Reflejo
Un eco de pasos resonaba en los pasillos casi oscuros. La luz mortecina de las farolas apenas alcanzaba a iluminar el suelo de concreto agrietado.
El sonido se hacía más fuerte: apresurado, desordenado.
Una joven corría frenéticamente, su respiración entrecortada, con el peso de un cuerpo inerte sobre sus hombros. A cada paso, la penumbra parecía cerrarse sobre ella, envolviéndola en una sensación sofocante de desesperación. El frío mordía su piel y el sudor hacía que sus dedos resbalaran sobre la tela rasgada de la chaqueta del chico que cargaba.
Al llegar al final del pasillo, se detuvo en seco.
—Sin salida… de nuevo.
Las palabras escaparon de sus labios, llenas de resignación. Su mirada recorrió las paredes cerradas, sus manos temblaban y el sonido de unos pasos detrás de ella rompió el silencio.
Giro lentamente su cabeza hacia atrás.
—Parece que el destino quiere que sea así…
Su voz fue apenas un murmullo. Sus dedos soltaron el cuerpo del joven con delicadeza, dejándolo caer sobre el suelo. El chico, apenas consciente, vio cómo ella inclinaba su rostro y pronunciaba unas palabras inaudibles, que se desvanecieron antes de llegar a sus oídos.
Sus ojos comenzaron a abrirse lentamente... Despertando de aquel tenue sueño.
—Hace tiempo no soñaba con eso…
Su voz era tenue, arrastrada por el peso del despertar. Se pasó una mano por el rostro mientras las imágenes fugaces en su mente se desvanecían.
A su lado, el cielo oscuro se desplegaba inmenso sobre los tejados de la ciudad.
Exhaló con pesadez, sintiendo el aire frío contra su piel.
—Sigo sin poder escuchar sus palabras…
Mirando hacia un costado noto como el cielo estaba cambiando
—Es tarde, ya es hora de volver.
Se levantó, ajustándose la ropa, y comenzó a caminar por las calles estrechas.
Las calles de la ciudad se conectaban en cada esquina, vivas con la multitud de ciudadanos que rondaban entre los callejones. El joven, cruzando una de esas esquinas, encontró un paso desolado.
Las sombras cubrían los muros viejos, la ausencia de vida hacía que la zona pareciera un lugar olvidado por el tiempo.
Con pasos tranquilos, siguió su camino hasta encontrarse con una casa pequeña y antigua, pero con la esencia de comodidad en sus desgastadas paredes.
Justo al lado de la entrada, una joven envuelta en una capa blanca esperaba impaciente.
—Lo siento, Ros. No recordaba que era hoy —dijo el joven, suspirando.
—¡Ohhh! Así que por fin te dignas a volver, Kael.
Su tono era de queja, pero su expresión no mostraba enojo real.
Kael, pasándose la mano por el cabello con cierta vergüenza, murmuró:
—Me quedé dormido y perdí la noción del tiempo.
Ros resopló.
—¿Sabes cuánto tiempo llevo esperando? ¡Snif, snif! Qué malo eres conmigo, dejando a una bella e indefensa jovencita en un lugar tan solitario. ¿Qué hago? ¿Debería llorar desconsoladamente?
Kael arqueó una ceja.
—Como sea. Entra —Ros cambió drásticamente de actitud, empujándolo hacia el interior de la casa—. Los exámenes no se harán por sí solos.
Kael suspiró, siguiendo sus pasos.
—Que rápido cambia de tema.
—Estoy a punto de comenzar. ¿Estás listo?
Kael, recostado en una silla grande, asintió con la cabeza.
—Bien, comencemos.
Ros alzó la mano y una esfera de luz salió de su palma, rodeando a Kael con destellos tenues.
—¿Algún efecto secundario de la medicina? —preguntó Ros, observando mínimamente cada detalle de kael.
Kael sacudió la cabeza en negación.
—¿Y tu ojo izquierdo?
—Mucho mejor. He recuperado en gran parte la visión.
Ros dejó escapar una exhalación, relajando su postura.
—Terminamos por hoy.
Kael se sorprendió —¿Tan rápido?
Ros guardó sus cosas, con una expresión tranquila.
—Has presentado mejorías. Tomaremos una pausa leve en los demás procedimientos para evitar una reacción negativa.
Silencio.
Ros, con tono más serio, dejó escapar un leve suspiro.
—Sé que sigues esa idea heroica tuya… y lo respeto. Pero esa no es una carga que tu cuerpo pueda llevar.
Kael de quedó un momento en silencio.
—Lo sé. Pero fui creado para salvar y proteger. No hacerlo sería negar mi propia existencia.
Ros dejo salir un gran suspiro.
—¡Buaahhh! Lo sabía. Es imposible convencerte.
