O1 ; The first look
ㅤㅤㅤㅤ—Puedes, por lo menos... ¿No romperle una pierna?
—Me estás pidiendo demasiado, Hana —contestó la otra figura, acomodándose su cabello azabache por el uso de un casco.
—¡Por favor, Momo! —suplicó —, esto ya es el colmo, ¿Sabes? ¡Relájate un poco! Mamá me va a matar si se entera de que te estoy permitiendo hacer esto, peor aún estando en éstas condiciones —dice —, además con suerte la convenciste de que te deje venir así en primer lugar.
—Mirale el lado bueno mejor, estaremos a mano físicamente.
—Ja, ja, buena esa, muy graciosa—expresó indiferencia aunque luego su cara se deformó del terror —. ¡Hablo en serio! Esto me va a costar peor a mí. ¡La violencia nunca es la solución!
—¿Solo te importa tu bienestar? —frunció las cejas —. ¿Eso es lo que me quieres decir?
—¡No, no! No saques las cosas fuera de contexto —amenazó con el dedo y prosiguió a sacarse el casco también, importandole en lo más mínimo su despeinado cabello —. Hablo de que golpear a alguien de la nada cuando siquiera se han mirado es muchísimo, de verdad. Podría costarte una demanda, y esa demanda se trasladaría a mamá porque aún eres menor de edad —señaló —. A parte de eso, yo prácticamente estaría siendo tu cómplice en este acto, y como yo sí soy mayor de edad, me costará ir a la cárcel muy probablemente.
—Exageras.
—¿¡Me veo como alguien que está exagerando!?
—No —dijo —, te ves peor. Tu ya vives en la exageración.
—¿Qué voy a hacer contigo? —se frotó el rostro.
La gente que pasaba por el alrededor miraba a ambas hermanas de manera extrañada y confundida. Otros incluso curiosos por lo que parecían debatir desde hace diez minutos.
Momo miró los alrededores por tercera vez, escaneando por si veía a la persona responsable, o más bien, a quien debería de estar cargando con la responsabilidad que ella tomó a la fuerza la noche pasada.
Aparentemente no pasó por allí.
Apretó sus labios entre si.
«¿Qué tan mierda debes ser para merecer una paliza como está?». Pensó, sintiendo a las pulsaciones dolorosas volver a poner de nervios su cuerpo maltratado. Puso una mano en su estómago, haciendo una mueca y maldijo en voz baja en lo que Hana arreglaba sus pensamientos o buscaba una solución en fracción de segundo.
Momo ojeo el espejo de la motocicleta ajena, su aspecto sin duda era terrible por los hematomas en su rostro marcados pese al maquillaje aplicado, y ni hablar de las múltiples vendas y parches que tenia que portar hasta recuperarse por completo, parecía una momia.
Bajó la mirada y solo se enojó aún más.
—Bueno, nos quedamos en eso entonces —se despidió con una forzosa sonrisa —. ¡No te preocupes, harás más amigas en la cárcel!
—¡Oye, parásito sinvergüenza con cara de homosexual! ¡¿Puedes tomarte en serio ésto!? ¡Hey! —exclamó, sin embargo la nombrada hizo caso omiso y se adentró a su Instituto.
No había marcha atrás.
«Lo siento hermanita, pero ya te tocaba cargar con algo», quiso reír al pensar en ello, se contuvo al recordar el dolor facial que tenía y que le recordaría sus condiciones. Incluso hablar le era doloroso, supuso que la ira hacia que se olvidara del dolor.
Al pasar de los minutos en los que seguía sumergida en sus pensamientos, su rostro se contrajo al repetir las palabras de su hermana.
«¿Cómo qué "parásito sinvergüenza con cara de homosexual"? ¿¡De dónde demonios aprendió que eso tenía sentido?!».
...
En lo que se adentraba más en el lugar, pasando por los pasillos repletos de gente, comenzó a sentir las esperadas miradas en ella. Jadeos se hicieron presentes en otros grupos, inclusive los de menores grados comenzaban a huir de su presencia.
Pero no era algo que tomaría en cuenta por el momento, ella ya había fijado su objetivo desde que despertó, y nadie, absolutamente nadie lograría desviarla de lo que cometerá.
Bueno, una persona no.
