¿Madre?
El sonido de la música y risas de los invitados era lejano gracias a las anchas paredes de aquella habitación, la cual era la única testiga del acto pasional entre aquellos hombres, un amor prohibido que estaba al límite, una llama que estaba lejos de apagarse. Los cuerpos de ambos frotándose entre sí en un rincón de la alcoba azul, siendo cubiertos de la ventana tan solo por el librero gris.
–Ngh… Jayce… –el castaño apretó con fuerza el hombro de la chaqueta blanca, estaba en su límite, pero sabía que estaba mal lo que estaban haciendo, muy mal–… Jayby ya…
–Shhh… no pasa nada, Viktya, solo déjate llevar.
–Mph… ¡No! –soltó otro gemido, sin poder detener al moreno.
Las entrepiernas rozaban con intensidad sobre la ropa, pero para Jayce eso no era suficiente, necesitaba más. Con suavidad alzó la blanquecina pierna del contrario para colocarla en su cintura, siendo desmantelada gracias a la abertura de la falda azul rey que llevaba puesta; seguido la recorrió, saboreando con el tacto el sustrato aterciopelado que tanto lo enloquecía. Al llegar a la entrada del más bajo, este se estremeció, no obstante, fue incentivo de reacción.
–No, Jayce, es enserio… –trató de alejarlo sin éxito alguno–… ¡Jayce!
Alzando un poco la voz por fin logró que el contrario se detuviera.
–¿Ahora qué? ¿Acaso no quieres que lo hagamos? –susurró a su oído, causándole escalofríos.
–N-no está bien, no me siento bien haciendo esto hoy.
–¿Por qué? No hay nada diferente, ya lo hemos hecho en otras fiestas.
–Pero no, Jayce, hoy es el día en el que se celebran a las madres…
El moreno se separó para hacer contacto visual, mostrando una cara de fastidio–¿Y?
–¿Y? Que allá afuera no solo están nuestras primas y madres, sino que también está la futura madre de TUS hijos, por lo menos respétala hoy… –no pudo acabar con la explicación, ya que Jayce continuó con su arduo trabajo de dilatación.
–¿No quieres que te haga mamá?
–¡No seas idiota! –golpeó su pecho, pero nada más.
No recibió más respuestas verbales por ese momento, solo dedos moviéndose en su interior coadyuvando con tiernos besos en su cuello para seguirle brindando placer. No pudo hacer más que resignarse, como siempre, nunca podía ganarle ni al moreno, ni a los poderosos sentimientos hacia él.
Dejándose llevar, volvió a tomar con fuerza el fornido hombro por la chaqueta, esta vez jalándola un poco hacia abajo, los movimientos siempre diestros tocaban los puntos correctos que lo llevaban al mismo paraíso. Sin darse cuenta, sus caderas ya se estaban moviendo, pidiendo más profundidad.
Al notar que ya estaba listo, el moreno desabrochó y bajó su pantalón con la ropa interior para sacar su miembro, colocó el condón que cargaba en un bolsillo, seguido rozó el glande con la entrada ya preparada, sacando un jadeo del castaño, quien se sintió extrañado cuando su amado juntó placenteramente ambos sexos.
–¿J-Jayce? –gimió–. Jayce, mételo, por favor… Ya no aguanto –el más alto sabía que su amado ya estaba perdiendo la cabeza, sonrió con satisfacción.
–Tus deseos son órdenes cariño.
Por un momento tan solo dejó presionando la punta, sin introducirla. Jayce siempre era juguetón, algo que le llegaba a desesperar a Viktor, pero a su vez le encantaba. Después de una que otra represalia del castaño, el moreno introdujo de poco a poco la extensión de su intimidad, los gemidos en conjunto con lo apretado y caliente del interior del más bajo, lo llevaron a un estado de placer puro. Hacía bastante ya que no tocaba tan majestuoso cuerpo, sí que lo había extrañado.
–Se siente tan rico… Ahh… Viktor…
–Muévete, Jayce… –nuevamente suplicó entre gemidos.
