Casita Satosugu. (One-shots)

Summary

Pequeños escritos dedicados al Satosugu, pueden ser AU, Au escolar, Omegaverse, m-preg, etc. Pueden dejar sus ideas en los comentarios, con gusto las escribiré. (NO copias ni adaptaciones sin mi previo consentimiento)

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2
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n/a
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16+

Todas mis navidades contigo.

24 De Diciembre... 

La oscuridad era su acompañante, lo envolvía con fuerza y al parecer no tenía intenciones de liberarlo. Estaba solo en medio de aquel desagradable entorno, pero ¿Por qué ahora le disgustaba la soledad? Su cuerpo estaba helado y aunque el ambiente estaba libre de nieve, podía jurar que sentía como si estuviera congelándose, la fragilidad de su ser lo esta consumiendo, hay un sentimiento de arrepentimiento en su interior, pero no era de él, es decir Satoru Gojo nunca se arrepiente de nada, pero el sentimiento provenía de él y le era confuso, demasiado, pero intento no darle tantas vueltas al asunto. Intentó moverse, pero un dolor en su abdomen lo detuvo, llevo una de sus manos a la zona y esta inmediatamente se tornó de un líquido carmesí, su confusión aumentó a niveles exorbitantes, el dolor en su estómago se intensificó a tal punto de hacer un charco de sangre debajo suyo, la molestia provenía de su cuerpo, pero algo le decía que no le pertenecía, al menos no por ahora.

Miro hacia todas las direcciones posibles, necesitaba saber donde estaba, necesitaba salir de ese horrible lugar y encontrar a Suguru, todo estaba mejor cuando estaba junto a Suguru, después de todo eran los hechiceros más poderosos ¿No? Hizo el intento de caminar, pero sus piernas no obedecieron, parecía que todo era su cuerpo, pero a la vez era un completo intruso. Le tomó minutos o tal vez ¿Horas? no sabía con exactitud el concepto del tiempo en este lugar, pero por fin pudo dar unos pasos, con lentitud avanzaba buscando una salida, conforme iba avanzando, una presión en su pecho se hacía presente, directo al corazón, estrujando con fuerza, como si quisiera matar o por lo menos infligir un gran dolor al albino y funciono, Satoru tenía miedo, no, era pavor, desconocía el motivo, pero todo su cuerpo temblaba y en su mente solo podía pensar en Suguru, Suguru estaba mejor que el ¿Verdad?

Satoru divisio una luz tenue, camino como pudo hasta ella, al entrar, sus piernas perdieron todas las fuerzas y lo dejaron caer al suelo, el albino no se quejo, al menos pudo salir de la oscuridad, pero seguía estando solo, ese sentimiento ya no le era familiar, es decir, desde que conoció a Suguru la soledad ya le era extraña, la presencia de Suguru en su vida le era todo, no necesitaba más. Al parecer sus pensamientos atrajeron al azabache, porque justo ahora frente a él, podía ver a su Suguru, quien lo veía con una sonrisa ladina.

— ¿Contento?

Seguramente el albino hizo una cara de absoluta confusión, porque el azabache se reía con burla, pero no lograba entender.

— ¿Si? — Murmuró con duda, pero luego se recompuso. — Estoy contento de verte, Suguru.

— Tonto, me refiero a tu pelea con Sukuna.

— Querrás decir, nuestra pelea. — Satoru lo miró ofendido. — Nunca pelearía solo, somos un equipo ¿No?

— Yo no pelee contra Sukuna, mori hace un año.

— ¿Quien se atrevió a tocarte?

La mirada amatista lo analizo de pies a cabeza, sin embargo no dijo nada al respecto.

— No es importante. — Se alejó un poco de Satoru, tomando su distancia. — Todos estaban a tu lado, dando ánimos.

El albino entendió la pregunta inicial e hizo una mueca de fastidio, no estaba para nada contento.

— Hubiera estado más contento, si tu hubieras estado junto a mi, tal vez así hubiera ganado.

— ¿Te arrepientes de haber perdido?

— No, estoy feliz de haberlo hecho, puedo estar contigo ahora.

El albino decidió ignorar el dolor que aún tenía en su abdomen, con tal de ir a abrazar a Suguru, sin embargo el azabache esquivo el abrazo.

— No puedes tocarme, Satoru.

— ¿Por qué?

