Enemies To Lovers

Summary

Kim TaeHyung y Jeon JungKook son los mejores de su club deportivo, mientras que el pelinegro es el mejor jugador de básquet, el rubio se destaca en las competencias de Natación. ‎ ‎ Ambos son las estrellas. Capitanes de sus respectivos equipos. Pero tenían un defecto, no podían verse ni en pintura. Cada vez que se encontraban las chispas y las discusiones eran seguras. ‎ ‎¿Que pasaría cuando sus vice-capitanes se unen en su contra y los encierran en las duchas del club? ‎ ‎ La respuesta es simple para ambos; Algo muy sucio y estimulante. Advertencia ⚠️ Contenido Homosexual Escenas +18 Pareja: Taekook o KookV

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Capitulo Único

Jimin lo empujó con el codo, lanzándole su mirada más amenazadora. Lo cuál era estúpido, porque su mejor amigo era la cosita más tierna que había visto en sus dieciocho años de vida.

–Por lo que más quieras, Kim TaeHyung, no te voltees –siseó Jimin, casi sin mover los labios, como si la mera mención pudiera conjurar al demonio.

–¿Por qué? –preguntó TaeHyung, aunque ya tenía una ligera idea.

Solo existía una explicación por la cual su mejor amigo le lanzara aquella mirada cargada de advertencia, y esa explicación tenía nombre y apellido. Un nombre que, pensó TaeHyung con resignación, siempre venía acompañado de un dolor de cabeza.

–¡Pero miren lo que tenemos aquí! –La voz resonó a sus espaldas, profunda y burlona, confirmando sus peores sospechas.

TaeHyung sintió el impulso de rodar los ojos con dramatismo, como solía hacer cuando se enfrentaba a esa persona. Se giró en el asiento de la cafetería, encarando al culpable de sus actuales dolores de cabeza, que se acercaba con su grupito de deportistas de siempre.

Al frente, con esa descarada confianza que siempre le ponía de los nervios, estaba Jeon JungKook, el capitán del equipo de baloncesto. Alias: el idiota, como solía llamarlo secretamente TaeHyung.

–Ahora, ¿qué carajo quieres, Jeon? –reclamó TaeHyung, cruzándose de brazos, su voz cargada de una irritación que no se molestó en disimular –. ¿Acaso se te olvidó cómo atarte las suelas de tus tenis nuevamente?

La burla era evidente en su tono. Era una clara referencia a aquel glorioso día en que, durante una de las prácticas del equipo del pelinegro, JungKook había tropezado con sus propias trenzas y había caído de culo contra el suelo. TaeHyung, que había ido a la cancha a buscar a Jimin y presenció el suceso en vivo y en directo, no pudo evitar la carcajada.

Era muy gratificante ver a su enemigo hacer el ridículo.

JungKook se detuvo junto a su mesa, su sombra cubriendo parcialmente la de TaeHyung, con una sonrisa arrogante extendiéndose por su rostro.

–No te tires de listo conmigo, TaeHyung –dijo JungKook, su voz baja, casi un murmullo que solo ellos podían escuchar en medio del bullicio de la cafetería–. No tengo ningún problema con atarme mis propias trenas. Sin embargo, si quieres hacerlo tú, adelante –Alzó la barbilla con soberbia, y los ojos de TaeHyung no pudieron evitar posarse en la forma en que su cuello se tensaba –. Arrodíllate y hazlo. Seguro que lo haces mejor que en tu última competencia de natación.

Okey. Aquello había sido un golpe bajo.

Uno que TaeHyung no esperaba.

TaeHyung se puso de pie de inmediato, la silla raspando ruidosamente el suelo, y se enfrentó al chico. Sus narices casi rozándose de lo cerca que estaban. La distancia personal nunca fue un impedimento durante sus discusiones; de hecho, ambos siempre se acercaban como imanes, creando más tensión en las personas que llegaban a verlos, temiendo que en cualquier momento se lanzaran a los golpes.

–¿Cómo puedes saber eso? –alzó una ceja, sintiendo un escalofrío de sorpresa mezclada con enojo –Que yo sepa, no perteneces al club de natación.

–TaeHyung... –escuchó a Jimin a su lado, la voz teñida de preocupación, pero lo ignoró como siempre hacía cuando aquel molesto chico estaba en su presencia –. Paren ya con eso. Están llamando mucho la atención.

–Es cierto, JungKook –intervino también Yoongi, el vicecapitán del equipo de baloncesto, desde detrás del pelinegro –. Si esto llega a oídos del entrenador, nos suspenderán del próximo partido.

Sin embargo, a pesar de las advertencias de sus mejores amigos y vicecapitanes, ambos siguieron con la mirada fija en el otro. Ninguno de los dos daría un paso atrás, ya que eso significaba perder.

–Estuve allí –siguió hablando JungKook con diversión, una chispa traviesa bailando en sus ojos. Parecía disfrutar cada segundo de la incomodidad de TaeHyung.

–Argh. Ambos son unos idiotas –reclamó Jimin, soltando un largo suspiro, rindiéndose a la inevitabilidad de la situación.

