Maybe in another life

Summary

En el año 1855, en una de las mansiones más elegantes de Londres, Reino Unido, nació un niño con ojos cafés profundos. Este niño, llamado Taehyung, estaba destinado a convertirse en el heredero de la famosa bodega de vinos Montenegro. Desde muy joven, Taehyung tuvo que aprender a manejar la empresa familiar, ya que su padre no estaba en condiciones de hacerlo. Su madre, decidida a asegurar el futuro de su hijo, comenzó a enseñarle los entresijos del negocio. Cuando Taehyung cumplió 20 años, su madre decidió comprometerlo con la hermana de los hermanos Brown, una familia respetable de la sociedad londinense. La hermana, de 22 años, era una joven hermosa y elegante, mientras que su hermano, de 21 años, era un joven apuesto y carismático llamado Jungkook. Sin embargo, todo se complicaría cuando Taehyung se enamorara profundamente de su cuñado, Jungkook. A pesar de estar comprometido con la hermana de Jungkook, Taehyung no podía evitar sentir una fuerte atracción hacia él. Jungkook, por su parte, era un joven amable y sensible, con un corazón de oro. En contraste, su hermana era una persona fría y calculadora, sin escrúpulos en su búsqueda de poder y riqueza.

Genre
Lgbtq
Author
Alexa
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

23 de enero del año 1875


La noble y distinguida familia Montenegro se encontraba en plena preparación para sellar un nuevo acuerdo de alianzas con los señores Brown. En el vestíbulo de la magnífica mansión, una joven de porte distinguido, ataviada con un vestido de un delicado color lila, descendía lentamente por la majestuosa escalinata, cada paso medido y grácil.


— Taehyung, aún no has terminado de arreglarte — pronunció la joven, de tez pálida y ojos intensos, con un deje de impaciencia y leve enfado en su voz melodiosa.


— Déjalo en paz, Isabella. Es tu hermano, y ya te he dicho que merece nuestro respeto — replicó una  joven  madre de porte refinado, con cabello castaño oscuro y ojos profundos, que descendía por la escalinata con paso firme, vestido con un traje azul marino que imponía respeto y dignidad.


— Ya no discutas, por favor. Ya estoy aquí. Deberías medir tus palabras — añadió con una voz que oscilaba entre la firmeza y la molestia.


El joven que acababa de bajar la escalera se detuvo unos instantes, acercándose con gracia, y saludó con un beso en la mejilla a su madre.


— Hola, madre — susurró, con una sonrisa respetuosa.


— Madre, aún estás a tiempo de recapacitar. No nos obligues a seguir este camino — dijo Isabella, con un tono de desesperación contenida.


La matriarca, una mujer de porte distinguido y expresión severa, cruzó los brazos y, con una voz que denotaba decisión, sentenció:


— La decisión está tomada. Tú te casarás con Jungkook, y Taehyung con victoria. No hay más que discutir.


Los hermanos intercambiaron un suspiro de resignación. La voluntad materna era ley en esa casa. No había alternativa. La incertidumbre pesaba sobre sus corazones: se casarían con desconocidos, con la esperanza de que en algún momento llegaran a amar a esas personas que aún no conocían. Pero, ¿qué es el futuro sino una incógnita?


A lo largo de la historia familiar de los Montenegro, la obligación de contraer matrimonio para mantener el estatus social había sido una constante. Sin embargo, ellos, a pesar de su carácter reservado y frío, siempre ayudaban a quienes lo necesitaban. Ser fríos no era sinónimo de maldad; era, quizás, un escudo contra un mundo cruel.


Una hora más tarde


Las puertas de la residencia Montenegro se abrieron con un estruendo que resonó en los pasillos, anunciando la llegada de los señores Brown. La tensión se palpaba en el aire, y la mirada de Victoria, una joven de semblante severo, lucía un vestido de gris escotado que resaltaba su figura, mientras Jungkook, con un porte elegante y sonrisa amable, vestía un traje de un verde profundo que se ajustaba a su cuerpo con perfección.