— Tienes que regresar, no debes estar en este lugar.

— Pero estoy muerto.

— Solo no me toques.

Gojo sintió náuseas, algo no estaba bien y el no saberlo le provocaba asco, su cabeza dolía horrores.

— Solo quiero estar contigo, Suguru.

— Estamos juntos, Satoru.

Una serie de recuerdos llegaron de golpe a la mente de Satoru, eran suyos, pero el no recordaba cómo ni cuando los causo, pero estaban ahí, explicando un poco el motivo por el cual Suguru estaba muerto y no estuvo junto al albino, en su batalla con Sukuna.

— Estoy confundido.

Y no era mentira, Satoru acababa de ver la muerte de Suguru entre sus recuerdos y también lo que parecía ser Suguru dejándolo frente a un KFC, las manos de Suguru estaban manchadas de sangre, pero le resultaba imposible de creer, es decir, Suguru es su brújula de la moral, Suguru jamas traicionaria sus ideales ¿Cierto?

— No le des muchas vueltas al asunto.

Satoru no sabia que decir, aún estaba procesando todo e intentando llenar las lagunas mentales.

— Tengo que irme, mi avión está por salir.

Satoru miró a su alrededor y no supo cómo es que había llegado hasta el aeropuerto, a lo lejos pudo ver algunas siluetas subiendo a un avión, solo pudo reconocer una de ellas, la de Amanai, pero ¿Como?

— ¡No! No puedes dejarme, Suguru.

— Confia en mi, Satoru.

Dicho esto, el azabache le brindó una cálida sonrisa al albino y sin decir más, se dio la medio vuelta y comenzó a caminar, no miro atrás y Satoru se sintió abandonado, era como si estuviera perdiendo lo más importante en toda su existencia, no le molestaba estar solo, pero no quería estar sin Suguru, no sabía cómo vivir sin Suguru, ¿Era posible que Satoru viviera sin Suguru?

— ¡Suguru!

Lo siguió, pero con cada paso que daba, la figura de Suguru se alejaba con mayor rapidez, como si no debiera alcanzarlo, Satoru corrió, tanto como sus débiles piernas lo permitieron, ignoro el daño físico, corrió para evitar quedarse solo, corrió deseando que todo esto fuera un mal sueño, una pesadilla, Suguru no podía irse de su lado, Satoru no lo dejaría, él lo cuidaría y le daría todo lo necesario para que no se fuera. La oscuridad alcanzó de nuevo a Satoru y se lo trago, nunca debió salir a la luz y ver ese futuro, pero ya lo había hecho, el resultado era incierto, pero no seguiría en ese lugar.


24 De Diciembre 2006.

Los orbes celestes se abrieron, mirando a su alrededor con cierto temor, para su fortuna, vio la foto en su mesita de noche, foto en la cual salian Suguru, Amanai, Kuroi y Gojo, a su lado estaba otra foto, solo de Satoru y Suguru solos, mientras sonreían, junto a una pequeña nota que decía “100 días de novios” , su cuerpo se tenso, deseando que esta fuera la realidad y no otro mal sueño, cerró sus ojos y contó hasta diez, de nuevo los abrió, nada cambió, eso lo alivió un poco, pero todavía estaba algo inquieto. Miro su celular, eran las diez de la noche, su cita con Suguru, salto de la cama con rapidez, rogando que el azabache no se molestara por la impuntualidad de Satoru.

Ni siquiera se dio cuenta en qué momento se vistió, pero lo hizo, así que sin muchas vueltas al asunto, se teletransportó hasta Shinjuku, camino un poco hasta que vio a Suguru, sentando junto a una fuente, mientras fumaba un cigarrillo, sin embargo Satoru vio lo que hasta ahora se negaba a ver, la mirada triste y las ojeras que tenía Getou, desde hace meses esa era el rostro del azabache y Satoru siempre creyó que era normal o al menos creía en las excusas de Suguru.

Poco a poco se acercó hasta Suguru y sin decir nada lo abrazo, lo envolvió tan fuerte entre sus brazos, para hacerle saber que todo iba estar bien, que era su lugar seguro y Satoru no iba abandonarlo, porque Satoru nunca dejaría a Getou lidiar con la crueldad del mundo solo.

— Satoru.

