CASTIGO - JJK

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Summary

La noche del dieciocho de abril fue donde todo comenzó, justo cuando conoció a Gojo Satoru. Y con ello el inicio de un castigo desconocido.

Genre
Romance
Author
Lander D.
Status
Complete
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo I: Cariño compartido

Era bastante común en ellos buscar regalos que conmemoraran el aniversario de su grandiosa amistad. Este era el quinto año que se cumplía donde ambos se hicieron inseparables, jugando y trabajando juntos catalogándolos como los héroes de la ciudad por salvar tantas vidas que la televisión los hizo un poco famosos.

El regalo de ese año era un tatuaje significativo para su amistad. Satoru buscaba ideas mientras era ajeno a la mirada que le dedicaba desde atrás.

Se cumplieron cinco años de haber conocidos y aún no era capaz de decir el voz alta sus verdaderos sentimiento, uno de los que se avergonzaba enormemente.

—¿Qué te parecen escudos, Yuuji?

—¿Eh? —confundido dio un paso hacia la vitrina donde el tatuador le mostraba un enorme libro de imágenes donde el significado principal era la amistad—. No me parecen muy acorde a nosotros.

—Tienes razón —asintió dando vuelta la pagina. Se encontraron con varios corazones cruzados con iniciales dentro de cada uno, la siguiente pagina mostro espadas de distinto tipo y aquello llamó la atención de Satoru—. ¿Qué piensas de estás? Aunque si no te gustan podríamos hacernos unos gatitos.

Su broma relajó el corazón inquieto de su pecho ante el pensamiento de querer declarar el amor exclusivo que guardaba desde que lo conoció. Golpeando su brazo, apunto directo a una espada que reflejaba un enorme poder ante la grandeza de su hoja impresa en un escudo que parecía de metal.

—¿Estás seguro?

—Me gusta, el significado nos define bien —aclaró dejando de ver sus ojos—. Somos bomberos de catástrofes, el escudo demuestra nuestra fortaleza al salvar la vida de las personas y la espada nuestra lucha contra el fuego y los derrumbes.

—¿Pensaste todo eso solo con verlo unos segundos?

—Si, porque somos increíbles —eres increíble.

Satoru sonrió encantando con la descripción que entregó. Habló con el tatuador y los hizo pasar de inmediato, preparando lo necesario para comenzar con el tatuaje.

Fue el primero en tomar asiento descubriéndose el brazo para que iniciaran con el trabajo.

—¿Nervioso?

Negó.

—No mires —le dijo divertido—, así no te desmayaras.

Quiso golpearlo, pero el hombre ya había comenzado a darle con pequeñas agujas oscureciendo su piel. Desvió la mirada como Satoru le había sugerido, el dolor era soportable, pero incomodo. No dijo nada unos minutos en los que tardó el tatuador en darle forma al tatuaje, cuando finalizó la zona de su brazo lo admiró en el espejo y se sorprendió de notar que no solo había dos espadas sobre el escudo, sino que también estaba el nombre de Satoru bajo el dibujo.

Levantó la mirada chocando con la de su amigo, su sonrisa le bajó las defensas.

—Si vamos hacernos tatuajes para conmemorar nuestra amistad, que sean completos —mencionó revolviendo su cabello acompañado de un fuerte golpe en su espalda—. Es mi turno, muévete.

Lo empujó a la salida mientras se quitaba la parte de la polera dejando al descubierto el brazo derecho para comenzar con el tatuaje.

¿Él también se tatuaría su nombre?

No pudo quedarse a ver el proceso, ya que una chica lo llevó a una sala diferente para explicarle los cuidados correspondientes y evitar infecciones. Le mostro algunos apósitos en caso de que el actual se viera afectado por la ropa y tuviera alguna hendidura donde pudiera afectar el tatuaje.

Minutos después Satoru salió bromeando con el hombre que tatuó su brazo, le dieron la misma catedra de cuidado y procedieron a pagar el costo de ambos tatuajes.

Estaba curioso por verlo, pero la playera no lo dejaba ni siquiera un poco.

—Deberías ir a comer —prosiguió saliendo de la tienda—. Quiero algo salado.

—Podríamos ir por ramen.

