Parte 1
Una espesa neblina inundaba al próspero pueblo de Green Hills. En la lejanía se podía divisar un enorme castillo, lleno de humo y grasa que desbordaba por los costados; un castillo hecho de metal, con unas patas mecánicas en forma de gallo que hacían que este se desplazara por cada parte del mundo. Con cada paso, un sonido de metal se escuchaba.
No muy lejos de ahí, en el centro de la ciudad, desde una ventana en lo alto, un erizo azul con mirada tranquila se encontraba armando sombreros en la tienda de su madre, Aleena
El ruido del tranvía se escuchaba, el humo de las casas invadía el cielo azul, mientras que el cobalto terminaba de cocer un adorno de flores para darle más detalles al sombrero. Unas voces lo llamaron:
-¡Señorito Sonic! ¡Ya nos vamos! -dijo una gata rosada con una sonrisa.
Fue ahí cuando pudieron ver más de cerca el gran castillo del mago Shadow.
-Es realmente enorme -dijo una de ellas.
-¡Oh! ¿Es el castillo del mago Shadow, no? -dijo otra con emoción.
-¡Qué suerte tenemos de verlo! -exclamó alguien.
Sonic alzó la mirada desde su ventana para ver cómo aquel majestuoso castillo desaparecía entre las sombras, mientras unas naves de los soldados del rey aparecían.
-¡Oh! Es una pena, ya se fue -dijo con desilusión la gata rosada.
-Nunca lo había visto tan de cerca -comentó su compañera-. Quizás está huyendo de los soldados.
El cobalto solo suspiró y continuó cociendo el adorno.
Las voces continuaron:
-¿Oh, recuerdas a Noemy, la loba de South Haven?
-Dicen que Shadow le destrozó el corazón -dijo la gata rosada con resignación-. ¡Pobrecita!
-Eso es terrible.
-Tranquila, no creo que quiera el tuyo -dijo con una risa burlona.
Todas las señoritas presentes rieron, excepto Sonic, quien seguía absorto en su trabajo.
-¡Ya vámonos, que se nos hace tarde! -dijo una finalmente.
-Jajaja, sí, sí, ya vamos -exclamó la gata rosa.
El ruido del tranvía era lo único que se escuchaba. Cuando Sonic finalmente terminó su trabajo, dio un leve suspiro, se miró frente al espejo y, después de colocarse un sombrero, salió hacia el centro de la ciudad para buscar a su hermano.
El bullicio de las naves de los soldados, los carros y las bicicletas, junto con el humo que inundaba todo el lugar, acompañaba al erizo en su camino. Avanzaba rápidamente y se subió a un tranvía que estaba a punto de reventar de lo lleno que iba. Observó cómo varios tanques de guerra salían, mientras los vítores de los aldeanos resonaban y los soldados marchaban con banderas y armas alzadas.
Sonic se bajó en un callejón, buscando la dirección del trabajo de su hermano. Fue entonces cuando un soldado, un lobo amarillo, lo interceptó antes de que pudiera avanzar.
-Vaya, vaya, ¿Qué tenemos aquí? -dijo el soldado con una sonrisa descarada mientras se acercaba más al erizo cobalto-. ¿Se te perdió algo?
-No, no. Estoy bien -respondió Sonic mientras retrocedía ante el repentino acercamiento.
El soldado insistió.
-Entonces, ¿Te gustaría una taza de té?
Sonic, incómodo, respondió sin vacilar:
-No, gracias. Estoy algo ocupado -dijo, mientras avanzaba a paso veloz.
Otro soldado apareció y se acercó al cobalto.
-Oh, de verdad eres muy simpático, pequeñín.
El primer soldado interrumpió:
-Dinos, ¿Cuántos años tienes? ¿Vives por aquí?
Sonic, esta vez perdiendo la confianza, exclamó:
-¡DÉJENME PASAR, POR FAVOR!
El soldado, en tono de burla, se dirigió a su compañero:
-Lo asustas. Deberías quitarte ese bigote tan espantoso que tienes.
El compañero solo rió y volvió su vista hacia Sonic.
-Sin dudas, eres mucho más adorable cuando te enojas.
De repente, una voz gruesa y ronca resonó-Lo siento, llegué tarde.
Una figura misteriosa apareció, pasando suavemente su mano por el hombro del cobalto y acercándose más.
-Te busqué por todas partes. ¿Dónde estuviste?
Los soldados, esta vez irritados, exclamaron:
-¿Y tú quién diablos eres?
La figura habló nuevamente:
-Vengo con él -dijo mostrando una sonrisa-. Y ustedes deberían dar un paseo, ¿No creen?
Hizo un movimiento con los dedos, y automáticamente los soldados comenzaron a moverse como si sus cuerpos obedecieran únicamente a la figura que acababa de llegar.
-¿Q-qué? -dijo uno.
-¡¿QUÉ DEMONIOS NOS HICISTE?! -gritó otro mientras ambos se alejaban, incapaces de controlar sus movimientos-. ¡¿Por qué no puedo dejar de moverme?!
Y así, los soldados se alejaron. La figura habló dirigiéndose a Sonic:
-Tranquilo, son inofensivos. ¿A dónde vas? -preguntó mientras esbozaba una sonrisa cálida-. Por favor, permíteme escoltarte.
Sonic mantuvo la mirada fija en esos ojos rubíes, rodeados por un delineado rojo intenso. Era un erizo negro con vetas rojas, y su actitud tranquila resultaba intrigante. Aun así, Sonic se apresuró a responder:
-No, no es necesario. Solo voy a la cafetería Tartar -dijo, intentando mantener el contacto visual.
El erizo azabache respondió con serenidad:
-Por favor, actúa con normalidad. Me están siguiendo.-con un movimiento rápido, agarró suavemente el brazo del cobalto-. Caminemos.
Sonic no tuvo tiempo de apartarse. Agarró con fuerza el brazo del contrario mientras ambos mantenían la mirada al frente.
Ahora, caminaban tomados del brazo a paso rápido. Sin embargo, unas sombras negras empezaron a aparecer desde las espaldas de ambos. El erizo negro, con total calma, habló:
-Genial, ahora también te están buscando a ti.
Sonic soltó un grito ahogado antes de aferrarse más al cuerpo del azabache, mientras veía cómo más sombras aparecían frente a ellos. El erizo negro habló nuevamente, esta vez tomando la cintura del cobalto.
-Por aquí -dijo con calma.