TaeHyung frunció el ceño en confusión. Su última competencia había sido hacía tres días, en otra preparatoria, algo lejos de la localidad donde vivía el pelinegro. Era imposible que JungKook hubiera estado cerca, a menos que...

¡El muy imbécil hubiera recorrido todos esos kilómetros solo para verlo fracasar!

–Te recuerdo que gané esa competencia –TaeHyung cruzó los brazos, tratando de lucir despreocupado, pero en realidad, no había sido su mejor día. Apenas y había logrado ganar, y la victoria había sabido a poco. Sin embargo, había estado entrenando más duro que cualquier otro del equipo para corregir su error.

Después de todo, era el Capitán, tenía que dar el ejemplo.

Pensando en ello, dio un paso hacia atrás, alejándose de las provocaciones de JungKook. No le daría el gusto de seguir alimentando su circo personal.

–Mejor dime qué es lo que quieres y lárgate por donde viniste –dijo TaeHyung, mirando a los estudiantes que los observaban entretenidos desde sus mesas. Luego añadió, con su voz lo suficientemente alta para que todos escucharan: –Estoy comenzando a pensar que tienes una pequeña fijación por mí, ¿sabes? –Volvió su atención sobre el pelinegro, provocando ligeras risas a su alrededor –Eso no está bien, JungKookie. Debes respetar a tus Seonbae, después de todo, soy uno de tus mayores.

JungKook lo miró con profundidad, y de repente, su sonrisa se borró. La mirada intensa del pelinegro provocó pequeños escalofríos en TaeHyung.

No era bueno cuando el chico se quedaba callado de pronto; eso lo había descubierto por sí mismo en sus múltiples discusiones. Y es que desde que se conocieron, ambos habían desarrollado una especie de desagrado visceral el uno por el otro.

TaeHyung no tenía muy claro cómo había iniciado todo. Tal vez fue aquella vez que llegaba tarde y sin querer tropezó con el chico nuevo, quien resultó ser JungKook, derramando sus libros por todo el pasillo. O la vez que sin querer derramó una malteada de fresa sobre su camisa blanca. O aquella otra vez que discutieron acaloradamente por la última golosina de la máquina expendedora, con JungKook insistiendo en que él la había visto primero.

¿Quién llevaba la cuenta de eso?

La verdad es que ambos siempre tropezaban con el pie izquierdo y, sin querer, el otro estaba justo allí.

Simple y sencillo.

Al pasar el tiempo, ambos ya no podían ni verse en los pasillos. Sus miradas se cruzaban y salían chispas, y allí estaban de nuevo, en una nueva discusión sin ningún tipo de sentido común. TaeHyung lo admitía: los temas eran estúpidos. Pero él vivía de esos momentos, los disfrutaba. Los días que salía ganando en sus discusiones eran los mejores; podía dormir con una estúpida sonrisa en su cara de solo recordar que le había ganado al pelinegro.

Sin embargo, los días que veía esa sonrisa coqueta y desafiante en JungKook eran sus días malos.

Muy malos.

El silencio de JungKook se prolongó un momento, y luego, una sonrisa lenta y astuta reapareció en sus labios.

–Tienes razón, debo ser más educado con mis mayores –asintió JungKook, colocando sus manos en las caderas.

TaeHyung no pudo evitar mirar hacia allí como un imán, recorriendo de forma rápida la figura esbelta del menor. Los hombros anchos de JungKook se tensaron ligeramente, y TaeHyung sintió un nudo en el estómago –Hoy usaremos las duchas del club –dijo JungKook, su voz bajando a un tono casi seductor, pero con una clara intención de molestarlo – Solo quería notificarte, Hyung.

Taehyung casi se atragantó con su propia saliva al escuchar la forma en que lo llamó. La palabra, un título de respeto, sonó extrañamente íntima y burlona a la vez saliendo de sus labios.

–¿C-Cómo me llamaste? –tartamudeó TaeHyung, sus ojos grandes y sorprendidos fijos en el rostro del pelinegro.

La sangre le subió al rostro, caliente e incómoda.

JungKook inclinó la cabeza hacia un lado, buscando verse tierno, pero sus ojos grandes y llenos de diversión lo delataban por completo. No había un ápice de inocencia en esa mirada. Era pura picardía.

–¿A qué te refieres, Hyung? –dijo en respuesta, con una sonrisa ladeada, el brillo en sus ojos intensificándose –. Dijiste que fuera más educado.

Las mejillas de TaeHyung se sintieron ardiendo. Había caído en su propia trampa, y JungKook lo había atrapado con una facilidad exasperante. Había usado sus propias palabras en su contra, y la burla en sus ojos era un triunfo el cual lo irritaba.

–¡Eres un idiota, Jeon JungKook! –le gritó TaeHyung, dándose la vuelta y huyendo como un cobarde del sitio, la vergüenza y la irritación quemándole por dentro.

No podía soportar un segundo más bajo la mirada divertida del pelinegro y las risas ahogadas que escuchaba a su alrededor.

Mientras se alejaba a paso rápido, escuchó a lo lejos la risa resonante y divertida del pelinegro, una risa que, para su irritación, le provocó un cosquilleo extraño en el estómago.