Pero la campana de entrada e inicio de las primeras horas de clases sí.
«¡Joder!, vaya suerte la mía... o la suya».
Con los dientes rechinando, retrocedió unos pasos de espaldas antes de girarse por completo y dirigirse a las aulas de química, con su mochila colgando de un lado. Momo se fue haciendo paso por el gentío que se acumulaba como siempre sin esfuerzo alguno, pues en su mayoría los demás solo se alejaban de ella y limpiaban su camino en un parpadeo.
No faltaron las burlas y risas ante su aspecto en su recorrido, para la suerte de aquellos pobres angelitos Momo no estaba con los animos de agarrarse con alguien que no sea su tan dichosa persona.
Momo resopló en lo que cursaba la última curva de los pasillos antes de pasar por el marco de la puerta y acomodarse en su asiento de siempre, ni tan cerca del pizarrón, ni tan lejos. Un punto donde el sol no da directo a su rostro ni le quema la nuca; un punto neutro con una vista a el campus donde se realizan las prácticas de futbol americano del equipo de la Institución.
Sus compañeros llenan de a pocos el aula, y Momo ignora los saludos de buenos días a su persona. Porque ella sabe que si se atrevía a elevar la voz para corresponder, nada amable o suave saldría de su boca, no tenía autocontrol en sus comentarios en esos instantes.
Ella otra vez volvía a llenarse de cólera y rabia, con un nudo en su pecho y garganta. No podía dejar de repetirse lo miserables que fueron con ella y como la responsable podría ser una de las peores personas dadas a luz, y que, lastimosamente, tiene un parentesco con ella.
El docente finalmente se presentó en el aula, y todo fue un bullicioso silencio en cuestión de segundos.
Momo no puede hacer nada más que suspirar frustrada y abrir uno de sus libros citados.
Durante aquellos minutos de agonía, en repetidas ocasiones a Momo se le fueron escapando algunos siseos con lisuras de por medio. Tanto por su físico en esos instantes como para el docente quien le parecía una clara obstrucción a su objetivo.
Sus compañeros de otros pupitres fueron presentes de sus silenciosas amenazas y algunos estuvieron a punto de alzar la voz mas, al repasar nuevamente su aspecto solo decidieron callar e ignorarlo. Después de todo, si el docente encargado no la escuchaba, nada pasaría.
¿Por qué intervenir?
De todos modos también todos pensamos eso alguna vez, solo que se queda allí en la mente por un supuesto respeto.
Y cuando más lo requiere, justo cuando Momo ya se había cansado por completo de escuchar al mayor hablar una y otra vez de un tema, escarbando en lo más profundo de la historia de lo que sea que haya estado explicando y narrando.
Justo cuando estaba apunto de cerrar los ojos y esperar a que algo la despierte a tiempo, pegar un ojo como dicen. Es que el timbre que da fin a las primeras horas de clases suena y retumba en sus oídos hasta que se calla.
Con lentitud Momo vuelve a ponerse derecha y se toma un tiempo antes de levantarse, pues sus músculos están muy tensos lo cual causa un dolor insoportable. No obstante, ella no quiere detenerse, finalmente tiene la oportunidad.
El receso es su acceso a encontrarla y darle algo de su merecida medicina. Con una corta respiración acomoda sus cosas y arrastra su mochila fuera de aquel salón de clases, en busca rápida de su casillero para intercambiar cosas y guardar otras con tal de aligerar su peso.
—¿Por qué vino a clases si camina como escaldada? —se escucha un cuchicheo a sus espaldas.
Momo ingresa la clave de su casillero con indiferencia, suspirando.
—No creí que fuera tan aplicada. Pobrecita.
—Es que no lo es, pero quizás tenga un fin —dice con seguridad —. Si yo estuviera en su lugar hubiera tomado la oportunidad de utilizar mis lesiones como excusa para faltar un mes entero. No soporto un día más aquí.
—Ya lo creo —carcajeó su compinche —, hay que tener muchas cosas en la cabeza como para pasar semejante vergüenza caminando así por aquí.
—Hasta parece otra cosa. Como el vídeo que te enseñé.
—¡Que vulgar eres! Ni me lo recuerdes de nuevo.
—Vamonos ya entonces, creo que mi mamá preparó algo realmente bueno.
—Invítame.
