Parte 1
Louis camina por el pasillo del quinto piso y entra al baño de prefectos. Había sido un logro y un honor haber sido elegido prefecto a pesar de no ser un muy buen estudiante. Al entrar se encuentra con Harry Styles, el prefecto de Ravenclaw de su año, lavándose las manos. Han tenido varias discusiones a lo largo de los años, el ojiverde ha sido víctima de varias de sus bromas, en especial el primer año.
—Colovaria —susurra el león con su varita apuntada al ruloso.
Harry jadea al ver cómo el color de su cabello cambia de castaño a un rojo intenso y ve a Tomlinson a través del espejo riendo. Furioso, voltea con su varita lista.
—Depulso —dice el chico.
Louis se queja cuando su cuerpo impacta contra la pared.
—Lo mío no fue agresivo.
—No me interesa, deja de molestarme —masculla y conjura el contrahechizo en su cabello. Apunta a Louis con su varita una vez más y el chico levanta sus brazos en señal de rendición con una sonrisa socarrona.
El ojiverde se va del baño molesto escuchando las risas del león.
—Has empezado bien el año —empieza su tío, el jefe de Gryffindor.
—¿Eso fue irónico o…?
—¿Tú qué crees? —responde en un tono duro—. Una semana y media, tres detenciones y me he enterado que sigues molestando a ese chico Styles.
—¿Ha ido a quejarse contigo?
—Técnicamente no, Louis. Sin embargo, me preguntó si él podía quitarle puntos a otro prefecto.
—Eso no significa que yo haya hecho algo —. Como respuesta recibe la mirada severa de su tío—. ¡Fue inofensivo!
—De todas formas te llamé por otra cosa. Hablé con tu madre, ella quiere que pases todos tus TIMOS.
—Le prometí que intentaría sacar supera las expectativas en todo.
—No, me tengo que asegurar que lo harás, Louis. Quieres ser un auror, ¿no?
—Sí, sé que necesito que me vaya bien en casi todas las materias.
—Por eso, tendré que tomar algunas medidas.
—Puedes tomarme examen todas las semanas, tío.
—No, no, no. Encontrarás una forma de persuadirme —niega el hombre—. Trabajarás con Styles por el resto del año en todas las materias en las que coincidan.
—¿Qué? ¿Por qué él? —se queja el ojiazul.
—Porque así lo he decidido y tu madre estuvo de acuerdo.
—Tú solo quieres que mi madre no te moleste.
—Exacto.
Tío y sobrino se ríen. Louis no podía estar molesto con el hombre, lo admira profundamente y es quien lo cubre con su madre. El hombre se pone serio y analiza las facciones del adolescente, tenía que aclararle algunas cosas antes de dejarlo ir.
—Hay condiciones —empieza, la sonrisa de Louis se borra—. Primero, no puedes molestarlo, de ninguna manera. Segundo, no puedes renunciar —enumera y levanta su dedo antes de que el chico pueda protestar. —Solo él podrá tomar la decisión de dejar de ayudarte y no puedes forzarlo a hacerlo, me enteraré si lo haces.
—¿Y tercero? —pregunta el ojiazul.
—Creo que no hay tercero —dice el hombre pensativo. —Sí, sí hay. Debes mejorar o no más quidditch al menos por este año.
—No, eso sí que no. Blakley se va este año, el año que viene seré capitán —dice Louis preocupado.
—Es una regla de tu madre, sabes que yo no tengo problemas con el quidditch pero para sacar notas mayores que aceptable tienes que dedicar más horas al estudio.
—Tal vez debería cambiar de carrera —bromea el león y el jefe de Gryffindor se ríe.
—No se lo digas a tus padres, nos tirarán por la torre de Astronomía.
Louis sale de la oficina del jefe de su casa con sensaciones mezcladas, aunque muchas de ellas negativas. No quiso demostrarle a su tío lo mucho que detesta la situación en la que está. No es mal estudiante, no necesita que alguien lo esté ayudando a estudiar, él solo podría. No necesita que Harry Styles sea quien lo ayude. Conoce a muchos Ravenclaws que podrían ser de mayor ayuda que él.