La imagen de JungKook con esa sonrisa descarada y los ojos brillantes se le quedó grabada en la mente.

Lo odiaba.

Odiaba esa risa. Odiaba esa sonrisa. Pero una parte de él no podía negar que, a pesar de todo, esos encuentros con JungKook hacían sus días mucho menos monótonos. Y, por alguna razón que aún no lograba comprender, su corazón latía un poco más rápido cada vez que lo veía.

.

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–¡Juro que ambos son unos idiotas sin remedios! –gimió Jimin, dejando caer su cabeza sobre la mesa con un golpe sordo.

–Te apoyo –dijo Yoongi, tomando asiento frente a él. Él también había sido abandonado por su amigo; después de todo, JungKook solo había querido provocar al rubio y, como el foco de su atención ya no estaba, simplemente se había marchado, dejando a Yoongi a su suerte.

Jimin apartó la bandeja con su almuerzo a un lado y cruzó los brazos sobre la superficie de la mesa, con una expresión de exasperación.

–Debemos hacer algo. A este paso, esos dos terminarán matándose.

Yoongi soltó una carcajada divertida. Y es que, para él, eso último era imposible. Esos dos no se odiaban en realidad. Era una danza extraña, llena de chispas, pero que a sus ojos, distaba mucho del odio.

–Eres algo tierno, pequeño –dijo Yoongi, y el comentario provocó un instantáneo sonrojo en las mejillas de Jimin, quien intentó desviar la mirada, aunque sin éxito. Yoongi siempre notaba esas cosas –. Pero tranquilo, te ayudaré.

Jimin lo miró con una mezcla de sorpresa y esperanza –: ¿Q-Qué propones?

Yoongi se inclinó ligeramente, sin apartar la mirada del lindo chico frente a él, y con una sonrisa enigmática, se dispuso a explicar su plan.

Un plan que, esperaba, pondría fin a la guerra diaria entre Kim TaeHyung y Jeon JungKook.

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–Entonces el idiota homofóbico huyó cuando le dije que me besara el culo –escuchó la voz de Han al salir de las duchas con los demás chicos del equipo de natación. Las risas de sus compañeros resonando en el espacio húmedo –. Nunca más volvió a molestarme, temiendo quizás que de alguna forma lo obligara a hacerlo.

TaeHyung los escuchaba conversar, las voces lejanas y amortiguadas por el agua. Estaba inmerso en su propio mundo, concentrado en la tabla de tiempos que sostenía en la mano, un ceño de frustración surcando su frente. Había mejorado considerablemente, sí, pero seguía fallando en el giro de regreso, ese punto crucial que le restaba preciosos segundos.

Frustrado, golpeó el agua con la palma abierta, salpicando un poco en su propio rostro. Las gotas frías le sirvieron de recordatorio de su persistente imperfección.

–¿No irás a casa aún, TaeHyung? –La voz suave de Jimin lo sacó de su ensimismamiento. Su mejor amigo se acercó con una tabla de apoyo de natación bajo el brazo, su cabello aún húmedo por la ducha –. Llevas entrenando mucho tiempo ya.

TaeHyung suspiró, cansado.

–Aún no consigo resultados.

Suspirando también, Jimin se sentó en la banca cerca de la piscina, guardando sus cosas en la mochila con movimientos metódicos.

–Y no lo conseguirás si no te relajas un poco –aconsejó, cerrando su mochila con un chasquido –Estás frustrado y enojado, así solo perderás el tiempo. Ve a ducharte y vete a casa. Descansa este día.

–Sí, capitán –respondió TaeHyung divertido, una sonrisa ladeada asomando en sus labios. Muchas veces había dado ese mismo consejo a sus chicos del equipo, y ahora lo estaba recibiendo de su mejor amigo y compañero –. Solo dos últimas vueltas y me voy, lo prometo –Le guiñó un ojo, esperando convencerlo.

Jimin abrió la boca para decir algo más, pero la bulla repentina del equipo de baloncesto lo detuvo. El sonido de zapatillas chirriando contra el suelo y voces masculinas resonando en el pasillo de los vestuarios invadió el ambiente.

Genial, lo que me faltaba..pensó TaeHyung, su buen humor desvaneciéndose en el instante en que vio al pelinegro encabezando al grupo.

–Vayan sin armar mucho alboroto, muchachos, no queremos que los chicos acuáticos se molesten nuevamente con nosotros –exclamó JungKook, su voz fuerte y clara, vestido con su traje deportivo: una camiseta sin mangas que revelaba unos bíceps bien definidos y unos pantalones cortos que dejaban al descubierto sus muslos fuertes.

TaeHyung aprovechó que JungKook aún no lo había notado para observar los músculos que se marcaban bajo la tela de la camiseta del chico. Debía admitir que, a pesar de que el chico era un idiota total, estaba bien desarrollado en los lugares correctos.

El cuerpo de JungKook era esbelto y con rasgos muy masculinos; las chicas solían seguirlo como polillas al fuego cuando jugaba o lo veían pasar.

TaeHyung también solía quedarse algo hipnotizado cuando JungKook jugaba en la cancha; tenía algo con verlo todo jadeante y lleno de sudor. Lo cual nunca admitiría a nadie. Ni a Jimin. Era un secreto que se llevaría a la tumba.