— Me has estado mintiendo, Suguru y no te culpo, yo crei que solo era el calor de verano o el estrés de las misiones, pero se no es verdad.

— Es solo estres.

— Por favor tira ese cigarro y hablemos ¿Si?

Suguru pareció dudar un poco, pero lo hizo, botó el cigarrillo a la basura y miró a Satoru, con algo de vergüenza, se sentía expuesto, pero también estaba aliviado.

— Dime la verdad, ¿Que has pensado últimamente acerca de la escuela, Suguru?

El azabache dudaba en que responder, después de todo ese tema era delicado y un poco innecesario de tocar, según su perspectiva.

— Nos están dejando muchas misiones, solo eso.

— Suguru.

El oji púrpura se sintió atacado, por el tono de regaño que usó el albino, se puso a la defensiva, sin darse cuenta, le era extraño tanto interes de repente, Satoru siempre le habia creido que solo era el estrés o el calor de verano, ¿Por que ahora no?

— ¿Por qué el repentino interés? Siempre me creíste, con excusas absurdas cabe aclarar.

— Lo se, fui un tonto al creer esos argumentos incoherentes, pero ahora se que algo está mal contigo y quiero ayudarte, no puedo seguir ignorando esto y despues arrepentirme de las consecuencias.

— ¿Hay algo que yo no sepa?

Satoru dudo un poco en si contarle lo ocurrido a Suguru, pero no había secretos entre ellos y después de todo, no era nada malo, no había problema ¿Verdad?

— Sabes que mis seis ojos son confusos, aún no sabemos mis poderes exactos, siempre hay una sorpresa con lo increíble y fuerte que soy.

— Satoru, no estoy de humor para escucharte presumir.

— Tuve un sueño, fue confuso, pero moriste, por mi culpa. Tu al parecer tenias ideales sobre exterminar a los no-hechiceros y yo no vi las señales, pasaron muchas cosas que hicieron que siguieras ese camino, Amanai fue una de ellas y mi descuido fue otra.

Suguru estaba sorprendido, pero sabía que no era mentira, Satoru nunca jugaría con algo como eso y el albino tenía razón, sus pensamientos carecían de moral los últimos meses, no encontraba sentido al seguir luchando contra las maldiciones, suspiro agobiado, sabiendo que no podía seguir evitando el tema.

— Es cierto, he tenido esos pensamientos y me doy miedo a mi mismo, pero ¿Cuál es el sentido de luchar? ¿Por qué debemos arriesgar nuestras vidas por los no-hechiceros? ¿Ellos son los únicos que merecen vivir?

— Todo esto empezó por Amanai ¿Verdad? — Suguru asintió. — ¿Por qué? Ella esta viva, junto a Kuroi, ambas sobrevivieron, aunque tuvieron heridas graves, lograste ver a Toji antes de que pudiera matar a Amanai y yo logre llegar a tiempo, llevaste a Kuroi y Amanai con Shoko, ellas viven, Suguru.

— Si, pero tengo miedo de que algun dia tu estes en su lugar y yo no pueda salvarte, tengo miedo de que todos pongan una carga sobre tus hombros demasiado grande y lo tengas que hacer, solo porque eres el hechicero más fuerte de todos, no es justo, no quiero que mueras protegiendo a los débiles y despues seas olvidado, porque solo te ven como una herramienta.

— Suguru.

— Tengo miedo de morir también, de dejarte solo, tengo miedo de ver morir a nuestros amigos, no quiero seguir en el mundo de la hechicería, se que yo sabía a lo que me metía cuando acepte ser un hechicero, pero ya no quiero, esto no es lo que yo deseaba, Toji fue demasiado para mi.

Sin darse cuenta el azabache empezó a temblar, fue todo un trauma lo que ocurrió hace unos meses, todos parecían seguir con sus vidas, menos el y eso lo agobia, le causa escalofríos, Suguru se siente culpable por no poder seguir con su vida como Satoru o la misma Amanai, pero en cambio Getou se quedó estancando, teniendo crisis existenciales, cuestionando lo que él creía saber y llegando a una conclusión dolorosa, quitándole toda la inocencia que en algún momento tuvo y todo por culpa de Toji. La debilidad de su mente lo está atormentando y no encuentra salida, opto por no decirle nada a nadie, pensó que sería pasajero, pero cada dia el sentimiento se hace muy intenso, imposible de sobrellevarlo solo.