Finalmente ambas ratas se fueron del espacio que compartían con la mismísima Momo, quien cerró su casillero y colocó con delicadeza su mochila para que esta colgara de uno de sus hombros antes de comenzar a caminar, esos comentarios los tomaría como un recordatorio a que solo es hoy y luego nada más.
Y que las personas nunca miden el poder y efecto de lo que hablan.
Mientras se paseaba por los extensos pasillos, con una fría mirada ella le daba una ojeada a todos los presentes en busca de esa cara. Porque ellos le hicieron saber como es que se llamaba, y Momo no tardó en encontrar a su "clon" por tal raro nombre en el registro de la Institución. Todo aquello mientras aún se encontraba en el hospital, apenas logrando abrir un ojo y mover un brazo; con el indicio de una incontrolable ira naciendo en su interior.
Su estómago rugió en el camino, mas ella no paró para hacerle caso en ningún momento con algo que le habían mandado. Sabía que si consumía algo de ello luego le entrarían náuseas y realmente no tenía ganas de llamar más la atención todo en un solo inicio de día, además no es muy fan de la sensación que produce el vomitar.
Por lo que se obligó a mantenerse en marcha por todos los lugares más concurridos por los alumnos, favoritos de los populares entre muchos más.
Está vez nada la pararía.
Aunque pareciera que nunca la encontraría entre tanta gente, Momo no se rindió y con todo el dolor del mundo se hizo camino por la gente. Chocó con algunos que tuvieron un efecto agonizante en sus tantos vendados, y casi pierde el balance al confiarse de su estado rígido cuando se abría paso.
Incluso algunos de sus hematomas se remarcaron mucho más por el esfuerzo que estaba haciendo por su ambición.
Su pecho dolió, y justo cuando se iba a dar la vuelta para ir a otro sector es cuando la vió por el rabillo del ojo, sentada con una tonta sonrisa en su rostro. Estuvo apunto de no notarla y tener que acudir el día siguiente también con tal de dañarla para estar en paz. Momo se limpió una gota de sudor frío que caía de su frente y tomó valor para ir en aquella dirección sin filtro alguno a sus emociones hacia tal.
Cualquiera que la viera se daría cuenta de que feliz no estaba.
Ya no le tomó importancia al alrededor. O a la compañía que aquella persona tenía, haría lo que tanto se había prometido y ansiado desde que se lo propuso.
Pero...
¿De verdad era la única solución?
La venganza es un bucle vicioso.
Tras ese pensamiento cruzar su mente, Momo detuvo su caminar en seco, tambaleándose tal cual gelatina en cuchara en medio de un gentío. Frunció el ceño y las consecuencias de Hana cruzaron por su mente.
Quizás estaba siendo demasiado inmadura como para estar a un paso de ser una ciudadana, quizás debía ser mas civilizada y menos animal.
Realmente llegó a pensarlo, pese a desde un inicio estar en llamas, Momo realmente se preguntó si estaba bien lo que iba a hacer y no simplemente apagar el fuego y tratar de entender sin puños de por medio.
Todo cambió cuando al volver su vista a aquella chica, la vio reír con tranquilidad y libertad, como si se tratase del ser más inocente de la tierra; como si se burlara de ella al verla cargar con algo que no le corresponde.
«¿Empatía? ¿Por qué realmente pensé en retroceder? ¡Patético!... Ella se lo merece».
Eso la hizo encender sus motores y cargar nuevamente la furia hasta que explotó con celeridad abrupta. Momo rechinó los dientes y volvió a avanzar hasta hacerse notar en aquel ambiente ajeno, abandonó su mochila en el cesped sintético.
Algunas ojos voltearon a verla, y la conversación que aquella ajena mantenía se detuvo al la sombra de Momo tomar protagonismo.
Bufó.
—Dios te salve para que tú cuerpo en estos instantes se vuelva una maldita caricatura porque te voy a desmembrar cada una de tus putas extremidades sin piedad —dijo, volteando la silla de la mujer a la cual se dirigía. Con una fuerza que le cobraría caro cuando dejase la situación atrás.
—¿Pe.... Perdón? —contestó con los ojos bien abiertos aquella. Justo antes de que la mano de Momo se estampara en su mejilla, casi haciendo que su cabeza gire los trescientos sesenta grados.