Como si sintiera su mirada, JungKook volteó en su dirección y lo observó en silencio unos segundos, una ceja levantada, antes de abrir la puta boca y arruinar el momento.

–Hola, Sirenito –se burló, acercándose con esa sonrisa ladeada que tanto le irritaba.

TaeHyung se inclinó un poco fuera de la piscina, pero sin salir por completo, el agua escurriendo por su espalda desnuda y los hombros anchos.

–¿Qué haces aquí, Jeon?

JungKook se paró frente a él, imponente, mirándolo desde arriba con aquellos aires de grandeza que tenía desde que lo conoció. Sus ojos oscuros brillaban con diversión.

–¿Acaso sufres de pérdida de memoria? –Cruzó sus lindos y para nada calientes brazos sobre su pecho, marcando aún más sus bíceps – Te dije perfectamente que hoy utilizaríamos las duchas. Quizás, si no hubieras huido la última vez, lo recordarías.

TaeHyung soltó un gruñido y se dejó caer por completo en el agua, sumergiéndose por un instante antes de volver a la superficie, el cabello pegado a su frente.

–Lo escuché perfectamente. Solo lo olvidé por un segundo, idiota –dijo antes de lanzarse a su práctica, escuchando cómo Jimin saludaba al chico y se despedía de él con un grito, dejándolo solo con su enemigo.

TaeHyung siguió practicando durante una media hora más hasta que el cansancio lo venció. Olvidó por completo la presencia del pelinegro, quien, para su sorpresa, seguía allí cuando salió de la piscina, sentado en la banca, revisando su teléfono.

–¿Qué haces aún aquí? –preguntó TaeHyung, entrecerrando los ojos con sospecha de alguna nueva travesura del menor. La última vez, el chico se había colado mientras entrenaba y le había robado la ropa, dejándolo con solo una toalla.

TaeHyung miró su mochila, que estaba a los pies de JungKook, asegurándose de que seguía allí.

–Hoy me has preguntado mucho eso, ¿sabes? –JungKook rio, dejando el teléfono a un lado. Agarró una de las toallas sobre la banca y se la lanzó a TaeHyung con una precisión sorprendente –. Hieres mis sentimientos, Hyung.

TaeHyung apenas logró atrapar la toalla con su mano izquierda. Una vez que la tuvo, se quitó el gorro de natación y agitó su cabello rubio, esparciendo gotas por todas partes.

–Deja de llamarme así –reclamó, secándose la cara con la toalla, ocultando el leve sonrojo que amenazaba con formarse en sus mejillas.

JungKook se levantó de la banca y caminó hacia él, con el cabello húmedo y rebelde, y portando ahora un jogger negro y una sudadera del mismo color. Completamente vestido, a diferencia de TaeHyung, que solo llevaba su pantalón de natación que le quedaba como una segunda piel.

Vergonzoso...

TaeHyung trató de ignorar que JungKook le estaba mirando fijamente el pecho y añadió–: Me da escalofríos.

El pelinegro apartó la mirada y sonrió, creando pequeñas arrugas a los lados de sus ojos, y mostrando los dientes delanteros que a TaeHyung le recordaban a los de un pequeño conejo.

Lindo..., pensó TaeHyung, y al instante quiso golpearse contra una pared al darse cuenta del rumbo que tomaban sus pensamientos.

¡Contrólate, Kim TaeHyung!

–Eso es una mentira –dijo JungKook, acercándose otro poco más, hasta tenerlo lo suficientemente cerca como para que TaeHyung pudiera contar los lunares en su rostro, y fijara su completa atención en aquel bajo su labio inferior. La voz de JungKook era baja, casi un susurro que le erizó la piel –Te sonrojas cuando lo hago, Hyung...

–¡Eres insoportable! –se quejó TaeHyung, empujándolo del pecho para ir hacia las duchas, importándole poco que se viera como si estuviera huyendo de nuevo, lo cual, obviamente, estaba haciendo –. Vete, ya vi tu fea cara muchas veces el día de hoy.

–Oh, vamos, eso es otra mentira –lo siguió JungKook, riendo suavemente a sus espaldas –. Soy atractivo, y según las chicas, soy malditamente caliente.

TaeHyung puso los ojos en blanco al escucharlo.

–Qué sorpresa, estoy seguro que esas mismas chicas dijeron lo mismo de mí esta mañana –se burló, ingresando a la zona de los casilleros personales del equipo –No podemos creer en personas así, ¿sabes? Hoy somos nosotros, mañana será el conserje.

¡Discúlpelo, señor Park!, pensó TaeHyung, dejando las gafas y el gorro de natación adentro. Luego agarró su jabón personal y se giró a mirar a JungKook, quien se había detenido en la entrada.

–¿Piensas quedarte aquí todo el tiempo o qué?

JungKook arrastró su mirada sobre el cuerpo de TaeHyung de forma tan malditamente lenta que TaeHyung quiso cubrirse la zona de su pene, que apenas estaba cubierta por la tela mojada del bañador. Pero no lo hizo.