— Suguru, no estas solo.

— Lo se, pero me siento solo, no quiero agobiarte con mis cosas, en algun momento pense que esto pasaría, pero se intensifica cada vez más.

— ¿Como puedo ayudarte?

Tal vez sonaba algo absurdo de preguntar, pero Satoru necesitaba tantear el terreno, no podía ofrecerle ayuda a Suguru sin saber cuánto era el daño causado.

— Estoy bien.

— Suguru.

El azabache bajo la mirada, apenado, pero sin saber que decir con exactitud.

— No tengo idea, nunca pensé en pedirles ayuda, me convencí que podía solo.

— ¿Quieres seguir en la escuela de Hechicería?

— No, no quiero.

Al menos Satoru ya sabía como ayudar a Suguru, al menos una parte.

— ¿Aceptarías ayuda psicológica?

— ¿Que? No podemos ir a un psicólogo de los no-hechiceros, ¿Como les aplicaríamos acerca de las maldiciones?

— Puedo buscar un psicólogo para hechiceros, en el extranjero hay muchos hechiceros, no somos los únicos, en Suiza e Italia he oído acerca de terapias para los hechiceros.

— Suena bien.

Aunque su voz era suave y casi imposible de escuchar, tenia un ligero toque de esperanza, como si pudiera sentir un salva vidas después de tanto.

— Entonces pasando las fiestas hablaré con Yaga, presentaremos tu baja en la escuela ¿Esta bien eso?

— Pero tú tendrás que encargarte de hacer muchas más misiones, no es justo.

— Puedo con eso, si tu estas bien, yo lo estoy.

— Satoru.

— Solo te necesito a mi lado Suguru, pero te necesito bien, además yo quiero seguir siendo hechicero.

— Entiendo.

— Cuando presentemos tu baja, me informaré acerca de los psicólogos ¿Si? Tomaré terapia contigo incluso, no pasarás ese proceso tú solo.

— Satoru.

— Mientras tanto puedes vivir con Kuroi y Amanai, me encantaria que vivieras en la mansion Gojo, ser recibido por ti seria lo mejor, pero creo que necesitas alejarte por un tiempo de la hechicería, irte a vivir con ellas, seria lo ideal.

— Nos veríamos muy poco.

— Claro que no, usare mi teletransportación cada que regrese de una misión, tú serás el primero en saberlo.

— Me agrada la idea, pero estas esforzandote mucho, Satoru.

— Tu lo vales, si me esfuerzo y tengo como resultado salvar tu salud mental y mantenerte a mi lado, lo haré, no pienso dejarte, Suguru.

— ¿Y si no funciona? ¿Si No mejoro?

— Entonces probaremos otros métodos, algo va funcionar, podemos con lo que sea, pero juntos.

— ¿Tan malo fue ese sueño que tuviste?

Comento con un poco de sarcasmo, al ver la desesperación del albino.

— Moriste, me quedé completamente solo, un mundo sin ti, no es agradable.

— Pudiste seguir con tu vida.

— Mori un año después, no me importa morir, pero no quiero perderte, Suguru.

— Tonto no vas a perderme.

— En el futuro al parecer lo hice.

— Lo dudo, tal vez nos separamos, pero siempre seras tú, estarás en mi corazón.

— Prefiero estar a tu lado y en tu corazón, no me dejes solo ¿Si?

— Nunca lo haría, Satoru.

— Yo tampoco, a pasos lentos, pero seremos tu y yo ¿Verdad?

— Seremos tu y yo.

Afirmó con una sonrisa, mientras el albino lo miraba maravillado, el brillo en los orbes azules era uno lleno de esperanza y amor, se deleitaron al ver el hermoso rostro del azabache, era como una exquisita obra de arte, exclusiva de Satoru Gojo, porque la belleza de Suguru es sublime, Satoru discutiria con cualquiera persona que estuviera en contra de eso.

— Gracias, Satoru.

— Soy genial, pero no me des las gracias, se que tu harias lo mismo o incluso más por mi.

— Tonto.

— ¿Duele un poco menos?

Suguru asintió, aunque dudo un poco, pero al final la carga se aligero un poco, todo dolía menos cuando lo hablas con alguien importante.

