Ilusiones Infantiles
Acostado sobre su escoba mientras está subía varios metros sobre el suelo. Nathan estaba perdido en un mar de pensamientos sabiendo que en solo 4 días debería iniciar su vida escolar en el Colegio Hogwarts de Magia e Hechicería. Hasta que estrepitosamente sintió como algo había chocado contra su escoba. Al levantar la mirada vio a una lechuza de plumas naranjas otoñales el cual tenía una carta en su pico y sin más se la dio a Nathan antes de posteriormente irse volando hacia el horizonte. Nathan observo el sobre por un momento antes de abrirlo y notar una firma familiar en la carta la cual lo hizo sonreír.
«Lo siento si Ohgi te volvió a picotear o a empujar, Nathan. Ya sabes cómo es, siempre ha sido así desde que era un polluelo. Cómo sea, solo te escribo para preguntarte cómo te sientes al saber que en unos días estaremos en Hogwarts, de mi parte, me angustia un poco el tener que dejar a Emilie en casa por más de 6 meses, aunque se que Varesa la cuidara en mi ausencia. En fin, espero encontrarte en el Callejón Diagon mañana para comprar nuestros útiles, y ¿Por qué no? Comprar una última caja de ranas de chocolate.» Atte: -Lancelot-
Nathan sonrió al leer la carta de Lancelot y ya se imagino al día siguiente abriendo las ranas de chocolate. En ese momento Nathan sintió más ligero su cuerpo antes de percatarse de que estaba flotando hacia abajo, su cuerpo dando vueltas sobre su propio eje junto a su escoba que igual flotaba junto a él. Al llegar al suelo y caer acostado, de repente una sombra cubrió su cuerpo de la luz del sol y una voz bonachona pero severa le hablo.
-¡Nathan! ¿No te he dicho que no fueras a más de 25 metros del suelo? ¡Casi llegas a los 80 metros!- Nathan se río mientras se paraba del pastizal sacudiendo su ropa -¡Oh vamos papá no fue para tanto!- Nathan ni siquiera alcanzo a decir otra palabra antes de sentir la punta de la varita de su padre presionar contra su frente mientras él lo miraba con un semblante serio -Nathan, estás a punto de entrar a Hogwarts, y a diferencia de mi o mamá, ellos no serán tan tolerantes como nosotros, diviértete y sigue siendo un niño, pero por favor compórtate y guarda la compostura ¿Entendido hijo?- Nathan asintió bajando la mirada mientras sus mejillas se tornaron en un rubor de vergüenza -Si, papá...-
El padre de Nathan dejo escapar un suspiro y posteriormente tomo la mano de su hijo para guiarlo hacia su hogar -Mamá preparo empanadas de Cornualles, sabemos que te subirá el ánimo.- El estómago de Nathan gruño al oír la comida que su madre le había preparado, y arrastrando los pies por el suelo siguió a su padre.
