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Lavaba los platos en silencio, el sonido del agua corriendo llenando el pequeño departamento mientras los últimos rayos del sol del ocaso se colaban por la ventana de la cocina. Era un domingo tranquilo con el sol pincelando sus últimos rayos contra el vidrio de la ventana, el tipo de día que disfrutaban sin pretensiones. Hace apenas una hora habían terminado una maratón de Harry Potter, una tradición que compartían cuando necesitaban desconectar de la pesadez laboral.
— Woo
Luego de que terminara con aquello ambos se prepararían para el ritual de siempre: una intensa sesión de sexo salvaje. Como siempre, a Wendy le encantaba añadir un toque, probando nuevos aparatos y artefactos que generaban mayor placer. Wooyoung no pudo haber conseguido mejor pareja estable; Wendy no solo poseía un cuerpo maravilloso, sino una resistencia envidiable que hacía que cada segundo cogiéndola se sintiera como una explosión a su interior. No solo compartían química sino pensamiento activo.
Él, por su parte, tenía un cuerpo que consideraba “estable”, nada impresionante, pero funcional como para que se marcara bien bajo la ropa. Acostarse con ella era una forma de mantenerse en forma y también de compartir algo que habían llevado muy bien en conjunto. Perfecto así por un año y medio. Con músculos tensos y gotas de sudor como testigos, terminarían exhaustos pero satisfechos, listos para ducharse y caer rendidos en la cama.
Así, comenzarían otra semana perfecta, o al menos eso se esperaba.
— Amor
— ¿Uh?
El agua seguía corriendo mientras Wooyoung lavaba los últimos platos, absorto en sus pensamientos, cuando desde el sillón Wendy irrumpió con una pregunta que lo hizo detenerse en seco.
— ¿Alguna vez has pensado en tener un trío? —preguntó ella, con esa sonrisa traviesa que siempre ponía cuando soltaba algo fuera de lo común.
Wooyoung giró la cabeza lentamente, con el ceño fruncido, sin entender del todo si hablaba en serio o solo quería molestarlo.
— No te preocupes, contigo soy más que feliz — agregó Wendy, levantando las manos como si intentara calmarlo antes de que pudiera siquiera reaccionar— Solo me preguntaba si nunca te ha dado curiosidad.
Él parpadeó un par de veces, procesando sus palabras. A decir verdad, jamás se le había cruzado algo así por la cabeza, y cuando lo pensó por un instante, la idea se le hizo absurda. La miró con incredulidad.
— Creo que estoy bien así — respondió finalmente, encogiéndose de hombros — Además, no sé si soportaría tener a dos de ti.
La almohada voló directamente hacia su cara, arrancándole una risa mientras Wendy fingía estar ofendida.
— No pues, el comediante —dijo ella, cruzándose de brazos.
Wooyoung tomó el trapo del fregadero y comenzó a secarse las manos. La curiosidad comenzaba a instalarse en su mente, aunque no lo quisiera admitir ¿De dónde había surgido esa idea?
— ¿Pero hablas en serio? —preguntó, girándose para mirarla directamente, esperando a que se desdijera en cualquier momento.
— Sí, hablo en serio — afirmó Wendy, encogiéndose de hombros — Estaba pensando en eso el otro día. Solo una idea, no sé, se me ocurrió de la nada.
Wooyoung pasó la lengua lentamente por el piercing de su labio, un gesto que siempre hacía cuando reflexionaba. Finalmente, dejó escapar un suspiro.
— No lo había pensado nunca — admitió — No estoy seguro del todo, sería de tomarnos el tiempo para encontrar a alguien que congenie bien con nosotros? No suena tan mal ... creo.
Una sonrisa lenta se formaba en el rostro de Wendy.
— Entonces ¿Estás considerando la idea? —preguntó, levantando una ceja con picardía.
Wooyoung rió entre dientes, sacudiendo la cabeza. Ni siquiera estaba seguro de lo que acababa de decir, pero había algo en la propuesta que comenzaba a despertar en él bastante inquietud.
Caminaba por los pasillos de la oficina saludando a todos con su sonrisa habitual, aún con las palabras de Wendy rondándole la cabeza. Cuando llegó al ascensor, presionó el botón y esperó, pero antes de que las puertas se cerraran, una mano apareció para detenerlas.
El dueño de la mano era una mata de cabello rubio desordenado y un puñado de papeles que parecían a punto de caerse al suelo. La camisa mal ajustada y la corbata apenas acomodada completaban el caótico cuadro.