Las sombras negras estaban cada vez más cerca, rodeándolos por todos lados. Justo cuando parecían atraparlos, el erizo negro tomó con fuerza la cintura de Sonic y, con un salto ágil, ambos se elevaron hacia el cielo.
El cobalto, lleno de temor, alzó los brazos intentando estabilizarse. Fue entonces cuando sintió las manos suaves del contrario sujetándolo firmemente por ambas manos. El azabache habló dulcemente:
-Ahora, estira las piernas y empieza a caminar.
Sonic obedeció y, con miedo, comenzó a estirar las piernas y a caminar.
-¡Bien! ¡Lo lograste! -dijo el azabache con una sonrisa-. No tengas miedo.
Ambos erizos continuaron caminando mientras observaban a las personas celebrando en las plazas, rodeadas de pintorescas casitas con banderas ondeando al viento.
El azabache habló de nuevo:
-Lo haces muy bien.
Sonic no pudo evitar sonreír. Sin darse cuenta, el erizo negro lo dejó suavemente en un balcón. El cobalto descendió con suavidad, sintiendo la firmeza bajo sus pies.
El azabache habló nuevamente:
-Yo me encargaré de que se vayan -dijo, soltando lentamente la mano de Sonic-. Mientras tanto, te pido que te quedes aquí.
-Claro -respondió Sonic con una sonrisa.
-Ese es mi chico -dijo el azabache mientras retrocedía en el aire, cayendo con gracia al suelo.
Sonic, preocupado ante la repentina acción, se apoyó en el pasamano del balcón y bajó la mirada para buscarlo. Sin embargo, el erizo azabache ya se había perdido entre la multitud.

Ya dentro de la cafetería, Silver, el hermano de Sonic atendía a los clientes. Sin embargo, un lobo rosa se acercó directamente hacia él:
-Tu hermano te está esperando -dijo sin más.
-¿¡Qué!? ¿¡Mi hermano!? -exclamó Silver, dejando caer lo que tenía en las manos y saliendo corriendo hacia el segundo piso.
Al llegar, encontró a Sonic con la mirada perdida en un ventanal. Sin dudarlo, se apresuró a abrazarlo.
-¿Sonic? ¿Qué te pasó? Me dijeron que llegaste flotando, ¡Como si fueras un pájaro!
-Me siento como en un sueño -respondió Sonic, sin apartar la vista del horizonte.
-Silvs, si quieres puedes usar mi oficina -dijo un gato morado que apareció de repente.
-Oh, no te preocupes, debo volver al trabajo -respondió Silver con una sonrisa-. Pero gracias igualmente.
Silver agarró la mano de Sonic y lo llevó a la trastienda donde almacenaban los ingredientes.
-¿Estás seguro de que no era un mago? -preguntó con tono de preocupación.
-Fue tan amable conmigo, Silver. Me rescató -respondió Sonic, casi en un susurro.
-¿Y luego qué? ¿Te robó el corazón? -dijo Silver, exaltado-. Si ese mago hubiera sido Shadow, ¿Te imaginas lo que podría haberte hecho?
Sonic, resignado, suspiró.
-El mago Shadow solo se fija en mujeres y hombres hermosos... -dijo con un tono más bajo.
-¿Otra vez con lo mismo? -frunció el ceño Silver-. Escúchame bien, vivimos en tiempos difíciles y lo sabes. Dicen que el brujo Eggman merodea esta ciudad.
Al notar que Sonic seguía mirando al vacío, sin prestarle atención, Silver alzó la voz:
-¡Te estoy hablando!
-¿Ah? -respondió Sonic, saliendo de su trance.
Silver cruzó los brazos.
-Hazme caso, Sonic.
Sonic se levantó lentamente.
-Es hora de que me vaya a casa. Nos vemos, hermano. Me alegra que estés bien.
-Dime, Sonic, ¿Planeas pasar el resto de tu vida en la tienda de sombreros? -preguntó Silver con un tono triste.
-Sabes que la tienda de papá era su mayor orgullo. Y yo soy el hermano mayor -dijo Sonic, sin mucho ánimo.
-No me refiero a eso. Te pregunto si de verdad quieres ser un sombrerero -insistió Silver, agarrándolo de las manos.
-Será mejor que me vaya -dijo Sonic, apartándose y alejándose.
-Hermano, debes tomar tu propio camino en la vida -dijo Silver finalmente.
-Sí, Silvs, como digas -respondió Sonic sin mirarlo, perdiéndose en las calles.
Sin embargo, no muy lejos de allí, un pequeño palanquín con detalles dorados era cargado por dos espectros negros de tinta, vestidos con trajes morados y detalles marrones. Desde el interior del palanquín, una mano vieja, llena de llagas, se asomaba, extendiendo una pequeña valija dorada. De la valija comenzaron a brotar pequeñas sombras de tinta negra, que se esparcían lentamente por el aire.
***
Ya en la tienda de sombreros, Sonic deslizó una llave por la cerradura antes de entrar. Mientras aseguraba todo, se quitó el sombrero y lo dejó sobre una de las mesas del recibidor. Encendió una vela para iluminar la oscuridad del lugar. Sin embargo, el sonido de la campana de bienvenida resonó inesperadamente, y frente a él apareció una figura alta y robusta con lentes oscuros y un bigote finamente cuidado.
Sonic se apresuró a hablar:
-Disculpe, señor, ya no estamos atendiendo -dijo con tono preocupado. Luego murmuró para sí mismo-. Qué extraño, estoy seguro de que cerré la puerta con seguro.
La figura avanzó con paso lento antes de responder:
-Esta es una tienda de mal gusto, con sombreros igual de mal gusto. -Señalándolo directamente, continuó con un tono burlón-. Tú encajas perfectamente con el lugar. Pero eso ya lo sabes.
Sonic frunció el ceño ante los comentarios del hombre.
-¡Somos una humilde tienda de sombreros! -replicó mientras se acercaba con paso firme para abrir la puerta-. Será mejor que se retire.
-Qué chico tan valiente. Te atreves a enfrentar al brujo Eggman. -El tono burlón comenzó a transformarse en uno de disgusto.
-¿Brujo Eggman? -preguntó Sonic, comenzando a palidecer.