Se dejó caer en una silla al lado de Kael.
—Sabes… Siempre me destaqué por ser una sanadora independiente. Pero no era del todo cierto. Tenía a Elizabeth, Mi hermana.
Kael no respondió, solo escucho aquellas palabras.
Ros dejó escapar un leve suspiro, sus dedos recorriendo la superficie fría de la silla mientras sus pensamientos se hundían en los recuerdos .
—Siempre fuimos un gran equipo pero era alguien bastante tonta, por eso cuando trasladaron a Elizabeth al país vecino, me alegré y la vez me preocupe por ella.
Su voz era tranquila, pero había un dejo de melancolía en cada palabra.
—Pero entonces… empezaron los problemas.
Ros entrecerró los ojos, recordando la primera vez que Elizabeth, le habló sobre el laboratorio.
—Ella... me contó lo que hacían ahí. Sobre su proyecto de "Héroe artificial".
Ros continuó, su tono más contenido.
—A diferencia de ella, que se sentía asqueada de sí misma y de todo lo que hacían en nombre de un bien mayor… yo sentí curiosidad.
—Me pregunté hasta qué punto algo que se parece tanto a un humano podría considerarse genuinamente "humano".
Ros rió con algo de tristeza.
—Hipócrita de mi parte, ¿no crees?
Kael desvió la mirada hacia el techo, sin palabras para ofrecer.
—Por eso, cuando ocurrió la guerra y Elizabeth me pidió ayuda con tus exámenes… vi una oportunidad para aclarar esas dudas.
Su mirada se perdió en el resplandor tenue de una luz en el cuarto.
—Pero con el pasar de los meses… empecé a tomarte cariño.
—Por eso, después de que ella… decidí seguir ayudándote.
—Ya no como parte de mi propio proyecto, sino como un favor hacia elizabeth, un favor hacia mi querida hermana.
Sus dedos jugueteaban con un pequeño amuleto que llevaba en su bolsillo, aunque no parecía consciente del gesto.
—O… tal vez sea porque, en realidad, le temo a la soledad.
Kael bajó la mirada por un instante.
—Eres mucho más amable de lo que aparentas, Ros.
Su tono era suave, sin burla ni juicio.
Ros parpadeó, sorprendida por sus palabras.
Y luego, rió con fuerza.
—¡Jajajaja! ¿Más suave?
Sacudió la cabeza, recogiendo sus cosas con delicadeza.
—Tal vez tengas un poco de razón
—Bueno, ya es hora de regresar. Te veré mañana. Y esta vez… no me hagas esperar demasiado.
Kael sonrió levemente.
—Claro. Trataré de ser más puntual.
Ros salió por la puerta y su figura se desvaneció en la distancia.
Kael observó a Ros desde atras, antes de girarse para entrar nuevamente a la casa.
Pero entonces—
Un sonido brusco, una voz que rompía la calma de la tarde.
—¡Oye, oye, cálmate! Si me golpeas con eso, ¡me vas a matar!
Kael se detuvo, su mirada fija en el callejón al lado de la casa.
—¡Tal vez debiste pensar en eso antes de comerte mi pudín!
La segunda voz sonaba más agresiva, pero no transmitía peligro real.
Kael giró sutilmente la cabeza, observando desde la distancia. A unos metros, una chica de cabello oscuro y mirada furiosa sostenía un objeto improvisado como arma, mientras un chico levantaba las manos en defensa.
—Lo siento, ¡pero qué pasa si alguien te ve! —exclamó el joven, retrocediendo un paso—. ¿No te preocupa que te descubran?
La chica resopló, su expresión despreocupada.
—No pasa nada. Estamos en la zona E de la ciudad. Aquí no vive prácticamente nadie…
Pero justo cuando terminaba su frase, se detuvo.
Sus ojos se posaron en Kael, quien la observaba desde lejos.
Por un instante, solo hubo silencio.
Kael desvió la mirada, como si aquello no le interesara en absoluto, haciendo margen a que no vio nada.
La chica, sin embargo, se quedó en su sitio, repentinamente sonrojada.
Ahora dentro de la casa, Kael, la chica y el joven estaban sentados alrededor de una mesa improvisada, las luces cálidas proyectando sombras en la madera antigua.
—Así que… no era una pelea real —comentó Kael, arqueando una ceja.
La chica, aún con un leve sonrojo en el rostro, cruzó los brazos.
El chico al lado de ella suspiró con resignación.
—Era un berrinche, más bien un castigo injusto.
—¡No me digas injusta! —replicó la chica, golpeando la mesa con suavidad.
Kael miró la escena con calma, la dinámica entre los dos era natural, como si aquel pequeño conflicto fuera un reflejo de su relación cotidiana.