Que vea todo lo que quiera.., se dijo a sí mismo. TaeHyung era abiertamente bisexual y, según tenía entendido, JungKook era hetero, así que no había nada de malo. Aunque su radar estuviera sonando fuertemente cada vez que se miraban de aquella forma.

–Quizás lo haga... –susurró JungKook con voz grave, para la absoluta sorpresa de TaeHyung.

–¿E-Espera, qué? –tartamudeó, incrédulo, pero el ruido metálico de la puerta cerrarse los hizo sobresaltar a ambos. Un "clic" resonó en el silencio.

–¡¿Qué carajo?! –bramó JungKook, acercándose a su único método de salida y girando la perilla con fuerza– Está trabada.

TaeHyung empujó al chico a un lado y lo intentó también, consiguiendo el mismo resultado que JungKook.

–Esto debe ser una maldita broma –se quejó, golpeando la puerta con una de sus manos y gritando con frustración– ¿Hay alguien allí? ¡Abran la puerta!

–¿Cómo sabes que la cerró alguien? Quizás solo fue un accidente –dijo JungKook a su lado, con un tono más calmado, aunque su ceño también estaba fruncido.

TaeHyung volvió a golpear la puerta con más fuerza, la palma de su mano doliéndole.

–Cállate, he abierto y cerrado esta puerta por los últimos tres años –dijo, irritado al no tener respuesta del otro lado – Conozco todas sus mañas y defectos, así que sé perfectamente que alguien nos jugó una pésima broma –Golpeó la puerta una vez más, y gritó en advertencia, su voz resonando por el vestuario vacío–: ¡Escucharon, cabrones! ¡Cuando salga de aquí les daré su merecido!

Un silencio tenso se instaló entre ellos, solo roto por el goteo de agua de las duchas y sus propias respiraciones.

TaeHyung se giró para mirar a JungKook, quien tenía una expresión indescifrable en el rostro.

La situación era ridícula, y por primera vez, no estaban discutiendo, sino atrapados juntos.

.

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–¿Estás seguro de esto? –preguntó Jimin, su voz teñida de una preocupación palpable al escuchar el grito ahogado de su amigo resonar desde el vestuario.

El sonido era inconfundiblemente el de TaeHyung, cargado de frustración y un toque de pánico.

Yoongi agitó las llaves en sus manos, el tintineo metálico sonando divertido en el aire. Una sonrisa pícara se dibujó en sus labios.

–Ambos necesitan un buen tiempo a solas –dijo, girándose hacia el rubio. Sus ojos felinos brillaban con travesura –Creeme cuando te digo que esos dos saldrán de allí siendo los mejores amigos... bueno, quizás no tan amigos –rio, un sonido bajo y ronco que hizo eco en el pasillo vacío.

Jimin miró al vicecapitán del equipo de baloncesto con una mezcla de preocupación y una pizca de asombro. Se le notaba que estaba disfrutando de todo aquello, una emoción que contrastaba fuertemente con la culpa que sentía él por traicionar a TaeHyung.

–Espero que tengas razón... –murmuró Jimin, todavía con una punzada de remordimiento en el pecho.

De repente, una mano cálida se posó sobre su cabeza, dándole leves y suaves caricias que hicieron que sus mejillas se sintieran calientes al instante. Jimin levantó la vista, sorprendido por el gesto inesperado de Yoongi.

–Anda, vamos, vayamos por un helado mientras estos dos hacen las paces –le dijo Yoongi, su voz ahora más suave.

Sin soltar su cabello, lo guio suavemente hacia la salida del área del equipo de natación, lejos, muy lejos de donde TaeHyung y JungKook estaban encerrados, debatiéndose en su propia versión del infierno.

El plan estaba en marcha, y solo el tiempo diría si daría frutos o si, por el contrario, desataría una guerra aún mayor.

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El ambiente en el vestuario se volvió denso, casi palpable, después de que la puerta se cerrara con un eco sordo, dejándolos a oscuras, solo con la luz tenue que se colaba por una pequeña rendija. El persistente olor a cloro se mezclaba ahora con la humedad y la tensión.

Ambos chicos se miraron por los próximos diez minutos en silencio, sentados muy lejos el uno del otro.

TaeHyung quiso maldecir por olvidarse de su mochila afuera. En su casillero solo tenía un mono negro algo viejo, cero camisas, nada con qué cubrirse si decidía ducharse. Aunque tampoco es que tuviera muchas ganas de mostrarle su trasero a JungKook mientras lo hacía.

–¿No ibas a ducharte? –preguntó el susodicho, alzando una ceja, la voz de JungKook rompiendo el tenso silencio.

–No lo haré contigo aquí, imbécil –reclamó TaeHyung, el sonrojo subiéndole hasta las orejas.

JungKook jugó con su labio inferior, un gesto que TaeHyung había visto antes cuando llevaba el piercing, pero que por razones reglamentarias del club de baloncesto se había abstenido de llevar muy seguido. Aunque tampoco es que TaeHyung estuviera muy al pendiente de la vida del menor. Solo lo había escuchado por los pasillos.

–¿Por qué? –insistió JungKook.

–¿Por qué, qué? –TaeHyung frunció el ceño, confundido por la pregunta.