Fue entonces cuando sintió unas respiraciones en su espalda. Al voltear la mirada, vio a dos sombras de tinta, vestidas de traje, acercándose lentamente. Mientras tanto, el brujo Eggman alzaba los brazos y comenzaba a desvanecerse como un espíritu. Se hizo cada vez más intangible hasta atravesar a Sonic. Antes de irse, habló con voz profunda:
-No podrás decirle nada a nadie sobre esta maldición. Saluda a Shadow de mi parte.
Y, sin más, la puerta se cerró de un porrazo.
Sonic se acurrucó en el suelo, temblando de miedo. Cuando escuchó el silencio tras la puerta cerrada, comenzó a estirarse lentamente, mirando a su alrededor para asegurarse de que estaba solo. Al recoger su sombrero caído, grande fue su sorpresa al ver sus manos, ahora arrugadas y envejecidas.
Llevó una mano a su rostro, sintiendo las arrugas y las profundas ojeras. Corrió hacia un espejo cercano y se miró con terror. Su reflejo mostraba un rostro viejo, ajado, que inspeccionó de lado a lado.
-¿En serio este soy yo? -gimió, girando la cabeza en todas direcciones-. Tengo que calmarme. No pude haber envejecido tanto.
Comenzó a dar vueltas en círculos antes de volver a mirarse en el espejo. Al hacerlo, brincó del susto.
-No, no, no. ¡Tranquilízate! -exclamó, mirando fijamente su reflejo mientras apretaba la mesa con fuerza-. Debes calmarte, Sonic. Si te estresas, no lograrás nada.
Su voz comenzó a quebrarse, y su respiración se aceleraba con cada palabra.
-Tranquilízate, por favor, Sonic -dijo, mientras unas lágrimas saladas recorrían su rostro-. Debo... debo calmarme.
Al día siguiente
Una eriza morada, con un sombrero beige adornado con plumas de color morado y amarillo, abrió de golpe la puerta de la tienda antes de exclamar:
-¡Ya regresé! -dijo con entusiasmo.
-¡HOLA, SEÑORAAA! -dijeron varias empleadas al unísono, mientras la eriza mostraba unas cajas con nuevos modelos de sombreros.
-¿Creen que les gusten a los clientes? -preguntó, llena de emoción.
-¡Por supuesto que sí, señoraaa! -respondieron las trabajadoras, animadas.
-Oh, ¿Y dónde está Sonic? -preguntó con curiosidad, mirando a su alrededor.
-Oh, el señorito se quedó en su habitación -respondió una de las empleadas.
La madre de Sonic caminó hacia el pasillo y subió las escaleras que llevaban al segundo piso. Cuando estuvo frente a la puerta de Sonic, tocó con cuidado.
-Cariño, ¿Estás ahí? -preguntó, con preocupación en su voz.
Sonic, quien se encontraba en su cama con una manta encima, respondió:
-No entres, por favor... tengo un terrible resfriado. -Su voz sonaba quebrada-. No quisiera contagiarte.
-Uy, suenas terrible, como si fueras... un abuelo de 90 años -dijo, finalmente, con un leve tono de broma.
-Me quedaré todo el día en la cama -dijo Sonic, tratando de sonar convincente.
Aleena pareció entender.
-De acuerdo, querido -respondió mientras se alejaba por el pasillo.
Cuando el silencio volvió, Sonic se levantó de la cama y se acercó al espejo. Miró su reflejo una vez más antes de hablar:
-Estaré viejito, pero gozo de buena salud. Y, uh, esta ropa se me ve muy bien, pero... -se tomó un minuto para pensar antes de continuar-. No puedo quedarme acá.
Dicho esto, Sonic se puso una pequeña capa, agarró su sombrero favorito y, en una manta, guardó queso, pan y un racimo de uvas. Salió por la puerta trasera para no llamar la atención. Caminó por un puente que daba hacia el tranvía, y el humo negro cubrió su rostro, haciéndolo toser.
Un joven que pasaba por allí se detuvo al verlo y preguntó:
-¿Necesita ayuda, abuelo?
Sonic solo lo miró y respondió con una sonrisa:
-Muchas gracias por tu amable oferta, pero puedo ir solo.
A lo lejos vio a un señor con una carreta llena de heno.
-Claro que sí, pero ¿A dónde va? -dijo el joven, curioso.
-A un lugar mucho más lejos de lo que puedas imaginar -dijo Sonic antes de subirse a la parte trasera de la carreta, dispuesto a emprender su viaje.
El recorrido fue largo, pero finalmente llegó a un camino de tierra que serpenteaba entre montañas rocosas. Las nubes bajas dificultaban la visión, y Sonic se acomodó mejor la capa antes de continuar su camino. La gran subida lo hacía suspirar; sentía que sus piernas ya no aguantaban. Al divisar unas rocas cercanas, decidió sentarse para comer un poco de pan y queso, llenando su estómago para recuperar energías.
Mientras descansaba, vio a lo lejos un palo de madera sobresaliendo de un arbusto.
-Podría usar eso como bastón -murmuró para sí mismo.
Con esfuerzo, se puso de pie, escuchando sus huesos crujir mientras lo hacía. Se acercó al arbusto y, con fuerza, agarró la base del palo, intentando sacarlo. A pesar del esfuerzo, la rama no se movía.
-¡Qué rama tan testaruda! -gruñó Sonic, frunciendo el ceño. Aumentó su fuerza y exclamó-: ¡No subestimes a este anciano!
Con un último tirón, logró levantar el palo, solo para darse cuenta de que no era una rama común. Frente a él se encontraba un espantapájaros de color rojo, con una cabeza de nabo que lo miraba fijamente.
-Así que eres un espantapájaros -dijo Sonic, resignado-. Un momento... ¿Cómo puedes mantenerte de pie? -suspiró antes de darse vuelta-. Al menos ya no estás atascado en ese arbusto.
Dicho esto, Sonic se alejó.
El aire era abrumador. Sonic, a pesar de caminar sin mirar atrás, sintió algo extraño y decidió darse la vuelta. La ciudad todavía era visible a lo lejos, pero lo que realmente le llamó la atención fue el espantapájaros, que ahora lo seguía dando pequeños saltos para acercarse.
-¡Hey, tú! No te me acerques, no me debes nada -gritó Sonic-. No quiero saber nada de brujos, magos ni hechizos. Busca una granja.
Se dio la vuelta y siguió caminando. Sin embargo, el espantapájaros no se rindió y, con agilidad sorprendente, se puso delante de Sonic. Este levantó la vista justo cuando el espantapájaros le ofrecía un bastón con un diseño tallado de un pájaro en la parte superior. Sonic suavizó su expresión.