El moreno comenzó con estocadas lentas y cortas, empero, eventualmente fue aumentando tanto ritmo como fuerza. Los sonidos ahogados de Viktor eran gloria para sus oídos, aunque le gustaría escucharlos a todo volumen, debían de ser cuidadosos; que hubiera mucho ruido afuera, no significaba que en algún momento este no podría parar, o que alguien pasara cerca del cuarto. Para ayudarlo, besó sus labios con intensidad; sus lenguas entrelazadas, los gemidos con gruñidos retumbando en vibraciones… Jayce no podía pedir más, estaba en lo más alto del mundo.
La humedad de la entrada le indicó al moreno que el contrario estaba por alcanzar su clímax, parando un momento el ritmo.
–¿Víktor?
–¿Ah?... –contestó desorientado, el más alto nunca se explicaba por qué el de ojos ámbar siempre se perdía de esa manera, como si de una mujer en periodo de ovulación se tratase.
Sacó su sexo, recibiendo jadeos de desaprobación, pero tan solo lo hizo para sacarse el condón, jugando nuevamente con la húmeda cavidad–¿Y si tú engendras a mis hijos?
–¿Q-qué? Estás loco… Mel es la que lleva a tu hijo –el moreno soltó una risa.
–Bueno, llevarás a sus hermanastros –lamió el lóbulo de su oreja.
–Soy hombre, eso es imposible, tonto.
–Bueno… –metió lentamente su falo hasta llegar al fondo–… Podemos intentarlo.
Viktor no tuvo tiempo de reaccionar, solo supo que de pronto la experiencia sexual estaba en otro nivel, se sentía completamente diferente a las otras veces; pasando lo mismo con Jayce, quien estaba fascinado con la sensación de hacerlo sin condón. Estaban por terminar, ambos lo sabían, por lo que el moreno aceleró el ritmo.
–Viktor… te voy a llenar por completo, para que seas la madre de mis hijos.
–Jayce, no…
Bajó el ritmo de las embestidas, haciéndolas lentas pero fuertes, haciendo contacto visual, Jayce le regaló una sonrisa burlona antes de terminar dentro del castaño; acertando unas cuantas estocadas más para el clímax del contrario.
–Ahh… Jay…
–¡Jayce! ¿En dónde estás?
Hablaron de afuera, pronto la adrenalina los invadió a los dos, empero, Jayce no se mostró perturbado, muy al contrario de Viktor, quien regresó del Edén para caer en cuenta de lo que estaba pasando. Con rapidez empujó al moreno, arreglando su vestimenta; como pudo se acomodó en su cama, inicialmente había dicho a los demás que tomaría una siesta vespertina, así que no había problema si fingía que apenas iba despertando. Por el contrario, Jayce quitó el seguro de la puerta para después acercarse a la cama, depositando con ternura un peso en el cachete de porcelana.
–¡¿Qué rayos crees que haces?! –gritó en un susurro.
–Nada, solo le doy mimos a mi amado después de tener intimidad, ¿no es eso lo normal?
–Mel va a entrar y…
–Sobre eso…
No alcanzó a terminar, la puerta se abrió mostrando a la susodicha en el marco de esta.
–¡Ah! Lo siento, ¿todo bien? Entré porque escuché tu voz.
–Sí, no te preocupes, solo vine a revisar a Viktor.
–¿Tiene algo tu primo?
–No, ahora está profundamente dormido, pero me preocupé poque siempre tiende a dolerle bastante la cabeza, a veces hasta le da calentura.
–Ya veo –la mujer dio un vistazo rápido al bulto en la cama, llevando este claro sentimiento de repudio por el hombre–, bueno, vamos abajo, las demás te extrañan.
Con esto el cuarto se quedó en silencio interno, dejando a Viktor aliviado por un momento, hasta que sintió como de su interior salía escurridizo, pero espeso el semen del moreno.
–¡Maldita sea, Jayce!