Suspira cuando llega al campo de Quidditch, el deporte siempre lo ha ayudado a centrarse y, a la vez, descontracturarse. Su capitán, Noah Blakley, está allí, seguramente por la misma razón que él.
—Tommo, ¿estás listo?
—Siempre listo, capitán.
—Las pruebas serán dentro de una semana, necesito que estés aquí y me ayudes a elegir —dice el rubio.
—Está bien. Sé que hay que cubrir los dos puestos de cazador.
—Y un buscador —agrega el capitán.
—¿Charles dejó el equipo? —pregunta Louis extrañado.
—Se quiere concentrar en los ÉXTASIS, debería hacer lo mismo, pero esto es mi pasión.
—Lo sé, yo tengo que concentrarme en los TIMOS —exclama el ojiazul, el rubio lo mira serio—. No pienso dejar esto, jamás, pero debo estudiar.
—Quiero que seas el co-capitán, el año que viene no estaré y necesitamos a alguien que le apasione el deporte como líder.
—De todas formas lo elige el jefe de casa.
—Claro, tu tío será muy difícil de convencer —bromea, ambos ríen y se sientan sobre el pasto del campo de juego.
—Debo mantener ciertas notas este año, pero te prometo que lo haré lo mejor posible.
—Gracias, Tommo.
Louis está molesto, sentado junto a Harry Styles por petición del profesor. Intentó no pensar en ello durante la noche, pero a la mañana siguiente tras hablar con su tío, tuvo que empezar a compartir su tiempo con Ravenclaw. Él tampoco parece contento con eso. Estarán juntos todo el año de Pociones y serán compañeros de equipo durante el curso. Louis quiere saber qué le ha dicho su tío para acceder a todo esto.
—Ni me mires.
El tono áspero de Harry lo hace sonreír con suficiencia.
—Me alegra saber que me extrañaste todo el verano.
—¿No tienes nada que hacer? Como una poción, por ejemplo —responde el águila.
—Molestarte es mejor.
—Vete a la mierda, Tomlinson.
Louis se ríe y empieza con la poción de ese día: el Filtro de la Paz. Es una poción difícil para empezar el año; el león ya está luchando con la poción. Mira a Harry, leyendo su libro, con el índice señalando las instrucciones que sigue. Parece que ya lo ha hecho antes; mira al profesor de Pociones y suspira. Tiene que dejar de lado su orgullo, tiene que hacerlo si quiere ser el capitán de su equipo.
—¿Cuándo...? —intenta preguntar Louis, llamando la atención de Harry. —¿Cuándo añadiste el jarabe de eléboro?".
El Ravenclaw parpadea. Habló con el profesor Foxley, pero no creía que Louis fuera a dar el primer paso. No sin una queja, una broma o algo parecido.
—¿Revolviste la poción después de añadir la Piedra Lunar?
—Lo hice.
—Tienes que esperar siete minutos antes de añadir el jarabe. Tiene que verse rosa.
—Oh, todavía no se ve rosa.
—Yo ya he añadido el jarabe de eléboro. Mira, ya está turquesa.
Louis asiente y el profesor los interrumpe, hablando de los siguientes pasos de la poción. Harry se siente raro; le resulta extraño tener una interacción normal con Tomlinson.
Es de noche, ese día no le toca patrullar en el castillo, se quedó en la torre de astronomía estudiando para el TIMO de esa materia. Sale con prisa, tiene que evitar ser visto por algún profesor para evitar ser castigado, no tendría problemas con otros prefectos. Llega al edificio principal sin problemas, ahora debe llegar a la torre de Gryffindor, eso es mucho más difícil y tiene que evitar usar su varita para iluminar el lugar. Por suerte, él conoce bastante los pasillos del colegio.
Termina de subir un tramo de escaleras cuando choca de repente con alguien.
—Mierda —susurra el león.
—¿Tomlinson? —pregunta Harry y enciende su varita. La luz encandila al ojiazul. —¿Qué se supone que haces aquí?
—¿Pasear?
—Está prohibido, mañana es tu noche de patrullaje. Tendrás que acompañarme.
—¿Qué? ¿Estás bromeando? —pregunta Louis incrédulo.