Antes de que su conflicto continuará una explosión resonó a lo lejos.
La casa tembló levemente, los utensilios de la mesa vibraron ante la onda expansiva.
Kael se levantó de inmediato.
—¿Qué fue eso?
La chica y el joven cruzaron miradas, la tranquilidad de la conversación se rompió al instante.
Sin necesidad de discutirlo, corrieron hacia el exterior.
Al llegar al lugar de la explosión, el aire estaba cargado con polvo y energía distorsionada y el sonido de la gente corriendo rompía el silencio.
Pero no era solo el caos de los ciudadanos escapando lo que llamaba la atención.
Era la criatura.
Imponente, su cuerpo recubierto por una energía rojiza, su cola larga y afilada cortando el aire con cada movimiento.
Solo dos patas delanteras sosteniéndola, su forma errática y agresiva.
Uno de los chicos se detuvo en seco, perplejo.
—¿Un LABOSS…?
Su voz fue un murmullo cargado de incredulidad.
Era imposible que uno de esos estuviera en la ciudad. Mucho menos tan cerca de un cristal de Eternito.
Kael observó la criatura sin decir nada.
La chica, por su parte, reaccionó de inmediato.
Levantó ambas manos y concentró energía en sus palmas, su piel resplandeciendo con un tenue brillo azul.
—Voy a levantar un campo protector para evacuar a los ciudadanos —anunció, con determinación.
El otro chico, miró a Kael de inmediato.
—¡Sáquemoslos antes de que se desactive el campo! No deja salir criaturas así que no será tan complicado.
Pero antes de que pudiera terminar la frase, el LABOSS rugió.
Su cuerpo se iluminó con un resplandor ardiente.
La energía acumulada en su pecho se materializó en una esfera incandescente—
**Una bola de fuego**.
Se dirigía a una ciudadana, atrapada en el pánico.
Kael se movió antes de pensar.
En un instante, su espada cortó la energía en el aire, disipando la llama con precisión quirúrgica.
El sonido metálico resonó con fuerza.
Ambos lo observaron, sorprendidos por la velocidad de su reacción.
Kael giró levemente el rostro, su expresión imperturbable.
—Saquen a las personas.
Su tono no era una petición.
Era una orden.
La chica, apretó los labios y asintió, moviéndose rápido para levantar mejorar el campo protector.
El otro joven la siguió, ayudando a guiar a la gente hacia la salida.
Kael, sin perder tiempo, encaró a la criatura.
El aire vibraba con una energía sofocante.
Kael ajustó la empuñadura de su espada mientras el **Laboss** avanzaba, sus pasos pesados haciendo retumbar el suelo bajo su fuerza descomunal.
La criatura dejó escapar un rugido que estremeció las calles vacías, su cola agitándose como un látigo al sentir la cercanía del **Cristal Eterno**.
Sus ojos, bañados en un resplandor carmesí, se enfocaron en él.
Un golpe rápido con su brazo derecho, buscando aplastar a Kael como si fuera un simple insecto.
Pero él ya se había movido.
Con la precisión de un guerrero curtido en batalla, Kael esquivó el ataque con un giro fluido, deslizando su cuerpo por el costado de la bestia y trazando un corte limpio a lo largo de su brazo.
La cuchilla emitió un leve destello al rasgar la piel blindada, dejando una marca profunda que provocó un rugido ensordecedor.
La Laboss giró sobre sí misma con furia, levantando polvo y escombros con cada movimiento errático.
Kael ya no estaba en el suelo.
Había saltado.
El guerrero cayó sobre la espalda de la criatura con precisión calculada, hundiendo su espada entre las placas del caparazón justo en la unión de su columna.
El acero cortó la carne.
La criatura tambaleó, su rugido transformándose en un sonido más gutural, un indicio de dolor.
Kael deslizó la espada hacia la izquierda, trazando un corte largo y letal por la columna del monstruo antes de impulsarse hacia atrás para ganar distancia.
Pero la Laboss no iba a caer fácilmente.
Golpeó el suelo con fuerza, levantando una ola de tierra y rocas que explotó alrededor de Kael, haciéndolo perder el equilibrio.
Un instante. Un pequeño error de cálculo.
Suficiente para que la bestia lanzara su enorme brazo izquierdo contra él.
Kael giró su cuerpo con velocidad, el filo de su espada iluminado por la refracción del Éter.
**Un corte limpio.**
El brazo de la criatura se separó de su cuerpo.
La Laboss se desplomó hacia su costado, su energía desestabilizandose por la pérdida de extremidad.
Pero no iba a rendirse.
En un último movimiento desesperado, agitó su gran cola como un látigo.
El impacto lanzó a Kael varios metros, su cuerpo giró en el aire antes de reaccionar de inmediato.