-Muchas gracias, es un hermoso bastón -dijo con una sonrisa-. ¿Puedes buscar un lugar para dormir, por favor? Eres muy amable.
El espantapájaros asintió y, obediente, dio media vuelta para marcharse.
Sonic murmuró para sí mismo-Jejeje, con la edad te vuelves más astuto.
Sin embargo, la noche comenzaba a caer y las nubes cubrían cada vez más el cielo. Sonic, agotado, decidió sentarse un momento. El frío lo envolvía, y pequeños copos de nieve empezaron a caer. De pronto, un olor familiar llegó a su nariz.
-¿Eso es humo? -murmuró, curioso-. Quizás haya una cabaña cerca.
Decidido, se levantó y siguió caminando, pero lo que vio lo dejó sin palabras: un enorme castillo ambulante, con pasos firmes que resonaban en el suelo y sonidos metálicos que lo acompañaban. Sonic se quedó helado.
-¡Cabeza de nabo, ese es el castillo de Shadow! -gritó, alarmado-. ¡No me refería a esto cuando te pedí un lugar para dormir!
El gigantesco castillo se detuvo momentáneamente, soltando columnas de humo por múltiples tubos. Sonic, impresionado por la escena, alzó una ceja y comentó:
-¿Llamas a esto un castillo?
Pero la pausa duró poco. El castillo volvió a moverse, y Sonic divisó una pequeña puerta de madera. Se apresuró a intentar subir, pero su cuerpo envejecido no le permitía agarrarse bien. Para su desgracia, el castillo empezó a andar más rápido.
-¡Hey, espera! ¿Acaso no me dejarás entrar? -gritó desesperado.
Como si tuviera vida propia, el castillo disminuyó la velocidad. Sonic aprovechó la oportunidad y logró entrar por la pequeña puerta. Sin embargo, en el impulso, su capa salió volando. Justo cuando creía haberla perdido, el espantapájaros apareció, atrapándola en el aire y devolviéndosela con rapidez.
-Oh, muchas gracias, Nabo -dijo Sonic con una sonrisa-. Aunque adentro parece cálido, no necesito la capa.
Miró al espantapájaros con cierta melancolía y añadió:
-Eres un buen Nabo, amable y confiable. Ahora me despido para siempre. -Con un tono dramático, levantó una mano-. No te olvides de mí, querido amigo.
El espantapájaros lo observó en silencio mientras Sonic cerraba la puerta detrás de él.
Con esfuerzo, Sonic subió las escaleras del castillo, su bastón resonando contra los peldaños de madera. Al llegar al siguiente nivel, pudo divisar un mueble rojo, mesas de madera cubiertas con frascos sucios llenos de líquidos de colores desconocidos y un horno de piedra en un rincón. El ambiente estaba impregnado de polvo y telarañas, como si el lugar hubiera sido abandonado durante años.
Sonic avanzó, acercándose al horno, donde un pequeño fuego ardía débilmente. Tomó una silla cercana, se acomodó y estiró las manos hacia el calor. Sin embargo, al notar lo diminuto que era el fuego, se levantó con esfuerzo, agarró un trozo de madera que había cerca y lo arrojó a las llamas. Luego, observó los alrededores con atención.
-¿Qué es este lugar? Parece una choza abandonada -comentó, mientras pasaba su mirada por las esquinas llenas de telarañas-. Pero bueno, la ventaja de ser un anciano es que nada me sorprende.
Con ese pensamiento, Sonic dejó escapar un suspiro y lentamente cerró los ojos, dejándose llevar por el calor reconfortante del fuego. Sin embargo, no notó cómo las llamas comenzaron a moverse de forma extraña. Unos pequeños ojos azules se formaron en medio del fuego, y una voz aguda rompió el silencio:
-Tu maldición es muy peculiar, abuelo.
-¿Hmm? -murmuró Sonic, abriendo un ojo con curiosidad.
-Oh, será muy difícil que te deshagas de eso -continuó el fuego, mirándolo fijamente.
-¿¡El fuego habla!? -exclamó Sonic, ahora completamente despierto.
-Y tampoco puedes contarle a nadie sobre tu maldición -dijo el fuego con un tono juguetón.
Sonic lo observó, intrigado.
-¿Eres Shadow? -preguntó con curiosidad.
-Tic, tic. Error. -las llamas vibraron con una risa burlona-. Yo soy Marilcifer, el demonio de fuego. ¡Mucho gusto! -dijo con una sonrisa flameante.
Sonic ladeó la cabeza, evaluando la situación.
-Dime, Marilcifer, ¿Podrías deshacer el hechizo que me han puesto?
-Eso es muy fácil -respondió el fuego con aire confiado-. Si tú encuentras la forma de romper mi contrato. Yo podría remover tu maldición a cambio.
Sonic arqueó una ceja.
-¿Entonces sería un trato con un demonio? -preguntó, esbozando una sonrisa ladeada-. ¿Puedes prometérmelo?
Marilcifer soltó una risita.
-Oh, no. Los demonios no hacemos promesas.
Sonic encogió los hombros y replicó:
-Entonces, búscate a alguien más.
El fuego dejó escapar un dramático suspiro.
-¡Abuelo! ¿Crees que estoy aquí por gusto? ¡Estoy esclavizado! Un contrato me une a Shadow, y eso le da derecho a explotarme. -el demonio hizo un gesto teatral con sus llamas-. ¡Soy el único que puede remover tu maldición!
-Qué triste destino el tuyo -respondió Sonic con tono burlón, mientras cerraba los ojos nuevamente.
Marilcifer, frustrado, levantó sus pequeñas manos de fuego.
-Descubre el secreto detrás de mi contrato y luego podré liberar el hechizo que tienes tú.
-Ya entendí -dijo Sonic con un bostezo, dejando caer la cabeza hacia un lado-. Trato hecho.
El demonio suspiró, resignado.
-¿Abuelo?... ¿Abueeelo? -intentó captar su atención, pero solo obtuvo un ronquido como respuesta-. ¡Ay, ya se durmió el viejito! -murmuró, agitando las llamas con resignación.
Al día siguiente
El sonido de los grandes navíos armados de cañones, en cada esquina, alzaba con orgullo sus banderas, mientras los vítores del pueblo se mezclaban con el ondear de pequeñas banderas. La brisa traía consigo el aroma salado del mar y la emoción de los habitantes ante los preparativos de guerra.