— ¿De qué bus público te bajaste? — preguntó Wooyoung, alzando una ceja con un tono burlón mientras se hacía a un lado para dejar entrar a Yeosang.
Yeosang sonrió con picardía, acomodando los papeles sin prisa.
— Del bus que salió directo desde la estación “Gloriosa polla de Jongho” y que descargó sin piedad en mi suculento culo de rubia — respondió, guiñándole un ojo, claramente disfrutando del doble sentido.
Wooyoung puso una expresión de inmediato asco exagerado, alejándose un paso mientras las puertas del ascensor se cerraban.
— Eres asqueroso — le dijo con dramatismo, haciendo un ademán como si quisiera limpiar el aire a su alrededor.
Yeosang soltó una carcajada, acostumbrado a las exageraciones de Wooyoung. Sabía que, a pesar de todo, no era homofóbico, solo que le gustaba hacer escándalo porque era heteroaburridosexual.
— No está tan mal ¿Sabes? — replicó Yeosang con un tono despreocupado, alisándose la camisa.
Wooyoung rodó los ojos y negó con la cabeza.
— Jamás voy a entender cómo es que disfrutan de meterle la polla a otra por el culo — dijo, todavía con esa expresión fingida de disgusto.
Yeosang lo miró de reojo, una sonrisa traviesa en los labios.
— No te preocupes, la próxima vez se lo pregunto a Jongho — respondió con naturalidad antes de bajar a su piso disfrutando de la reacción exagerada de Wooyoung, quien dejó escapar un resoplido y miró hacia el techo del ascensor como si pidiera paciencia divina.
Al salir del ascensor, Wooyoung caminó con el cuerpo relajado, saludando con un leve movimiento de cabeza a Keeho, quien le devolvió el gesto desde el otro extremo del pasillo. Con un suspiro se dejó caer bruscamente en la silla giratoria, girando hasta detenerse frente al escritorio de Yunho, listo para iniciar su otro ritual matutino favorito: chismear.
Sin embargo, sus planes se interrumpieron cuando sintió que la silla era detenida con fuerza.
— ¿Cuántas perras veces te he dicho que cuides las cosas de la oficina? — dijo una voz familiar con tono autoritario.
Wooyoung alzó la mirada con una mezcla de fastidio y resignación. Allí estaba San, su mejor amigo, actuando como si fuera su superior... lo cual, para su mala suerte, en realidad lo era.
— Eres un pesad ¿Lo sabías? —replicó Wooyoung, apuntándolo acusatoriamente con un lapicero que había tomado del escritorio — Detesto recibir órdenes.
San no se inmutó, en lugar de eso, soltó un suspiro teatral mientras lo tomaba la silla y lo arrastraba hasta su propio escritorio.
— Por desgracia para ti, Wooyoung, yo soy tu jefe, y tu trabajo está aquí esperando — dijo San, colocándole los audífonos con un movimiento rápido.
— ¿Trabajo? ¿Qué es eso? Aquí solo hay explotación, sí, es el término más parecido —respondió Wooyoung con sarcasmo, mientras fingía escribir en el aire con el lapicero.
San se rió entre dientes y sacó su billetera, sacando unos billetes que agitó frente al rostro del del mullet.
— A ver, Wooyoung, una pregunta seria: ¿Preferirías veinte billetes verdes o un consejo millonario? — preguntó, inclinándose ligeramente sobre el escritorio.
Wooyoung arqueó una ceja
— ¿Desde cuándo eres millonario? —preguntó, cruzándose de brazos.
— No lo soy —respondió San con una sonrisa despreocupada.
Sin pensarlo dos veces, Wooyoung tomó los billetes con rapidez, sonriendo como si acabara de ganar un premio.
— Exacto, jefe — dijo con tono triunfal, agitando el dinero como si fuera un abanico.
San lo miró con incredulidad y diversión, sacudiendo la cabeza.
— Definitivamente, harías cualquier cosa por dinero —comentó mientras se sentaba en el borde del escritorio.
— No cualquier cosa, pero con esto ya puedo invertir en una chaqueta nueva. Por cierto ¿Ya ajustaste tu horario para el viernes? Recuerda que tenemos la parrillada este fin de semana en mi casa. Jongho llevará los tragos y Yeosang las putas, hmmm bueno, quizás se incluirá entre ellas.
— Nadie llevará putas
— ¡Nadie quiere putas! — se recostó en la silla — En increíble que todo mi círculo se reduzca a jotos desmedidos, no tengo ni uno solo formal.