El sonido de las cortinas corriéndose a los lados por la ventana fue el primer sonido que Nathan oyó a la mañana siguiente. Seguido de la voz chillona de su madre -¡Nathan es momento de levantarse!- Sus ojos se abrieron abruptamente y se incorporo para ver a los lados como si estuviera alerta de un peligro, hasta que su mirada se poso en el reloj al lado de su armario el cual marcaba las 6:30 AM -Pero mamá, aun es demasiado temprano...- La madre de Nathan camino por su habitación, recogiendo la ropa arrugada y desparramada para meterla en el sesto de ropa sucia -¡Nada de quejas hombrecito! Empiezas el colegio en 3 días y aún no hemos comprado tus útiles. ¡Y por la barba de Merlin! Mira todo este desastre ¡Si sigues así mejor me voy contigo!-
Ya alistado y después de un sermón matutino. Nathan se paró enfrente de la chimenea de la sala, agarro un frasco con la etiqueta “Flu”. Sintiendo un par de manos en sus hombros, Nathan volteo para ver a sus padres -¿Listo cariño?- Dijeron ambos al unísono. Nathan volvió su mirada hacia el frasco y tomo un puño del polvo verde menta. Los tres entraron a la chimenea -¡Al Callejón Diagon!- Dijo Nathan mientras dejaba caer el polvo al suelo y un fuego verdoso lo envolvía junto a sus padres. Durante el viaje, los tres trataron de mantenerse lo más pegados posibles con cuidado de no chocar contra algo, el olor a cenizas y vistas fugaces de color verde de otras chimeneas llenaron sus sentidos antes de que sus vistas se aclararan y pudieran distinguir su entorno y pudieran oír el sonido ajetreado de un gran número de personas. Habían llegado al Banco de Gringotts. Nathan siguió a sus padres desde atrás, sus ojos curiosos posándose sobre la gente que pasaba a su lado y obviamente hacia los duendes que atendían a las personas desde sus altos escritorios, Nathan dejo escapar un risita al pensar que eran así de grandes para compensar sus cortas estaturas.
Pero su sonrisa se desvaneció cuando llegaron a uno de esos altos escritorios y el duende que los atendió le dirigió la mirada con una expresión de desagrado en su feo y arrugado rostro. El padre de Nathan se paro al frente del escritorio y saco de su abrigo la llave de la bóveda familiar -Quiero sacar unos galeones de nuestra bóveda, la de los Prewett- El duende se colocó sus anteojos sacando de un cajón una lista con varios apellidos hasta encontrar entre el enlistado de P el apellido Prewett. Saltando de su alto asiento, el duende le hizo una seña al padre de Nathan para que lo siguiera, él se volteo para ver a su esposa la cual tenía una mano en su cintura -Recuerda Cane, solo toma lo necesario para los útiles de Nathan, nada de comprar lo que veamos en las tiendas, ¿Entendido?- El padre de Nathan puso los ojos en blanco y asintió a regañadientes -Si lo se cariño-
Nathan se quedó junto a su madre en unos asientos junto a la entrada de Gringotts. Ella entonces señaló a su hijo a una pareja que igual estaban ahí para sacar dinero, aunque estos parecían más nerviosos ante la presencia de los duendes mientras trataban de cambiar libras esterlinas por galeones y sickles -¿Ves a esas personas? Son Muggles, cariño, y te vas a encontrar con muchos de ellos en Hogwarts, recuerda, al igual que magos y brujas hay Muggles buenos y malos, abuelita Maggy fue una buena ¿Recuerdas?- Nathan asintió ante las palabras de su madre y volvió a ver a la pareja de Muggles y observo como una niña de cabello castaño enmarañado se acercaba a ellos emocionada -¡Mamá, Papá! ¿Puedo llevar a Crookshanks a Hogwarts?- Entonces Nathan noto que la niña tenía entre sus brazos a un gato de pelaje naranja. Mientras la niña trataba de convencer a sus padres de llevarse al gato, la madre de Nathan tomo la mano de su hijo -Papá regreso, vámonos cariño tenemos que comprar todo lo de la lista-
Ya afuera de Gringotts, los tres se dirigieron primero hacia lo que parecía una boutique con las palabras “Madame Malkin, túnicas para todas las ocasiones” talladas en un gran letrero de madera en la entrada. Los primeros en entrar fueron los padres de Nathan y este entro después de ellos aunque con el inconveniente de que había chocado brazos contra el de un niño que salía de la tienda -L-Lo siento- Dijo el niño con ojos verdes que se reflejaban contra el cristal de sus gafas -No te disculpes, fue un accidente- Dijo Nathan y el niño asintió para después marcharse con su pelo negro azabache revoloteando por el viento mientras sostenía una bolsa de compras en la mano.