Sana cayó de la silla tras la conmoción del impacto cargado de impotencia.
Se escucharon jadeos del alrededor.
—¿¡Qué carajo!? —exclamó una de las acompañantes de Sana, más baja y morena, quien rápidamente empujó a Momo para que retrocediera al verla capaz de cumplir con su palabra.
—¿¡Oye qué te pasa!? ¿¡Quién te crees!? —intervino otra de sus compinches, mucho más alta y de cabello corto.
—¡Discúlpate!
—No lo haré —jadeó Momo, haría mucho más pero el dolor la paralizó en donde la empujaron —. ¡Ella se lo merece!
—Sana no se merece nada, ¡y mucho menos de alguien como tú! —le responde con agresividad la morena, poniéndose en su delante para buscar intimidación. Momo muerde su lengua —. ¿Quién te dió el derecho a tocarla? ¡No eres nadie!, ¡ni siquiera te conocemos!
—Que tengas éstas estúpidas vendas no me detendrá en golpearte también —se dió paso la otra acompañante, la de pelo corto, agarrando a Momo del cuello de su arrugada camisa sin filtro alguno, realmente estaba muy fastidiada.
Sin embargo, Momo no cambió su opinión
—Discúlpate o verás.
—No voy a hacer ni un carajo —le contestó con brusquedad, alejando de un fuerte manotazo la mano de aquella desconocida de su camisa, generando más tensión —. ¡Esto es su culpa! ¡Su puta y sola culpa! ¿Quieren saber porqué demonios acabé así? ¿¡Cómo un estúpido cosplay de momia en pleno Mayo!? —miró a Sana con repudio—. ¡Por ella! ¡Porque me confundieron con ella!
Sana con ello finalmente se levanta del suelo, su expresión cambió a lo que comúnmente se veía en ella. Parecía devastada de alguna u otra forma, como si encarara al mismísimo diablo.
Momo se sintió un tanto confundida al verla, mas no paró de estar enojada.
Las acompañantes de aquella finalmente sucumben al silencio tras la declaración. Las personas alrededor parecen haber huido de la escena en su gran mayoría, y algunas pocas otras permanecen igual de asombradas por lo declarado.
Es en cuando empieza el cuchicheo que Momo vuelve a hablar.
—Oh, agradecele a tus malditas guardaespaldas de que solo te di una maldita cachetada —se dirigió a Sana, cada palabra se resbalaba fuera de sus labios con fastidio —. Porque lo que te dije que te haría no era mentira —pasó saliva —, te mereces por lo mínimo que te lance la bendita silla y que te la parta en tu tonta espalda.
—Yo...
—Basura de mujer —la interrumpió—, ¿Quién carajos eres realmente, eh? ¿Qué mierda traes para merecerte algo como esto? —tomó aire con dificultad, tanta acción en tan pocos segundos le estaba cobrando como se debía, negó disconforme —. ¡Anda, cuéntanos a mi y a tus amiguitas de una buena vez! ¡A todas estás ratas presentes también si es posible! —alzó la voz, realmente ya nada le llegaba a importar demasiado —. Yo no era la que debía quedarse al borde de morir ayer. Ellos coreaban tu maldito nombre con disgusto, ¡Anda, Sana!, ¡Cuéntanos!
—¿Sana? —una su las amigas de la mencionada la voltea a ver, en específico la morena, demandando silenciosamente una aclaración.
No obstante, lo que obtiene es una ignorada por parte de la misma que se abre paso entre ella y su otra acompañante hasta llegar a estar frente a quien la acusaba, con una expresión apagada y casi asustada.
Lo suficientemente humillada frente a una gran multitud que no hacía nada más que esperar a algo más para poder seguir divirtiéndose.
Sana tomó aire de manera cuidadosa.
—Eres —un corto silencio —, eres Momo de la clase B-5, ¿Cierto? —es su primer comentario completo hacia tal.
Momo solo daña la cara.
—¡A quien putas le interesa eso ahora! Respóndele a tus amigas, ¡Respóndeme a mí y sé sincera!
—Necesito hablar contigo —le dice sin cambiar su tono delicado.
Sana intenta agarrar el codo de Momo pero está se lo niega en un rápido movimiento.
