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Las letras en la pantalla se distorsionan por culpa de las lágrimas acumuladas en sus ojos.
«No eres tú, soy yo»
Taehyung contiene la respiración.
¿Acaban de terminar una relación de años por una tonta pelea?
"Tal vez no fue tan tonta... tal vez se cansó de mis quejas", piensa.
Se muerde la uña del pulgar con tanta fuerza que se hace daño.
"Pero teníamos un futuro planeado"
El aire en su habitación se vuelve espeso. Hay demasiados recuerdos en esos pocos metros cuadrados.
En la mesita de noche, una fotografía de ambos en París. Regalos de aniversario colocados en un estante. La cama... esa en la que durmieron tantas veces.
Sale de ahí, movido por la inercia, como si su cuerpo ya no le perteneciera. Sacude la cabeza, intentando volver al presente. Llega a la sala, toma el control remoto y enciende el televisor. Están dando la repetición de una pelea muy antigua entre un veterano y el nuevo favorito del público: un chiquillo salido de algún barrio de Busan.
A pesar de que le gustan las artes marciales, no presta atención. Se deja caer en el mullido sofá. Solo quiere entender por qué, de repente, dejó de ser el amor de su vida.
El primer sollozo es el más difícil. Los que le siguen, salen con fluidez.
En la pantalla de ochenta y cinco pulgadas, el joven de Busan levanta los puños tras un golpe certero, ganando su primera pelea de muchas.