— Eso te pasa por hetero, pero bien, haré lo posible por llegar — respondió con tono neutral, pero no sin un leve atisbo de duda en su voz—. Mientras tanto, tú ocúpate de llegar a las metas de llamadas ¿Quieres?
Wooyoung hizo una mueca, más en broma que en serio, y San soltó una risa breve antes de dirigirse a los demás empleados. Mientras daba instrucciones con su voz firme pero calmada, el resto de la oficina parecía cobrar vida con el sonido de teclados y teléfonos.
Fue entonces cuando Wooyoung notó algo curioso al girarse hacia el escritorio vecino. Yunho estaba inclinado casi listo para caer de espaldas con la mirada completamente fija en San, como si estuviera observando la obra de arte más fascinante del mundo. Su atención estaba la espalda de San, que se movía con seguridad mientras caminaba hacia su oficina.
Wooyoung frunció el ceño y, sin pensarlo dos veces, agarró un cuaderno de su escritorio y se lo lanzó directamente a la cabeza.
— ¿¡Qué miras imbécil!? — exclamó en voz baja pero lo suficientemente fuerte como para que Yunho reaccionara.
—¿Qué demonios te pasa? —gruñó Yunho, llevándose la mano a la cabeza.
— No dejarás ni un pedacito de San silo sigues devorando así.
Yunho se sonrojó visiblemente, pero intentó disimularlo escondiéndose detrás de su computadora.
— No sé de qué hablas —replicó, aunque su tono era poco convincente y sus orejas estaban claramente rojas.
Wooyoung se rió entre dientes, disfrutando el espectáculo.
— Claro, claro. No te preocupes. Algún día tendrás tu oportunidad... cuando termines de ser el objetivo del gerente que te acosa — añadió con una mirada burlona, girando su silla de vuelta hacia su propio escritorio.
Yunho levantó la cabeza de golpe, entre ofendido y exasperado.
— ¿Song Mingi? Que siga soñando, no obtendrá nada de mí — respondió con determinación, cruzándose de brazos como si su orgullo acabara de ser cuestionado.
Wooyoung volvió a girar la cabeza hacia él, alzando una ceja.
— ¿Seguro? Porque la última vez que pasaste por su oficina la charla que duró media hora. No parecía que estuvieras escapando de sus garras precisamente.
— Eso fue por trabajo, no porque yo lo quisiera.
— Ajá, claro. ¿Y por trabajo también le sonreíste de esa forma? Porque déjame decirte, eso no es profesional.
— Cállate, Wooyoung — gruñó Yunho, tirándole un avión de papel que Wooyoung esquivó fácilmente.
— Tranquilo, tranquilo. Solo digo que si no te interesa Mingi, más te vale enfocarte en San... antes de que otra persona lo haga — dijo con un tono burlón, haciendo un gesto hacia la puerta de la oficina de su jefe.
Yunho chasqueó la lengua
— Que tenga ojos no quiere decir que no pueda hacer uso de ellos. Pero, de todos modos, San no es precisamente lo que uno busca para una relación.
— ¿Ah, no? —preguntó Wooyoung con curiosidad genuina.
Yunho lo miró de reojo y se encogió de hombros antes de aclarar:
— Busco algo más allá de una noche. Ya sabes, esas cosas. Alguien que quiera quedarse, no solo pasar el rato.
Wooyoung asintió lentamente mientras su mente vagaba por esos pensamientos. En cierto punto tenía razón, San no era exactamente el tipo que buscaba compromisos a largo plazo. No era que fuera superficial, pero siempre había estado cómodo con conexiones fugaces y sin ataduras como siempre lo había hecho. Sus noches no eran duraderas; el sol apenas salía cuando ya estaba en busca de la siguiente aventura.
Mientras Yunho volvía a concentrarse en su computadora, Wooyoung no pudo evitar cuestionarse en silencio ¿De verdad San nunca sería de los que buscan algo más...?
El aroma de la carne asada llenaba el aire en el jardín de la casa de Wooyoung mezclándose con el fresco olor del césped recién regado ese fin de semana. Había cervezas en hieleras, ceviche dispuesto en la mesa, y varios cortes de carne chisporroteando sobre la parrilla. En el jardín, Wooyoung y Jongho estaban recargados contra la cerca, charlando relajadamente mientras sorbían sus cervezas.
— Te juro que Yeosang lleva como veinte minutos con esa ensalada — comentó Wooyoung, mirando hacia la cocina con una mezcla de curiosidad y fastidio.
