Capitulo1 el comienzo de lo no debía ser
Siempre supe que algo en mí no encajaba.
No era el tipo de chica que se asusta fácil… hasta esa noche.
La luna apenas tocaba los cristales de mi ventana, y en mi habitación reinaba un silencio roto solo por el zumbido tenue de una lámpara vieja. Me acerqué a mi escritorio sin pensar mucho, hasta que lo vi.Una mancha de sangre oscura,seca. Justo donde escribo mi diario.
Junto a ella, una hoja. Doblada en cuatro. Temblando, la abrí.
Solo decía:
“No debiste buscarlo.”
Mi piel se erizó.
No sabía quién lo había escrito. Ni cómo había entrado a mi habitación.
Pero lo que más miedo me dio… es que yo sí lo había buscado. Aunque no sabía a quién.
La Academia Blackthorne es un lugar al que no se llega por casualidad. Aquí nadie es normal. Todos tenemos algo que ocultar. Pero yo… ni siquiera sé qué soy.
Esa mañana, en la sala común, mis amigas hablaban como si nada.
—¿Dormiste? —me preguntó Luz, distraída con su espejo.
—Mal —le respondí. Y eso fue todo.
No podía concentrarme. Hasta que lo vi.
Entró como si el mundo se detuviera. Alto, ojos como tormenta, una vibra que gritaba peligro.Peter Valemont.
Sabía su nombre. Sabía su fama. Y también sabía que no debía acercarme.
Pero hay cosas que no se eligen.
Como el temblor en tu pecho cuando alguien te mira por primera vez… y te atraviesa el alma.
—Él está maldito —me dijo Ana esa tarde, mientras caminábamos por el invernadero—. Dicen que estuvo con una chica que desapareció. Nadie supo más de ella.
Pero algo me decía que había mucho más que un simple rumor. Algo en su mirada, en la forma en que parecía saber cosas que yo aún no entendía.
Y luego, esa noche, lo soñé.
Estaba yo de pie en una torre, gritando su nombre. Y él… él sangraba.
Días después, lo encontré en la biblioteca. A solas. Leyendo un libro sin título.
—Sophía, ¿cierto?
Su voz era grave. Inquietante.
—¿Cómo sabes mi nombre? —pregunté.
Cerró el libro y se acercó. Me sostuvo la mirada con algo que parecía rabia… o miedo.
—Porque tú no debías estar aquí.
—¿Por qué?
—Porque tú y yo… no debimos habernos conocido.
Y entonces lo dijo. Lo que cambiaría mi vida para siempre.
—Sophía… podríamos ser hermanos.