Una figura robusta, vestida formalmente, se acercó a una casa amarilla, cuyas puertas de madera crujían al abrirse. Dentro, Sonic dormía profundamente.
El insistente golpeteo en la puerta lo despertó a duras penas. Se estiró y, aún somnoliento, observó atentamente el origen del sonido, hasta que escuchó unas pisadas. Un pequeño zorro amarillo, de orejas puntiagudas, apareció en el umbral de la puerta. Sonic, al ver al intruso, decidió hacerse el dormido para no ser descubierto.
-¿Quién es él? -dijo el zorro, mirando a Marilcifer, quien se encontraba junto a Sonic. -¿Cómo entró?
El golpeteo en la puerta sonó nuevamente, y el zorro se apresuró a ponerse una capa azul que ocultaba su rostro, dándole la apariencia vieja y con una gran barba. Con una rápida acción, giró la perilla de la puerta y una pequeña rueda en el pomo se iluminó con un tono azul.
-Buenas tardes, Sr. Alcalde -dijo el zorro, con voz firme.
El alcalde extendió una carta hacia él.
-¿Se encuentra el hechicero Hotps? -preguntó.
El zorro, sin mirarlo a los ojos, respondió en tono bajo.
-Mi amo no se encuentra ahora.
El alcalde no mostró sorpresa, pero su rostro se tornó serio.
-Esto es un mensaje directo de su Majestad el Rey. La guerra toca nuestras puertas, y los tiempos son difíciles. El Rey solicita la presencia de todos los magos y brujas de la nación, y el hechicero Hotps debe presentarse de inmediato.
El zorro recibió la carta en silencio, observándola mientras el alcalde daba media vuelta y se retiraba. En ese momento, Sonic despertó y, aunque aún adormilado, habló en voz baja.
-La guerra es realmente desagradable.
El zorro, desconfiado, miró a Sonic.
-¿Quién te dejó entrar?
Sonic, con una calma inusual, respondió.
-Marilcifer me dejó entrar.
El zorro arqueó una ceja, mirando hacia Marilcifer.
-Yo no fui -dijo Marilcifer, con tono culpable.
El zorro suspiró, resignado, y estaba a punto de decir algo cuando, de nuevo, el sonido de la puerta se oyó. Se apresuró a abrirla, y esta vez una pequeña conejita entró, con una sonrisa.
-¿Lo de siempre? -dijo el zorro, con tono seco.
-Sí, señor, así es -respondió la conejita, mientras entregaba algunas monedas de oro.
El zorro, sin perder tiempo, se apresuró a buscar unos polvos y los entregó con rapidez.
-Espolvorea este polvo en tus barcos y el viento les favorecerá.
-Muchas gracias, señor -dijo ella, mientras salía por la puerta con las monedas en la mano.
Marilcifer, mirando la escena, murmuró con diversión.
-Oh, tocan la puerta de Kingbury.
El zorro, acelerado, giró la manija de la puerta, que se iluminó en color amarillo antes de abrirse. Afuera, un nuevo visitante esperaba.
Esta vez, era un soldado quien entregaba la carta, pero esta vez buscaba a un hechicero de nombre Yoiper.
El zorro recibió la carta y entró en la casa, pero Sonic no pudo evitar sorprenderse por el cambio repentino de la ciudad. Era como si la casa misma tuviera magia, pues con solo girar la perilla de la puerta, lo transportaba a diferentes partes del país. Emocionado, Sonic giró nuevamente la perilla. Esta vez, la puerta lo llevó a un páramo oscuro y desolado. Volvió a girar la perilla y, esta vez, apareció en una aldea humilde, donde el suave sol calentaba el lugar.
El zorro, visiblemente irritado, exclamó:
-¡Deja ya de mover la perilla! ¡Harás que me enoje!
Sonic, sin inmutarse, preguntó con curiosidad:
-¿Es una casa mágica?
-¡Claro que sí! -respondió el zorro, molesto-. Pero si mueves la perilla hacia el color negro, no sé a dónde llevará.
Sonic, intrigado, continuó:
-¿Y quién lo sabe?
-Solo el amo Shadow lo sabe -respondió el zorro, tomando una actitud más tranquila. -Ahora voy a desayunar, permiso.
El zorro se acercó a una de las alacenas de la casa, buscando entre los estantes hasta sacar un trozo de pan y un plato de queso.
Sonic, al ver la comida, se apresuró a revisar los ingredientes y exclamó:
-¡Oh, hay tocino y huevos!
Con entusiasmo, Sonic empezó a colocar todo en un plato y se dirigió hacia donde estaba Marilcifer para empezar a freír la comida.
El zorro, visiblemente preocupado, gritó:
-¡No podemos usar a Marilcifer! ¡Solo el amo Shadow puede hacerlo!
Marilcifer, desde su rincón, intervino con firmeza:
-¡Es cierto, no pienso cocinar para ti!
Sonic, con una sonrisa traviesa, respondió:
-Vamos, Marilcifer, sé un buen fuego.
-¡Oh, no, no! Eso no pasará. No recibo órdenes de nadie -respondió Marilcifer, cruzándose de brazos.
Sonic, con una sonrisa astuta, dijo:
-¿Harás lo que te digo o le contaré a Shadow sobre nuestro trato?
Marilcifer, sin más opción, cedió. Sonic rápidamente colocó la sartén sobre el fuego. El zorro, sorprendido, exclamó:
-¡Increíble! Ella se dejó controlar por ti.
De repente, la manija de la puerta cambió de color a negro, y la puerta se abrió con un suave chirrido. Ante ellos apareció Shadow.
El zorro, apresurado, habló rápidamente:
-Te buscan en dos reinos -dijo mientras sonreía.
Shadow, con la cabeza baja, subió las escaleras y se acercó a Sonic y Marilcifer. Con una sonrisa en el rostro, dijo:
-¿Desde cuándo eres tan obediente?
-¡Él me obligó! -chilló Marilcifer, claramente indignada.
-Increíble, no es nada fácil hacer eso -dijo Shadow, sonriendo cálidamente.
Sonic, al ver esa sonrisa, sintió que su corazón latía más rápido. Era... era el erizo que lo había salvado y lo había llevado al trabajo de su hermano. Se sonrojó, pero desvió la mirada, no quería que ese apuesto erizo lo viera así.
Shadow, girándose hacia Sonic, preguntó:
-¿Quién eres tú? Dime.