— A lo mejor se está asegurando de que las hojas estén perfectamente alineadas, su detallismo es delirante — respondió Jongho suspirando.
Mientras tanto, en la piscina, Yunho y Keeho jugaban a lanzarse una pelota el agua salpicando a cada movimiento, cosa que tenía mojadas las mangas de los pantalones de todos.
De pronto la puerta de la cerca se abrió y San apareció cargando una caja de alitas, el olor inconfundible de la barbacoa llegando a las narices del pelinegro. Wooyoung no pudo evitar iluminarse al instante, reconociendo su comida favorita.
—¡San! — gritó emocionado, corriendo hacia él como un niño que acaba de ver un regalo inesperado. San, con una sonrisa ladina, levantó las alitas justo fuera de su alcance y se inclinó un poco hacia él.
—¿Estas? Oh, las encontré tiradas por ahí —dijo con tono burlón, fingiendo pensarlo — Pero pensé que cierto perro hambriento estaría feliz de devorarlas.
Wooyoung puso los ojos en blanco pero no pudo evitar reír mientras arrebataba la caja.
El almuerzo transcurrió entre carcajadas, malos chistes y más chismes de oficina.
Poco después, con una cerveza en mano, Wooyoung decidió averiguar por qué demonios Yeosang estaba tardando tanto con el aderezo. Entró en la cocina, pero no encontró a nadie. El bowl de la ensalada seguía en la encimera, incompleto, y no había rastro ni de Yeosang ni .... ni de Jongho.
— Claro, seguro están en algún rincón de la casa comiéndose la boca —murmuró para sí mismo, rodando los ojos mientras tomaba el bowl para llevarlo él mismo al jardín.
Cuando dobló hacia la puerta para salir, chocó de frente con San, que venía entrando al mismo tiempo. El impacto fue suficiente para que el bowl se inclinara, y el aderezo salió disparado en todas direcciones.
— ¡Ah, carajo! —exclamó Wooyoung al sentir el aderezo frío manchando su camiseta y salpicando también su rostro.
— Mira nada más, siempre haciendo un desastre — dijo, limpiándose la cara con la mano mientras una sonrisa burlona se extendía por sus labios.
— No me mires a mí, tú entraste sin avisar —refutó Wooyoung, aunque su tono tenía más frustración que verdadero enojo.
Ambos se miraron por un momento, las manchas de aderezo en sus rostros y ropas haciendo que la situación fuera más absurda de lo que parecía. Y entonces, Wooyoung no pudo evitarlo antes de estallar en carcajadas, el sonido llenando la cocina.
San lo miró, negando con la cabeza mientras trataba de contener su propia risa.
— Genial, hora de demostrar tus dotes de lavado.
— Sigue soñando
Desde el jardín, los demás no tardaron en notar el desastre. Keeho soltó un silbido burlón, mientras Yunho se reía abiertamente.
— ¡Buena puntería, Wooyoung! —gritó Yunho, levantando su cerveza en un falso brindis.
— ¿Qué hacían en la cocina, la típica escena de cuando se avientan harina?
Wooyoung salió con las manos en la cadera, mirando a todos con fingida indignación.
— ¡Sigan jugando UNO y déjennos en paz mientras nos bañamos! — respondió, apuntándolos con un trapo que había agarrado para limpiar el desastre.
Jongho no perdió la oportunidad de añadir una broma mientras bajaba las gradas con Yeosang de la mano.
— Pero que se bañe primero San. Wooyoung siempre tarda un mundo lavándose la cola.
—¡No es cierto! No tardo porque San siempre me apura. De hecho, él mismo me lava el cabello, ¿Verdad, San?
Yunho lo miró con incredulidad, dejando caer las cartas de UNO que tenía en la mano.
— ¿Qué? ¿Se van a bañar juntos? —preguntó, como si acabara de escuchar algo increíblemente fuera de lo común.
San, completamente tranquilo, se encogió de hombros.
— Sí, claro. Lo hemos hecho desde la secundaria. No es gran cosa.
Yeosang asintió con naturalidad mientras se acomodaba sobre Jongho que había tomado asiento.
— Es cierto. Ese nivel de confianza solo lo tienen ellos. Un vínculo especial, supongo.
Wooyoung y San se encaminaron hacia el interior de la casa mientras los demás seguían riendo y lanzando comentarios. Cuando ambos salieron con la puerta del baño empañada de vapor el cabello húmedo y las toallas amarradas a la cintura, Wendy apareció en la entrada de la habitación descalza y colocándose las pantuflas después de lo que parecía un largo turno en el hospital.
