Prologo.
Mi vida había sido hasta entonces lo más normal que mi familia me había podido brindar, nunca ocultaron lo que les hace la luna llena, lo bueno y lo malo de cobijar su licantropía.
Por muchos años me dijeron que por lo menos en nuestra realidad, en nuestro linaje era muy común que las mujeres no pudieran convertirse con la primera luna llena después de cumplir los dieciocho años, pero entonces como segunda alternativa aparece el vínculo de destino y es responsabilidad de tu compañero el convertirte.
Sabía que la luna me bendijo en el momento en el que todos nos percatamos con meses de anticipación que mi cumpleaños sería un viernes precioso, un día soleado con cielo despejado que se mantendría hasta la noche para dejarnos ver por completo la redondez de la luna, todo su brillo y esplendor.
Para mi mala suerte no recibí la conversión, a pesar de que la primera vez es la más dolorosa de todas, quería eso, pensé que era especial y aunque hubieron cambios, se amplificaron mis sentidos y mis sentimientos explotaron haciendo ver que en mi cuerpo humano a pesar de ser alguien que sabe gestionar sus emociones, los nuevos sentimientos me abrumaron, todos tenían su mirada en mí.
Cierro los ojos y trato de recordar lo que vi en sus pupilas, el asombro y la incredulidad con algo más que no puedo descifrar.
Mi padre, el Alpha de la manada, salió del salón cubierto por la vergüenza y se alejó de mí tanto como pudo.
Toda la semana me la había pasado alardeando de ser una hembra con el don, resulté ser la burla, me tragué las palabras, las lágrimas y mi fiesta de cumpleaños se quedó sin la anfitriona.
Mi tía, una mujer de la mediana edad que no se ha convertido jamás en su vida me escribió al día siguiente por la tarde, antes de que volviera a caer la noche, me pidió vernos en el lago después de tres kilómetros de bosque, una circunferencia de pinos y árboles del bosque que camufla la mansión de la manada.
Me puse tenis y ropa deportiva, con una sensación casi asfixiante de rechazo en el pecho corrí lo más rápido de lo que lo he hecho en la vida, en cuestión de minutos estaba frente a ella, me abrazó, me consoló y me dijo exactamente las palabras que necesitaba escuchar, entonces sin razón alguna alguien desde atrás me tapó boca y nariz con un trapo impregnado de cloroformo.
Desde entonces he perdido la noción del tiempo, estoy encerrada en una habitación protegida con runas de poder antiguo para que nadie de con mi paradero, sé que su intención no ha sido que pierda la cuenta de los días que llevo aquí, no con la ventana dando al prado libre en el que podría haber contado los días y las noches, pero un dolor en el pecho no me deja en paz, no es algo físico, es diferente, es como un hilo invisible que se enreda, tira, retuerce y se fragmenta para volverse a unir, es tan agónico que lo único que puedo hacer es dormir y ni siquiera así la sensación se difumina.
He pedido respuestas, he llorado abrumada y las personas que entran se limitan a traerme ropa limpia y comida. No tengo energía para comer, no tengo ánimo para tomar una ducha.
Algo primitivo dentro de mí ruge y me brinda esperanza cuando la desesperación es tanta que me imagino rompiendo las ventanas para lastimarme con el vidrio, nada más en esta habitación podría servirme.
Nunca hay suficientes motivos para privar de su libertad a una persona, menos aún si es de tu familia. Por más que me esfuerzo en buscar alguna pista que me pueda dar una mínima idea, la verdad es que no consigo nada, lo único que sé es que no lo merezco, mi día antes a esto ya había sido bastante malo como para agregar esto a la ecuación.
A pesar de la vergüenza que seguro le sigo haciendo pasar, soy su hija, la hija de un Alpha así que estoy segura que tengo a los machos más poderosos de la manada rastreando mi impronta, es cuestión de tiempo el que me encuentren, depende mi agotamiento y resistencia si lo hacen viva o muerta, como si la persona del otro lado del hilo hubiera escuchado mi pensamiento el hilo tiro en una señal de acompañamiento.