Sonic tembló un poco, pero con una sonrisa nerviosa respondió:
-Soy el abuelo Sonic, el nuevo señor de la limpieza.
Shadow, con tranquilidad, dijo:
-Permíteme -y, con una mano cuidadosa, tomó la sartén. Su mano rozó la de Sonic, y un leve estremecimiento recorrió el cuerpo de este-. Necesito dos rebanadas de tocino y un huevo.
Sonic, apresurado, le pasó los ingredientes mientras Shadow ponía con cuidado todo en la sartén.
-¿Y quién te contrató? -preguntó Shadow mientras cocinaba.
Sonic, con una sonrisa astuta, respondió:
-Yo mismo me contraté. Jamás había visto una casa tan sucia.
-Ya veo -dijo Shadow, girándose hacia el zorro-. Tails, trae los platos.
Marilcifer, indignada, exclamó:
-¡Todos aquí me explotan!
Sonic caminó hacia la mesa mientras Tails hablaba:
-Ven, Sonic, siéntate donde quieras.
Sonic se sentó y observó la mesa, cubierta de migas de pan y polvo. Mientras tanto, Shadow cortaba un poco de pan y lo pasaba a Tails.
-Toma, Tails.
-Gracias, Shadow.
-Toma, abuelo Sonic.
-¡Oh, gracias! -respondió Sonic, con una sonrisa.
Todos se pusieron a comer, y Shadow, curioso, preguntó:
-Dime, ¿Qué es eso que traes en tu bolsillo? -mientras abría los ojos con una sonrisa dulce.
Sonic, sorprendido, dejó caer un trozo de huevo al plato y metió la mano en sus pantalones. Encontró un trozo de papel y lo extendió hacia Shadow. Justo cuando el papel iba a tocar sus manos, se encendió, y un sello brillante quedó grabado en la mesa.
Shadow pasó la mano por encima del sello y, con un gesto serio, dijo:
-Esto es magia antigua, pero muy poderosa.
Sonic, curioso, preguntó:
-¿Viene del brujo Eggman?
Shadow frunció el ceño, miró el sello y murmuró:
-"Has atrapado una estrella, tu corazón pronto será mío." -con un suspiro-. Arruinó una buena mesa.
Luego, pasó la mano por encima del sello y este desapareció tan rápido como había aparecido. Shadow, mirando a los demás, habló con calma:
-Sigan disfrutando de su desayuno. -se levantó y caminó hacia Marilcifer-. Por favor, mueve el castillo a unos 45 kilómetros.
Dicho esto, se dirigió hacia una escalera que llevaba a un segundo piso y agregó:
-Ah, y por favor, calienta el agua del baño.
Marilcifer, frustrado, exclamó:
-¡Todo yo!
Tails, mirando a Sonic, le preguntó con preocupación:
-¿Abuelo Sonic, trabajas para el brujo Eggman?
Sonic se quedó en silencio por un momento, antes de responder, con su voz algo quebrada:
-No seas tonto... si él fue quien me tiró ese... -su boca se cerró de golpe y su rostro se tensó. No podía hablar más.
Golpeó la mesa con furia.
-¡Ese brujo! ¡Déjame tenerlo enfrente para arrancarle ese bigote! -gritó, levantándose de golpe. Se colocó una tela como mascarilla, remangándose las mangas del pantalón y la camisa.
Sonic agarró un balde de agua y comenzó a limpiar el castillo. A medida que pasaba el trapo, las arañas huían, y una madre ratón con sus crías corría lo más rápido posible.
-¡Huyan, insectos, huyan de mi escoba! -gritó Sonic, mientras los insectos escapaban de miedo.
De repente, Marilcifer lo llamó, y Sonic no se dio cuenta de que comenzaba a apagarse.
-¡Sonic! ¡Sonic! ¡Me voy a apagar! -exclamó Marilcifer-. ¡Me voy a apagar si no me das leña fresca!
Sonic, rápidamente, colocó a Marilcifer en una pequeña olla.
-Solo voy a limpiar las cenizas -respondió mientras las colocaba en una bolsa y se iba a buscar leña.
Marilcifer, con un tono alarmado, dijo:
-¡Esto es malo, muy malo! -y comenzó a apagar su cálida llama.
Shadow apareció justo a tiempo al ver que la llama de Marilcifer se volvía azul. Se apresuró a colocar leña y soplar sobre el fuego, calentándolo nuevamente. Colocó a Marilcifer sobre la llama y levantó la mano con cuidado para que la llama se reavivara.
Sonic entró en ese momento, y cuando vio que la llama de Marilcifer se encendía nuevamente, el azabache habló en tono tranquilo:
-Te agradecería que no atormentes a mi amiga así.
Shadow, con una mirada tranquila, se dirigió hacia la salida mientras decía:
-Tails, cuida que el señor de la limpieza no se emocione mucho.
Giró la perilla, que se puso de color negro, y salió con elegancia.
Marilcifer, aliviada pero aún molesta, exclamó:
-¡Casi me matas! ¡Y si yo muero, Shadow también morirá!
Sonic caminó hacia el segundo piso, pero Tails lo bloqueó en el camino.
-¡Abuelo Sonic! ¡Deje mi cuarto al final, por favor!
Sonic sonrió y le respondió:
-Tienes cinco minutos para eso.
Tails salió corriendo lo más rápido que pudo.
Sonic, mientras tanto, se acercó a una ventana y vio cómo el castillo comenzaba a moverse. Se apresuró a correr hacia Marilcifer y le preguntó con emoción:
-¡Marilcifer, Marilcifer! ¿Tú mueves el castillo?
Marilcifer, algo irritado, le respondió:
-Deja de molestarme, ¡Es obvio que sí!
Sonic, sorprendido, exclamó:
-¡Me sorprendes, Marilcifer! ¡Te juzgué mal! ¡Tienes chispa! -con una gran sonrisa. Dicho esto, se alejó para seguir limpiando.
Marilcifer, sintiendo cómo su llama se calentaba más, exclamó:
-¡TENGO CHISPAAAAA!
El castillo empezó a moverse más rápido, y en un abrir y cerrar de ojos, se detuvo en un hermoso campo, lleno de césped y flores. Un lago cristalino brillaba a la distancia. Sonic y Tails sacaron una pequeña mesa y dos sillas y se acomodaron frente al lago.