JungKook empujó el interior de su mejilla izquierda con la lengua mientras rodaba los ojos, en un gesto de impaciencia y abrió las piernas sobre la banca, una pose que hizo que TaeHyung desviara la mirada nuevamente en esa dirección.

–Me refiero a el por qué eso es un impedimento –explicó JungKook, haciendo que TaeHyung apartara la mirada y tragara saliva, su boca de repente se sentía muy húmeda. TaeHyung trató lo más posible de no ver la forma del paquete de JungKook mientras el chico seguía con su explicación–: Después de todo, es algo que siempre haces con los miembros de tu club. Aquí no hay privacidad, TaeHyung.

–Tienes razón, sin embargo, ya estoy acostumbrado a ellos, no a ti –se defendió con lo primero que se le pasó por la mente. En realidad, no tenía problema con estar desnudo frente a alguien, ya sea un conocido o no. Pero frente a JungKook, en ese momento, sentía una punzada de vergüenza y una extraña incomodidad. El aire parecía vibrar entre ellos.

–Eres un maldito nadador, TaeHyung –dijo JungKook incrédulo, su voz con un tono de burla–. Andas con esos malditos pantalones ceñidos al cuerpo todo el tiempo y frente a muchas personas que ni conoces. ¿Ahora te pones pudoroso?

TaeHyung se sintió atrapado, acorralado por la lógica irrefutable de JungKook.

–Bien, lo que sea –gritó, levantándose de golpe, la silla raspando el suelo –.Yo decido a quién mostrarle mi cuerpo, cuándo y dónde sea –Lo señaló con el dedo, su voz llena de desafío –. Y te tengo noticias, amigo, no quiero mostrártelo a ti. ¡Ni en un millón de años!

La sonrisa que se formó en los labios de JungKook fue instantánea, como si hubiera predicho que explotaría de aquella forma.

–¿Acaso te sientes tímido, TaeHyung? –preguntó JungKook, sus ojos brillando con diversión.

TaeHyung jadeó y se cruzó de brazos, buscando la forma de protegerse de aquellos ojos penetrantes que parecían leer su alma.

–¡De ti? ¡Ja! –soltó una carcajada, aparentando diversión –. Ni en tus sueños, Jeon. Soy bi, pero tengo mejores gustos. No eres para nada mi tipo.

Oh, qué gran mentira estaba diciendo en ese momento.

JungKook siempre fue su tipo. Alto, pelinegro, atlético, competitivo, inteligente y muy, muy caliente.

TaeHyung lo había negado por muchos meses, pero a estas alturas estaba claro que deseaba a ese chico con tanta fuerza como la facilidad en que lograba sacarlo de sus casillas.

¿Por qué tenía que ser tan idiota pero a la vez tan sexy ante sus ojos?

TaeHyung no lo sabía. Y por eso quería golpearse cuando su mente se volvía débil por los encantos del chico. Cómo ahora.

–Entonces, ¿Por qué siempre andas viéndome la entrepierna? –preguntó JungKook para su absoluta sorpresa, la pregunta lo tomó desprevenido –. Te he visto, TaeHyung. Piensas que eres sutil, pero te equivocas, he notado la forma en que me miras y sin duda así no miras a alguien que no es tu tipo, o al menos yo no lo haría.

TaeHyung tragó saliva sin saber qué decir. Había sido completamente descubierto y, peor aún, por el mismísimo JungKook. ¿Dónde podía encontrar un hoyo en el suelo? Serían muy útiles en ese momento. Quería desaparecer, o fundirse con las baldosas.

Sintiéndose atrapado y sin salida, TaeHyung pensó en la única arma que tenía a la mano o que recordaba.

–Está bien, te considero atractivo –se encogió de hombros, restándole importancia a sus palabras, como si fuera una concesión sin peso –, Sería bueno tener sexo o darte una mamada de vez en cuando, algo sin importancia. Después de todo, soy joven y me gusta explorar mi sexualidad, sin embargo, solo sería eso, un simple polvo.

Terminó de decir, llevando sus ojos hacia los de JungKook, quien lo observaba en silencio, buscando cualquier signo de mentira en su rostro. Así que TaeHyung trató de verse lo más creíble posible, su expresión de una frialdad calculada.

–¿En serio? –JungKook arqueó una ceja.

TaeHyung asintió, su mirada fija en la del pelinegro.

–Entonces, pruébalo.

–¿Qué? –TaeHyung sintió un escalofrío.

JungKook puso las manos a cada lado de su cuerpo y abrió un poco más las piernas, creando un espacio bastante amplio como para que alguien...

Oh, puta mierda... La implicación fue clara, y el corazón de TaeHyung comenzó a latir con fuerza.

–¿Quieres que te dé una maldita mamada? –exclamó con fuerza TaeHyung al entender la posición del osado chico. El sonrojo volvió con más intensidad.

–¿No dijiste que deseabas hacerlo? –le recordó JungKook con diversión, pinchando cada uno de los nervios de TaeHyung –. O es que temes que te guste y quieras más?

–¡Pensé que eras heterosexual! –lo acusó, sonrojado hasta las orejas, sintiendo el calor recorrerle todo el cuerpo –. Esto no es para nada hetero.