—No puedes estar fuera de tu sala común luego del toque de queda, sin excepciones. Eres prefecto, sabes las reglas —dice el Ravenclaw, lo toma del brazo y empiezan a bajar las escaleras.
—¿En serio me acusarás?
—Es lo correcto, somos el ejemplo a seguir.
—Pura mierda. Solo se me pasó la hora estudiando.
—Hay lugares y horarios para eso, Louis.
El león, ya furioso, se suelta del agarre del ojiverde que lo mira sorprendido.
—¿Y luego qué? Me llevarás con mi tío, él verá que estaba estudiando y...
—Y te dará detención, como corresponde —interrumpe el ruloso.
Louis niega con la cabeza, su tío no puede seguir cubriéndolo con su madre, tampoco puede ponerlo en una situación difícil. Él sabe las normas, el jefe de casa tiene que darle su correspondiente detención. No puede arriesgarse a perderse las pruebas de quidditch de mañana.
—No iré, no me dirás que hacer.
—¿Acaso estás desafiando mi autoridad?
El tono indignado de Harry resuena en el vacío castillo, Louis vuelve a subir las escaleras. El águila aprieta sus puños, no soporta al león, no lo ha hecho en años.
—Petrificus Totalus.
—Protego —dice Louis al mismo tiempo—. ¿Qué problema tienes? Déjame ir, tu hora de patrulla ya casi acaba. Si me retienes aquí, tu también estarás infringiendo las normas.
Harry traga, sabe que tiene razón, estaba volviendo a su sala común cuando se encontró al chico.
—No, yo no estoy rompiendo normas.
—Espera, ¿dónde está tu compañera de patrulla? —pregunta Louis con una sonrisa—. ¿Acaso ya se fue porque ya terminó su turno?
—No… No, ella…
—¿Estás rompiendo las reglas, Styles? —susurra una vez que se acerca más a él—. Sé que tienes un trato con mi tío, pero limítate a eso.
—¿Qué tiene que ver eso contigo merodeando?
—Querías llevarme al despacho de mi tío, lo sé. Si quieres renunciar incluso antes de empezar, hazlo. Nadie lo impide, no es necesario que montes todo este show, solo di no. Nos harás un favor a ambos.
Harry está en la biblioteca. Él está sentado en la misma mesa que eligió hace cinco años la primera vez que entró. Tiene una mesa que puede ocupar hasta cuatro estudiantes, está pegada a una ventana y está cerca de las estanterías de las asignaturas troncales. Había citado a Louis luego del almuerzo, es sábado, es el día que más le dedica al estudio. El domingo pasa sus ratos libres en las orillas del lago negro con algún libro para distraerse o con algún compañero de casa.
Louis llega con sus dos amigos a la biblioteca, el ravenclaw frunce el ceño cuando los ve. Están riéndose por lo bajo de una broma que le acaban de hacer a una gryffindor de cuarto. La chica los insulta en susurros pero se ríe con ellos. Nunca pudo comprenderlos, ni siquiera cuando eran niños que recién entraban al castillo. Él aún recuerda la primer broma que le hizo Louis y lo molesto que estaba por ello.
Él ya había visto al trío de gryffindors hacer bromas en el castillo, siempre era con personas con las que ellos se relacionaban. Harry veía todo desde lejos y lo prefería así, no le parecía gracioso mucho de lo que ellos hacían. Una mañana, Louis llegó temprano a la clase de Encantamientos y le sonrió. El ojiverde era ingenuo, le devolvió el saludo y no sospechó cuando el león se acercó.
—¿Quieres uno? —le ofreció un caramelo que parecía de chocolate. Harry siempre fue fan del chocolate, no podía no aceptarlo.
—Claro, muchas gracias.
La sonrisa traviesa de Louis lo tendría que haber delatado, pero él no prestó atención a los detalles. Muchos de sus compañeros de clase llegaron cuando él estaba comiendo el caramelo. Solo bastaron unos segundos para que empezara a hipar descontroladamente. No sabía qué pasaba con él, pero las risas del ojiazul y sus amigos le demostraron que había caído en una de sus bromas.
