Prólogo
El bullicio del campus era inaguantable, pero para Seungmin, el verdadero ruido venía de su cabeza.
Otra reseña.
Otro golpe directo a su orgullo.
Apretó el teléfono con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos, repasando por cuarta vez el artículo que acababa de salir.
"Una voz genérica para un rostro bonito. Otro producto del marketing disfrazado de arte."
Sintió que la sangre le subía al rostro. No era la primera vez que lo criticaban, claro que no. Ser idol era básicamente firmar un contrato para recibir odio profesionalmente.
Pero había algo especial, especialmente molesto, en ese crítico anónimo que siempre encontraba la forma exacta de hacerle hervir la sangre.
—¡¿Quién demonios se cree que es?! —masculló, pateando una piedrita en el camino.
Algunos estudiantes lo miraron raro, pero Seungmin estaba demasiado furioso como para notar algo más allá de su indignación.
Mientras tanto, no muy lejos de ahí, sentado en un rincón del café universitario más escondido, Bangchan revisaba su laptop con una sonrisita satisfecha.
Era un placer casi culposo ver cómo sus palabras se propagaban, como gasolina en fuego.
—"Una voz genérica para un rostro bonito" — repitió para sí mismo, orgulloso de su fraseología impecable.
Cerró la laptop y alzó la vista. Tenía clase en cinco minutos. Filosofía, para más desgracia.
Se puso de pie, colgándose su mochila negra, sin saber que, justo en ese momento, su destino estaba a punto de cruzarlo con el del chico que acababa de destripar en internet públicamente.
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Esta historia se actualizará cada 2 semanas los sabados o domingo.