¡Esto es una provocación!

JungKook se encogió de hombros y respondió–: Solo quiero disfrutar abiertamente mi sexualidad. Quién sabe, quizás y me guste. ¿No te atreves?

–Eres un idiota... –rodó los ojos TaeHyung ante la desfachatez del chico. La indignación y la excitación se mezclaban en un torbellino de emociones en su interior.

–Entonces, ¿Lo harás? –La provocación en su voz era palpable, lo cual hacía que TaeHyung quisiera darle una lección al chico "hetero".

Han había dicho antes que el tipo que lo molestaba se había echado a correr cuando la situación se tornó diferente. Quizás y si JungKook lo veía a punto de hacerlo de verdad, se retractaría. Y si no... bueno, TaeHyung disfrutaría del momento, después de todo, no había mentido cuando dijo que quería chupársela.

Su deseo oculto, ahora a punto de hacerse realidad.

Sus ojos se enfocaron en el leve bulto en los pantalones de JungKook, que parecía latir con vida propia y avanzó rápidamente hacia él, llamando la atención del chico.

–¿L-Lo harás? –JungKook preguntó, su voz ahora un susurro teñido de asombro y anticipación.

–Solo cállate de una vez –le dijo TaeHyung, cayendo sobre sus rodillas, muy, muy cerca de su objetivo, el corazón martillándole en el pecho.

Las manos de TaeHyung picaron por apartar la molesta tela y comprobar por fin si era tan grande como se lo había imaginado.

–J-Joder –lo escuchó quejarse cuando puso su mano sobre la polla semidura dentro de aquellos pantalones –. En verdad vas a hacerlo.

TaeHyung le lanzó una mirada en advertencia–: Deja de hablar por una maldita vez, arruinas el momento.

–Ah, pues lo siento, te dejo seguir con tu trabajo, que nada interrumpa el contacto de mi pene con tu boca, cariño –dijo JungKook como el listillo e idiota que es en todo momento, una sonrisa descarada volviendo a sus labios.

–Eres tan idiota –susurró TaeHyung, apretando ligeramente el pedazo de carne entre su mano, provocando un gemido ahogado en JungKook.

TaeHyung tanteó el área suavemente, sintiendo el calor y grosor que poco a poco iba tomando firmeza entre sus dedos. Sintiendo su propio pene latiendo dentro de su bañador en respuesta, excitado y completamente a favor de lo que haría a continuación.

Sus manos temblaron un poco cuando empujó el pantalón del chico hacia abajo, llevándose los oscuros bóxers en su camino también. JungKook jadeó suavemente en silencio, sin interrumpir, lo cual TaeHyung agradecía, sino no tendría la confianza para hacer todo aquello.

El silencio era su cómplice.

TaeHyung devoró la polla dura de JungKook con sus ojos. Larga, gruesa y de un lindo color rosa oscuro, con venas gruesas adornadas alrededor del tronco. Era tan malditamente caliente y atractiva que ya se sentía duro de solo imaginarse chupando esa cosa. Un deseo crudo lo inundó.

–N-No la veas tan fijamente... –JungKook se quejó con voz ronca.

TaeHyung ignoró el quejido de JungKook y la agarró con una mano, sintiendo el peso y calor con su piel.

¡Joder, qué caliente estaba!

Su mano dio leves movimientos de arriba a abajo, tanteando el terreno suavemente, sin apresurarse demasiado.

JungKook gimió y apretó el agarre sobre el asiento, sin tocar en ningún momento a TaeHyung, dejándolo que lo masturbara a su gusto. Cuando por la cabeza del pene una gota de semen corrió, TaeHyung sin pensarlo se estiró a por ella. Su lengua arrastrándose por la superficie hasta llegar a la cabeza y chupar por más.

JungKook soltó una maldición y lanzó la cabeza hacia atrás en señal de excitación, un gemido gutural escapando de su garganta. El sabor de aquel trozo de carne le encantó a TaeHyung, quien comenzó a moverse sobre ella, de arriba a abajo, adentrando lo más que pudo el grosor del pene de JungKook dentro de su boca. Rodó su lengua sobre la cabeza y con la mano izquierda acarició las pelotas pesadas del tronco, dando cariño y la suficiente atención en todas partes.

–Ta-TaeHyung –jadeó JungKook, completamente perdido en las sensaciones.

TaeHyung gimió con la polla en su boca, llevándola hasta el inicio de su garganta, provocando que el pelinegro temblara y gimiera su nombre en respuesta. La habitación se sentía a cada momento más caliente y sofocante, el deseo contenido explotando sin reservas sobre ellos, un calor que los envolvía por completo.

¿Por qué no había hecho esto antes? .. pensó TaeHyung, amando la forma en que la polla de JungKook se sentía en su boca.

TaeHyung deslizó la boca hacia arriba, dándole un beso cuando llegó a la cabeza del pene y la soltó con un ruido húmedo y pegajoso. Sus ojos se alzaron hacia el rostro sonrojado y jadeante de JungKook, el cual lo observaba con un deseo crudo y palpable, los ojos oscuros brillando.