Estaba furioso, su rostro rojo como un tomate, quería hablar, quejarse, lanzar algún hechizo que les quitara la alegría de sus rostros pero no pudo. Es más, mientras más lo intentaba, más hipaba. El resto de sus compañeros se rió, sintió vergüenza y lo único que atinó a hacer fue irse. Terminó en la enfermería, pidiendo por favor que le quitaran ese hipido.
Creyó que había quedado claro que no estaba en la misma página, que las bromas no eran de su agrado pero todo fue para peor. Sufrió bromas como los polvos Bulbadox en su túnica y lo llenaban de furúnculos, y las famosas bombas fétidas. Tomlinson recibió detención por cada una de ellas, Harry siempre le avisaba a algún profesor y Gryffindor perdió muchos puntos por culpa de las bromas de Louis. Sin embargo, alcanzó su límite cuando sus compañeros se alejaron de él.
Salía de la biblioteca para dejar sus pertenencias antes de cenar, caminaba tranquilo por el pasillo del tercer piso cuando un compañero de casa se acercó a él. Maxwell se notaba nervioso y mantenía cierta distancia con él.
—¿Es cierto? —le preguntó
—¿Qué?
—¿Tienes mortífagos en tu familia?
—Yo… Qué? No, no, no tengo.
—Todos dicen que tienes una tía, un tío e incluso tu abuelo. Que todos eran sus seguidores.
—¡No! Todos son buenos, lucharon por el bien.
—Lyanna dijo que lo negarías porque te avergüenza.
—Max, te digo la verdad.
Su amigo le prometió que le creía, pero fueron días muy duros para un Harry de once años. Muchos lo juzgaban con la mirada, otros hablaban por lo bajo cuando él pasaba o llegaba a un lugar. Dos semanas después se enteró que el grupo de Louis había sido quien empezó el rumor. Estaba con el profesor Foxley, al borde de un ataque de pánico, cuando el ojiazul lo admitió.
Nunca supo cuál fue el castigo que le dieron al león, pero sirvió para que las bromas frenaran al menos por ese año.
Louis chasquea sus dedos frente a su rostro, Harry parpadea y nota que el chico está en su mesa, su mochila ya está apoyada en una de las sillas. Por suerte, ninguno de los amigos del león está allí. El ojiazul lo mira con una ceja alzada.
—¿Estás bien?
—Sí, sí, estaba pensando.
Louis resopla y se sienta frente a él.
—Bien, tengo un plan, cada una de las materias las estudio más de una vez a la semana y los sábados…
—¿Todos los días haremos esto? —interrumpe Louis, el ravenclaw asiente. —No, hay quidditch.
Harry rodea sus ojos.
—No tienes quidditch todo el día, al menos una hora.
—Armemos un plan mejor. Tres veces por semana —sugiere.
—Cinco.
—Genial, cuatro veces por semana y ninguna durante los fines de semana.
—¿Qué?
—¿Has hecho el trabajo de Transformaciones? Yo llevo medio pergamino —pregunta mientras se saca sus útiles escolares.
—¿Qué?
—¿No lo has empezado aún? Es para el lunes.
—Lo he terminado hace tres días —le cuenta.
—Lo he terminado hace tres días —lo imita Louis con burla y rodea los ojos—. ¿Qué se supone que tenemos que hacer?
—Estudiar. Tu tío me dijo que tendría que ayudarte con algunas asignaturas.
—Mi tío cree que no puedo sacar más que un Aceptable.
—¿Y no puedes?
Louis entrecierra los ojos.
—Por supuesto que puedo, Styles.
—Mira, deberíamos llegar a un acuerdo —sugiere Harry.
—Al fin nos entendemos, ricitos.
—Tú haces lo tuyo, yo lo mío. Si tienes dudas, me preguntas.
—Vendré de lunes a jueves, solo una hora.
—¿Tú crees que creerán que mejoras con solo una hora de estudio? —pregunta Harry con la ceja alzada.
—Bien, dos horas —accede Louis—. Pero te diré cuales cuando el capitán defina el horario de entrenamiento.
—Está bien. Así que, no me molestes a menos que sea necesario, estoy haciendo el trabajo de herbología.
