BAJO EL TRONO Y EL PECADO

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Summary

Lo prohibido siempre luce más brillante desde la distancia. Lo miramos, lo deseamos... y cuando por fin lo tenemos, algo dentro de nosotros cambia. Ya no queremos protegerlo. Queremos corromperlo. Hacerlo pedazos solo para recordar que alguna vez fue nuestro. ¿Lo sientes? Ese susurro que no cesa. Esa voz que nace en la oscuridad y te promete todo a cambio de nada. El demonio no llega con cadenas, llega con deseo. Y tú, sin darte cuenta, ya estás de rodillas. Este no es un cuento de héroes. Aquí no hay redención. Solo hay una pregunta que no puedes evitar: ¿El trono... o el pecado?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Cap. 1

CAELYSSIA

Cuando era niña me preguntaba: ¿por qué nací?, ¿fui algún deseo pedido a la luna? Por supuesto que no era así. En muchos reinos a los que he podido ir, veo cómo sus padres los aman y cómo son miradas con ternura por ambas partes paternales. Pero… cuando miro a los míos, solo veo decepción.

Hace algunos años me cuestione:

—¿Qué hago mal para que solo me vean como un objeto?

Los miré con lágrimas en los ojos. Recuerdo ese día, me sentí usada y asqueada de mí misma. Por alguna razón, no era suficiente. Solo quieres que te amen tus padres, como todo niño en busca de amor.

Actualmente me encontraba paseando por el jardín del palacio, mirando el muro que me contenía en este reino que me asfixiaba. Alcé la vista. Mis ojos dolían por aquellos rayos tan fuertes que querían entrar en mis pupilas y quedar clavados ahí para siempre. Solo el sol tenía eso: herirte físicamente para después volverse necesario.

Después de sostener la mirada a ese inmenso mar en el cielo, dejé caer mis ojos lentamente hacia lo que era mi realidad: muros y flores encerradas, al igual que yo, para ser moldeadas al antojo de quienes se creían superiores. No importaba si me marchitaba o si dejaba de dar frutos. Solo sería lo que ellos esperaban.

Tal vez yo era eso: algo que podía ser moldeado y destruido al antojo de mis padres.

Escuché la voz de mi dama de compañía buscándome por cada rincón del jardín, hasta que sus ojos se posaron en mí. Pude ver cómo soltaba el aire retenido en sus pulmones.

—M-majestad —pronunció en un tono agitado—, la estuve buscando por cada rincón del palacio. Es la hora del almuerzo, majestad —sus labios dibujaron una ligera sonrisa.

—Gracias, Thalina. Voy en un momento —mi rostro se elevó al cielo, mirando cómo aquellos pájaros volaban tan… libres, y yo tan enterrada en este palacio, que ya lo sentía como algo desconocido.

Solté el aire que había inhalado y retenido en mis pulmones para caminar hacia el comedor real, donde mis padres ya estaban almorzando. En Drakenhold era muy respetado esperar a todos en la mesa, bendecir lo que era necesario y probar los alimentos servidos. Pero en esta familia, parece que solo el pueblo aún sigue aquella tradición que ha perdurado por generaciones.

—¿Se puede saber en dónde estabas? —pronunció mi padre con una voz dura y tenue, como una flecha en proceso de ser lanzada a un ciervo—. ¿No vas a responder?

—Estaba en el jardín —mi voz salió como un murmullo, arrastrado por el viento que comenzaba a soplar. La naturaleza, quizás, me arropaba para que alzara un poco más la voz—. Quería despejarme, padre.

—Pareces una campesina. Eres la futura reina y solo te comportas como una niña mimada jugando a gobernar.

En mi mente apareció la primera flecha del día, clavándose en mi espalda. Podía sentir la sangre recorrer mi cuerpo y las gotas caer… pero solo estaba en mi mente. Nadie veía eso.

—Compórtate como tal, Caelyssia. ¿Entendiste?

—Sí, padre.

Mi madre no pronunciaba palabra. Para ella, era más fácil decir que no pasó nada, a reconocer que todo ocurrió en un solo momento.

Esa era mi rutina diaria. Solo era capaz de dar respuestas cortas a preguntas largas y confusas. Pero era el comienzo de mi sufrimiento. Y todo… por el trono.







“ Solo vemos lo que está a nuestro alcance

pero…

¿cuándo podremos ver lo que nos lastima?”.