—¿Me quieres invitar a comer ramen? —coqueteó como de costumbre, sin saber como lo hacía sentir por dentro—. Tal vez, después podríamos ir por unas cervezas, el último trabajo me dejo agotado.

—Conozco un bar donde sirven ambas cosas —sonrió—. Yo invito.

Satoru lo abrazó por detrás, apegando su fuerte y masculino cuerpo causando en él un fuerte deseo de tocarlo.

—Por eso eres mi mejor amigo, Yuuji.

Pasaron la mayor parte de la noche bebiendo y comiendo, riendo a viva voz incomodando a los demás comensales, aunque por la apariencia de Satoru con una simple disculpa y una sonrisa candente muchas personas le daban permiso de salirse con la suya, sobre todo las mujeres.

Había tenido mucha suerte de estar bajo su cargo, el grupo experto en rescate de Gojo Satoru dejando que un nuevo recluta, un novato se uniera a las filas de los más grandes. Gracias a la oportunidad que le dio pudo conocer a gente como Megumi, Todo y Toge, quienes lo ayudaron sin dudarlo.

El alcohol en la sangre se había descontrolado, el calor que sentía y el sonrojo de sus mejillas no eran nada comparados con la apariencia de Satoru. Un hombre borracho que con solo estar de pie mientras trataba de tomar un taxi se ganaba la mirada de todos a su alrededor.

Varias mujeres trataron de acercarse, pero él las ignoró sin piedad.

Se acercó sosteniéndose de su playera evitando una caída vergonzosa, aunque se alegró de haberlo hecho porque Satoru lo rodeó con un brazo para mantenerlo a su lado.

Cuando al fin pudo conseguir alguien que los llevara, Satoru le dio una dirección que no logró escuchar muy bien porque estaba concentrado en su perfil y largas pestañas.

Se quedó dormido disfrutando del calor que él le entregaba mientras lo cubría con sus brazos y le hablaba de cosas sin sentido.

Al despertar se encontraban en la entrada de un hotel, Satoru lo llevó a trompicones hasta el lobby y con una voz dulce pidió una habitación. En el ascensor estuvo a punto de devolver todo el alcohol que había ingerido. Era extraño, ya que ambos habían tomado lo mismo, pero Satoru parecía estar bien. Además, aseguraba que él bebió mucho más.

Ya en la habitación lo dejó en el sofá con cuidado y fue directo al mini bar para sacar una botella de agua y beber de ella.

Ahí estaba de nuevo, con su gran altura y perfecta complexión que encandilaba a cualquiera.

Se puso de pie con un poco de dificultad, apoyándose en el reposabrazos.

—Quédate ahí, te llevare agua —le ordenó sin mirarlo.

—Me gustas —murmuró provocando en él que detuviera todo su cuerpo. Ya no había vuelta atrás—. Me gustas, Satoru. Mucho.

Él parecía perdido tratando de comprender las palabras que dejó ir a causa del alcohol.

—¿Qué dijiste?

—Estoy enamorado de ti, Satoru. Desde que te conocí.

Sus ojos celestes lo estudiaron por mucho tiempo.

—Estás borracho.

Negó con fuerza mareándose aún más.

—Son cinco años, Satoru. En cuanto te conocí supe que…

—¿Esto es una broma? —interrumpió cerrando el mini bar con fuerza—. ¿Estás diciendo que me has amado por cinco años?

Asintió temeroso ante su reacción.

—¿Y por qué tardaste tanto en decírmelo?

¿Por qué?

Satoru dio unos pasos que lo hicieron retroceder.

—Por miedo a romper nuestra amistad…

—Creí haberte dicho que la cobardía mata, Yuuji.

Cerró los ojos con fuerza cuando él levantó sus manos para sostenerle el rostro.

¿Lo iba golpear?

No, eso no fue lo que sucedió. Satoru le había levantado el rostro para besarlo, pegar los labios que tanto codició con los suyos fue una explosión de sensaciones que le apretaron el estomago.

Tomó ansioso sus muñecas para que no se alejara.

—Abre la boca —ordenó.

No fue capaz de abrir los ojos temiendo que todo fuera una alucinación. Hizo todo lo que la voz ronca de Satoru le ordenaba.

Él metió su dedo pulgar por la comisura de sus labios para evitar que la cerrara, entonces sintió la calidez de su propia lengua. Lamiendo y explorando la inexperta boca que poseía era todo lo que había pedido en la vida.