—¿El que dejaron hoy? —pregunta Louis con el ceño fruncido.
—Sí, genio, a diferencia de ti, no procrastino y dejo todo para último momento.
—Yo no procastino, decido vivir mi vida.
—¡Silencio! —pide la bibliotecaria desde su asiento.
Harry baja su mirada a su pergamino y continúa con su ensayo sobre las mandrágoras. El profesor consideró que debían empezar el año revisando los contenidos que formarían parte de los TIMOS y agregando contenido de los mismos. Louis se para a buscar el libro que necesitaría para su trabajo pero se distrae cuando se encuentra con su ex-compañero de equipo.
Harry intenta no molestarse pero lo hace de todas formas, se supone que estaría allí en la biblioteca exclusivamente para ayudar a Louis. Lo ve hablar con un gryffindor cada vez que levanta la mirada. Una vez que logra terminar su ensayo, empieza a guardar sus pertenencias, repasaría las asignaturas que le quedaron pendientes en su sala común.
Louis vuelve con un libro en la mano y nota que las pertenencias de Harry están guardadas.
—¿A dónde vas? —pregunta.
—A descansar, yo ya he terminado.
—¿Y yo?
Harry bufa.
—¿Tú? Ni siquiera te has molestado en estar aquí, ha pasado casi una hora, Louis.
—¿Una hora? —El león frunce el ceño y mira su reloj. —¿Y si tengo alguna pregunta?
Harry se encoge de hombros.
—Me preguntarás el lunes.
—Pero el trabajo se entrega el lunes.
—Has dicho que solo nos veremos de lunes a jueves, ¿recuerdas?
Louis se tiene que contener para no lanzarle un maleficio y tiene que recordar que no puede renunciar. Harry también desea lanzarle algún hechizo. ¿Quién se creía Tomlinson? Él no está a su disposición a tiempo completo.
—Bien.
—Bien.
Harry se levanta y sale de la biblioteca sin notar al ojiazul insultarlo por lo bajo.
Louis resopla cuando se sienta en la mesa de biblioteca. Las pruebas de quidditch ya han pasado, eligieron a los jugadores que serían parte del equipo y los suplentes. Harry aún no ha llegado, todavía recuerda cómo se había ido y se molesta. El ojiverde aparece con varios libros de distintas asignaturas y los deja sobre la mesa, Louis frunce el ceño.
—¿Pondrás tu propia biblioteca? —se burla.
—Tengo que repasar los temas que entrarán en los TIMOS y empezar a resumir.
—Sabes que aún no llegamos a la mitad de septiembre, ¿no?
Harry suspira.
—Louis, hemos acordado no meternos en lo que hace el otro.
—Lo sé, solo me parece excesivo —comenta y saca sus útiles. —Por cierto, terminé el trabajo que era para hoy sin problemas.
—Genial.
—Le diré a mi tío que no es necesario esto. Por cierto, él sabe que aún disfrutas de mis bromas.
El ravenclaw levanta la vista de su lectura.
—¿Disfruto?
—Sí, lo bueno es que de ahora en adelante no puedes sacarme puntos.
Louis le guiña un ojo y Harry frunce los labios.
—Creo que tu tío no quería que siguieras perjudicando a tu casa, por eso eres prefecto, no hay otra explicación lógica.
—No perjudico a mi casa.
—Salieron últimos el año pasado, Louis.
—No saben apreciar nuestra capacidad de alegrar los días de todos.
—Claro.
—¿Por qué eres un amargado?
—No soy un amargado —contesta y observa a la bibliotecaria mirarlo. —Y ahora cállate, harás que nos expulsen de aquí.
Louis sonríe de lado, Harry lo mira con preocupación y niega. El ojiazul sabe qué hacer para molestar al ruloso. La imagen de múltiples libros cayendo de las estanterías pasa por su mente.
—Reduc…
—Everte Statum —conjura el Ravenclaw antes de que Louis pueda terminar de hablar.
El gryffindor cae hacia atrás al igual que su silla. El estruendo provoca el silencio del resto de los estudiantes. Harry se encuentra sorprendido de lo que él mismo hizo. Louis cayó unos metros hacia atrás y parpadea confundido por la fuerza del hechizo.
