Nuestra orilla del mar

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El amor es confuso y antes de que entres a su juego debemos saber apostar, debemos saberlo navegar, solo así llegaras a tu destino o solo te perderás y quedará en un olvido.

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Nuestro comienzo y final

Aquel día era época de turistas cuando vi a un marinero salir ágatas del agua, los tonos faciales de su rostro eran metodológicamente muy sombríos, describían muy bien los duelos por los cual había pasado, pero algo en el hacía que esos efectos alternos a lo físico no le trastornaran, paradójicamente su vehemencia externa invadió mi cuerpo y desde ese día voluntariamente mi cuerpo lograba la redención de algo que no lograba comprender. Algo en mi crecía, algo en mi andaba, pero la otra parte de mí se perdía en actividades cotidianas que hacían profundos rictus en mi interior.

Al ver que salía con dificultad del mar, mi instinto de solidaridad fue en busca de ayuda y al llegar a el con los salvavidas, rápidamente mi cuerpo se pavoneaba tratando de involucrarlo en mi atención, con el mérito de que supiera que yo era el responsable de haber traído la ayuda, pero el solo sonrió al mirar tal expresivo desfile de movimientos bruscos.

Algo en mi cambio desde aquel momento, no puedo decir con certeza que fue lo que lo provocó, si la llegada de ese hombre común o la repentina sonrisa que bostezó cuando me miró.

La orilla que desprendió un amor;

la orilla que agonizó, partió y besó.

La orilla que reclamo lo suyo,

la perla que sustentaba su vida.

Por más de dos meses lo corteje, puede ver pocas de sus facetas y admito que las ame, pude admirar y empeze a darme el lujo de enamorarme de el, hasta que llego el momento, una noche me invitó a pasar a su pequeño departamento, recuerdo que lo hizo porque se me había echo tarde por irlo a dejar, al entrar tomo asiento en un pequeño sofá que se encontraba al fondo de su departamento y desde ahí me extendió sus manos para que me acercara a el, me desplace hacia el y tome asiento en el suelo de lado de sus pies, reíamos mucho cuando de repente saco una pequeña esfera de su pecho y se la tomó, no distinguía su contenido, pero si logre ver fue que tuvo el suficiente efecto como para denotar un semblante diferente, de ese modo y en ese instante nos dimos nuestro primer beso y posterior a eso hicimos el amor por primera vez.

En líneas más precisas, aquel contenido emergía en mi interior una alerta que sutilmente me daba la fuerza para ser su protector, con el podía tener todo aquello que quisiera. Tras la travesía de ese beso, la falta de sueño se imponía en mi cada noche, gracias a eso yo pude conocer un mundo diferente. Todo aquello desconocido se volvía tan conocido para mis sentidos, haciéndome elevar como aquel humo de cigarrillo que expulsa una diosa en medio del desierto.

Tome la decisión de vivir en aquel mundo perfecto, mundo que se materializaba en el momento. Mi voluntad se perdía en el deseo de volver a tenerlo entre mis brazos, y se perdía con la constante bitácora de inhalación de esa esplendorosa droga de amor, en ese estado mi mente sincronizada una melodía con mis ondas cerebrales, las cuales eran impulsadas por una sobredosis de miradas, miradas onduladas que se perdían con la luz y el sonido. Todo era prácticamente tenue y nuevo para la influencia que tenía en mi interior, todo se concentraba en realidades que disfrutaba mi alma en ese momento. Esas prácticas constantes de consumo se resolvían en la libertad que hace ver al mundo como insignificante, y así fue mi destino después de ese beso, dependiente a esa sobredosis de amor.

Desdé que lo conocí, mi cuerpo y acciones se hicieron conscientes de cada uno de mis movimientos, me lleno de vida, se convirtió en el sonrojar de mi alma.

El tiempo transcurrió más rápido de lo que pude imaginar, fue solo un parpadeo ante mis ganas de amarlo. Nos conocimos en aquella orilla del mar, navegamos, naufragamos, nos conocimos, nos celamos, nos quisimos, nos amamos y sobre todo dimos todo el uno al otro

Ahí también vivimos, reímos, nos besamos, nos abrazamos, ahí nos juramos que siempre estaríamos uno para el otro, "le robamos tiempo al tiempo" le robamos placeres, gustos, deleites, sensaciones, alegrías, ebriedades, le robamos el testimonio del mar, del sol y la luna.