Nathan permaneció inmóvil como uno de los maniquíes que se exhibían en las vitrinas de la tienda, mientras una bruja regordeta le tomaba las medidas con una cinta de métrica que se enroscaba por si sola en la cintura y hombros de Nathan -Junta más las piernas querido- Dijo la bruja mientras anotaba las medidas en una hoja de pergamino. Ya con el uniforme encargado a la bruja Malkin solo quedaban los libros, materiales como el caldero, frascos etc y como no, la herramienta principal de cualquier mago. Está vez Nathan fue el primero en entrar a un lugar del callejón, estaba tan emocionado de por fin tener su propia varita que ni siquiera se dió cuenta que al empujar la puerta de Ollivanders había vuelto a empujar a alguien, pero está vez vio a un rostro familiar cuando se dispuso a disculparse por su imprudencia. Sobándose el hombro, un chico de cabello castaño oscuro lacio abrió con sorpresa sus nítidos ojos violetas -¡Nathan!- Dijo el chico con una sonrisa en su rostro -¡Lancelot!- contesto Nathan seguido de un choque de palmas el cual resonó en el interior de Ollivanders.
-Que jovencitos tan entusiastas- Dijo el señor Ollivander riendo -¡Ah señor Ollivander!- Dijo el señor Prewett al entrar junto a su esposa al local -Oh señor y señora Prewett, es un gusto verlos nuevamente, dígame Cane, ¿Su varita no se ha vuelto a despostillar de la punta?-
-Oh para nada señor Ollivander, ya sabe cómo es el oficio de un Auror- En eso la señora Prewett le dio un codazo ligero al hombro de su esposo mientras aclaraba la garganta para llamar la atención -Señor Ollivander, estamos aquí para que nuestro Nathan elija varita- Tanto Ollivander como los señores Prewett voltearon a ver a Nathan el cual estaba viendo junto a Lancelot las cientas de cajas de varitas en los estantes abarrotados de estas, leyendo de que animal fantástico estaba hecho el núcleo de cada una -¡Pluma de Fénix!- Dijo Nathan -Pelo de unicornio...- Dijo Lancelot -¡Fibra de corazón de Dragón!- Dijeron los dos al mismo tiempo.
-Oh Lancelot, no esperábamos encontrarte aquí querido- Dijo la señora Prewett con calidez en su voz. Lancelot se acercó para estrechar su mano con ella y con la del señor Prewett -De hecho, le había enviado a Nathan una carta que nos veríamos aquí en el Callejón Diagon, y me parece justo que nos hayamos encontrado aquí- Nathan interrumpió la conversación envolviendo su brazo alrededor de Lancelot y guiándolo hacia el mostrador -Si, si como sea, ¡Basta de ser tan formal, Lancel, No hubo mejor lugar para coincidir!- Contagiado del entusiasmo de Nathan, el señor Ollivander fue a las estanterías para después volver con un par de cajas largas y delgadas, colocándolas en el mostrador frente a Lancelot y Nathan y dándoles una reverencia -Sus varitas, jóvenes magos- Nathan fue el primero en abrir su caja, alzando entre sus manos una afilada varita de madera negra -Oh, Madera de Ébano, núcleo de Fibra de Corazón de Dragón, 24 centímetros- Una gran sonrisa apareció en el rostro de Nathan seguido de un movimiento de su muñeca con la varita, esperando hacer flotar a su padre, las expectativas de Nathan desaparecieron cuando vio como un montículo de libros se encendía en llamas hasta volverse cenizas. Ollivander rápidamente le arrebato la varita a Nathan y la guardo en la caja -Mmm, creo que no fue la mejor elección- Nathan bajo la mirada hacia el suelo avergonzado de haber hecho ese desastre -Lo siento, señor Ollivander- En cambio Ollivander le dedicó una sonrisa y río -Oh no te preocupes, no eres el primero ni el último que hará un incidente como ese aquí- Entonces volteando a ver a Lancelot, observo como el chico sostenía una varita de madera de tonos negros y cafés avellanos -Interesante... Madera de Ciprés, núcleo de fibra de corazón de Dragon, 29.2 centímetros-
Lancelot observo detenidamente la varita que tenía entre sus manos, sintiendo de repente un viento sobre él y una afinidad con la varita como un vampiro hacia la sangre. Ollivander observo impresionado a Lancelot y una gran sonrisa se formó en su rostro -Esa es tu varita, muchacho, ni siquiera tienes que intentar algún hechizo, si sentiste al instante esa afinidad con la varita- Lancelot mostró un semblante de sorpresa poco usual en él, alzando la varita hacia un vaso en el mostrador, este se llenó de agua casi al instante -¡Impresionante!- Dijo Nathan al observar la facilidad que mostraba Lancelot al realizar su primer hechizo con la varita. Lancelot volteo a ver a Nathan y a sus padres dejando escapar una risa de suficiencia -Si, simplemente impresionante... Pero aún falta tu varita, Nathan, no creo que sobrevivas ni el primer día en Hogwarts sin una.- Dijo él con una risa burlona viendo a Nathan a los ojos.