Mientras disfrutaban del paisaje, tomaban té y comían panes dulces. A lo lejos, pudieron ver a un espantapájaros rojo que saltaba de un lado a otro.
Los tres se acomodaron en la mesa, disfrutando de un momento de paz, mientras la suave brisa y el lago cristalino los acompañaban.

En medio de la devastación, Shadow envuelto en unas alas negras como la misma oscuridad, con toques rojos en las puntas sobrevolaba el campo de batalla, observando con calma el caos que se desplegaba ante sus ojos. Las casas, que alguna vez estaban llenas de vida, ahora ardían en llamas, iluminando la oscuridad. El humo denso y espeso cubría todo el horizonte, y el aire estaba impregnado con el asqueroso olor a muerte y destrucción. La guerra había dejado su marca en este lugar, borrando todo rastro de esperanza.
Desde el aire, observaba las naves que soltaban bombas, explotando a su alrededor, y los destellos que iluminaban el campo de batalla, pero no se detenía. Unas naves, más grandes comenzaron a liberar a varios Black Arms, criaturas grotescas y monstruosas, Shadow, sin embargo, era más rápido y ágil que ellos.
***
El castillo se encontraba en total calma cuando Shadow, envuelto en sus alas negras y con rastros de sangre, se sentó frente a Marilcifer.
-Apestas a carne quemada y sangre -dijo ella.
Shadow, sin decir nada, solo respiraba con dificultad mientras su forma de erizo mostraba su cara sucia de hollín.
-Si sigues volando así, un día no podrás volver a tu forma de erizo -volvió a hablar ella, mientras agarraba un trozo de leña-. ¿No es genial? Sonic hizo esto para mí.
-Es una guerra cruel -dijo mientras se acomodaba en la silla-. La tierra es un mar de llamas y las costas están calcinadas.
-Odio el fuego de la pólvora -dijo indignada-. Ese fuego es un maleducado.
-Me atacó mi propia especie -dijo con una sonrisa.
-¿El brujo Eggman? -preguntó intrigada.
-Nah, fueron unos hechiceros transformados en Black Arms.
-Shadow... cuando no puedan volver a ser erizos, solo se quedarán con sus lágrimas.-dijo marilcifer con un tono de disgusto.
-Cuando eso pase, ni siquiera recordarán lo que alguna vez fueron -dijo, mientras se paraba para abrir una cortina donde descansaba Sonic, quien, sorprendentemente, ya no lucía viejo. Lucía joven, como si el hechizo hubiera desaparecido.
Shadow acarició suavemente su mejilla antes de irse.
***
Un fuerte grito hizo despertar al cobalto. Era Shadow, que salía con solo una toalla cubriendo su parte baja. Tenía las púas de color naranja.
-¡AGHHHH! SONIC -gritó-. ¡¿QUÉ LE HICISTE A MIS POCIONES MÁGICAS?! ¡MIRA ESTO!
-Solo limpie tus pociones, Shadow -habló tranquilo.
-¡¿LIMPIAR?! ¡¿LIMPIAR?! ¡MIRA LA ATROCIDAD QUE LE HICISTE A MIS PÚAS!
-Es un color bonito, Shadow.
-¡Por eso te dije que no te emocionaras con la limpieza!
Se sentó de golpe mientras lloraba y se agarraba con fuerza las púas.
-Me siento humillado -mientras sollozaba, sus púas empezaron a cambiar de color: morado, amarillo, rosado, marrón.
-Hey, ese color te queda mucho mejor -dijo el cobalto, intentando animar a Shadow.
-¿De qué sirve vivir si no soy hermoso? -dijo Shadow entre sollozos.
Al mismo tiempo, varias sombras empezaban a salir de su cuerpo, y el castillo comenzaba a oscurecerse.
-¡Detente, Shadow! ¡Ya basta! -exclamó Marilcifer.
-Está invocando a las sombras oscuras. Esto pasó cuando una chica lo rechazó -dijo Tails.
Sonic se acercó a él para calmarlo.
-Tranquilo, puedes teñir tus púas del color que quieras -cuando tocó el hombro del azabache, una viscosidad negra parecía salir de él. Sonic palideció antes de enojarse-. ¡BIEN! ¡YA ME CANSÉ! PARA QUE LO SEPAS, TODA MI VIDA, ¡SIEMPRE HE QUERIDO SER UN POCO BONITO! ¡YA NO SOPORTO ESTE LUGAR! -dijo mientras azotaba la puerta.
Cuando salió de la casa, la lluvia empezó a recorrerle el cuerpo.
Sonic se quebró y empezó a llorar mientras las gotas lo comenzaban a abrazar. De pronto, apareció el espantapájaros con una sombrilla.
-Eres tan amable, cabeza de nabo -dijo, ya más calmado.
La voz de Tails interrumpió el momento.
-¡Sonic! ¡Regresa, por favor! ¡El amo Shadow está en problemas!
Ambos entraron a la cabaña cuando Marilcifer habló.
-¡Soooonic! ¡Ayúdame, me voy a apagar!
Ya que la viscosidad negra que salía de Shadow estaba por llegar al cuerpo de Marilcifer.
Sonic suspiró.
-Qué melodramático, una rabieta no mata a nadie. Vamos, Tails, ayúdame, llena la tina de agua caliente.
-¡Está bien, Sonic!
Mientras Sonic lo ayudaba a subir las escaleras, la toalla que cubría la parte baja de Shadow se había caído. Sonic sintió sus mejillas arder y desvió la mirada.
-Por favor, Tails, cuídalo bien -dijo mientras cerraba la puerta del baño.
Una hora después.
Shadow se encontraba hecho un lío en su cama, acomodado por varios cojines, con los ojos cerrados y sus púas ya de color negro con sus vetas rojas.
La voz de Sonic rompió la calma.
-Voy a pasar, Shadow... -abrió la puerta sosteniendo una taza de té.
Sonic dio un vistazo rápido a la habitación de Shadow y pudo ver libros apilados, algunos en el piso y otros sobre unos estantes, unas máscaras grandes ya desgastadas, algunas dagas de color perla, lavandas que decoraban el techo, figuras de calamares y ojos que podían ver a través de tu interior.
-Ten, te traje un poco de té, bébelo por favor.
Shadow negó con la cabeza manteniendo los ojos cerrados.
Sonic suspiró.
-Dejaré la taza acá, deja, no olvides tomarlo -giró sobre sus talones antes de irse.