La luna velaba nuestros sueños, velaba la pasión en los momentos de entregarnos; de noche a noche, de día a día y de tarde en tarde. Mientras que el sol nos alumbraba el camino y reflejaba el inmenso amor que expedimos. Y el mar era la cuna de algodón en que reposaban nuestros cuerpos; era el que nos arrullaba y confabulaba con nuestro más grande deseo.

Como la costumbre lo ameritaba cada mañana salíamos a ver el resplandeciente crepúsculo en la playa, ese día en especial tomo mi mano tan fuerte que solo se dio tiempo de voltear mirarme y caer desmayado en mis brazos. Aquel día me enteré que sufría una enfermedad avanzada e incurable.

Transcurrieron los días, los meses y hasta un par de años. El tiempo transcurría mientras me sentía ahogado en el mar. La riqueza de mi alma se empezaba a marchitar, se difuminaba como humo que proviene del infierno, el perfume de mi piel se perdía en visiones profundas inalcanzables, sin embargo, el color de mi alma seguía semejante a la de una flor cubierta de roció. El anuncio de aquel desconocido...

Algo cambiaba drásticamente, algo me impulsaba a buscar nuevos métodos que tuvieran el fin o el propósito de "sonrojar mi alma".

Las aventuras continuaban día a día cotidianamente, pero llegó el momento del que nadie quería hablar, del que nadie quería que ocurriera, el día que cayeron de sus ojos azules dos perlas rosadas. Ese azul de mar en el que tantas beses naufragaba; en el que ingenuamente observábamos como un alcance infinito, resbalaban sobre sus mejillas faltantes de ese rubor de perlas que la suavizaban al caer -un amor que jamás tuvo que acabar- Con la voz quebrada, cansada y tartamudeando el Demandó -Sácame de este hospital y llévame al mar por favor-. al no ver reacción por parte de las personas que la estábamos acompañando, tomo la iniciativa y se levantó ignorando las palabras que les decían sus papás, sus hermanos he incluso las mías, una mirada irrefutable fue su mejor arma, una mirada que aclamaba su última voluntad, llegó hacia mi con dificultad, con un fuerte abrazo y un susurró remordedor -¡llévame al mar! quiero ver un atardecer contigo- no sabía que hacer, mi cuerpo se encontraba paralizado, pero lo tome de su brazo, lo cargue y tome un trasporte que nos llevó hasta la playa.

Sabía que esta podía ser nuestra ultima caminata, con pasos lentos pero firmes caminamos por la playa, con estallidos en mi interior, con lágrimas proclamando salir. Nos sentamos en la arena, reposé mi espalda en una rocas y coloque a Esaú en medio de mis piernas, recostó su cabeza en mi pecho y mientras ese gran atardecer se alzaba, el se despojo de su bata para así quedar desnudo; expresando -el último beso lleva la esencia de mi vida, como el anhelo del haber querido tener toda una vida contigo-. Después de escucharlo desplome en llanto incauto, mis lágrimas no tenían reparo y caían en su pecho desnudo -¡perdón! ¡Te amo! Nuestro punto de encuentro es el punto de mi partida- sus labios por última vez rozaron los míos, con gran fuerza sujete sus manos, inclino su cabeza hacia mi corazón, en ese momento solo un beso en su frente y una lágrima se despedían de el.

A la orilla del mar sin notarlo conocí a mi alma gemela. A la orilla del mar sin pensar el mar me la quito y aunque ella me ve desde la orilla del cielo; yo me quiebro y veo solo riachuelos de lágrimas por mi ventana.

La orilla que desprendió un amor;

La orilla que agonizo, partió y beso.

La orilla que reclamo lo suyo,

La perla que sustentaba su vida.

"A la orilla del mar te amare hasta la eternidad y proclamare jamás olvidar"

"Llegaras a tu destino o solo te perderás y quedaras en un olvido".