—No iré a ninguna parte contigo, joder —da unos pasos hacia atrás —. Me repugnas.
—Tienes que escuchar —insiste, acercándose más.
—Sana —llama una de sus amigas. A lo que la misma aprieta los labios, parece luchar con algo. Aún así no voltea, está por completo mirando a quien tiene enfrente.
Momo aprieta sus puños cuando tal queda muy cerca de ella.
—No es mi culpa, de verdad yo...
Y antes de que pueda reaccionar, un puño se estampa en una parte de su oreja hasta gran parte de su pómulo. Haciéndole caer más en cuenta con quién estaba tratando, a quién se estaba enfrentando sin quererlo.
Sus acompañantes no tardan en intervenir nuevamente, aunque duden de a quien tienen como amiga en esos instantes ellas buscarán una respuesta por sus cuenta luego, y de una manera obviamente más pacífica. Jihyo entonces jala a Momo hacía atrás, llevándola lo más lejos posible con tal de acabar el encuentro violento.
Momo parece gritarle algo a Sana durante ello, cosa que no escucha la misma por estar en un estado extraño tras el golpe que casi la deja viendo pajaritos. Su cabeza da vueltas. El sabor metálico en su boca se hace más presente también, quizás por el golpe se mordió algo por accidente.
—Hey, quédate conmigo —Jeongyeon es quien se encarga de hacer que Sana se apoye en si y tome largas respiraciones o cuente hasta diez para mantenerse despierta y no caer, limpia cualquier muestra de suciedad o sudor que caiga.
No es que haya sido un golpe totalmente profesional, pero para alguien que nunca recibió alguno así, sí se trató de algo peligroso y alarmante para sobrellevar.
Suspiró.
—Antes de que lo pienses —Jeongyeon le dijo con un tono severo, llamando la atención de una Sana más consciente —. Hoy ni te le vuelvas a acercar, si no es que se va. Y mucho menos mañana si es que viene. Es imposible tratar con alguien que está de esa manera —explicó con pesadez —. Más bien, nos debes una explicación a mi y a Jihyo... ¿En qué mierda te metiste ahora?
Sana se queda callada, observando a los ojos caramelo de su amiga alta. Luego de un rato tras la pregunta desvió su mirar a donde se encontraba Jihyo reteniendo a Momo, quien justamente estaba sentándose en el suelo claramente presentando síntomas de dolor intenso tras su desquite brusco con su persona.
Jihyo además estaba conversando con algunos docentes quienes finalmente se habían presentado en la escena. Quizás por el aviso de alguien que estuvo presente en el altercado y no era fan del chisme o las peleas.
Sana inhaló y exhaló con lentitud.
—No es mi culpa —repitió con dolor, siendo que cuando Jeongyeon quiso volver a hablar, probablemente para estar de acuerdo con ella con tal de calmarla. Sana prosiguió —. Les contaré todo a detalle, toda la verdad del porqué hay gente detrás de mí, todo de lo que duden o quieran preguntar se los diré de verdad... Con la condición de que por favor, no se vayan de mi lado, no rompan su amistad conmigo. Realmente soy buena, de verdad no es todo mi culpa —le dijo, miró nuevamente a esos ojos caramelo en los que encontró tristeza y pena, Sana presentó signos de incertidumbre, aunque sus ojos presentaran determinación —. Luego... Luego a-ayúdenme a por favor hablar con Momo. Ella debe saberlo también —tragó saliva —, no importa lo que hizo hoy, me lo merezco de su parte. Pero realmente necesito... q-que esté de mi lado.
—Pero... —Jeongyeon decidió callar unos momentos tras tratar de comentar al respecto, muy probablemente más por lo último que le soltó. Sin embargo, tras el pasar de los segundos decidió solo dejar escapar un suspiro cargado de cansancio, no habían ganas verdaderas para discutir si ella se lo pedía de tal manera.
Entonces Jeongyeon asintió en completo silencio luego. Es decir. ¿Qué más le quedaba? Quién sabe si es correcto o incorrecto, o si era inteligente de su parte proseguir de su lado.
No había algo que lo desmintiera o aprobara de todos modos.
Aún no.
Así que a Jeongyeon solo le tocó dar un salto de fé por su amiga.
—De acuerdo. Me aseguraré de escucharte, Sana.