–Puedes tocarme –susurró con la voz más grave de lo normal, apenas un hilo de sonido – El cabello. Puedes tocarme mientras lo hago –explicó cuando no vio respuesta por parte de JungKook, una pequeña sonrisa asomando en sus labios húmedos –. Eso me excita.

Los ojos del pelinegro brillaron con peligro al escucharlo y, acto seguido, TaeHyung fue sujetado por la nuca y empujado sobre aquella polla goteando y sabrosa.

–Tómala –ordenó JungKook con la voz más sexy que pudo escuchar TaeHyung, un tono dominante que lo encendió – Chupa.

Y así lo hizo.

TaeHyung gimió y disfrutó chupar esa polla grande y gruesa, abriendo la boca hasta su límite mientras JungKook movía su cabeza a su antojo, marcando el ritmo de las embestidas, profundas y placenteras.

–Lo haces muy bien –gimió JungKook, completamente entregado por el deseo, sus dedos apretando los cabellos de TaeHyung.

Al igual que TaeHyung, que se sentía correr en sus propios pantalones de solo chupar la polla de JungKook, su jurado enemigo. El chico que lo desesperaba en cada momento, pero al que ahora dejaba usar su boca para su disfrute, sin reservas.

TaeHyung hizo un sonido estrangulado cuando la polla de JungKook llegó a lo más profundo de su garganta, ahogado por aquella polla, sin embargo, los dedos de JungKook acariciaron su cabello, y siguió empujando hacia dentro sin remordimiento. Y lo disfrutó, a pesar de la ligera molestia en su garganta.

–J-Joder, bebé, me aprietas tan rico...

Oh, maldita sea... pensó TaeHyung, excitado por el apodo, chupando más fuerte la cabeza cuando lo sintió latir en su boca.

JungKook tembló a su alrededor y se dejó ir finalmente, mientras TaeHyung tragaba todo el semen en su boca, un sabor salado y masculino. Su propio orgasmo lo recorrió, haciéndolo gemir en el proceso.

Jadeos y el sonido húmedo cuando liberó el pene de JungKook fue lo único que se escuchó por los siguientes cinco minutos, mientras ambos recuperaban el aliento.

TaeHyung apoyó sus mejillas calientes en uno de los muslos de JungKook, tratando de llevar oxígeno a sus pulmones, que ardían. Estaba agotado, pero satisfecho.

Había sido la mejor mamada de su vida, sin duda lo haría de nuevo. Pensó mientras sentía los dedos de JungKook corriendo suavemente sobre su frente con suaves caricias. Un gesto inesperado pero tierno.

–E-Entonces, ¿Q-Qué somos? –preguntó suavemente JungKook, buscando su atención, la voz aún un poco ronca por el placer.

–¿Umm? –TaeHyung sentía aún su cabeza en las nubes, una neblina de placer lo envolvía. No había escuchado por completo al pelinegro, quien, al verse ignorado, tomó sus mejillas y lo hizo verlo a los ojos, con una urgencia palpable.

–¿Qué somos, TaeHyung? –preguntó con una repentina seriedad en el ambiente, provocando que TaeHyung prestara más atención al entorno. La ligereza había desaparecido, reemplazada por una vulnerabilidad inesperada–. ¿Qué significa esta mamada para ti? ¿Seré un simple polvo o... seremos de una maldita vez novios?

TaeHyung observó las expresiones nerviosas del menor por primera vez, sintiéndose inmensamente esperanzado. El corazón le dio un vuelco –. Eso es lo que quieres? ¿Ser mi... novio?

JungKook se sonrojó y asintió–: ¡Sabes perfectamente que me gustas desde hace mucho tiempo, TaeHyung!

TaeHyung sonrió brillantemente con el corazón acelerado en su pecho, una alegría incontenible rebodando en su pecho –: Entonces, obviamente somos novios, idiota. No le hago mamadas a cualquiera.

JungKook sonrió con alegría y lo empujó sobre su regazo, abrazando la cintura de TaeHyung con fuerza.

–Oh, no sabes cuánto me alegra escuchar eso –maldijo entre risas, en un sonido eufórico –. Pensé que dirías lo contrario y volveríamos a lo mismo de siempre, a las peleas sin sentido.

TaeHyung rodeó el cuello del chico, apretándose contra su cuerpo firme y cálido, sintiendo el latido de su corazón contra el suyo.

–Sabíamos que terminaríamos así tarde o temprano –confesó, haciendo reír al menor, un sonido dulce a sus oídos.

–Lo sé, bebé –susurró JungKook, depositando un ligero beso sobre su cuello, una caricia tierna que le erizó la piel –. Pero es que eres tan testarudo la mayor parte del tiempo.

TaeHyung pinchó sus costillas en represalia, una pequeña venganza juguetona.

–Y tú un idiota –Se alejó un poco para mirarlo a los ojos, la diversión aún en su mirada–. Pero por alguna extraña razón, así me gustas –Confesó, inclinándose sobre aquellos labios rosas y carnosos que había deseado por mucho tiempo probar.

Y besó a Jeon JungKook, alias, el idiota.

El capitán del equipo de baloncesto y su ahora actual y por siempre idiota novio.

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¿Fin?