-No me abandones, Sonic -dijo con voz baja.
Sonic se dio vuelta antes de acercarse al azabache y sentarse a su costado.
-Soy un cobarde, Sonic. -Desvió la mirada antes de hablar. Un sonido de unas gemas brillando hizo que Shadow abriera los ojos-. El brujo Eggman está buscando mi castillo. Todas estas baratijas y talismanes me protegen de él. -miró a los ojos de Sonic-. Vivo en constante miedo.
-Dime, Shadow, ¿Por qué el brujo Eggman te busca?-pregunto el cobalto.
-Cuando lo conocí, parecía alguien interesante y me acerqué a él, pero al conocer cómo era realmente me aterrorice, y lo único que hice fue escapar -dijo en voz baja-. Ahora el rey está convocando a Hotps y Yoiper.
-¿Cuántos nombres te has creado, Shadow?
-Los necesarios para sobrevivir.-dijo sin más
Sonic meditó por un segundo.
-¿No puedes solo rechazar la invitación del rey?
-¿Ves eso? -mientras señalaba a un aro de tirar dardos, que contenía una carta con dos insignias de leones con alas y una firma, la carta estaba sostenida por varios cuchillos y tijeras-. Es el juramento que hice cuando entré a la academia de hechicería.
Sonic trató de sonreír y sugirió.
-Yo creo que deberías visitar al rey.
Shadow abrió los ojos como platos.
-¿Qué?
-¡Claro! Míralo a la cara y díselo de frente: "Detén esta guerra absurda, me niego a ser parte de esto".
Shadow solo suspiró.
-Sonic... no conoces a estas personas.
-¿Pero eso es el rey, no? Un rey siempre quiere lo mejor para su reino.
A Shadow se le iluminó la cara antes de pararse de golpe de la cama.
-¡Tengo una idea! Tú podrías ir en mi lugar, Sonic.
-¿QUÉEEE?
-Finge ser la madre de Yoiper, diles que tu hijo es un cobarde bueno para nada, un inservible sin un poco de poder mágico, y quizás solo así puedas incluso decepcionar al Sr. Doom! -una enorme sonrisa se dibujó en su rostro.
-¿Sr. Doom? -dijo arqueando una ceja.
Y así Sonic se preparó para ir al castillo, agarró una carta que Shadow le dio.
-¿Usarás ese sombrero tan feo? -dijo el azabache mientras seguía envuelto en su sábana.
-¡Ya me voy! -dijo Sonic dándose la vuelta.
-¿En serio? ¿Después de toda la magia que usé para mejorar tu traje? -mientras hacía un puchero.
Sonic no respondió y abrió la puerta antes de irse. Shadow levitó y agarró suavemente la mano del cobalto para colocarle un anillo de plata con una esmeralda de color verde brillante.
-Con esto podrás regresar a casa -dijo sonriendo.
Sonic volteó a verlo una última vez.
-Tranquilo, estaré detrás de ti usando un disfraz.-mientras le guiñaba un ojo al cobalto.
Y así Sonic empezó a caminar mirando a las personas y posó su mirada hacia unos cuervos.
-Nah, no creo que sea un cuervo -desvió la mirada hacia una estatua y vio unas palabras-. No creo que se haya disfrazado de paloma.
Siguió caminando cuando llegó a la entrada del gran castillo y fue ahincando, vio a un perro negro con patas de pollo.
Sonic lo miró extrañado.
-¿Shadow? ¿En serio te disfrazaste de perro viejo?
El perro solo tosió.
-Ja, quien lo diría, de todas las opciones tenías que escoger eso.
A su costado, un palanquin era cargado por dos sombras de tinta y ahí estaba el brujo Eggman.
-¡Brujo Eggman! -dijo Sonic con enojo.
-Vaya, vaya, si es el chico de la tienda de sombreros -mientras se reía-. Gracias por darle mi carta. ¿Cómo está él?
Sonic rodó los ojos.
-Gracias a ti ahora es un erizo asustadizo y debo trabajar como el señor de la limpieza.
-¡Jajaja qué encantador! Pero dime, ¿Qué te trae al palacio del rey?-dijo con sarcasmo el brujo.
-Busco un mejor trabajo, ya me cansé de trabajar para Shadow. ¿Y tú?-hablo el cobalto desinteresado.
-Recibí una invitación del mismísimo rey. Al fin ese idiota de Doom se dio cuenta de que necesita mis grandes poderes y habilidades.-mientras se golpeaba el pecho con orgullo.
-Hablando de eso, ¿Por qué no rompes la maldición que me lanzaste? -dijo mientras chasqueaba la lengua.
-Oh querido, no puedo, mi don es hacer maldiciones, no romperlas. Me despido, adiós -su palanquin aumentó la velocidad, pero antes de que pudieran subir las escaleras, sus dos sombras de tinta empezaron a derretirse cual mantequilla. Eggman salió por la ventana.
-¿Qué le pasa a estos? -dijo disgustado.
Un lacayo habló.
-Mi señor, los vehículos están prohibidos a partir de este punto.
-Tsk, ese Doom hizo un círculo mágico para que suba esas estúpidas escaleras. -eggman salió a regañadientes y empezó a subir con dificultad las escaleras.
Al mismo tiempo, Sonic llegó para subir las escaleras, pero el perro que lo seguía no podía seguirlo. Sonic no tuvo otra opción que cargarlo y empezar a subir. Tanto Eggman como Sonic subían con dificultad las espantosas escaleras que parecían interminables.
-Espera, no me dejes -chilló Eggman.
-¿Ya recordaste cómo romper mi maldición? -gritó Sonic.
-¡Ya te dije que no sé cómo!
-Entonces ponte a estudiar -y siguió avanzando hasta llegar a la gran entrada. Volteó a ver a Eggman-. ¡Ya ríndete, brujo!
Eggman chasqueó la lengua y, entre jadeos, respondió.
-No puedo, han pasado... 50 años desde que me echaron -otro jadeo más-. Esperé este momento desde que estuve exiliado en el páramo.
-Bien, no soy tan generoso para ayudarte a subir. -y así, con duras fuerzas, cargó al perro mientras dejaba atrás a Eggman tirando sus maldiciones.
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Quítenme el Internet por favor JAJAJJAJA
BUENOOO esta vez es una adaptación del castillo vagabundo:D por lo que solo falta 1 parte más para dar por terminado este fic.
Espero que también les guste esta historia 🩷