—Tienes que respirar por la nariz, Yuuji —susurró contra él.

Por un pequeño segundo vio los ojos lujuriosos de Satoru recorrer todo el rostro en búsqueda de algo que no comprendía.

Lo llevó hasta la cama recostándolo, al quedar bajo él sus manos recorrieron su piel bajo las prendas calentando aún más su cuerpo.

Lo abrazó mientras acariciaba su cabello alborotado, entregándole la libertad de hacer lo que quisiera con él.

Se separaron un segundo buscando más aire, se observaron agitados en donde Satoru le separa las piernas con cuidado. Dejó caer todo su peso mostrando la dureza de su erección, refregándose produciéndole más jadeos incontrolables.

—Debí llevarte a un motel —le susurró al oído—. Eres muy sensible, Yuuji.

Le dio un corto beso bajando las manos para desabrochar el botón y bajar el cierre del pantalón.

—¿Puedo seguir adelante? —preguntó antes de tocarle el doloroso miembro.

No contestó directamente, solo lo besó para usar todas sus fuerzas para girar y quedar sobre su fornido cuerpo. Le quitó la playera y besó cada músculo como pudo hasta llegar a la base de su pantalón. Su pene erecto era notable e intimidante bajo la prenda, pero el alcohol lo ayudó a dejarse llevar y evitar el temor que desarrollaría con tal bestia entre sus piernas.

—¿Yuuji?

Descendió lo necesario para ver la punta y lamerla, él se contrajo sorprendido.

—No tienes que hacerlo —casi tartamudeó.

Le dio un poco de ternura ver como un hombre como Satoru podría lucir tan vulnerable.

Sin pensarlo demasiado, lo tomó por la base, seguro de si mismo y comenzó a darle el placer que sintió cuando lo besó por primera vez.

Era correspondido y aquello no podía borrarlo de su cabeza. Saber que Satoru lo amaba como lo hacía casi lo hizo llorar, y sabía muy bien que no era algo causado por el alcohol. Soñó con esto por demasiados años para retirarse por tener un poco de miedo o incertidumbre, era Satoru de quien hablaba, él lo protegería como lo hizo desde el primer día.

Lamió hasta encontrar la forma que más le gustara, subiendo y bajando hasta llegar a su garganta. En los últimos minutos que supo estaba a apunto de acabar, Satoru le tomó el cabello para retirarlo y darle un beso rápido.

—No quiero que nuestra primera vez sea en tu boca, Yuuji —sonrió sonrojado.

Se sentía orgullo de provocar esos gestos de lujuria en él. Unos de los que muchas personas codiciaban y que solo él tenía oportunidad de presenciar.

Era afortunado.

Satoru le quitó el pantalón dejándolo caer a un lado de la enorme cama, le levantó las caderas para posicionarlo sobre sus grandes muslos para tener mejor visibilidad.

Avergonzado, se cubrió los ojos con los antebrazos mientras introducía unos de sus dedos en su interior.

—¿Duele?

Negó sin poder verlo directamente.

Comenzó a jugar con sus dedos hasta que tocó cierta parte en el interior que lo tensó dejándolo ir de un modo excitante.

—Encontré el punto —su voz era burlesca y gruesa.

Cuando retiró sus dedos, sintió algo más caliente y palpitante tocando su entrada aún estrecha. Se quitó los brazos de los ojos y la imagen casi lo desmayó.

Satoru guiando su gran erección y con la mano libre levantando su muslo para tener una mejor posición.

Creyó que entraría con cuidado dándole tiempo de procesar lo que estaban por hacer, pero fue todo lo contrarío. Satoru no le dio tiempo de respirar, entró con fuerza hasta hacerlo gritar del dolor y la enorme corriente eléctrica que se expandió por todo su cuerpo.

—Estaba en lo correcto, eres muy ruidoso —sonrió—. Debí llevarte a un motel.

El dolor era abrumador, pero de igual forma el placer.

Las embestidas siguieron luego de que Satoru se tomara unos segundos para acostumbrar su cuerpo. Esta vez fue amable y lo hizo disfrutar cada que salía de él, sosteniéndole con fuerza las caderas mientras entraba lento con una radiante sonrisa en sus labios.

