Capítulo único
—Vamos mamá, iremos a cenar, no a buscar novio—Bromeé y mi mamá rió.
Había invitado a mi mamá a cenar a un pequeño y nuevo restaurante.
—Puede que encontremos a alguien—Habló mi mamá mientras soltaba una risita.
Cuando mi mamá se terminó de arreglar, salimos de la casa camino al restaurante.
Al llegar al lugar, nos sentamos en una mesa, esperamos que nos traigan el menú para así poder pedir.
Luego de unos minutos, cuando empezamos a comer, pude observar por la ventana la noche, había luna llena y las estrellas estaban más brillantes de lo normal.
Mi mamá y yo compartimos una agradable cena, entre risas, anécdotas del día. Le contaba mis planes a futuro, los lugares que quisiera visitar, los lugares donde la quisiera llevar, pude observar que mi madre me prestaba atención, me hacía preguntas, sonreía y tenía un hermoso brillo en los ojos.
Al finalizar la cena, regresamos caminando, ya que ambas coincidimos que la noche era fresca y queríamos disfrutar de la brisa.
Al estar a unos cuantos pasos de nuestra casa, notamos un detalle que nos heló la sangre: la puerta principal estaba entreabierta.
Sentí que mi madre me tomó del brazo, estaba tensa y alerta de cualquier cosa. Entramos con cautela, el corazón me latía con fuerza en el pecho. Con la tenue luz que entraba por las ventanas del salón, pude observar dos figuras encapuchadas que revolvían los cajones, sus movimientos eran bruscos y decididos. Tomé la mano de mi mamá y le dí un ligero apretón. Uno de ellos se giró hacia nosotras, tenía un arma en las manos.
El miedo se apoderó de mí, al ver que el hombre tenía un arma mi madre se puso enfrente de mí. El encapuchado levantó el arma, apuntando directo a mi madre.
Reaccioné sin pensar y con un grito, empujé a mi mamá fuera de la línea de fuego justo cuando un disparo resonó en la habitación.
Un dolor agudo e incandescente me atravesó. Caí, mis manos buscando instintivamente la herida. Mis ojos se encontraron con los de mamá. Ahora se encontraba arrodillada a mi lado, su rostro, antes lleno de una suave sonrisa, ahora estaba desfigurado por el horror y las lágrimas.
—Es muy lindo.—Dije en apenas un susurro entrecortado por el dolor—El primer día de mi vida fue en tus brazos.—Una sonrisa triste, cargada de recuerdos, se dibujó en mis labios.—Y el último también—Una única lágrima resbaló por mi mejilla derecha. Vi cómo las suyas caían con más fuerza—Te amo mamá.
Cada respiración era una agonía, un esfuerzo. La luz del salón comenzaba a difuminarse, los contornos de los objetos se volvían borrosos. Sentí la mano de mamá aferrarse a la mía, su tacto cálido y familiar, un ancla en medio de la oscuridad que comenzaba a envolverme. Su llanto era un lamento silencioso, desgarrador.
Y entonces, todo se desvaneció. El dolor se hizo lejano, el sonido del llanto de mamá se apagó, y solo quedó una paz fría y profunda.