El silencio se instauró en la sala cuando los visitantes cruzaron el umbral. La señora Victoria, con semblante grave, observaba con atención, y Jungkook devolvía la mirada con una sonrisa cordial.


— Taehyung, ella es tu prometida, Victoria — anunció la madre de Taehyung, con una voz que no admitía réplica.


— Victoria, él es tu prometido, Taehyung — dijo el padre de la joven, con voz firme y resonante.


— Isabella, él es Jungkook, tu prometido — añadió la madre del joven, con tono formal.


— Jungkook, ella es Isabella, tu prometida — concluyó el padre de Jungkook.


En el ambiente se percibía una tensión palpable, casi tangible, que en especial afectaba a Jungkook, quien desde su llegada sintió que una mirada fija y penetrante se posaba sobre él, sin apartarse en ningún momento.


Un comentario surgió del grupo, intentando aliviar la atmósfera tensa:


— Creo que las damas, las cuñadas, deberían presentarse primero, y ustedes, Jungkook y Taehyung, conocerse y convivir muchos años — sugirió alguien con tono amable.


En ese instante, Jungkook quedó solo con Taehyung, y el silencio se hizo pesado. Con una expresión seria, Taehyung preguntó:


— ¿Eres el heredero de los medios de transporte Brown?


— ¿Eh? Perdón, sí, lo soy… Mucho gusto. Su hermana es muy hermosa — tartamudeó Jungkook, sintiendo un leve rubor en sus mejillas.


— Ajá, como sea. Es necesario que hablemos de negocios. ¿Te parece bien que fusionemos nuestras empresas? — propuso Taehyung con un tono más relajado, aunque con la mirada fija en su interlocutor.


— Sí, claro. Me parece perfecto — respondió Jungkook, esforzándose por recuperar la compostura.


— Pasemos a mi despacho. Te invitaré una copa de vino Montenegro — dijo Taehyung, con una sonrisa enigmática.


— Claro, será un placer — contestó Jungkook, sintiendo que la tensión se disipaba lentamente.


Dentro del despacho, las puertas se cerraron con un suave clic, y Taehyung inició la conversación:


— ¿Qué edad tienes, Jungkook?


— Tengo dieciocho años. ¿Y usted? — preguntó el joven, más relajado.


Taehyung sirvió dos copas del mejor vino de su bodega y respondió:


— Actualmente, tengo veinte.


— Interesante. Eres muy joven para tanto logro. Te felicito — comentó Jungkook, tomando la copa.


— Gracias. Es la primera vez que alguien reconoce mi trabajo. Ha sido duro, pero hago lo mejor que puedo. Desde los dieciséis, llevo al frente la empresa — explicó Taehyung, dando un sorbo a su vino.


— ¿Y qué planes tienes ahora que te casarás con Isabella? — inquirió Jungkook.


— En realidad, no tengo muchas ideas. No he tomado aún las riendas del negocio. Mi madre dice que todavía soy demasiado suave, que debo ser más frío y serio — confesó Taehyung con tono pensativo.


— Te daré un consejo, aunque no me lo hayas pedido — dijo Jungkook, con una sonrisa sincera — No dejes de ser tú mismo. Esa es tu verdadera fuerza. Y si puedo ayudarte en algo, lo haré. Seremos familia.


Mientras conversaban, una admiración silenciosa empezó a gestarse en Jungkook hacia Taehyung, quien, pese a su apariencia seria, mostraba una profundidad que intrigaba.


Así transcurrió la noche, hasta la hora de la cena. En el comedor, cada uno ocupó su lugar: Taehyung junto a Victoria, Jungkook junto a Isabella, y la señora Montenegro junto al señor Brown.


— Espero que esta alianza nos conduzca hacia un futuro prometedor — comentó la matriarca, con una sonrisa forzada, que apenas lograba esconder su determinación.


La vida, por cruel e injusta que pudiera parecer, siempre hallaba la forma de unir a las almas predestinadas a encontrarse. En un tiempo en que la razón era el peor enemigo del corazón, estos dos hombres, con sus vidas entrelazadas por un destino ineludible, lucharían por forjar un mañana mejor.