Satoru…

Era ruidoso, lo admitía, pero las sensaciones y al alcohol no lo hacían ver como algo vergonzoso. Además, de tener a Satoru medio desnudo observándolo desde arriba era un sueño que jamás creyó se haría realidad.

Por favor, más rápido….

—Debiste haberme dicho tus sentimientos hace años, Yuuji —se apoyó contra a cama a centímetros de su rostro—. ¿Tienes idea de cuanto tiempo he perdido?

¿Tiempo perdido?

Satoru comenzó con embestidas sincronizadas que lo hicieron gemir por lo alto.

Se aferró a su cadera para evitar que se lajera demasiado, el vaivén golpeó su piel caliente obligándolo a cerrar los ojos unos segundos para concentrarse en lo primordial. Satoru entre sus piernas entregándole el mejor placer que alguna vez pudo sentir.

—Yuuji —le susurró cerca del oído—, levanta más la cadera.

Lo hizo, acató la orden sin preguntar.

Satoru continuó moviéndose hasta que ambos jadearon ante las sensaciones que le provocaban la intimidad.

Fue el primero en llegar al orgasmo, gritó su nombre contrayendo cada musculo mientras que Satoru seguía embistiendo escondiendo el rostro entre su hombro y cuello dejado salir pequeños gemidos contra su sensible piel, pero algo paso, él se apoyó en sus codos para verlo fijamente mientras se recuperaba del arrasador orgasmo que le entregó.

Algo sucedía, él no estaba sonriendo. Sus ojos claros no mostraban la luz natural que conocía, la alegría que veía todos los días en él había desaparecido por completo.

Dejó que acabara, disfrutando cada segundo de sus toques y la agresividad con que lo tomó. La suavidad de sus labios lamiendo cada centímetro de su piel lo llevó a un éxtasis en donde nada ni nadie tuviera el poder de separarlos.

Cuando él acabó fue una experiencia que lo hizo posesivo ante los pensamientos que nacieron al saber que otras personas tuvieron la oportunidad de verlo en ese momento tan vulnerable y excitado.

—Por favor —suplicó rodeando su cuello, apegando más su agitado cuerpo—, no dejes que otros te vean en este estado, solo yo.

La risa ronca de Satoru resonó en su interior. Aun sentía su palpitar cuando él se retiró a pesar de su negativa, se puso de pie admirándolo desde los pies de la cama con aquel cuerpo de dios que podría enamorar a cualquiera que tuviera la suerte de verlo.

—Creo que es algo imposible, Yuuji —murmuró con una fría sonrisa.

—¿Qué?

Ignorándolo, se puso sus pantalones para ir directo a la puerta y abrirla. Detrás apareció el semblante de otro hombre de cabello negro, la misma altura que Satoru entró sin remordimientos, obligándolo a tomar las sabanas para tapar su desnudo cuerpo.

—No creí que llegarías hasta el final.

Los ojos de Satoru rodaron ante la frase del hombre desconocido.

Parecía enojado cuando le dio la espalda, levantó la mano para quitarse el apósito que cubría su tatuaje y la sorpresa fue dolorosa.

Él no había escrito su nombre. Ni siquiera había un tatuaje.No había nada.

—¿Satoru? —susurro inquieto y con la fuerte necesidad de llorar.

—Hola, Yuuji, soy Suguru amigo de Satoru —sonrió de una manera que le puso los pelos de punta—. Se que debes estar confundido, pero todo tiene una explicación.

—No pierdas el tiempo y vámonos.

La sequedad con que habló lo paralizó, sin poder moverse vio como encendía un cigarro entre sus labios mientras terminaba de vestirse.

¿Desde cuando fumaba?

—Aún no terminamos, Satoru.

—Con esto es suficiente —cortó él dándole la espalda para salir de la habitación.

Quiso llamarlo, pero una voz femenina desde afuera lo interrumpió. Escuchó como se alejaban mientras que Suguru se quedaba en silencio observándolo.

—Esto solo ha comenzado, Yuuji —escupió de pronto—. Y no importa lo que diga Satoru, no dejare esto aquí.

Estaba a punto de vomitar.

—¿De que hablas?

—Ya lo sabrás.

Lo dejó de la misma forma que lo hizo Satoru, sin cerrar la puerta y a punto de desmayarse.

¿Satoru?

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