Tras 3 desastrosos intentos en el que Nathan transformó el sombrero de su madre en un jarrón, haber apagado todas las velas del local y casi haberle quitado el poco cabello que le sobraba a su padre, finalmente Ollivander saco una última caja con una mirada decisiva -Si está no funciona podría empezar a considerarte casi como un Squib- Nathan ya un poco resignado y frustrado, tomo la varita de la caja y como Lancelot, sintió un viento contra su rostro y un hormigueo por su cuerpo que no había experimentado con las varitas anteriores -¡Gracias Merlin!- Dijo el señor Prewett al ver que una varita finalmente había elegido a su hijo. -Oh si, veamos... Oh ya veo, Madera de Cedro, Núcleo de Pelo de Cola de Unicornio, 27.7 centímetros- Nathan sin perder ni un segundo, agito su varita y entonces pudo hacer levitar por unos segundos el vaso que Lancelot había llenado de agua -¡Al fin!- Grito Nathan con tono triunfante. Lancelot le dedicó una sonrisa a su amigo seguido de un aplauso -Felicidades Nath, ahora eres más que un Squib- Los padres de Nathan igualmente le dedicaron una sonrisa de orgullo a su hijo, el señor Prewett entonces se acercó al mostrador -Muchas gracias Señor Ollivander, me enorgullece que mi hijo posea una varita de la misma tienda en la que compre la mía- Ollivander río encantado mientras veía a los niños igualmente complacidos con sus varitas. -Es mi trabajo proveer a las nuevas y viejas generaciones de magos y brujas sus herramientas más valiosas, Cane, más bien debería agradecer de que nosotros los magos existan, porque no me veo haber trabajado en otra cosa que no fuera este hermoso arte-
Ollivander se acercó a Nathan y Lancelot y los miro con una expresión serena -Chicos, debo de admitir que hace mucho no veía una primera afinidad con una varita como las suyas desde hace tiempo- Ollivander señaló la varita de Nathan -Cada vez que me encuentro con un usuario de varita de cedro, encuentro fuerza de carácter y una inusual lealtad. Mi padre, Gervaise Ollivander, siempre solía decir: “Nunca se puede engañar a un portador de cedro”, y estoy de acuerdo, la varita de cedro encuentra su hogar ideal allá donde hay perspicacia y percepción- Nathan miro a Ollivander asombrado de sus palabras lo que hizo que apretara su varita contra su pecho. Ahora, Ollivander señaló la varita de Lancelot -Las varitas de ciprés están asociadas con la nobleza. El gran creador medieval de varitas Geraint Ollivander escribió que siempre se sentía honrado de encontrarle pareja a una varita de ciprés, porque...- Ollivander tomo una pausa -Sabia que estaba conociendo a un mago o bruja que tendría una muerte heroica-