyung, encontrándolo vacío. ¿Hace cuánto tiempo se fue?
Una de sus manos se dirigió hasta sus párpados para frotarlos, estirando su postura en la silla hasta relajarse. Taehyung estuvo con su mirada extrañamente enfocada en él desde que llegaron a la biblioteca, no sabía la razón, pero lo mantuvo tenso la mayor parte del tiempo.
Ha dejado de sentirse incómodo con los oscuros iris del hombre, pero ahora... ahora era diferente. Su piel se erizó de solo recordar los fanales tan fijos en él, no pudo concentrarse tanto en la tarea.
Carraspeando para mover sus cuerdas vocales al estar tanto tiempo sin hablar, soltó:
—¿Señor Kim?
Con lentitud, cerró el libro que ha estado leyendo y lo dejó a un lado, mirando por los alrededores de la biblioteca.
«Seguramente está haciendo la cena». Pensó, saliendo de la silla y volviendo a estirar el cuerpo.
La mesa estaba desordenada por todos los utensilios escolares que ha estado usando, así que tomó los libros en sus brazos y de a poco los regresó en sus respectivos estantes, descubriendo otros interesantes en el camino. Kim tenía una sección únicamente para los libros de cocina, y cuando tomó algunos para echarles una ojeada, se dio cuenta de que están escritos en diferentes idiomas.
Hay en francés, inglés, italiano... recetas de todos los tipos, algunas más complicadas, otras más básicas. Hay algunos títulos de recetas que han sido modificados por la letra de Taehyung, haciendo un borrón y colocando otro nombre a la par. Eso le formó una sonrisa.
Cuando su estómago resuena y un leve aroma de la cocina llega hasta él, decide dejar los libros en su lugar y girar en su sitio, dispuesto a hacerle compañía mientras el mayor cocina.
«¿Qué cenarán hoy?» Una sonrisa se forma al pensamiento. «Da igual, todo lo que hace Taehyung es delicioso».
Su mano derecha tocó la barandilla de madera mientras bajaba las escaleras a paso calmado, tarareando alegremente en dirección al rico aroma.
Un ruido a su izquierda detuvo sus pasos.
Fue como un golpe, y solo cuando vuelve a escucharlo es cuando descubre de dónde proviene. Era de la puerta sellada.
Sus cejas se fruncieron inmediatamente.
¿Por qué hay ruido detrás? Se suponía que la propiedad estaba apartada, no había una casa conectada al otro extremo, además de que hay un tapiz bloqueando la puerta. Su curiosidad aumentó y un rastro de desconfianza nació en su estómago, procesando la información.
¿Qué había ahí dentro?
El tapiz que bloquea la puerta hace que no puede hacer mucho, pero una parte de sí piensa en cómo puede en abrirla. Tiene una tijera consigo parte de los útiles escolares que trajo para hacer la tarea, así que con eso podría rasgarlo.
Decidiéndose va hasta la biblioteca y toma las tijeras de la mesa, bajando las escaleras con cuidado para no alertar a Taehyung lo que está haciendo, aunque de todas formas se va dar cuenta si miraba el tapiz roto.
Pero da igual, hay un ruido desde el otro lado. ¿Y si era un animal encerrado? el tapiz podía volver a colocarse, pero el animal moriría ahí atrás, así que no lo pensó mucho y comenzó a cortar por las hendiduras con la punta de la tijera, recortando el contorno de la puerta. Finalizó el trabajo con un rastro de sudor por los nervios, mirando hacia las escaleras nuevamente para ver si hay muros en la costa.
No los hay.
Luego de unas cuantas inhalaciones y antes de que lo pueda pensarlo mejor, tomó el pomo de la puerta, notando que inesperadamente está abierta.
«Regresa» susurró una voz en su cabeza. «No lo hagas».
Pero él era débil ante la curiosidad, y solo cuando abrió la puerta en su totalidad hasta que choca en el otro extremo, deseó no haberlo hecho jamás.
—Dios mío —susurró con terror, sus manos volando a su boca para prevenir una arcada y retrocediendo dos pasos.
Habían cinco muñecos colgados en la pared del fondo, con piel adherida en sus rostros y dos extraños botones negros tomando el lugar de sus ojos. Las figuras eran largas y delgadas, con las comisuras extrañamente estiradas y cocidas en ziczac, como si buscasen silenciar sus bocas. El olor era tan putrefacto que sus piernas estaban a punto de tocar el suelo.
Mirando al suelo, se dio cuenta de que el ruido de los golpes contra la puerta fueron provocados por un niño de cabello negro, quién lo miraba tras unos ojos sin vida, con partes de su rostro arrancadas, y tan delgado que las costillas marcaban su piel. La mano escuálida y temblorosa apuntaba a su dirección, susurrando con su último aliento:
—D-Detrás de ti.
Jungkook sintió una mano pesada en su hombro, apretándolo.