Clavó su espada en el suelo.
El acero chirrió, frenando su caída con un movimiento firme.
Kael apoyó una rodilla en el suelo, sintiendo la vibración del ambiente a su alrededor.
No había terminado.
La Laboss reaccionó con furia, con un ataque frontal, abrió sus fauces con la intención de devorar al joven.
El suelo se rompió bajo sus patas delanteras cuando se impulsó hacia él con la energía del Éter vibrando en sus venas.
El aire se comprimió.
Kael desapareció de su trayectoria, apareciendo debajo de la criatura.
Con un golpe rápido y letal, clavó su espada en la mandíbula de la bestia, levantando su cabeza justo en el momento en que su ataque mágico se disparó hacia el cielo.
El fuego del Laboss explotó en el aire, quemando las nubes con su intensidad.
Kael no se detuvo.
Pisó con fuerza el suelo, impulsándose con precisión absoluta.
Giró su espada en un arco perfecto.
El aire se dividió con su filo.
El cuerpo de la criatura se partió en dos antes de que pudiera reaccionar.
Silencio.
Luego, un estruendo cuando la Laboss cayó derrotada.
Kael se quedó de pie, su respiración controlada, el acero de su espada aún vibrando con el choque del impacto.
A lo lejos en un tejado lejano una figura observaba.
No era un simple espectador.
Su postura era relajada, pero su mirada oculta, reflejaba una mezcla de interés y burla.
—Así que este es tu mejor prototipo, ¿eh? Interesante, muy interesante
Su voz se deslizó en el viento, como si no esperara respuesta alguna.
Luego, desapareció.
El polvo aún flotaba en el aire.
Los restos de la Laboss yacían en el suelo, su energía disipándose lentamente en el ambiente.
Kael permanecía de pie, y su espada empezo a desvanecerse, observando el campo de batalla con una expresión indescifrable.
Aquella chica, exhaló con fuerza, aún sintiendo el peso de la magia que había usado para levantar el campo protector.
—Que impresionante.
murmuró, con los ojos brillando entre la penumbra.
—No había visto a alguien tan fuerte aquí… tampoco recuerdo haberlo visto o oído algo en el gremio.
Kael se giró levemente hacia ella, sus ojos fríos la miraron mientras se le acercaba.
—¿Estás bien?
Ella parpadeó, sintiendo su corazón latir con fuerza al darse cuenta de que él la estaba observando directamente.
—Ah… sí, sí. Estoy bien.
El calor en su rostro la traicionó por un instante, pero se recompuso rápidamente.
El otro chico llegó a su lado, sacudiéndose el polvo de la chaqueta mientras miraba con atención a Kael.
—Tengo que admitirlo… fue increíble.
dijo, con una sonrisa ladeada—. La velocidad, la precisión…
Kael bajó la mirada apenas un poco.
—No fue nada. Pude moverme así gracias a qué despejaron el área.
La chica se cruzó de brazos, con un leve gesto de curiosidad en su expresión.
—¿Sabes? Ni siquiera te preguntamos tu nombre.
Kael la miró un instante antes de responder con calma:
—Kael.
Kael se mantuvo en silencio por un instante.
La noche aún pesaba sobre ellos, el polvo del combate disipándose lentamente en el aire.
Arthur y Ashley lo miraron con detenimiento.
—¿Kael… qué? —preguntó Arthur, cruzándose de brazos con curiosidad.
Ashley inclinó la cabeza, observándolo con cierta expectativa.
Kael parpadeó, como si apenas hubiera considerado la pregunta.
—Ah… te refieres a eso.
Exhaló, llevándose una mano a la nuca con gesto pensativo.
Los hermanos intercambiaron miradas.
**Se lo está pensando demasiado**, pensaron ambos.
Kael bajó la mano lentamente, sus ojos fijos en la ciudad a lo lejos, en las sombras que se alzaban más allá del Cristal Eterno.
—Si tuviera que decir uno…
El viento sopló en la distancia, levantando hojas muertas sobre los adoquines.
Kael inspiró con calma.
—Podría ser Valenheim.
Ashley y Arthur no respondieron de inmediato.
Kael desvió la mirada hacia ellos, su expresión firme.
—Sí. Kael Valenheim.
El chico asintió, con un gesto relajado.
—Arthur Fenrick, —Ashley Fenrick.
Ambos respondieron casi al mismo tiempo.
—Un gusto
Kael inclinó un poco la cabeza.
—El gusto es mío.
Arthur dejó escapar un suspiro, observando los restos calcinados de la criatura.
—Aun así… esto fue extraño, ¿Cómo llego algo así a este lugar?
Kael mantuvo el silencio por unos segundos, dirigiendo su mirada hacia un tejado lejano.
—Sí… es extraño.