Satoru acarició con delicadeza al rostro del azabache, delineando con suavidad cada parte de Suguru, era un toque sutil, pero lleno de sentimientos, le gustaba cuando Satoru lo tocaba con suma delicadeza, como si tuviera miedo de romperlo. Poco a poco con lentitud Satoru se aproximo hacia los belfos del contrario, Suguru sonrió al sentir la cercanía y cerro sus ojos, ambos se unieron en un beso, un beso tranquilo y lento, no era uno rudo o demandante, era uno tierno y delicado, ambos estaban bien con eso, se hicieron saber el apoyo mutuo y el gran amor que se tenían, sin embargo el meloso momento fue interrumpido por la voz de una jovencita.

— ¡Chicos!

Ambos se separaron apenados, Suguru estaba mucho más rojo que Satoru, el albino río y cubrió a su pareja con la manga de su suéter, para darle tiempo a que se calmara.

— Lamentamos interrumpir, pero la señorita Amanai insistió en venir.

— Descuida Kuroi, esta bien.

— Yo no lamento nada, Satoru tiene que enseñarse a compartir a Suguru.

— Suguru es mio.

— Es navidad, no peleen.

— ¡Cierto! Trajimos un regalo para ambos.

Satoru y Suguru se miraron confusos, pero miraron como Amanai les extendia una bolsa, Suguru la tomó con cuidado y se dispuso a abrirla. Dentro había una caja color azul, con un pequeño moño plateado, ambos lo abrieron y vieron un bonito par de relojes, eran relojes de pareja, les venía como anillo al dedo, es decir aunque no era secreto que eran pareja, tampoco eran explícitos, pero estos relojes a juego, eran bonitos, prácticos y sin duda su regalo favorito.

— Son hermosos, gracias a ambas, nos encantaron.

— ¿Te gustó más mi regalo que el de Satoru, Suguru?

Ah, claro, Satoru se regañó mentalmente, porque había olvidado el regalo de Suguru y el de las chicas.

— No le di nada, lo olvide en casa.

— ¿Que?

La chica miro molesta a Satoru, Suguru rio al ver el avergonzado rostro del oji azul, Kuroi negó, sabiendo que Amanai iba a burlarse de Satoru.

— Eres muy olvidadizo, pésima pareja para Suguru.

— Nosotros también les trajimos algo.

Suguru desvió el tema de conversación, sabiendo que Gojo probablemente se sentía fatal por olvidar su regalo. La chica tomo la caja de regalo, dentro había una bonita muñeca, junto a un videojuego, en el poco tiempo que llevaban juntos, descubrieron que la chica tenía una afición por las muñecas, al no poder jugar con ellas como toda niña normal en su infancia, les tomo cariño ahora que tenía un poco más de libertad gracias a Satoru y Suguru, también le encantaban los videojuegos y disfrutaba jugar con Suguru, porque Satoru era demasiado competitivo para ella. Kuroi por el contrario recibió un bonito vestido violeta con margaritas, le llegaba hasta los pies, junto a un set de entrenamiento, aunque los regalos eran de parte de ambos, las ideas fueron de Suguru, pues Satoru solo les iba dar su tarjeta y que ellas compraran lo que quisieran.

— Muchas gracias, son hermosos.

Suguru se sintió feliz al ver las sonrisas de ambas chicas, Satoru por otro lado, estaba ocupado intentando ponerse su reloj en su muñeca.

— Satoru, ¿Necesitas ayuda?

— Satoru es el mejor hechicero, pero ¿No puedes ponerte un reloj?

— Calla Amanai , es solo que a veces tengo que demostrar que soy un humano con dificultades, para que no me tengan mucha envidia.

La chica rodó los ojos, Kuroi y Suguru rieron divertidos.

— ¿Pasarán año nuevo con nosotras?

— Lo haremos, por cierto, Suguru ¿Puede vivir con ustedes el próximo año? Será solo por una temporada.

— No hay manera de negarnos, les debemos mucho, estamos agradecidas y también estamos felices por vivir unos meses contigo Suguru.

Kuroi expresó con sinceridad, Amanai asintió, sin embargo ella habló con duda.

— Pero ¿Por qué? ¿Pelearon? Si le hiciste algo malo te las veras conmigo, Satoru.

— Nada de eso, solo que dejara la escuela, prefiere una vida tranquila y yo apoyo su decisión.

— Buena elección Suguru, estaremos encantadas de tenerte con nosotras.