—No debiste entrar aquí, Jungkook —susurró Kim en su oído, haciéndole temblar las piernas.
Con el corazón brincando enfurecido y sus pupilas contraídas del puro terror, giró el cuello para mirar al causante de tal escena perturbadora. El pánico se apoderó de él cuando nota un cuchillo en las manos del señor Kim.
—P-Perdón... —Su cuerpo tiembla como loco y el olor putrefacto marea su mente, haciéndole ver borroso la figura de Taehyung ante las lágrimas—. No debí entrar, per-perdón...
Taehyung continuó presionando su hombro hasta que lo siente adormecido. Sus labios se separaron en una queja al agarre y las lágrimas se acumularon en sus ojos, porque el hombre que tanto admiraba estaba a punto de matarlo.
—Tienes razón Jungkook, desde un principio... —La profundidad oscura y siniestra volvió a los fanales fríos de Kim, avanzando un paso—. No debiste entrar a mi jardín.
Jungkook soltó un grito ensordecedor cuando un dolor agudo atravesó el costado de su costilla izquierda, mirando aterrado al hombre que tiene detrás. La sangre empezó a gotear el suelo a borbones y pronto sus piernas cedieron al dolor agudo, siendo sostenido por el hombre de su cintura mientras removía el cuchillo en sus tripas.
—Shh, no te resistas —calmó con voz de seda Taehyung en su oreja, besando el caparazón—. Debo conservarte fresco, sabrás mejor de esa manera.
—T-Taehyung... —sonó ahogado, mirándole con una mezcla de terror, tristeza y traición, lágrimas fluyendo en su mejilla. Tal vez la traición era mucho más dolorosa que el filo apuñalando su estómago.
Su garganta dejó fluir su llanto en gritos de dolor mientras una parte irracional de su mente se negaba a creer que esto estaba pasando, que el hombre que tanto lo inspiraba y respetaba estuviese matándolo como si no significase nada, o peor que nada.
Sollozando, tembló cuando el adulto pasó el puente de su nariz por sus mejillas, olisqueando la esencia salina de sus lágrimas.
—Eres precioso Jungkook, me encantan tus ojos. —Uno de los dedos acarició los mencionados, haciendo al contrario gritar al ardor, con problemas para respirar ahora—. No voy a comerlos... los guardaré para recordarte.
Con la inconsciencia arrastrándole y sus pulmones ahogados en sangre, Jungkook miró borrosamente por última vez el rostro del hombre que lo sostenía, sintiendo los labios de Taehyung rozar con los suyos y después... nada. Su corazón había dejado de latir, siendo sustraído por una temible oscuridad hasta el descanso eterno.
En vida, Taehyung profundizó el beso, lamiendo su lengua con exquisitez hasta que sus dientes se anclaron en el músculo y la arrancó, dejándola caer al suelo para continuar bebiendo el fondo de su boca carmín. Finalmente, se separó al notar el pulso del cuello del chico dejar de latir.
Pegando su frente a la contraria, echó una mirada al fondo de la habitación. Sus labios manchados en bermellón crearon una sonrisa mientras alzaba joven al muerto en sus brazos para llevarlo hacia el fondo.
La excitación abordó su cuerpo cuando usando una cuchilla bastante afilada, fue desprendiendo el rostro de Jungkook, comenzando al principio de su frente y terminando de rebanar en su mentón. La piel del rostro en sus manos era tan blanda, lisa, sin imperfecciones, era algo tan precioso que debía ser bien cuidado.
Tomó un muñeco desocupado en el fondo de un baúl, un hilo y aguja, y fue cosiendo la piel de Jungkook en él, usó dos botones negros para ocupar el lugar de sus ojos, aunque estos no le hiciesen justicia a los originales.
Cuando finalizó la nueva muñeca que tenía en sus manos, dijo:
—La cena debe comenzar.
Taehyung bajó las escaleras con los seis muñecos en brazos y fue colocando cada uno de ellos en cada silla del comedor. Sus muñecas estaban hechas de manera fascinante.
Namjoon, Jimin, Seokjin, Hoseok, Yoongi y ahora, Jungkook. Su grupo estaba completo, finalmente.
Con un último vistazo a todos ellos, miró los platillos que había preparado con deliciosa carne humana y verduras sobre la mesa. Sintió pena de que Jungkook se perdiese tal festín, aunque al menos había comido algunas veces sus platillos preparados por la carne de Seokjin anteriormente.
Los dedos de Taehyung tomaron la copa de vino y la llevó a sus labios.
—Merci mon cheri —habló hacia su precioso muñeco nuevo, tomando un sorbo que preparó sus papillas gustativas a la exquisitez de los platos. Con cuidado, dejó la copa en la mesa y sus manos adornadas con anillos lujosos se apoderaron de los cubiertos, partiendo un trozo de jugosa carne para llevarla a sus labios—. Bon appetit.