"Cuando la luna duerme”.

All Rights Reserved ©

Summary

Sam creía tenerlo todo: fama, prestigio, una muy buena apariencia y… ¿salud? Bueno, eso creía hasta que tuvo que hacerse —diría él— ese tonto análisis médico. Tenía cáncer de piel en fase 3. Para él fue un golpe tremendo. De ser un aclamado y reconocido pintor, ahora era un paciente más en un hospital especial para personas con cáncer. El cambio, sin duda, no era fácil. Pero, aun así, estaba decidido a luchar con todas sus fuerzas hasta el final para acabar con este problema de una vez por todas.

Genre
Drama
Author
Yedy_Ascfar
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1.

—Muy bien, Sam. Pues estos son tus resultados. Tenemos buenas y malas noticias.

—¿Cuál te gustaría escuchar primero? —musitó Mark, mi médico personal mientras se acomodaba los anteojos en el entrecejo, tratando de disimular —aunque mediocremente— su notable nerviosismo.

Sonreí con ironía, pasé la lengua por el interior de mi mejilla y lo miré fijamente.

—Mark, cualquiera de las dos noticias son malas. Dímelas de una buena vez para poder irme a casa a beber el costoso vino que acabo de comprar —murmuré, hastiado, frotando mi entrecejo con un suspiro cansado.

Mark tragó saliva y bajó la mirada a los papeles.

—No vas a poder beber ese vino, Sam. Ni vino ni ninguna bebida alcohólica.

—¿Qué? —mi sonrisa se borró en seco.

—Tienes cáncer de piel en fase 3. El tratamiento comenzará pronto y tu cuerpo no va a soportar ningún tipo de toxina adicional. El alcohol está fuera de tu vida, por ahora… y probablemente para siempre.

El silencio se instaló en la sala como una niebla espesa. Sentí que mis oídos zumbaban, como si el mundo se hubiera apagado y solo quedará el eco de esa frase: “cáncer de piel en fase 3”.

Me recosté en la silla, sin dejar de mirar a Mark. Su rostro se desdibuja mientras mi mente trataba de procesar lo que acababa de escuchar.

—¿Sabes qué es lo peor? —dije finalmente, con voz apagada—. Que el vino costó más que una de mis pinturas medianamente decentes. 

Mark sonrió, incómodo. No sabía si reírse o disculparse. Yo tampoco lo sabía.

—Sam… entiendo que es difícil de asimilar, pero estamos a tiempo. Aún hay opciones de tratamiento, y tú eres joven, fuerte…

—Fuerte, claro. Un tipo fuerte, guapo y condenado. ¡Vaya combo ganador! —solté una risa hueca, más por costumbre que por humor—. ¿Y qué sigue ahora? ¿Me rapan, me enchufan a una máquina, o simplemente me entregan el folleto de “Cómo no morir tan rápido”?

Mark suspiró.

—Sam… vamos a hacer más pruebas. Luego definiremos si comenzamos con inmunoterapia o con sesiones de radiación. Todo dependerá de cómo haya evolucionado la enfermedad desde el último chequeo.

—Perfecto —dije, mientras me levantaba de la silla. Sentí que el suelo se tambaleaba por un segundo—. Entonces hagamos lo que haya que hacer. Solo no me pongas a cantar “Resistiré” con otros pacientes, ¿sí? No estoy listo para tanto cliché.

—No tienes que fingir que no tienes miedo, Sam.

—No estoy fingiendo. Estoy… editando la verdad. Como hago con mis cuadros.

Tomé mis cosas, caminé hacia la puerta, y antes de salir, me detuve un segundo.

—Mark..

—¿Sí?

—¿Cuánto tiempo me queda, si no hago nada?…

Él me miró, serio. El tipo de mirada que duele más que cualquier palabra.

—No lo hagas, Sam.

—Solo responde.

—Tal vez un año. Con suerte, un poco más.

Asentí. No dije nada más. Salí del consultorio con el mismo porte que cuando entré, aunque por dentro… ya no era el mismo.