—¡Harry Styles! ¡Detención! —grita la bibliotecaria, el ravenclaw boquea, sin saber cómo justificarse.
—No, no, fue un accidente…
—Agradezca que lo conozco, sino le prohibiría la entrada.
Harry ve cómo la mujer le da la espalda, Louis está siendo levantado por sus amigos, otros compañeros lo miran con el ceño fruncido, sin entender qué sucedió. Guarda todas sus pertenencias y se levanta, no quiere estar más allí. Louis observa los movimientos nerviosos del chico mientras levanta su silla.
—No debes irte aún, no ha pasado…
—Cállate, mira lo que has hecho, yo…
—Yo no hice nada.
—Ibas a tirar todo y…
—¿Tú crees que te culparían a ti? —pregunta Louis con una sonrisa de lado y niega. —Nadie te iba a acusar de nada.
—Ibas a lastimar estudiantes, Tomlinson.
—Se recuperarán, es solo un pequeño golpe, Styles.
—Tiene detención en una hora con el profesor Foxley —le informa la bibliotecaria, el ojiverde asiente y se levanta para acomodar los libros que había tomado.
—Harry, no te estoy obligando, lo sabes —la voz de su tío resuena y se escucha hasta afuera del aula.
—Lo sé, profesor.
—Sé que tu padre… —el hombre se frena cuando nota la presencia de su sobrino. —Puedes pasar, Louis. Cuarta vez, yo no sé qué sucede contigo este año.
El gryffindor entra al aula y se sienta en su silla habitual, puede notar a Harry con la mirada gacha y se pregunta qué iba a decir su jefe de casa.
—No hice nada esta vez.
—Haz tirado otra bomba de esas, esta vez en el aula de Encantamientos.
—Yo me refería a la razón por la que está él —dice, señalando a Harry.
—Ibas a tirar abajo las estanterías de la biblioteca —habla el ravenclaw, el profesor alza una ceja.
—¿Por qué te metiste?
—Espera, Harry. ¿Tú ibas a hacer qué?
—Era una broma, tío.
—No, suficiente, he sido muy benevolente, he ocultado la mitad de lo que has hecho a tu madre. Es suficiente. ¿Qué querías lograr? —pregunta el jefe de casa, molesto. —No tendrás más quidditch, lo lamento.
—No, no, tío, por favor.
—Necesito que dejes de ser un crío. Harry, puedes irte.
—¿Por qué le creíste sin tener pruebas? —se queja Louis.
—¿Quieres que tenga pruebas?
—No —murmura el ojiazul.
—Harry, por favor, vete. Hablaremos más tarde con tu jefe de casa si quieres.
El ravenclaw se va, tío y sobrino se miran con molestia.
—¿Por qué lo molestas? ¿Por qué te empeñas en hacer que renuncie a nuestro trato?
—Es un pringado, le falta reírse —responde Louis. —Además, ¿por qué tan interesado?
—Es un buen chico, Lou.
—¿Qué le prometiste para que acceda a esto? ¿Ser premio anual?
El profesor no responde.
—No puedes hacer eso, lo sabes. —Louis entrecierra sus ojos, leyendo a su tío. —¿Le prometiste algo más?
—Louis, no es de tu incumbencia.
—Pero estás yendo en contra de las reglas.
—No, no estoy haciendo nada en contra de las reglas, no le prometí ser premio anual.
—¿Entonces?
—Entonces, a partir de hoy dejarás…
—No, por favor. He hecho lo que me pediste, entregué lo que tenía que entregar en tiempo y forma, fui a los encuentros con él.
El hombre toma una respiración mirando el techo, Louis se muerde el labio sabiendo que ya ganó.
—Deja a Harry en paz, por favor.
—Está bien, está bien. ¿Por qué insistes con eso?
—No importa.
—¿Es tu hijo no reconocido? —bromea y el profesor niega efusivamente.
—No, no, no. Y no repitas eso, no quiero que tenga que lidiar con un estúpido rumor —exclama. —Ahora, ponte a estudiar.