El azabache sonrió agradecido por la hospitalidad, maravillado con la idea.

— No tan rapido niña, Suguru sigue siendo mio, no te emociones, solo serán unos meses ¿Bien?

— Nos va preferir a nosotras y no querrá regresar contigo.

La chica le sacó la lengua al albino, quien no dudó en hacerle lo mismo, Suguru negó divertido, pero agradecido porque las cosas no cambiaban mucho con el pasar de los meses. Tal vez la mini pelea hubiera seguido, pero empezaron a escucharse los fuegos artificiales, el festival de navidad comenzó e irían rápidamente al centro de Shinjuku para deleitar su vista.

Amanai y Kuroi se adelantaron, mientras que Satoru y Suguru caminaban lento, tomados de la mano, disfrutando la brisa de invierno, golpeando sus rostros y escuchando a lo lejos algunos cantos navideños.

— Nunca olvidaría tu regalo.

Acto seguido Suguru recibió en sus manos una caja de regalo, un poco mal envuelta, pero era un tierno gesto por parte de Satoru. Lo abrió cuidadosamente y noto una pequeña cajita musical, siempre quiso una, se le dificultaba conciliar el sueño y siempre pensó que una caja musical podía ser la solucion, tambien habia una pequeña maquina de dulces, con un letrero que decia “Comeme, maldiciones fuchi” Suguru rio por lo escrito y por ultimo habia unos boletos para dos personas, para vacacionar e ir a esquiar.

— Me encantan, en especial la caja musical, la cuidare muy bien.

— Se que lo harás.

— Yo también traje un regalo.

Satoru recibió todos los mangas que hacían falta a su colección, junto a figuras de acción de sus personajes favoritos y una carta hecha a mano de Suguru. Le encantó tener por fin todos los tomos de sus mangas favoritos, pero su regalo favorito fue sin duda la carta de Suguru, era especial, solo por ser escrita con el puño y letra de Suguru.

— Gracias Suguru, aunque el mejor regalo de navidad eres tu, creeme.

— Eso sonó muy cursi para venir de ti.

— Hablo en serio, no me imagino una navidad sin ti.

— Nunca pasara eso, prometo hacer lo posible para mejorar.

— Y yo prometo ayudarte y mejorar contigo, no te dejaré solo.

— Lo se, gracias Satoru.

— Quiero pasar todas mis navidades contigo, Suguru, haré todo para que así sea.

— Todas las navidades seremos tu y yo, no hay de que preocuparse Satoru.

— Te amo, Suguru.

— Te amo, Satoru.

Miraron hacia el cielo, justo cuando el espectáculo de luces flotantes empezó, Satoru apretó con fuerza la mano de Suguru, temiendo que esta se desvaneciera en algún momento, pero eso nunca iba a ocurrir, porque ambos se tomaron tan fuerte y harían de todo para evitar soltarse. Era navidad, pero incluso sin serlo, no se iban a dejar de apoyar mutuamente, porque Satoru no puede quedarse sin Suguru y viceversa, ellos se complementan, no iban a dejarse, por pequeños problemas, no cuando ellos eran tan fuertes juntos. Se dieron las doce de la noche y esa navidad la pasaron juntos, también la siguiente y la siguiente después de esa.

Satoru cumplio su promesa, mantuvo a Suguru lejos de la escuela de Hechiceros, Suguru se dedicó a cuidar de dos pequeñas niñas, junto a Amanai, Kuroi y por supuesto Satoru, Suguru se encargaba de atender una pequeña cafetería y florería a la vez, vivía ahora en la mansión Gojo, en compañía de Amanai y Kuroi, para que no se sintiera solo cuando Satoru fuera a misiones, todo estaba bien, Suguru tenía una vida tranquila y Satoru tenía a Suguru, las navidades fueron tranquilas y el resto del año era maravilloso, asi debia ser.

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Holaaa, subi este Os, un poco tarde, pero aqui esta mi pequeña aportación para una fecha importante para el SatoSugu, lo de Gege es un fanfic, no se pongan tristes.

La idea fue de mi tia jaja, creo que la traume un poco con el SatoSugu, pero ni modo, tenía que saber su triste y linda historia.

Espero les haya gustado, dejen sus votos y comentarios, los leo con gusto, pasen una feliz navidad