Rápidamente se levantó al baño para lavarse. Sí, Jayce y Viktor eran primos, pero no de sangre, simplemente sus mamás eran amigas de toda la vida, como hermanas, por ello crecieron diciéndose y siendo primos. Si es sincero, para el ambarino fue horrible cuando lo hicieron por primera vez a sus catorce años, ya que en ese tiempo ambos comenzaron a sentir cosas por el otro, sin embargo, tenían el conocimiento de su parentesco, la culpa que sintió fue demasiada. Empero, el alivio llegó a su corazón cuando Jayce le preguntó a Ximena sobre el parentesco de las familias explicando esta la verdadera situación entre ella y la mamá de Viktor. De todos modos dejaron su relación en secreto, puesto que no estaban seguros de cómo reaccionarían sus mamás, mucho menos tenían en claro si de verdad querían formalizar, además era más fácil hacer cosas de adultos si los demás solo pensaban que se encerraban para jugar videojuegos o cosas de “primos”.
En fin, pasaron los años, ante la sociedad los dos son parientes muy cercanos, los cuales se estiman demasiado… pero extrañamente para ciertas personas no, más específicamente para Mel Medarda, la novia de su amante. Desde que le fue presentada, esta siempre lo miró con superioridad, al igual que con cierto recelo. Él piensa que ella desde un inicio lo tomó como un rival, no como el simple primo de su novio; la verdad nunca le tomó importancia, empero, cuando se enteró de que esta estaba embarazada, eso empezó a importar.
Cerró la regadera, solo lavó su cuerpo. Se acercó al lavabo para verse al empañado espejo; las marcas de mordidas y besos en su clavícula lo hicieron sonreír, la verdad amaba demasiado a Jayce, estaba bastante celoso de que Medarda fuera la “elegida” para tener al primogénito del moreno.
Abrió la compuerta del espejo para sacar unas pastillas anticonceptivas, cerró la compuerta para ver nuevamente su reflejo.
–¿Y si…?
Pensó por unos minutos, sospechaba que Jayce sabía, pero nunca se lo terminó de confirmar. En sus planes de vida no estaba el tener hijos, pero…
–Pero si es para tenerte conmigo… lo haré –regresó la caja a su lugar; salió del baño.
El día transcurrió con normalidad, Viktor bajó aclarando que ya se sentía mucho mejor, convivieron con las festejadas, bailaron, tomaron jugo; aunque al castaño se le ofreció un poco de licor, este negó, cosa que no pasó desapercibida para el moreno, que con sutileza observaba a su amado primo.
Antes de irse, Jayce acorraló al castaño por la espalda en la alcoba azul, agradeciéndole por la hospitalidad y un poco más…
–Viktor, solo quiero que sepas que… –apretó con cariño la plana panza–… Te amo, estoy seguro de que tú eres el único que tendrá a mis hijos –esto desconcertó un poco al ambarino.
–Pero Mel… –recibió una pequeña mordida en la oreja.
–No puedo confirmarlo aún, pero estoy seguro de que ese hijo no es mío –la seriedad en su rostro no dio pie para más preguntas–. Una vez nazca lo confirmaré, hasta entonces, por favor, espérame.
Después de un asentimiento y un pequeño beso, ambos se despidieron.
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Semanas después…
La intriga solo provocaba desesperación en el pobre cuerpo de Viktor, desde hace una semana comenzó a presentar los síntomas esperados, empero, nada era seguro, no le quiso decir a Jayce para no ilusionarlo, la única que sabía era Cait, la amiga de Jayce, quien también le hizo el favor de conseguirle las pruebas más confiables.
El timbre de la alarma sonó, la espera acabó, la peliazul salió del baño con ambos aparatos en sus manos.
–¿Qué es…?
–Viktor… –habló con seriedad.
El castaño se acercó para tomar las muestras y ver los resultados por él mismo; lágrimas salieron de sus ojos.
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¡Muchas gracias por leer! Aquí trayendo un poco de contenido JayVik para no estar tan desactivo. ¿Qué les pareció? La verdad no he leído fanfics de ellos dos que tengan escenas muy candentes, así que quise hacer el intento de uno, haha.
Y qué opinan, ¿la prueba de Viktor salió positivo o negativo? ¿Lloró de felicidad o tristeza? ¿El hijo de Mel sí es de Jayce o ella igual estuvo de traviesa? Cuéntenme cuál es su pensar. Si este OS es del agrado de ustedes, puedo desarrollar el fic, solo comenten si lo quieren. :3
Espero les haya gustado.
TQM 🧡 🦊