— ¿Baño juntos? —preguntó, levantando una ceja mientras saludaba con una sonrisa curiosa — Debieron avisarme
San la saludó con un gesto relajado, como si no hubiera nada extraño.
— Tu shampoo de lavanda ya se está agotando, tuve que usar la mecánica de los pobres y le agregué agua a lo último que quedaba.
Wendy rió suavemente negando y se inclinó para darle un beso rápido en la mejilla a Wooyoung.
— Bueno, yo bajo a comer algo mientras ustedes se cambian. Después me cuentas todo ¿Eh? —le dijo a Wooyoung antes de desaparecer hacia la cocina.
— Tu novia tiene un sentido del humor interesante — comentó San, ajustando la toalla en su cintura.
— A veces me preocupa — añadió Wooyoung, antes de suspirar y encaminarse al clóset por algo de ropa.
El ruido en la habitación pareció despertar al gato siamés que dormitaba plácidamente en su castillo de felpa. El felino abrió un ojo perezosamente, restregó su cabeza entre sus patas delanteras y luego estiró sus patitas, dejando asomar las pequeñas y afiladas garras mientras bostezaba.
Sin mucha prisa, el gato se incorporó, lanzando una mirada adormilada hacia San, que estaba sentado en la cama revisando su teléfono. Con pasos lentos y elegantes, caminó hacia él.
— Mira Byeol, ya vino tu adoración.
El siamés saltó con agilidad al regazo de San, quien dejó escapar una risa suave mientras el animal caminaba en círculos, inspeccionando su nuevo asiento. Finalmente, el gato se enroscó sobre sus piernas, acomodándose perfectamente y comenzando a ronronear con satisfacción.
Wooyoung salió del clóset con una camiseta en la mano, mirándolos con fingido desprecio.
— Genial, lo que me faltaba. Un gato gay.
San soltó una carcajada mientras el felino seguía ronroneando feliz en su regazo.
— Quizás simplemente tiene buen gusto —respondió San, levantando una ceja con aire juguetón.
Wooyoung rodó los ojos antes de tirar la camisa para San sobre la cama.
— Lo que sea. Pero cuando se empiece a enamorar de ti y me ignore, te lo llevas.
San acarició las orejas cafés del gato con más entusiasmo mientras sonreía.
— Trato hecho. Aunque creo que ya es un poco tarde para eso.
El siamés dejó escapar un pequeño maullido como si confirmara la declaración de San, y Wooyoung no pudo evitar soltar una risa mientras se quitaba la toalla para cambiarse.
El sol descendía lentamente mientras las risas llenaban el aire. Keeho tambaleaba en el agua, tratando de mantener a Yunho sobre sus hombros, pero no tardó mucho en desestabilizarse. Un fuerte chapoteo marcó su caída, provocando una explosión de carcajadas entre todos.
—¡Te lo dije! —gritó Wooyoung, doblándose de la risa mientras San lo sostenía con facilidad, cargándolo por las piernas como si no pesara nada.
—¿De qué te ríes tanto? Tú serás el siguiente — bromeó San, fingiendo amenazar con soltarlo.
— No lo harías .... ¡ANIMAL!
Desde la orilla de la piscina, Wendy observaba la escena en silencio. Bebía un sorbo de su bebida mientras su mirada viajaba entre Wooyoung y San. Desde que conoció a Wooyoung sabía algo en la manera en que ambos interactuaban, en la forma natural y fluida en que confiaban el uno en el otro. Las risas compartidas, los gestos llenos de comodidad y, sobre todo, esa química.
Wendy inclinó ligeramente la cabeza, pensativa. Poco a poco, una idea comenzó a formarse en su mente. Observó cómo San miraba a Wooyoung con una mezcla de diversión y familiaridad, mientras este le devolvía una sonrisa desinhibida, completamente a gusto en sus brazos. Era una conexión profunda, eso estaba claro.
Sin embargo, lo que más la sorprendió fue lo que sintió en su interior. No celos, como habría esperado, sino una especie de anticipación emocionante.
¿Y si...?
Sus ojos brillaron mientras dejaba que aquella posibilidad tomara forma. Los hombros anchos de San, su autoritarismo, la burla y seducción que Wooyoung poseía ... la idea de ellos tres en la cama, parecía encajar de manera inesperada, pero placentera en su cabeza.
La idea ya estaba reformada en su cabeza
Solo faltaba ponerlo sobre la mesa









